Continuación del relato “Supernenas X (II) Las Enseñanzas De Cactus ” publicado en Marqueze.net el día 12/01/02.
¡Uy, uy, uy! Algo muy extraño
está pasando con nuestras heroínas. Es algo tan
malo, tan perverso, retorcido,
depravado y vicioso que yo diría que tiene algo
que ver con... Oh, no, no quiero
pensarlo. ¡No! ¡Agh! ¡Es él! ¡Es...!
"Ese" contemplaba la tierna escena
en su televisor maligno. Sus carcajadas
diabólicas resonaban por
toda su glamorosa mansión, pues su plan iba sobre
ruedas. Cactus había sido
la primera en sucumbir a los placeres de la carne.
Después de ella, Pétalo,
y después, por fin, Burbuja. Las tres supernenas
perderían sus superpoderes,
a la vez que su dulce virginidad. Y entonces...
- ¡DOMINARÉ EL MUNDO!
¡JAAAAA JA JA JA! ¡PERO QUÉ MALO SOY!
"Ese" el malo más malo de
todos los malos habidos y por haber, ese malo mezcla
de demonio y drac-queen, correteó
por toda su mansión, deleitado por su próximo
triunfo.
Por fin, iba a dominar el mundo.
Y todo se lo debía al sexo, al dulce y sencillo
sexo, el sexo seductor, sin frenos,
el sexo sucio y desesperado entre tiernas
mujercitas.
Temblando de placer, se sentó
en su sofá con un bol de palomitas, dispuesto a
contemplar el espectáculo
final.
Quedaba su favorita, la más
tierna e inocente de las tres hermanitas...
Cactus obligó a Pétalo
a no llevar ropa interior. La amenazó con que, si la veía
usar bragas o sujetador, le confesaría
al profesor las guarradas que habían
hecho juntas. Pétalo avergonzada,
caminaba por la casa sin ropa interior. No
obstante, era algo delicioso sentir
su conchita libre entre sus piernas, al
aire, y sus pechos sin más
atadura que el vestido rojo, contra el cual se
adivinaban a veces sus pezones.
Cactus se divertía con la
vergüenza de su hermana, no podía creer que ella, la
más lista de las tres, la
"jefa", por llamarla de alguna manera, fuera tan
mojigata. De vez en cuando, para
divertirse, le daba un cachete en el culo o
rozaba uno de sus pechos como sin
querer, y se echaba a reír oyendo las
protestas de Pétalo. Aquel
juego era muy divertido.
Aquella tarde el profesor volvió
de jugar al golf, y Burbuja de su cita. Pétalo
sudó mares, temiendo que
el profesor se diera cuenta de su falta de ropa íntima.
El profesor dieron la bienvenida
a Cactus, que se había marchado de casa hacía
tanto tiempo para vivir su vida.
¡Qué guapa estaba
Burbuja! Siempre había sido la más bonita de las tres, y
ahora
tenía el principio de un
verdadero cuerpo de mujer. Bajo su vestidito azul
ocultaba una silueta estilizada,
una cinturita delicada, un culito gracioso y
unos pechos apetitosos que nunca
antes había tenido. A pesar de que las tres
habían sido creadas en el
mismo momento y tenían por tanto la misma edad,
Burbuja conservaba aun cierta ternura
en su cuerpo. En parte a eso
contribuían sus perpetuas
coletas rubias y sus risueños ojos azul claro.
Por su boquita torcida, Burbuja
no parecía muy satisfecha con la cita de aquella
mañana. Cactus insistió
en que se lo contara todo, como una buena hermana.
Subieron juntas las escaleras hacia
el cuarto. Antes de desaparecer en el piso
de arriba, le guiñó
un ojo a Pétalo, señalando al profesor. Quería que
se
deshiciese de él.
- Esto... Profesor... -comenzó
a improvisar.
- ¿Sí, Pétalo?
-dijo el profesor Utonium, que estaba viendo un documental en la
tele.
- ¡Ah, sí! Que llamó
la señorita Bellum y dejó un mensaje para usted.
- ¿La-la-la-la Señorita
Bellum? -tartamudeó el profesor- ¿Para mí?
- Sí. Dice que... que...
Que le necesita desesperadamente. Que quiere que vaya
ahora mismo al ayuntamiento. El
alcalde no está, está sola. ¡Fíjese que no me
ha
dicho de qué se trataba!
- Ca-ca-ca-caray, entonces supongo-supongo
que tendré que ir ahora mismo como
buen caballero que soy. Me voy,
Pétalo, cuida de tus hermanas.
- Adiós profesor.
En catorce segundos con ocho décimas,
el profesor Utonium se afeitó, se echó
colonia, se puso un traje elegante
con corbata, y salió de la casa corriendo,
más encendido que el dedo
de E.T.
Pétalo comenzó a
subir las escaleras, pensando con tristeza que algo muy grave
iba a pasar en aquellas horas siguientes.
- Cuéntale a tu hermana
lo que te ha pasado con ese chico -decía Cactus a
Burbuja, sentadas en la cama redonda-.
Me huelo que nada bueno.
- Bueno, pues no. ¡Ese chico
se ha pasado!
- ¿A qué te refieres?
- ¡Se ha pasado conmigo!
Estoy harta de los chicos. Son unos animales que sólo
piensan todos en lo mismo. ¡Oh,
Cactus, estoy tan triste! ¡Todos los chicos
quieren tocarme demasiado, y eso
no me gusta! ¡No se qué me pasa!
- Oh... cariño, no llores...
Cactus dejó que Burbuja
llorara sobre su hombro. Se excitó cuando notó sus
lágrimas humedeciendo el
tirante de su camiseta. Sólo tenía un pensamiento en la
cabeza, y no podía demorarlo
mucho más. Le dio palmaditas cariñosas en la
espalda, intentando consolarla.
- No te preocupes -le dijo-. Tú
no tienes la culpa de nada. Eres una chica
buena, simpática y preciosa.
Le gustas a todo el mundo. Y no hay que perder la
esperanza en el amor. Es sólo
que...
- Oh, Cactus que buena eres conmigo.
- Es sólo que tengo comprobado
que los tíos son todos unos cerdos. Piénsalo
bien, ¿quién necesita
a los hombres?
- ¿Qué quieres decir?
-dijo Burbuja, mirándola con sus enormes ojos azules
llorosos.
Las dos hermanas estaban abrazadas,
sus rostros cálidamente cercanos entre sí.
La respiración de Cactus
se aceleraba.
- Quiero decir que -siguió
Cactus- quizá hayas buscado en el lado equivocado.
Quizá no sea un hombre lo
que necesites. Si yo pudiera...
- ¿Qué? ¿Qué
te pasa, Cactus?
- Oh, Cactus, eres tan linda...
Cactus no pudo aguantar más
y la besó. Comprimió sus rojos labios contra los de
su asustada hermana. Durante unos
segundos permanecieron soldadas por la boca,
pero luego Burbuja se separó
violentamente.
Cactus gruñó.
- ¿Por qué te retiras?
-le preguntó- ¡Quiero besarte otra vez, ha sido
maravilloso!
- ¡Cactus! ¡Ha sido
tan...! No sé... -gimoteó Burbuja.
- No seas tonta. Yo soy una chica.
Sé lo que necesita una chica. Sé como besar a
una chica.
- ¿De... de veras?
- Déjame demostrarte.
Pétalo entró justo
en la habitación para ver el beso entre sus dos hermanas. Se
besaban tiernamente al principio,
luego era un beso que se movía, que se
humedecía, que se enlazaba.
Durante uno de esos instantes eternos,
Cactus abrió sus ojos y miró directamente
a Pétalo. Ella notó
el calor naciendo en su cuerpo, los pelos de punta, la piel
de gallina, mientras Cactus besaba
apasionadamente a Burbuja.
Cactus recorrió los labios
de Burbuja, los besó individualmente, los lamió hasta
dejarlos brillantes, y luego abrió
mucho la boca para atraparlos en su interior.
Burbuja dio un brinco al abrir
los ojos y ver a la turbada Pétalo de pie ante
ellas.
- No te preocupes -dijo Cactus-.
Pétalo hace todo lo que yo le ordeno. ¿No es
cierto?
- Sí, señora -refunfuñó
Pétalo.
- Es mi esclava personal. Para
empezar le he ordenado que no lleve ropa
interior. ¿Quieres verlo?
- ¿No lleva? -rió
Burbuja.
Cactus agarró el borde del
vestido rojo de Pétalo y lo fue subiendo lentamente
por sus piernas, hasta descubrir
un coñito pulcramente depilado. El coño que
ella misma había desvirgado
hacía unas horas.
Dejó que Burbuja observara
bien el coño de su hermana. Le invitó a tocarlo.
Vacilante, Burbuja adelantó
una delicada mano. Uno de sus delgados dedos, con la
uña pintada de azul, acarició
su vello.
Pétalo gimió.
Burbuja exploró aquella
menuda mata de pelo con sus deditos curiosos. La
entrepierna comenzaba a humedecerse
con los flujos lubricantes. Los deditos
acariciaron el monte de Venus.
Pétalo se retorció cuando llegaron a su raja. La
inocente Burbuja estaba pasando
sus dedos entre los labios exteriores, no tenía
ni idea del placer que le estaba
proporcionando.
Los dedos encontraron un punto
muy especial que estaba surgiendo entre aquella
carne que se abría en flor.
Al acariciarlo y apretarlo, su hermana gemía,
lloraba, y perdía el control
de los movimientos de sus caderas, que bailaban
hacia atrás y hacia alante.
- ¡Ya basta! -cortó
cruelmente Cactus- Tenemos todo el tiempo que queramos,
hermanitas. Y tú, Burbuja...
Mmmh, qué rápido aprendes...
Y recompensó a Burbuja con
un húmedo beso en los labios.
Pétalo temblaba de vergüenza,
no podía mirar a los ojos a su hermanita. Cactus
la zarandeó bruscamente
para despertarla de su pudor. Se miraron fijamente, y la
besó. Sintió su libidinosa
lengua retorcerse dentro de su boca.
- Ahora vas a ir a mi macuto -le
susurró al oído-. Vas a encontrar dos
juguetitos iguales. Mientras yo
le doy placer a nuestra hermana, quiero que tú
te pongas uno. Eres una niña
muy lista, seguro que sabes cómo se usa.
Con su mirada de gata perversa,
le ordenó que cumpliera la orden, mientras ella
y Burbuja se tendían tan
ricamente en la enorme cama tricolor. Mientras se
dedicaban besos aun más
profundos y ansiosos, acariciaba su delicado cuerpo
sobre el vestido. Apretujó
sus pechos, recorrió su espalda con las manos.
Burbuja, a medias gemía,
a medias reía.
Pétalo casi se echa a llorar
cuando encontró los juguetes en la bolsa.
¡Definitivamente depravada!
Extrajo uno de los cinturones de cuero negro. Tenía
sujeto un pene de goma de enormes
proporciones, dotado incluso con sus
respectivos testículos.
En la parte interior del cinturón, sobresalía otro
apéndice. Muerta de arrepentimiento,
pero cumpliendo las órdenes de su nueva
jefa, se puso el cinturón,
encajando el apéndice interior en su vagina. Mientras
hiciera el amor a otra persona,
aquel pene estaría penetrándola a su vez, en un
demencial juego de dar y recibir.
Se acercó a su hermanas
con aquel enorme pene sobresaliendo de su cintura.
Cactus soltó la teta de
Burbuja entre sus dientes para contemplar la divina
aparición. Se relamió.
- ¿No es una preciosidad?
-dijo con voz melíflua.
- ¡Qué grande! -dijo
Burbuja.
- ¡Es una monstruosidad!
-protestó Pétalo.
- Esclava, ven a la cama, ¡vamos,
a la cama! Quiero que le hagas el amor a esta
preciosa chica.
- ¿Esa soy yo? -rió
Burbuja- Oh, Cactus, es muy grande, y yo nunca...
- Tranquila, puedes empezar por
hacerle una buena mamada a tu hermanita la
pelirroja. ¡Vamos! ¡Quiero
que le chupes la polla! ¡Obedece!
Burbuja acercó su boquita
al gran falo de su hermana. El primer beso en la punta
hizo mover el instrumento en la
cavidad vaginal de Pétalo, que se revolvió de
gusto, aun sin quererlo.
- ¡Venga, chupa, esclava,
chupa bien! ¡Métetela toda, hasta los huevos!
Burbuja tuvo que dejarse de besos
y engullir el pene directamente, para
satisfacer a su ama. Era demasiado
grande, y sólo le cabía la mitad en la boca.
Pero Cactus no estaba satisfecha.
Sujetó su cabecita rubia y la obligó a bajar y
bajar, hasta que la verga desapareció
dentro de su boca, tocando los testículos
con los labios, hasta que la verga
le llegó a la garganta.
Burbuja gruñó: la
sensación fue angustiosa. Consiguió zafarse rápidamente
y
soltar la verga. Un hilillo de
saliva colgó de sus labios, enlazándolos aún con
el pene artificial. La estampa
era maravillosamente viscosa.
- Muy bien -dijo Cactus-. Parece
que ya sabes cómo chupar una buena polla. Ahora
pasemos a algo mejor. ¿Sabes?
-dijo, dedicándole una mirada de cómplice a
Pétalo- Creo que el desfloramiento,
el que de verdad nos interesa, podremos
dejarlo para después...
- ¿Des-qué? –gimoteó
Burbuja -¡Oh, chicas, eso no suena nada bien! Vamos a dejar
ya el juego, ¿vale? ¡Por
favor...!
- ¡Calla! –ordenó
la inflexible Cactus- Pétalo, quiero que desvirgues su culo.
- ¡No lo haré! –repuso
Pétalo- ¡Ella no lo soportaría! ¡Es demasiado
grande!
- Mmmh... Claro que podrás,
cariño. Sólo tienes que hacerlo con un poquito de
dulzura. Estoy segura de que lo
harás muy bien. Y tú Burbuja... –dijo, volteando
a su hermanita rubia sobre la cama,
alzando su suave culito ante Pétalo- Estoy
seguro de que lo aguantarás
hasta el final. Eres una chica muy fuerte. ¿Vale?
Ahora yo voy a ponerme una cosita,
y enseguida vuelvo con vosotras. ¡Vamos,
quiero que le desvirgues el culo!
¡Venga!
Cactus se retiró de la cama.
Pétalo y Burbuja se miraban
fijamente. Burbuja adivinó el miedo de su hermana.
Se acercó a sus labios...
y le dio un piquito.
- No te preocupes por mí
–dijo-, soy una tía dura, ¿sabes? –qué linda era,
incluso en esos momentos de abuso
y bestialismo- Quiero que me hagas el amor...
Burbuja se inclinó y Pétalo
ya no dudó más. Apartó las castas braguitas de su
hermana, y comenzó a ensalivarle
bien el ano con la lengua, para que aquel
primer desfloramiento fuera lo
menos doloroso posible. Con cada movimiento de su
lengua, Burbuja se contraía
y suspiraba. Cuando ya estuvo bien brillante, Pétalo
comenzó a rondar el ano
con su verga. Le daba golpes y suaves empujones para que
fuera habituándose. Cuando
creyó que ya estaba listo, cerró los ojos con fuerza,
y empujó, empujó,
resbaló hacia su interior, hasta que la polla entró totalmente
en su retaguardia. Burbuja soltó
un grito animal, no se sabía si de infantil
sufrimiento o de satisfacción
plena al ser encajada de aquella manera rotunda.
Una vez abierto el camino, Pétalo
entró y salió, entró y salió. El culito de
Burbuja la acompañaba en
sus movimientos, pidiendo más maltrato, queriendo
retenerla dentro.
- ¡Oooh, nena! -dijo Pétalo-
¡Al final –uh- te ha cabido toda -ah- toda dentro
-mmmh! ¡Eres una niña
buena!
- ¡Oh! ¡Oh! ¡Mh,
sí! ¡Oh!
- ¡Muévete! -gritó
Pétalo, sintiendo el aparato moverse en su interior al ritmo
de sus propias acometidas- ¡Mueve
el culito, sí! ¡Qué bien –ungh- mi niña!
- ¡Métemela más
al fondo!
- ¡No puedo, no puedo más!
¡Es todo lo que tengoooooh-aaaaaah!
- ¡Síiiii!
Detrás de ellas sonó
la voz de Cactus.
- Seguid unidas, chicas, no os
separéis ni un segundo, ya estoy con vosotras...
No tenían ninguna intención
de separarse. Mientras Pétalo follaba a su hermana
sin cesar en su ritmo, Cactus se
le acercó. Al ver cómo sonreía, exhibiendo
entre sus piernas un nuevo miembro,
adivinó sus perversas intenciones, pero el
placer era tal que no pudo parar
para hacer nada.
Con la habilidad de una serpiente
sinuosa, Cactus se deslizó bajo Burbuja.
Se agarró a su espalda,
y con agilidad pasmosa y sin preámbulos encajó su pene
en la tierna vaginita de Burbuja.
Ahora la más tierna de las
tres hermanas estaba disfrutando de un doble
desvirgamiento en toda regla: penetración
vaginal, penetración anal, dos enormes
falos largos y gruesos que entraban
y salían de su carne sin parar.
Las tres estaban unidas en su frenesí.
La cama tricolor temblaba como sacudida
por un terremoto.
Cactus, apartó la cara dolorida
de Burbuja para agarrar la de Pétalo y
engancharse con su lengua. A partir
de entonces no la soltó, permaneció hasta el
final agarrada con todas sus fuerzas
a su boca, a su lengua, siendo Burbuja la
única que tenía boca
para gritar por el placer extremo del doble desvirgamiento.
- ¡AAAH! ¡SIIIIII!
¡OOOOOOGH! ¡MIS DOS HERMANITAS FOLLÁNDOME, QUE BUENO!
¡YAAAAA! ¡YAAAAAAAAAAAAAAAH!
Las tres hermanas alcanzan un potente
orgasmo juntas, con las patas de la cama a
punto de romperse con la violencia
de tanto ir y venir.
- ¡OOOOOOHDIOOOOOSSSS!
- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAHMMMHAAAA!
- ¡¡¡MAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSÍIII!!!
Se desplomaron inconscientes sobre
sus propios cuerpos, sin fuerzas siquiera
para separar sus uniones de goma,
carne, sudor, saliva y flujos vaginales.
Unas gotitas coloradas caían
de la vagina de Burbuja...
.........................
En fin. Así fue cómo
"Ese" destruyó los poderes de las Supernenas, y extendió
por fin su control sobre Townsville,
obligando a todos los hombres a llevar
minifaldas de cuero, cinturones
anchos y botas altas de tacón de aguja, y a
todas las mujeres a cortarse el
pelo, maquillarse mucho y vestir siempre con
boas de plumas.
¡FIN!
¿Algo que decir? eslavoragine@hotmail.com
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