ME CAMBIÓ LA VIDA (IV)
Filial, hetero, felación, tío y sobrina. Los
dos se estaban enamorando el uno del otro...
Continuación del relato erótico "Me cambió la vida (III)" publicado en "El Rincón de Marqueze.net" el día 21 de Marzo de 2002.
Sin soltarse de mi abrazo, me susurró
"- Me porté como una tonta. Si vos quieres, me voy a vivir a otro
lado. No quiero crearte más problemas".
"- No, mi chiquita. Quiero que te quedes conmigo. Para siempre." -
No pensaba en lo que estaba diciendo. Las palabras fluían de mí
por sí solas.
"- Voy a cuidarte, a amarte, a mimarte, te voy a hacer feliz. No dejaré
que te vayas nunca jamás. Siempre serás mía".
De pronto, me di cuenta de lo que estaba diciendo. Es que me había vuelto
loco?. Me desprendí de sus brazos y le dije: "- Bueno, ahora toma
tu baño, que te hará bien. Luego, nos vemos". Y, dándole
un pequeño beso en los labios, me marché velozmente.
Me di una rápida ducha y luego me vestí con una remera y unas
bermudas.
Mi cabeza daba vueltas. Tenía la imagen de Mercedes con los ojos bañados
en lágrimas. Mi corazón latía con fuerza. Qué me
estaba sucediendo?. Y al recordar cómo reaccionaba cada vez que la veía
y el pánico que sentí cuando habló de irse de mi casa,
llegué a la conclusión de que me estaba enamorando de esa criatura.
No podía negarlo. Estaba sintiendo algo que hacía mucho tiempo
no sentía. Estaba sintiendo amor. Y tuve miedo.
De repente, me encontré nuevamente junto a la bañera donde Mercedes
yacía, con los ojos cerrados, sumergida en un baño de espuma.
Me quedé callado mirándola mientras mis sensaciones confirmaban
mis temores. Y escuché mi propia voz diciendo: "- Te quiero, Mercedes.
Ella abrió los ojos que se iluminaron al verme.
Agregué: "- Sé que es una locura, pero estoy enamorado de
vos".
Ella dijo: "Si es una locura, yo también debo estar loca, porque
también te amo. No sabes el miedo que tuve pensando que me rechazarías.
No sé qué hubiera hecho".
Y noté que era feliz. Con la misma felicidad que ahora me embargaba a
mí.
Hizo un mohín y, poniendo voz de nenita, me dijo: "- Me ayudas a
bañarme? Soy tuya".
"- En ese caso, eres muy traviesa".
"- Y no te gusta que lo sea?". Definitivamente, estaba en sus garras.
Mi cuerpo reaccionó vivamente. Cómo me excitaba. Me saqué
la remera y le dije:
"- Dame tu pie derecho."
Lo sacó del agua y al acomodarse, tuvo que abrir las piernas. Cerró
los ojos, reclinándose en la bañera, sumergida hasta el cuello.
Su pie reposaba en una de mis manos. Con la otra masajeaba sus talones, los
tobillos, el empeine y los dedos. Estaba totalmente concentrado en lo que estaba
haciendo. Lo hacía con verdadera devoción. Quería mimarla,
adorarla. Hacerla gozar de cada instante en que estuviera a mi lado.
Después, mi mano comenzó a subir, remontándose por sus
piernas por la parte posterior.
"- Ay, que me haces cosquillas".
"- Ya pasarán. Y cuando se pasen, te sentirás mejor".
Al rato, desperezándose como una gata me dijo "- Ya me siento mejor...
mucho mejor".
Acomodé su pierna dentro del agua y me incliné hacia ella. Sentí
su cálido aliento en mi rostro. No pude contenerme y busqué su
boca con la mía. Su lengua se adelantó a la mía y le cedí
la iniciativa. La introdujo en mi boca. Era una lengua juguetona, cálida,
suave, acariciante.
"- Ponte de pie" - le dije, ayudándola a pararse. Se quedó
parada ante mí, con los ojos cerrados. Sin tocar su cuerpo con ninguna
parte del mío, la besé en la boca Y luego comencé a bajar.
Por las mejillas, el cuello, los hombros, el nacimiento de sus senos. Con la
lengua lamía las gotitas de agua que corrían por su piel, como
inquietos brillantes.
No abrió los ojos en ningún momento. Lo único que hacía
era jadear, respirando cada vez más rápidamente. De vez en cuando
dejaba escapar un involuntario gemido que brotaba incontenible de su garganta.
Después de besar delicadamente sus pezones, que se habían endurecido
como piedras, seguí hacia abajo, acompañando el descenso de mi
boca con las manos, acariciando sus caderas y sus muslos.
"- Tenéis una piel hermosa. Una carne fresca de adolescente. Querías
que tu tío te enseñara todos los secretos del amor?, pues voy
a darte la primera clase.... Vos, solamente, déjate hacer y goza. Voy
a ser tu mejor maestro, te lo juro".
Con mi boca bajé por su abdomen, jugueteando un instante con la lengua
en su ombligo, para seguir hacia su vello raleado. Mercedes comenzó a
gemir más y más fuerte.
Notaba como mis caricias le producía escalofríos y su carne se
crispaba. Las piernas le flaquearon cuando llegué a su cuevita ardiente.
Delicadamente, separé los labios y quedó ante mis ojos la rosada
carne. Apoyé mi boca allí y di una primera lamida justo sobre
su clítoris. Ella lanzó un ahogado alarido, demostrándome
que había dado justo en el centro de su fibra más sensible.
"- eres deliciosa, mi chiquita. goza con mi lengua. Vas a conocer el placer
en todas las formas que te puedas imaginar".
Nuevamente, pegué mis labios a su conchita virgen y mi lengua fue como
un pene, una lanza, hurgando en todos los recovecos de aquella gruta celestial.
Su cuerpo se había convertido en una pila eléctrica. Clavaba sus
uñas en mi nuca empujando mi cabeza hacia su sexo. Mis labios y lengua
se movían cadenciosamente y mis dientes mordisqueaban ligeramente la
carne.
Los primeros lentos espasmos de su cuerpo, fueron repitiéndose cada vez
más rápido, como una reacción en cadena. Su vientre, sus
caderas, sus muslos, sus senos, latían al compás de su enloquecida
respiración.
Un convulsivo temblor y una mayor presión de su pelvis en mi boca me
avisó que se avecinaba el orgasmo. Yo abarqué todo lo que pude
sus labios vaginales con mis labios y sorbí con fuerza, recibiendo en
mi boca todo su jugo, al tiempo que Mercedes se arqueaba hacia atrás
gritando a toda voz: "- Tíoooo... me muero. Te amooooo".
Al verla en ese estado, comprendí que la estaba ayudando a convertirse
en una verdadera mujer. Yo la estaba moldeando como un experto alfarero.
Seguí besando su cuevita, decreciendo en mis movimientos, para no interrumpir
bruscamente su éxtasis. Luego, fui poniéndome de pie lentamente,
mientras ella se sostenía de mis hombros, con el cuerpo totalmente aletargado.
Estuvimos así, abrazados, un buen rato. Y cuando noté que ya había
recuperado sus fuerzas, besé dulcemente sus pechos, tomé sus manos
y las puse sobre el bulto enorme que se había formado en mis bermudas.
Lo acariciada por sobre la tela, como no sabiendo qué hacer. Yo desprendí
uno de los botones de la bragueta y entonces ella continuó con la tarea,
hurgando luego con una mano dentro del pantalón hasta ubicar la abertura
del calzoncillo, rozando con sus dedos la ya enorme vara hirviendo.
"- Es para vos. Todo para vos, mi cielo".
Noté cómo forcejeaba hasta que logró sacarlo. Emergió
glorioso, duro, grueso, húmedo, caliente. Mercedes lo recorría
en todo su largor suavemente con los dedos, como con temor.
"- Tócalo bien, es todo tuyo. No tengas miedo. No se va a romper.
Apretadlo, que quiero sentir tus manos".
Puse mis manos sobre sus hombros e hice presión hacia abajo. Ella comprendió
lo que quería y se arrodilló frente a mí, quedando con
su trofeo frente a sus ojos.
Lo miró un largo instante. Como si lo estuviera estudiando.
"- Te gusta, mi amor?. Ya lo conocías, pero ahora es para vos. Te
voy a enseñar todo lo que podes hacer con él".
"- Es muy lindo, tío. Y ahora es mucho más lindo que antes.
No me refiero a esta mañana, porque estaba dormido cuando lo vi. Quisiera
aprender todo, para hacerlo mejor que Olga, así no la vas a necesitar
más a ella. Me vas a tener a mí para hacer todo lo que quieras".
"- Ya me olvidé de Olga. Desde hoy vos serás mi sobrina,
mi amante, mi mujer. No habrá para mí otra en el mundo. Te lo
juro".
Sin darnos cuenta, estábamos haciendo un pacto de fidelidad sin pensar
en las posibles consecuencias.
Mercedes me miraba desde abajo y desde mi posición veía a mi garrote
cubriéndole la nariz y la boca, con la roja ciruela entre las cejas,
con un ojo a cada lado. Fue una imagen casi cómica. Pensé en repetirla
algún día y fotografiarla.
Mis alegres pensamientos se evaporaron cuando sentí sus manos apretar
el tronco, corriéndolas hacia abajo y hacia arriba cubriendo y descubriendo
el glande. Los ojos le brillaban llenos de lujuria. Ella también había
vuelto a la realidad.
En medio de su inexperiencia, parecía dejarse llevar por el instinto,
ya que me estaba masturbando como si supiera.
Se llevó la roja cabezota a los labios y la besó. Se lamió
los labios. Se había encontrado con el líquido preseminal y lo
estaba degustando.
Tomé una de sus manos y la llevé hasta los testículos.
"- Tócamelos, que eso me gusta."
Sentí cómo los huevos se endurecían mientras la piel se
arrugaba. Me terminé de sacar el pantalón y los calzoncillos para
que ella pudiera maniobrar más libremente y le pedí que pasara
el glande por sus mejillas y por su pelo. Esas eran cosas que me ponían
a mil. Además era una forma de hacer que Mercedes se fuese acostumbrando
a todas mis partes. Quería que convirtiera a mi verga en una parte más
de su cuerpo.
"- Mójala bien con saliva". Y ella pasaba su lengua por la
cabeza, descendiendo por el tronco hasta llegar hasta los huevos. "- Ahora,
metete la cabeza en la boca y dale unos mordiscos suaves". "- pasa
la lengua por el ojito que tiene en la punta". Era el maestro y ella mi
mejor alumna. Todo lo que le indicaba lo hacía a la perfección.
Por momentos, alzaba la mirada buscando en mis gestos signos de placer. Yo no
necesitaba fingir, porque estaba excitadísimo.
La tomé por la nuca y empujé su cabeza haciendo entrar casi todo
mi hierro en su boca. Le produjo una arcada. Se la saqué y volví
a meter, como si la estuviera cogiendo por la boca. Luego, sin necesidad de
mi ayuda, la fue metiendo y sacando ella misma :Cada vez le llegaba más
adentro. La guié con mis manos para que moviera su cabeza arriba, abajo
y a los costados, una vez que tenía el pene bien adentro de su boca,
apretándolo con la lengua contra el paladar. Esos movimientos me producen
un placer infinito. Cuando noté la inminente acabada, le dije: "-
Agarrala fuerte con la mano y chupad, por favor, que estoy por acabar".
Ella empezó a succionar, mientras yo de nuevo, tomándola por la
nuca, reinicié el mete y saca cada vez con mayor velocidad, mientras
notaba cómo mis testículos trataban de deshacerse de su contenido.
Sentía el torrente de tanto semen acumulado correr hacia su puerta de
salida.
"- Ahí sale, mi vida. Toma tu leche, trágatela toda",-
y, sin poder evitarlo enterré toda mi verga de un empujón en su
garganta, mientras sentía como si una granada hubiera explotado dentro
de su boca. Con el primer chorro de semen se atragantó y le provocó
una arcada. Retiré prontamente mi falo de su boca, mientras ella tragaba
el espeso líquido que había recibido. El segundo chorro dio de
lleno en su mejilla, salpicando la comisura de los labios. Como en ningún
momento su mano había soltado mi pija, la dirigió resuelta nuevamente
a su boca y recibió en su interior el resto de leche que seguía
fluyendo sin parar y la tragaba golosamente, mientras yo sentía el temblor
de mis muslos y las contracciones de mi cuerpo y me embargaba una deliciosa
sensación de agotamiento.
"- Mmmmmm! - dijo soltando mi pene, que se bamboleó en el aire,
pasando su lengua por los labios para limpiar todo lo que de aquel elixir de
placer quedaba en ellos. "- Me gustó... sí, me gustó".
"- Estuviste fantástica" - le dije y, tomándola por
debajo de los brazos, la puse de pie, abrazándola fuertemente, y la besé
en la boca, apasionadamente.
Ella se desprendió de mí y me dijo "- Ahora quiero que me
hagas tuya. Quiero que me hagas feliz como lo hiciste anoche con Olga. Y quiero
hacerte feliz yo a vos. Quiero darte mi virginidad".
Haciendo un esfuerzo sobrehumano, tapé su boca con mi mano, para acallar
sus ruegos.
"- No debemos apurarnos. Cada cosa merece el momento preciso. Ya hemos
gozado con lo que hemos hecho. Y, por hoy, debe ser suficiente. Debemos disfrutarlo
ahora como lo que ha sido, algo hermoso que nos ha llenado de placer. Un placer
que no debe ser tapado por otras sensaciones. Y, cuando nuestros cuerpos y nuestros
espíritus ya hayan asimilado la magnitud de ese placer, daremos el paso
siguiente para disfrutar de otro nuevo.
Haberla visto allí, arrodillada tratando de satisfacerme con su boca,
había sido para mí una sensación inenarrable. La veía
tan bella, tan delicada, tan deseable. Había llegado a mis brazos con
un halo de pureza y yo la estaba pervirtiendo. En mi mente trataba de convencerme
que no era así la cosa. No había nada de impuro en nuestros actos
porque todo el deseo salvaje que había sentido al principio, se iba convirtiendo
paso a paso en amor. Sólo amor. Y en el amor, no hay nada mejor que brindarle
felicidad a nuestro ser querido. Y yo estaba seguro que Mercedes se estaba sintiendo
muy feliz a mi lado. Esta rara mezcla de culpa y contrición, al mismo
tiempo alimentaba mi lujuria pero el deseo me nublaba la razón. Mis sentimientos
eran un torbellino de incoherencias. Por un lado, quería hacer gozar
a mi cuerpo con aquella criatura y, por otro, me negaba a hacer llegar hasta
el final esos momentos de placer. Quería mantener dentro mío ese
deseo, ese hambre, no satisfechos, para convertirlos en una lucha continua.
Me asustaba el posterior reposo del guerrero. Y, al mismo tiempo, quería
que ella me deseara. Siempre. Que nunca saciara sus apetitos. Que esperara algo
nuevo de mí todos los días. Sentía miedo a la rutina. Al
acostumbramiento. Ya lo había padecido antes y no quería volver
a padecerlo. Sabía que, cuando no tuviera algo nuevo para darle, se iría
irremediablemente. Y de sólo pensar en ello ya estaba enloqueciendo.
De repente, toda mi fortaleza había sucumbido. Sabía que mi vida
había cambiado.
CONTINUARA......
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