EL EXHIBICIONISMO DE CAROLINA
Exhibicionismo. Su esposa se exhibe con ropitas minúsculas ante todos los hombres a su paso.


Hola, de nuevo soy yo, Eduardo, creo que muchos de ustedes ya me conocen,
vivo en Bogotá, etc, etc, etc,  ya he sido hospedado varias veces en
marqueze, y mis relatos han tenido algún éxito, lo cual se mide por el
numero de corresponsales que me dejan sus mensajes por correo. No he
recibido el mensaje de alguna mujercita caliente, lo cual me encantaría.

Dentro de las cosas que hacemos con Carolina es provocar, nos encanta
escandalizar y provocar a los demás, hacer que lleguen al límite y si acaso
resulta algo interesante, pues lo evaluamos y de pronto resulta algo digno
de contar.

Una de las cosas más interesantes, y que más gusto sexual me proporciona es
el exhibicionismo de Carolina. Ella usa unas ropitas ínfimas, que no cubren
casi nada y que poco dejan a la imaginación, o mejor, hacen que la
imaginación, en lugar de quedarse a mirar que habrá por dentro de la ropa,
piense como será culiarse a esta vieja... prefiero la mirada de lascivia con
que la miran.

Bueno, una vez estaba yo en mi oficina, trabajo en una entidad financiera,
ubicada en un sector que algunos con mucho de provincialismo le dicen el
Wall Street bogotano, digo lo anterior para que se ubiquen...
carros finos, gente decente, algunos muy conservadores, financistas, gente
joven y exitosa, etc.  Pues bien, una vez teníamos que hacer una diligencia
bancaria para cambiar un cheque, que había salido a nombre de mi esposa y
mío, así que le dije que llegara a mi oficina y que iríamos a una sucursal
cercana del banco al que teníamos que ir...

Ella llegó con una culifalda, es decir, una minifalda extremadamente
pequeña, que escasamente le tapaba la parte de arriba del culo, pues la
ingle se le alcanzaba a notar, iba con una blusa transparente, chaqueta, sin
sostén, sin bragas, es decir, prácticamente desnuda.

Apenas la vi se me puso durísima, me la quería tirar ahí mismo, y empecé a
besarla en una esquina, a la vista de todo el mundo, la gente que pasaba
decía cosas y los que pasaban en el carro le lanzaban los piropos más
groseros que uno pueda imaginarse.

Ella me dijo que me daría una sorpresa y sonriendo se separó de mi...
llegamos al Banco, hay que subir unas escaleras para llegar a las
cajas, entonces ella se adelantó un poco de mí y se hizo delante de unos
hombres, que la miraban subir y trataban de ver debajo de la faldita. Ella
sabía que la estaban mirando, así que como sin querer, se detuvo en medio de
la escalera, abrió un poco las piernas, y volvió a bajar, les coqueteo con
los ojos a los hombres y le preguntó al celador que si en la parte de arriba
habían recibos de consignación. El le dijo nerviosamente que si.

Bueno, mi esposa volvió a dirigirse a la escalera, y ya eran más los hombres
que esperaban verla, entonces ella sacó de su cartera el cheque, y cuando
estaba subiendo a la mitad de la escalera, lo dejó caer y sin recato se pudo
en ángulo de 90º y recogió el cheque, la faldita se le subió a más arriba de
las caderas, por lo que todo el mundo pudo ver que estaba desnuda de la
falda y se pudo ver su chocha que para ese momento estaba muy mojada.

Oía y veía como los hombres detrás de ellas morboseaban, decían que como
sería culiarse a esa vieja, que estaba muy rico ese pancito, que se la
culiarían ahí mismo, que vieran ese sapito clavándose en sus
estacas, que ese huevito, y no sé cuantas cosas más. Yo subí, de la
excitación las piernas me temblaban, ella estaba ya haciendo la fila y ví
como un hombre elegante que estaba detrás de ella se le pegaba mucho
disimulando, ella me miró, sonrió y también se le pegó, le refregó su culo
en la verga del hombre.... la fila fue avanzando y ella tenía el turno, para
que no hubieran dudas para nadie, y menos para los que murmuraban, antes de
llegar a la caja, volvió a dejar caer el cheque y el recibo, y sin pudor se
agacho de la misma manera, dos veces, una para el recibo y otra para el
cheque, y dejó que todo el mundo viera su chochita y su culito, le picó el
ojo al cajero e hizo la transacción, me llamó para que yo también firmara,
pues era requisito y salimos sin más.

Todo el mundo nos miraba de reojo.

Llegamos a mi oficina, y yo pedí permiso, diciendo que se había presentado
una emergencia doméstica, y no mentía, pues mi esposa tenía una urgente
necesidad: Que culiaramos como locos todo el resto de la tarde.
Eduardo (Caradura101@hotmail.com)
 

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