CUCHILLO (II)
Otros, Western erótico, hetero, infidelidad. Cuchillo
le hace sentir a Carolina las sensaciones más maravillosas de su vida.
Continuación del relato erótico
"Cuchillo" publicado en "El Rincón de Marqueze.net"
el día 22 de Noviembre de 2001
Carolina sigilosamente, bajó las escaleras y salió de la casa.
Podía sentir la fresca noche a través de su ropa de cama, a pesar
de la larga y gruesa salida de cama que la tapaba del cuello a los tobillos,
propia de una señora casada, según costumbres inmemoriales, que
mantenían al esposo a ralla y cuando era la hora de fornicar, este podía
levantar la prenda y de esa manera ni siquiera se podían ver, pero en
fin, era la costumbre y la ropa de cualquier señora que se considerara
decente.
Estaba empezando a preocuparme- dijo Cuchillo apenas Carolina entró al
granero. Estaba acostado encima de los sacos que ocupaba de cama, totalmente
desnudo, con su inmensa verga reposando sobre si pierna derecha. No estaba ni
siquiera semi erecta y tenía 18 centímetros. Carolina apreciaba
que el indio no tuviera pudor de mostrarse desnudo.
Perdóneme señor, pero no podía venir hasta que Eusebio
estuviera dormido.-
Lo importante es que estas aquí. Ahora sácate ese saco de papas
que traes encima- ordenó, burlón, el indio
¿Podría apagar la lámpara señor?, es que me da un
poco de vergüenza-
No...., necesitas ver lo que estas haciendo para que lo hagas bien- dijo el
indio brutal haciendo que Carolina se sintiese más dominada, aunque en
su mente el pequeño juego le estaba gustando.
Carolina simuló dudar un segundo, y lentamente se empezó a sacar
el vestido por la cabeza. Los ojos de Cuchillo miraban con expectación
mientras el cuerpo de Carolina se iba descubriendo, primero sus largas y firmes
piernas, después su rubio y frondoso vello púbico, de ahí
apareció su glorioso ombligo y finalmente su grandes y maravillosas tetas.
Carolina era una bella ejemplar de nórdicos antepasados, su vello púbico
hacía juego con su blondo pelo, su cuerpo era firme y de altura, un placer
a la vista del indio. Sus pechos eran grandes y firmes, algo más grandes
después del nacimiento de sus dos hijos. Sus pezones eran gruesos y largos
y maravillosamente rígidos por el fresco de la noche. Algo relleno era
su cuerpo, pero los kilos de más se habían acumulado más
que nada en sus caderas lo cual hacía más pronunciadas y apetitosas
sus curvas a los ojos del indio.
Carolina no sospechaba de su hermosura. Una de las razones por la cual se había
desnudado ante el indio era para ver la reacción que causaba en el la
vista de su cuerpo desnudo. Y no se podía sentir decepcionada ya que
la verga del indio estaba totalmente en ristre rindiéndole homenaje a
la belleza que tenía a vista.
Carolina no pensaba que mostrar su cuerpo desnudo ante un hombre le gustaría,
de hecho se sentía expuesta y vulnerable pero a la vez lo encontraba
correcto y natural. Ella se sentó entre las piernas del indio y buscó
el tarro con miel que tenían escondido entre la avena, lo abrió
y empezó a untar la verga del indio. La monstruosa polla se mostraba
más brillante y hermosa con la luz que brillaba en el granero.
Como las otras dos noches Carolina empezó a deslizar sus dos manos por
el enorme aparato, lenta y firmemente. Se sentía muy bien haciéndolo
y se hacía cada vez más devota a su tarea. Fascinada miro como
iba emergiendo la cabeza por entre los cueros, maravillosamente roja y brillante
por la miel.
No había pasado mucho tiempo cuando Cuchillo dijo:
Carolina me estoy acercando, mejor pones mi verga en tu boca antes que termine-
Extraño- pensó ella- todavía no pareciera que va a eyacular-
su verga no tenía aun ningún espasmo, aunque la cabeza estaba
grande y roja. Sin pensar más Carolina puso sus labios alrededor de la
enorme cabeza.
Inmediatamente sintió el sabor a miel en su boca y su lengua empezó
a pasar alrededor de la cabeza para saborear más. Cuchillo gemía
entre dientes al sentir la lengua de Carolina tocando su polla. Ella continuó
jugando con la cabeza por varios minutos hasta que empezó a sentir los
primeros espasmos, sentía como la cabeza iba creciendo en su boca, incluso
pudo notar como la pequeña boca de la pitón se habría.
-Cuidado- pensaba Carolina- esta vez no me pillará desprevenida- las
cargas de semen empezaron a llenar su boca más rápido de lo que
ella podía tragar, algo de la leche se le escapó y rodó
por su barbilla hasta sus pechos. Tuvo que retirar su boca y una carga fue a
dar directamente a sus tetas, en un movimiento casi desesperado se metió
de nuevo la verga en su boca y succionó con fuerza.
Dios mío- pensó ella- esto es un milagro, que cantidad- también
pensó que era una suerte estar desnuda, ya que de esa manera su ropa
no sufriría nuevamente las manchas del jugo de la serpiente.
Carolina echó finalmente su cabeza hacia atrás y dejó libre
la verga del indio. Todavía quedaba una gota de semen en la punta de
la cabeza. Carolina se agachó y sumisa y tiernamente su lengua limpió
el resto de lo que quedaba. De ahí con su dedo recogió lo que
estaba en su barbilla y se lo echó a la boca. Sin más se paró
y salió del granero para ir a limpiarse afuera.
Sabía que no lo debía hacer
pero la tentación fue más fuerte. Fui al granero y busqué
el revolver de Cuchillo. Lo tome en mis manos, y por primera vez lo estaba mirando
de cerca, era grande y más pesado de lo que me imaginaba. Me impresionaba
esa arma, en nuestra casa teníamos rifles de poco calibre nunca como
el arma del indio.
- No deberías tomar las cosas de los hombres grandes- dijo Cuchillo detrás
mío.
Mis instintos me hacían querer negar todo pero finalmente de mi boca
salió un tímido perdón.
Ándate de aquí antes que te ponga rojo el trasero- me dijo el
indio.
Ya estaba saliendo del granero cuando el indio me dijo.
Si prometes no decirle a tu padre, algún día te puedo dejar disparar
mi arma-
Totalmente feliz por la proposición del indio, fui corriendo a mi casa
para buscar mis cuadernos para ir a la escuela. Al poco rato estaba camino a
la escuela acompañado de Pancho, el hijo de otro campesino vecino nuestro,
cuando a lo lejos vimos el grupo de vaqueros del Sr. Gonzales. Cuando estaban
a unos 10 metros de nosotros uno de ellos nos gritó burlesco:
Parece que un par de cerditos se escaparon del corral-
No somos cerdos- contestó Pancho enojado.
No, son solo unos miserables hijos de granjeros, un cerdo es mucho para ustedes.
¿Qué les parece un poco de tierra, cerditos?- dicho esto, el grupo
de vaqueros espuelearon sus caballos y partieron al galope, dejándonos
envueltos en una nube de polvo.
- ¿Qué hicieron ellos?- gritó
mi madre, mientras sin querer se cortó un poco la mano con el cuchillo
con que estaba pelando unas manzanas para hacernos un pastel.
Nos dijeron cerdos- dije yo.
¿Qué vamos a hacer?- dijo mi madre mientras mi papa ponía
un trozo de tela en su mano para parar la sangre.
Nada- dijo Cuchillo sentado en la mesa- Están tratando de provocarlos,
digan a los otros campesinos que no hagan nada tampoco -.
Después de eso todos los días los vaqueros nos llamaban cerdos
cuando nos topábamos camino a la escuela.
¿Esta seguro que no nos van a hacer nada?- preguntó Carolina mientras
se sacaba su ropa de cama por la cabeza.
El Sr. González está esperando que alguno de ustedes reaccione,
para así poder liquidarlos con alguna excusa- Dijo Cuchillo.
Carolina se arrodilló entre las piernas del indio y empezó a untar
la polla con miel. Como tenía una mano vendada solo podía ocupar
su mano izquierda para apretar y acariciar la fantástica verga del indio,
pero se le hacía muy difícil e incómodo.
Perdona Cuchillo pero no puedo hacerlo con una sola mano- dijo cansada Carolina.
Entonces tendrás que hacerlo con tu boca huachita - dijo el indio.
No puedo hacerlo, sería como engañar a Eusebio-
Pero si casi ya lo has hecho, te has puesto mi polla en tu boca y te has tragado
mi corrida. Además que no es engaño si no hay fornicación
- dijo Cuchillo.
No lo se- dijo Carolina con remordimientos.
Acuérdate que nuestro trato era que me harías acabar una vez al
día.- le recordó el indio- Además que yo soy el único
que puede mantener a tu familia a salvo.-
Este argumento fue suficiente para convencer a Carolina. Agarró la polla
del indio con su mano buena, la puso en su boca y miró al indio esperando
por instrucciones.
No tan rápido huachita, primero pasa tu lengua por la cabeza-
Carolina sacó la polla de su boca y con su mano sana, firmemente agarró
la verga del indio y empezó a correr la piel hacia atrás, haciendo
que emergiera la enorme y roja cenaba. Su lengua empezó a lamerla, incluso
jugó con la pequeña boca de la serpiente, con la punta de su lengua
hacía pequeños círculos alrededor de ella.
Ahora lame el resto de mi polla- dijo Cuchillo.
Carolina fue bajando y gozando cada centímetro con su lengua, por abajo,
por los lados, etc. La enorme bestia de carne tenía un olor fuerte y
penetrante, que cautivaba cada vez más a Carolina. Por su parte superior
una enorme vena azul recorría la pitón.
Ahora quiero que saborees mis bolas- Esta orden sorprendió un poco a
Carolina, pero seguir ordenes le hacía más fácil un trabajo
que nunca había realizado. Puso la polla contra el estomago del indio
para hacer más fácil la operación. Las pelotas del indio
eran enormes, eso explicaba las enormes cantidades de semen que salían
de ellas, pensaba Carolina , también comparaba las de su marido con estas,
era como comparar manzanas con nueces, imaginaba. Una vez que había lamido
totalmente las enormes bolas del indio su lengua subió nuevamente por
la polla.
Carolina beso tiernamente la punta de la pitón en señal de respeto
a esa enorme masa de carne. La polla estaba más larga que nunca y brillaba
por la saliva de Carolina.
No sé si es idea mía pero noto que su polla esta disfrutando esto-
dijo Carolina.
Así es pero lo que viene ahora la hará disfrutar más. Métetela
en la boca- dijo dominante el indio.
Ella respiraba pesadamente, decididamente metió en su boca la enorme
cabeza de la serpiente, sentía sus rosado pezones duros y una suave e
inquietante humedad en sus muslos cerca de su concha. No conseguía explicarse
por que su cuerpo reaccionaba de esa manera cuando estaba con el indio.
Solo la cabeza de la magnifica polla del indio llenaba su boca, no se imaginaba
como iba a tragar más pero el desafío la incitaba. Lentamente
empezó a mover su cabeza para adelante y para atrás para que la
polla de Cuchillo se fuera acomodando. Al poco rato sintió la punta de
la boa tocar su garganta. Empujó un poco más pero inmediatamente
se sintió atragantada, por lo que retrocedió un poco.
Con calma huachita, relaja un poco la garganta y respira por tu nariz- dijo
instructivo Cuchillo. Ella asintió mirando al indio y tomando aire se
esforzó de nuevo en meter esa enorme verga en su boca. No hizo caso a
las naturales arcadas y dejo que la polla se deslizara por su garganta. Se sintió
un poco mareada pero comió más de la larga tranca del indio. Cuando
abrió sus ojos se sorprendió que todo el esfuerzo que había
hecho solo había logrado engullir la mitad de la poderosa bestia. Sin
pensarlo más y gruñendo atacó de nuevo, empezó a
mover furiosamente su cabeza hacia delante y atrás para comerse toda
esa serpiente adorada. El indio disfrutaba de los esfuerzos de Carolina y movía
sus caderas hacia delante y atrás.
Desafortunadamente ella empezó a sentir en su garganta cierto ardor y
su cuello un poco resentido. Solo había engullido tres cuartos de la
gigantesca polla, pero al indio no le parecía importar. Sintió
el palpitar de la polla en su garganta y con su mano sana empezó a pajear
el resto de verga que no estaba en su boca. Sintió el primer espasmo
en su garganta y como la primera carga de semen iba directo a su estomago, no
quería perder el sabor de la preciada leche así que llevó
la cabeza hasta su boca donde la relamió y pudo saborear todo el resto.
Finalmente saco la polla de su boca totalmente limpia y reluciente. No había
desperdiciado ninguna gota.
Haces mamadas igual que cocinas, huachita.- dijo Cuchillo mientras apagaba la
linterna.
Carolina enrojeció, pero orgullosa de haber satisfecho al indio.
La próxima vez entrará entera señor.- dijo ella, se puso
su salida de cama, y se dirigió a su casa, contenta de que no haber manchado
su ropa.
El siguiente día Cuchillo aperó la carreta de Eusebio. Después
del desayuno el granjero tenía que hacer unas diligencias al pueblo.
Además aprovechaba de dejar al niño a la escuela y de llevar a
su hija para hacer algunas compras.
Cuchillo entró a la cocina mientras Carolina salía a despedir
a su familia.
¿Más panqueques Cuchillo?- dijo ella cuando entró de vuelta
a la cocina.
Con mucho gusto- dijo seco el indio, y Carolina le llenó el plato. Mientras
el indio comía Carolina desapareció.
Señor....-
Cuando el indio se dio vuelta para mirar pudo ver el glorioso cuerpo desnudo
de su amante en la puerta de la pieza matrimonial. Se veía bellísima,
había arreglado su pelo y se había puesto un ligero toque de maquillaje
en sus pómulos y en sus labios.
La familia estará afuera por algunas horas y pensé que estaríamos
más cómodos en una cama. Además ¿para que esperar
a la noche?.-
Para que esperar.- dijo Cuchillo y se dirigió a la pieza. El enorme cuerpo
del indio ocupaba más de la mitad de la cama. Por lo que Carolina no
pudo arrodillarse entre sus piernas, así que optó por sentarse
a un costado de la cama e inclinándose de costado comenzó a mamar
la verga del indio.
Carolina, te vas a torcer el cuello en esa posición, ¿Por qué
no te subes encima?- pregunto Cuchillo.
No hay suficiente espacio, Señor. Su cuerpo ocupa casi toda la cama-
dijo ella.
Si te sientas encima mío tendrás suficiente espacio- respondió
pícaramente el indio.
Carolina dejo que el indio la tomara de las caderas y la sentara en su pecho.
Estaba avergonzada pensando en la vista que tenía el indio en aquella
posición, estaba totalmente expuesta. Por otra parte tenía la
fascinante herramienta en su cara. Dejando atrás la vergüenza, Carolina
tomo la polla del indio y se la metió en su boca. Esta vez si la engulliría
entera, costara lo que costara.
Carolina- dijo el indio- ¿Cómo es que estas desnuda, si ayer te
pudiste tragarte toda mi carga? No creo que sea necesario-
Carolina hizo una pausa en su cabeceo, todavía lento, y se saco la polla
de la boca.
Tiene razón señor la próxima vez me pondré mis ropas.
Esto es inapropiado- después de decir esto volvió ávidamente
a su tarea, mientras el indio esbozaba una maliciosa sonrisa.
Ella sabía que no tenía ningún deseo de volver a ocupar
sus pesadas y gruesas ropas. Pero por Dios santo, las tendría que ocupar,
en ese mismo instante un casi recién conocido estaba mirando a pocos
centímetros su vagina totalmente mojada y abierta, incluso podía
sentir la respiración de Cuchillo contra su humedad.
Carolina relajó la garganta y empezó a mover su cabeza. Al poco
rato tenía la mitad de la serpiente en su boca, esta vez se le hacía
mucho más fácil, de repente Cuchillo dijo:
Si te la metes toda te daré una recompensa-
Carolina asintió con la verga en su boca y con determinación empezó
a atacar de nuevo. Solo le faltaban unos seis centímetros mas, estaba
igual que la noche anterior. Con un esfuerzo sobrehumano, cerró los ojos
y empujó mas. De repente sintió que algo le picaba en su nariz,
abrió los ojos y se percató que eran los pelos de las bolas del
indio. Lo había logrado. Se sacó la polla de la boca y dijo:
¡Lo logre¡. ¿Cuál será mi recompensa?-
De repente una oleada de placer recorrió violentamente su cuerpo, Cuchillo
lamía los mojados labios de su concha.
Cuchillo.... ah , pare...., que esta haciendo- dijo ella alarmada.
Te estoy comiendo la concha- dijo, lamiéndola de nuevo- dime que no te
gusta-
Ah....... Es increíble, pero ¿por qué lo haces?-
Voy a hacer que te corras huachita-
Las mujeres..............ah, no pueden...........ah, correrse....... - dijo
Carolina estremeciéndose, al sentir la lengua del indio trabajando en
su sexo.
Espérate y ya veras- dijo el indio- Además, no te he dicho que
pares de mamarme la polla, así que sigue con tu trabajo putita -
Carolina, obediente se metió de nuevo la polla en su boca pero se le
hacía muy difícil concentrarse. Su cuerpo tiritaba, gemía
involuntariamente con la verga de Cuchillo en la boca, su cuerpo le exigía
que acercara más su concha a la boca del indio. La lengua se sentía
igual de larga que la polla de Eusebio abriéndose camino en su cuerpo.
Algo se estaba desencadenando en su cuerpo, sentía pequeños latigazos
de electricidad que recorrían toda su piel. Su cuerpo entero estaba tomando
vida. Cuchillo había empezado a mover la punta de su lengua alrededor
de un pequeño montículo en su concha que cada vez se hacía
más grande mientras la lengua le daba pequeños azotes. Carolina
tuvo que sacar la polla de su boca para poder gritar, el orgasmo la había
tomado totalmente desprevenida. Su cuerpo entero se estremecía en éxtasis.
Nunca había sentido algo más maravilloso en su vida.
Se tomó un momento para recobrar su aliento. Una vez recuperada besó
toda la cabeza de la enorme serpiente en sincero y tierno agradecimiento por
el mejor regalo de su vida. Se la metió en su boca dispuesta a devolver
el gran placer que había tenido, empezó a succionar y a mover
su cabeza con violencia.
El volvió a comerle su flor, haciéndole perder un poco el ritmo.
Pero ella estaba determinada a hacer explotar a esa bestia. Cuando sintió
que empezaba a palpitar, la impactó el segundo orgasmo, se habían
venido al mismo tiempo. Este orgasmo fue mayor que el primero. Ella perdió
el control y la primera carga de leche fue a dar directamente a sus mejillas
mientras ella se arqueaba hacia atrás para gritar. Con gran esfuerzo
pudo poner su boca en la boquita de la serpiente para beber lo que faltaba por
salir.
Cuando al fin pudo recuperarse, cayó en cuenta que el placer orgásmico
había sido reemplazado por otro profundo sentimiento. Sentía un
enorme amor por ese gigante poderoso, tan intenso como el que tenía por
su familia.
Cuchillo la vio arreglarse sin decir palabra. Carolina se miró en un
espejo y vio su cara cubierta por la corrida del indio. Dio gracias que su marido
estuviera en el pueblo para arreglar todo el desorden.
Carolina decidió que estaría siempre desnuda con el indio. Primero
por si perdía el control y la corrida manchaba sus ropas y segundo por
si el indio se dignaba otra vez a comerle la concha.
Esa noche Carolina entró al granero
después de comida.
¿Qué haces aquí?, ya me pagaste hoy día.- dijo el
indio.
Carolina no sabía que hacía ahí realmente, pero dijo:
Tómalo como un bono especial- dijo y se sacó su vestido. Tenía
un poco de miedo de que el indio no estuviera interesado después del
encuentro de la mañana o que por lo mismo le costara mucho ponerle dura
la polla. Así que para excitar a Cuchillo, con sus manos empezó
a acariciar sus preciosas tetas y empezó a recorrer su cuerpo, de esta
manera animaría a Cuchillo. Sintió alegría al ver que la
magnifica polla empezaba a levantarse.
¿Puedo comerte tu chocho?- pregunto Cuchillo.
Por su puesto señor.- respondió, ya excitada ella.
El indio se tendió en la avena y Carolina monto su concha encima, Ya
nada le parecía mal cuando estaba con Cuchillo. Un rato después
Cuchillo se sentó y vio como Carolina miraba la polla totalmente erecta.
Que estas mirando- preguntó Cuchillo.
Nada, solamente trataba de imaginar como se sentiría en mi concha-
¿Quieres probar?- dijo el indio.
No- dijo ella, sorprendida de haber dudado unos segundos antes de responder-
Eso nunca pasará-
¿Nunca?-
Nunca -.
Tercera parte: Nunca digas Nunca
CONTINUARÁ (cualquier comentario, critica o sugerencia o mejor aun, experiencias vividas con el relato, serán bienvenidas al mail lonko69@hotmail.com. )
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