MERCEDES (II)
Exhibicionismo, hetero, polvazo, felación. Hoy quería ser diferente, con ayuda de su calentura logra sus propósitos.


Se seco por segunda vez en la tarde noche, el frío invierno cubría los cristales de su casa de un abundante vaho, y de pereza su alma. En un esfuerzo se dirigió a la cocina el plato que tenía a calentar estaría ya como el hielo, entro en ella y abrió la puerta del horno, saco una bandeja de aluminio con un trozo de carne y guarnición variada, lo coloco sobre la mesa que se hallaba en el centro de la estancia, junto a un vaso y una botella pequeña de vino tinto. Los cubiertos temblaban en sus manos, mientras intentaba serenar su cuerpo ya que su alma era imposible... Esta encendida como una tea, le pedía a gritos que terminara de comer, su estómago en cambio la incitaba a realizar tan tribal acto de supervivencia cotidiana.
Mercedes aceleró el movimiento de sus mandíbulas mientras su mente volaba hacia no se sabe que zona del éter, se descubrió con cara de boba en el reflejo de los azulejos mirando aquella fuente de fruta en la que se hallaba un plátano de regulares dimensiones. "Mira que tengo la mente calenturienta hoy pensó", regresó así al mundo terrenal de su cocina, con su hambre orgánica saciada, recogió los utensilios el mantel y de un salto los colocó en el lavaplatos, salió de la estancia con paso rápido y decidido.
Entro como una exhalación en su alcoba abriendo de par en par su armario con una decisión tomada sin meditar, pero fija en sus propósitos, se vestiría y lo hallaría... " Vamos que lo hallaría se juro" tiró del cajón donde guardaba la ropa interior y eligiendo con la vista tomó unas bragas de algodón blanco como la nieve, toco la entrepierna y las coloco sobre la colcha en la cama. Tocó el turno al sujetador ahora, busco algo cómodo, tomo el blanco sin aros en las copas y que se cerraba en su parte delantera, "Ideal para sus propósitos, se sonríe Mercedes, haciéndose cómplice de sí misma". La blusa amplia y lisa bien conjuntada con una falda con apertura lateral y por debajo de la rodilla termino de completar el uniforme de salida.
Como de un ritual se tratara, se despojo del albornoz y de la toalla que cubría su cabeza, tomó asiento frente al tocador y rebuscando entre sus pinturas comenzó a colorear sus párpados con un sutil color violeta, marcando poco a poco la línea por encima de las pestañas con el negro lápiz de ojos. Brochazo va y brochazo viene de colorete en las mejillas para pasar, en un acto de máximo erotismo, a las aureolas de sus pezones, las cuales recibieron tal coloración con alegría, se erizaron de nuevo con presteza, oscureciéndose más aún al ser embadurnadas por el maquillaje, aureolas y pezones en máxima excitación bien maquilladas como las stripers pensó.
Una idea se apoderó de su mente, si maquillaba su cara pintando su boca... ¿Por qué no? Se dijo y tomo la barra de labios, se reclino hacia atrás mientras separaba sus piernas, con decisión separo los labios de la vulva y comenzó a pintarlos como si de su boca se tratara, el recorrido hacia arriba y abajo con la barra de carmín hizo palpitar más rápido su corazón, su carga erótica era indudable, recordó las tardes del internado cuando de chiquillas jugaban a pintarse unas a otras... Que tiempos suspiro con melancolía... Remato la faena con el perfilador, bordeo su abertura con mimo, enmarcándola para no tener pérdida ni duda. Un toque más sexy aún, con brillantina se espolvoreó el pubis quedando extasiada al contemplarse en la luna del armario, tuvo que sujetar las ganas de masturbarse de nuevo. Se coloco con sumo cuidado las bragas para no estropear su obra, un escalofrío recorrió su espalda con solo pensar en su escapada.
De igual manera tomo como paleta sus senos, orondos y gozosos fueron tomando su ducha de brillante maquillaje, con amorosos toques relumbraban de tal forma que de buena gana hubiera posado en ese mismo momento para un calendario de ruedas. El sujetador se ciño con presteza y mimo sobre cada una de las hermosas tetas, conteniendo el aliento en la aspiración, cerró los corchetes con cuidado, sus copas casi no contenían aquellas trémulas y excitadas carnes, la presión forzaba el volumen marcando un canalillo de hermosas proporciones. Que buena estoy pensó mientras se miraba de forma lasciva.
Con la blusa enfundada en la falda y los botones abiertos para mostrar sin enseñar, se coloco las negras medias, no le importo que contrastaran con el liguero, más sexy se dijo y se puso el impermeable; se calzó los zapatos de medio tacón y como último preparativo, cerro sobre su pierna izquierda la falda que permanecía abierta a la espera de la revista final. Con una mirada de arriba a bajo se dio el visto bueno al colocarse las negras gafas de sol.
Fue apagando una por una las luces hasta que cruzo la última puerta, ya en el rellano y con la oscuridad como aliado, salió sigilosamente del edificio, no quiso encontrarse con nadie ni con nada que detuviera su correría. Sus pasos la encaminaban hacia el centro, llamó a un taxi que perezoso se dirigía en el sentido del caminar de Mercedes, el auto paró junto a ella y con decisión lo abordo, deseosa como estaba de emociones se planteo un experimento. Le indicó la dirección al taxista, hombre maduro y de pelo ya cano el cual al oírla se extraño, a sus ojos no era el tipo de mujer que pedía esa calle, pero sin ningún reproche inicio la marcha. Mercedes le observaba por encima de sus oscuras gafas, con disimulo abrió su gabardina y cruzó las piernas mientras se colocaba en el centro del asiento trasero, el conductor al percatarse por el retrovisor del interior, con una inexplicable excusa, retocó su ubicación para tener un amplio campo de visón sin torcer la cabeza, el vehículo comenzó a decelerar casi imperceptiblemente, lo cual provocó una maliciosa sonrisa en Mercedes, estaba claro, el taxista se acababa de convertir en su cómplice.
Como si de una experta ramera se tratara, bajo la mano hasta su rodilla para poco a poco y sin prisa ir subiendo la tela de la falda e ir de este modo descubriendo la pierna que ante el chofer comenzaba a mostrar, este en silencio miraba alternativamente a la carretera y la pernera. Mercedes se relajo colocando hacia delante el cuerpo y situando la espalda bien asentada en el respaldo. Esta posición facilita la tarea, por su peso la tela se deslizó hacia un lado dejando al aire el muslo y con él, el liguero que sujetaba la media y parte del camal derecho de la blanca braga, que en la semi-oscuridad destacaba rutilante en la cintura de Mercedes. No se conformo con esto, ahueco su cuerpo y corrió sin disimulo ahora la pierna hasta sujetarla solamente con la puntera del pie sobre el muslo de la pierna izquierda; con este movimiento puso a la vista su entrepierna que brillaba en la oscuridad por el maquillaje que antes de salir se aplicara. El maduro conductor comenzó a frenar el vehículo mientras colocaba el intermitente derecho sin apartar la vista de la entrepierna de Mercedes tan excitada como excitadora.
Con voz ronca por la excitación indicó a esta la llegada a la dirección por ella indicada. Mercedes con aplomo, remata la situación separando definitivamente las piernas y ofreciendo al excitado conductor la visión de su blanca y brillante entrepierna, su hambrienta vulva babea sobre la tela que la cubre, humedeciéndola de visible modo; éste en un arranque de pudor le señala el importe marcado en el taxímetro, mientras cubre con el periódico la ostentosa erección que demuestra.
Sonriendo de nuevo, Mercedes abre su pequeño bolso y saca un trozo de plástico blanco que mete entre los labios para romperlo con los dientes ante la atónita mirada del conductor, extrae el contenido, un condón que coloca entre sus labios a la vez que con un gesto de mano indica al hombre que se aproxime, como un colegial salta literalmente entre los asientos de su vehículo para aposentarse al lado de su pasajera, mientras intenta tocar uno de sus senos. Mercedes le para en seco con su mano, acto seguido la baja hasta el cinturón del chofer el cual con habilidad suelta, el botón es abierto en el mismo instante y sin dilación bajada la cremallera para dejar el calzoncillo a la vista.
El olfato indica a Mercedes que la prenda lleva ya unas cuantas horas en contacto con el cuerpo, el olor a sudor se une al ácido y penetrante aroma de orín, la excita más si cave, mientras pone al aire el bulto que tapa, con su mano llena de un duro miembro siente como caen los jugos a la blanca braga desde lo mas profundo de su vagina e inicia una masturbación lenta y rítmica, el incrédulo taxista le deja hacer mientras se reclina hacia atrás abandonándose por completo a la hábil manipulación de su pasajera. El brillante glande se asoma una y otra vez congestionándose por instantes bajo la presión de los dedos, en la semi-oscuridad brillan las pequeñas gotas de líquido prostático que entre gemidos deja escapar el excitado chofer. La masturbadora mano relentiza el movimiento a la par que lo alarga en su recorrido, no se conforma ya con la mitad del pene y el glande, su recorrido se alarga ya hasta golpear las ingles y elevarse hasta tapar el brillante capullo que está apunto de florecer, con la otra mano Mercedes toca el escroto replegado hacia el culo por la excitación, los testículos son bolas juguetonas entre los dedos de la hábil mano, la presión hora fuerte hora débil, produce tal excitación en el chofer que hace otro intento por poner sus manos sobre el atrayente cuerpo de Mercedes, esta de nuevo con un apretón sobre los testículos frena en seco al conductor.
El fino olfato de hembra en celo, indica a Mercedes que el momento de la eyaculación esta cerca, el penetrante olor a lejía le marca el momento de la parada. Un intento de protesta es sofocado por los labios de la manipuladora, con la habilidad propia de una profesional, coloca el preservativo sobre el miembro haciendo que quede enfundado a la vez que inicia la felación. Un movimiento rítmico de bombeo saca los gemidos más profundos del conductor y encamina a Mercedes al orgasmo, en silencio pero con la respiración entrecortada siente como el fuego asciende de su vulva y se eleva por las paredes de la vagina camino el útero. Su boca aprieta el duro miembro mientras su lengua lubrica al rodear alternativamente todo su perímetro, la saliva cae por las comisuras de sus labios quedando recogida por la arrugada prenda y el ensortijado vello del taxista, este comienza a eyacular cuando la presión de los dientes hace presa en el glande y el movimiento de la mano se acelera para ordeñar hasta la última gota de semen, mientras con la otra aprieta los testículos para exprimir hasta el ultimo espermatozoide que entre estertores de placer y con fuertes bombeos son expulsados hacia el depósito del condón.
Con toda tranquilidad y sonriendo, separa la cabeza de las ingles del exhausto conductor, mientras se ve al trasluz un fino hilo de saliva que se niega a ser separado del miembro, con el revés de la mano se limpia la boca Mercedes mientras indica al taxista que acaba de saldar la deuda de la carrera, con parsimonia cierra la falda y su gabardina para salir del vehículo sin oposición de su feliz propietario. Bajo la luz de la farola retoca sus labios con presteza y la ayuda de un espejo de bolsillo, tras lo cual y sin mirar a tras inicia la marcha.
Después de un corto paseo, comienza a vislumbrar su destino, junto a ella pasean parejas de jóvenes que gozan de la noche, pandillas van y vienen canturreando y jugueteando. Gentes que salen de las discotecas se mezclan con otras que van al burguer todavía abierto, a pesar de la baja temperatura la calle esta animada como cualquier fin de semana. Los letreros luminosos indican la situación exacta del local, con paso firme y sin hacer caso a los comentarios que a sus oídos llegan entra en el soportal, que la conducirá hasta la entrada real del local.
Con un pequeño empujón desplaza la hoja de la puerta y penetra en una estancia luminosa llena de escaparates que exhiben la mercancía a los posibles compradores, estantes con revistas variadas y mostradores atendidos por sugerentes señoritas que se afanan en lograr vender algo a los curiosos.
Mercedes es presa de las miradas de aquellos que deambulan por el interior y que se les antoja una profesional o una dependienta, desciende con lentitud haciendo caso omiso y curioseando los primeros escaparates. Llama poderosamente su atención una serie de artilugios destinados a los amantes del sadomasoquismo, caretas de cuero se mezclan con bragueros de abertura central, cinturones dotados de descomunales penes de goma compiten con cadenas y grilletes, oferta en pinzas para el clítoris reza un cartel, Mercedes se estremece de dolor con solo pensarlo, aretes para pezones indica otro, definitivamente pasa de la sección y se dirige a los estantes de revistas.
Con aire desenfadado hojea unas cuantas revistas, pechos exagerados hinchados de silicona hasta hacerlos monstruosos, penes de tamaño increíble taladrados por decorativos pircins penetrando culos y coños con una potencia descomunal, botellas que abren la vulva que las aloja hasta casi rasgarla, puños encaprichados de regresar al seno materno; caras, senos, manos, vientres y pubis llenos de semen, mujeres que muestran plácidamente como orinan en la ducha. Todas estas visiones alimentan el ardor de la caldera de Mercedes, siente como la blanca braga esta húmeda, se adhiere a los labios de su vulva, los pezones pugnan por romper las copas del sujetador las imágenes dan vueltas en su mente.
Su mirada se fija ahora en la ropa, sexy por encima de todo, diseñada con un fin, deleitar la vista y el tacto, bonita y suave, que bodys transparentes de fina blonda, con abertura central en la entre pierna para facilitar la penetración en cualquier postura, uno de esos me vendría bien a mí ahora, pensó Mercedes, unas bragas de color violeta ribeteadas de rojo encaje tanto en los camales como en la ostentosa abertura central llamaron su atención. Tenían que ser suyas, como un autómata se acercó a la dependienta y sin apenas charla se hallo camino del servicio para probárselas.
El duro picaporte le indico la imposibilidad de entrar, estaba ocupado, espero unos interminables minutos, la impaciencia de verse con su nueva adquisición puesta la llevo hasta la desesperación. Su mente se puso a trabajar para solucionar cuanto antes la desesperada situación, al fondo vio unas cabinas se acercó con rápidos pasos y vio que se trataban de cabinas de vídeo individuales, busco la más retirada y se dirigió a ella, empujó la puerta y penetro en su interior, como una posesa rebusco en el monedero para hallar una moneda y así poner en funcionamiento la máquina, al introducir por la ranura una moneda de quinientas pesetas se comenzó a oír los gemidos de una pareja que hacia el amor a toda pastilla, ella a horcajadas sobre él, recibía una enorme polla que penetraba de forma ostentosa la vagina de la mujer. Mercedes no ponía atención a la película, solo le importaba sacar de su cuerpo las blancas y húmedas bragas que en ese momento llevaba puestas.
Con la ligereza que da la ansiedad, Mercedes extrae casi rompiendo la blanca prenda, ante sus ojos y en la entrepernera ribeteada por el perfilador aplicado y con un enorme y rojo beso marcado sobre la mancha de humedad casi seca por el tiempo y algo amarillenta de sus flujos más íntimos queda sobre el sucio suelo, sujeta la falda con trabajo mientras se enfunda la recién adquirida pieza, la coloca con satisfacción mientras ve con dificultad como queda al aire su abertura íntima, los vellos del pubis se asoman a la raja central que libera esos rojos labios bien ribeteados de carmín; que frescor sintió ahora al dejar respirar su excitada vulva.
Se inclino para recoger sus blancas y desechadas bragas y fue cuando sintió curiosidad por ver la película que proyectaba la máquina ahora. Esa imagen que fugaz cruzo delante de sus ojos al agacharse. Llamo poderosamente su atención, dos mujeres se daban placer oralmente, sus bocas se precipitaban sobre las vulvas, con sus manos las abrían y cerraban manipulando al unísono el clítoris con los dedos, fuertes latigazos indicaban las descargas de placer que se propinaban ambas.
La nerviosa mano de Mercedes se situó sobre los botones mientras tomaba asiento frente al espejo que reflejaba la imagen de la televisión situada a la espalda del espectador, con avidez hace avanzar los canales de vídeo, para en seco ante una escena que le llena de inquietud y de dolor su sexo. Sumamente abierta, rozando casi el descoyuntar sus piernas, una mujer introduce un instrumento metálico en su vulva, de regulares dimensiones y sutilmente elaborado, un espectacular dildo de brillante acero Como un resorte y horrorizada Mercedes cambia de canal quedando su cuerpo desazonado y muy turbado por la horripilante visión.
Las nuevas imágenes le hacen recuperar el ánimo y con el su fuerte calentura, una muchachita de hermosos y redondos senos se afana en una masturbación fantástica, sentada sobre una silla de terraza y con las piernas abiertas y flexionadas, apoyada una sobre la pata de la mesa y la otra sobre una jardinera, introduce de forma sensual un pene de transparente silicona, abre sus labios los cuales rodean con amabilidad al instrumento. Mercedes hurga en el monedero de su bolso, e introduce otra moneda, ahora quiere ver lo que continua; ala vez que la cinta discurre, discurre su mano camino de la excitada vulva, con sumo cuidado presiona su clítoris, no quiere borrar su maquillado aspecto... Cierra los ojos e intenta imaginar el roce de un glande sobre él, la felación realizada antes dejo su imaginación preparada, las dimensiones y el volumen calibrado a la perfección.
Sus abiertas piernas sobre el asiento, con su falda caída sobre los muslos y su mano trabajando clítoris y labios con sutileza son admiradas por la presencia de una figura extraña, Mercedes permanece aún gozando con los ojos cerrados sin percatarse de que por la no asegurada puerta a entrado en silencio una persona que sin hacer ruido ha observado todo su particular espectáculo. Esta se sitúa con cuidado entre las abiertas y replegadas piernas y observa el fantástico espectáculo que ofrece la maquillada vulva, como si de un reflector se tratara la pantalla proyecta su luz sobre el reclinado cuerpo de Mercedes.
Como si de orar se tratara, la cabeza del intruso se sitúa frente a su diosa, alarga la mano con cuidado y cierra el olvidado pestillo, el imperceptible ruido hace abrir los ojos a Mercedes que alterada por la presencia de la figura se queda rígida en la posición en que se halla. Tras esos breves pero intensos momentos de miedo mezclado con incredulidad, Mercedes, reacciono obsequiando con una maliciosa sonrisa al recién descubierto intruso.
Sin mover un solo músculo, ni tan si quiera estirar una arruga de su falda se dejo hacer, sintió como hábiles dedos se situaban alrededor de sus tobillos, el tacto especial de la presión amortiguada por efecto de las medias, relentizaba la percepción de la sensación, llegando ésta, casi muda en su caminar hacia su mente.
Poco a poco, recreándose en cada milímetro de su pantorrilla las manos avanzaban hacia sus rodillas, separándose una de otra a medida que avanzaban. Las rótulas ocuparon un poco más el movimiento ascendente que se tornó circular al situarse sobre ellas, Mercedes comenzó un ronco suspirar casi imperceptible, los gemidos altisonantes de la pantalla enmascaraban los suyos.
Juraría que el extraño había invertido una eternidad en situar sus manos en sus muslos, estos ante la caricia reaccionaron instantáneamente, él cúmulo de cosquilleos y escalofríos que se generaban subían por dos canales separados que confluían en su periné, de ahí hasta su nuca, en un tropel de latigazos que la obligaban a arquearse en su asiento.
Como si de un resorte se tratara, Mercedes movió la cabeza del intruso hasta obligarle a oler su vulva, esta desprendía el aroma de la excitación, el perfume de mujer embriagaba la pequeña estancia; sentía tal calentura, que podría decir que goteaban sus flujos como si de un manantial se tratara. La cabeza se detuvo cerca de la caliente abertura, sintió como el aire procedente de la respiración del ser que delante de ella se situaba, resbalaba entre sus entreabiertos labios refrescando y excitándola más y más. Su violador consentido estaba oliendo su sexo como si de un perro en celo se tratara, Mercedes grito jaleándole. "Huele a esta hembra en celo", quedo tan sorprendida que sintió sonrojarse sus mejillas.
Las manos, la respiración y los labios que ahora se situaban tan delicadamente sobre los suyos le hicieron continuar con su ronco gemir, solo interrumpido por su voz entrecortada que ahora susurraba al extraño: "Bésalo, bésalo con ternura que promete ser tu fiel amante". Sintió Mercedes como se fundían en un íntimo beso su sexo y la boca que la abordaba, su vulva al contacto de aquellos habidos labios, descargo todo su acumulado torrente de flujo, hoyo el inconfundible sonido que se produce al tragar gran cantidad de saliva, sus fluidos habían llenado la boca del atacante.
Dio gracias por haber comprado su braga abierta, esta cómplice, le otorgaba una libertad infinita. Facilitó la operación dejándose caer hacia delante ofreciendo su pubis, regalando su vulva, ofreciendo su vagina a una lengua que con tímidos avances se abría paso entre sus labios buscando el oculto y bien lubricado canal vaginal. Mercedes floreció aún más si cabe, abrió sus piernas todo lo que el estrecho habitáculo le permitió, ante el calor que producía el cunilinguos que le estaban regalando. Agradecido su clítoris, se afanó en transmitir las más dulces sensaciones de placer jamás sentidas por ella, la ocasión y la situación hacían tal mezcolanza que los sentidos se embriagaban de lujuria y placer.
Sintió una honda necesidad de liberar sus pechos, éstos cautivos del sujetador, se congestionaban por salir de sus receptáculos. Los botones de la blanca blusa saltaron uno a uno por el tirón que recibieron del extraño atacante. Brotaron como melones maduros al aire exterior con unos pezones dolientes de la erección que soportaban. Sus manos se abalanzaron sobre ellos con un hambre sobre humana, cada pecho se arrugo bajo la presión agudizando el placer infinito que albergaba en su interior fruto del roce del labios y dientes en su abertura inguinal.
Su concupiscente extraño paro en seco su lamer, se irguió con lentitud, Mercedes al contra luz vio como este bajaba sus pantalones y tras ellos sus calzoncillos, con una mano sujetaba un erecto miembro, brillante y curvado hacia arriba, completamente descapullado el glande, con arrogancia cerro sus dedos alrededor del pene y con una mueca de placer comenzó a masturbarlo, el recorrido a ojos de Mercedes era grandioso, la mano recorría los casi veinte centímetros con una parsimonia que puso al borde del ataque a Mercedes, sin vergüenza tal y como estaba, se alzo de piernas y dijo " Tu deja ya de meneártela como un mono y entra ya en este abierto coño que rezuma por tu culpa"
Como si de un estoque se tratará el final de la pelea se acercaba, el extraño y de un solo golpe de riñones, clavo su verga en la abierta vulva, al instante se cerraron sobre su espalda las piernas de Mercedes y el golpeteo de los testículos en el periné de esta la hicieron correrse en el mismo instante que le recibía. Entre gemidos y suspiros ambos se dejaron ir, el extraño dejo su simiente en ella, su vagina recibió con agrado los tórridos chorros de esperma, Mercedes sintió como con cada embestida que recibía, se proyectaba desde el interior de ella, un chorro de la ardiente mezcla empapando sus ingles y las del extraño.
Este saciada su hambre coloco un beso sobre los labios de su víctima, con rapidez se vistió y sin apenas darse cuenta Mercedes se halló sola en la penumbra de la cabina, la puerta entre abierta, no como ella, sentada y con sus piernas abiertas de par en par, su vulva y pubis empapados de flujo, semen y saliva. Los labios ardiendo y algo escocidos, sus pechos estrujados y doloridos por fuera de las copas del sujetador, su falda revuelta y sobre todo muy satisfecha y saciada su hambre.
Como pudo secó con unos clinex sus empapados genitales, se levanto y no sin trabajo metió una a una sus tetas dentro de cada copa, retorció su falda, medio cerro su blusa y recordado su perdido maquillaje, se envolvió en su gabardina para salir de la reducida estancia cuando se le helo la sangre... Una voz le decía; "Precioso espectáculo, ven querida" y una mano se alargaba hacia ella... En su trance se dejo llevar, cogió la mano que se le ofrecía y al salir a la luz de nuevo pudo ver una preciosa hembra de bello rostro con abultados pechos y bien torneadas caderas, que tiraba de ella hacia sí, llevándola por entre deambulantes clientes camino de una mágica puerta marcada como privado, en su embriaguez oyó decir a su secuestradora... "Aquí podrás retocar ese bonito maquillaje de tu coñito"... Ambas mujeres penetraron en la estancia...

Imaginativo.
glcvii@eresmas.com


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