MERCEDES (II)
Exhibicionismo, hetero, polvazo, felación. Hoy quería
ser diferente, con ayuda de su calentura logra sus propósitos.
Se seco por segunda vez en la tarde noche,
el frío invierno cubría los cristales de su casa de un abundante
vaho, y de pereza su alma. En un esfuerzo se dirigió a la cocina el plato
que tenía a calentar estaría ya como el hielo, entro en ella y
abrió la puerta del horno, saco una bandeja de aluminio con un trozo
de carne y guarnición variada, lo coloco sobre la mesa que se hallaba
en el centro de la estancia, junto a un vaso y una botella pequeña de
vino tinto. Los cubiertos temblaban en sus manos, mientras intentaba serenar
su cuerpo ya que su alma era imposible... Esta encendida como una tea, le pedía
a gritos que terminara de comer, su estómago en cambio la incitaba a
realizar tan tribal acto de supervivencia cotidiana.
Mercedes aceleró el movimiento de sus mandíbulas mientras su mente
volaba hacia no se sabe que zona del éter, se descubrió con cara
de boba en el reflejo de los azulejos mirando aquella fuente de fruta en la
que se hallaba un plátano de regulares dimensiones. "Mira que tengo
la mente calenturienta hoy pensó", regresó así al
mundo terrenal de su cocina, con su hambre orgánica saciada, recogió
los utensilios el mantel y de un salto los colocó en el lavaplatos, salió
de la estancia con paso rápido y decidido.
Entro como una exhalación en su alcoba abriendo de par en par su armario
con una decisión tomada sin meditar, pero fija en sus propósitos,
se vestiría y lo hallaría... " Vamos que lo hallaría
se juro" tiró del cajón donde guardaba la ropa interior y
eligiendo con la vista tomó unas bragas de algodón blanco como
la nieve, toco la entrepierna y las coloco sobre la colcha en la cama. Tocó
el turno al sujetador ahora, busco algo cómodo, tomo el blanco sin aros
en las copas y que se cerraba en su parte delantera, "Ideal para sus propósitos,
se sonríe Mercedes, haciéndose cómplice de sí misma".
La blusa amplia y lisa bien conjuntada con una falda con apertura lateral y
por debajo de la rodilla termino de completar el uniforme de salida.
Como de un ritual se tratara, se despojo del albornoz y de la toalla que cubría
su cabeza, tomó asiento frente al tocador y rebuscando entre sus pinturas
comenzó a colorear sus párpados con un sutil color violeta, marcando
poco a poco la línea por encima de las pestañas con el negro lápiz
de ojos. Brochazo va y brochazo viene de colorete en las mejillas para pasar,
en un acto de máximo erotismo, a las aureolas de sus pezones, las cuales
recibieron tal coloración con alegría, se erizaron de nuevo con
presteza, oscureciéndose más aún al ser embadurnadas por
el maquillaje, aureolas y pezones en máxima excitación bien maquilladas
como las stripers pensó.
Una idea se apoderó de su mente, si maquillaba su cara pintando su boca...
¿Por qué no? Se dijo y tomo la barra de labios, se reclino hacia
atrás mientras separaba sus piernas, con decisión separo los labios
de la vulva y comenzó a pintarlos como si de su boca se tratara, el recorrido
hacia arriba y abajo con la barra de carmín hizo palpitar más
rápido su corazón, su carga erótica era indudable, recordó
las tardes del internado cuando de chiquillas jugaban a pintarse unas a otras...
Que tiempos suspiro con melancolía... Remato la faena con el perfilador,
bordeo su abertura con mimo, enmarcándola para no tener pérdida
ni duda. Un toque más sexy aún, con brillantina se espolvoreó
el pubis quedando extasiada al contemplarse en la luna del armario, tuvo que
sujetar las ganas de masturbarse de nuevo. Se coloco con sumo cuidado las bragas
para no estropear su obra, un escalofrío recorrió su espalda con
solo pensar en su escapada.
De igual manera tomo como paleta sus senos, orondos y gozosos fueron tomando
su ducha de brillante maquillaje, con amorosos toques relumbraban de tal forma
que de buena gana hubiera posado en ese mismo momento para un calendario de
ruedas. El sujetador se ciño con presteza y mimo sobre cada una de las
hermosas tetas, conteniendo el aliento en la aspiración, cerró
los corchetes con cuidado, sus copas casi no contenían aquellas trémulas
y excitadas carnes, la presión forzaba el volumen marcando un canalillo
de hermosas proporciones. Que buena estoy pensó mientras se miraba de
forma lasciva.
Con la blusa enfundada en la falda y los botones abiertos para mostrar sin enseñar,
se coloco las negras medias, no le importo que contrastaran con el liguero,
más sexy se dijo y se puso el impermeable; se calzó los zapatos
de medio tacón y como último preparativo, cerro sobre su pierna
izquierda la falda que permanecía abierta a la espera de la revista final.
Con una mirada de arriba a bajo se dio el visto bueno al colocarse las negras
gafas de sol.
Fue apagando una por una las luces hasta que cruzo la última puerta,
ya en el rellano y con la oscuridad como aliado, salió sigilosamente
del edificio, no quiso encontrarse con nadie ni con nada que detuviera su correría.
Sus pasos la encaminaban hacia el centro, llamó a un taxi que perezoso
se dirigía en el sentido del caminar de Mercedes, el auto paró
junto a ella y con decisión lo abordo, deseosa como estaba de emociones
se planteo un experimento. Le indicó la dirección al taxista,
hombre maduro y de pelo ya cano el cual al oírla se extraño, a
sus ojos no era el tipo de mujer que pedía esa calle, pero sin ningún
reproche inicio la marcha. Mercedes le observaba por encima de sus oscuras gafas,
con disimulo abrió su gabardina y cruzó las piernas mientras se
colocaba en el centro del asiento trasero, el conductor al percatarse por el
retrovisor del interior, con una inexplicable excusa, retocó su ubicación
para tener un amplio campo de visón sin torcer la cabeza, el vehículo
comenzó a decelerar casi imperceptiblemente, lo cual provocó una
maliciosa sonrisa en Mercedes, estaba claro, el taxista se acababa de convertir
en su cómplice.
Como si de una experta ramera se tratara, bajo la mano hasta su rodilla para
poco a poco y sin prisa ir subiendo la tela de la falda e ir de este modo descubriendo
la pierna que ante el chofer comenzaba a mostrar, este en silencio miraba alternativamente
a la carretera y la pernera. Mercedes se relajo colocando hacia delante el cuerpo
y situando la espalda bien asentada en el respaldo. Esta posición facilita
la tarea, por su peso la tela se deslizó hacia un lado dejando al aire
el muslo y con él, el liguero que sujetaba la media y parte del camal
derecho de la blanca braga, que en la semi-oscuridad destacaba rutilante en
la cintura de Mercedes. No se conformo con esto, ahueco su cuerpo y corrió
sin disimulo ahora la pierna hasta sujetarla solamente con la puntera del pie
sobre el muslo de la pierna izquierda; con este movimiento puso a la vista su
entrepierna que brillaba en la oscuridad por el maquillaje que antes de salir
se aplicara. El maduro conductor comenzó a frenar el vehículo
mientras colocaba el intermitente derecho sin apartar la vista de la entrepierna
de Mercedes tan excitada como excitadora.
Con voz ronca por la excitación indicó a esta la llegada a la
dirección por ella indicada. Mercedes con aplomo, remata la situación
separando definitivamente las piernas y ofreciendo al excitado conductor la
visión de su blanca y brillante entrepierna, su hambrienta vulva babea
sobre la tela que la cubre, humedeciéndola de visible modo; éste
en un arranque de pudor le señala el importe marcado en el taxímetro,
mientras cubre con el periódico la ostentosa erección que demuestra.
Sonriendo de nuevo, Mercedes abre su pequeño bolso y saca un trozo de
plástico blanco que mete entre los labios para romperlo con los dientes
ante la atónita mirada del conductor, extrae el contenido, un condón
que coloca entre sus labios a la vez que con un gesto de mano indica al hombre
que se aproxime, como un colegial salta literalmente entre los asientos de su
vehículo para aposentarse al lado de su pasajera, mientras intenta tocar
uno de sus senos. Mercedes le para en seco con su mano, acto seguido la baja
hasta el cinturón del chofer el cual con habilidad suelta, el botón
es abierto en el mismo instante y sin dilación bajada la cremallera para
dejar el calzoncillo a la vista.
El olfato indica a Mercedes que la prenda lleva ya unas cuantas horas en contacto
con el cuerpo, el olor a sudor se une al ácido y penetrante aroma de
orín, la excita más si cave, mientras pone al aire el bulto que
tapa, con su mano llena de un duro miembro siente como caen los jugos a la blanca
braga desde lo mas profundo de su vagina e inicia una masturbación lenta
y rítmica, el incrédulo taxista le deja hacer mientras se reclina
hacia atrás abandonándose por completo a la hábil manipulación
de su pasajera. El brillante glande se asoma una y otra vez congestionándose
por instantes bajo la presión de los dedos, en la semi-oscuridad brillan
las pequeñas gotas de líquido prostático que entre gemidos
deja escapar el excitado chofer. La masturbadora mano relentiza el movimiento
a la par que lo alarga en su recorrido, no se conforma ya con la mitad del pene
y el glande, su recorrido se alarga ya hasta golpear las ingles y elevarse hasta
tapar el brillante capullo que está apunto de florecer, con la otra mano
Mercedes toca el escroto replegado hacia el culo por la excitación, los
testículos son bolas juguetonas entre los dedos de la hábil mano,
la presión hora fuerte hora débil, produce tal excitación
en el chofer que hace otro intento por poner sus manos sobre el atrayente cuerpo
de Mercedes, esta de nuevo con un apretón sobre los testículos
frena en seco al conductor.
El fino olfato de hembra en celo, indica a Mercedes que el momento de la eyaculación
esta cerca, el penetrante olor a lejía le marca el momento de la parada.
Un intento de protesta es sofocado por los labios de la manipuladora, con la
habilidad propia de una profesional, coloca el preservativo sobre el miembro
haciendo que quede enfundado a la vez que inicia la felación. Un movimiento
rítmico de bombeo saca los gemidos más profundos del conductor
y encamina a Mercedes al orgasmo, en silencio pero con la respiración
entrecortada siente como el fuego asciende de su vulva y se eleva por las paredes
de la vagina camino el útero. Su boca aprieta el duro miembro mientras
su lengua lubrica al rodear alternativamente todo su perímetro, la saliva
cae por las comisuras de sus labios quedando recogida por la arrugada prenda
y el ensortijado vello del taxista, este comienza a eyacular cuando la presión
de los dientes hace presa en el glande y el movimiento de la mano se acelera
para ordeñar hasta la última gota de semen, mientras con la otra
aprieta los testículos para exprimir hasta el ultimo espermatozoide que
entre estertores de placer y con fuertes bombeos son expulsados hacia el depósito
del condón.
Con toda tranquilidad y sonriendo, separa la cabeza de las ingles del exhausto
conductor, mientras se ve al trasluz un fino hilo de saliva que se niega a ser
separado del miembro, con el revés de la mano se limpia la boca Mercedes
mientras indica al taxista que acaba de saldar la deuda de la carrera, con parsimonia
cierra la falda y su gabardina para salir del vehículo sin oposición
de su feliz propietario. Bajo la luz de la farola retoca sus labios con presteza
y la ayuda de un espejo de bolsillo, tras lo cual y sin mirar a tras inicia
la marcha.
Después de un corto paseo, comienza a vislumbrar su destino, junto a
ella pasean parejas de jóvenes que gozan de la noche, pandillas van y
vienen canturreando y jugueteando. Gentes que salen de las discotecas se mezclan
con otras que van al burguer todavía abierto, a pesar de la baja temperatura
la calle esta animada como cualquier fin de semana. Los letreros luminosos indican
la situación exacta del local, con paso firme y sin hacer caso a los
comentarios que a sus oídos llegan entra en el soportal, que la conducirá
hasta la entrada real del local.
Con un pequeño empujón desplaza la hoja de la puerta y penetra
en una estancia luminosa llena de escaparates que exhiben la mercancía
a los posibles compradores, estantes con revistas variadas y mostradores atendidos
por sugerentes señoritas que se afanan en lograr vender algo a los curiosos.
Mercedes es presa de las miradas de aquellos que deambulan por el interior y
que se les antoja una profesional o una dependienta, desciende con lentitud
haciendo caso omiso y curioseando los primeros escaparates. Llama poderosamente
su atención una serie de artilugios destinados a los amantes del sadomasoquismo,
caretas de cuero se mezclan con bragueros de abertura central, cinturones dotados
de descomunales penes de goma compiten con cadenas y grilletes, oferta en pinzas
para el clítoris reza un cartel, Mercedes se estremece de dolor con solo
pensarlo, aretes para pezones indica otro, definitivamente pasa de la sección
y se dirige a los estantes de revistas.
Con aire desenfadado hojea unas cuantas revistas, pechos exagerados hinchados
de silicona hasta hacerlos monstruosos, penes de tamaño increíble
taladrados por decorativos pircins penetrando culos y coños con una potencia
descomunal, botellas que abren la vulva que las aloja hasta casi rasgarla, puños
encaprichados de regresar al seno materno; caras, senos, manos, vientres y pubis
llenos de semen, mujeres que muestran plácidamente como orinan en la
ducha. Todas estas visiones alimentan el ardor de la caldera de Mercedes, siente
como la blanca braga esta húmeda, se adhiere a los labios de su vulva,
los pezones pugnan por romper las copas del sujetador las imágenes dan
vueltas en su mente.
Su mirada se fija ahora en la ropa, sexy por encima de todo, diseñada
con un fin, deleitar la vista y el tacto, bonita y suave, que bodys transparentes
de fina blonda, con abertura central en la entre pierna para facilitar la penetración
en cualquier postura, uno de esos me vendría bien a mí ahora,
pensó Mercedes, unas bragas de color violeta ribeteadas de rojo encaje
tanto en los camales como en la ostentosa abertura central llamaron su atención.
Tenían que ser suyas, como un autómata se acercó a la dependienta
y sin apenas charla se hallo camino del servicio para probárselas.
El duro picaporte le indico la imposibilidad de entrar, estaba ocupado, espero
unos interminables minutos, la impaciencia de verse con su nueva adquisición
puesta la llevo hasta la desesperación. Su mente se puso a trabajar para
solucionar cuanto antes la desesperada situación, al fondo vio unas cabinas
se acercó con rápidos pasos y vio que se trataban de cabinas de
vídeo individuales, busco la más retirada y se dirigió
a ella, empujó la puerta y penetro en su interior, como una posesa rebusco
en el monedero para hallar una moneda y así poner en funcionamiento la
máquina, al introducir por la ranura una moneda de quinientas pesetas
se comenzó a oír los gemidos de una pareja que hacia el amor a
toda pastilla, ella a horcajadas sobre él, recibía una enorme
polla que penetraba de forma ostentosa la vagina de la mujer. Mercedes no ponía
atención a la película, solo le importaba sacar de su cuerpo las
blancas y húmedas bragas que en ese momento llevaba puestas.
Con la ligereza que da la ansiedad, Mercedes extrae casi rompiendo la blanca
prenda, ante sus ojos y en la entrepernera ribeteada por el perfilador aplicado
y con un enorme y rojo beso marcado sobre la mancha de humedad casi seca por
el tiempo y algo amarillenta de sus flujos más íntimos queda sobre
el sucio suelo, sujeta la falda con trabajo mientras se enfunda la recién
adquirida pieza, la coloca con satisfacción mientras ve con dificultad
como queda al aire su abertura íntima, los vellos del pubis se asoman
a la raja central que libera esos rojos labios bien ribeteados de carmín;
que frescor sintió ahora al dejar respirar su excitada vulva.
Se inclino para recoger sus blancas y desechadas bragas y fue cuando sintió
curiosidad por ver la película que proyectaba la máquina ahora.
Esa imagen que fugaz cruzo delante de sus ojos al agacharse. Llamo poderosamente
su atención, dos mujeres se daban placer oralmente, sus bocas se precipitaban
sobre las vulvas, con sus manos las abrían y cerraban manipulando al
unísono el clítoris con los dedos, fuertes latigazos indicaban
las descargas de placer que se propinaban ambas.
La nerviosa mano de Mercedes se situó sobre los botones mientras tomaba
asiento frente al espejo que reflejaba la imagen de la televisión situada
a la espalda del espectador, con avidez hace avanzar los canales de vídeo,
para en seco ante una escena que le llena de inquietud y de dolor su sexo. Sumamente
abierta, rozando casi el descoyuntar sus piernas, una mujer introduce un instrumento
metálico en su vulva, de regulares dimensiones y sutilmente elaborado,
un espectacular dildo de brillante acero Como un resorte y horrorizada Mercedes
cambia de canal quedando su cuerpo desazonado y muy turbado por la horripilante
visión.
Las nuevas imágenes le hacen recuperar el ánimo y con el su fuerte
calentura, una muchachita de hermosos y redondos senos se afana en una masturbación
fantástica, sentada sobre una silla de terraza y con las piernas abiertas
y flexionadas, apoyada una sobre la pata de la mesa y la otra sobre una jardinera,
introduce de forma sensual un pene de transparente silicona, abre sus labios
los cuales rodean con amabilidad al instrumento. Mercedes hurga en el monedero
de su bolso, e introduce otra moneda, ahora quiere ver lo que continua; ala
vez que la cinta discurre, discurre su mano camino de la excitada vulva, con
sumo cuidado presiona su clítoris, no quiere borrar su maquillado aspecto...
Cierra los ojos e intenta imaginar el roce de un glande sobre él, la
felación realizada antes dejo su imaginación preparada, las dimensiones
y el volumen calibrado a la perfección.
Sus abiertas piernas sobre el asiento, con su falda caída sobre los muslos
y su mano trabajando clítoris y labios con sutileza son admiradas por
la presencia de una figura extraña, Mercedes permanece aún gozando
con los ojos cerrados sin percatarse de que por la no asegurada puerta a entrado
en silencio una persona que sin hacer ruido ha observado todo su particular
espectáculo. Esta se sitúa con cuidado entre las abiertas y replegadas
piernas y observa el fantástico espectáculo que ofrece la maquillada
vulva, como si de un reflector se tratara la pantalla proyecta su luz sobre
el reclinado cuerpo de Mercedes.
Como si de orar se tratara, la cabeza del intruso se sitúa frente a su
diosa, alarga la mano con cuidado y cierra el olvidado pestillo, el imperceptible
ruido hace abrir los ojos a Mercedes que alterada por la presencia de la figura
se queda rígida en la posición en que se halla. Tras esos breves
pero intensos momentos de miedo mezclado con incredulidad, Mercedes, reacciono
obsequiando con una maliciosa sonrisa al recién descubierto intruso.
Sin mover un solo músculo, ni tan si quiera estirar una arruga de su
falda se dejo hacer, sintió como hábiles dedos se situaban alrededor
de sus tobillos, el tacto especial de la presión amortiguada por efecto
de las medias, relentizaba la percepción de la sensación, llegando
ésta, casi muda en su caminar hacia su mente.
Poco a poco, recreándose en cada milímetro de su pantorrilla las
manos avanzaban hacia sus rodillas, separándose una de otra a medida
que avanzaban. Las rótulas ocuparon un poco más el movimiento
ascendente que se tornó circular al situarse sobre ellas, Mercedes comenzó
un ronco suspirar casi imperceptible, los gemidos altisonantes de la pantalla
enmascaraban los suyos.
Juraría que el extraño había invertido una eternidad en
situar sus manos en sus muslos, estos ante la caricia reaccionaron instantáneamente,
él cúmulo de cosquilleos y escalofríos que se generaban
subían por dos canales separados que confluían en su periné,
de ahí hasta su nuca, en un tropel de latigazos que la obligaban a arquearse
en su asiento.
Como si de un resorte se tratara, Mercedes movió la cabeza del intruso
hasta obligarle a oler su vulva, esta desprendía el aroma de la excitación,
el perfume de mujer embriagaba la pequeña estancia; sentía tal
calentura, que podría decir que goteaban sus flujos como si de un manantial
se tratara. La cabeza se detuvo cerca de la caliente abertura, sintió
como el aire procedente de la respiración del ser que delante de ella
se situaba, resbalaba entre sus entreabiertos labios refrescando y excitándola
más y más. Su violador consentido estaba oliendo su sexo como
si de un perro en celo se tratara, Mercedes grito jaleándole. "Huele
a esta hembra en celo", quedo tan sorprendida que sintió sonrojarse
sus mejillas.
Las manos, la respiración y los labios que ahora se situaban tan delicadamente
sobre los suyos le hicieron continuar con su ronco gemir, solo interrumpido
por su voz entrecortada que ahora susurraba al extraño: "Bésalo,
bésalo con ternura que promete ser tu fiel amante". Sintió
Mercedes como se fundían en un íntimo beso su sexo y la boca que
la abordaba, su vulva al contacto de aquellos habidos labios, descargo todo
su acumulado torrente de flujo, hoyo el inconfundible sonido que se produce
al tragar gran cantidad de saliva, sus fluidos habían llenado la boca
del atacante.
Dio gracias por haber comprado su braga abierta, esta cómplice, le otorgaba
una libertad infinita. Facilitó la operación dejándose
caer hacia delante ofreciendo su pubis, regalando su vulva, ofreciendo su vagina
a una lengua que con tímidos avances se abría paso entre sus labios
buscando el oculto y bien lubricado canal vaginal. Mercedes floreció
aún más si cabe, abrió sus piernas todo lo que el estrecho
habitáculo le permitió, ante el calor que producía el cunilinguos
que le estaban regalando. Agradecido su clítoris, se afanó en
transmitir las más dulces sensaciones de placer jamás sentidas
por ella, la ocasión y la situación hacían tal mezcolanza
que los sentidos se embriagaban de lujuria y placer.
Sintió una honda necesidad de liberar sus pechos, éstos cautivos
del sujetador, se congestionaban por salir de sus receptáculos. Los botones
de la blanca blusa saltaron uno a uno por el tirón que recibieron del
extraño atacante. Brotaron como melones maduros al aire exterior con
unos pezones dolientes de la erección que soportaban. Sus manos se abalanzaron
sobre ellos con un hambre sobre humana, cada pecho se arrugo bajo la presión
agudizando el placer infinito que albergaba en su interior fruto del roce del
labios y dientes en su abertura inguinal.
Su concupiscente extraño paro en seco su lamer, se irguió con
lentitud, Mercedes al contra luz vio como este bajaba sus pantalones y tras
ellos sus calzoncillos, con una mano sujetaba un erecto miembro, brillante y
curvado hacia arriba, completamente descapullado el glande, con arrogancia cerro
sus dedos alrededor del pene y con una mueca de placer comenzó a masturbarlo,
el recorrido a ojos de Mercedes era grandioso, la mano recorría los casi
veinte centímetros con una parsimonia que puso al borde del ataque a
Mercedes, sin vergüenza tal y como estaba, se alzo de piernas y dijo "
Tu deja ya de meneártela como un mono y entra ya en este abierto coño
que rezuma por tu culpa"
Como si de un estoque se tratará el final de la pelea se acercaba, el
extraño y de un solo golpe de riñones, clavo su verga en la abierta
vulva, al instante se cerraron sobre su espalda las piernas de Mercedes y el
golpeteo de los testículos en el periné de esta la hicieron correrse
en el mismo instante que le recibía. Entre gemidos y suspiros ambos se
dejaron ir, el extraño dejo su simiente en ella, su vagina recibió
con agrado los tórridos chorros de esperma, Mercedes sintió como
con cada embestida que recibía, se proyectaba desde el interior de ella,
un chorro de la ardiente mezcla empapando sus ingles y las del extraño.
Este saciada su hambre coloco un beso sobre los labios de su víctima,
con rapidez se vistió y sin apenas darse cuenta Mercedes se halló
sola en la penumbra de la cabina, la puerta entre abierta, no como ella, sentada
y con sus piernas abiertas de par en par, su vulva y pubis empapados de flujo,
semen y saliva. Los labios ardiendo y algo escocidos, sus pechos estrujados
y doloridos por fuera de las copas del sujetador, su falda revuelta y sobre
todo muy satisfecha y saciada su hambre.
Como pudo secó con unos clinex sus empapados genitales, se levanto y
no sin trabajo metió una a una sus tetas dentro de cada copa, retorció
su falda, medio cerro su blusa y recordado su perdido maquillaje, se envolvió
en su gabardina para salir de la reducida estancia cuando se le helo la sangre...
Una voz le decía; "Precioso espectáculo, ven querida"
y una mano se alargaba hacia ella... En su trance se dejo llevar, cogió
la mano que se le ofrecía y al salir a la luz de nuevo pudo ver una preciosa
hembra de bello rostro con abultados pechos y bien torneadas caderas, que tiraba
de ella hacia sí, llevándola por entre deambulantes clientes camino
de una mágica puerta marcada como privado, en su embriaguez oyó
decir a su secuestradora... "Aquí podrás retocar ese bonito
maquillaje de tu coñito"... Ambas mujeres penetraron en la estancia...
Imaginativo.
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