(Una experiencia real)
No sé cómo llego a
suceder. Tal vez, cuando una idea obsesiva queda impresa en nuestra mente,
no queda más que la inminente ocurrencia, por más disparatada
que fuera la idea.
Siempre me consideré un
hombre con un gran apetito sexual. No me refiero a la mera y fácil
satisfacción que se consigue a través del orgasmo masculino,
sino a todo ese delicioso, preámbulo, con intencional retraso y
delicioso epílogo que se da en un encuentro sexual. Al fin y al
cabo el órgano sexual más importante y sorprendente no se
encuentra entre las piernas de un varón sino entre sus oídos...
el cerebro.
Cuando la conocí, ella recién
acababa de cumplir los 18 años y yo tenia 20. A pesar de yo estar
acostumbrado al flirteo sin compromiso y bajo completo control de mis facultades
con el sexo opuesto, no pude evitar que mi mirada se desviara a su exuberante
silueta aproximándose. Mientras conversaba con mis nuevos compañeros
de clase, note el suave cimbrear de sus caderas. Sin exageración,
sin intención alguna ella iba derramando sensualidad con cada paso.
Lo que la hacia aún más atractiva no era la inocencia de
su hermoso rostro, o los cautivantes ojazos color miel, ni esos labios
carnosos; sino que se podía ver por la espontaneidad de su mirada,
su bella sonrisa y amigable conversación que no sabía remotamente
lo atractiva que era.
Tenía aproximadamente 1.65
mt de estatura, esbelta pero con una curvas hipnotizantes, que hacían
tragar saliva a cualquier hombre que la observara. Cintura estrecha, breve,
abrazable. una espalda y hombros estrechos, delicados, tremendamente femeninos.
Un rostro angelical, cautivante, largo cabello castaño, lacio, sedoso.
Sus caderas amplias en la justa medida daban nacimiento a unas piernas
impresionantes, muslos torneados, pero firmes, una pantorrillas atléticas,
sin perder un ápice de formas femeninas. Era evidente que cuidaba
su apariencia sin caer en vanidad. Es más, creo que hasta ahora
no conoce el significado de esa palabra.
Hola!- le dije sonriendo.
Hola!- contestó sonriendo
a su vez
Desde el primer momento que cruzamos
miradas una honesta y fácil comunicación surgió entre
nosotros. Que voz, como una melodía, más aún cuando
reía. Empezamos a estudiar juntos, aunque desde casi un principio
yo establecí mi falta de interés en tener una relación
a pesar de que ella me gustaba. Ella estuvo de acuerdo conmigo, inclusive
le gustó lo directo de mi comentario.
Los dos acabamos de salir de relaciones
sin éxito y estábamos decididos a concentrar nuestros esfuerzos
en nuestros estudios. Después de todo, la carrera de Medicina no
era ninguna broma.
Estudiamos juntos muchísimas
veces, casi en forma exclusiva, y otras veces, con la mayor espontaneidad
salimos juntos a ver una película o a comer algo ligero. Recuerdo
mucho que recorríamos grandes distancias a pié, probablemente
para poder charlar más, cómo dos buenos amigos.
A pesar de mis esfuerzos por no
permitir interesarme en ella, poco a poco me fui enamorando. Nuestras salidas
continuaron, y al cabo de unos pocos meses, me encontré en la situación
en la que tenía que sacar de mi pecho lo que sentía por ella.
Recuerdo que esa vez acabábamos
de salir del cine y nos sentamos en una banca cercana. Como siempre, sus
ojazos fijos en mi rostro, atenta a lo que pudiera decir. No sabía
como comenzar a decir lo que sentía.
- Jenny- empecé a decir
- Hemos venido pasando bastante tiempo juntos desde que comenzamos a estudiar,
no es así? - me miraba con ojos interrogantes.
- Si, creo que bastante..- con
una pequeña risa.
- Bueno, hace tiempo te dije que
a pesar de que me gustabas, no significaba que yo estuviera interesado
en buscar una relación contigo, recuerdas?
- Si lo recuerdo- contestó
intrigada.
- Desde entonces me ha estado sucediendo
algo que no he podido evitar- mientras me miraba preocupada- con el paso
de los días mi atracción hacia ti ha ido creciendo, sin buscarlo,
sin esperarlo.
- Oh, no - adivinando lo que sucedía.
- Así es - mirándola
a los ojos- hasta el punto en que me he dado cuenta que mi relación
contigo no puede seguir así, a este nivel, meramente como amigos.
Sus ojos seguían mi rostro,
con cierta expresión de pena.
- Mi interés por ti va mas
allá de la simple amistad - decía mientras me sentaba a su
lado- Necesito que estés conmigo, que seas mi enamorada. No puedo
continuar contigo de otra manera...
- Es que....no ..puedo - dijo apesadumbrada,
visiblemente confundida.
- Es por tu reciente rompimiento
con Danny? - le pregunté.
- Si, no quisiera tener una relación
tan pronto.
- Te entiendo, pero necesito ser
honesto contigo. No creo en ocultarte mis sentimientos y creo adivinar
que tu disfrutas de mi cercanía. Tu también te sientes atraída
a mí, no es así?
- Mmmm, no sé, no sé
- confundida visiblemente
- Lo cierto es que si no deseas
ser mi enamorada - con firmeza - no creo que podamos seguir frecuentándonos
como hasta ahora.
- Por qué no? - pregunta
con cierto desconsuelo.
- Por que de ahora en adelante
no te podré ver simplemente con ojos de amigo, ni creo que tu a
mí tampoco.
- Es que.... - dudando
- Es ahora o nunca Jenny - dije
suavemente pero con firmeza - si no me deseas como enamorado, me apartaré
de ti de ahora en adelante.
Se hizo un largo silencio entre
ambos. Mirándonos largamente, ella reflexionando, sopesando la situación.
- Está bien...- casi en
un susurro.
Le sonreí levemente y ella
me respondió con una hermosa sonrisa. Durante todo el tiempo que
llevábamos saliendo, nunca busqué tocarla, más que
en forma casual o en juego, talvez algún gesto de caballerosidad,
pero nada más. Pero en ese momento sentí que mi pulso golpeaban
fuertemente mis sienes mientras veía mi mano lentamente aproximar
la suya. Ella también seguía con la mirada mi mano hacia
su mano inmóvil con la palma hacia abajo, pero no la movió
hasta después que sintió mi piel posarse sobre la suya. Entonces
suavemente, volteó la mano suavemente había arriba acogiéndome
y apretándome suavemente con sus delicados dedos. Levantó
suavemente la mirada hacia mis ojos y me sonrió.
Podía notar en ella una
gran tranquilidad por que se dijo lo que tenía que decir, sin dudas,
sin malentendidos. Tan solo me pidió que no mencionara nada a nadie
debido a su reciente rompimiento con su ex. No deseaba que pensaran que
lo había hecho por mi o que simplemente era un coqueta que iba de
uno a otro. Yo accedí y respeté su decisión.
Salimos del mall caminando lentamente
hacia la estación del bus. La abracé por los hombros, atrayéndola
suavemente a mí. Su cuerpo tibio se aunó a mis pasos. Sin
decir palabra tomamos el bus y a pesar de que le ofrecí un asiento
para que viajara, prefirió quedarse de pié a mi lado tomándome
de la mano.
Luego de bajar cerca de su casa,
caminamos lentamente hasta el umbral de su puerta y nos detuvimos, mirándonos
profundamente, como buscando leer algo en nuestros ojos. Entonces sonriendo...tomé
su barbilla suavemente y aproximando mis labios a los suyos, tan deseables,
vi sus ojos inocentes mirando nerviosa mi acercamiento. Cuando mis labios
tocaron suavemente los suyos, ella cerró los ojos y yo hice lo mismo.
Solo sentía la tibieza y suavidad de esos dulces labios. No hurgué
con mi lengua, no presioné con ansias. Tan solo besé su boca
con gran ternura. Al apartarme la vi mirándome y una sonrisa se
dibujo en su rostro. Ese beso le gustó realmente...
La hice entrar a su casa y me encaminé
hacia la mía.
Con el paso de los días,
nuestras expresiones de afecto iban aumentando en intensidad y duración.
Nunca antes había gozado tanto de tan solo besar a una mujer. Era
como si el 100% de mi percepción se centrara en los labios o cualquier
leve porción de piel que rozábamos. Su boca húmeda,
tierna, tibia me invitaba a explorar y juguetear en su interior, haciendo
que nuestras lenguas se enlazaran, se acariciaran, luchando por instantes.
Su saliva, era dulce, tibia. Yo no perdía un solo detalle de esos
besos, mientras que nuestras manos acariciaban el rostro, el cabello, la
nuca, los hombros.
Poco a como esas caricias iban
logrando mayor estímulo en ambos, aunque en ella podía notar
un evidente cambio.
Sabiendo lo conservadora que ella
era. No podía evitar sorprenderme cuando la veía reaccionar
cuando mi brazo "casualmente rozaba" sus senos. El cambio de ritmo de su
respiración me decía que su cuerpo empezaba a responder de
una forma totalmente nueva para ella. Trataba de contener los sutiles avances
de mis manos sobre su piel, el vientre, la parte baja de su espalda. Pero
sin embargo, permitía e incluso participaba en el rítmico
roce de mi muslo entre sus piernas. Al fin y al cabo mis manos no eran
las que la estaban "tocando". Yo simplemente deje que el resto de nuestros
cuerpos marcaran el ritmo y la dirección de esa mutua exploración.
Durante esos intensos besos, nuestros cuerpos empezaron a entrelazarse
más y más, al punto que ella terminaba montada en mi muslo,
frente a mi moviéndose en un vaivén, rítmico y excitante.
Nuestras caderas se buscaban por encima de la ropa en un frenético
roce que nos dejaba con la respiración agitada.
Uno de esos días ella notó
una evidente mancha de humedad que atravesó la tela de su pantalón,
la cual la sobresaltó y puso nerviosa, al punto de empezar a sollozar,
sin saber que pasaba, si era correcto o no.
Abrazándola la senté
a mi lado y empecé a secar sus lágrimas, cautivado por la
tierna visión de esta niña descubriendo por primera vez lo
que era reaccionar como mujer.
-Es normal, pollita, no te preocupes-
consolándola - simplemente reaccionas a la forma en que nos gustamos
mutuamente. A mi me sucede los mismo a veces.
- De verdad? - mirándome
con sus ojos húmedos
- Si mira - mostrándole
mi entrepierna, humedecida con un poco de flujo seminal.
- Pero...yo...nunca,-denotando
sentimiento de culpa.
- Mi amor, te desagrada lo que
sientes cuando nos besamos y rozamos?
- No,...-casi inaudible
- Te gusta?
- Si... - con un hilo de voz
- Estas sensaciones son normales
entre una pareja.-aclaré calmadamente- Es una muestra que se atraen
mutuamente.
- Que vergüenza.-visiblemente
sonrojada
- No te sientas así - tranquilizándola
- Es perfectamente sano y normal sentirse así. El cuerpo simplemente
reacciona como debe.
- mmm - reflexionando - a veces
siento una sensación rara abajo cuando estoy.....- con notoria vergüenza
-
- Montada en mi pierna? - facilitando
su conversación
- Si -
- Tu zonas erógenas son
estimuladas con el roce de esa parte, a mi me pasa lo mismo
- ????- mirándome con desconcierto
- De verdad, no lo notas?
- Bueno, a veces noto algo duro
en ti, contra mi pierna
- Eso es una erección.
- Tu... cosa.., se pone así
siempre?
- Por las mañanas y cuando
hacemos esto.
- Siempre?-pregunta sorprendida
- Si - mientras masajeo su hombro-
quieres sentirlo?
- No...no -visiblemente turbada
- No tienes que usar tus manos,
al fin y al cabo ya lo has sentido con otras partes de tu cuerpo, no es
así?
- Bueno...sí -mientras su
mirada cándida desciende hacia mi palpitante bulto en el pantalón
- No tengas miedo- le aseguro
- No sé- con la mirada clavada
entre mis piernas
Ante su duda tomo su brazo suavemente
por la muñeca. Ella me ofrece resistencia. Busco sus ojos y la miro
con calma, y su brazo se empieza a relajar un poco, lo suficiente como
para permitirme acercar su antebrazo a mi verga que se a posicionado hacia
arriba bajo el pantalón.
- OH, esper...- leve musitar de
sus labios
Ahora su antebrazo esta al lado
de mi pene, hacia el cual la presione con leve firmeza
-Sientes lo duro que está?-tratando
de relajarla
-Si -contesta levemente
-Mueve tu antebrazo levemente hacia
arriba y abajo- le indico
-así?- temiendo hacerlo
mal, mientras que su antebrazo recorre mi mástil desde la muñeca
hasta el codo, suave y repetidamente.
- Vez que no muerde? - le bromeo
- Si - haciéndola sonreír
- Te sigue dando miedo?
- No
- Rózalo ahora con la palma
de tu mano- digo mientras que suavemente le acaricio la nuca
Lentamente su mano empieza a acariciar
mi cilindro con menos timidez
- Ahora usa tus dedos - le susurro
al oído
Su mano baja el ritmo del roce,
como dudando
- Lo estas haciendo muy bien, amor.
Ella, tímidamente, deja
que su movimiento se extienda lentamente mas allá de su muñeca,
hasta alcanzar sus dedos extendidos, apretados, como negando que exploren
debidamente las partes prohibidas.
- Relaja tus dedos preciosa, lo
que estas tocando te pertenece, es tuyo, por derecho. Nunca sientas vergüenza
de tocarme.-
Me mira a los ojos, con una expresión
tímida pero de confianza y sus dedos tocan mas, recorriendo
el tronco, sintiendo el calibre de mi cilindro turgente. Su mirada se pasea
constantemente entre mi entrepierna y mis ojos, dándose cuenta del
placer que me estaba procurando.
Mientras tanto yo acaricio suavemente
sus mejillas, sus labios, su pelo, sus delicadas orejas y me atrevo a mordisquearlas
levemente.
- Que haces? - pregunta, sin alejarse
o detenerme
- Te acaricio,... no te gusta?
-...si
Centramos la atención en
nuestras bocas, iniciando una nueva danza de labios y muslos entrelazados,
respiraciones agitadas, atreviéndome a acariciar su oreja con mi
lengua, lo que la sobresalta visiblemente pero rápidamente responde
descendiendo su mano hasta donde nuestros muslos se encuentran. Acariciando
mi verga sobre el pantalón con mas confianza. Una caricia plena,
estrujando, tratando de tomarlo como un manubrio. Mientras tanto mis manos
recorren su espalda sobre su ropa, trazando la línea de su brassiere,
descendiendo hasta su cintura que era la única parte no cubierta
por la prenda. Notando un sobresalto cuando toque esa área, tan
solo posé suavemente mi mano sobre su piel, sin moverla. Nuestros
besos prosiguieron, así como el incitante movimiento rítmico
de nuestros cuerpo. Sus fuertes suspiros y jadeos me animaron a continuar
el movimiento de la mano que mantuve en su cintura. Primero dibujando alrededor,
con la punta de mis dedos, trazando palabras inteligibles en su piel, pero
que ella parecía entender por su súbito estremecimiento.
No trató de detener mis manos cuando se posaron a los lados de su
cintura. Evidentemente esta recibiendo mis caricias con agrado. Su piel
se estaba acostumbrando a mi tacto. Con el evidente aumento de su excitación
me atreví poco a poco a descender con una mano por encima del pantalón
al nacimiento de sus hermosas nalgas, mientras que mi otra mano acariciaba
su muslo, acercándose hacia la cadera.
- Soy tuyo, recuérdalo-
- Mmm, ... si - suspirando
- Te gusta esto?
- Si, me gusta - en un casi inaudible
susurro.
Mis manos estaban ahora acariciando
por encima de la ropa en forma circular sus deliciosas nalgas, casi rozándolas
solamente. Dándole un beso profundo y jugoso, pose ambas manos en
esos formidables cachetes y la presione hacia mi para que sintiera
claramente la dureza de mi verga contra su pubis.
- Ohhhh -temblando
- Apuesto a que debes estar mojadísima
en este momento
- Sssiii...- gimiendo en mi oído
Ahora nuestro roce no era furtivo
o casual. Su pubis estaba frotándose francamente contra mi endurecida
verga.
- Espera...-le dije suavemente
- tengo la pierna cansada. Pongámonos mas cómodos, quieres?
- OK,
Pasé entonces mi pierna
libre por debajo de la suya, de manera que quedo a horcajadas sobre mi,
literalmente montándome, frente a frente.
Me miro sorprendida, y antes que
dudara, la abracé por la cintura y los hombros y la atraje hacia
mi, besándola nuevamente. Esto la relajó y me respondió
el beso, sin evidenciar molestia por estar montada, rozando su sexo con
el mío.
Nuestra piel quemaba, los rostros
y las miradas encendidas. Ella tímidamente fascinada por este nuevo
mundo que le estaba mostrando, enseñándole a ser mujer.
Ella disfrutaba del frenético
roce, moviendo sus caderas adelante y atrás con energía.
Su respiración se había convertido en un franco jadeo, lleno
de deseo, pero ella aún no lo sabía.
Mis manos apretando sus riquísimas
nalgas la movían a lo largo de mi endurecida verga, de donde de
empezaban a dispararse oleadas de sensaciones hacia todo mi cuerpo. Tenia
yo el rostro enterrado en su cuello, al cual besaba, chupaba, mordía
suavemente. Y su jadeo endulzando mi oído, que ella también
había aprendido a acariciar con la lengua. Maravillosa aprendiz.
De pronto sucedió lo que no creí que pasaría.
A decir verdad nunca antes me había sucedido con el simple roce.
Había sido un proceso prolongado
de caricias, de juegos, de excitación. El incitante roce de su sexo
y sus nalgas a través de la ropa, me llevaron a un punto sin retorno.
Sentía ya la inminente erupción acumulándose en la
parte baja de mi cuerpo.
- Oh Dios! No te detengas - rugí
- Que pasa, amor? - sorprendida,
casi deteniendo su danza
- Me estas dando un placer increíble.-
dije con voz jadeante
- Oh, amor, te amo, te amo - reanudando
un enérgico roce pélvico contra mi sexo
- Oh, mi vida, ya estoy a punto,
casi, casi- mientras casi inadvertidamente hundí mi rostro en su
escote, sintiendo el enloquecedor calor de sus senos moviéndose
al ritmo de su respiración agitada.
- Así? Sigo así?
- Si mi cielo, sigue...sigue, ....en
círculos, muévete ....en... círculos ...también-
dije entrecortadamente
Y en cuanto empezó a cimbrear
sus provocativas caderas en círculos sobre mi sexo, sucedió.
Sentí que toda mi energía vital salía a borbotones
en una interminable eyaculación, causando un diluvio de semen bajo
mi ropa. Y durante toda la duración de mi orgasmo, mientras la tenía
atrapada fuertemente por la cintura, sus caderas llevaron a cabo una danza
deliciosa, en círculos, haciendo ochos, adelante y atrás
finalizando con el apretar de sus nalgas en los últimos espasmos
de mi eyaculación, como queriendo, atrapar, exprimir mi verga exhausta.
- OH, wow!- respirando agitadamente-
fuiste increíble, preciosa
- Que paso, amor? - cándidamente.
Dios, era increíble lo excitante que era su inocencia.
- Me diste un orgasmo tremendo.
- Orgasmo? - incrédula -
que es eso?
- Recuerdas la sensación
que tuviste abajo cuando te frotaste contra mi?
- Si
- Pues el placer crece y crece
hasta que llegas al máximo nivel, entonces se produce algo parecido
a una explosión de placer. Eso es un orgasmo.
- Así? - sorprendida - no
sabía
- Nunca has sentido algo parecido?
- No, nunca, estas sensaciones
son nuevas para mi - sonriendo picaramente - tu eres el que me estás
"malogrando".
- Jajaja, malográndote yo?
- mirándola inquisidoramente - Entonces por que te moviste de esa
manera tan especial cuando estaba alcanzando el orgasmo?
- No se...- tímidamente
- me provocó hacerlo así, se sentía mas rico, mas
intenso.
- Y esa exprimidita que me diste
el final?
- No se, fue algo instintivo, yo
también estaba sintiendo algo muy intenso. Me provocó frotar
tu "cosa" así, como atrapándola, y pude sentir como espasmos
en ella- avergonzada - Lo siento..
- No lo sientas, mi vida - animándola
- simplemente estas aprendiendo a ser mujer.
Vi entonces su rostro iluminándose
con una amplia, traviesa sonrisa.
- Que piensas? dímelo -
le pregunto
- Mmm - con juguetona expresión
de orgullo - Fui capaz de darte un orgasmo, yo solita. Nunca imagine que
pasaría
- Fuiste grandiosa- respirando
ahora mas pausadamente
- De verdad lo hice bien? - Con
rostro curioso
- Por supuesto, de primera
Sonrió ampliamente otra
vez. Volvió otra vez a esa expresión de niña. Orgullosa
de lo que había logrado pero con cierto sentimiento de culpa por
aventurarse en un campo "prohibido".
- No has hecho nada malo, mi vida
- tranquilizándola - es normal entre una pareja que se ama.
- Estas seguro?
- Si...de hecho pronto tu deberías
experimentar un orgasmo
- Yo? - dudando
- Por supuesto, con todo derecho
continuará>>>
-
Shogun
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