SAILOR MOON: UN FUTURO DIFERENTE (II)
Parodias.
NOTA DEL AUTOR: Dos de mis personajes favoritos son Sailor Moon, que sin duda
a entrado en la lista de clásicos de la animación japonesa, y Batman,
un icono del cómic norteamericano.
Esa mañana los rayos del sol iluminaron magistralmente la belleza de "El
lago encantado. Las aguas cristalinas, agitadas por el viento, emitían
pequeños destellos que le daban el aspecto de un espejo de plata. Los árboles
se mecían suavemente al compás de la brisa matutina y el canto de
los pájaros daba una atmósfera de paz y tranquilidad. Aunque en
el interior del hotel esas dos cosas estuvieran ausentes. La razón era
la desesperación de Serena por encontrar algo que ponerse para su cita
con la misteriosa mujer llamada Ángel. Simplemente la poca ropa que llevaba,
tomando en cuenta que solo iba con su familia de fin de semana, le parecía
de pésimo gusto.
-¿Porqué traje esta ropa?- pensaba una
y otra vez parada frente al espejo de la habitación.
En tan solo
unos minutos intento todas las combinaciones posibles con su ropa. Pero ninguna
la dejo satisfecha. Al fin se decidió por una falda plisada en color azul
pastel, una blusa blanca de manga corta y unas calcetas cortas. Para su calzado
escogió unos zapatos tenis también en color pastel. Cuando se miro
al espejo adopto varias poses, como una modelo tratando de encontrar su mejor
lado, pero tampoco quedo del todo convencida. Por fin tuvo que resignarse a que
no podría hallar una combinación mejor, sobre todo tomando en cuenta
que no llevaba más ropa.
Nerviosa tomo asiento en la cama y espero,
el tiempo parecía especialmente lento aquella mañana, luego se levanto
y camino de un lado a otro del cuarto. En ese momento una voz la saco de sus pensamientos.
-Serena.- era mamá Ikuko quien la miraba desde la entrada.- Vamos a desayunar.-
la joven princesa la miro fijamente mientras trataba de encontrar una excusa para
no ir con ellos. En ese momento el teléfono sonó. Serena prácticamente
se lanzo sobre el aparato para contestar. -Bueno.- dijo dándole la espalda
a su madre.
-Hola pequeña.- la subyugante voz de Ángel la hizo
estremecer.- Nos vemos en el lobby.- sin más colgó. Serena se volvió
hacia su madre, quien la miraba extrañada.
-Lo siento mamá, la
señorita Ángel me invito a desayunar.- antes de que Ikuko pudiera
decir algo Serena salió de la habitación. La mujer sintió
una rara inquietud, algo malo estaba pasando. Serena llego al lobby del hotel
y busco con la mirada a Ángel, pero no la encontró; en su lugar
se encontraba la chofer, vestida con su recio uniforme oscuro. Al ver a la joven
la chofer se le acercó, sus ojos parecían los de una fiera, y le
hablo con tono áspero.
-Soy Jessi, chofer de la señorita Ángel.
Te llevare con ella.- fue todo. Sin esperar respuesta echo a caminar rumbo a la
salida. Serena se sintió un poco desconcertada pero termino por ir detrás
de ella. Afuera del hotel los aguardaba la poderosa limosina negra. Marcialmente
Jessi se colocó a un lado de la puerta trasera y la abrió para que
Serena entrara. No bien la joven lo hizo, Jessi cerró de un solo golpe.
Luego tomo su lugar su la limosina emprendió la marcha. Serena se sentía
cada vez más nerviosa, sobre todo cuando el hotel se perdió de vista,
se sentía vulnerable y eso la asustaba. Por un momento considero la posibilidad
de pedirle a Jessi que la regresara, pero el solo pensar en Ángel la impulsaba
a continuar.
Por suerte la limosina bajo la velocidad y finalmente se detuvo.
La puerta se abrió y Serena se apeó del vehículo. Antes de
que pudiera hacer alguna pregunta Jessi le señalo un conjunto de cabañas
que se veían a unos 100 metros. Serena supo entonces que se encontraba
al otro lado del lago, en la sección de cabañas privadas, eso la
tranquilizo y sin esperar más echo a andar. Al llegar a las cabañas
noto que casi todas estaban cerradas y vacías, sin duda por la temporada
baja, pero al final llego hasta una de las más grandes, provista de dos
plantas, y ahí encontró a su misteriosa anfitriona, cómodamente
sentada y tomando el sol matutino en una terraza.
-Hola Serena.- dijo llamándola
por su nombre por primera vez.
-Hola.- respondió la princesa.
-Pasa
y sube. El sol esta delicioso.- La chica obedeció y entro en la cabaña,
el lugar era de lo más confortable, provisto de chimenea, con un mobiliario
en acabado rustico que daba un aspecto viejo a la cabaña, algunas esculturas
y tapetes decoraban a estancia. Al fondo había unas escaleras de pino,
temerosa de parecer mal educada Serena ascendió lentamente, evitando taconear,
hasta que llego a la planta alta. Ahí descubrió que la casa tenía
al menos tres habitaciones, pero lo que le importaba en realidad era llegar a
la terraza. Así paso sin mirar detenidamente hacia los cuartos. Al llegar
a la terraza la joven miro a su anfitriona tendida cómodamente en una silla
plegable de tela, vistiendo un diminuto traje de baño que apenas la cubría.
Serena se ruborizó y pudorosa desvió la vista.
Ángel
la miro de reojo, admirando a candor, y sonriente se incorporo para acercarse
a ella. Serena se estremeció al sentir el cuerpo de Ángel junto
al suyo, lentamente volvió la cara y se encontró de frente con ella.
Era aún más hermosa que el día anterior. Sin embargo, esta
vez, Ángel solo le dio un beso rápido en la mejilla. Serena se sintió
extrañamente rechazada. Ángel se puso de pie y camino hasta una
pequeña mesa, provista de una gran sombrilla, donde tomo asiento. Con un
suave ademán le indico a Serena que fuera a su lado cosa que la joven hizo
de inmediato. No bien lo había hecho la joven vio entrar a Jessi llevando
una gran charola plateada, provista de campana, misma que deposito con sumo cuidado
sobre la mesa.
-¿Me acompañas a desayunar Serena?- la princesa
respondió moviendo a afirmativamente la cabeza. Jessi retiro la campaña
y dejo al descubierto el contenido de la charola. Frutas, néctares y agua
era todo. Serena se sintió un tanto desilusionada dado su natural apetito,
pero no queriendo parecer impertinente se limito a sonreír mientras tomaba
una manzana. Ángel también sonrió y juntas dieron cuenta
de todo. Al final Ángel hizo una señal y Jessi se marcho llevándose
la charola.
Ángel la vio desaparecer dentro de la casa, luego miro
a su invitada; Serena aún daba cuenta de una sabrosa pera. -Bueno pequeña.-
dijo tomando una bata y un sombrero de ala ancha echo de mimbre.- Creo que es
hora de ir a tomar fotos.-
-¡Vamos!- dijo Serena entusiasmada. Ambas
salieron de la cabaña y caminaron por la rivera del lago. Durante varias
horas no ocurrió nada extraordinario, solo tomaron unas cuantas fotos aquí
y allá, luego Ángel se detuvo en un hermoso lugar, una pequeña
playa donde los rayos del sol hacían resplandecer el agua, a su alrededor
no había sino altos árboles que daban sombra. Con toda calma Ángel
se despojó de su bata y del sombrero, colocando las dos cosas al lado de
un frondoso árbol. Serena comprendió lo que su amiga se proponía,
de hecho ella también tenía ganas de nadar un rato después
de caminar bajo el sol de la mañana, pero de pronto se dio cuenta de que
no llevaba traje de baño.
-Soy una tonta.- pensó enojada consigo
misma por aquel olvido. Ángel terminó de acomodar sus cosas junto
al árbol y sin esperar más se lanzo en una carrera corta hasta el
agua. Serena la miro entrar al agua y sumergirse por unos segundos.- Aaaahhhhh.-
exclamo Ángel cuando salió del agua fresca. Sonriendo miro a Serena,
de pie junto a sus cosas, y extendiendo los brazos hacia el cielo llamo a la joven.
-¡Vamos
Serena! ¡El agua esta deliciosa!- Serena miro como el agua escurría
por el bello cuerpo de Ángel. Su negros pezones resaltaban como nunca bajo
la tela mojada, su cabello húmedo se estiro hacia atrás resaltando
su frente amplia.
-¿Qué pasa?.-pregunto un tanto molesta por
que Serena no se movía. Esta la miro avergonzada.
-No traje mi bañador.-
dijo quedamente. Ángel sonrió con malicia mientras salía
del agua. - ¿Eso es todo?- dijo burlona. - Yo tengo la solución.-
las manos de la mujer desajustaron las delgadas correas de su bañador y
este cayo al suelo. Serena tuvo que recargarse en el árbol para no caer.
-¿Lo vez? Ahora estamos iguales.- una gran sonrisa apareció
en el rostro de Ángel, como no dándole importancia al hecho de descubrir
su cuerpo frente a la chica japonesa. Serena admiraba aquel cuerpo desnudo, de
piel blanca y suave como la de una paloma, de senos medianos y decorados con grandes
aréolas rosadas y pezones como botones de flor. El vientre perfecto, sin
una molécula de grasa, y las caderas delicadamente trazadas, las piernas
largas y bien torneadas. En verdad parecía un ángel emergiendo de
las tibias aguas del lago. Los grandes ojos dorados de Ángel estaba fijos
en Serena, la cual seguía paralizada, nerviosa y asustada, recargada contra
la áspera corteza del árbol. Ángel se acerco lentamente a
la princesa y, sonriendo maliciosamente, comenzó a desabotonar la blusa
de Serena. La joven se puso roja como un tomate pero no hizo nada por impedir
que la mujer extranjera cumpliera su cometido. Sin prisa Ángel termino
de abrir la blusa y, rodeando el torso de Serena con ambos brazos, dejo que sus
dedos desajustaran el sostén blanco de la chica. Serena bajo la cara y
contemplo sus pechos, lucían pequeños y sin atractivo comparados
con las maduras esferas de su acompañante. Ángel tomo con una mano
uno de aquellos pechos juveniles y sonriendo comprobó que cabían
perfectamente en su mano.
-Que bella eres Serena.- dijo mientras juntaba sus
pezones con los de la joven. Ambas experimentaron un agradable cosquilleo que
poco a poco se fue transformando en una corriente pasional. Serena miro al fin
los grandes ojos dorados y sintió que caía dentro de ellos, no supo
cuando Ángel unió sus labios a los suyos, solo sentía su
cuerpo derritiéndose bajo los rayos del sol. Al cabo de un rato la extrajera
rompió el beso para caer de rodillas ante la joven japonesa, sus manos
repitieron la operación que habían efectuado antes y pronto la falda
y las bragas de Serena cayeron por tierra. La princesa de la luna estaba rendida
a la voluntad de Ángel y ella lo sabía. Suavemente Ángel
deposito un beso en la vulva de su amante, la cual se estremeció sintiendo
como su intimidad se abría como una flor ante el amanecer, al tiempo que
una fuente desconocida comenzaba a derramarse dentro de ella. Dueña de
la situación Ángel hizo que Serena se volviera presentando sus bellos
glúteos ante sus ojos.
El fuerte sonido de una nalgada se dejo escuchar
en el silencio del bosque. -¡Aaaaahhh!.- gimió Serena sorprendida.
Mientras un segundo golpe estallaba contra su piel blanca. - ¡Quieta pequeña
zorra!.- ordenó la mujer. -¡Deja que yo te enseñe!.- mientras
hablaba Ángel comenzó a establecer un cierto ritmo, golpeando alternativamente
con cada una de sus manos, como su tocara un tambor viviente. Mientras Serena
no salía de su asombro é increíblemente se preguntaba que
había hecho para merecer aquel castigo. Pero no se movía. Había
algo indescriptiblemente erótico en ser castigada como una niña,
aunque la verdad sus padre habían empleado poco ó mejor dicho nada
ese sistema en ella, sintiendo como nacía aquel calor que se iba extendiendo
por su cuerpo, incluso su vulva se sentía cada vez más cálida
y húmeda con cada golpe que Ángel le daba. Inesperadamente la mujer
de los ojos dorados le abrió las nalgas y sin pensarlo le hundió
la punta de la lengua en el ojos del culo. Serena dio un respingo ante esa caricia,
nueva y malévola, que le revelo que esa parte de su cuerpo también
podía darle un goce prohibido.
-¡Aaaaaahhhhh!.... ¡Aaaaayyyyy!....
¡Sigue por favor!.... Sigue...- suplicaba la joven aferrada al tronco del
árbol, Ángel sonrió y clavo más su lengua en el trasero
de su joven amante, inyectándole saliva para luego succionarla y repetir
el proceso de nueva cuenta. Serena no pudo resistir mucho tiempo y su cuerpo no
tardo en estremecerse presa de un orgasmo feroz. -¡Aaaaaaaahhhhhhh!.- grito
al tiempo que la fuente de su intimidad dejaba escapar un abundante caudal de
líquidos que escurrían por los labios trémulos de su coño.
La princesa de la luna se derrumbo y quedo de rodillas frente al árbol
que se había convertido en el altar de su entrega. Con firmeza Ángel
la hizo levantar, tomándola por los pecho adolescentes, para atraerla hacia
sí. Sus caras quedaron frente a frente y no tardaron en besarse de nuevo.
-Vamos
a nadar.- dijo la mujer rompiendo el encanto de aquel momento. Sin esperar nada
tomo a Serena del brazo y la hizo emprender el corto trecho hasta el agua. Por
un momento ambas nadaron felizmente, ejecutando un singlar baile bajo el agua
resplandeciente. De pronto Serena se sumergió en el agua y, con un rápido
movimiento salió detrás de Ángel abrazándose a sus
espaldas mientras sus manos acariciaban los grandes pechos de la extrajera. Esta
reacciono de forma inesperada liberándose violentamente y, dándose
la vuelta, deposito una fuerte bofetada en el rostro de Serena. La joven miro
a Ángel desconcertada y temerosa, incapaz de comprender lo que había
pasado, viendo como esos ojos dorados la miraba ahora con furia y rencor, como
se mira a un ser malagradecido. Con gran dignidad Ángel salió del
agua y comenzó a vestirse de nuevo, ignorando a Serena que la miraba aún
en el agua. Al terminar emprendió el camino de regreso a su cabaña.
Cuando se fue Serena reacciono al fin y saliendo del agua se vistió
también a toda velocidad y salió detrás de ella, su mejilla
estaba roja por el fuerte golpe recibido pero no le dio importancia. -¡Espera!...
-grito al ver las espaldas de Ángel.- ¡No te comprendo!... ¡Que
hice mal!... ¡Por favor dime que paso!... ¡Por favor!...- Ángel
se detuvo y volvió la cara, su rostro era severo y casi cruel, su voz antes
dulce sonó ahora como el chasquido de un látigo.-¡¿Qué
has hecho?!... ¡¿QUÉ HAS HECHO?! ... ¡ME TOCASTE SIN
MI PERMISO! ¡ESO ES LO QUE HAS HECHO!...-
-¿Qué?.- dijo
Serena incrédula. ¿Cómo podía decir eso si ella misma
la había tocado sin pedirle su opinión?. -Pero tú...- murmuro
la princesa.
-¡NO ES LO MISMO!.- replico Ángel sin darle tiempo
a terminar.- ¡Yo tomo lo que quiero!... ¡Pero nadie puede tomarme
si no lo deseo!.-
-Lo siento.- dijo Serena casi sin darse cuenta.
-Será
mejor que te vayas. Ya no estoy interesada en ti.- sin decir más Ángel
se dio la media vuelta y siguió su camino. Serena la miro desaparecer entre
los árboles. No lograba entender a esa extraña mujer que tan abruptamente
había entrado en su vida. Su respiración se fue haciendo más
fuerte, conforme una repentina vuelta de su dignidad se presentaba en su pecho,
y con infantil alarde grito a los cuatro vientos.
-¡TU TAMPOCO ME INTERESAS!...
¡YO SOY UNA PRINCESA!... ¡¿ME OÍSTE?!... ¡UNA
PRINCESA!... ¡NO QUIERO VOLVER A VERTE NUNCA!... ¡NUNCA!.- conteniendo
las lagrimas de sus ojos Serena se alejo dando pisotones a cada paso, imaginando
que aplastaba a una pequeña Ángel cada vez que bajaba el pie. Ajena
estaba que no lejos de ahí, escondida tras un árbol, Ángel
la miraba alejarse. En su rostro estaba plasmada una expresión de burla
y lastima malsana.
-Yo se quien eres mi pequeña princesa. Lastima
que tu no sepas quien soy yo.- un intensa luz negra envolvió el cuerpo
de la mujer, pero solo por un momento, luego se alejo dejando un árbol
moribundo detrás de ella.
Continuara...
AUTOR: "El
Monje"
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