EL INICIO (II)
Intercambio, trío, 100% Real. La experiencia de estar los tres juntos les ponía a mil y por ello disfrutaron y gozaron de estos maravillosos momentos


Continuación del relato erótico "El Inicio" publicado en "El Rincón de Marqueze.net" el día 17 de Enero de 2002.
Hola amigos de Marqueze, hace poco tiempo mi esposa y yo enviamos un relato
contando nuestra primera experiencia en un trío, ahora les enviamos la
segunda experiencia que tuvimos. Esperamos la disfruten tanto como nosotros
en la realidad. 100 % real.

Habían pasado quizás dos o tres semanas desde aquel primer encuentro sexual
que Karen y yo tuvimos con Jorge nuestro amigo. Fue tal la excitación con
la que disfrutamos nuestro primer trío, que de ahora en adelante las
siguientes serían bien recibidas y planeadas, aunque en muchas ocasiones es
más rico un encuentro casual.

Todo estaba planeado para el fin de semana, el sábado precisamente, ese fin
de semana, tanto Jorge como yo no tendríamos que presentarnos a laborar, así
que decidimos irnos a una casa ubicada en un pequeño y tranquilo pueblo
cerca de Cuernavaca, Morelos. La propietaria de esa casa es una amiga de
Karen, la cual reside en el norte del país por lo cual en varias ocasiones
nos la había ofrecido para pasar el fin de semana, cosa que ya habíamos
hecho pero nunca de la manera en que lo íbamos a hacer.

Salimos el sábado en la mañana y llegamos como al mediodía. Inmediatamente
nos instalamos, sólo era cuestión de revisar que todo estuviera en orden y
acomodar nuestras pertenencias.
Ya desde el viernes en la noche, Jorge y yo habíamos comprado en un súper lo
que pensábamos utilizar al día siguiente con Karen. Mientras yo elegía que
preservativos comprar, Jorge echaba un vistazo a las botanas. Llevábamos lo
básico: condones, un lubricante a base de agua para que no se rompieran los
preservativos, comida y para ser sinceros, compramos algunas cervezas en
lata (no muchas ya que nunca nos ha gustado ponernos muy ebrios pero si las
suficientes como para marearnos un poco).

Ese mismo viernes en la noche, Karen me dijo que se sentía satisfecha de que
nuestra relación con Jorge fuera así y no de otra manera. Después, ya en la
cama me confesó que estaba ansiosa de que llegara el momento planeado. Sólo
repetía lo mucho que quería gozar con ambos al mismo tiempo.

Una vez instalados en la casa prestada, los tres decidimos comer en forma
puesto que teníamos mucha hambre a causa del pequeño viaje, aunque supongo
que la ansiedad también era motivo del hambre. Comimos en la pequeña cocina
que está en la planta baja. La casa es grande y de dos pisos, abajo está la
sala, un baño y la cocina, arriba se encuentran tres recamaras y un baño.

Después de comer, seguimos platicando en la sala hasta como hasta las 7 30
p.m., cuando a petición de Karen, sacamos del refrigerador un par de
cervezas y seguimos la platica alternando con un cigarrito. Así seguimos
hasta como las 9 00 p.m., si bien no habíamos tomado mucho, ya estábamos un
poquito mareados y la platica iba subiendo cada vez más de tono. Asimismo,
las miradas de Karen hacia Jorge no tenían nada de discretas ni las de él
hacia ella. Ese día Karen tenía puesta una playerita que le marcaba sus
senos, parecían unos melones cubiertos por tela. Traía unos jeans azul
oscuro que le marcaban muy bien sus largas piernas y su redondeado trasero.
Recuerdo que cada vez que se paraba para ir por algo a la cocina o al baño,
tanto Jorge como yo, no dejábamos de ver su bello trasero contoneándose al
caminar.

Para ese momento, la platica giraba en torno a cuestiones eróticas: Karen
nos preguntaba como nos gustaban los senos de las mujeres, que si la forma
de los traseros, etc., a lo cual Jorge y yo le cuestionábamos sobre la forma
del pene que prefería, que sería capaz de hacer, etc. Tal vez mucho de la
platica era sólo para calentar más el ambiente de lo que estaba, cosa que en
lo absoluto nos molestaba. Cuando a Karen le preguntamos en que situación le
excitaría más estar, nos dijo que su fantasía era ser penetrada por dos
hombres al mismo tiempo. En ese momento, Jorge y yo nos miramos a la cara y
sin decir palabra alguna sabíamos que ese era el mejor momento para subir a
una de las recamaras y comprobarlo. Para sorpresa de ambos, Karen se nos
adelantó, se puso de pie y nos pidió que le diéramos la mano para subir y
darnos una ducha antes de seguir nuestra platica, así lo hicimos y nos
condujo hacia las escaleras rumbo a las recamaras. Al subir por las
escaleras atrás de Karen no dejaba de verle su lindo trasero, la excitación
iba subiendo al imaginar que dentro de poco podría volver a gozar de las
bellas nalgas de mi esposa y más. Imagino que Jorge pensaba lo mismo puesto
que no le quitaba la vista de encima.

Karen nos condujo a la recama principal, era la más grande y mejor decorada,
la cama de tamaño matrimonial estaba cerca de un cómodo sillón y junto a la
pared con ventana, aun recuerdo que al acercarme a la ventana vi, mientras
oía el sonido de los grillos, lo tranquilo de la zona, pensaba que aunque
hiciéramos una fiesta escandalosa, nadie alrededor se enteraría.

Karen sabía como ponernos a Jorge y a mi a mil, así que mientras ella nos
entregaba un par de viejas revistas pornográficas que teníamos en nuestra
casa, ella se dirigía hacia el baño para ducharse. Jorge y yo estábamos como
un par de calientes adolescentes mientras contemplábamos los bellos cuerpos
de las modelos. Uno al otro decía lo bien que estaban esas mujeres y lo
mejor que sería pasarla con ellas. Después de un largo rato, Karen entró a
la recamara, en ese momento mi excitación creció al ver a mi esposa con un
ligero maquillaje en labios y pestañas, se veía hermosa. Se había puesto
unos shorts de mezclilla con los extremos desgarrados que resaltaban sus
hermosas piernas desde medio muslo hasta el pie desnudo que descansaba en
unas sencillas sandalias, y que decir de la camiseta sin mangas que dejaba
ver ligeramente el contorno de su brasier que era lo único que sostenía esas
deliciosas frutas que tanto deseaba volver a probar.

Karen nos preguntó quien sería el siguiente en darse la ducha, cosa que no
había pensado, a lo cual, Jorge dijo que si yo no tenía inconveniente podría
ser él el siguiente y así fue. Mientras Jorge se duchaba, Karen me dijo
donde había dejado las cosas que había comprado el día anterior, que si
gustaba, yo podría ir por ellas mientras ella bajaba por una lata de cerveza
para cada uno.

Mi turno de ducharme llegó, ya en la ducha, no dejaba de pensar en lo
agradable del momento, quería que esa excitación se prolongara toda la
noche. Al momento de secarme y ya con los pantalones puestos y una playera
encima, decidí salir haciendo el menor ruido posible ya que mientras me
duchaba llegaron a mi mente imágenes de Karen y Jorge juntos haciendo el
sexo. Resulto sencillo ya que el baño está del mismo lado de la recamara
en la que estábamos pero al extremo, así que lentamente abrí la puerta y
gracias al calor del piso pude caminar sin sandalias con lo que mis pisadas
era imperceptibles. Al acercarme al marco de la puerta logre escuchar a
Jorge decir que Karen y yo éramos por mucho sus mejores amigos y que nos
debía tanto. Lo que en ese momento pensé serían palabras de gozo y tal vez
más allá, eran palabras de agradecimiento y amistad, Karen le decía lo
mismo. Espere un rato más para ver si decían algo en torno al momento que
estábamos viviendo pero lo único que escuche eran cosas sobre el viaje y lo
bello que estaba ese lugar. Más tarde si que escucharía cosas que me harían
ponerme a mil.

Al entrar a la recamara, la cosa cambió, Karen me entrego mi lata con
cerveza y me pidió que me sentara junto a Jorge en la cama. Ella estaba
sentada en el sillón de enfrente, Jorge y yo estábamos sentados a lo ancho
de la cama de manera que quedábamos frente a ella. Mientras cada quien
tomaba su cerveza, Karen nos pedía que le diéramos nuestras opiniones con
respecto a las chicas de las revistas pornográficas. Cada vez más, Karen se
acercaba a nosotros mientras le mostrábamos que posiciones y partes del
cuerpo nos habían llamado más la atención. Y llego el momento deseado: Karen
se levantó y nos dio un ligero empujón a Jorge y a mi con lo cual nos
tumbamos en la cama. Karen se hincó en medio de ambos mientras hacia a un
lado nuestras piernas. Nos pidió que ambos mantuviéramos por un momento la
mirada en el techo. Fui el primer afortunado, sentí las manos de Karen
acercarse al cierre de mi pantalón, en ese momento acercó una mano hacia la
misma parte del pantalón de Jorge y empezó a acariciarnos encima de la ropa.
Nos pidió que nos colocáramos una almohada en la cabeza para poder
observarla en esa posición. El espectáculo era increíble, mientras Karen
acariciaba nuestros penes, llegaba a mirarnos a los ojos y enseguida se
pasaba la lengua por los labios. Después, bajo lentamente el cierre de mi
pantalón y saco mi pene, el de Jorge vendría enseguida. Con ambos penes a su
alcance, Karen agarró uno con cada mano, les proporcionó lentas fricciones,
de arriba a abajo cada vez aumentando la velocidad y también su tamaño.
Karen no paraba de decir lo mucho que le gustaba tener el control de ambos,
expresaba lo mucho que estaba gozando al ver nuestra mirada atónita.
Asimismo, confesó que le encantaban los penes, chuparlos mientras veía
nuestra mirada. Así fue como acerco su boca a mi pene para darme la primera
mamada de las muchas que habría esa noche. Al llegar el turno de Jorge, éste
sólo pudo dar un suspiro de alivio, era ya mucha la tensión pero la rica
mamada que Karen le estaba dando se la estaba quitando. Mientras Karen se
ocupaba con su boca y una mano de un pene, con la otra seguía dando sus
fricciones. Cada vez más rápido alternaba de pene, ahora nosotros le
decíamos lo mucho que nos estaba haciendo gozar, al llegar nuestro turno, le
tomábamos por la cabeza como si quisiéramos unir para siempre su boca con
esa zona.

Esta primera sesión de mamadas hechas por Karen, se prolongo un rato más.
De no ser por Karen, que se detuvo para pedirnos que nos quitáramos toda la
ropa, posiblemente tanto Jorge como yo, hubiéramos expulsado en ese
momento nuestra carga que tanto dice Karen gozar de su sabor.

Jorge y yo, rápidamente quedamos desnudos ante Karen, de quien no sabíamos
que nos pediría ahora. En ese momento, Karen se acostó boca arriba en la
cama de la misma manera en la que Jorge y yo estábamos hace un rato. Movió
sus brazos por encima de su torso para dejarlos arriba de su cabeza, sin
decir palabra alguna, Jorge y yo la despojamos de su camiseta lo más rápido
que nos permitía nuestra excitación. Karen quedo con un brasier delgado
color negro, el cual permitía ver fácilmente sus pequeños pezones. Karen
bajo sus brazos, con lo cual el tamaño de sus tetas aumentó, y nos tomó por
la cabeza acercándonos a ellas. Yo separe el broche de en medio y al
momento, sus grandes y hermosas tetas cayeron ligeramente como si trataran
de decirnos que había llegado el momento de gozarlas. Karen no podía
esperar, acercó aun más nuestras cabezas hacia su pecho, me apodere de una
de sus tetas, la acariciaba como si fuera la primera vez que lo hacia, mi
mano temblaba mientras acercaba mi boca hacia el pezón. No recuerdo cuanto
tiempo estuvimos así, sólo recuerdo como sentía mi pene explotar mientras
veía a Jorge hacer lo mismo que yo con la otra teta de Karen. Karen empezaba
a acercar sus manos hacia su coñito, cada vez lo acariciaba más rápido por
encima de su short. En ese momento, vi la oportunidad de pagarle lo que hace
un rato me había hecho. Al acercarme a su conito, Karen ya había bajado el
cierre de su short, con lo cual sólo fue cosa de acercarme a él y gozarlo.
Hice de ahí a un lado las manos de Karen y metí mis dedos a través del
cierre, hice a un lado su braguita color negro, separe un poco sus labios
vaginales y la hice gozar al mezclar sus jugos con mi saliva, su sabor era
riquísimo, cada vez que lograba captarlo, mi excitación aumenta. Un
ligerísimo sabor a mar se había adueñado de mi boca, sólo deseaba aumentarlo
en ella, introducía más y más mi lengua en su bello coño con la intención de
regresarla a mi boca y descubrir su sabor. Cuando subía la mirada, veía a
Jorge dueño ahora de ambas tetas, no paraba de mamarlas y acariciarlas, las
mamaba como si obtuviera leche y quisiera tomarla toda, las acariciaba como
si tuviera miedo de extraviarlas.

Recuerdo que lo siguiente fue oír a Karen decir: soy suya muchachos,
háganme lo que quieran, háganme gozar. Y cosas como: Soy su
esclava, gocen de mí. Después de oír eso recuerdo que le desabroche
por completo sus shorts, los tome por arriba junto con sus braguitas y los
deslice desde sus caderas hasta los pies, tirandolos a un lado de la cama.
Ya sin shorts, le pedí a Karen que se colocara a lo largo de la cama con las
piernas levantadas a la altura de las rodillas. Entonces, me coloque
nuevamente frente a su sabroso coñito, le pedí que colocara sus piernas
arriba de mi espalda y que las dejara caer ahí ya que ahora mi torso
descansaba en la cama. Seguía mamando su rico coño mientras Jorge le
colocaba varias almohadas a Karen para poder hacer lo que ella le acababa de
pedir: gozar nuevamente de su pene. No sé que tan incomodo era para ellos
esa posición pero yo gozaba como nunca con el coñito de mi mujer, absorbía
su clítoris, introducía mi lengua en su vagina, movía mi cabeza a un lado o
casi hasta arriba para lamerle también sus bellas piernas.
Cada vez eran más fuertes los gemidos de Karen y no se digan sus palabras:
me encanta que me hagan gozar, que me mamen, que me mamen
toda. En eso, se dirigió a mi y me dijo: ven amor, ahora
quiero probarte a ti.

Una de las cosas que más recomiendo es que, ya se trate de sus esposas,
novias, etc., pidan que ellas les hagan una mamada en el pene mientras son
penetradas por otro o mientras les hacen un oral a ellas. Fue así que
mientras recibía una de las mejores mamadas de Karen, Jorge ya gozaba de su
coñito y también de su rico culo pero en una posición más practica, de a
perrito. Jorge no escatimó en hacer gozar a Karen, recuerdo que alcance a
ver por encima de la cadera de ella, como rozaba su anito con su lengua para
ubicarlo en el centro, parecía que estaba desesperado por introducir su
lengua en el hoyito más apretado de mi mujer.

Jorge, después de colocarse el preservativo, empezó a introducir su pene en
el coño de Karen, esta lanzó un largo y suave gemido acompañado de estas
palabras según recuerdo: Siiii...así..más....ahh...ahh.. Jorge
empezaba a sudar, se le veía en la frente como se acumulaban las gotas, y no
era para menos, la vista que tenía delante de él exigía que se pusiera en
acción: unas nalgas finamente redondeadas, con el volumen suficiente para
agarrarlas con las manos y sujetarlas firmemente mientras las embestidas
aumentaban su velocidad, en medio, el contorno ligeramente delineado que
separa a ambas, y ahí mismo pero un poco más abajo, un pequeño hoyito que
según palabras de Jorge, era digno para que un Rey se viniera en él. Y por
supuesto, un jugoso y apretadito coño deseante de más fricción.

No puedo explicar la excitación que sentía en ese momento, no quería que se
acabara. Si bien no estaba cansado, les dije que bajaría a la cocina por una
cerveza, cosa que creo no oyeron. Así fue como salí por un momento de ese
cuarto lleno de sexo mientras veía la cara de ambos diciéndome con la mirada
que no había problema.

Mientras bajaba por las escaleras hacia la cocina, supe que ahora venía la
mejor parte. Abrí el refrigerador, tomé la lata y subí de nuevo mientras oía
unos gemidos que parecían más a gritos, a cada escalón que subía, mejor se
podían escuchar.
Antes de entrar a la recamara, me coloque a un lado de la puerta sin que me
vieran, imagino que en ese momento ni se acordaban de mi. A cada embestida
de Jorge, Karen respondía con un: Así papito.. así, o un
cójeme.. así.. duro o con un fuerte gemido.
Entre a la recamara y lo primero que observe fue que ahora ella estaba con
un pie en el suelo y con la otra pierna apoyada por la parte de la espinilla
en la cama. Me senté un momento en el sillón, Karen volteaba a verme con una
cara de total excitación, los ojos se le cerraban y no podía distinguir lo
que decía cuando Jorge bajaba su ritmo.
Tomé un par de tragos de cerveza y me acerque a Karen mientras Jorge
descansaba un momento aun con su pene dentro de ella. Karen me dijo que
quería que hiciéramos realidad su fantasía. Así fue como le pedí a Jorge que
se acostara boca arriba debajo de Karen y con una almohada en la cadera.
Mientras me ponía el preservativo, ambos trataban de colocarse en posición,
con el pene de Jorge dentro de su coño, Karen movía su cuerpo hacia adelante
y hacia atrás hasta sentir que aquel pene no podría salirse tan fácilmente.
Entonces, con el culo de mi mujer apuntando hacia mí lo más arriba que
podía, introduje mi dedo índice, como no resbaló fácilmente, acerque el
lubricante especial y lo unte junto con su lindo anito. Mi dedo empezaba a
deslizarse cada vez más hasta que unte con lubricante mi condón e inicie la
penetración. Al principio era lento mi movimiento, no quería lastimar a
Karen, igualmente, sus gemidos eran lentos pero empezaban a tomar forma
nuevamente. A Jorge esa posición no le permitía mucho moverse pero lo
compensaba el que tuviera al alcance de su boca los bellos senos de mi
mujer.

Mis movimientos fueron cada vez más rápidos, mis dedos se aferraban a las
bellas nalgas de mi mujer. Al mirar hacia abajo me excitaba como mi pene
entraba a tope para salir un momento hasta la mitad y regresar a tope, los
gemidos inundaban la recamara así como los gritos pidiendo que aquello nunca
acabase. Pero llegó a su fin. Saque mi pene del culo de Karen y no pude
hacer otra cosa más que sentarme en el cómodo sillón, ella se dio media
vuelta para tumbarse sobre su espalda igual que Jorge, sin mover un dedo,
ahora las profundas respiraciones llenaban la recamara.

elcornudito@hotmail.com

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