ME CAMBIÓ LA VIDA (III)
Filial, hetero, polvazo, tío y sobrina. Hizo el amor
como nunca, sabiendo que tenía de espectadora a su sobrina
Continuación del relato erótico
"Me cambió la vida" publicado en "El Rincón de
Marqueze.net" el día 15 de Marzo de 2002.
Me preparé para brindar el espectáculo de mi vida. En ese momento,
me sentía
un actor de películas pornográficas. El saber que mi sobrina Mercedes
nos
estaba espiando me provocó una excitación mayúscula. Mi
pene iba aumentando
de tamaño rápidamente. Tan solo de pensar en la situación
en que me
encontraba. Sentí como si hubiera recuperado la juventud de golpe.
Olga estaba sentada al borde de la cama con la copa de champagne en los
labios.
Quiero tomar de tu boca le dije.
Ella, con una sonrisa dio un sorbo y se acercó a mí poniendo su
boca sobre
la mía. Y bebí de su boca. Nuestras lenguas nadaron entrelazadas
en el
burbujeante líquido.
Tumbándola de espaldas en el lecho, derramé en uno de sus pechos
un poco de
bebida y lo recogí con mi lengua recorriendo cada centímetro de
esa carne,
hasta detenerme en el pezón. Me lo introduje suavemente en la boca, mientras
lo masajeaba con la lengua. El pezón fue endureciéndose poco a
poco mientras
iba creciendo tremendamente, entre los suspiros cada vez más sonoros
de
Olga.
- Chúpame las tetas... así, así, no pares. Muérdeme
los pezones... sí...,
cómo me calienta,
me estás volviendo loca. Estoy por acabarrrrr!!! Chupámelas así...
bien
fuerte!!! Ahh.... me voyyyy....
Su cuerpo parecía un terremoto. Movía la cabeza como poseída,
disfrutando de
ese orgasmo como si fuera el último, al tiempo que yo saltaba
alternativamente de una teta a la otra cada ver con mayor ímpetu, chupando
y
mordiendo sin parar, mientras miraba por los espejos hacia donde estaba
Mercedes. Entre la penumbra pude distinguirla con una mano entre las
piernas, mientras con la otra se acariciaba los pechos. Seguramente se
estaba masturbando con lo que veía.
Oí que Olga me decía:
- Qué bien que chupas las tetas, Juan. No sabes cómo me hiciste
gozar.
Estabas como desesperado. Creí que me las ibas a destrozar.
- Es que hacía mucho que no veía unas tetas como las tuyas. Me
enloquecen.
Mira cómo tengo la pija endurecida.
- De eso me encargo yo, querido. Ahora voy a tomar el champagne a mi manera,
ya que tú lo hiciste a la tuya
Y dicho eso, tomó la botella y derramó un chorro en mi verga.
Fue como echar
agua helada en un hierro candente. Pasó la lengua por todo el tronco
y llegó
a los testículos, los que lamió con avidez. Vertía el licor
y volvía a
lamerme. Hasta que dejó la botella y se introdujo la pija hasta el fondo
de
la garganta. Evidentemente, no tenía problemas con las amígdalas.
La sacaba
y la volvía a meter haciendo movimientos circulares con la cabeza.
Yo la ayudaba con una mano apoyada en la nuca, mientras hacía gestos
de
infinito placer mirando hacia donde estaba la espiona.
Le dije:
- Ahora, te voy a dar chupar esa concha que debe estar hambrienta. Quiero
sentir su sabor.
Le saqué la bombacha que hasta ese momento no me había molestado.
Y la
acosté boca arriba, apuntando con su vagina hacia donde estaba Mercedes.
Luego me coloqué sobre ella en dirección invertida. Quedamos cada
uno con el
sexo del otro a la altura de la boca. Al instante, sentí el calor de
su boca
alrededor de mi pija. Olga no perdía el tiempo. Abrí bien sus
piernas,
primero, y luego con los pulgares separé los labios de su vulva. Era
un río
de flujo. Recorrí los labios superiores con mi lengua, pasando después
a los
inferiores.
A pesar de tener toda mi tranca en la boca, se oían los quejidos de gozo
de
Olga. Llegué al clítoris que estaba hinchado, erecto y duro como
un dedal.
Le pegaba lengüetazos, lo metía en la boca y lo succionaba con deleite.
Olga
se sacó mi pija de la boca y empezó a gritar como loca - Ay, me
estás
matando... cómo me gusta.... voy a acabar otra vez... Ahí va..
ahhhh...
Clavé la vista en la penumbra del vestidor y me pareció ver que
el
cuerpo de Mercedes se movía cada vez más rápido. Flor de
paja se debía estar
haciendo.
A rato, Tomando a Olga de las caderas hice que nuestros cuerpos giraran,
quedando yo debajo y ella en cuatro con las nalgas en dirección al vestidor.
Seguí chupándole la concha, pero ahora empecé a acariciarle
el ano
circundando el apretado ojal con un dedo humedecido por la mezcla de saliva
y jugo que salía de su vagina. Esto provocó un nuevo temblor en
el cuerpo de
Olga. Evidentemente, le gustaba. Introduje el dedo en el agujerito en el
mismo momento en que tenía un nuevo orgasmo, matizado con sus gritos
de
lujuria.
- Quiero que me cojas. Quiero tu verga adentro. Cógeme. Destrózame
la
concha.
Métemela bien hasta el fondo. Te quiero sacar hasta la última
gota de
leche. Hijo de puta, cogeme de una buena vez.
Poniéndola otra vez de espaldas en la cama, la arrastré por las
piernas
hasta el borde, abriéndoselas y colocándolas sobre mis hombros.
Empecé a
pasarle la cabeza de mi verga por los labios de la concha, mientras ella
seguía pidiéndome que se la metiera de una vez.
Introduje el glande y lo saqué, cosa que provocó otra serie de
insultos por
parte de Olga, mientras me clavaba las uñas en los brazos. - Dale,
guacho de mierda, cogeme, partidme en dos.
De un solo golpe se la metí hasta los huevos. Ella gritó de placer.
Yo
sentía la pija más grande que nunca, como si fuera a explotar.
Estaba
tremendamente caliente. Más aún sabiendo que mi actuación
tenía una
espectadora de lujo que seguro no se perdía un solo detalle.
Olga tuvo otro ruidoso orgasmo, más que ruidoso diría escandaloso.
Yo, por
mi parte, hacía denodados esfuerzos por no acabar. Quería que
mi obra fuera
completa.
Hice levantar a Olga de la cama y pararse con las piernas bien abiertas.
Luego le dije que se apoyara en la cama sin doblar las rodillas. Quedó
con
la cabeza gacha y la cola parada, ofreciéndome los dos agujeros en total
estado de indefensión. Yo me sentía como un guerrero a punto de
efectuar los
últimos ataque en pos de una victoria ya plenamente asegurada.
Le pegué con mi verga varias veces en las nalgas y, sin previo aviso,
se la
volví a ensartar en la concha. Con un gran suspiro, a Olga se le doblaron
los brazos y cayó con la cabeza sobre la cama, pero sin doblar las rodillas.
Eso hizo que su culo se alzara más y mi pija entrara con mayor facilidad
aún. Creo que, si me lo hubiera propuesto, hasta le hubiera podido meter
las
bolas dentro de la vagina.
Mientras bombeaba fuertemente, haciendo que se oyera el ruido de mi pelvis
chocando con sus glúteos, coloqué los dos pulgares, bien lubricados
con el
flujo vaginal, en la puerta de su ano, como queriendo abrirlo como una
naranja. Poco a poco, le fui metiendo uno de los pulgares, cosa que hacía
que Olga gritara más. Cuando desapareció
ese dedo en su interior, repetí la maniobra con el otro. Al rato, ya
tenía
los dos metidos hasta el fondo, mientras seguía metiendo y sacando mi
pija
de su concha. Lógicamente, esto no pasó desapercibido para Olga,
que como
loca, acrecentó todavía más los alaridos acompañando
los múltiples orgasmo.
En ningún momento hizo alusión a lo que pasaba por su trasero.
Eso me
demostró que no le interesaba quejarse por ello. Al contrario, parecía
que
también le agradaba.
Ni corto ni perezoso, saqué mi pedazo de carne de su concha y la apoyé
en la
puertita marrón.
- Sabía que querías eso. Te estaba esperando, hijo de puta. No
sólo me
queréis dejar
ardiendo la concha que también queréis romperme el culo. Hacédmelo,
pero
despacio. No me hagas doler.
- Te la voy a poner despacio, no te preocupes. Pero, hasta el fondo.
Presionando lentamente le fui metiendo la cabeza. Olga gritaba. No sabía
si
era de dolor o de placer. Cuando estuvo toda la cabeza adentro, me quedé
quieto para que su culo se fuese acostumbrando. En un momento, Olga pegó
un
empujón violento hacia atrás y se tragó todo el pedazo
de un golpe. Creo que
me dolió más a mí que a ella. Así ensartados nos
quedamos un instante
quietos, lo que permitió que mi pija se fuera acomodando a esa nueva
funda.
Después. Comencé con las idas y venidas, teniéndola de
la cadera. Cada vez
que se la metía, ambos hacíamos fuerza para que llegara lo más
a fondo
posible.
- La tengo toda metida en el culo. Qué bien que se siente. Dame más
fuerte
que estoy por
acabar otra vez. No voy a poder caminar con tantos polvos que me hiciste
echar. Eres una máquina, un animal. Y vos todavía no acabas. Tenéis
un aguante
increíble. Y tenéis la pija dura como un fierro. Me estás
matando.
Lo que ella ni se imaginaba era el porqué de tanto arrebato y calentura.
No
sabía que ella era, en esos momentos, la protagonista femenina de una
obra.
Y, la verdad, su actuación era digna de los más calurosos aplausos.
Pero, yo
sí lo sabía. Y me compenetré como nunca en mi papel. Me
sentía como un actor
que sabe que lo está viendo el mejor de los cineastas.
Sin sacarle la pija de lo que había dejado de ser un agujerito, me senté
en
la cama con ella de espaldas a mí. Se levantaba y se dejaba caer
violentamente, devorando mi verga, mientras yo le apretaba las tetas y le
pellizcaba los pezones, cosa que la llevó a tener su enésimo orgasmo.
Consideré que había llegado el momento de terminar con nuestra
actuación y,
al palpar semejantes tetas que hacían que mis manos parecieran tan chicas
como las de un niño, se me ocurrió una escena especial para el
final.
- Te quiero coger las tetas y acabarte en ellas. Pero, que sea de parado. Me
voy a apoyar en la pared.
Me subí a una silla y giré uno de los spots hacia la entrada del
vestidor,
cuidando de no iluminar el interior. Entonces, caminé rápidamente
hasta allí
para evitar que mi sobrina pudiera escapar de su escondite. Me apoyé
de
espaldas sobre el marco de la entrada. Mercedes vería el perfil de mi
cuerpo. En especial mi verga en toda su magnitud, con su roja e hinchada
cabeza apuntando hacia el techo. Estaría a no más de dos metros
de mí.
Tendría para ese gran final una ubicación preferencial.
Olga se acuclilló delante de mí y dijo - Cómo está
esta preciosura.
Cuánta lechita debe tener adentro. Esa lechita va a ser mía. Te
voy a coger
con mis tetas como nunca te cogió nadie, mi cielo.
Tomó mi miembro y lo colocó entre sus gigantes globos, los que
apretaba con
sus manos.
Comencé a moverme de atrás para adelante. Estaba cogiendo otra
vez. La
cabeza de mi pija desaparecía y de golpe resurgía por entre las
tetas,
abriendo su orificio como una pequeña boca. Olga había bajado
la cabeza y
recibía cada resurgimiento con la lengua. Le daba lengüetazos como
si fuera
un látigo. Mi gozo era indescriptible.
Yo, para darle mayor dramatismo, entre sonidos guturales y suspiros
exagerados le decía: - Qué lindas tetas. Que bien que me cogen
tus
tetas. Ahora voy a acabar y te voy a bañar con mi leche. Estoy gozando
como
nunca. Me encanta cogerte. Me gusta que seas tan puta. Lámeme la pija.
Así,
que me encanta.
Sentí en todo mi cuerpo el escalofrío que anunciaba la inminente
descarga.
- Estoy por acabar, siento que ya viene la leche, tu lechita. Va a ser toda
para vos. Ahí
viene. Sí. Sí. Me voyyyy. Toma mi leche. Tómala que es
tuya.. ahhhhh.
Y surgieron violentos torrentes de esperma que bañaron completamente
la cara
de Olga, los cabellos. Ella abría la boca y saboreaba todo lo que le
entraba, mientras el resto se le iba deslizando por la barbilla hasta caer
sobre sus magníficas tetas. No podía creer que me saliera tanto
esperma.
Ella se levantó y refregó sus tetas contra mi pecho, mientras
se relamía
buscando más para tragar. Luego, me pasó los brazos por el cuerpo
y me besó
apasionadamente.
- Te gustó todo lo que te hice? Me preguntó.
- Por supuesto. Fue uno de mis mejores polvos de los últimos tiempos.
Y tú
cómo te sentiste?
- Yo gocé como una loca. Me encantó. Me sentí la abogada
más puta. Creo que
más puta que abogada. Nadie me había calentado tanto. Hasta me
hiciste el culo,
que yo soy bastante reticente en entregarlo. En especial, la primera vez. Decidme,
cogiendo como coges, todavía no te volteaste a tu sobrina? Mira que esta
muy buena, eh?
Si hasta yo me excité hablando de nuestros cuerpos con ella. Aunque no
lo creas,
hasta fantaseé con qué se sentiría chuparse esa conchita
tan nuevita. Y? Ya te la
comiste, querido tío?
Sabiendo que Mercedes estaba allí, oyendo lo que Olga decía, no
pude menos
que alegrarme, viendo cómo, sin querer, me estaba ayudando a llevar adelante
mis planes.
- Por favor. Es mi sobrina. Me pidieron que la cuidara. Ni se me pasaría
por
la cabeza pensar en tener algo así con ella. Yo la veo sólo como
la niña que es.
Y, ahora, basta de hablar sobre eso y vamos a bañarnos que quedamos a
la miseria.
Al ir hacia el baño, alcancé a distinguir cómo se abría
y se cerraba,
silenciosamente, la puerta trasera del vestidor.
Después de bañarnos, pedí un auto para que llevaran a Olga
a su domicilio.
La despedí en la puerta y entré nuevamente a la casa.
Fui hasta la habitación de Mercedes y toqué su puerta.
Vi que se encendía la luz y, al cabo de un par de minutos, apareció
Mercedes con el mismo camisón que usara la noche anterior. Podía
ver que
sólo llevaba una tanga diminuta debajo. Los rozados pezones se percibían
con
total claridad. Si bien sus tetas no eran de la magnitud de las de Olga,
eran bastante grandes y paradas. Me sorprendió sentir cómo mi
cuerpo
reaccionaba a pesar de la gran sesión de sexo de un rato antes. Mi pija
comenzó a revivir, pero supuse que la bata que llevaba puesta no me
delataría.
Estaba con el pelo revuelto y hacía gestos como si la hubiera despertado
de
un largo sueño. Pero, con una mirada fugaz bajó los ojos hasta
mi
entrepierna y rápidamente los volvió hacia mi cara. Se quedó
quieta como
queriendo seguir exhibiendo su desnudez por un instante. Luego, fingiendo un
gesto de asombro, cubrió sus pechos cruzando un brazo sobre ellos. -
Perdón, Juan, es que estaba dormida. - Perdóname vos a mí
por
haberte despertado, pero quería asegurarme que ya estabas en casa. Hace
mucho que llegaste? le dije.
Ella respondió: - Hará un par de horas. Creí que no estabas
y vine
directamente a dormir.
Fingía bien la caradura.
- Y cómo te fue con tus amigas?. - Bien. La pasé
bárbaro. Fuimos a tomar algo y luego al cine. - Te gustó lo
que viste? le pregunté. - Sí, fue bastante
entretenido. me contestó con una sonrisa con un dejo de
picardía. - Y, ustedes, qué hicieron? - me preguntó. -
Vimos una película aquí y luego salimos a tomar una copa. Después,
la llevé
a su casa y vine aquí directamente.
- No hicieron nada más?, porque ella parecía estar muy a gusto
contigo.
Además, es una mujer muy hermosa y tiene un cuerpo al que no creo que
un hombre pueda resistirse
Recordé lo dicho por Olga sobre ella. Sentí que mi falo hacía
un movimiento
ascendente, sin poder yo impedirlo. Ella debió percibirlo porque bajó
sus
ojos hacia el bulto y, con celeridad, volvió a subir los ojos hacia los
míos. Sentí deseos de arrojarme sobre ella y hacerla mía
en ese mismo
instante, pero, por temor a arruinarlo todo, me contuve y le dije: -
Bueno, volved a la cama que es tarde, mañana seguimos charlando. Como
es
domingo, supongo que no tendrás nada que hacer. Ella me contestó:
- No. Me voy a quedar en casa. Quiero disfrutar un poco de la pileta.
Hace mucho que no tomo sol. Hasta mañana. Mejor dicho, hasta luego
y, dándome un casto beso, se dio media vuelta y, apoyando su mano
en la puerta como para cerrarla, se detuvo un instante, dio vuelta la cara y
me dijo - Que descanses. Seguro que lo necesitas. Hizo
una pausa y agregó: Seguro que todavía no te repusiste del
viaje. Al mirarme, debe haber notado la forma en que le estaba
mirando el culo. No era para menos, La tanga era muy finita y pude ver sus
nalgas blancas con total claridad. Además, pensé, si no hubiera
querido que
la observara, no hubiera girado tanto el cuerpo como lo hizo. Estaba seguro
que fue a propósito. Le respondí: - Gracias.- y me dirigí
a mi
cuarto, mientras ella cerraba su puerta.
Me saqué la bata y me tiré desnudo en la cama. Cerré los
ojos e hice en mi
mente un rápido racconto de todo lo sucedido ese día.
Si bien, ella había estado espiado mientras cogíamos con Olga,
también había
estado viendo la película porno que había dejado puesta. A esa
edad, es
lógico que una jovencita se excitara con esas cosas y qué mejor
que ver una
película en vivo y en directo. Eso no quería decir que estuviera
caliente
conmigo. Yo había sido solamente un cuerpo y nada más. Aunque,
la actitud
que había tenido en la puerta de su habitación conmigo daba lugar
a
alimentar ciertas esperanzas. Pareció como un juego. Ambos nos habíamos
mentido y ambos lo sabíamos. Y eso de recibirme casi desnuda?. O me estaba
provocando o, verdaderamente, se había quedado dormida mientras me despedía
de Olga y no se dio cuenta de su desnudez. Bueno, ya habría tiempo para
descubrir sus verdaderas intenciones. Las mías yo ya las conocía.
Y, con
esos pensamientos, me quedé dormido. Había sido un día
muy ajetreado y mi
cuerpo necesitaba descanso.
Por la mañana, un ruido a entrechoque de vajilla me despertó.
Allí, parada
en medio de la habitación, estaba Mercedes con una bandeja en las manos.
El
ruido continuaba a causa del temblor de sus brazos. Tenía la cara
enrojecida. - Perdón, Juan, quería servirte el desayuno en la
cama ya
que durante la semana no pudimos desayunar juntos. Llamé a la puerta
y, como
no contestabas, supuse que estarías durmiendo, así que entré.
- me
dijo mirando para otro lado. Recién entonces recordé que me había
acostado
totalmente desnudo. Rápidamente, me cubrí con una sábana.
Me senté en la
cama y recibí la bandeja. Mientras la acomodaba en mi regazo, le dije:
- Bueno, ahora estamos a mano. Anoche yo te vi casi desnuda y ahora
tuviste tu revancha, Aunque no creo que lo que viste te haya agradado
demasiado. Ella, poniendo cara de circunstancia, contestó: -
No puedo decir que me gustó o no me gustó. Sólo sé
que me sorprendió. Nunca
antes había visto un hombre desnudo, salvo en películas, claro.
- Nunca?. No puedo creerlo.
Y, saliendo de la habitación, me dijo: No. Nunca. Aunque no lo
creas.
Esa actitud nuevamente me llenó de inquietud. Estaba yo seguro de haberla
visto espiándonos desde el vestidor?. Mi subconsciente no me habrá
traicionado y vi lo que yo quería ver? No habrá llegado y se habrá
ido
directamente a dormir, como dijo? No me estaré haciendo demasiado los
ratones y estoy alucinando?
Con esas dudas rondándome la cabeza, salí de mi pieza y busqué
a Mercedes.
La encontré tomando sol tirada boca abajo sobre una colchoneta al lado
de la
pileta. Tenía puesta una malla de dos piezas diminuta y pude observar
con
total comodidad la belleza de sus piernas y de su cola. Me acerqué a
su lado
y le dije: - Mercedes, quiero disculparme por lo de esta mañana en mi
cuarto. Ella me contestó: - No te preocupes, fue mi culpa.
Está todo olvidado. Igual, no pasó nada del otro mundo, no es
cierto?.
- No. Creo que no. La que se impresionó fuiste vos. Y si ya lo
olvidaste, ya está. No hay más que hablar. Para suavizar más
el
clima, le recordé que a esa hora el sol era demasiado fuerte y que debía
ponerse algún bronceador porque en un rato iba a quedar como un langostino.
Ella se rió y me dijo que no tenía ninguno. Yo subí a mi
habitación, me puse
un short de baño y busqué en el botiquín del baño
un pomo de crema
bronceadora. Luego bajé nuevamente al jardín, le di el pomo a
Mercedes y me
zambullí en la pileta. Cuando salí del agua, ya se había
puesto la crema en
la cara, en el torso y se la estaba pasando por las piernas. Al verme, me
dijo - Podrías pasarme la crema por la espalda?. Sé buenito.
Yo, tratando de no pensar en las consecuencias, accedí. Me dio el pomo
y se
puso boca abajo. Yo me senté a un costado y suavemente le empecé
a untar los
hombros, los brazos y luego la espalda. - Desabróchame el corpiño,
por favor, y pásame crema por ahí también así tomo
sol sin que me quede la
marca. Sentí que la temperatura de mi cuerpo empezaba a subir, pero
traté de no pensar en nada pecaminoso mientras le desabrochaba el
corpiño. Ella arqueó el cuerpo y hábilmente retiró
la tela, levantó los
brazos y apoyó la cabeza sobre ellos. Vi cómo sus pechos se aplastaban
contra la colchoneta sobresaliendo por los costados. - Ahora sí,
puedes ponerme la crema. Dejé caer unas gotas sobre sus hombros y
comencé a masajearlos. Luego volqué más crema sobre su
espalda y la fui
esparciendo. Todo lo hacía con una sola mano por estar sentado a un costado
de ella. Entonces dijo: - Qué bien que lo haces. Tenéis las manos
muy
suaves. Aprovecha y dame unos masajes que me encantan.
Pero, así estás muy incómodo. Porqué no te pones
sobre mí para poder usar
las dos manos?. - Es que tengo miedo de aplastarte, ja,
ja dije tratando de disimular la turbación. - Podéis
poner una pierna a cada lado, de rodillas,. - Es que puede ser
muy peligroso. Riéndose, replicó: - No creo que lo sea tanto,
porque no debes pesar demasiado, si te llegas a caer encima de mí. Vamos,
ubícate de esa forma y hazme los masajes, porfa.
No me quedó más remedio que hacerlo. Me situé a la altura
de su cintura, con
una pierna a cada lado apoyado en las rodillas, y le puse un chorro de crema
en la espalda. Con el nerviosismo, dejé caer demasiada cantidad y la
esparcí
por toda su espalda. Ella dio un pequeño gritito: - está cayendo
por
los costados y me hace cosquillas, atájala. Instintivamente puse mis
manos a los costados de su cuerpo para detener la crema que se deslizaba y,
de repente, me encontré con las manos en los flancos de sus pechos. El
contacto de esas redondeces en mis manos hizo que algo similar a una
descarga eléctrica recorriera mi cuerpo, concentrando toda su energía
en mi
pene, que empezó a crecer, a pesar de los esfuerzos que yo hacía
por
evitarlo.
Rápidamente, retiré mis manos de sus tetas dirigiéndolas
nuevamente a la
espalda. Ella, con la voz entrecortada, susurró: - Siento que siguen
cayendo las gotas ahí al costado, por favor, volved a masajearme ahí,
así se
esparce bien la crema.
Fui recorriendo con mis manos el camino a hacia ambos lados, viendo cómo
los
dedos me temblaban. Al llegar otra vez a sus tetas, las empecé a acariciar
suavemente, bajando hasta llegar a la lona de la colchoneta. Traté de
meter
los dedos por debajo, para llegar a los pezones, pero la presión que
ejercía
su cuerpo me lo impidió. Así que continué mis masajes sobre
lo que estaba a
mi alcance.
Ya tenía un bulto considerable en el pantalón. No sabía
cómo iba a hacer
para disimularlo.
Ella me dijo: - Ahora, seguí con la cintura que allí no lo
hiciste.
Para poder masajear su cintura debí correrme hacia atrás colocando
mis
rodillas a la altura de las suyas, así que su culito, con las nalgas
totalmente al aire, estaba a pocos centímetros delante de mi hinchado
paquete. Puse crema en mis manos y procedí a masajear su cintura, aunque
mi
vista estaba clavada un poco más abajo.
- Ponme crema en esa parte, que es muy sensible y no quiero que se
queme. Porque después no voy a poder sentarme. y llevó sus
manos hasta el elástico de la tanga y la bajó un poco, dejando
al
descubierto el nacimiento de la hendidura entre sus glúteos. Al hacerlo,
rozó con el dorso de una de sus manos la punta de mi verga, que dio un
respingo. No había tenido tiempo de apartarla. Al sentir esa dureza,
movió
un poco la mano haciendo como que se acomodaba la tela e hizo más presión
sobre mi falo, esta vez por el costado, recorriéndolo desde el glande
hasta
la mitad del tronco. Luego, volvió a poner los brazos debajo de su cabeza
como si nada hubiera sucedido. Yo creí que me iba en seco. Miré
la punta del
paquete y noté una pequeña mancha. Era líquido preseminal.
Nuevamente, unté mis manos y acaricié la parte de su trasero que
había
quedado al descubierto. Un poco de crema se había estacionado en el
comienzo de la rayita, así que suavemente la saqué con la punta
de un dedo.
En ese instante, percibí un leve temblor en su cuerpo, mientras oía
cómo se
le escapaba un sordo suspiro. Seguí con el masaje, pasando de la cintura
a
la parte de la cola alternativamente. Me envalentoné y, sin pedirle permiso,
comencé a diseminar crema directamente en sus glúteos, mientras
se los
acariciaba con movimientos circulares. - Esta parte también está
muy
expuesta, si no la cuidas, entonces sí que no podrás sentarte
por un
tiempo. Cuando sintió mis manos, instintivamente contrajo los
músculos, pero, a medida que yo aumentaba la presión de las caricias,
los
fue aflojando. Tenía una piel muy suave y la carne firme propia de su
juventud ayudada por las clases de baile y la gimnasia que hacía.
Al rato, dijo: - No te imaginas qué relajada me siento. Tenéis
unas
manos maravillosas. Podéis hacérmelo un poco en el cuello, que
tengo una
pequeña molestia?. Y levantó el torso, quedándose de rodillas
frente
a mí y tapando su busto con un brazo cruzado sobre el pecho, aunque yo
no lo
podía ver. Al incorporarse tan rápidamente, no me dio tiempo a
correrme
hacia atrás, así que casi su culo tocaba mi bulto. Me puse a acariciar
su
cuello y ella suspiraba, ahora sin ocultarlo. - Ay, que bueno, seguí
así que me hace bien. Y, de repente, se inclinó un poco para
adelante, haciendo que su trasero se apoyara en mi paquete. Después,
se
enderezó y nuestras partes se separaron. Un instante después,
volvió a hacer
lo mismo, esta vez con mayor presión apretando mi pija contra mi ombligo.
Yo, ya sin disimulo, presioné mi asta hacia delante. Sentía cómo
se
acomodaba entre las dos montañas. Ella movía la cabeza de un lado
hacia el
otro y ese movimiento se transmitía a su trasero. Mientras yo le masajeaba
el cuello con mis manos, ella masajeaba mi pija con las nalgas. - Me
encanta como se sienten tus manos, Juan. Estoy en la gloria. -
Y a mí me alegra que te guste le contesté, mientras movía
mi
pelvis, como si estuviéramos cogiendo. Bajé las manos por sus
hombros
suavemente y las pasé por sus axilas, descendiendo por los costados su
cuerpo. Cuando estuve a la altura de sus pechos, las dirigí hacia ellos
- El masaje tiene que ser completo.
Mercedes bajó el brazo con el que se cubría y pude abarcar sus
tetas con
ambas manos, mientras que ella imprimía mayor presión con su cola,
entregándose sin retaceos a esas nuevas caricias. Pasé las palmas
sobre sus
pezones y noté como se ponían cada vez más duros. Los apreté
con los dedos,
lo que le produjo un hondo suspiro y una mayor presión contra mi falo.
Suavemente, la di vuelta y la acosté de espaldas. Las tetas se alzaban
como
dos volcanes y los pezones eran los cráteres a punto de estallar.
Ella cerró los ojos, entregándose a lo que imaginaba que vendría.
Me acerqué
a sus pies y, con las manos untadas, comencé a sobar sus dedos, uno por
uno.
Luego, fui subiendo por las pantorrillas, hasta llegar a sus muslos, los que
acaricié lentamente, como reconociendo cada palmo de su carne. Desde
ahí
podía ver la parte de la tanga que cubría su conchita totalmente
mojada.
Estirando los brazos, la tomé por el elástico y la fui bajando
hasta
sacársela totalmente.
Volví a ocuparme de sus muslos, esta vez con los pulgares en la parte
interior, subiendo y bajando las caricias.
Veía los rulos de su vello suave y poco tupido, que descendían
tenuemente a
cada lado de su vulva. Con mis dedos acaricié la pequeña mata
de su pubis y
fui bajando hasta hacerlos descansar al lado de sus labios verticales. Su
vientre se contrajo y los pezones se agitaron. Comencé a pasar mis dedos
muy
delicadamente por esos labios carnosos tan humedecidos. Noté como contraía
los dedos de los pies a cada movimiento de mis manos. Fue abriendo poco a
poco las piernas como para facilitar mi tarea. Recorrí los labios superiores
con un dedo, de un extremo a otro. Los labios de abrieron quedando mi dedo
entre ellos, como si me lo fuera a devorar. Seguí moviendo el dedo
lentamente en todo su recorrido, mientras el cuerpo de Mercedes se agitaba y
su boca se abría pasando la lengua por sus labios, tratando de vencer
su
sequedad. Más se le secaban los labios de la boca, más se le humedecían
los
de la vagina.
- Juan, me estás volviendo loca, me siento mareada. Qué me estás
haciendo?.
- Queréis que deje de hacerlo? dije mientras sacaba mi
mano de su entrepierna.
- No. Sigue, sigue, por favor, que me gusta mucho
Volví a meter, esta vez dos dedos en su conchita, pero sólo a
la altura de
sus labios, sin penetrarla. Y llegué hasta el clítoris. Le pasé
la yema de
los dedos suavemente sobre la punta y éste reaccionó irguiéndose.
Mi sobrina
dejó escapar un pequeño grito. Y se mordió los labios.
Tomé el pequeño botón con dos dedos y comencé a
apretarlo y retuércelo con
mucha delicadeza. Mercedes se revolvía moviendo la cabeza para todos
lados,
mientras de su garganta salían incomprensibles sonidos guturales y movía
las
caderas elevando la pelvis con desesperación.
Mientras le acariciaba el clítoris, introduje un dedo de la otra mano
en su
interior y luego otro hasta topar con un obstáculo. Evidentemente, no
había
mentido. Era virgen. Su himen estaba intacto. Yo sabía que lo estaría
por
poco tiempo. Aunque no era mi intención que fuese en ese momento. Quería
disfrutar de su virginidad un poco más.
Comenzó a retorcerse más violentamente, mientras doblaba las rodillas
y
movía la pelvis subiendo las caderas, como queriendo que los dedos que
sentía en su interior la penetraran hasta el fondo de su matriz. De pronto,
empezó a jadear ruidosamente y gritó: - Me estoy yendo!!! Dios
mío,
estoy acabando!!! Qué hermosa sensación. Creo que me voy a desmayar!!!
Acabo, ahora, sí!!! estoy acabando!!! Juan... Juan... Ahhhhhh!!!!
Y con unos violentos estertores, llegó al orgasmo. Luego, se quedó
quieta,
con los ojos cerrados. Como desmayada.
Yo me levanté de la posición en que estaba y me dejé caer
en la pileta.
Necesitaba refrescarme. Aplacar mi cuerpo de la calentura que me había
agarrado.
Ella, al oír el chapoteo que hice al caer al agua, se irguió abriendo
los
ojos para mirarme con cara de sorpresa. Le había hecho una paja. Estaba
completamente al palo y no había tratado de cogerla a pesar de haberla
tenido servida en bandeja de plata.
Se paró, con la cara encendida, acercándose a la pileta con pasos
inseguros.
Se sentó al borde de la pileta y fue dejándose caer al agua.
Donde yo estaba parado, los dos hacíamos pie. Se fue acercando lentamente
a
mí con los ojos clavados en los míos. Ciertamente, estaba desconcertada.
- Qué pasó? Por qué me dejaste?.- unas gotas rodaban por
sus
mejillas y no sabía si eran lágrimas o simplemente agua de la
pileta.
- Es que se acabó el juego. Todo para ti parece un juego. Te
propusiste excitarme desde el primer momento en que me acerqué a ti como
si
fuera un juego. Los masajes fueron parte del juego también. Tus frotamientos
contra mi sexo. Pero, no te imaginaste que llegaríamos a lo que llegamos.
El
juego te desbordó. Vos, sin proponértelo, terminaste excitada
como yo. Y yo
te saqué un poco de esa excitación. Te hice sentir lo que nunca
habías
sentido con las manos de un hombre. Creo que fue mejor que lo que sentiste
anoche al hacerlo con tus propias manos.
- Qué quieres decir? A qué te refieres? preguntó totalmente
turbada.
- Dejémonos de mentiras. Los dos sabemos que ambos hemos mentido
anoche. Ni yo fui a tomar una copa con Olga, ni tú te fuiste a dormir
apenas llegas a casa.
- Como?.
- Sí. Anoche te vi espiándonos desde el vestidor y noté
cómo te
masturbabas con el espectáculo.
Mercedes ya no pudo seguir fingiendo y, al verse descubierta, salió de
la
pileta y corrió hacia la casa entre sollozos. A pesar de todo, no pude
dejar
de admirar cómo se bamboleaban sus nalgas desnudas durante la carrera.
Bueno. Ya la había castigado bastante por las diabluras que había
hecho.
Aunque al tocarme el pene, llegué a la conclusión que yo también
me había
castigado. A pesar del agua fría, mi calentura seguía.
Salí de la pileta. Me saque la malla , me puse una bata y entré
yo también a
la casa.
Decidí hacer algo para ocupar mi mente en otra cosa y aplacar el calor
interior que sentía. Me dirigí al estudio y, sentándome
frente a la
computadora, pensé chequear mi buzón de correo electrónico.
El aparato ya
estaba encendido. Seguramente, Mercedes había estado en él, bien
temprano.
Su dirección de e-mail no había sido cerrada correctamente. Pensé
en
cerrarla yo, pero me asaltó el bichito de la curiosidad. Sin poderme
contener, fui retrocediendo en el historial del día y me encontré
leyendo
una carta dirigida a una amiga llamada Mónica.
En ella le contaba sobre todo lo que había vivido desde su llegada. Sus
estudios, sus clases, sus profesores, algunas anécdotas, hasta que llegué
a
un párrafo que me dejó helado.
..... es un hombre mayor que yo. Pero tú sabes que a mí los pendex
no me gustan. Es. además, de un tipazo, todo un caballero. Educado, dulce.
Cada vez que lo veo, tiemblo. Aunque sea mi tío, me hago la película
con él.
Es el hombre ideal para perder mi virginidad. Sé que me podría
enseñar todos
los secretos del sexo.....Anoche, estuve espiándolo (qué loca),
mientras
hacía el amor con una amiga. Y, fue algo sublime. Es un toro. La mató.
Le
dio por todos lados. Ni en películas vi gozar tanto a una mujer. Cómo
la
envidié. Te juro que sentí unos celos terribles. Porque, y acá
va mi
confesión, CREO QUE ESTOY ENAMORADA DE MI TIO. Sé que es una locura,
pero no
puedo remediarlo. Lo tengo permanentemente en mi mente. Y no sabes las veces
que me masturbé pensando en él.......
No pude seguir leyendo. Eso lo había escrito esta mañana mientras
yo dormía.
Me temblaba todo el cuerpo. El corazón se me había acelerado,
como un
caballo desbocado.
Mi cerebro era una sucesión de explosiones multicolores. Apagando la
PC,
corrí hasta su cuarto abriendo la puerta sin golpear. No estaba. Un ruido
a
agua cayendo que llegaba del baño me indicó que ahí la
encontraría. No me
importó lo que podía estar haciendo. Entré, sin más
preámbulos.
Estaba junto a la bañera, mirando caer el agua. Seguía desnuda.
Cuando se
volvió hacia mí, rompió nuevamente en llanto y se abalanzó
abrazándome con
fuerza, mientras me decía entre sollozos: - Perdóname. Perdóname,
por
favor. No me di cuenta de lo que estaba haciendo. No fue mi
intención.
Tomé su barbilla y alcé su rostro hacia mí. Gruesos lagrimones
caían por sus
mejillas. El corazón me dio un vuelco. La vi más hermosa que nunca.
Y en ese
momento me sentí un grandísimo hijo de puta. Le cubrí toda
la cara a besos,
sorbiendo sus lágrimas. Hasta que nuestras bocas se juntaron. Ella
entreabrió los labios, como invitando a entrar a mi lengua. El sabor
de
nuestros besos era agridulce por la mezcla de la saliva con sus lágrimas.
CONTINUARA.
Aprovecho para agradecer a todos aquellos que
me han escrito después de leer
los anteriores capítulos de este relato. Espero recibir más adhesiones.
En
especial, quisiera que me escribieran mujeres desinhibidas, cuanto más
libidinosas mejor. Sería de gran ayuda para desarrollar con mayor locuacidad
esta novela. Gracias. Juan. jotakr@hotmail.com
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