HAZTE FAMA (II)
Trío, gay. Al contarle todo lo sucedido con su amigo
a Walter, gozaron cada segundo los tres juntos
Continuación del relato erótico
"Hazte fama" publicado en "El Rincón de Marqueze.net"
el día 28 de marzo de 2002.
Este relato es la continuación de otro de su mismo nombre, aquí
publicado.
Aquella mañana, cuando el timbre sonó y fui a abrir la puerta,
muy dentro de mi corazón guardaba la esperanza que fuera Walter quien
llamara. Mis deseos se hicieron realidad. En mi cama estaba Diego, aún
agotado del placer de la noche anterior, y todavía no había pasado
lo mejor. Hice pasar a Walter y le conté lo que había pasado con
el chico, creo que se excitó de solo escucharme, y sin demasiadas vueltas,
le dije de una si no quería hacer un trío. Bien directo, como
suelo ser. Lo dudó un instante, pero mi mano sobre su entrepierna frotando
lujuriosamente lo convenció de inmediato. El problema era Diego, no sabíamos
si aceptaría. Yo me metí en la ducha, todavía tenía
restos del placer de la noche y estaba pegajoso por el aceite, Walter, quitándose
la ropa, me acompañó sonriente.
Nos enjabonamos uno al otro, nos abrazábamos y nos besábamos tiernamente.
Walter se apoyó contra la pared de la ducha, ofreciéndome un panorama
bellísimo, su pija bien dura que ansiaba ser chupada. Me acerqué
a él, y le mordí el cuello, para luego comenzar a bajar lentamente
por su pecho, detenerme en sus tetillas, y continuar el camino que ya conocía
bien, hasta llegar a esos 19 cm de carne palpitante que fui lamiendo y besando
suavemente. Mis labios rodeaban su glande, y mi amigo, con unos sutiles movimientos
me la fue haciendo tragar toda. Comenzó a cogerme la boca, lentamente
al principio, más rápido después, mientras me decía
que me quería, que le gustaría estar así por siempre.
Mi mano derecha comenzó a apretar sus nalgas, hasta que mi dedo mayor,
previamente enjabonado, empezaba a ingresar en el culo de Walter. Yo pensaba
en qué rico desayuno me estaba tomando, cuando golpean la puerta del
baño.
¡Gato, puedo pasar, me estoy meando!.- Dijo Diego.
Pasa...
Diego entró al baño y se puso a orinar, jamás se imaginó
que detrás de la cortina de la ducha estaba uno de sus amigos con un
dedo en el culo y recibiendo una mamada de lujo. La situación me calentaba
muchísimo, entonces, a propósito, raspé con mis dientes
la pija de Walter, que sorprendido, se quejó. Diego lo escuchó,
e inmediatamente se asomó a la ducha. Su cara lo decía todo, y
su pija que empezaba a endurecerse también. Walter se sonrío y
volvió a tomarme la cabeza con las manos para seguir metiéndome
su pija hasta la garganta. Yo sin para de chupar, acerqué mi mano a Diego
y tomándolo de la pija lo metí en la ducha y comencé a
pajearlo.
Comencé a alternar entre esas pijas, chupaba un rato cada una, ambas
eran exquisitas. Walter se ubicó detrás de mí, y se arrodilló
para empezar a lamerme el culo con una calidad que pocas veces vi en mi vida.
Diego aprovechó y empezó a cojerme la boca. Su pija entraba y
salía casi por completo de mi boca, a pesar de su grosor, la ecuación
era lógica, si ayer entró hasta la garganta, hoy también
puede hacerlo. La lengua de Walter y sus largos dedos estaban dilatándome
de una manera fantástica. Cuando me notó preparado, se enjabonó
la verga y me la fue introduciendo hasta que sentí los huevos de él
chocar contra mí. Me tomó de los pelos, desde atrás, y
me apretó contra Diego, haciendo que su pija llegara hasta bien al fondo.
Es como que me obligaba a seguir chupándole la verga a su amigo, mientras
la de él, entraba y salía de mi culo furiosamente. La ternura
que siempre había existido entre Walter y yo, no había entrado
a esa ducha, esta vez no hacíamos el amor, simplemente cogíamos
a lo bestia, y no estaba mal que eso fuese así. Con mi mano empecé
a hurgar en el culito de Diego, que estaba completamente virgen. Cuando el primer
dedo entró se quejó un poco, pero al rato ya me pedía que
le metiese uno más, y así lo hice hasta que tres dedos entraron
en él. Se me ocurrió que quizás quisiera probar lo que
se sentía ser penetrado, entones le propuse a Walter que lo cogiera,
sin demasiadas vueltas, éste saló de mí y le indicó
a Diego que me coja cómo él lo había hecho. Diego se ubicó
detrás de mí, y más delicadamente que su amigo, pero no
con menos pasión, me enterró sus 20 cm. Walter se ubicó
detrás de él, y comenzó a chupar el culito de Diego que
ya estaba bastante dilatado por mis dedos. El chico se dejaba hacer, estaba
totalmente entregado y quería disfrutar cada momento a pleno. Diego se
acomodó mejor para facilitarle la tarea a su amigo, que sin dudarlo un
instante cuando vio el culo de este bien abierto y disponible, le enterró
la cabeza de su pija de golpe, para luego, tomándolo de la cintura, metérsela
hasta el fondo. La primera reacción de Diego fue empujar hacia delante
bruscamente, taladrándome a mí con fuerza, penetrándome
completamente. Pero Walter lo sostenía con fuerza, y el movimiento empezó
a ser coordinado, era un mete y saca por partida doble, un trencito donde por
suerte, yo hacía las veces de locomotora, llevando detrás dos
vagones de lujo. Diego prácticamente se recostaba sobre mi espalda y
me decía que ya no podía más, que iba a llenarme el culo
de leche, yo mientras lo escuchaba acababa a lo bestia sin tocarme si quiera.
Le dije que lo hiciera, y el chico explotó en un grito terrible de placer
que era correspondido con los chorros de esperma que depositaba en mi interior.
Al rato, Walter se salió de Diego y se acercó a mi boca ofreciéndome
la posibilidad de hacerlo llegar al orgasmo lamiendo ese mástil que ya
era mío. Así lo hice, me tragué esa pija hasta la garganta.
La mezcla de sabores era fantástica, había gusto a culo de Diego,
a jabón y a semen. Un cóctel muy bueno para el desayuno. La leche
de mi querido Walter me llenaba la boca, mientras la pija de Diego seguía
moviéndose dentro de mí aunque ya no tan dura.
Me puse de pié saliéndome de Diego, y aún con leche en
la boca, besé a Walter apasionadamente bajo las gotas de agua tibia que
caían sobre nosotros. Después lo abracé tiernamente, y
sus brazos me envolvieron con cariño. Diego, se paró detrás
de mí, y se sumó a ese tierno abrazo, dejándome en el medio,
entre esos dos hombres que tanto placer me dieron aquella mañana.
Acercándose a mi oído, y luego de un beso muy dulce en él,
la voz juvenil de Diego me dijo que no le habían mentido, que mi fama
de dar realmente placer, la tenía bien ganada.
El Gato.-
Mail: gatocat2001@hotmail.com
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