MERCADO DE ESCLAVOS: MONTSUM EXHIBIDA (II)

Sumisión. Montsum que era una esclava perfecta, sin voluntad, obediente y deseosa de tener un amo de forma definitiva iba a ser exhibida y vendida.


Dedicado a montse, inspiradora de toda esta fantasía

Eran las doce de la mañana, cuando la caravana de esclavos procedente de la escuela del norte hacia su entrada en el pórtico del mercado. Los diez machos y las diez hembras, eran conducidos a través de los pasillos y túneles de las oficinas del mercado. Los educadores y traficantes permanecían en la parte noble de aquel enorme recinto, con la finalidad de realizar determinadas gestiones burocráticas, necesarias para poner a la venta todo el ganado que habían depositado en el establecimiento.

Entre tanto, los soldados aprovechaban la falta de cuidado para manosear a las reses, y hacer uso de ellas, como si fueran de su propiedad. En aquellos tremendos momentos, el esclavo se jugaba, en parte su futuro. La impuesta castidad sexual del último mes, que había sido duramente soportada basándose en castigos y correctivos, podía ser desbordada por cualquier gesto o acción de cualquiera de aquellos brutos. En aquella penosa situación, Montsum estaba siendo agredida por uno de los soldados con dos dedos por el ojete de su culo, sin lubricación de cualquier clase.

Algunas de sus compañeras habían tenido aun peor suerte, y eran brutalmente azotadas ante la ignorancia de sus amos. Aquella parte de la mercancía que sufrió deterioro por la acción de los soldados o por problemas de transporte o conservación, era inmediatamente asumida en propiedad por el mercado, lo que llevaba a que aquellos siervos que resultaban marcados antes de la venta, sufrieran el peor de los futuros posibles para un esclavo ( burdeles, bestias de carga, y en el mejor de los casos objetos decorativos en hogares de clase no muy alta).

También era fácilmente detectable cuando un esclavo orgasmaba en esta delicada fase de la trata. Normalmente, la contención de meses, desaparecía de su rostro, y el valor de mercado de la res caía en picado. Ante la mínima sospecha de perdida de energía sexual, la pala se encargaba de desvelar la realidad. Estas bestias también quedaban en poder del mercado, que indemnizaba a sus legítimos dueños por las perdidas sufridas.

El tremendo esfuerzo de Montsum, y el entrenamiento recibido, permitieron que nuestra esclava aguantara los crueles envites anales del joven soldado que la tomo. Sin embargo, se sintió poco satisfecha al advertir que su necesidad y la acción del esbirro, le había llevado a emitir un pequeño jadeo a pesar de la torpeza del soldado. Montsum sabia que la escasa dignidad de una perra como ella, residía en pequeños gestos como ese: la imposibilidad de demostrar deseo , satisfacción o sentimiento si no se le ordenaba. Por ese motivo, recibió con satisfacción el guantazo que el soldado le propinó ante la libertad que se había tomado. Pensó que durante la exhibición no le ocurriría.

Por parte de los organizadores se había luchado mucho contra los desmanes de los soldados y cuidadores del mercado, pero la enorme afluencia de esclavos y publico en un mismo día, hacían imposible el control de estas situaciones. En otro orden de cosas se consideraba necesario cierto desahogo de la tropa, si era dentro de un orden.

Una vez usados someramente por los soldados, las veinte jóvenes reses fueron llevadas a los abrevaderos y lavatorios, en los que pudieron saciar su sed y vaciar sus vejigas, eso si, delante de todos los cuidadores, y a la vista de los demás esclavos que permanecían en el patio al que habían sido llevados. Los animales fueron soltados de la cadena que les unía desde el cuello a los demás esclavos. La situación, a pesar de todo lo sufrido desde su captura, resultaba insoportable para una esclava como Montsum, que ya había aceptado tener que vaciarse de esta forma ante sus compañeros de recua y escuela, pero no ante extraños, fueran personas o esclavos.

Algunos siervos, no habían terminado de orinar cuando ya estaban siendo rociados con agua. El día era caluroso, por lo que a esas horas de la mañana Montsum sitio una agradable sensación. A ella, la ducha le sorprendió aún en cuclillas y sin haber terminado de mear. Se apresuró en su ultimo chorro, y cogió la pieza de jabón próxima a ella, a fin de dejar cada recodo de su cuerpo de sierva en perfectas condiciones de uso y exhibición. Limpio especialmente su coño, repaso su ojete, acaricio con jabón sus tetas, y procuró que los roces le provocaran la menor sensación de placer posible. Montsum estaba entrenada para que su excitación fuera en aumento conforme la humillación fuera mayor. Así que tenia que tener cuidado con aquellos roces en su cuerpo, ante aquel nutrido grupo de espectadores que, sin reparo alguno, admiraban aquel animal acuclillado y anillado. La situación reportaba en el cerebro de Montsum una extraordinaria sensación de no ser nada; de tener una vida que no le pertenecía; de ser menos que los animales que pastaban libremente en el campo. En aquello se había convertido tras su entrenamiento, y con esa sensación era feliz.
Pensaba en aquellos momentos ,en los duros meses pasados desde su captura, la voluntad de hierro que sus educadores debieron forzar para obtener los magníficos resultados obtenidos con ella, los días de ejercicio, de castigo y de entrenamiento sexual. Y allí estaba ella, convertida en una perfecta esclava, sin voluntad, deseosa de obedecer y de tener un amo de forma definitiva.

En el curso de aquellos pensamientos, ya limpia y meada, observo que su cuello era de nuevo encadenado a la ristra de esclavos. Pero esta vez eran unidos en ella, sin orden ni concierto, todos los esclavos que iban a ser objeto de la exhibición y venta, con independencia del sexo del animal o de la escuela a la que habían pertenecido.
Fue golpeada con una fusta en las nalgas una sola vez, lo que significaba que tenia que avanzara al trote como le tenían enseñado a ella y a los demás siervos. La serpiente, de unos sesenta esclavos y esclavas, avanzó rápida y dignamente por los pasillos del mercado hasta desembocar en la plaza central en donde se disponía el entarimado de exhibición: El lugar temido y deseado por cualquier animal como ella, que determinaba el futuro del esclavo o esclava.

Una vez subida la escalinata fueron de nuevo desenganchados de la argolla del cuello, para volver a ser sujetados desde el collar de cuero, a una alta horquilla que obligaba a que la res tuviera que tener el cuello incómodamente estirado pero un poco avanzado respecto del cuerpo. Esta desagradable posición permitía que la mercancía exhibiera ligeramente las nalgas y, en el caso de las hembras, las tetas cayeran de una forma atractiva para el potencial cliente. También se evitaba la incomoda sensación de ser mirados por una res, desde aquel alto entarimado. Los animales fueron esposados, y las muñecas ligeramente alzadas. Las piernas eran abiertas y los pies sujetados a través de sendas argollas fijadas al suelo.

A la plaza del mercado, la plebe no tenia acceso. Solo entraban los señores con suficiente solvencia económica como para depositar la fianza exigida a su entrada. Por este motivo, la exhibición era mucho más tranquila que la procesión que Montsum había padecido tan recientemente.

Los machos y las hembras habían sido dispuestos en aquel lugar de exhibición, todos de la misma manera y a unos veinte centímetros de distancia cada uno.. No había una queja, no había un gemido, todo era silencio y dignidad sumisa; un silencio similar al que Montsum había vivido en tantas ocasiones previas a castigos propios o ajenos. Todos lucían su excitación diríase que con orgullo, si es que un esclavo pudiera tener este sentimiento. Los hombres sus vergas, las mujeres sus pezones y sus jugosas rajas. Expuestos como auténticos animales.

Los clientes comenzaron a entrar. La plaza se lleno rápidamente. Algunos fueron primero a los puestos de bebidas antes de iniciar los tratos. Algunos compradores iban acompañados de sus parejas, aunque mujeres y hombre podían asistir en solitario. Otros, ostentaban la representación de algún gran señor que delegaba la compra en algún secretario. En media hora habría en la plaza unas seiscientas personas, que observaban con detalle la mercancía.

Debido al entrenamiento recibido, Montsum se sentía especialmente humillada ante situaciones como esta. Antes, en la procesión por el pueblo, era una autentica potranca, como ahora. Pero entonces, al menos, tenia un esclavo delante y otro detrás que le protegían, en cierta medida, de la vista de las personas. Sin embargo, ahora, no existía ninguna separación visual entre los clientes y su cuerpo. Afortunadamente no podía casi verlos dada la postura en que le mantenían la cabeza, pero los oía, los olía, y sentía como si ya estuvieran tocándola en sus partes más sensibles.

La vergüenza y la sensación de ser un mero objeto, se agolpaban en su cabeza, siguiendo las pautas insertadas en su cerebro a través de su educación y de los castigos y humillaciones recibidas. Su reacción, como siempre, se vislumbraba plenamente: pezones duros como piedras, coño encharcado como el de una puta salida, y pequeños jadeos que reprimía a duras penas.

En esta situación de sumisión, empezaron a subir al entarimado los primeros clientes.

Se agradecen sugerencias e ideas, en general sobre este relato y sobre los del resto de la serie. En particular, puedes sugerir ideas sobre la evolución del personaje de la esclava protagonista, en el sentido que más te apetezca. Ricardo (xxman24@hotmail.com)
Mi intención es crear nuevos ciclos sobre esta esclava y sobre otros personajes secundarios.
Animo, os espero


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