DIANA

Maduras, hetero, polvazo. Una señora muy hermosa llegó a su inmobiliaria buscando un apartamento. Él se dispuso a enseñarle alguno que otro hasta que encontraron juntos el que más le gustaba...


Hace un tiempo escribí contando la historia que viví con una compañera de trabajo (mi mejor compañera), en ella hablaba acerca de mi gusto por las mujeres mayores que yo. Hoy voy a relatar otra aventura que me sucedió hace pocos días y que por supuesto fue con una señora mayor. Trabajo en una inmobiliaria que está ubicada en una zona balnearia, es muy común aquí que en el verano, quienes viven todo el año alquilen sus casas a los veraneantes y a su vez alquilar un apartamento para pasar la temporada. La temporada no ha sido del todo buena este año y es así que aún en los primeros días de enero quedaban muchas casas por alquilar. Resulta que una mañana estando en la oficina llega una señora, que había alquilado su casa a último momento y que venía en busca de un apartamento donde pasar el resto del verano. Al verla me corrió un escalofrío por el cuerpo como hacía tiempo no sentía. Venía de caminar por la rambla (como supe después) vestida con su traje de baño entero, pero que no dejaba nada a la imaginación. Tenía un escote fenomenal que dejaba ver un par de pechos que se veían riquísimos, seguro que en su juventud debían haber sido una maravilla. El escote terminaba casi en el ombligo y para no ser tan abierto tenía unos hilos de tela que ayudaban a que no se abriera más, pero que a la vez dejaban ver los costados de estos pechos tan lindos que tiene. Llevaba también un pareo atado a la cintura, que se abría al caminar y dejaba ver la terminación del traje de baño, que era muy cavado y que desde el primer momento que lo vi me llevó a pensar que tendría que estar afeitada, de lo contrario sus bellos se le escaparían con facilidad. Al ser yo el único en la oficina a esa hora se acercó hacia mí (si hubiera habido alguien más yo me hubiese levantado para atenderla al momento) y me comentó que andaba en busca de un apartamento para la temporada ya que había alquilado su casa y no tenía donde pasar el resto del verano. Ella se mostró muy simpática desde el principio, y como yo me había puesto a mil en ese momento comenzamos una agradable conversación. Yo aprovechaba que por un rato no vendría ninguno de mis compañeros para prolongar la charla lo más que se pudiera. Mientras tanto aprovechaba para mirar todo lo que podía esos pechos que me estaban volviendo loco. Por momentos quería disimular y mirarla a los ojos pero mi mirada caía una y otra vez en el escote. Luego de lo formal acerca de que tipo de apartamento buscaba (comodidades, ubicación, costo, etc.) seguimos conversando de varios temas. Yo le dije que si quería visitar alguno podríamos hacerlo, pero deberíamos esperar a que llegara alguno de mis compañeros para que yo pudiera llevarla. Ella me dijo que no había problemas y que además estaba en compañía de un joven tan amable que era un gusto tener que esperar. Esto hizo que me pusiera más nervioso y que se me empezara a poner dura la verga. Estuvimos quince minutos hasta que llegara el primero de mis compañeros, tuve que tranquilizarme un poco para que se me bajara la verga y así poder salir de atrás del escritorio. En ese rato me enteré que se llamaba Diana, tenía 67 años (yo tengo 29) y pensé que para esa edad las tetas estaban impecables. Cuando por fin me pude parar le avisé a mi compañero que iba a llevar a la señora a recorrer unos apartamentos. Recogí 7 llaves de diferentes apartamentos de forma de extender la mañana lo más que pudiera. Salimos y subimos al auto de la inmobiliaria y nos pusimos rumbo al primero a visitar. Yo como si fuera una cita, encendí la radio del auto y puse música. Ella se quedó callada y le pregunté si no le gustaba la música e intenté apagar la radio, Diana me tomó de la mano y me dijo que no la apagara que le gustaba, sólo que pensaba que la había puesto porque no quería conversar con ella. Le dije que de ninguna manera, que estaba muy a gusto con ella. Nuestras manos estuvieron juntas por un tiempo y a mí otra vez se me puso dura. Era increíble. Nunca me había pasado de excitarme así. Por suerte tuve que prestar atención al tráfico y para cuando llegamos ya no se notaba el bulto en mis pantalones. Entramos al edificio, le abrí la puerta como todo un caballero (en realidad era para que pasara delante de mí y poder verle el culo, que no era nada del otro mundo pero las tetas me seguían enloqueciendo). Entramos al apartamento y comenzamos a recorrerlo. Era un apartamento chico, con un solo dormitorio y en un piso bajo, por lo que no le gustó. Yo dije que no importaba que teníamos muchos por recorrer. Volvimos al auto y camino al segundo que era a unas pocas cuadras mis ojos volvieron a sus tetas. Llegamos enseguida y subimos hasta un apartamento que estaba en el piso 8, tenía una vista espectacular y más comodidades que el anterior. Comenzamos la recorrida y llegamos a uno de los dormitorios. Me dijo que le parecía bien, seguimos y llegamos al dormitorio principal. Este tenía un ventanal a la playa y al puerto que le daban una vista hermosa. Ella enseguida me dijo que le parecía divino, yo le dije que se imaginara acostada y mirando hacia esa vista espectacular (en realidad yo me la imaginaba acostada). Me dice que muy lindo, pero que ella estaba divorciada y que la cama de dos plazas le parecía mucho. Yo le contesté que mejor así dormía más cómoda y ella me dijo que sí pero que a la vez le resultaba más solitaria. Ambos nos reímos. Yo me le hubiera lanzado encima en ese momento, pero recordé que estaba trabajando. Me contó que hacía años que estaba separada, que había estado casada casi 40 años. En plan de seguir el juego de sonrisas, le dije que seguro se había casado muy joven. Ella sonrió y me dijo que era un divino, mientras decía esto me tomaba la mano. Yo seguía cuidándome de lo cometer un error y luego tener un problema en el trabajo. Me soltó la mano y me comentó que hacía ya bastante que no hablaba con su ex marido y que lo único que sabía de él era por intermedio de sus hijos. Mientras decía esto comenzó a jugar con uno de los breteles de la malla acomodándolo para un lado y para otro. Eso terminó de enloquecerme, me pareció supersexy y comencé a sentir como entre mis pantalones algo crecía. Le ofrecí visitar el resto del apartamento, así que nos dirigimos al baño, luego a la cocina, a la terraza. En todo momento yo no paraba de mirarle los pechos y hacía un gran esfuerzo por no hacer o decir algo que arruine todo. Cuando terminamos la recorrida le pregunté que le había parecido el apartamento. Me dijo que sí que era muy lindo pero que no estaba decidida. Le ofrecí para visitar los otros y luego decidir. Me dijo que sí, aunque quería ver una vez más el dormitorio. Fuimos hasta ahí lo volvió a ver, se sentó en la cama y me dijo que era hermoso y que la cama le seguía pareciendo muy grande. Yo pensé que esta era la señal. Enseguida me senté a su lado y le dije que eso dependía de ella. Que estaba seguro que si se lo proponía sola no iba a estar. Agradeció el cumplido me dijo si en verdad pensaba eso. Asentí al instante. Me miró a los ojos y sonriendo me dijo que hacía tiempo que no tenía un hombre con ella. Ahí si no aguanté más y la besé tiernamente. Pensé que ella se iba a sorprender y a esquivarme, pero no fue así. Apenas me aparté me dijo, que para muestra era muy poco, que quería otro. Esta vez el beso fue más largo y con lengua. Su lengua recorrió la mía con ganas. Me abrazó y se dejó caer en la cama. Seguimos besándonos y comenzamos a manosearnos. Por supuesto que el primer lugar hacia donde fueron mis manos fue a sus tetas. Casi enseguida las busqué con mi boca. Corrí los breteles de la malla y se la bajé. Enseguida surgieron esas dos hermosas tetas y mi boca se perdió entre ellas. Estuve un buen rato dedicado a ellas. Los pezones eran pequeños y no tardaron en ponerse duros, aproveché para morderlo y recorrerlos con mi lengua. Diana había empezado a jadear y me decía que siguiera. Me pidió que me sacara la ropa, no tardé ni un minuto en estar desnudo frente a ella. Terminé de sacarle la malla y pude comprobar lo que había supuesto desde el principio que tenía más que bien afeitado su sexo. Me preguntó si me gustaba, no le contesté. En lugar de eso me sumergí en su sexo y comencé a lamerlo como un desesperado. Demoró muy poco en lubricarse y yo en comenzar a disfrutar de sus jugos. Sus manos tomaron mi cabeza y la apretaron contra su sexo a la vez que me pedía que no parara. Mi lengua recorría sus labios y la entrada de su vagina, hasta llegar al clítoris donde me detenía para besarlo y chuparlo con singular gusto. Metí un dedo y luego otro en su conchita que estaba hirviendo y empapada. Comencé a moverlos hacia adentro y afuera. Casi enseguida su cuerpo se estremeció y Diana soltó un fuerte suspiro. Sin dejar de acariciar mi cabeza me dijo gracias mi amor. Por unos segundos seguí lamiendo su conchita. Separó mi cabeza de su sexo y me llevó hacia ella, me besó tiernamente. Ahora me toca a mí dijo y comenzó a besarme, fue bajando lentamente recorriendo todo mi pecho y estómago con su lengua hasta llegar a mi sexo. Mi pija parecía que iba a reventar, creí que acabaría al primer contacto, pero por suerte no sucedió. Tomó mi verga y la comenzó a besar desde la punta hasta las pelotas, mientras con la otra mano me las acariciaba. Se la metió en la boca y si bien no era una experta para mamarla ponía mucho empeño y me estaba dando un placer bárbaro. En determinado momento la sacó de su boca y se la pasó por sus tetas al tiempo que me decía, seguro que esto te encanta. Me las estuviste mirando toda la mañana y eso me calentó mucho. Le pedí que se acomodara que quería cogerla ya mismo y así lo hizo. Se acostó y yo me puse sobre ella. La penetré casi de un golpe y comencé a bombear. Ella recogió las piernas y yo las puse en mis hombros. Estaba arrollada conmigo encima y como a mí esa posición me encanta bombeaba más fuerte. En un momento pensé que la iba a lastimar ya que su cuerpo estaba bastante delgado, pero como ella me pedía más y que no pare, así lo hice. Pronto empecé a sentir que me venía la acabada y no dudé en vaciarme dentro de ella. Mi leche inundó su concha. Seguí bombeando un poco más y paré. Le pregunté con miedo si estaba bien y me dijo que si que había tenido dos orgasmos más y a cual de ellos mejor. Descansamos un rato y me dijo que se iba a dar una ducha. Cuando sentí el agua fui hasta el baño y me metí con ella en la ducha. Comenzamos a besarnos y yo a comerme nuevamente esas tetas que me tenían a mil, también comencé a meterle los dedos en su conchita. Me dijo de ir a la cama nuevamente y hacia allá fuimos. Esta vez ella tomó la iniciativa. Empezó a chuparme nuevamente la pija que ya estaba que reventaba otra vez. Luego de un par de minutos así, se colocó encima de mí y sola se fue metiendo mi verga en su conchita. Empezó a cabalgar con una energía que no esperaba en alguien de su edad. Tardo muy poco en decirme que se acababa otra vez y casi enseguida largó un suspiro largo de placer. Salió de encima de mí y la hice colocarse en cuatro y la penetré por detrás. A pesar de todo lo que ya había pasado yo seguía tan caliente como al principio y la cogía con toda la fuerza que podía. Me pidió que le avisara cuando fuera a acabar. Cuando le avisé, se corrió y se sentó casi entre mis piernas. Tomó mi pija y la colocó entre sus tetas haciéndome una paja rusa sensacional. Tardé poco en acabar entre sus tetas. Me dijo, te lo merecías porque te has portado súper. Estuvimos un rato más tendidos en la cama besándonos y toqueteándonos. Ahí me enteré que era profesora de gimnasia y de yoga y que por eso tenia tanta energía. Por supuesto que alquiló el apartamento y que yo lo estoy visitando a menudo. Cuando llegamos a la oficina estaba mi jefe. Ella le dijo que nunca la habían atendido con tanta amabilidad. Como dije antes sigo visitándola seguido y la verdad es que cada día nos entendemos mejor y hacemos más cosas. Pronto les contaré más.

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