EL AMO Y LA ESCLAVA
Sadomaso.
Desde que era su esclava iba de orgasmo en orgasmo, como nunca en su vida, su
amo era el hombre más excitante y haría cualquier cosa por complacerle.
Era de noche, la habitación
estaba sólo ilumidada por una lámpara en el
techo. No había
casi muebles, sólo una jaula, grande donde estaba una mujer
desnuda,
dormida, con un collar de perro en el cuello.
Había una puerta de metal
en un extremo de la habitación, la cual se abrió
lentamente,
un hombre entró, vestido solamente con botas y un pantalón negro
de látex, en su cara llevaba una máscara dejando ver sólo
sus ojos, negros e
intensos. Su mirada se dirigió a su esclava en la
jaula...sonrió...era toda
una perra pensó.
-Despierta, puta!-gritó
al tiempo que daba una patada a la puerta de metal
para cerrarla.
Ella
despertó sobresaltada, de inmediato se puso a cuatro patas, sintiendo
una
gran excitación, su amo había llegado. Ella esperaba ansiosa estos
momentos, su placer era el placer de su amo, su propia humillación
era al
mismo tiempo su máximo deleite.
El se acercó y abrió
la jaula, tomó el extremo de la cadena del collar que
ella llevaba
al cuello.
-Camina perra!- le ordenó
Ella salió de inmediato
a cuatro patas, se detuvo ante su amo, de
inmediato inclinó la cabeza
y empezó a lamer sus botas con adoración.
A él le complacía
aquella muestra de adoración, le excitaba verla así, con
su
culo al aire al agacharse a sus pies. La aceptó como esclava sobre todo
por su trasero, el cual encontraba firme y deseable, bonito y sobre todo sin
marcas, quería ser él quien pusiera las marcas del látigo
en sus nalgas y
culo.
Su esclava era de unos 30 años, bonitas facciones,
pelo negro, piel clara
y un cuerpo firme, delgada, con unos pechos no grandes
ni pequeños.
Pero lo que le agradaba más era su trasero. Tenía
planeado para ella una
buena sesión de latigazos para calentarla.
-Detente, esclava!- le ordeno.
Ella se detuvo de inmediato, permaneció
de rodillas, la cabeza baja, y las
manos unidas a su espalda.
-Camina,
puta!- ordenó el amo, y jaló de la cadena para que ella avanzara,
lo cual hizo como un perro , a cuatro patas detrás de él.
La hizo pasar a otra habitación donde había una cama, una mesa,
y algunos
muebles más, así como unas argollas unidas a la pared
casi pegadas al techo.
El amo se sentó en la cama y tiró de
la cadena de la mujer.
-Quiero que chupes mi verga, lentamente, utiliza sólo
tu boca, no las
manos, y ten cuidado, no quiero correrme en tu boca todavía-
le ordenó al
tiempo bajaba la bragueta del pantalón y sacaba
su verga, la cual, hay que
decirlo era gigantesca.
La esclava se arrastró
sobre sus rodillas hasta quedar ante aquella verga
majestuosa...ya sentía
crecer su excitación, tenía húmeda ya su vagina sólo
de pensar en probar el falo de su amo.
Desde que era su esclava iba de
orgasmo en orgasmo, como nunca en su vida,
su amo era el hombre más
excitante que hubiera conocido, haría cualquier
cosa por complacerle.
Le encantaba su falo, pero su cuerpo en sí era
precioso, poderoso,
con el pecho lleno de vello, una espalda ancha y unas
manos fuertes, sus ojos
cafés le transmitían un deseo y una voluntad únicas,
lo
amaba, lo adoraba.
Comenzó a lamerla toda, de arriba a bajo, saboreando
cada rincón y
demorándose en los sitios más sensibles.
Luego se la tragó toda,
enterrándola en su garganta, y chupandola
con cuidado para que le agradara a
su amo.
Después de un rato él
le ordenó detenerse, ella obedeció de inmediato.
él se
abrochó el pantalón y se puso de pie tirando de la cadena y llevando
a
su esclava hasta unas argollas que pendían de la pared, ahí
la sujeto con
esposas, de las manos, por encima de su cabeza.
-Separa
las piernas, puta
Era tan excitante verla así pensó el hombre,
su cuerpo tenso por el miedo
y la excitación, su piel sin marcas...aún.
Tomó un pequeño látigo de piel no
muy grueso, ya que
no quería que la marcara demasiado.
Le pasó el látigo
por el cuerpo, acariciándola, lentamente, como para que
saboreara primero
el temor de lo que seguía. Ella no dijo ni una palabra, ni
una súplica,
sabía que si lo hacía él la castigaría aún
más.
No la hizo esperar mucho, le dio el primer azote en las nalgas,
luego las
piernas, lo hizo varias veces y cada vez más fuerte, ella
no pudo evitar
gemir cuando los azotes eran ya más fuertes, y unas
lágrimas escurrieron por
su rostro.
-Aahhmm.......aaaagg.....-gemía
la esclava
Su bonito trasero se enrojeció y sus piernas temblaban,
pero no recibió
piedad de su amo, cuando él considero suficiente
se detuvo, y colocó su mano
entre las piernas de ella buscando su coño.
Estaba excitada la muy perra,
pensó.
Con una mano la tomó
de los cabellos y jaló su cabeza para besarla en la
boca, ella correspondió
con pasión y deleite. Luego la desató y la llevó a
la
cama.
-Voy a cogerte como la perra que eres! ponte a cuatro patas en la cama!
Enterró su verga en su culo, de una sola embestida, y le tomó los
pechos
con las manos, al tiempo que la sacaba y metía acariciaba sus
pechos
apretándolos con los dedos.
Ella sentía que iba a
correrse de un momento a otro, pero no quería
desagradar a su amo,
si se daba cuenta que se corría sin su permiso, la
castigaría,
así que trató de detener el orgasmo lo más que pudo, de pronto
él se detuvo y le hizo darse la vuelta.
-No eres más que
una puta!- le gritó al tiempo que la abofeteaba, ella
cayó en
la cama, tratando de cubrirse la cara.
-No por favor amo! seré obediente!
por favor!
-Arrástrate ahora mismo! puta desgraciada!
Ella de inmediato
se tiró al piso y empezó a besar los pies de su amo
murmurando
perdón entre lagrimas.
-Chupamela!
Esta vez cuando ella se la chupaba
el se corrió en su boca, ella trato de
tragar todo, pero derramó
un poco que luego tuvo que lamer del suelo.
Él la llevó de vuelta
a la jaula, a cuatro patas, como un animal, y la hizo
entrar de nuevo.
-La próxima vez que me hagas enfadar te arrancaré la piel de la
espalda.
Ahora, quiero que tragues esto.
Ella estaba arrodillada dentro
de la jaula, así que se acercó
arrastrándose sobre las
rodillas, para acercarse a él. A través de la reja
él
sacó su verga y comenzó a mearla, dirigiendo el chorro de orina
a su cara
y ella abrió la boca tratando de tragar lo más posible.
Cuando terminó de orinar, el hombre se sonrió, era toda una perra,
no
había duda. La próxima vez la cogería por el ojete,
no lo había hecho
todavía, - mmmmm,- pensó, ya puedo
saborearlo.
Se fue de la habitación dejándola ahí, sola.
Ella cuando vio que él no
estaba comenzó a masturbarse, recordando
todo lo que él había hecho con ella
esta vez. Estaba tan excitada,
su amo era lo máximo, y saborear su falo fue
lo mejor-mmmmm- esperaba
que la próxima vez la castigara aún más, disfrutaba
de
ser castigada por él, se lo merecía, al fin y al cabo era una perra.
-mmmm....aaahhh....mmm
El orgasmo llegó y ella suspiro extasiada, se
durmió enseguida con una
sonrisa en los labios....mi dulce amo....mi
amado amo.
REBECCA
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