Autor: espiga24
Mi madre me llamó a la cocina.
Allí estaba mi padre, ella y yo.
Dijo mi madre:
- Rafa, cariño, que tengo
que ir a una boda de tu tío Julio en Valencia y tu padre no quiere
ir. No le apetece.
- ¿Pero vas a ir tú
sola, mami?
- Mejor, María, es que vayas
con él y así no vas sola.
- O sea, que me das plantón,
¿Eh?. Venga, Rafa, anímate, y así ves a tus primas.
- Bueno, vale, para que no vayas
sola.
- Gracias, cielo, ..., así
ya tengo acompañante; Me abrazó desde atrás, acariciándome
mi pecho mientras notaba sus balones en mi espalda con mucha claridad.
Mis padres se llevaban regular,
tirando a mal. Se soportaban y convivían supongo que porque era
lo más barato. Pero un hijo sabe perfectamente si sus padres follan
o no, por los gestos, gemidos, etc. Y mis padres hacía mucho que
no follaban, y mi madre no tenía amantes, aunque estaba buenísima.
Mi madre tiene 45 años,
es morena, de pelo corto, de tez morena, de 1.70 y un pecho redondo precioso,
carnoso y muy buen puesto, con medidas de 100, 70, 100. Es muy guapa y
elegante. Yo tengo 20, mido 1.75, delgado, de tez morena y pelo moreno,
musculoso y muy apuesto (¿Para qué mentir?).
Llegó el Día y fuimos
en Tren desde Madrid hasta Valencia. Nos pasamos casi todo el día
durmiendo.
Al llegar a nuestro destino, no
fuimos a la casa de mi tío para no molestar. Fuimos a un Hotel.
Pero era Verano y estaban las plazas a rebosar. Como mi padre tenía
un buen sueldo, fuimos a un Hotel de 4 estrellas, y sólo había
tres suites pero todas de cama de matrimonio.
- Mira, Rafa, cogemos una pues
estoy cansada de mirar en otros hoteles y además somos madre e hijo
y no pasa nada.
- Por mí no hay problema.
- Eso sí, no se lo digas
a tu padre porque ya sabes que es celoso y mal pensado.
- ¿Y qué podría
"mal pensar"?
- Ya te lo puedes imaginar; Y me
miró con picardía por encima de sus gafas de Sol.
Eran las 5 de la tarde y la boda
era a las 8. No teníamos tiempo para casi nada. Nos vestimos y pedimos
un Taxi.
Mi madre estaba sencillamente radiante.
Yo iba con un traje azul marino muy elegante, normal, con una corbata azul
claro. Pero ella iba despampanante. Iba con un traje negro de noche de
falda lisa por las rodillas y una parte superior que dejaba desnudos sus
hombros y un escote muy generoso, en el que se deslumbraba muy bien la
silueta de sus pechos, y marcaba muy ceñidamente bien el resto que
ocultaba ese escote.
- Mamá, estás guapísima.
- Gracias, Rafa, cariño.
Hace mucho que un hombre no me dice eso.
Llegó el Taxi y durante
los 20 minutos de recorrido no dejé de mirar de reojo a su escote,
que era excitante cuando ella respiraba y su pecho pujaba por escapar de
su prisión. Pero como toda mujer, ella se dio cuenta de que un hombre
(su propio hijo), le miraba su pecho. Me miró y sólo echó
una leve sonrisa.
A las 9 acabó la ceremonia
y nos fuimos al Restaurante. Como en todas las bodas, había muchas
jovencitas con un escote mucho más que generoso, hasta más
que el de mi madre, que ya es decir. Bailamos por separado, pero poco,
y nos fuimos a un rinconcillo poco iluminado para tomar un Cubata. Estábamos
hablando muy animadamente.
Yo me estaba fijando mucho en mi
primo, que estaba un poco más apartado de nosotros, y le estaba
sobando las tetas descaradísimamente a su novia.
- ¿Qué miras, Rafa?
- Estoy viendo a Juan, el hijo
de Marta, que está con su novia.
- Bueno, eso es normal aquí,
¿No?
- Ya, pero no lo que está
haciendo él.
- ¿Y qué hace, que
le miran muchas personas?
- No sé cómo explicártelo,
pero no mires porque quedarías de cotilla total.
- Bueno, Rafa, pero dime algo.
- Es que le está haciendo
esto...
Y en ese mismo momento le toqué
los pechos a mi madre. Fue la primera vez. Y a los dos segundos no me lo
podía creer. No me lavaría jamás esas manos. Se los
levanté un poco y pude comprobar lo riquísimos que los tenía,
carnosos, duros, y preciosos.
- Rafa, por favor, contrólate.
Disimulamos todo lo que pudimos
por lo raro de la situación y a eso de las 4 de la mañana
nos fuimos hacia el Hotel.
- Bueno, Rafa, a ver cómo
te portas en la cama.
- Jajajajaja. Mamá, parece
que hables de otra cosa.
- Ya, cariño, me refiero
a que a ver si me dejas dormir.
- Será como si durmieras
con Papá, ¿No?
- Huy, tu padre ronca y ya te habrás
fijado que casi siempre se tiene que ir al cuarto de los invitados.
Yo me fui desvistiendo, para demostrar
naturalidad y modernidad, y ella me echó un ojazo, de arriba abajo
justo cuando estaba en calzoncillos. Yo pude ver que ella tampoco se iba
al water a cambiarse y la vi de espaldas sin sostén, apreciando
la base de su teta derecha, lo que me turbó y excitó.
Nos tumbamos y se levantó
un poco y me dijo:
- Rafa, cariño, gracias
por haberme acompañado. Iba muy bien acompañada.
- Yo lo pasé de maravilla
junto a ti, mamá.
Y me dio un beso ligero en los
labios. Yo flipaba.
Apagó la luz y nos tapamos
con la manta pues estábamos los dos cansados. Con la excitación
que tenía, al poco rato, rocé mi muslo con su culo pero me
eché atrás. Ella, a los 10 minutos, se abrazó a mi
espalda y con su mano rozó mi paquete un poquito. No supe si era
consciente o inconscientemente.
Nos levantamos muy tarde. A eso
de la 1 paseamos por la playa, que quedaba cerca, y tomamos varios cafés
por la resaca. Reíamos mucho y hablábamos distendidamente.
Ella estaba juvenil, y alegre.
Ese día yo iba con una camisa
normal y vaqueros, y ella con una falda verde más corta que la de
anoche y una blusa blanca, ceñida e igual de escotada que la de
ayer.
Comimos en el Hotel y a las 4 subimos
a nuestra habitación, que tenía minibar y una cadena musical
con varios CDs a escoger.
- ¿No te apetece una copa,
Mama?
- Si, y pon música, cielo.
Puse una romántica bailable.
- Hummm, Rafa, qué bien
has escogido.
- Ven, Mami, bailemos.
Nos abrazamos y empezamos a bailar
pegados. Su pecho estaba pegado al mío y lo notaba a la perfección,
y nuestras miradas se buscaron.
- Rafa, cariño, no sabes
cómo me vino de bien evadirme un poco de la monotonía con
tu padre.
- No es por ser mal hijo, Mami,
pero eres guapísima y te habrán tirado los tejos.
- Calla, sinvergonzón.
Y me pegó un cachete cariñoso
en el culo.
- Mamá, tienes que perdonarme
por lo de anoche.
- ¿Por qué, cariño?
- ¿No te acuerdas?. Por
esto...
Y nuevamente le toqué el
pecho, pero esta vez por más tiempo y sin soltar las manos.
- Rafa, que es la segunda vez que
me tocas el pecho.
- Es que lo tienes precioso y me
encanta tocarte, mamá.
- No digas eso, Rafa, no debemos
hacer eso. Anda, deja de meterme mano descaradamente.
- ¿Pero me perdonas, mamá?,
dije con cara de muy preocupado.
- Claro, cariño. ¿No
ves que a la noche la curiosidad hizo que rozara levemente tu pene?
- ¡Je!. No sabía si
lo hiciste consciente o inconscientemente.
- Yo no soy de piedra y tengo mi
curiosidad. Además, tú me metiste mano a mí antes,
en la boda.
- Pues ahora me tienes más
cerca.
- Ya, Rafa, y seguro que ahora
le tienes enorme, ¿No?
- Te está esperando, mamá,
aprovecha.
- ¿Pero qué dices?
Y con la música, la copa,
la excitación de ambos por la que nos dejamos llevar, le metí
los dedos por su escote, tocando mis nudillos esa piel prohibida a todo
extraño a una pareja, le empezaba a tocar realmente sus tetas.
- Rafa, mi amor, ¿Qué
estamos haciendo?
- Tú lo necesitas tanto
o más que yo, mamá. ¿Por qué buscar fuera lo
que tienes aquí en tu propia habitación.
- Y no sabes cuanto lo necesito.
10 años sin sexo alguno, yo que antes de casarme los tenía
a puñados. Esto es como una aventura, Rafa.
- Mamá, que lo estás
deseando. Ahora no hace falta que sólo lo roces.
Le besé muy cerca del labio
y ella bajó su mano derecha hasta mi paquete. Lo apretó hasta
casi hacerme daño.
- ¡Rafa!, es enorme. No sabes
hace cuento que deseaba un hombre así cerca de mí.
- ¿Y si te la enseño
ahora qué harías, mamá?
- ¿Qué crees, crees
que con mi excitación, mi edad y mis ganas de verla me iba a escapar
corriendo?
- por favor, mamá, desabróchame.
Quiero cumplir tu deseo, eso que tanto necesitas.
- Lo estaba deseando, Rafa.
Y desabrochó el pantalón,
tocándola antes por el calzoncillo. Enseguida me bajó el
calzoncillo y salió mi tranca de 18 centímetros y ya llena
de sudor y con alguna que otra gotita blanquecina. Se agachó con
cara de asombro, mordiéndose los labios, para verla más de
cerca.
- Mamá, que no muerde.
Y le dirigí su mano hasta
mi verga. Empezó a tocarla y me masturbaba de arriba abajo.
- Rafa...
Me miraba con gesto de excitación.
Yo le metí mi mano izquierda
por completo dentro de su escote, tocando por completo su pezón
y su pecho redondo y perfecto, palpándolo con la mano, con algo
de fuerza.
- Rafa, estoy asustada. ¿Dónde
hemos llegado?. Es tremendo. Todo debió de quedar en que me metieras
mano anoche, nada más.
- Mamá, lo necesitabas.
Desaté tus ganas, y así sé que no irás con
otro de afuera. Ven aquí.
Le besé en la boca y nuestras
lenguas se juntaron. Ella me desabrochó la camisa y me sobó
mi cuerpo.
- Yo también quiero tocarte
el pecho.
Nos desnudamos por completo.
- No, Rafa, las bragas sí
que no. Siéntame.
Me senté en la cama.
- Hace más de 20 años
que no hago una cosa que no puedo dejar escapar otra vez.
Sus pechos estaban encima de mis
rodillas y ella me besó mis pezones, bajó hasta la barriga,
deteniéndose en el ombligo, con lo que me hizo muchas cosquillas,
y así bajó hasta que sus labios apresaron mi glande. Se la
fue metiendo poco a poco en su boca, chupándomela de maravilla y
sintiendo yo un enorme placer, húmedo y cálido.
- ¡ Mamáaaaaaaaa...
!
- Rafa, cariño, tu padre
hizo muy mal en no venir conmigo. Eso fue la gota que colmó el vaso.
Ven, acuéstate encima de mí.
Ella se puso en la cama, cara arriba,
y yo me puse encima de su cuerpo, besando su cuello y sus labios mientras
mi mano derecha sobaba su pecho.
Yo estaba por completo encima de
ella, acariciándole ahora su pelo y culeándola, pero sin
llegar a penetrarla, sólo rozando sus labios vaginales y su mata
de pelos.
- Rafa, sáciame de una vez,
por favor, sáciame.
Se quitó sus bragas, me
cogió el pene y se lo puso justo a la entrada de su maternal cueva,
abriendo su pubis para que su hijo la penetrara. Noté como mi glande
vencía una barrera caliente, húmeda, musculosa, su vagina,
y la penetré.
Nos besamos como locos y yo la
empujaba con fuerza.
- Mamá, me corro.
Ella se estiró mucho y la
besé en su nuez, en su cuello, y noté como eyaculaba un enorme
chorro de semen en mi madre.
Así quedamos en la cama
descansando unas horas. Le dije:
- Mamá, ¿Y si quedas
embarazada?
- No te preocupes, Rafa, mañana
tendré que hacer el amor con tu padre por si acaso.
Aquella noche hicieron el amor,
pues los oí. Y pasados 9 meses nació una niña, y nadie
supo quién era el padre (ella no hizo el ADN aunque yo se lo pedí).
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