SLAYERS (III)
Parodia, hetero, polvazo. Aclarar que todos los personajes
principales que intervienen en ella pertenecen a la serie Slayers (más
conocida aquí como Reena y Gaudi, salvo la sacerdotisa Calis. Mi intención
al escribir este relato basado en estos personajes es contar con un contexto
ya desarrollado a partir de la serie para desarrollar mis propias historias.
Antes de empezar esta parte del relato, quiero aclarar que quizas algunos datos reflejados a lo largo de las historias no son suficientemente claros o incluso son incorrectos con respecto la serie, tales como el nombre del padre de Amelia, el de su reino, el nombre del último Dios superviviente (Slayers I), y en este capítulo, la invocación del hechizo Matadragones. En caso de que alguien pueda responderme a estas cuestiones, le agradecería que me lo comunicara. Mi dirección: Fatal_Fury_Kaphwan@Yahoo.es. Muchas gracias y espero que os hayan gustados los relatos.
Después de desayunar, Reena y Gaudi
abandonaron la ciudad de Retalión. Gaudi se mostró contrariado
por no poder dedicar siquiera de medio día para conocer la urbe, pero
Reena se mostró inflexible en su determinación de abandonar la
ciudad. Gaudi no sabía que mosca habría picado a su compañera,
pero durante aquella jornada de viaje hacía Taravos, un conocido puerto
del continente, notable centro de comercio, Reena se mostró hosca, callada
y distante, lo cual le extraño. Normalmente, cuando Reena se enfadaba,
daba inmediatamente rienda suelta a su enfado, vociferando y despotricando contra
quién la hubiera enfadado, nunca se sumía en un estado tan pasivo.
El guerrero tenía la impresión de que Reena se sentía ultrajada,
como si hubiese sido insultada en su amor propio, pero no alcanzaba a comprender
ni él porque ni por qué la hechicera lo pagaba con él.
"Bueno" se dijo "Sea lo que sea, tarde o temprano se le pasará.
Cuando pueda lanzar diez o doce Bolas de Fuego contra un grupo de bandidos,
se relajará. ¡Pobres de aquellos incautos que se crucen en su camino!"
suspiró al pensar en el petulante noble al que Reena había vuelto
a chamuscar nadie sabía porque cuando toda la posada en la cual se habían
hospedado despertó a causa de un brutal rugido de origen desconocido.
"Digo yo... ¿Aquel rugido tendrá algo que ver con el malhumor
de Reena?" No tardó en desechar la cuestión encogiéndose
de hombros. "Tanto da. A fin de cuentas, el día en que pueda entender
a Reena, las ranas peinarán canas. Solo espero que los bandidos nos ataquen
pronto para que Reena se desahogue de una vez y podamos seguir el viaje como
si no hubiera pasado nada" pensó con un nuevo suspiro, deseando
oír lo más pronto posible la alegre y contagiosa risa de su compañera.
Por delante de Gaudi, Reena abría la caminata, también sumida
en sus pensamientos. Todo lo que había sucedido la noche anterior había
alterado la tranquilidad de su viaje por el Mundo Exterior, sumiéndola
en un caos de sentimientos. No podía olvidar que aquella noche, en la
que por primera vez en su vida, había saboreado los placeres del amor
y de la sexualidad con Calis, la sacerdotisa de La Dulce Señora. Había
sido una experiencia que quedaría gravada para siempre en su mente, pues
sentía que lo ocurrido con la hermosa sacerdotisa había cambiado
para siempre parte de sus percepciones y visiones sobre sí misma. Tampoco
olvidaría la visión qué había tenido de los sueños
de Gaudi, en los cuales ella misma y Gaudi hacían apasionadamente el
amor. Aquella visión le demostró a si misma cuales eran sus sentimientos
hacía Gaudi. Pero lo que nunca podría olvidar, lo que le hacía
sentirse de tan mal humor, era que tras despertar del sueño, Gaudi confundiera
a la mujer de su sueño, Reena, con Calis. Reena se sentía de algún
modo burlada. Cuando se identificó a sí misma como la mujer que
Gaudi amaba en su sueño, se sintió increíblemente feliz
al saberse amada por aquel al que ella amaba.
Para empeorar las cosas, la hechicera no se atrevía a encarar a Gaudi
por aquella situación; primero porque habían espiado la intimidad
de sus sueños a escondidas, y también porque tenía miedo
a que Gaudi se burlará de ella. Deteniéndose para no distanciarse
demasiado de Gaudi, Reena intentó no por primera ni última vez
mientras lo esperaba, olvidar aquellos pensamientos, y golpeando con fuerza
una piedra con el pie en la dirección en que venía Gaudi, se volvió
y continuó la marcha.
- ¡Espabila, Gaudi, que no tenemos todo el día! -dijo al guerrero
sin darse nuevamente la vuelta. Gaudi, suspirando, continuó la marcha.
Golpeada por Reena, la piedra pasó al lado de Gaudi sin ocasionarle ningún
percance y perdiéndose tras unos matorrales, donde se oyó un golpe
seco.
- Maldita seas, bruja endemoniada -musitó intentado no gritar de dolor
Adolphonse De Oldberza y Xupa. El malherido noble se palmó el chichón
que rápidamente se formaba en mitad de su frente por la pedrada perdida
de Reena, mientras sus hombres lo observaban con una mezcla de asombro y lastima
ante su mala fortuna.
Tanto el noble, como la docena de hombres a su servicio que lo acompañaban
habían abandonado Retalión siguiendo discretamente a Reena y Gaudi.
Adolphonse De Olberza y Xupa era en exceso arrogante y pretencioso, y en contra
del sentido común, que dictaría a cualquier persona juiciosa dejar
marchar a Reena con la esperanza de no volver a verla en su vida, había
decidido que no descansaría hasta hacer pagar a Reena sus afrentas en
la posada la noche anterior. Tras recuperarse como pudo de los ataques mágicos
de Reena, envió recado a sus hombres, que se alojaban en otro establecimiento
para que estuvieran prestos a seguir discretamente a la pareja de aventureros.
Sabiendo que sus hombres probablemente no eran rivales para la poderosa magia
mostrada por Reena, el tenaz noble estaba dispuesto a seguirla hasta que se
presentase una ocasión propicia de atacarla y capturarla en un rápido
ataque por sorpresa. Mientras, esperaba pacientemente el momento oportuno.
- Ya verás, maldita sucia cochina, ya verás el castigo de quienes
son superiores a ti, bruja -murmuró relamiéndose los labios al
pensar en el momento en que la tuviera indefensa entre sus manos.
Sumidos en sus pensamientos, ni Reena y Gaudi percibieron nada anormal durante
el resto del día. Finalmente, al atardecer, decidieron establecer el
campamento en un frondoso y refugiado bosquecillo por el cual discurría
un caudaloso riachuelo. Aprovechando esta circunstancia, y para estar sola un
rato más antes de cenar, Reena decidió tomarse un baño
mientras Gaudi preparaba el campamento para dormir y limpiaba su equipo.
"Esto no puede continuar así" pensó Reena mientras se
lavaba desnuda el cabello dentro del riachuelo. "Hoy no nos hemos dirigido
la palabra el uno al otro en todo el día salvo para decir que apures
o que me esperes, y todo por la visión de ese sueño. Creo que
lo mejor será que intente olvidarlo, que sigamos como si nada hubiese
pasado." Sin embargo, Reena se veía incapaz de olvidarlo, porque
aquello era la naturaleza de sus sentimientos, unos sentimientos muy profundos
por Gaudi. "Da igual. No podemos seguir así. Al menos he de intentarlo
o si no... 2 Reena no se atrevió a calibrar las consecuencias de la negativa,
y con un brusco movimiento, se levantó y salió del riachuelo a
la oscuridad de la naciente noche. "De todos, si consigo que vuelva la
normalidad, quizá, hablando con Gaudi, encuentre un modo de afrontar
el tema" pensó esperanzada.
Absorta en sus pensamientos y debido a la oscuridad, no reparo en nada extraño
cuando se acerco a los arbustos donde había dejado su ropa. Alrededor
de ellos, ocultos entre la hierba alta estaban Adolphonse De Olberza y dos de
sus hombres, que reptando, se habían acercado a la espera del momento
adecuado para saltar sobre Reena. La sonrisa que cruzaba su cara, debido al
perfecto desenvolvimiento de su plan de ataque y a la lujuria de ver el desnudo
cuerpo de Reena en el riachuelo, se borró cuando la hechicera pisó
inadvertidamente con inmejorable puntería su entrepierna.
- Curioso -comentó en voz alta Reena-, creía que este terreno
era más firme.
Sin advertir nada, Reena empezó a secar su húmedo cuerpo con una
toalla, mientras seguía pisoteando el cuerpo de Adolphonse De Olberza:
ahora la nariz, la barriga, otra vez la entrepierna, el cuello... El rostro
del desdichado noble amenazaba con desfigurarse debido a las muecas que en su
dolor, hacía para no gritar. Desgraciadamente, cuando abrió la
boca en un silencioso grito de dolor, Reena introdujo en ella su pie.
- ¡Eh! ¿Pero qué demonios...? -exclamó Reena sorprendida.
No pudo terminar la pregunta, pues inmediatamente, los dos hombres de Adolphonse
se levantaron raudos para atacar a Reena al comprender que era entonces o nunca.
Emergieron con las armas desenfundadas a muy escasa distancia de Reena y se
lanzaron sobre esta. Sorprendida y sin comprender aún muy bien que pasaba,
reaccionó a tiempo. Comprendiendo que no podía invocar ningún
hechizo efectivo para defenderse en aquella situación, no le quedo más
remedio que recurrir a la fuerza. Cuando el primero de sus agresores iba a caer
sobre ella, Reena le clavo de una certera patada el pie entre los dientes. Sin
pausa se volvió hacia el segundo agresor mientras intentaba cubrir su
desnudo cuerpo con la toalla. El atacante intentó golpearla con una maza
en la cabeza con un golpe en sentido horizontal, pero Reena se agachó
a tiempo y en esa postura golpeó con un fiero uppercut la entrepierna
del soldado.
- ¡Gaudi! -gritó hacía el campamento-. ¡Ayúdame,
me están atacando!
En el campamento, Gaudi estaba entretenido preparando la comida para la cena
cuando oyó la llamada de Reena.
- ¡Reena! ¿Qué sucede? -gritó alarmado. Sin esperar
respuesta se lanzó sobre su espada y corrió en dirección
al riachuelo, pero apenas avanzó cinco metros cuando se encontró
con cinco figuras entre los árboles que entorpecían su avance.
- ¡Ríndete, muchacho, estas rodeado y no puedes vencer! -dijo uno
de los hombres de Adolphonse.
Por toda respuesta, Gaudi cargó rápidamente contra los intrusos.
En menos de otros cinco segundos, los cinco hombres estaban fuera de combate
y Gaudi reanudaba su camino hacía donde le había llamado Reena,
alarmado al constatar que no se oía ruido alguno de pelea. Conociendo
como él conocía a Reena, eso podía ser muy mala señal.
Cuando llegó al lugar, se detuvo de golpe. Reena, vestida únicamente
por una toalla, estaba firmemente sujeta por un hombre con ropas aristocráticas
y que mantenía un cuchillo sobre el cuello de Reena. Su rostro le sonaba
a Gaudi de algo. Alrededor de ellos había otros cinco espadachines con
las armas prestas, si bien uno de ellos contaba en una mano los dientes caídos
de su boca y otro llevaba una mano a su entrepierna. Los restantes dos hombres
de la tropa de Adolphonse habían sido situados en las inmediaciones del
camino que habían seguido la joven pareja para prevenir posibles intromisiones.
- ¡Reena! -exclamó Gaudi-. ¿Qué ha pasado? ¿Quiénes
son estos bandidos?
- ¡No te entrometas en esto o lo lamentarás! -amenazó Adolphonse
a Gaudi-. ¡Esto es un asunto personal entre yo y esta bruja!
- ¡Ja! ¡Querrás decir que es un asunto entre vosotros y yo!
¡Habéis atacado a mi amiga en la privacidad de su baño y
la amenazáis con armas! ¡Soltadla inmediatamente!
- ¡Jamás! ¡Esta perra y yo tenemos asuntos pendientes!
- Reena, ¿de qué habla este loco? ¿Lo conoces? ¡Yo
no recuerdo haberlo visto en mi vida, aunque su cara me suena!
Reena no respondió. Permaneció en silencio, intentando cubrirse
con la exigua toalla y asustada por el filo del arma en su cuello. Aquello desconcertó
a Gaudi. A lo largo de sus viajes, Reena había estado en situaciones
semejantes o incluso más desesperada con la mirada firme y desafiante
sin miedo, pero esta vez temblaba en manos de su agresor. Esto era debido en
buena medida al hecho de estar casi desnuda. Cuando intentaba huir de allí
para vestirse de cualquier manera y poder enfrentarse a sus agresores sin preocuparse
de cubrir su desnudez, Adolphonse la derribó al sujetarla por los pies.
Al ser sorprendida y capturada desnuda por aquellos hombres, Reena se sentía
fuertemente cohibida e insegura, y la figura de Adolphonse detrás suya
con un arma en las manos susurrándole con saña y maldad las torturas
a las que la pensaba someter hacían mella en la habitualmente valiente
y confiada hechicera.
"¡Gaudi, ayúdame, por favor! ¡Ayúdame!"
suplicaba en silencio Reena, incapaz de hablar.
Gaudi, por su parte también estaba asustado. No por Adolphonse ni sus
hombres armados; estaba seguro de que podría derrotarlos incluso con
las manos desnudas, visto la poca oposición que le habían presentado
los cinco esbirros del campamento. Lo que le asustaba era la actitud de Reena,
tan asustada, indefensa y sumisa. A lo largo de sus aventuras con ella, Gaudi
nunca la había visto en semejante estado, y no estaba preparada para
la idea de que unos canallas de tan poca monta pudieran no solo capturarla,
sino incluso matarla cuando intentara liberarla, tal era su estado de indefensión.
"Reena, ¿pero qué te sucede? ¡Despierta, tienes que
luchar! ¡Estas aún peor que Fibia cuando fue capturada y juzgada
en aquella ciudad de chalados por ser un dragón!" pensó Gaudi,
desesperado, recordando una peripecia de su viaje con Fibia hacía el
Templo del Dios Dragón de Fuego. "¡Incluso Fibia mostró
más coraje que tu ahora!" recriminó en silencio a Reena,
al rememorar como Fibia se liberó de sus ataduras y adoptó su
forma de dragón cuando Theros empezó a burlarse de ella cuando
estaba prisionera.
- ¡Eh! ¡Eso es! ¿Por qué no lo intento? -exclamó
Gaudi cuando una idea cruzó su mente, sorprendiendo a los asaltantes.
Dirigiéndose a Reena, habló-. Bueno, tampoco importa mucho quienes
sean estos hombres, supongo que querrán darte tu merecido por tu mezquindad
y crueldad.
- ¿En serio? -preguntó uno de los hombres de Adolphonse. Reena,
por su parte, levantó la mirada como si reparará entonces la presencia
de Gaudi.
- La verdad, debería dejarles hacer su trabajo -prosiguió Gaudi,
quien hizo una larga pausa para improvisar su arenga a Reena-. Has hecho tantas
mezquindades y cometido tantos atropellos a lo largo del mundo desde que somos
compañeros, que comprendo sus motivaciones. Para ellos no eres más
que una siniestra bruja sádica que seguramente conserva su juventud gracias
a los baños en sangre de jóvenes vírgenes.
- ¡"Dios" mío! ¿Lo "dije" en "serio",
amigo? -preguntó el hombre al cual Reena había desdentado.
- ¡Increíble! -exclamó Adolphonse-. ¡Esta perra es
aún peor de lo que yo creía!
- ¡Tiene razón! -exclamó con una voz súbitamente
aflautada y aguda el otro hombre al que Reena había agredido-. ¡Una
autentica jovencita con esa cara no golpearía a ningún hombre
en ciertas partes!
Reena, por su parte, no podía dar crédito a lo que Gaudi decía.
Se sintió como si todo lo sucedido desde que había conocido a
Calis fuese una pesadilla. En su interior deseaba que todo fuese un mal sueño,
que aún no hubiese despertado tras hacer el amor con Calis, o que incluso
esto fuese otro sueño, pero no era así.
"¡Gaudi, pero...! ¡¿Qué dices?! ¡Soy yo,
Reena, tu compañera! ¿Por qué dices eso de mí, de
quién te ama tanto? ¡Tu me amas!"
El propósito de las mentiras de Gaudi era enfurecer a Reena, hacer que
recuperará su espíritu combativo tal como había hecho Theros
con Fibia. Pero si hubiera sabido hasta que punto afectaban sus palabras a Reena,
probablemente nunca las hubiera pronunciado.
- Ciertamente, no me extraña que con tu carácter te lleves tan
bien con Theros -añadió más leña al fuego Gaudi-.
¡Un demonio como él debe encontrarse como en casa a tu lado!
- ¡Increíble! -exclamó Adolphonse-. ¡Está bruja
ha hecho un pacto con demonios! ¡Seguro que le vendió el alma a
cambio de sus poderes!
- ¡No, una vampiresa! -exclamó otro de los hombres de Adolphonse-.
¡Seguro que le pidió además la inmortalidad y el demonio
la convirtió en vampiresa, por eso se baña en la sangre de las
vírgenes!
- ¡So burro! -exclamó otro-. ¡Los vampiros beben la sangre
de sus víctimas, no se bañan en ella! ¡Además, si
fuese una vampiresa, la luz del sol la hubiese destruido!
Reena ya no prestaba atención a lo que la rodeaba, pues estaba conmocionada
y derrotada: Gaudi no la amaba, ¡la despreciaba! Gaudi la consideraba
una persona horrible y despreciable, una autentica lacra. En su estado, percibía
las discusiones y exclamaciones de Adolphonse y sus hombres, que discutían
si ella era una vampiresa o una muerta viviente, pues en tal caso, para matarla
tendrían que usar o bien estacas o agua bendecida por algún sacerdote
del bien. En aquel momento, la aflicción de Reena cedió espacio
a la rabia y al odio mientras las lagrimas corrían por su rostro. ¡Aquellos
estúpidos tenían la culpa de todo! ¡Por su culpa se había
enterado de los sentimientos de Gaudi! ¡Por su culpa Gaudi la despreciaba!
- ¡¡Malditos, malditos seáis!! -gritó Reena. Revolviéndose
en los brazos del noble, lo golpeó en la entrepierna de una poderosa
coz, y en el mismo movimiento cuando el noble se doblaba, le propinó
dos contundentes codazos, uno en los dientes y otro en la nariz que lo derribaron.
Gaudi se lanzó al ataque nada más Reena se liberó de Adolphonse,
pero esta, al revolverse contra el noble, había dejado caer la toalla
que cubría su desnudez y cuando Gaudi se percató, se quedó
bloqueado, incapaz de reaccionar en mitad del ataque a los agresores.
- ¡"Maldición, matadla"! -exclamó Adolphonse a
sus hombres mientras caía. Estos, tras el momento de sorpresa inicial,
se apresuraron a cumplir sus ordenes, pero empuñando ahora además
de sus armas estacas de maderas, crucifijos y teas encendidas. Pero fue en vano.
Liberada del abrazo de Adolphonse, Reena se concentró inmediatamente:
- Más negro que la oscuridad, más oscuro que la noche...
Gaudi, que observaba fijamente la desnudez de Reena, fue incapaz de sustraerse
de ella cuando un ligerísimo velo de brillante niebla se formó
sobre Reena, iluminándola y realzando su belleza desnuda mientras su
hermosa melena pelirroja parecía cobrar vida. Pero no tardó en
volver a la realidad cuando comprendió las intenciones de Reena.
- ¡No, Reena, no lo hagas!
- ...¡que aquellos que se opongan a nuestro poder sean aplastados!...
-proseguía Reena.
Los seis hombres ya estaban prácticamente sobre ella, pero desgraciadamente
para ellos demasiado tarde.
- ¡¡MATADRAGONES!!
La explosión fue devastadora. Aquella noche, los habitantes y viajeros
en muchos kilómetros a la redonda vieron el feroz resplandor de una estrella
naciente a muy poca altura en el cielo, y cuando su fulgor se extinguió
tras un prolongado momento, miraron asustados al cielo. En un pequeño
bosquecillo cruzado por un riachuelo, siete hombres, cinco de ellos heridos
por una brevisima y completa derrota, huían del idílico escenario
que se había transformado tras el ataque mágico de Reena. El caudal
del suave riachuelo se había modificado, y buena parte de la orilla opuesta
del mismo había sido devastada. De Adolphonse y sus cinco hombres no
quedaban más rastro que seis distantes y pequeños puntos de luz
que se alejaban del lugar simulando sendas estrellas fugaces.
- ¡Ree... Reena! -exclamó Gaudi-. ¿Te encuentras bien? ¿Qué..
quienes eran esos...? -no acabó la frase. Reena, sin intentar siquiera
recoger la caída toalla y cubrir su desnudez, se alejaba del lugar llorando-.
¡Reena, espera!
Gaudi la intercepto, y cuidando donde posaba sus manos (¡a fin de cuentas
no cabía duda de que seguía siendo la feroz Reena que él
conocía!), intentó animarla.
- ¡Vamos, Reena, ya ha pasado todo! ¡Estás a salvo, esos
canallas ya no te molestarán y no permitiré que te vuelva a pasar
algo parecido otra vez! -le dijo Gaudi, angustiado. La imagen de Reena tan abatida,
triste y sollozante le encogía el corazón y algo más. Descubrió
angustiado que no podía concebir a una Reena triste y desgraciada-. ¡Por
favor, Reena, dime que te sucede!
Finalmente, Reena levantó los ojos, humedecidos por las lagrimas que
corrían por su rostro.
- Gaudi... ¿Soy... soy... tan mala? ¿Por... por qué...
me odias?
Confundido, Gaudi no supo que responder.
- Reena... Yo... ¡Dios mío, yo...! ¿No te habrás
creído lo que decía, verdad? ¡Era mentira, era un truco
para...! Reena -dijo tras una larga pausa-, yo nunca haría nada que pudiera
herirte. Haría cualquier cosa por protegerte, eres la mejor amiga que
jamás pude tener.
- Tu amiga... -murmuró Reena-. Solo tu amiga. Pero yo quiero más,
Gaudi, necesito más.
- ¿Qué...?
- Necesito saber que siempre estarás a mi lado cuando te necesite. Necesito
saber que para ti soy más que un sueño de pasión y amor
olvidado, que no me confundirás con otra mujer cuando despiertes por
la noche. Necesito saber que me amas tanto como yo te amo a ti, Gaudi.
- Reena...-alcanzó a decir el atónito guerrero. Por su mente cruzaron
infinidad de ideas, se recuerdos a los que no había prestado atención,
de sentimientos que se escondían en lo profundo de su corazón,
intentando asimilar lo que Reena le había dicho, pero estaba superado
por las circunstancias; no encontraba las era capaz de encontrar ni las palabras
ni de formarse una opinión de lo que Reena le había dicho, tal
era su confusión. En estas circunstancias, Gaudi solo pudo guiarse por
sus sentimientos y sus impulsos más profundos.
- Reena -musitó. Sin decir más palabra, levanto con delicadeza
la barbilla de Reena para mirarla intensamente a los ojos. Ambos se miraron
intensamente durante un tiempo en el que el mundo a su alrededor se había
detenido hasta el momento en que ambos se besaron tierna y apasionadamente.
Atrayendo hacía si a Reena protectoramente, Gaudi empezó a acariciar
su desnudo cuerpo: la espalda, los hombres, su cabello, la cintura... Mientras,
Reena hacía lo mismo mientras no dejaban de besarse. Finalmente, Gaudi
abandonó los labios de Reena para besar y acariciar su barbilla, bajar
al cuello, ahora las mejillas... Reena, mientras tanto, acariciaba y besaba
la espléndida melena rubia de Gaudi, mientras no paraba de susurrar emocionada
su nombre.
Gaudi se sentó al pie de un árbol atrayendo consigo a Reena. Aprovechando
que esta seguía acariciando su cabeza, Gaudi se dedicó con pasión
a lo que tenía más a la vista: los pechos de Reena. Mientras los
besaba y lamía, en un rincón de su mente, por un brevísimo
instante le surgió el pensamiento de ya haber amado aquellos pechos,
pensamiento que desapareció tan rápido como surgió, habida
cuenta de la pasión que ambos amantes se prodigaban. En realidad, este
pensamiento era cierto. ¿Cuántas veces había soñado
Gaudi hacer apasionadamente el amor con Reena para despertarse sin recordar
la identidad de su amante? Qué Reena supiera, solamente una vez, pero
de saber la autentica cifra, se hubiera sentido aún más dichosa
de lo que era en aquel momento. Las manos de Gaudi ahora bajaron al culo de
Reena, para sujetarla mientras estaba sentada sobre él. Ahora Reena gemía
a causa de las caricias de Gaudi, y bajando la cabeza, besaba apasionadamente
al guerrero en los labios. Muy lentamente, las manos de Reena abandonaron la
cabeza de Gaudi y empezó a luchar con la vestimenta del guerrero. Al
percatarse de esto, Gaudi se incorporó del tronco del árbol sobre
el cual estaba para facilitar la tarea de Reena sin dejar de besarla y acariciarla.
De este modo, Reena no tardó demasiado en deshacerse de las hombreras
y el pectoral de la armadura de Gaudi. Inmediatamente desvistió la camisa
del guerrero, dejando su atlético e impresionante torso al descubierto,
vibrante de excitación y placer. Sujetando las manos de Gaudi, Reena
se las llevó a la boca, y mientras besaba los dedos, quitó los
guantes y las piezas de la armadura que cubrían el antebrazo, empezando
a besar y lamer deteniéndose especialmente en el pulso. Esto provocó
que Gaudi se estremeciera ante las exquisitas sensaciones que le provocaban
las caricias de Reena, pero a pesar de ello no pudo dejar las manos quietas
demasiado tiempo y pronto estas de nuevo acariciaban cada centímetro
del cuerpo de Reena.
Esta, ahora se deslizó hacía abajo, para prestar su atención
al desnudo torso de Gaudi. A diferencia del delicioso y femenino cuerpo de Calis,
el torso de Gaudi era duro y fibroso, pero ello no fue un inconveniente para
la pasión amorosa de Reena. De hecho, si bien era opuesto al magnífico
manjar que había saboreado con Calis, ello no quería decir que
no fuera delicioso. Reena saboreo cada rincón de piel disponible, desde
el cuello a los pectorales de Gaudi, deteniéndose en cada pezón
para continuar por su musculoso y plano vientre. Mientras, sus manos jugueteaban
con el pantalón de Gaudi, anticipándose al que sería próximo
objetivo de su boca, palpando la consistencia del extraordinario miembro que
pugnaba por escapar de la prisión de tela.
Gaudi, presintiendo las intenciones de Reena, intentó quitarse las botas
para facilitarle la tarea, pero puesto que tenía a Reena sobre él
y las manos ocupadas en su pelirroja cabellera, únicamente podía
ayudarse de sus propios pies, empujando con la puntera de las botas en la parte
posterior del tacón. Al juntar los pies para descalzarse, aprisionó
con las piernas a Reena.
- No, Gaudi -le dijo con una sonrisa feliz Reena-. Yo no huiré de ti,
Gaudi, nunca. Porque quiero estar siempre contigo.
Tras ayudar a Gaudi con sus botas, lo besó apasionadamente, mientras
ahora si bajaba los pantalones y los calzones de Gaudi. Ya libre de su celda,
el miembro de Gaudi emergió triunfante con fuerza, golpeando el monte
de Venus de Reena, que gemió sorprendida. Lentamente, besando, chupando
y lamiendo el pecho y el vientre de Gaudi, fue deslizándose hacía
abajo masajeando con su propio vientre la aprisionada polla de Gaudi, provocándole
fuertes jadeos de placer. Por su parte, Reena disfruta al sentir aquel hermoso
pedazo de carne acariciar su piel, sintiendo como palpitaba aquel miembro de
excitación, tratando de imaginar lo que sería sentirlo en su ser.
Cuando sus pechos llegaron a la altura de la polla, Reena se detuvo, y llevándose
las manos a sus pechos, las amoldó de modo que aprisionaran la polla
de Gaudi, apretando poco a poco más y más, al tiempo que se meneaba.
La excitación de Gaudi iba cada vez más en aumento, y pareció
que llegaría al limite cuando Reena, sin dejar de masajear con sus pechos
la polla de Gaudi, empezó a chuparla lentamente en la punta.
- ¡Reenaaa! ¡Siiiiiiii..! ¡Sii! ¡Sigue así!
Reena no se hizo de rogar y continuó con su tarea. Sentir la polla de
Gaudi en su boca la excitaba más de lo que hubiera imaginado: el calor
que desprendía, la forma que se estremecía en su boca, su sabor...
No tardó en querer mamarla más profundamente, chupar más
de ese maravilloso miembro viril. Sujetándola con las dos manos, intentó
tragarla entera, pero descubrió que era demasiado, que su boca no era
capaz de acoger aquel grueso pedazo de carne de veinticuatro centímetros
de largo. Contrariada, intentó introducir más en su boca la polla
de Gaudi, pero esta era sencillamente demasiado grande, y solo conseguía
atragantarse y tragar dos terceras partes del inmenso aparato. "Maldita
sea2 pensó Reena, "hoy ganas, pero no lograras vencerme para siempre"
prometió Reena al hermoso falo. Ya en aquel momento, aunque inconscientemente,
Reena tenía la absoluta certeza de que aquella solo sería la primera
vez que ambos se amasen, así pues, no sin cierta pena, renunció
de su objetivo y empezó a alternar sus atenciones también al tronco
de la polla, a la altura que no había conseguido tragar.
Gaudi estaba ahora en una actitud pasiva, disfrutando del buen hacer de Reena
en su miembro. A pesar de que era la primera vez que Reena estaba frente a una
polla, le proporcionaba a Gaudi un gran placer. De hecho, Reena estaba improvisando,
pero gracias a lo que había aprendido de Calis la noche anterior, estaba
realizando un magnífico trabajo. El cuerpo de Gaudi se estremecía
cada dos por tres de placer, hasta que finalmente se dio cuenta que de seguir
así, terminaría por correrse, y él no tenía la menor
intención de acabar, al menos, tan pronto. Incorporándose, atrajo
nuevamente a Reena hacía si, y estuvieron besándose y acariciando
cada rincón de sus cuerpos durante un tiempo, hasta que Gaudi la recostó
sobre el árbol, y lentamente, deteniéndose en cada pulgada de
la desnuda piel de Reena, bajó hasta su sexo. Este, a estas alturas,
ya estaba húmedo como un lago, pero ello no impidió que Gaudi
entrará en él para acariciarlo y besarlo. Reena ahora se estremecía
por momentos; Gaudi, aunque buen amante, no tenía el increíble
talento y tacto de Calis que tanto había hecho disfrutar a Reen
Pareció que Gaudi leyó el silencioso mensaje de Reena, pues finalmente
se incorporó, y llevó su endurecido pene a la entrada de la vagina
de Reena. "¡Oh, Dios mío, ahora, ahora...!"
Lentamente fue introduciendo su polla en la vagina de Reena. Esta, al principio,
no notó nada salvó un agradable cosquilleo, pero pronto se encogió
al sentir como su vagina intentaba acomodar al anhelado huésped. "¡Maldición!"
exclamó en su interior Reena "¡Esto duele!". A pesar
de ello, apretó los dientes, dispuesta a esperar y aguantar, convencida
de que el placer más tarde o temprano aparecería. Gaudi, al parecer
ajeno a lo que le sucedía a Reena, continuó introduciendo su polla
en el coño de Reena poco a poco, pero sin pausa. Así, no tardo
demasiado en llegar al fondo de la cueva de Reena. El dolor de Reena había
aumentado gradualmente, de modo que apenas lograba mantener la compostura y
no quejarse. Las sensaciones de placer que hasta el momento habían amortiguado
el dolor casi habían desaparecido, pero cuando luchaba por contener las
lagrimas, sintió súbitamente que algo cambiaba, que la polla de
Gaudi ya no se introducía más en su interior, sino que iba y venía,
y fue en ese momento cuando una corriente de sensaciones invadió su cuerpo
desde lo más profundo de su vagina. Las lagrimas corrieron por mejillas
y sus gritos rompieron la quietud de la noche cuando por fin el placer se extendió
por todo su cuerpo. Poco a poco, y con cuidado, Gaudi fue acelerando sus acometidas
mientras Reen
- ¡Oh, Gaudi! No pares, no pares, por favor... ¡Sigue, sigue!
No era necesario que Reena alentara a Gaudi. El joven guerrero estaba totalmente
entregado al placer. ¡Qué estrecha era la cueva de Reena! Su polla
rozaba se permanentemente con las paredes vaginales transmitiéndole un
inmenso placer, y ver a Reena esclavizada por el placer que la inundaba le excitaba
aún más: sus jadeos, sus tetas que subían y bajaban con
los jadeos de la joven, su expresión de lujuria... De repente, tras un
rato, advirtió como Reena abría súbitamente los ojos y
empezaba a gemir y jadear cada vez más rápido. Entonces, Gaudi
comprendió excitado que Reena estaba teniendo un orgasmo.
- ¡Aaaaaaaaahhh! ¡Aaaaaaaaahhahaaaaahh!! ¡¡AAAAAAAAAAAAAHH!
-Reena se retorció de placer aullando de placer. Hace una noche jamás
hubiera creído posible sentir tanto placer, ser completamente derrotada
y dominada por este, pero ahora ya conocía la verdad: Calis y Gaudi,
en apenas dos días le habían abierto los ojos a un universo de
sensaciones indescriptibles en las que abandonarse y perderse indefinidamente,
sumergida en placer. Reena no era capaz de concentrarse en Gaudi, ni de trazar
ningún pensamiento coherente. Únicamente se abandonaba a la increíble
oleada de placer que atravesó todo su ser. Cuando esta pasó, en
su mente solo había un pensamiento "Más, más, más,
por favor, más..." Gaudi se inclinó sobre su rostro para
besarla apasionadamente mientras seguía penetrándola. Reena, ávida
de la mínima sensación de placer más, recibió a
Gaudi apasionadamente, sellando sus labios, cruzando sus lenguas, acariciándolas,
en busca del anhelado y preciado placer.
Así prosiguieron durante largo tiempo, en el cual proseguía penetrándola
incansablemente provocando dos nuevos orgasmos a Reena. Fue después del
tercer orgasmo de la joven, que Gaudi, retiró lentamente su polla de
la vagina de Reena. Esta se mostró confundida por un momento, protestando
con su mirada anhelante de más sexo, pero no tardó en comprender
las intenciones de Gaudi cuando este la sujeto delicadamente y la volteo contra
el árbol. "Va penetrarme por atrás.
¡Dios mío! ¿No pretenderá penetrarme por el culo?
¡No lo podría resistir, y menos así de golpe!" pensó
alarmada, si bien a pesar de ello una corriente de excitación corrió
por su cuerpo al pensar en aquella idea. Afortunadamente para Reena, no era
esa la intención de Gaudi, si no penetrar en su cueva desde otra posición.
De modo que cuando Reena estuvo en posición contra el árbol, Gaudi
clavó su polla directamente en la cueva de Reena. Esta gimió sorprendida
ante lo brusco, pero se sorprendió cuando el dolor desapareció
casi tan rápido como apareció. Su vagina ya se había acostumbrado
al enorme miembro de Gaudi, y al penetrarla desde atrás, la polla de
Gaudi se acomodaba mejor a ella. Así pues, el placer muy pronto volvió
a recorrer el cuerpo de Reena, aún más intenso que antes sorprendiendo
gratamente a Reena, que sintió como Gaudi se echaba sobre su espalda
y sujetaba con sus manos sus tetas, empezando a acariciarlas y masajearlas,
suavemente al principio, pero más rápido y fuerte conforme aumentaba
el ritmo de su mete y saca, hasta alcanzar un ritmo infernal. En aquel momento,
Reena solo sentía...
¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHAAAAAAAAAAAAHH!!!!
A pesar de estar firmemente sujeta por Gaudi, Reena se revolvió como
un animal debido a la salvaje oleada de placer que la invadió, incorporando
a ambos de espaldas. Aún víctima de este placer, se salió
de Gaudi e instintivamente, casi sin ser consciente de ello sujeto la polla
de Gaudi con sus manos y sin el mínimo prolegómeno se la introdujo
en la boca empezando a mamarla con y acariciarla con una pasión desdemedida,
de manera que casi al instante Gaudi gritó de placer cuando se corrió
violentamente en la boca de Reena. La leche corrió a raudales en su boca,
por su garganta, por la comisura de sus labios al desbordar su boca, resbalando
hacía sus pechos; tal era su cantidad y fuerza. Finalmente, la polla
de Gaudi se paró aún firme pero evidentemente cansada, y con amor,
Reena empezó a limpiar con la lengua por la cabeza, el tronco, los huevos...
Finalmente, levantó la mirada hacía Gaudi. Este, con delicadeza,
limpió su boca y la beso con pasión y ternura. Cuando se separaron,
no se dijeron nada, pues en aquel momento mágico sus miradas eran lo
único que necesitaban para decirse la verdad.
¿Continuara?
Autor: Bullets
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