Continuación del relato erótico “Gozando sin perder la virginidad” publicado en “El Rincón de Marqueze.net” el día 31 de Enero de 2002.
El relato que les contaré,
me sucedió cuando le pedí a Enrique, que
saliéramos juntos nuevamente.
Desde que había visitado
el departamento de soltero de este señor
de 40 años, mi vida había
cambiado, y eso fue porque lo que me
enseño esa noche en su departamento,
no me dejaba dormir y esto
hizo que me decidiera a pedirle,
que repitiéramos el encuentro que
habíamos tenido en su departamento.
A mis 18 años, él
era con el único que me había ido a una cama y
había respetado mi virginidad
tal como se lo había pedido, a pesar
que en un momento le pedí
que me hiciera el amor por delante. Ese
día como de costumbre fui
con mi bandeja, a repartir café a los
empleados de esa oficina y lo vi
a él como de costumbre, trabajando
en su escritorio.
Puesto que era el jefe de ese departamento,
su oficina estaba
separada de los demás empleados
y daba privacidad para poder hablar
con él. Toqué su
puerta y me hizo una seña para que entrara y me
invito a sentar. Tenia algo de
vergüenza estar ante él, a pesar que
en un momento tuvimos intimidad,
pero él tenia un carácter muy
extrovertido y me empezó
a hacer bromas, lo cual hizo que me
sintiera rápidamente en
confianza.
Que es lo que te trae por aquí
preciosa, me dijo. Le comenté que
desde que me llevo a su departamento,
la relación con mi enamorado
ya no era la misma y que no eran
suficientes los besos y caricias
que él me daba, y que mi
enamorado me había propuesto que tuviéramos
sexo, pero yo me había negado
nuevamente. Él me escuchaba atentamente
a todo lo que yo le decía
y debido a la experiencia que tenia me dijo
que si yo gustaba podríamos
salir nuevamente.
Lo que me dijo, me evito la vergüenza
de pedirle que quería que me
llevase nuevamente a su departamento,
y a la vez me sentía culpable
de no dejar que mi enamorado me
lleve a la cama, y yo por mi lado lo
iba a hacer con otro hombre que
no era él, pero quería repetir las
sensaciones que me hizo sentir
este hombre maduro nuevamente.
Le respondí que deseaba salir
con el nuevamente, sabiendo que en
esta oportunidad no tendría
las fuerzas de mantener mi palabra de
seguir siendo virgen, para llegar
así al matrimonio con mi enamorado.
Me dijo que me recogería
en la puerta del restaurante donde yo trabajaba
el jueves después de su
trabajo, pero que me pusiera linda para él y
que si en algún momento
me arrepintiera, podríamos únicamente
conversar en su departamento. Sus
palabras me aliviaron ya que me
trataba con consideración
y no me obligaba a nada que no quisiera.
Salí de su oficina y seguí
vendiendo ese día mis productos.
Los días siguientes tenia
mis sentimientos encontrados, ya que por un
lado quería experimentar
mas cosas y por otro lado sabia que estaba
siendo desleal con mi enamorado.
Llego el jueves y no fui a trabajar
ese día y fui a comprarme
ropa para estar tal y como me lo había pedido.
Llegué a mi casa y me puse
unas braguitas y un sujetador muy pequeños
que había comprado. Me puse
medias de nylon y unos zapatos de taco. En
la parte de encima un top de licra
y me arregle lo mejor que pude.
En mi casa al verme vestida así,
me preguntaron donde iba y les dije
que iba a visitar una amiga y mi
padre se molesto un poco por la
falda tan corta que me había
puesto. Ese día le había dicho a mi
enamorado que no fuera a la casa
ya que debía visitar a una tía que
se encontraba enferma.
Llegué como a las 8 de la
noche al restaurante donde trabajaba, y por
suerte ya habían cerrado.
Esperé solo un momento y llegó él en su
auto. Se bajó de él
y se acercó para abrirme la puerta del copiloto.
Cuando entre al auto, él
miraba hacia abajo y seguramente pudo
alcanzar a ver mis braguitas blancas
y el encaje de mis medias en
el momento que me sentaba.
Mientras nos dirigíamos a
su departamento, él ponía su mano derecha
sobre una de mis piernas, diciéndome
que estaba muy bonita y lo
afortunado que era mi enamorado
de tenerme. Su mano la sentía caliente
y mi corazón latía
fuerte imaginando que haríamos cuando estuviéramos
solos.
El auto ingresó a la cochera
del edificio y subimos por el ascensor
hasta llegar a su departamento.
Al entrar me pidió que me pusiera
cómoda mientras el preparaba
un trago. Mientras él se encontraba en
la cocina sonó su celular
y supuse que seria su esposa llamándolo,
pero alcance a escuchar que dijo,
Si en 15 minutos como te dije y
colgó.
Cuando volvió brindamos y
me dio un beso en los labios, que me hizo
estremecer y temblaba como una
hoja, pero no intento nada mas y
siguió conversando conmigo.
Me sentía rara de estar a solas con
un hombre casado, pero por otro
lado mi cuerpo me pedía experimentar
cosas, que solo un hombre maduro
y no un muchacho me podrían dar.
Los tragos que tomamos me relajaron
y de pronto me encontraba riendo
de las bromas que me hacia. En
un momento dado me dijo si yo aceptaba
todo lo que le propusiera esa noche
y yo sin saber a que se refería
exactamente, le dije que esa noche
él era mi dueño y que me podía hacer lo
que él quisiera.
Yo sabia que de un momento a otro,
me amaría como lo hizo la vez
anterior y esperaba con ansias
el momento, cuando el intercomunicador
del departamento sonó. Se
levantó a contestar y lo escuché que decía,
Si, sube que te estamos esperando.
Eso me extraño, ya que pensaba que
estaríamos los dos solos
esa noche. Cuando vino donde yo estaba le
pregunté que había
sido todo eso y me dijo, déjate llevar solamente
y no te vas a arrepentir.
La puerta del ascensor se abrió
y entró un hombre de la misma edad
que Enrique y me lo presentó.
Era un hombre maduro pero bien conservado.
Enrique le sirvió un trago
a su amigo y nos pusimos a conversar
amenamente. Se notaba que su amigo
era muy educado también y me pidió
si podría bailar con el.
Yo me había puesto algo nerviosa ya que no
esperé en ningún
momento que alguien llegara, pero ya estaba ahí y
decidí que me dejaría
hacer lo que me pidieran.
Salí a bailar y su amigo
se pegó inmediatamente hacia mi y me apretaba
contra su cuerpo. En un momento
del baile puso su mano en una de mis
nalgas levantando mi falda y me
puse toda colorada, pero no dije nada.
Mire luego a Enrique, pero él
nos miraba mientras tomaba su copa y caí
en cuenta que se habían
puesto de acuerdo previamente, para que su
amigo viniera esa noche.
No sabía que pasaría
a partir de ese momento, pero me excitaba la
manera como me acariciaba el amigo
de Enrique, mientras él miraba como
me metía mano. En medio
de la sala su amigo me bajó el cierre de mi
falda y ésta cayo al piso.
Luego me sacó el top que tenia puesto,
quedándome en sujetador,
braguitas y medias. Me besaba la boca,
chupando mis labios y mi lengua,
y pude sentir su pene inflamado por
debajo de su pantalón. Enrique
parece que no aguanto mas ver como me
comían a besos y se puso
de rodillas detrás de mí y me bajo las
braguitas, dejando mi chocho al
aire. Luego me empezó a lamer el
ano, separando con sus manos mis
nalgas y podía notar la humedad
de mi coño.
Las manos de ambos las sentía
en todo mi cuerpo y en un momento yo
misma me saqué el sujetador
para permitirles ver mi cuerpo totalmente
desnudo. Ellos también se
quitaron la ropa y me mostraron sus vergas.
Ninguno de los dos decía
palabra alguna, al parecer querían que yo
tome la iniciativa y me arrodillé
y se las empecé a mamar a ambos.
Que excitación me producía
estar en esa posición, chupando las vergas
de ambos como si fuera una puta,
pero a la vez la situación me llenaba
de morbo por estar así con
dos hombres a la vez.
Estando así de rodillas y
chupandosela a Enrique, su amigo se acostó
sobre la alfombra y metió
su cabeza entre mis piernas y me empezó a
lamer la chucha y a tomarse el
liquido que de ella salía. Pasaba
la lengua por mi ano y me chupaba
la parte interior de mis piernas.
De pronto Enrique eyaculó
dentro de mi boca y me dijo que me la tomara
toda y así lo hice, chupando
hasta dejarle la verga limpia.
Luego su amigo me hizo poner en
cuatro patas y empezó a meterme la
verga por el ano. No me imaginé
que una verga tan grande pudiera
entrar por mi agujero, pero él
bombeaba sin parar mientras jadeaba de
placer. Pasó un momento
y sentí que mi recto se inundaba de leche
y el amigo de Enrique aullaba de
placer, por la corrida que se había dado.
Exhausto se sentó un momento
y Enrique se me acercó para decirme que
me quería meter la verga
por la chucha. En ese momento me olvidé que
quería llegar virgen al
matrimonio, y le dije que sí quería. Que deseaba
que ambos me culeen por ahí.
Enrique me levanto y me sentó en el filo del
sofá y me abrió las
piernas. Metió su cabeza entre ellas y me empezó a una
larga lamida. Esto hizo que ansiara
ser penetrada y le pedí que me la
metiera de una vez. El cogió
su verga con una mano y la enfilo hacia la
entrada de mi coño. Primero
metió solo la cabeza y yo movía mis caderas para
que entre más. Poco a poco
sentí una mezcla de dolor y placer, y cuando ya
la tuve adentró me sentí
la mujer mas feliz y me arrepentí de no haber
gozado antes así antes.
Mientras Enrique me hacia gozar,
yo sacaba mi lengua pasándomela por los
labios y al abrir mis ojos, tuve
el pene de su amigo frente a mi cara.
Se lo empecé a mamar fuertemente
y a tratar de meterla toda a mi boca.
Sentí un orgasmo delicioso
y al parecer ellos se dieron cuenta, porque
empezaron a bombearme mas fuerte,
hasta llenarme de leche por la boca
y por la chucha. Luego nos fuimos
a la cama y turnándose me culearon como
les vino en gana.
Al llegar a mi casa esa noche, mi
enamorado me estaba esperando en la
puerta y lo salude con un beso,
pensando dentro de mi que había vuelto hecho
toda una mujer, sintiendo el semen
de ambos aún dentro de mi chucha.
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