EL POZO

Lésbico. Una joven se deja hacer lo que el señor de la casa quería, pero a la señora la satisfacía gozando juntas del placer del sexo.


La tarde pintaba el cielo con una variedad de colores surtidos que hacían que la vista de las montañas lejanas, parecieran pintadas sobre el horizonte. Doña Adelina, mujer de 31 años, casada en segundas nupcias con D. José, conde de Pelote, era una mujer hermosa, pelirroja de piel blanca con unos buenos pechos, buenas piernas y una cara pecosa con una belleza sin par. Sentada en un banco del jardín de su finca "El Pozo", disfrutaba de la vista junto a Carmen, joven de 18 años, hija de la cocinera y del chofer, que prácticamente estaba solo a su servicio por orden de su marido. Carmen, era morena con un cuerpo escultural, alta (1.79) piernas fuertes y hermosas, buen culo y unos pechos grandes, sin ser una belleza, destacaba mas por su gracia y simpatía, adoraba a su Sra. y siempre estaba con ella, hablaba hasta por los codos y tenia una inteligencia fuera de lo común. La finca estaba situada cerca de Toledo, dedicada a la ganadería, muy extensa y con un gran pozo del cual había cogido el nombre, en tiempos de la primera esposa del conde, se daban grandes fiestas con muchos invitados. D. José, tenia 65 años, fuerte como un toro, con un carácter agrio, todo el mundo temblaba cuando llegaba algo alegre de las continuas visitas que efectuaba a los club de alterne de Madrid. Se contaba que una noche estuvo con 8 mujeres y a todas las dejo fuera de juego, era un buen semental con una enorme polla llena de vitalidad, las criadas se escondían a su paso temiendo ser folladas sobre la marcha. Doña Adelina, soportaba el mal carácter de su marido, llevando una vida recogida y piadosa, recibía solamente la visita del padre Ponciano, cura de la orden de los desamparados. Carmen, subía con una bandeja repleta de viandas el desayuno de D. José, este se hallaba en la cama, tenia un pie escayolado a causa de una caída y el medico le tenia prohibido levantarse. Parecía un oso, se tapaba con una sabana de cintura para abajo, el pecho y los brazos no se veían de la cantidad de bello que tenia, al inclinarse Carmen para dejar la bandeja, la apertura de su blusa, deja ver sus pechos totalmente, destacando la aureola oscura de sus pezones. D. José, le dijo que pusiera la bandeja en la mesa y se acercara, sin darle tiempo a reaccionar, la cogió de los brazos y levantándola como si fuera una pluma, la metió en la cama, le arranco la camisa y comenzó a morder con saña sus pezones. Carmen que tenia claro que a D. José no se le podía protestar, le dejo hacer y solamente le dijo que todavía era virgen. Sus manos se metieron bajo sus faldas, y magreandole los muslos que sobaba y pellizcaba con deleite, llegaron hasta su coño. D. José, resoplaba y mascullaba palabras obscenas, la sabana con el trajín, se había bajado, dejando ver un gran cipote, totalmente erecto y dos huevos como dos manzanas, todo rodeado de una gran mata de pelo negro y ensortijado. La cara de Carmen estaba sobre la barriga, D. José la cogió por el pelo y la bajo hasta colocarla frente a la gran tranca, luego le dijo que la chupara como si fuera un polo. Carmen toda temblorosa, se metió el capullo entre los labios y con la lengua comenzó a lamerlo en toda su extensión. Le había subido la falda y miraba extasiado sus bragas blancas que dejaban escapar sus bellos púbicos por todos lados, se las bajo hasta las rodillas y metiendo la boca entre sus pelos, empezó a pasarle la lengua por toda su rajita, deteniéndose en su clítoris y dándole un pequeño mordisco, bajaba otra vez por sus enormes labios y le llegaba hasta el ano. Carmen estaba en la gloria y suspiraba de placer, mientras que con gran maña, se metía el rollo de carne en la boca una y otra vez, pellizcando los cojones del conde hasta conseguir que con un gruñido, saliera un chorro de esperma caliente que se esparció por las sabanas, manchándole todo la cara. D. José, le seguía comiendo el coño y de pronto un gusto enorme la dejo sin aliento durante unos segundos, unos espasmos sacudieron todo su cuerpo y un gran placer final, la inundo toda. D. José le dijo que de lo ocurrido ni media palabra a nadie y le ordeno que le diese la bandeja que tenia mucha hambre. Por la tarde que se presentaba calurosa, acompaño a Doña Adelina hasta el pozo dando un grato paseo después de comer, llegaron cansadas ya que la distancia era de 4 Km, se sentaron en unas piedras debajo de unos grandes eucaliptos y la Sra. quitándose la blusa, se refresco con el agua sacada con una cubeta. Carmen, le pedio permiso para refrescarse y una vez conseguido, se desnudo totalmente, metiendose en un abrevadero que tenían los animales para beber. Doña Adelina, la miraba de reojo y con sorpresa noto que sus pezones se ponían duros y en su chocho notaba un picor anormal. Carmen, salió del agua y acercándose a su Sra. con risas y bromas, comenzó a pasarle las manos por su cuerpo para refrescarla, le metió las manos bajo la falda y le refrescaba los muslos. Al principio, estaba un poco tensa, pero como viera que Carmen no paraba de sonreír y la tocaba por todo el cuerpo, ella también comenzó a hacerle cosquillas que sabia que le gustaba a la niña. Un ruido en unos matorrales cercanos, separa a ambas mujeres que estaban totalmente coloradas del esfuerzo del juego, los pechos de la Sra., habían saltado del sujetador y bailaban a placer. Una liebre salta a todo correr y se perdió entre los pinos, las dos soltaron una carcajada se cogieron de la mano y con una mirada cómplice, se metieron en el cobertizo del pozo, lejos de miradas indiscretas. Nada mas entrar, Doña Adelina abraza a Carmen y comenzó a besarla en la cara, cuello, brazos y al final en los labios muy suavemente, mientras sus manos, recorrían todo su cuerpo, por su parte, la niña se había apoderado de los pechos de la Sra. y retorcía sus pezones mientras devoraba su boca. Luego la sentó en el brocal del pozo con las piernas abiertas, se bajo hasta su coño y apartando su pelambrera con las manos, le metió la lengua lo más hondo que pudo en la vagina, le chupaba el clítoris y toda su rajita, la niña suspiraba y pedía mas, mientras se tocaba los pechos con ambas manos. Las manos de la Sra. pellizcaban sus nalgas y las magreaba en toda su extensión. Una gran sacudida que a punto estuvo de hacerla caer al pozo, indica que Carmen había tenido una explosión de placer, jadeaba y suspiraba mientras besaba a su Sra. en todo su cuerpo. Pasados unos momentos de calma, se pusieron de pie y cuando Doña Adelina, cogía el sujetador para ponérselo, la niña de un tirón se lo arranco de la mano y colocándose frente a ella, la abrazo rozando sus pechos, juntando los dos chochos y bajando las manos por su espalda, las coloco en su blanco culo. Doña Adelina, intento separarse cuando con sorpresa noto que uno de los dedos de Carmen, intentaba colarse en su ano, pero esta, la tenia bien sujeta y el roce de los dos coños, comenzaba a hacer su efecto. La Sra. suspiraba y se quejaba, pues el dedo de Carmen, se había introducido y el metisaca del mismo, le producía cierto dolor. La niña, sin dejar de trabajar el culo de Doña Adelina, se bajo hasta su entrepierna y besaba su chocho cubierto por una maraña pelirroja. Doña Adelina, apoyada en la pared, tenia las piernas totalmente abiertas y de su garganta escapaban largos suspiros, Carmen le tenia metida la lengua en la vagina, mientras con la otra mano le rozaba el clítoris, había conseguido meter dos dedos en el culo de su Sra. que de pronto y con grandes convulsiones comenzó a gritar de gusto, la niña retiro sus diestros dedos de las fuentes de placer y levantándose, mordió sus labios introduciendo su lengua hasta lo mas profundo de su garganta. Pasados unos minutos de tranquilidad, procedieron a vestirse y cogidas de la mano, se fueron paseando camino de la casa, la felicidad se pintaba en sus caras, después de la AGRADABLE SOBREMESA.

Fistulo.

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