LA GUERRA DEL DIABLO (III)
Parodias. Aventuras de Batman, un icono del cómic norteamericano
Continuación del relato erótico " La guerra del Diablo (II) " publicado en "El Rincón de Marqueze.net" el día 8 de Noviembre de 2001
Alejandría. Año 3° a.C
"Yo. Tito Galba, general de la XX legión Valeria Victris asignada
a la Germania te escribo esta cara a ti, Gran Cesar Tiberio, para ponerte la
tanto del peligro que se gesta para el imperio en aquellas lejanas tierras de
negros bosques. Así como explicarte el porque he tenido que exiliarme
hasta esta lejana provincia, rogando a Plutón para que mande a las parcas
por mí antes de ellos me alcancen. Se que es indigno de un soldado romano
admitir que tiene miedo, más nadie podrá juzgarme sin saber lo
que he tenido que enfrentar.
Hace ya dos años me honraste con la misión de acudir en ayuda
de la XXI legión Repax, también asignada a la Germania, ante una
serie de inquietantes reportes sobre extraños eventos ocurridos en aquella
provincia. Se hablaba de insurrección entre los bárbaros, así
como de un abominable culto que se extendía entre las aldeas. Así
partí con cinco cohortes perfectamente equipadas y llegue a mi destino
al cabo de un cansado viaje. Ahí me presente ante el comandante de la
zona más conflictiva, Alejandro Pío, a quien note poco dispuesto
a brindarme alguna ayuda; creó que el ya sabía lo que pasaba pero
no quiso informármelo. Me tomó varios días averiguar que
los aldeanos estaban aterrados por unos siniestros "drúidas"
que habían organizado un culto en lo profundo del bosque. Y que esos
"drúidas" eran los responsables de varias desapariciones de
niños, ancianos, hombres y mujeres, incluso se me informo que una patrulla
de 20 soldados romanos había desaparecido antes de mí llegada.
Estos informes me indicaron que algo se me estaba ocultando y confronte a Alejandro
Pío exigiéndole me revelará todo lo que sabía de
aquellas cosas. El se mostró temeroso como un niño, y casi llorando
me rogó que me marchara, pues mi presencia no haría sino despertar
la furia de "Ellos". Indignado lo mande prender y azotar por su cobardía.
Luego mande arrestar a varios aldeanos y los interrogue hasta que uno de ellos,
un anciano llamado Karaday, me dijo que los "drúidas" se reunían
cada noche de luna llena para llamar a un dios ó monstruo que permanecía
prisionero bajo la tierra pero que pronto sería liberado. También
me dijo de los que participaban en el culto no eran en verdad "drúidas",
sino mas bien "hombres salvajes" guiados por una bruja envuelta en
una gran capa de color negro, y que algunos se les habían unido temerosos
de su poder.
Naturalmente no creí en tal cosa como un monstruo o dios bajo la tierra,
pero si me intereso saber que en dos noches, tiempo que faltaba para la luna
llena, aquellos revoltosos se reunirían. Aunque el viejo se negó
a revelarme el sitio de la reunión me las ingenie para espiar a los aldeanos,
como resultado uno de mis hombres me dijo que había seguido a uno hasta
una gran cueva cerca de una cascada, donde había hablado con un hombre
casi desnudo y de rasgos repulsivos. Así prepare a dos cohortes para
salir aquella noche apenas la luna estuviera en lo alto.
Lentamente caminamos hasta el sitio que el soldado me había indicado.
OH Gran Cesar. No sabes como maldigo el momento en que hice a un lado la espesura
y mire lo que esos... esas cosas hacían junto a la cascada. Ahí
estaban reunidos varios grupos, uno eran aldeanos de varias villas cercanas,
otros eran hombres deformes y casi desnudos que tocaban insólitos instrumentos,
hechos de ramas y carrizos, con los cuales producían una música
tan extraña que el mismo Pan se aterraría al escucharla. Había
un grupo más, pero estaba tan alejado de las grandes fogatas que iluminaban
las cercanías de la cascada que solo se veían sombras.
Al centro de aquellos seres se levantaba un altar de piedra frente a la gran
cueva que abría junto a la cascada, y junto a él se hallaba una
figura, una mujer según pude apreciar, vestida solamente con una gran
capa de color rojo como la sangre. Sobre el altar se encontraba varias canastas
de mimbre selladas con cuerdas y dentro de ellas podían escucharse los
llantos desesperados de niños recién nacidos. Silenciosamente
di la orden de que mis hombres se abrieran en abanico para que ninguno de ese
perros escapara. Mientras tanto la mujer comenzó la lanzar una serie
de palabras que nunca había oído ni en los dialectos más
bárbaros, de hecho dudo que un ser humano pueda pronunciar semejantes
frases. Era lago así como:
-¡ZARIATMIX, JANA, ETITNAMUS, HAYRAS, FEBERON, FUBERENTROTY, BRAZO, TABRASOL,
NISA! ¡VARF-SHUB-NIGGURATH!- juro que mientras hablaba el viento del norte
se dejaba sentir con mayor fuerza, calando hasta los huesos. ¡Entonces
la maldita bruja prendió fuego a las canastas, el llanto se transformo
en gritos de agonía y la música plutónica se hizo más
fuerte!. Los aldeanos gritaban como dementes mientras se desnudaban y se arrojaban
a las frías aguas de la cascada, sobre el altar varias vestales se unieron
a la mujer lo mismo que varios de esos seres deformes apenas cubiertos con pieles
de osos. Juntos comenzaron un nuevo canto.
-¡GABOTS MEMBROT! ¡GABOTS MEMBROT! ¡VARF-SHUB.NAGGURATH! ¡Iä!¡Iä!
¡SHUB-NAGGURATH! ¡YA-R'IYEH!- fue entonces que se presento la visión
que me perseguirá hasta que las parcas me alcancen. Las aguas de la cascada
comenzaron a teñirse de rojo, con la sangre de los que saltaban y nadaban
en ellas, uno a uno los aldeanos fueron jalados hacia el fondo. Mientras los
demás se trenzaban en una orgía bestial, hombres y mujeres de
todas las edades se desnudaron de sus ropas y se unieron en las impías
formas, de tal forma que en vez de excitarme a mi o a mis soldados nos provocaron
una infinita repugnancia. En eso las sombras que cantaban desde lejos se elevaron
por los cielos impulsados por grandes alas negras y desde arriba continuaron
alabando a eso que llamaban.
Entonces la mujer prendió fuego al resto de los canastos y los gritos
de los infantes se elevaron por encima de los gemidos y los cánticos.
Incapaz de soportar más di la orden de atacar, mis tropas y yo nos lanzamos
al ataque, al principio no encontramos resistencia, pues su furor esta tal que
nada les importaba morir bajo nuestras espadas. Pero al cabo de unos momentos
la mujer de la capa lanzó un grito y las sombras que volaban sobre nosotros
descendieron como buitres en nuestra contra. Con una rapidez que tal que a un
soldado que iba a mi lado le arrancaron la cabeza antes de que pudiera darse
cuenta. Pero eso no era todo, ¡los mismos árboles se lanzaron contra
nosotros!, sus ramas retorcidas tomaron a mis soldados y los destrozaron como
a muñecos de trapo. Pronto los gritos de hombres y caballos llenaron
aquella cascada plutónica. Pero entonces los dioses vinieron en mi ayuda
y pude abrirme paso hasta el altar de los inhumanos habitantes de aquellos bosques.
Ahí la bruja intento matarme ella misma, pero de un golpe de mi espada
le a través, su sangre se mezclo con la de sus sacrificados, pero no
murió. Pues una cosa que no pude ver la tomo y se la llevo. Entonces
mire una enorme roca en forma de huevo, roja como la sangre y tomándola
emprendí la retirada.
Mas no volví al fuerte. Lo que hice fue abandonar la Germania de inmediato
llevando conmigo esa cosa, algo me decía que el haberla robado a esos
malditos era una victoria. Pero también una maldición. Pues desde
ese día he sentido que me siguen a donde voy, a través de mares,
bosques y desiertos. Desde lo alto del cielo ó desde las profundidades
del mar. Pero no me quitaran mi victoria. He escondido la roca donde jamás,
hombre ó demonio, podrán dar con ella. Solo me queda pedirte que
mandes quemar los bosques, todos los bosques de la Germania, y liberes la imperio
de esos demonios. Pues créeme cuando te digo. Algún día
vendrán por todos nosotros.
Tu sincero amigo. Tito Galba.
Capitulo III (Cosas del pasado)
Ciudad Gótica. El presente.
La noche había caído sobre Ciudad Gótica. Por un camino
solitario y casi olvidado un curioso vehículo avanzaba a gran velocidad,
su bien pulida carrocería en color negro resaltaba lo aerodinámico
de su diseño, a su paso las hojas secas se levantaban en pequeños
remolinos, como si quisieran ocultar el paso del poderoso automóvil.
En su interior Batman manejaba con seguridad y precisión a fin de entrar
discretamente a su ciudad. En su mente estaba presentes los extraños
casos de suicidio que James Gorgon le había pedido investigar. Hasta
ese momento no había encontrado una conexión entre las muertes
de adivinos y hombres de ciencia en los reportes de la policía. Era el
momento de hablar con los testigos, en particular con el que iba a ver en ese
momento.
La calle 14 de barrio de Hutson era un área de comercio muy conocida.
En sus escaparates podían encontrarse toda clase de mercancías,
de dudosa procedencia, a precios muy bajos. Así como algunos prostibulos
disfrazados de casas de masaje. Entre esos negocios estaba una tienda de antigüedades
llamada "Los campos Eliceos" propiedad de un hombrecillo regordete
y de aspecto inofensivo llamado Eliot Wilson. Como todos en el barrio Wilson
tenía algo que ocultar, era un timador de marca mayor, especializado
en despojar a jóvenes herederos, ignorantes sobre antigüedades,
de las cosas de valor que sus parientes les hubieran dejado. Cosa que lograba
ofreciendo sus servicios como valuador. Precisamente esa noche el señor
Wilson examinaba cuidadosamente el último tesoro que había conseguido.
Se trataba de tres gruesos libros impresos en 1453, bellamente adornados con
selectas laminas hechas a mano. El valor de los libros era de un millón
de dólares y él los había conseguido por solo dos mil dólares.
-Dios bendiga a los idiotas.- pensaba mientras recordaba lo fácil que
había sido engañar a ese bobo niño rico que solo estaba
interesado en deshacerse de los libros de su finado padre.
De pronto un ruido sordo, como de algo que caía, lo distrajo de su examen.
Intrigado se levanto de la mesa donde tenía los libros y caminando unos
pasos hecho un mirada a su alrededor. Miro entre los estantes que contenían
viejos libros y entre las vetustas estatuas colocadas a lo largo y ancho de
la tienda. Pero no vio nada de particular. El hombre se encogió de hombros
y se dispuso a regresar a su trabajo. Pero al volverse se tropezó de
frente con una imponente figura negra, de elevada estatura y compleción
musculosa, que lo miraba con ojos fríos y amenazantes. Eliot dio un salto
hacia atrás al tiempo que sus ojos se abrían como platos.
-¡Batman!.- grito al reconocer a su visitante.
-Buenas noches Bill.-dijo la negra figura acercándose más al asustado
hombrecillo.
-¿Bill?.-repitió el gordo mientras sonreía nerviosamente.-
Te equivocaste de sujeto.-
-¿Prefieres que te llame Samuel, Peter o David?.- dijo la negra silueta
mientras se acercaba más a su presa.- ¿O acaso tienes un nuevo
alias que yo no conozca?- Eliot comprendió que el enmascarado conocía
los nombres falsos conque se presentaba en su papel de valuador de antigüedades
y eso lo puso más nervioso.
-¿Qué quieres de mí?.- pregunto al tiempo que su espalda
dio contra la pared del local.
-Quiero informes sobre tu amigo. "Lobo negro Donnan".-
-¿Donnan?.-el hombrecillo pareció sobreponerse al temor y en un
alarde respondió directamente.-Ese idiota se volvió loco y se
voló los sesos. ¡Eso es todo!.- Batman no le respondió,
en lugar de eso lo tomo por el cuello y lo sujeto con fuerza contra la pared.
-¡Quiero saber porque!.- dijo con firmeza al tiempo que levantaba al hombrecillo
por el cuello.
-No se nada.- dijo Eliot con la voz ahogada. Batman sabía que podía
estar diciendo la verdad, pero decidió presionar un poco más antes
de dejarlo en paz.
-¡No te creó! ¡sospecho que tu estuviste involucrado en su
muerte! -mintió para presionar más aún al hombrecillo.
-¡Estas loco!.-gritó Eliot debatiéndose contra la pared.
-Bueno. Dejemos que la policía lo decida.- dijo Batman como al descuido.
-¿La policía?.- un sudor frío corrió por la espalda
del hábil estafador, si bien no tenía nada que ver en la muerte
de aquel infeliz una investigación podía poner al descubierto
sus "negocios". Nerviosamente miro hacia la mesa donde reposaban los
viejos libros, eran toda la evidencia que se necesitaba para enviarlo a la cárcel
por varios años. Desesperadamente busco en su memoria alguna información
que lo salvara, de pronto un recuerdo le llego a la cabeza.
-Espera.-dijo trabajosamente debido a la presión sobre su garganta.-Hablare...
pero no prometo nada.- Batman lo soltó y el hombrecillo comenzó
a toser mientras se apartaba de la pared. El caballero de la noche lo miraba
atentamente, alerta a cualquier movimiento sospechoso, pero Eliot se limito
a mirarlo mientras se acomodaba la ropa.- Como sabes Donnan se dedicaba a engañar
a la gente vendiéndoles cosas "mágicas" y haciendo alarde
de sus supuestas cualidades de médium. Bueno de vez en cuando venía
aquí a comprar estatuas y otras baratijas para adornar su tienda o vender
a los tontos. Un día, hace como dos meses, vino a buscar algunas cosas
para redecorar su local. Mientras estaba aquí entro a la tienda un tipo
que quería venderme una estatua de piedra. Créeme cuando te digo
que era la cosa más horrible que he visto en mi vida. Era de unos 20
cm. tallada en una piedra verde que nunca había visto. Tenía la
figura de un monstruo con cabeza de pulpo, un cuerpo grumoso y cubierto de escamas,
garras prodigiosas en las extremidades traseras, y unas alas estrechas en la
espalda. Le dije al tipo que no se la compraría. Pero en eso Donnan la
vio y le pregunto al tipo por ella. El le contó que su abuelo, un tal
Legrasse, había sido policía en Nueva Orleáns allá
por 1928 y que la estatua había sido confiscada a unos locos que practicaban
el Vudú en los pantanos. Donnan quedo encantado y le ofreció al
tipo 300 dólares por la estatua. El tío acepto y Donnan salió
de aquí con esa monstruosidad y algunos documentos que el tipo le ofreció
junto con la cosa.
-¿Qué tiene eso que ver con su muerte?.-interrumpió Batman
con impaciencia.
-Bueno.-continuo Eliot.-No estoy seguro... pero me contaron que a partir de
ese día comenzó a actuar raro. Sus vecinos se quejaban de que
ponía una música horrible por las noches y que gritaba como un
loco. Sus clientes decían que en vez de responder a sus preguntas, en
sus sesiones espiritistas, les hablaba de ciudades hundidas y otras cosas sin
sentido. Luego un día vino a verme y me pidió una serie de libros
extraños que yo ni siquiera sabía que existieran, me dijo que
alguien muy poderoso lo había elegido para hacer no se que cosa.
-¿Recuerdas cuales eran esos libros?.-interrogo Batman.
-Aquí tengo la lista que me dejo.-dijo Wilson acercándose a su
mesa de trabajo, con mano temblorosa abrió uno de los cajones y comenzó
a buscar en su interior. Sus dedos regordetes encontraron de pronto su revólver,
calibre 45, y por un momento pensó en usarlo, pero la voz de Batman sonó
a sus espaldas.
-No lo intentes.-El hombrecillo se estremeció y continuo buscando la
lista, hasta que al fin la encontró. Lentamente se volvió y se
la extendió a su visitante. Batman la tomo y leyó su contenido.
"El Necronomicon de Abdul Alhazred", "Cultos sin nombre"
de Von Junzt, "Los Textos de R'lyeh", "El libro de Ebión"
entre otros. Batman arqueó las cejas sorprendido, como coleccionista
de libros había oído sobre aquellos títulos pero nunca
creyó que existieran realmente.
-¿Conseguiste alguno?.-interrogo el enmascarado.
-¿Bromeas?.-respondió Eliot con una risilla nerviosa.-Cada uno
de ellos es una leyenda. Un pobre diablo como Donnan no podría pagar
ni por una pagina. En todo caso nunca volvió por aquí. Unos días
después de darme la lista se voló los sesos.- Batman se guardo
la lista y sin más dio la espalda al hombrecillo, este se alegro de verlo
marchar, pero antes de salir el caballero nocturno le hizo una última
pregunta.
-¿Y la estatua?.-
-Debe estar en la tienda.-dijo Eliot. Batman desapareció en las sombras.
Rato después Batman llego al negocio del difunto Donnan, conocido como
"El Templo del lobo", como esperaba el sitio estaba clausurado con
los sellos de la policía. Así que, tras dejar el batimovil oculto
en un callejón cercano, se las ingenio para entrar por la azotera del
edificio aprovechando un tragaluz colocado justo sobre la tienda. Ya en el interior
el caballero negro encendió una compacta pero potente lámpara
sorda, cuyo as de luz parecía una sólida columna debido la oscuridad
que reinaba en el interior. Batman pudo apreciar que aquel lugar era realmente
un escenario propio para la guarida de un brujo. Había mesas colocadas
por todas partes y sobre ellas se encontraban los objetos más insólitos,
cartas astrológicas, arcaicos instrumentos médicos, cráneos
y recipientes de cristal, y gruesos libros de forrados de piel. En las paredes
había espantosos grabados sobre tortura y demonología, así
como estantes llenos de libros de magia negra y hechicería. Sin embargo,
el caballero nocturno no estaba interesado en aquellos objetos, en su mayoría
falsos. Sin perder un momento subió las viejas escaleras de madera que
conducían a la parte alta de la tienda, donde Donnan había vivido
hasta su muerte. El sitio, tal como lo decía el informe de la policía,
había sido acondicionado de forma extraña, arrinconando todos
los muebles contra las paredes y colocando grandes cantidades de velas y codales
a todo lo largo y ancho del lugar. Junto a ellos estaba una serie de estatuas
representando a diversos dioses, griegos, chinos y polinesios, las paredes estaban
pintadas con colores intensos, creando una composición delirante que
daba la impresión de ser una ventana a un lugar alienígena. En
el centro aun podía verse la figura hecha por los forenses que marcaba
el lugar y la posición en que el cuerpo había quedado al morir.
Batman deslizo la luz de su linterna por los viejos muebles, buscando un posible
escondite para la estatua. Por fin los ojos del detective encontraron lo que
buscaba, un pesado escritorio de estilo antiguo cuya cortina permanecía
cerrada. Batman se acerco al mueble y sin dificultad logro abrirlo. En su interior
encontró algunos libros y papeles, tal descuidadamente colocados que
cayeron al suelo apenas se abrió la cortina. El detective se inclino
sobre ellos y casi de inmediato dos de ellos llamaron su atención: Una
vieja libreta de duras tapas de color azul con una etiqueta que decía.
"Para mis hijos: John Raymond Legrasse" el apellido coincidía
con el del abuelo del hombre que vendió la estatua a Donnan. El otro
documento era un grueso cuaderno de notas escrito a mano y con un titulo no
menos sugerente: "Culto a Cthulhu: por el Prof. George Gammell Angell.
1926-1927" . Batman hizo correr las hojas ante su mirada y pronto se topo
con un grotesco dibujo hecho a mano de una cosa muy similar a la descrita por
Willson. Un monstruo octópodo sentado sobre un gran cubo de algún
material decidió llevarse aquellos documentos para estudiarlos mas detenidamente.
Después de guardar ambos escritos en el bolsillo interior de su capa,
Batman procedió a abrir los cajones del escritorio y en uno de ellos
encontró lo que buscaba.
Con sumo cuidado saco la extraña escultura de piedra y la examino detenidamente.
No solo era de un material absolutamente desconocido, sino que parecía
increíblemente antigua, mas que las pirámides o las ruinas de
Babilonia. De pronto un viento helado derribo todas las velas del recinto y
golpeo las espaldas de Batman. El hombre murciélago se incorporo de un
salto, sujetando la estatua en su mano, é instintivamente se volvió
hacia la oscuridad. Con asombro noto que ahora la luz de su linterna no podía
penetrar las sombras que lo acorralaban, era como si de pronto la oscuridad
fuera algo sólido... y vivo. En ese momento un fuerte olor le hirió
la nariz como su todas las tumbas de la ciudad se abrieran ante el.
Batman se tambaleo sintiendo que su ser era envenenado por aquella inexplicable
polución. Pero antes de que pudiera hacer algo una silueta salió
de la nada y le arrebato la estatua de las manos. En un reflejo el detective
trato de sujetar a la sombra, pero entonces algo mas salió de las tinieblas,
algo que se enredo en su cuerpo como una serpiente gigante y que lo levanto
del piso para lanzarlo como a un muñeco contra la pared. Sorprendido
Batman sintió como sus huesos crujían al estrellarse contra el
muro, y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no desmayarse.
El aire apestaba espantosamente y el caballero de la noche apenas y tuvo tiempo
y energía para colocarse su diminuta mascara anti-gas. Con desesperación
jalo varias bocanadas de aire puro y, soportando el dolor intenso que le nacía
en las costillas, se incorporo para ir tras sus atacantes. Tan rápido
como pudo bajo las escaleras y busco un rastro, pero apenas hubo llegado abajo
se percato de que no estaba solo, de atrás de los escaparates surgieron
varias sombras, encorvadas y famélicas, que se le echaron encima como
chacales sobre un león herido. Batman recibió la embestida lo
mejor que pudo, pues aun no se recuperaba del ataque anterior, sus puños
se estrellaron contra los cuerpos de sus agresores, pero nuevamente se quedo
estupefacto al sentir el contacto de su piel. Era algo así como carne
muerta, dura, fría e insensible, además aquellas cosas no peleaban
como hombres sino como bestias, sus largos y huesudos dedos se hundían
en la carne del caballero de la noche con tal fuerza que solo la protección
de su armadura ligera impedía que le arrancaran pedazos de carne, sus
cabezas se movían grotescamente de un lado a otro y de vez en cuando
se lanzaban a morder como perros rabiosos.
Desesperado por la demencia de aquel ataque Batman no tuvo más remedio
que hacer alarde de sus mejores técnicas de combate. Así tomo
el brazos de uno de sus enemigos y con un firme movimiento lo disloco a la altura
del hombro, a otro le aplico una certera patada que sin duda le rompió
la quijada y a uno mas lo cargo en vilo para lanzarlo con fuerza contra una
de las pesadas mesas del local. Pero el numero de sombras seguía creciendo
a su alrededor como si simplemente brotaran del suelo. La prudencia dicto su
siguiente movimiento, con rapidez saco una granada y la arrojo contra las famélicas
figuras, al estallar todo el local se vio envuelto en una luz cegadora. Curiosamente
las sombras chillaron como si aquello les causara un daño atroz y retrocedieron
torpemente para ocultarse tras los escaparates.
Batman aprovecho el momento y lanzo uno de sus garfios hacia el tragaluz; apenas
estuvo seguro de que se había aferrado a algo dejo que su aparato especial
lo izará del piso hacia afuera.
Al llegar al techo Batman se dejo caer pasadamente, sentía el cuerpo
molido y descubrió asombrado que su traje estaba desgarrado y su piel
mostraba heridas semejantes al ataque de un tigre. A través del tragaluz
le llego una cacofonía de sonidos escalofriantes, gritos, aullidos de
rabia y el crujido de cristales y otros objetos al romperse bajo la furia de
unos golpes demenciales. Luego solo silencio. Trabajosamente el hombre murciélago
se puso de pie y abandono aquel lugar. Ahora estaba seguro... algo malo se acercaba.
Tokio Japón: Dos meses atrás
Eran casi las cuatro de la tarde cuando Ami Mizuno, Sailor Mercuri; llego al
instituto Miyamoto, donde estudiaba matemáticas aplicadas, para un curso
especial que esperaba le sirviera en su desarrollo profesional. Como siempre
había llegado puntualmente y estaba lista para estudiar. Pero al entrar
se encontró con que su salón de clases estaba vació, excepto
por su compañera Zumara, presidenta de la clase, quien permanecía
sentada en su lugar acostumbrado leyendo una revista de moda.
-Hola Ami.- saludo la chica el verla.
-Hola Zumara.- respondió Ami mientras miraba de lado a lado el desolado
lugar.
- Hoy no habrá clase- dijo la joven presidenta poniéndose de pie
y estirando los brazos hacia el techo.
-¿De que hablas?- preguntó Ami sorprendida.
-La maestra se comunico conmigo esta mañana. Perece que su padre sufrió
un accidente en la fabrica donde trabaja y ella a partido a verlo de inmediato.-
dijo Zumara mientras guardaba la revista en su mochila.
-¿ La maestra esta bien?.-pregunto Ami sinceramente consternada por la
noticia.
-No lo se... se oía muy mal.- respondió Zumara.- En fin, sino
regresa mañana nos asignaran una suplente.- Ami se molesto por el tono
indiferente de su compañera pero no deseaba tener una discusión.
Zumara se coloco la mochila sobre la espalda y camino hacia la puerta.
-Por cierto Ami... ¿podrías quedarte un rato?... tú sabes
por si llega alguien más. Yo tengo una cita con mi novio y ya se me hizo
tarde.- sin esperar una respuesta Zumara salió del salón y sin
volver la vista atrás se marcho con toda frescura.
Para cuando Ami quiso reaccionar su compañera ya había desaparecido
en le pasillo. Molesta y preocupada Ami se resigno a tomar el lugar de Zumara
y esperar por si alguien más llegaba. Así paso media hora avisando
a los que iban llegando sobre lo ocurrido a la maestra. Algunos se mostraron
indiferentes como Zumara, otros dieron muestras se cierta solidaridad para con
su mentora, y otros casi no pudieron disimular su gusto por tener la tarde libre.
Una vez cumplida su misión la princesa de Mercurio abandono el instituto
y se encamino hacia su casa. Por el camino fue meditando sobre el incidente
de esa tarde. Eran sucesos como el ocurrido a su maestra los que la hacía
que reflexionar seriamente sobre su sueño de ser doctora. No dudaba de
su capacidad ni de su decisión de ayudar a las personas. Pero estaba
conciente de que no siempre tendría éxito. ¿Qué
se sentiría perder a un paciente en el quirófano o simplemente
verlo morir de algún mal incurable?. Por un momento su sueño se
transformo en una pesadilla, pero al poco tiempo el rostro de Serena apareció
en si mente repitiéndole las palabras que tanto necesitaba escuchar.
-Animo Ami- le decía con esa cálida sonrisa que siempre la confortaba.-
Serás la mejor doctora del mundo ya lo veras. No te rindas- Ami miró
hacia el cielo, ya tenido de un rojo intenso y le pareció que el rostro
de su amiga la miraba desde las nubes. -Serena.- murmuro recobrando las fuerzas.
En ese momento otro pensamiento lleno su mente, su padre. Tenía tanto
tiempo que no sabía nada de él. ¿Estaría bien?.
Por un momento la preocupación la invadió de nuevo, pero en este
caso ya sabía como lidiar con ella.
Un poco más tranquila llego a su casa con la firme idea de estudiar por
su cuenta mientras llegaba la hora de cenar. Sin embargo, entrar en su departamento
se llevo una sorpresa al descubrir dos pares de zapatos colocados en la entrada.
Si bien reconoció enseguida el calzado de su madre eso no lo hacia menos
extraño; pues ese día su madre debía quedarse de guardia
en el hospital donde trabajaba. Por lo cual no la esperaba de regreso sino hasta
el día siguiente. En cuanto al otro par de zapatos: grandes, gastados
y de gruesas suelas, más propios para andar en el campo que en la ciudad,
solo le resultaba obvio que pertenecían a un hombre. Intrigada se cambio
sus zapatos de calle por un par de pantuflas y se adentro sigilosa en el departamento.
Instintivamente saco de su mochila la pluma de transformación, aunque
realmente nada indicaba la presencia de algo sobrenatural, aún así
su sexto sentido le indicaba que algo estaba mal, pero no sabía que.
Con mucho cuidado, como un ratón evitando al gato, se asomo a la sala
pero no encontró a nadie; luego miro en el comedor y en la cocina con
el mismo resultado. Un escalofrío le recorrió la espalda al comprender
que su madre y su misterioso acompañante solo podían estar en
las habitaciones.
-No.-se replico a si misma negándose a aceptar lo que implicaba aquella
deducción.- Ella no haría eso. Imposible- se repetía con
infantil terquedad. Al fin se dio cuenta de que tendría que ir a las
recamaras para saber la verdad, fuera la que fuera. Temblando como una hoja
Ami camino hacia las habitaciones. La luz del día casi se había
extinguido dándole al departamento una atmósfera siniestra. Lentamente
se fue acercando a los cuartos y, al hacerlo, pudo escuchar un sonido ahogado,
una especie de gemido, una fría capa de sudor se extendió por
su cuerpo y por un momento pensó en marcharse sin descubrir la causa
de aquel gemido. Pero su natural curiosidad femenina y su lógica inquietud
por el bienestar de su madre la impulsaron a seguir. Al fin llego hasta la recamara
de su madre, los gemidos se escuchaban más claramente, con mano temblorosa
Ami abrió un poco la puerta de la habitación y cautelosamente
se asomo al interior.
Dentro la habitación estaba casi en penumbras, la escasa luz que entraba
por las persianas semiabiertas era lo único que permitía distinguir
algunas siluetas de entre las sombras. En un primer momento Ami no pudo ver
nada, pero al cabo de unos minutos sus ojos se ajustaron a la escasa luz de
las persianas. Entonces pudo ver que no se había equivocado. Ahí
adentro se distinguía la silueta de un hombre, un hombre desnudo, esbelto
y alto, que lentamente subía a la cama de su madre. Ami estaba furiosa
y por un instante pensó en entrar para echar a aquel intruso de su casa.
Pero en eso su atención fue atraída por otra silueta tendida sobre
la cama, era una mujer, era su madre, quien lentamente se colocaba boca abajo
en el lecho. La princesa de Mercurio pudo distinguir como su madre doblaba las
piernas para quedar apoyada en sus rodillas, ofreciendo sus espléndidas
formas a aquel desconocido. El corazón de Ami se hizo pedazos al ver
aquello, la imagen de su madre cayo hecha añicos dejando un sentimiento
de vacío. Ajenos a su dolor los amantes siguieron adelante con su cópula,
el intruso comenzó a acariciar groseramente las nalgas de su compañera
la cual gemía placenteramente.
-¡Aaaaaahhhhh!... ¡Aaaaagggg!...- era lo único que se podía
escuchar en medio de las tinieblas. El hombre acercó su rostro a las
nalgas de su amante y comenzó a besarlas y lamerlas como un perro en
celo, mientras la madre de Ami se movía gozosa. Las manos del intruso
comenzaron a acariciar los muslos y las pantorrillas que se estremecían
a su contacto, luego volvieron a tomar posesión de las nalgas de la mujer
las cuales abrieron para que su lengua pudiera recorrer libremente el entre
pliegue de las carnes femeninas. - ¡Aaaaaaahhhhhh!...- gimió la
mujer al tiempo que de sus entrañas brotaba un liquido brillante y transparente.
Ami quiso marcharse pero sus piernas estaba clavadas al suelo, como si una fuerza
invisible la mantuviera prisionera, además tampoco podía desviar
la mirada. Sus ojos azules estaba fijos en el interior de la recamara de su
madre permitiéndole apreciar los detalles de aquel encuentro. Pudo ver
a su madre girando rápidamente para besar apasionadamente a su amante
mientras ambos caían sobre el lecho, ahí su madre comenzó
a recorrer el cuerpo del extraño, besando y lamiendo cada parte de él,
hasta que llego a su entrepierna. Ami sintió morir al ver a la autora
de sus días tomando entre sus manos el erecto miembro para acercarlo
a su cara, sus ojos brillaban con lujuria mientras sus manos frotaban aquella
barra de carne palpitante. Temblando de deseo la mujer saco su lengua y empezó
a recorrer aquel falo desde su nacimiento hasta la hinchada cabeza, lo hacia
con todo su deseo, con toda su pasión, hasta que al fin abrió
la boca y lo devoro de un solo bocado, para luego comenzar un movimiento suave
con la cabeza metiendo y sacando el miembro de su boca. El hombre gruñía
como un cerdo y, tomando la cabeza de su amante entre sus manos, comenzó
a moverse al ritmo que ella imprimía.
Ami sentía que su corazón de latía con fuerza, lleno de
rabia y frustración, la sangre se acumulaba en sus sienes y un escalofrío
le corría por todo su cuerpo. No supo en que momento un dolor distinto
entro en su cabeza, era como una puñalada que penetraba hasta los más
profundo de su mente; su visión se tiño de rojo y todo a su alrededor
pareció detenerse. La oscuridad a su alrededor pareció volverse
más profunda, casi sólida, pero al mismo tiempo las siluetas en
la habitación se hicieron más claras. Era como si algo quisiera
que Ami siguiera viendo. De pronto el hombre saco violentamente su miembro de
la boca de su amante y se acomodo entre sus piernas, sus manos apretaron las
nalgas de la mujer y separándolas guió su miembro hacia el ojo
del culo. Ami sintió enloquecer al adivinar que el extraño misterioso
iba a penetrar a su madre por ano, aquella idea la puso aún más
tensa y temerosa, le parecía imposible que esa lanza de carne dura y
gruesa pudiera entrar en el recto de una mujer. La princesa de Mercurio pensó
que su madre sufriría mucho cuando aquel bruto intentara penetrar en
sus entrañas, pero curiosamente ya no le importaba, de hecho una insana
satisfacción la invadió al pensar que ese era un buen castigo
para alguien como ella. Una dulce venganza por haber destrozado sus sueños
y engañado a su padre. Expectante miro como el hombre colocaba la roja
cabeza de su verga en la entrada posterior de su madre y empujaba con firmeza.-
¡Aaaaaaahhhhhhh!.- gimió su madre al sentirse ensartada por su
amante.- ¡Así querido!... ¡Damela ya!... ¡Más
fuerte!....- grito la mujer con una voz que Ami nunca había oído.
Entonces él volvió a empujar y metió su miembro casi hasta
la mitad, luego volvió a sacarlo hasta la roja cabeza, inició
así una serie de movimientos de mete y saca, poco a poco el impulso se
fue haciendo más fuerte hasta que el miembro desapareció totalmente
entras las nalgas femeninas.
-¡Follame!... ¡Follame duro!..- suplicaba su madre al tiempo que
comenzaba a hacer movimientos hacia delante y hacia atrás mientras que
él le seguía el ritmo, con movimientos contrarios para chocar
su sexo contra las carnosas nalgas de ella que jadeaba loca de deseo.- ¡Todo!..¡Todo!...-
al fin ambos se convulsionaron y Ami supo que el desconocido estaba vaciando
sus líquidos seminales en las entrañas de su madre. Al final ambas
figuras se derrumbaron sobre la cama y se quedaron inmóviles. Como si
eso fuera una señal Ami recobro el control de su cuerpo y horrorizada
de todo lo que había visto se marcho del departamento.
Durante las siguientes horas la princesa de Mercurio vago sin rumbo, evitando
las miradas de la gente, ocultando su rostro cubierto de lagrimas. Las cosas
que había visto se repetían en su mente una y otra vez, como un
monstruoso martilleo que la hería cada vez más. Por primera vez
en mucho tiempo se sentía totalmente sola, no podía ir con sus
amigas, no podría soportar dar explicaciones sobre los motivos de su
presencia a esas horas de la noche. Tampoco tenía dinero suficiente como
para pagar un hospedaje aunque fuera barato. Así que finalmente decidió
volver a su casa. Eran más de las 10pm cuando llego sola, triste y furiosa,
dispuesta a enfrentar a su madre y a ese maldito que usurpaba el lugar de su
padre. Al abrir la puerta descubrió que los zapatos del hombre habían
desaparecido pero los de su madre seguían ahí. Mecánicamente
se cambio de calzado y entro, hasta su nariz llego el aroma de comida preparándose
en la cocina. Con pasos lentos llego hasta ahí y vio a su madre ocupada
preparando algo en la estufa. Al sentir la presencia de alguien detrás
de ella la doctora Yukari Mizuno se volvió y descubrió a su hija
de pie, mirándola con unos ojos llenos de lagrimas y dolor.
-¡Ami!.- exclamo acercándose a ella.- ¿Dónde estabas?.¿qué
ha pasado?.- pregunto extendiendo los brazos hacia su hija. Pero esta dio un
paso atrás y mirándola fieramente le increpo.- ¡Eres una
hipócrita y una falsa!- Yukari se detuvo en seco, petrificada por la
dureza de aquellas palabras y el odio que brillaba en los ojos de su hija.
-Pero... ¿De qué estas hablando hija?-
-¡No te hagas la tonta!.- grito Ami. Pero antes de que pudiera continuar
una voz fuerte y varonil se dejo escuchar en la cocina.- ¡¿Qué
sucede aquí?!.- la sangre de Ami hirvió en sus venas al pensar
que aquel desconocido había vuelto a su casa y sin pensarlo se volvió
para enfrentarlo. Pero no pudo decir ni media palabra. Toda su furia se derrumbo
como un castillo de naipes al reconocer los rasgos de aquel hombre, las palabras
se atiborraron en su garganta y solo alcanzo a balbucear.
-¿Papá?.-en efecto, ahí frente a ella se encontraba su
padre. Un hombre alto y esbelto, entrado en los cuarentas pero con toda la fuerza
y vitalidad de un hombre joven, llevaba en sus manos varias bolsas cargadas
de víveres. Desconcertada Ami miro alternativamente a cada uno de sus
padres. Un rubor intenso cubrió su rostro al comprender que había
espiado a sus padres en la intimidad.
-¿Y bien Ami?.- dijo su padre mirándola severamente y con los
brazos cruzados sobre el pecho..- Me puedes decir ¿qué esta pasando
aquí?- Ami estaba totalmente confundida. ¿Que podía decir?
¿que había llegado a su casa temprano y que los había visto
hacer el amos creyendo que su madre tenia un amante? Por suerte para ella su
madre intervino.
- Espera querido. Creó saber que pasa.- la doctora Yukari se acerco a
su hija y colocando sus manos en sus hombros la miro conciliatoria. -Lo siento
Ami. Se que siempre te he dicho que nada debe ser más importante para
un doctor que cuidar a sus pacientes. Pero tienes que entender que tu padre
ha regresado y yo no podía dejar de traerlo a nuestra casa.- Ami iba
a decir algo, pero comprendió que era mejor que las cosas quedaran de
aquel modo.
-Lo siento mamá.- dijo bajando la cabeza.
-Bueno, Todo arreglado.- dijo el hombre colocado a sus espaldas.- Ahora ven
y dale un abrazo a tú anciano padre.-ambas mujeres rieron y Ami se fue
directo a los brazos que la esperaban. -¡Bienvenido papá!.- la
princesa de Mercurio abrazo a su padre con fuerza, con los ojos llenos de lagrimas
de alegría.
CONTINUARA....
AUTOR "EL MONJE"
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