Continuación del relato erótico
“ Descubriendo mi lado sado (Entrenando a Pilar)” publicado en “El Rincón
de Marqueze.net” el día 11 de Marzo de 2002.
Aquella noche acordamos los límites
en que se desarrollaría, en adelante, nuestra relación y
debo decir que eran pocos.
Antes de que se fuera a su casa
tuve el placer de ponerla rojas las nalgas a azotes y utilizarla un par
de veces.
Pero la prueba de si estaba decidida
a seguir iba a ser al día siguiente.
Habíamos quedado después
del trabajo y yo la había dado instrucciones muy precisas.
Y a las seis en punto llegué
y mi esclava me estaba esperando; me había obedecido.
Para cualquier transeúnte
éramos una pareja de profesionales que charlaban tranquilamente,
si hubieran oído la conversación habrían cambiado
de opinión rápidamente.
Tal y como la había ordenado
llevaba un correcto traje chaqueta que con el portafolios la daba un aire
sumamente ejecutivo.
-Hola perra, ¿has seguido
mis instrucciones?.
-Si, amo.
-¿llevas ropa interior?
-No amo.
-¿Las bolas chinas?
-Las he llevado todo el día,
amo.
-Estarás muy caliente, perra.
-Si amo, me he corrido seis veces.
-Bueno, no te di permiso para correrte,
veremos de castigarte después. Ahora vamos a comprar un collar y
una correa para mi perra.
Luego averiguaría que poner
el collar a una esclava se suele hacer después de su entrenamiento,
pero me excitaba sobremanera y quería hacerlo cuanto antes.
Ra excitante verla caminar y saber
que no llevaba ninguna ropa interior y que las bolas chinas iban chocando
en su interior. Llegamos a una tienda de artículos para animales
y entramos, solo la dependienta (una señora de unos treinta y tantos
normal y corriente) y otro cliente al que atendía en aquel momento.
Tenían los collares en un
expositor y nos pusimos a mirarlos, los había de todas clases
y era difícil escoger pero me llamaba la atención uno de
cuero rojo de unos dos dedos de ancho, muy sencillo así que lo saqué
del expositor y me quedé mirándolo cuando oí la voz
de la dependienta detrás de mi.
-Dependerá del tamaño
del perro, si es un perro grande ese no es adecuado pues podría
romperse.
El otro cliente se había
marchado yo, Pilar miraba como hipnotizada el collar y se me ocurrió
una idea para humillarla.
-Bueno, en realidad es para esta
perrita - dije señalándola – no creo que tire mucho de él.
La dependienta ni se inmutó.
-No, si está bien educada
¿lleva mucho tiempo de entrenamiento?
-Estamos casi empezando.
-¿Y que tal se porta?
-No es muy mala.
Colocó el collar en el cuello
de Pilar y enganchó una cadena. Era excitante. Hizo ademán
como de tocarla las tetas y me miró.
-¿Me permite?
-Por favor, a su disposición...
Desabrochó la blusa
y masajeó apreciativamente sus tetas.
-Vaya, la de cosas que haría
yo con este par de tetas. Y estos pezones están pidiendo unas pinzas...
-Bueno, no tengo inconveniente
en hacer un par de cosas pero después tenemos que irnos.
Se acercó a la puerta y
dio la vuelta al cartel de abierto, después nos guió a la
trastienda. Yo estaba excitadísimo y la entregué la cadena
de Pilar.
-Gracias querido, vamos a ver que
tal se porta.
Se sentó en un taburete,
se alzó las faldas y dejó al descubierto un coño grande
cubierto de una mata de pelos negrísimos.
-Cómemelo perra.
Y de un tirón acercó
la cara de Pilar a su entrepierna. Pilar en primera instancia se resistió
un poco pero un buen palmetazo en su culo la devolvió a la obediencia.
Agachada metió su cara entre las piernas y oí como empezaba
a lamer.
Yo ya no podía mas, me la
saqué, alcé las faldas de Pilar, saqué las bolas chinas
de su coño y empecé a bombearla por detrás,
cada empujón clavaba mas su boca en el coño de la otra mujer
que gemía de gusto.
-Que bien lo chupa, así,
así, sigue, mas, sigueeeeeeeee.
Y se corrió en la boca de
mi perra mientras yo hacia lo mismo en el coño.
Pilar alzó la cara y ella
con otro tirón la acercó a la suya y la dio un beso profundo
y húmedo en los labios.
-Muy bien perrita, muy bien, se
nota que has comido muchos conejos.
Yo retomé el control y la
quité la cadena de las manos.
-Lávate la cara bollera,
se te ha corrido el rimel.
Obediente Pilar se dirigió
hacia un pequeño lavabo y comenzó a lavarse.
-Querido, es una perra de maravilla
-Tiene amo.
-Jajaja, ya lo veo –rebuscó
en su bolso y me alargó una tarjeta- tengo una pareja de esclavos,
macho y hembra, si te apetece cruzarla no dejes de llamarme.
Pilar volvió de lavarse,
Juana que era como se llamaba la dependienta, la dio un par de palmetazos
cariñosos en las bamboleantes tetas y la quitó el collar
y la cadena.
-¿los envuelvo para regalo?......
(Continuará)
[Indice general] - [Sexo] - [linux] - [humor] - [hard] - [miscelanea] - [Novedades]
![]()