SUEÑO CONTINUADO
Hetero, flechazo, felación, sodomización. Se
reconocieron entre la multitud de gente que había en la discoteca,
nada mas verse
Este relato, fruto de mi imaginación, está dedicado a Dumbo y, muy especialmente a A. L.
Me encontraba con mis amigos en la disco a
la que solemos ir como último recurso un Sábado a la noche. Estábamos
hablando y tomando cerveza a la espera de que pasase frente a nosotros un grupo
de chicas (aunque sea dos) a quienes "tirarle los galgos", cuando
de pronto, levanto la vista y la veo entrar entre el mar de cabezas. Iba acompañada
de él, a quien siguió inmediatamente a la barra, pasando fugazmente
delante de mí. La reconocí enseguida, gracias a una foto que ella
me había mandado en una de las tantas veces que habíamos hablado
por Internet. Yo nunca le había mandado una. De ahí a que me sorprendió
el hecho de que, una vez que llegó a la barra, luego de que se dio vuelta
y comenzó a recorrer con la vista el lugar, clavó sus ojos en
mí y me saludó como si me hubiese reconocido. Eso sí, lo
hizo lo demasiado sutilmente como para no despertar sospechas en su pareja.
Yo respondí, tras mi sorpresa, de la misma manera, aunque no tan sutilmente
como para que pasara desapercibido frente a mis amigos que, tras notarlo, comenzaron
la ronda de cuestionario clásica(¿quién es? ¿de
donde la conoces?, etc.), a la que yo respondí sin dudar.
Las horas pasaron y nuestro contacto no había pasado de aquel inicial,
salvo por mis recurrentes miradas alrededor buscándola, que no cesaron
ni cuando bailaba con alguna mina. De pronto, en una de mis rondas visuales,
mis ojos chocan con los suyos que requerían mi atención. Sutilmente,
ella me indicó con la cabeza que la siguiera en dirección al baño,
por lo que debí cortar el baile que hasta entonces hacía con no
sé quien y seguirla; por supuesto que mantuve una cierta distancia en
pos de no ser lo suficientemente evidente ante nadie, especialmente ante el
señor M. que la acompañaba. Ella desapareció de pronto
de mi vista, por lo que, una vez llegado a la puerta del baño de mujeres,
volví a mirar alrededor. Esta búsqueda fue repentinamente cortada
por una mano que tomándome de la remera me jaló hacia un costado,
fuera de las luces de la pista y el baño. Era ella que me llevaba casi
a rastras hasta el sector más alejado y penumbroso de los privados. Una
vez allí, me soltó de un empujón, haciendo que cayera sentado
en uno de los sillones de ahí. Acto seguido se sentó al lado mí
y dijo: "No esperaba encontrarte acá", tras lo que respondí:
"¿Cómo me reconociste?", ella solo dijo: "Realmente
no lo sé,....creo que lo vi en tus ojos, además... creo que eres
el único que podría encajar con la descripción que me diste...
". No hubo más palabras, tan solo nos besamos, del mismo modo en
que lo habíamos "hecho" por Internet. Sus gruesos labios tomaron
posesión de los míos al tiempo que su lengua horadaba más
y más profundamente, hasta alcanzar mi garganta. Yo, por mi parte, disfrutaba
de aquella sensación que, indudablemente, superaba lo escrito, a la vez
que me disponía a sobarle aquellos inmensos senos que tanto me habían
hecho delirar desde el momento en que vi su foto. Podía sentir como se
erguían sus pezones tras el elástico velo de su remera, única
pared entre ellos y el mundo exterior; también sentía su lengua
ir de atrás a adelante en mi boca, al igual que su mano izquierda que
subí y bajaba por la carpa que hacía mi verga con el pantalón.
Arriba y abajo iba su mano, una y otra vez, hasta que en una de sus bajadas
se aferró a la cremallera y la bajó, ingresando después
por la abertura tanto del pantalón como de mis boxers, y empuñó
el miembro que la aguardaba desde hace rato. Éramos una maquina sincronizada,
yo con mis manos masajeando sus grandes senos por encima de la remera, ella
cavando en mi boca con su lengua mientras su mano me proporcionaba la más
hermosa paja que pude haberme imaginado. Paja que, ya que estamos, no duró
mucho, ya que, sus labios soltaron los míos haciendo un ruido como de
corcho que se destapa, y fueron arrastrándose por mi pecho hasta la bragueta,
en donde se detuvieron para dar comienzo a una serie de besos y mordiscos suaves
a mi paquete. Mi glande desnudo esperaba ser presa de sus labios, y lo fue.
Ellos se ciñeron en torno a él, encerrándolo y poniéndolo
a merced de aquella lengua que hacía poco había subyugado a la
mía y que ahora se disponía a hacer lo propio con él, lamiéndolo
desde la punta hasta el cuello, haciéndole cosquillas al bajar lentamente
por su grieta desnuda y palpitante. Sentía la humedad de su boca posándose
sobre él.... era una sensación demasiado viva,..... y demasiado
real para ser parte de un sueño. Por que eso era lo que pasaba. Este
encuentro formaba parte de un sueño. Un sueño que se sentía
tan real que no me quedó otra que despertar, cosa que hice. Mis ojos
se abrieron para notar que la evidencia de tal sueño no era por serlo,
sino que era provocado por los labios de ella que, arrodillada sobre mi cama,
se hallaba entregada a la tarea. Lo hacía de una manera tan espectacular
y con una dedicación tal que me parecía como si el sueño
que hasta entonces tenía se hubiera trasladado a otro ambiente. De ahí
a que me diera un pequeño tirón en el pelo para ver si sentía
algo, que sentí. El hecho de que ella estaba allí no fue materia
de cuestionamiento alguno, ya que, no importaba como era que estaba sino que
me alegraba de eso,...lo disfrutaba. Toda esta pequeña elucubración
personal pasó desapercibida frente a ella que seguí cual soldado
apostada entre mis piernas, chupándomela con deleite, ahora sí,
por completo. Su cabeza subía y bajaba por el tronco de mi verga que
ante mis ojos pareció adquirir un tamaño mayor al real. De tanto
en tanto paraba para abocarse momentáneamente a mis testículos,
con los cuales jugaba con la lengua, integrando, de tanto en tanto, los dientes,
en la forma de pequeños roces que me causaban un cosquilleo que me recorría
todo. Una vez más, sus labios rodeaban mi verga y comenzaba un nuevo
recorrido, al cual también, de tanto en tanto, agregaba los dientes que
hacían cosquillas a su paso. De repente, sus labios dejan mi miembro
y ella se incorpora; es ahí donde me doy cuenta de que nada cubre sus
senos que surgen majestuosos ante mis ojos a medida que se levanta. Yo, sin
perder un segundo, me incorporo sin medir las distancias y voy a dar de lleno
con la cara contra esos enormes almohadones coronados por dos rígidos
pezones que, una vez allí, me dispongo a mamar como un desbocado, originándole
una interminable sucesión de gemidos. Mis manos, por su parte, ya han
tomado posesión de sus carnosas nalgas, aferrándose a ellas como
un alpinista a un risco, mientras que mi verga se ha acomodado entre la mullida
mata de su pubis. Noto, por el vaivén cerrado de sus senos que su cabeza
va de un lado al otro. Es claro que me deseaba dentro de ella ya. Pero yo quería
algo antes de eso, y se lo hice saber. A medida que me iba poniendo de rodillas,
tiraba de sus nalgas de modo que ella quede finalmente acostada sobre mi cama,
con sus piernas pasadas entre las mías. Ella pareció adivinar
mis intenciones ya que no tardo en tomarse de los senos, trayéndolos
más hacia el centro para, luego de una rápida lamida a éstos,
ofrecérmelos en toda su expresión. No tuve más remedio
que dar inicio a lo que quería, colocando mi rígido pene entre
esas descomunales lomas de deliciosa carne que, apenas lo sintieron entre ellas,
se acercaron una a otra, cubriéndolo por completo. Inmediatamente después,
reinicié el vaivén, yendo de atrás hacia delante como un
desaforado, viendo como mi verga aparecía y desaparecía por entre
esos montes que tanto me habían excitado, hasta el punto de haberme hecho
más de una paja imaginando lo que entonces sucedía y que mis ojos
no podían creer posible; más aún teniendo en cuenta que
ella, de tanto en tanto, llevando su cara al pecho, daba esporádicos
lengüetazos a la punta que emergía desnuda y mojada tanto por la
saliva que recogía en el camino como por el liquido preseminal que se
hacía presente en ese momento y que según pude apreciar en su
mirada agregaba un sabor más que placentero. El final no estaba para
nada lejos, y así se lo hice saber al acelerar el ritmo con el que cogía
sus senos al tiempo que me aferraba más que firmemente de ellos, cerrándolos
aún más en torno a mi verga que, luego de dar señas de
no soportar más, estalló copiosamente en el preciso momento en
que emergía por entre sus tetas y ella llevaba su cara al pecho, por
lo que terminé bañándola con un chorro tras otro que mi
verga disparaba, alguno de los cuales dieron en su boca abierta y expectante
y fueron tragados sin duda.
Luego que la erupción terminó, acerqué mi pene a medio
desfallecer a su boca para que me lo limpiase, cosa que hizo, y con un esmero
que cualquier actriz porno envidiaría; la forma en que lo lamía
y lo chupaba hasta dejármelo casi vacío hizo que éste despertara
de su corta pero apacible siesta para ponerse una vez más al servicio
de quien tan "cortésmente" lo requería, y que en ese
momento, después de una breve pero para nada despreciable paja, se había
volteado, ofreciéndome su espalda. Esto era el cielo para mí,
ella había cumplido mi sueño del modo en que lo quería
y por eso ahora yo haría lo propio para ella. Deslicé mi cuerpo
por encima del de ella hasta llegar hasta sus piernas que posaban flexionadas
sobre el piso. Ni bien me había arrodillado tras ellas, que ella las
abrió, ofreciéndome una vista más que envidiable de sus
ondulantes nalgas y de su cuevita que, para cuando mis ojos se posaron en ésta,
se encontraba abierta de par en par por sus manos. La invitación que
éstas me hacían fue complementada por su voz que, emergiendo de
entre las lomas traseras decía:" Hazlo, lo quiero", para luego
invitarme con su índice derecho. Era un pedido que no podía rechazar,
y no lo hice. Me sumergí entre sus piernas y lamí esa raja que
babeaba de modo incontenible un licor extremadamente dulce e incitante. Su clítoris,
entretanto, estuvo aplastado contra el empapado colchón hasta que, tomando
la iniciativa, coloqué sus piernas sobre mis hombros y, incorporándome
un poco, lo tuve al alcance de mis labios que comenzaron a chuparlo cada vez
con más ansia. Así estábamos hasta que, arrodillándome
sobre el colchón, le di unos últimos lengüetazos a su raja
para luego bajarla de mis hombros y, levándola un poco hacia delante,
penetrarla sin dilación y de un solo golpe. Era algo maravilloso: ella
recostada boca abajo sobre mi cama con sus piernas estiradas sobre mis muslos
recibiendo las "salvajes" embestidas en su babeante y cálida
conchita, su cara enterrada en una almohada como intentando silenciar los gritos
y los gemidos que aún así escapaban . De pronto, levantó
su cabeza, la giró hacia mí y, mirándome con ojos extáticos,
me dijo entre gemidos: "Quiero que acabes en mi culo....llénamelo
de leche,....quiero tu leche en mi culo..". Como sus deseos eran ordenes
para mí, rápidamente saqué mi verga pulsante de su cueva
y embebida como estaba en sus flujos la pasé una y otra vez por la abertura
entre sus nalgas, deteniéndome de a ratos en su orificio anal, cuyo contorno
dibujaba con la punta, prolongando aún más el deseo de ella hasta
que noté que no esperaría más y lentamente di inicio al
ingreso de mi pija en aquella gruta que creí vedada para mí. Para
mi sorpresa, no tuve que esforzarme demasiado para lograr que mi verga fuera
devorada en su totalidad. Momentáneamente envidié al señor
M., cuyas proezas no me habían sido más que insinuadas, excepto
por la que corresponde al tamaño de su herramienta(de ahí a que
yo lo llame Dumbo). Esto último me sirvió, en cierta forma, para
justificar la facilidad con la que acababa de realizar el ingreso. De todas
formas, el no estaba haciéndolo, por ahora, sino yo, y por eso era mi
turno de disfrutar del momento, y lo hice en una forma que ni yo creí
posible. Sentía como mi cuerpo iba y venía, aplastándola
aún más a ella contra el colchón y el almohadón
que ya para ese entonces había sido convertido en una masa de espuma
informe, cuya tela mostraba las huellas de los mordiscos que ella le propinaba
en el tope de su excitación. Me era posible imaginar sus tremendos senos
y sus firmes pezones oprimidos contra el colchón, embadurnándolo
en su ir y venir con el sudor que su cuerpo emitía. Yo por el momento,
me aferraba de eso glúteos firmes y sudorosos contra los que mi pelvis
chasqueaba cada vez más. En ese momento agradecí haber explotado
en la manera en que lo hice antes, ya que ahora podría disfrutar de este
desbocado vaivén por un tiempo mayor, deleitándome al sentir como
los músculos de su ano ondulaban y masajeaban cada centímetro
de mi pija al ir deglutiéndola. De tanto en tanto paraba en diferentes
puntos del "recorrido" y me ponía a gozar por unos segundos
del hecho de que mi verga se hallaba dentro de ella, como siempre lo había
querido desde que la conozco. Pero como todo disfrute, este debía terminar.
Mientras se tardó todo estuvo perfecto, mas cuando tocó dar paso
a la erupción, ese segundo o dos que tardó, fue aún mejor.
Solté sus nalgas y, luego de tomarla de la cintura, liberé toda
la locura y la energía que aun me quedaban, cabalgándola como
poseso. Ella sintió que el final venía porque al tocar mis testículos
con la mano que hasta ese momento masturbaba su conchita notó que éstos
se retraían a la espera del ataque final. Y estallé, no me quedó
otra, dentro de ella, inundando el interior de su ano con la leche caliente
que había pedido; acto seguido, caí desfallecido pero satisfecho
sobre ella. Así quedé, rendido y disfrutando del contacto de nuestros
sudorosos cuerpos hasta que ella se levantó y, tras dejarme caer suavemente
sobre un costado de la cama, se dirigió a mi amigo para darle las gracias
limpiándolo con el mismo esmero con el que lo había hecho anteriormente.
Finalmente, se levantó y antes de irse, se arrodilló al lado mío
para darme un corto aunque excitante beso francés. Antes de cruzar el
umbral de mi pieza se volvió y me dijo: "Nos "hablamos"".
Lo último que vi de ella antes de cerrar los ojos fue su precioso cuerpo
desnudo y brillante de sudor desapareciendo.
Cualquier comentario sobre este relato, mi e-mail es lolo6561@hotmail.com
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