PURO MORBO
Dominación,
voyeur, hetero. Se excitaba enormemente fantaseando que su novia disfrutaba con
otro hombre, le encantaba pensar que algún día ella estuviese dispuesta
a todo.
Tantas
vueltas le di a esa idea que al final se convirtió en
una obsesión.
Mi novia en manos de otro hombre. Entregar lo
que más quiero. Cuanto
más humillante y salvaje fuese la
escena más excitantMi
novia, Esmeralda, se iba a prestar a uno de nuestros
habituales juegos. Pero
esta vez no iba a ser yo su amante.
Le había preguntado más de
mil veces si había tenido
fantasías con otro hombre, siendo yo
el único el primero y
único en disfrutarla. La respuesta era
siempre la misma,
solo tenía ojos para mí y cualquier fantasía
con otra
persona era imposible. Ni me había sido infiel ni tenía
intención
de hacerlo. Es más, no era nada comprensible con
las personan que lo
hacen y mucho menos con los que
disfrutan de ello. La verdad es que llamar
reaccionaria a
Esmeralda es quedarse corto. Por eso este juego me lo tomé,
en
parte, como una venganza.
Di muchas
vueltas hasta encontrar al sujeto que buscaba , no
me valía cualquiera.
Cuanto más desagradable fuese el
elemento más me excitaría
entregársela. Alguien que muy, muy
salido, que nunca hubiese disfrutado
de una hembra tan
excepcional. Porque lo es, de eso no tengo duda. Puedo jurar
que
no es obcecación por ella, siendo para mí la mujer más
bella
que conozco. La describiré, aunque seguro me voy a
quedar corto. En
primer lugar la edad: Esmeralda tiene 29
años y no exagero al decir
que es preciosa, vamos, una
auténtica Venus. Desde que la conozco, y
va para 15 años,
apenas ha cambiado. Tiene un pelo magnífico,
suave y muy
cuidado. Le gusta llevarlo recogido, aunque lo tiene largo,
color
castaño claro y muy liso. De su cara sus ojos verdes,
grandes y vivos,
con unos labios dibujados con carboncillo y
un cuerpo que más parece
un pastel. Los pechos, talla 90,
muy firmes, blancos y suaves, con unos pezones
grandes y
sonrosados. Su cintura estrecha, su culo hermoso y una
discreta
entrepierna que siempre trata de ocultar, le da
cierto reparo desnudarse y
mostrar tales maravillas y eso
que hace más de 15 años que me
permite disfrutarla. Tenía y
tiene, la piel más perfumada y nívea
que conozco, por eso
su amante debía ser la antítesis. Es una
mujer elegante,
aficionada a los trajes chaqueta de marca y enemiga acérrima
de
las minifaldas, tops y escotes descarados. Gasta mucho
dinero en ropa y en
cuidarse, no escatimando en cremas y
demás potingues.
Tardé
varias semanas en encontrar al perfecto "follador".
Paraba en una
cervecería próxima a mi casa, era peón en una
obra cercana
y acudía todos los días a comer con varios
compañeros.
Se llama Jos. Vino a España hace varios años
desde de Guinea
y desde entonces se ha ganado la vida
currando en las obras de la zona. Me
pareció tan alto como
yo, pero mucho más corpulento y muy, muy
feo. Grotesco
incluso. Con unos labios enormes, agrietados; unos dientes
roñosos,
sucios, descolocados y enmarcados por una barba
rizada, siempre a medio crecer.
Su piel era áspera, como
curtida y con unas uñas sucias por el
trabajo. Las cremas
que se echa mi novia se habrían evaporado en la
piel de este
sujeto, tal es su sequedad. Solo imaginármelo con ella
me
excitaba enormemente.
Le contraté
en mi casa para algunas chapuzas y un día, de
pasada, le presenté
a mi novia. Ella venía del trabajo, es
ejecutiva de publicidad. Llevaba
un buen traje con pantalón.
Al presentarle al sujeto le dio poca importancia,
mostrando
cierto desprecio. Porque Esmeralda algo clasista y en
ocasionas
más racista que Hitler. Durante varios años he
tratado de intentar
bajarle esos aires y ya puedo decir que
excepto en esta ocasión, he
fracasado. El apenas la miró,
mantenía la vista agachada, contemplándose
las manos. Todo
lleno de yeso y con el mono más raído del mundo.
Cuando se
marchó le pregunté por ella, ya había suficiente
confianza
para ello. Me dijo que le parecía muy bonita, un bombón,
aunque
algo estirada. Aún tenía reparos en decirme la
verdad, pero sus
ojos le delataban, se la habría comido allí
mismo. ¡Perfecto
!, el juego estaba en marcha.
Mi
novia y yo teníamos un lugar estupendo, en una apartada
vaguada de un
pinar cercano a Madrid. Un lugar donde
habíamos llevado a cabo nuestras
fantasías y donde acudimos
esporádicamente desde hace 10 años.
Nunca encontramos a
nadie. No hay casas en varios kilómetros y mira
que es
difícil en Madrid. Nos gustaban los juegos y más de una
vez
la había atado para hacerle el amor. Así que le propuse
repetir,
prometiendo que iba a ser lo más excitante de su
vida.
¿Te
gustaría follarte a mi novia verdad?-, le pregunté al
muchacho
mientras trabajaba en el jardín. Vi que era un tío
muy mañoso
y concienzudo, tanto mejor.
No. Es
tu novia, solo te dije que es muy guapa.- Hablaba en
un mal castellano y con
cierta vergüenza. Según me había
contado, en su país
las mujeres tienen un papel muy
distinto. Ellas ni proponen, ni disponen, tan
solo se
prestan a lo que quiera su marido. Por eso, le sorprendía
que
aquí en España disfrutasen de mayor protagonismo. Aquí
le
imponían mucho respeto, tanto que llevaba casi 5 años sin
acostarse
con ninguna.
Pues yo quiero que lo
hagas. Incluso soy capaz de pagarte
por ello. Yo no puedo hacerle el amor (mentira)
y quiero que
ella disfrute con alguien-
¿Lo dices en serio?, me parece que no le guste demasiado-
Ya
lo creo que sí. Te la pondré en bandeja y podrás hacer lo
que
quieras con ella ... todo lo que quieras. Quizás estuvo
un poco seca
contigo, pero ya te digo que seguro va a
disfrutar. Engaña mucho, pero
cuanto más desagradable te
pongas y más te aproveches de ella
más disfrutará y se
excitará, creéme.
¿cómo lo voy a rechazar?, ¿cuando? ...estoy impaciente.
Sería
el próximo sábado. Yo estaba impaciente, pensaba que
el negro
se masturbaría toda la semana pensando en ello. La
cara que puso al
oírlo era increíble, como si le hubiera
tocado la lotería.
Una mujer increíble, con la que todo el
mundo hubiera soñado,
dispuesta a hacerlo todo. Cualquier
perrería que se le pasase por la
cabeza, cualquier
obscenidad, aquello que no se había atrevido a hacer
con
otras. En fin, la oportunidad de su vida. A mí, sólo pensar
en
ello me excitaba inmensamente. Esa semana no podía evitar
verla de diferente
manera. Veía su cuerpo y me lo imaginaba
en otras manos. Evité
hacer el amor con ella con diferentes
pretextos, la quería súper
excitada. Incluso compré unas
pastillas que me habían recomendado
y que la pondrían al
límite. En esos momentos ella no se esperaba
lo que vendría
encima.
Llegó
el sábado. Quedé en el pinar con él a las siete de la
tarde.
Era verano y teníamos luz hasta las 10 de la noche.
Yo quería
verlo todo a la perfección, era mi gran momento.
Ella también
estaba excitada. Aquellos juegos en los que la
dominaba siempre le habían
gustado. La ataba a un árbol y
disfrutaba de ella, con paciencia, un
buen rato. La excitaba
sentirse entregada y en mis manos. Con los ojos cerrados
y
dejándose hacer.
Entramos
en el bosque charlando de cosas sin importancia.
Una vez en el lugar lo dispuse
todo. Ella llevaría tan solo
unas bragas blancas de esas que son altas
por los lados y un
sostén estupendo, de los que se abren por delante.
El
conjunto se lo compré expresamente para ese momento y
pensando
más en los deseos del albañil que en los míos. Tapé
sus
ojos con la venda negra que habíamos utilizado en otras
ocasiones. Ella
temblaba de excitación. Después le até las
manos a la
espalda con una buena soga, la puse de rodillas y
le di un beso en la boca.
Estábamos muy calientes y la
espera todavía la iba a excitar
más. Me alejé unos cinco
metros, apoyándome sobre un árbol.
Me puse cómodo. He de
reconocer, que no fiándome del sujeto en
cuestión, cogí un
buen cuchillo por si la escena degeneraba demasiado.
Al fin
y al cabo él no era más que un desconocido y ante tan
extraordinario
panorama podría volverse loco.
A
las 7 menos cuarto llegaba Jos con una camiseta de
tirantes muy sucia y un
pantalón corto rojo. Venía a paso
ligero, seguro que ya llevaba
un rato observando. Nuca me
había parecido tan grande. Unos brazos enormes,
oscuros y
fuertes, con las manos más desmesuradas que haya visto, casi
parecían
talladas en madera. Cuando la vio medio desnuda y
de rodillas en mitad del
bosque, abrió mucho los ojos y me
sonrió malévolo. Era
mirada significaba una cosa, se iba a
poner morado.
-¿de verdad quieres que lo haga?- dijo en voz baja.
Era
mi última oportunidad. Quizás ver a semejante individuo
sobre
mi novia no mereciera tanto la pena. Podía enfurecerme
y acabar mal.
Sobre todo cuando había creado tales
expectativas en este sujeto. Vamos
que pude distinguir el
bulto entre sus piernas a varios metros de distancia.
Y yo
sabía que no iba a haber compasión. Pero ya era tarde, no
podía
echarme atrás.
Es toda tuya,
haz lo que te plazca, tan solo te pido que no
la beses, no le hagas daño,
no digas una palabra ... ah y no
me mires. - Ella oía un murmullo y
movía la cabeza para
escucharlo bien, pero los pájaros y el viento
enmascaraban
nuestras palabras.
Bien,
pero no quiero que te arrepientas y me cortes la
faena. ¿De verdad tengo
libertad?-
Te lo juro , podrás hacerlo donde quieras y como quieras,
está
a tu disposición, y ya ves que mujer más hermosa no vas
a encontrar.
No te preocupes por dejarla embarazada, toma
pastillas, así que puedes
hacerlo a pelo.
Desde luego que no. ¿No me molestarás para nada?
No
lo haré-
Jos no quiso esperar
más y se acercó a ella con paso firme.
Estaba impaciente. Cuando
Esmeralda le oyó levantó la cabeza
y se puso más erguida.
Se mordía el labio inferior y se
pasaba la lengua para tenerlos más
apetecibles aún. Ella
también se impacientaba. Jos se acercó
a pocos centímetros,
colocando su pelvis muy cerca de esa linda boca
que yo
tantas veces había besado. La observaba con paciencia,
quería
disfrutar del momento, su momento. En la vida se
habría imaginado la
escena. Él de pie, con una preciosidad
arrodillada a sus pies y con
permiso para hacerle de todo.
Una mujer pidiendo que se aprovechen de ella.
Dio varias
vueltas estudiando la jugada. Observó como sus pechos
palpitaban,
luego dio la vuelta contemplando su culo apoyado
en los gemelos y los pies
desnudos sobre la broza del pinar.
Estando ahí detrás la cogió
por la nuca bruscamente y la
puso de pie. Ella gimió. Después
Jos paseó sus dedos por el
borde de sujetador con gran paciencia, mientras
sacó una
enorme lengua y se la paseó por la mejilla derecha,
acabando
el recorrido en la oreja. A ella eso le encantaba. Mientras
sentía
el aliento tan cerca se estremecía de gusto. Jos la
trataba con descaro,
cogiéndola de la cintura y apretándola a
él. De pronto
se apartó, metió una mano en el bolsillo y
sacó una navaja
muy mellada. En ese momento me sobresalté
bastante al ver el arma. Aún
así, yo estaba muy excitado y
solo con verla así frente a él,
ya había tenido el primer
orgasmo.
Jos
no quería abrir el sujetador por el broche. Metió la
hoja de
la faca entre las dos copas del sostén y lo cortó
súbitamente.
Los pechos saltaron libres. Él no quería
esperar más,
así que apartó el sujetador y dejó sus senos
totalmente
al descubierto observándolos con deleite. Sus
ojos se abrieron ante
tal panorama. No tenía prisa y seguro
que nunca había visto nada
tan bello. Unas tetas blancas,
turgentes y suaves, con un olor delicioso y
todas para él.
Al poco rato
empezó a amasar esos pechos con total descaro.
Los estrujaba como yo
nunca lo había hecho, pellizcando con
cierto sadismo los pezones y jugueteando
sin cesar. El bulto
de su entrepierna crecía y una mancha en su bragueta
le
delató, estaba teniendo sus primeros orgasmos. Realmente
llevaba
un tiempo largo sin tener una mujer entre sus manos
y esta, según me
contó, era la primera chica blanca con la
que se lo hacía.
Jos
no tardó en colocar sus labios y succionar con avidez.
Unos labios enormes,
arrugados que movía con desesperación.
Los lamía como
si fuesen helados y se los metía en la boca.
Ella mientras gemía,
retorciéndose de placer. Y yo a pocos
metros creía reventar,
aún hoy, mientras escribo y recuerdo
la escena me enciendo. Jos parecía
disfrutar con el sabor de
esas increíbles tetas. Sus dedos no tardaron
un deslizarse
lentamente hacia el coño. Le reconozco su paciencia, yo
ya
la hubiera penetrado. Esa mano tan grande y repelente bajó
del
pecho izquierdo, por el vientre hacia la pelvis. Después
pude ver como
introdujo los dedos por debajo de las bragas y
empezó a pasearlos por
el bello púbico, jugueteando entre lo
rizos. No tardó demasiado
en bajar un poco más, metiéndolos
entre las piernas sin llegar
a penetrarla. Ella gimió con
más fuerza, estaba muy, muy húmeda.
Jos sacó los dedos y los
olió. Entonces me miró y puso
cara de deleite. Yo le había
dicho que no me mirase pero, la verdad,
es que no era
momento de reprobaciones y él se estaba portando como
un
profesional. Al principio yo creía que iba a llegar y se la
iba
a follar un par de veces, sin más misterios. Pero
aquello parecía
una escena de película X.
En
fin, los dedos estaban totalmente húmedos, como los
muslos de mi novia.
Hacía rato que se corría de gusto, como
yo nunca lo había
visto. Jos volvió a sacar la navaja del
bolsillo y cortó los
laterales de las bragas, dejándolas
sujetas por debajo y descubriendo
los primeros bellos de su
pubis. Después se las arrancó, tirándolas
junto a mí. La
paciencia del muchacho se agotaba. Ella se retorció,
intentando
ocultar su sexo, pero ya estaba totalmente
desnuda y su coño esperaba
ser ocupado cuanto antes. Pero
aún le quedaba un rato.
Yo
nunca había estado tan excitado. Aunque, por otra parte,
deseaba que
algo interrumpiese la escena. Impedir que
humillase aún más a
mi novia. Hasta ese momento ya había
sido suficientemente interesante
... pero ya no había marcha
atrás.
Jos
apoyó sus manos en los hombros de Esmeralda y la puso de
rodillas ante
él. Ya sabía o lo que venía ahora. Antes de
follársela
quería un completo, que ella se la chupase. Pero
antes se fue a su espalda
y le desató las manos para que
"trabajase con libertad". Yo
sabía que Esmeralda no iba a
descubrir sus ojos. Permanecía quieta,
colocando los brazos
delante y cubriéndose el sexo aún con algo
de pudor. Jos se
puso en frente mientras se relamía. Aún estaba
totalmente
vestido y cada vez más impaciente. De pronto se bajó
la
cremallera y rebuscó por el orificio. Su polla estaba a
reventar,
así que tuvo que bajarse los pantalones y los
calzoncillos. Por aquello
de los tópicos y siendo Jos un tío
bastante corpulento, pensé
que el aparato sería
impresionante y lo cierto es que lo era, aunque
no tanto
como me había imaginado. Cerca de 20 centímetros, muy
grueso
y negro como el azabache. Parecía, eso si, mucho más brutal.
Con
venas descomunales. Desde luego parecía mucho más ancho
de lo
normal. En la punta un glande tan enorme como
sonrosado y en la base una gran
fronda de pelos. Ella se
mojó los labios, presintiendo impaciente el
momento de la
mamada. A mi las fellatios me encantan, pero lo cierto es
que
Esmeralda no se prodigaba mucho. Aquel día era una
excepción,
no sé si fruto de las pastillas, del momento o
ambos. Jos cogió
su instrumento y se la apoyó en la mejilla
invitándola a jugar.
Yo me moría viendo como restregaba
aquella enormidad en el precioso
rostro de mi novia. Pero
Esmeralda no esperó mucho. La cogió
con las dos manos y
empezó a darle besos delicadamente de abajo a arriba.
Colocaba
la boca en forma de O y besaba con deleite la
punta, abriendo un poco y saboreando
parte del glande. Unos
besos sonoros, largos, aspirando el olor y notando en
la
punta de los labios todos los detalles.
En
ese instante ella debió notar que ese no era mí aparato.
Olía
diferente y aunque era de similares dimensiones,
parecía más
hosco y más grueso. De estar en frío seguro que
la habría
rechazado asqueada, pero en aquel momento,
mientras entre sus piernas brotaba
tanto liquido, hubiera
hecho cualquier cosa que le pidiesen. Y así fue.
En un
primer momento titubeó, pero la excitación podía
más, así
que de los besos pasó a los lametones. Aún
pequeños y
tímidos, con la punta de la lengua recorriendo los
laterales
del pene. Así es como me lo hacía siempre, pero Jos
no era
yo y quería correrse cuanto antes. Sin chorraditas. Mientras
ella
lamía retraídamente la agarró de la nuca y le metió
la
mitad de la polla en la boca. Pude ver como ella casi se
ahogaba. Sin
contemplaciones. Él la movía arriba y abajo y
ella se dejaba
hacer. Esmeralda le puso una mano en el culo
y otra en los testículos,
masajeándolos con cierta
habilidad. Una habilidad desconocida para mí.
Pero quería
sentir el calor humano así que se arrimó,
apoyando su pecho
sobre los muslos y restregándose. Verla tan blanca,
preciosa
y enroscada en las piernas renegridas de aquel gañán...
es
una imagen que no olvidaré por muchos años que pasen.
Jos
no podía esperar más. De pronto paró y empezó con
grandes
espasmos a correrse dentro de la boca. Ella se
sorprendió aún
más, yo nunca lo había hecho. Pero agarró el
pene y siguió
moviéndolo, casi diría que ordeñándolo, hasta
que
expulsó todo lo que tenía, salió de la boca y con él
borbotones
de semen caliente y muy blanco. Yo me moría. La
leche salía viscosa
y en cantidad, como nunca lo había
imaginado. Salpicando su cara y resbalando
por los pechos.
Si hubiera tenido una cámara de fotos hubiera sacado
una
increíble instantánea pornográfica. Jos gruñía
y se
convulsionaba mientras mi novia le vaciaba los testículos,
apretándolos
para sacar todo el jugo. Ella no podía estar
más excitada con
el baño. Empezó a restregarse la viscosidad
por todo el cuerpo,
sacando la lengua y saboreándolo con
absoluto deleite. Desde luego eso
no lo había visto en
ninguna película porno. Nuca pensé
en verla así, tan seria,
tan estirada y ahora saboreando la leche caliente
de un
desconocido y frotándosela por todo el cuerpo como si fuese
aceite
de baño. Él la estaba disfrutando más de lo que yo en
15
años y encima me encantaba.
Tuvo
su primer orgasmo sin siquiera tocarse el coño. Después
quedo
tendida y totalmente desnuda, con las piernas cerradas
sobre la broza de los
pinos.
Pero a Jos no le había
parecido suficiente, así que no tardo
en agarrarle las tetas casi con
desprecio y comenzar de
nuevo el masaje. Poco le importó que estuvieran
llenas de
semen. Las estrujaba con avidez con una mano mientras con
las
otra buscaba el coño. ¡Qué manera de frotar!. Ella
parecía
dispuesta, así que abrió las piernas y cogió las
manos
del negro, conduciéndolas y apretándolas contra su
piel. Al rato
ella las había conducido a su sexo,
apretándolas con fuerza.
Esas manos tan ásperas y grandes no
podían ser las de su novio,
las mías. Pero no parecía
importarle. Esmeralda se incorporó
un poco mientras él la
manoseaba. Ella gimió cuando entró
el primer dedo. Le agarró
la polla y empezó a menearla, pretendiendo
ponerla en forma
de nuevo. Jos se puso de rodillas, le había gustado
mucho la
hermosa boca de mi novia así que se la volvió a poner
en los
labios. De verdad pensé que le iba a quitar el color del
pene,
desde luego, el sabor se lo quitó. Ella volvía a lamer
de una
forma que yo nunca habría imaginado, casi diría que
con apetito,
con voracidad. Cuando el cacharro estuvo duro
como una piedra y húmedo
con la saliva de Esmeralda, ésta se
tendió, invitando a la penetración.
Jos se echó encima sin
demasiado cuidado y la clavó con rapidez.
La vagina no
podía estar más lubricada así que no había
problemas.
Esmeralda gemía con fuerza, sabiendo quizás que yo
estaba
cerca y que con ello haría aún más grande mi cornamenta.
Él
empezó a envestir con furia. La mordía el cuello y
agarraba
su culo con fuerza salvaje. Los orgasmos no tardaron en
llegar.
Primero los de ella. Sonoros y seguidos. Después el
de Jos que parecía
rugir mientras inundaba a mi novia con un
nuevo baño de semen. Pocas
veces lo había hecho así, a pelo,
con una hembra tan limpia y
dispuesta.
Ella respiraba como si
le faltaba el aire. La venda de los
ojos se le había movido y creo que
vio por unos segundos al
hombre que la estaba follando de semejante manera.
Un tipo
extraño, al que tan solo había visto una vez y que, según
reconoció,
le parecía repugnante. Vaya con la racista. Pero
lejos de gritar Esmeralda
se colocó de nuevo la venda como
si nunca se hubiese movido. Cogió
la cabeza de Jos por la
nuca y le besó con ganas. Un beso largo, lúbrico
y
apasionado.
-Ha sido fantástico.
Quiero más, lo quiero todo- Pero poco
le interesaban a Jos los besos,
y más sabiendo que podía
hacer cuanto quisiese. Además
ella aún tenía restos de semen
en la boca y eso a él no
le hacía demasiada gracia. Así que
no contestó y apartó
sus labios. Se puso de rodillas, la
observó con detenimiento y de pronto
le dio la vuelta
bruscamente. Ella se quedo boca abajo, con su cuerpo desnudo
sobre
la tierra. Pero no parecía importarle.
Ahora
el culo era el gran protagonista. Tan blanco, tan
redondo y apetecible ...
toda una provocación. Jos no iba a
dejar pasar la oportunidad de sodomizarla.
Yo nunca había
pasado de manosearlo, a ella le encantaba. Pero ay, ese
orificio
tan delicioso, que yo nunca había llegado a
conocer... Para ella también
era la primera vez, para él
estaba claro que no. El negro metió
dos dedos en su vagina,
humedeciéndolos y utilizando aquellos jugos
para lubricar
tan estrecho agujero. Una vez conseguido introdujo esos
mismos
dedos en el ano, dilatándolo y preparándolo para la
penetración.
Ella se dejaba hacer y volvía a gemir, sin
atisbo de dolor alguno. Para
mí ya era demasiado, verla
tendida sobre un suelo tan sucio, retorciéndose
de gusto,
gimiendo y con un extraño explorándole el ano. En fin,
más
de lo que nunca había imaginado
La
polla de Jos no tardo en llegar. La colocó sobre el ano y
la empujó
lentamente hacia el interior. Mientras, con una de
sus manos abría los
cachetes para facilitar la maniobra, con
fuerza ... arañándolos.
Esta vez le costó un poco más. Luego
pude ver como ella tenía
grandes marcas por todo el cuerpo,
arañazos en el culo, moratones, mordiscos
en el cuello y en
los pechos. Vamos que la dejó convaleciente, o ella
a él,
según se mire.
Esmeralda
se tocaba por delante, consiguiendo otro gran
orgasmo. Pero a Jos, tras aquel
par de corridas increíbles,
parecía no quedarle más leche.
Era la tercera y última corrida.
La soltó en lo más profundo
de mi novia, con todo el pene dentro
del ano. Este se había
dilatado enormemente y parecía no tener
problemas en recibir
aquel instrumento. Jos se quedó tumbado encima
de ella, en
silencio, con su polla aún dentro. Soltando los últimos
chorros
de leche dentro. Ella permanecía debajo, suspirando,
mitad sudada y
mitad cubierta de semen. Había tenido un
nuevo y extraordinario orgasmo.
-Me
ha dolido un poco, pero ha sido fantástico. Aún tengo tu
sabor
en la boca, dame más .. hazme lo que quieras.
Jos
abrió mucho los ojos y entonces me miró con cara de
sorpresa.
La había penetrado por sus tres agujeros y los
tres estaban ahora llenos
con su esperma. La había sobeteado
incansablemente y chupado todo el
cuerpo y ella quería más.
A mi me pareció que si hubiera
habido tres hombres más se lo
hubiera hecho salvajemente con los tres.
Pensé que se la volvería
a meter en la boca, le había
gustado tanto la mamada que hubiera sido
lo más normal. En
fin, tenía donde elegir y ella no podía
estar más dispuesta.
Pero Jos se levantó lentamente, dejándola
desnuda boca
abajo. Sacó su pene que aún permanecía algo
empalmado y
chorreante, del ano. El cuerpo de Esmeralda brillaba
cubierto
de semen. Él me volvió a mirar. Estaba
impresionado, pero se
subió lo pantalones y reaccionó como
yo nunca me habría
pensado. Bajó la mirada, observó a
Esmeralda desnuda retorciéndose
a sus pies y la escupió en
la espalda con desprecio, marchándose
de allí.
He tratado de evitar
el bar y nunca más lo he visto.
Reconozco que me daría vergüenza.
Aquel fue el momento más
excitante de mi vida, aunque nunca me he atrevido
a
repetirlo. Tampoco he hablado con ella de esto. Si me dijo
esa misma tarde
que había disfrutado una barbaridad y que
tenía el coño
y el ano algo irritados, aunque había merecido
la pena. Yo estaba como
loco. Mientras ellos follaban me
masturbé tres veces. Y he de decir
algo en mi favor. Cuando
él se fue, cogí a Esmeralda, que aún
tenía los ojos tapados,
y repetimos la jugada ... desde el principio.
IGNATUS
e resultaría.
Nunca me he atrevido a
decírselo, siendo ella una chica responsable
y poco dada a
las extravagancias. Pero yo no podía más y esa
idea no
dejaba de rondarme desde hacía meses. Tenía que buscar
la
forma de hacer realidad esta fantasía.
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