ADORACIÓN Y SUMISIÓN TOTAL A UNA DIOSA (II)
Fetichismo, dominación, hetero. Su misión como sumiso esclavo es servir a su adorada ama


Continuación del relato erótico "Adoración y sumisión total a una diosa" publicado en "El Rincón de Marqueze.net" el día 12 de Marzo de 2002

Mi Diosa está sentada en su trono. Para llegar a él es preciso subir cuatro
escalones. Yo me encuentro alargado boca abajo a lo largo de los citados
escalones, con la misión y el objetivo de chupar y lamer (como siempre,
afortunadamente) los divinos y extraordinarios pies de mi maravillosa Ama.
Ella viste un conjunto extremadamente excitante y provocador: Corsé negro
que apenas logra cubrir sus exuberantes pechos, bragas, ligas, medias y
zapatos negros de tacón altísimo y muy puntiagudo. Se pueden imaginar el
aspecto profundamente dominante y mandatario de mi Ama. Sin duda alguna,
representaría el fetichismo ideal materializado en su máxima expresión.
Lo he hecho muchas veces, pero nunca logro cansarme de adorar una vez más
sus sabrosos pies de Diosa. Primero, lamo y chupo sus zapatos en toda su
extensión y superficie con gran delicadeza, cuidado y lentitud. Después, se
los quito utilizando la boca como buenamente puedo y repito la operación
anterior con un añadido: Mamo sus pies con medias como el bebé hambriento
que mama los pechos de su madre. Mi lengua recorre hasta el último rincón de
sus piernas enfundadas y adornadas por deliciosas medias. Esas apetitosas
medias quedan empapadas por mi saliva, dado que lo hago con mucha
intensidad. También lamo sus ligas hasta que mi Ama se levanta de su trono y
se da la vuelta. Comprendo que debo adorar (lamiendo, besando, chupando) su
inenarrable trasero.
Terminada la maravillosa tarea, me ordena lamerle el corsé. La visión
entrecortada de sus pechos me produce un deseo irrefrenable de comerme su
buen par de "melones", aunque sé que no será posible con casi total
seguridad.
Una vez que se siente satisfecha, me ordena tumbarme boca arriba encima de
los escalones, estando en una posición realmente incómoda y también
excitante al mismo tiempo.
Debo decir que la única prenda que visto es un tanga de cuero minúsculo y
ceñido que denota con claridad la enorme erección que sufro.
Detrás de mi cabeza está sentada mi Ama, de modo que me da a chupar sólo sus
puntiagudos tacones. Disfruta haciéndome sufrir, ya que retira sus tacones
en ocasiones, o bien me los acerca a la boca con la suficiente distancia
para que no llegue a ellos mi lengua extendida, creciendo así mi ansiedad.
Lo que viene luego es capaz de causar un ataque cardíaco a cualquier
fetichista y sumiso que se precie. Saca un bote de mermelada (sí, sí, no me
estoy quedando con vosotros!), lo abre y lo deposita en el suelo. A
continuación, introduce el tacón de su zapato derecho en el bote, lo saca
recubierto de mermelada y me lo da a probar. Yo, lógicamente, chupo ese
tacón como si en ello me fuera la vida, dejándolo lustroso y lleno de litros
de saliva. Repite la operación con su tacón izquierdo y también con la punta
de sus zapatos e, incluso, llega a embadurnar sus suelas. En estos
celestiales momentos, dudo que ningún mortal se encuentre en mayor gloria.
Afortunadamente, no termina ahí, sino que se quita los zapatos y mete sus
pies alternativamente en el bote hasta el fondo. Sus deditos cubiertos por
las medias quedan cubiertos por mermelada, que lamo y como apresuradamente
sin pestañear lo más mínimo. Todo ésto lo lleva a cabo varias veces hasta
casi terminar el contenido del envase. La mezcla del sabor a zapatos,
medias, pies y mermelada me dirige hasta casi el umbral del éxtasis
absoluto.
Mi Ama sentencia: -Tras el banquete, quiero que te dejes de tonterías y que
me "trabajes" tal y como te he enseñado. Estoy pensando bautizarte como
"esclavo glotón y lamedor" después de toda esta sesión. Venga, ya sabes que
tu lengua no debe dejar de lamerme. Vamos, sigue con tu trabajo, esclavo, no
te pares ni un segundo o me enfadaré.
Esto significa lo siguiente: Entiendo que debo morder sus medias hasta
romperlas y rasgarlas y arrancárselas sólo con los dientes. Le quito los
zapatos mordiendo los tacones y sacándoselos haciendo fuerza con la boca.
Hecho ehsto, tengo que lamer sus pies y piernas ya descubiertas.
Mi Ama me dificulta la labor moviendo constantemente sus piernas y
jugueteando con sus pies, que me los pone en la cara (en las mejillas,
tapándome los ojos con ellos, deformándome la cara con sus apretones y
pisadas), los restriega por mi pelo, me da bofetadas con ellos, etc...
Cuando se cansa, me coloca un collar de perro y me hace acompañarla, a
cuatro patas y a base de tirones, hasta su cama.
-Túmbate ahí boca arriba. Aunque sé que te gusta que el sabor a mí
permanezca en tu boca, te voy a dar a chupar mis "limones" para que pruebes
el contraste.
Mi Ama sube a la cama y se coloca sobre mí. Se apoya en sus rodillas y manos
que tiene ubicadas a ambos lados de mi cuerpo. Lo que sigue es para morirse
de gusto tranquilamente: Se quita el corsé, dejando a mi vista unas tetas
sensacionales dignas de ser chupadas hasta el final de mis días. Aproxima
lentamente sus tetas a mi cara. -No quiero que levantes la cabeza ni un
milímetro o te arrepentirás, mamón.
Es necesaria una monumental fuerza de voluntad para cumplir con la orden,
pero lo hago sin saber cómo. De forma calculadora, las ha acercado lo
suficiente para que mi lengua extendida a tope roce apenas el pezón de su
teta izquierda. Tras un momento, menos mal que decide acercar la teta poco
a poco hasta que me mete gran parte de ella en mi boca. Mi Ama mueve su
cuerpo y, por consiguiente, su teta en mi boca. Mamo y succiono todo lo que
puedo. Repite lo mismo con su teta derecha.
A veces, me pregunto si no me estaré volviendo caníbal, ya que suele pasar
por mi imaginación darle un bocado y comérmela "de verdad".
En ningún momento me las ha dado a mamar al mismo tiempo, sino que ha estado
cambiando continuamente. Se ha divertido viendo mi frustración cuando
retiraba de repente sus tetas de mi boca, y luego las aproximaba lentamente.
Le suplico que me deje adorar sus santos orificios genitales (aunque sea con
las bragas puestas), sin embargo obtengo un bofetón en mi cara como
respuesta. Está claro que hoy tampoco dejará que llegue más lejos. Sin duda,
es una pequeña desilusión, pero no olvido las sensaciones extenuantes que he
vivido en el día de hoy.
Como es habitual, me ordena bajarme de la cama y arrodillarme. Ella se
sienta en un lateral de la cama y levanta su pie izquierdo arqueándolo hasta
la altura de mi rostro y sitúa su pie derecho a la altura de mis crecidos
genitales. -Quiero que te masturbes mientras lames una sóla parte de mi
cuerpo: La planta de mi pie.
Lamo de arriba a abajo, de abajo a arriba, en círculos...
Me bajo el tanga, liberando todo mi apretujado arsenal. Mientras chupo, beso
y lamo un pie, me masturbo sobre el otro. Tardo muy poco en correrme porque
mi excitación ya se prolongaba durante demasiado tiempo.
Lo último que hago es lamer su pie derecho, limpiándole el semen derramado.
Para no variar, Ella desaparece de forma cortante. Tras varios encuentros
con grandes dosis de infartante fetichismo, no se ha bajado las bragas en
ningún momento. Su intención es hacerme sufrir y aumentar mi ansiedad y
ganas, pero lamento decir que se equivoca en parte porque, para mí, lo que
estoy viviendo no tiene precio. Así somos los que sabemos apreciar la
infinita belleza, superioridad aplastante, inteligencia y autoridad de
algunas mujeres que han nacido para ser servidas y adoradas por gente tan
afortunada como nosotros.
Estar a su servicio, ser un esclavo de sus pies, zapatos o botas, lamerlas y
chuparlas desde los pies a la cabeza, estar arrodillados ante su presencia,
etc... son deberes indiscutibles para los que amamos la grandiosa e
inigualable DOMINACIÓN FEMENINA (así, con mayúsculas).

Mi e-mail es: adorador_implacable@hotmail.com
Cualquier sugerencia, comentario u opinión serán bien recibidas. Como ya
escribí en mi anterior relato "Adoración y sumisión total a una Diosa" en su
primera entrega, reitero que si eres una bella mujer de armas tomar, amante
de ser dominante y dentro del grupo de las "femme fatale", te animo a
mantener contacto exclusivo por e-mail. Cuéntame historias, fantasías,
sensaciones... lo que te venga en gana, puesto que tú (Diosa, Ama) mandas.

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