MARX
Lésbico. Desde que la vio por primera vez sintió
grandes deseos de poseerla y el destino las volvió a unir para convertirlas
en amantes.
Bueno, comenzaré diciéndoles
que yo soy de la hermosa República mexicana, tengo 25 años y soy
investigadora; digo esto no por hacer alarde, si no más bien, para poder
desde éste punto hacer una felicitación al rincón de Marqueze
por el espacio que dedica, dentro de la red, a la creatividad erótica
de la mujer.
Físicamente debe confesar que no soy nada espectacular pero digamos que
tampoco estoy tan mal: soy morena, mido 1.78, la mayoría de la s veces
visto de pantalones con camisas o blusas discretas y sobre todo uso ropa autóctona,
peso entre 59 y 62 kilos y debo confesar que tengo algo de celulitis en el trasero
por el poco o nulo ejercicio que realizo.
Bueno, pues sin más preámbulos voy a tratar de relatarles la experiencia más erótica, romántica e increíble que me ha sucedido:
Hace un año decidí tomarme 2
semanas de descanso porque había tenido una carga excesiva de trabajo
y además necesitaba ordenar mi información para comenzar a redactar
mi tesis de maestría, así que tomé mis maletas y me fui
a la casa en la que había vivido con mis padres hasta los 17 años
en que nos habíamos mudado a Querétaro. Tuve que trasladarme hasta
Michoacán, a un pueblito pintoresco tipo colonial que en verdad me ofrecía
la tranquilidad que yo necesitaba. Manejé cerca de 12 hrs. Y cuando llegué,
agotada y sudada por el excesivo calor, me encuentro con la casa hecha un desorden
porque mi hermano había ido con sus amigotes el mes pasado y habían
dejado la casa hecha un corral. Esa noche decidí, después de darme
un refrescante baño, dormir y dejar la limpieza para el otro día.
Cuando amaneció al día siguiente, cargada de un muy buen ánimo,
me dispuse a limpiar y arreglar la casa, poco después del medio día
fue al centro del pueblo a hacer las compras y después pasar a comer
a cualquier lado.
De regreso a casa pasé por el parque y se me antojó un helado,
así que estacioné el auto y me dirigí hacía el vendedor;
cuando después de pagar el helado me di la vuelta me topé de frente
con una chica lindísima, impactante, de ésas a las que ves y te
dejan sin aliento.
Yo hacía apenas 4 meses había terminado con una relación bastante dolorosa. Me había enamorado perdidamente de una amiga mía casada y con una niña, llevamos una buena relación hasta que ella comenzó a celarme y a enojarse por todo; en realidad no sé por qué terminó así la relación pero bueno, seguimos siendo amigas, aunque jamás podré olvidar cuanto la amé.
De regreso a casa no pude dejar de pensar en
la chica del parque, en verdad que me había gustado, tanto que hasta
la recordaba perfectamente: alta-mucho más alta que yo-, morena clara,
de pelo corto y rizado, de cuerpo perfecto. Quizá para otra persona no
resultara tan hermosa, pero para mí era simplemente perfecta, quizá
porque me había encantado...
Llegué a casa y el resto del día transcurrió sin mayor
sorpresa. En la noche quise salir a dar un paseo por el pueblo, quería
verla de nuevo. Mientras caminaba por una calle bastante iluminada me encontré
con doña
Julieta, una amiga de mi madre desde que vivimos allí hasta la actualidad;
la señora me saludó entusiasmada y me invitó a cenar a
su casa y pues ni modo, no me pude negar y fui con ella hasta su casa.
Mientras doña Julieta disponía la mesa su esposo y yo platicamos
de política y temas varios, pero me llamó la atención la
forma tan orgullosa en que se expresaba de su hija Darla, quien recientemente
había terminado la carrera y todavía no lograba acomodarse en
algo que le gustara y conviniera. Doña Julieta apareció en escena
pidiéndome que la orientara yo que ya tengo experiencia en el campo laboral,
yo simplemente accedí y pues ni modo, ya me había echado un compromiso.
En eso estábamos cuando llegó la ya famosa Darla, disculpándose
con sus papás por la tardanza. Yo no lo podía creer, era ella,
la chica que había visto en el parque, la que tanto me había gustado,
la que había robado mis pensamientos toda la tarde.
Nos sentamos a la mesa y creo que no pude disimular mi entusiasmo durante la
cena y la sobremesa porque hablé hasta por los codos. El sólo
verla me producía un cosquilleo en el estómago y unos punzones
en mi entrepierna, me sentía algo excitada. Quedé en verme con
ella al otro día para platicar un rato y quizá dar un paseo por
el pueblo. Esa noche dormí con la curiosidad y el deseo de que ya fuera
otro día.
Al otro día a la hora acordada Darla llegó a la casa, la recibí con entusiasmo y noté que ella también se sentía algo emocionada, eso la verdad me alegró. El resto del día transcurrió entre cervezas, cigarros, plática de temas algo atrevidos como la sexualidad, la homosexualidad, la bisexualidad, la heterosexualidad y temas por el estilo, hablamos desde penes hasta clítoris y masturbación. Me daba la impresión de que era una chica bastante liberal y en muchas ocasiones me dio a entender que tenía una apertura hacia lo prohibido que la matizaba interesante. En algunas ocasiones cuando ella quería alcanzar algo se recargaba sobre mí quedando nuestros dos pechos juntos y tocándose ligeramente y nuestras bocas separadas por una invisible tela de erotismo. El tiempo transcurrió rápido mientras la observaba y la deseaba, cualquier contacto era electrizante, cualquier mirada perturbadora, todo cuanto hacía y decía me delataba, toda ella me daba a entender que yo también le gustaba, que le gustaba el juego. Nos despedimos de nuevo y quedamos en volvernos a ver al día siguiente para ir a unas pozas que están en las afueras del pueblo, nos despedimos dándonos un beso casi en la comisura de los labios, para mí fue simplemente eléctrico y me calentó mucho más de lo que ya estaba. Esa noche antes de dormir recordé todo lo que había sucedido en la tarde y no pude evitar calentarme de nuevo, sólo que esta vez puede masturbarme hasta que mi cuerpo se sacudió en un fuerte orgasmo.
Al otro día, Darla llegó a la casa como a las 8 de la mañana vestida con un pantalón holgado con jareta en la cintura, una blusa muy pegadita a su cuerpo(sin ropa interior) y unas sandalias tipo sport para la playa. En verdad que se veía hermosa con ese look deportivo. El saludo fue un beso casi en la boca, la verdad es que yo deseaba besarla "como se debe", pero creo que tenía un poco de miedo por asustarla.
Salimos de la casa en mi auto rumbo a las pozas;
conduje el carro hasta un libramiento en donde tuvimos que continuar a pie por
cerca de media hora, Darla insistía en que llegáramos hasta las
más alejadas porque era en las que jamás iba nadie y tendríamos
más privacidad; yo creía comprender el sentido de sus palabras
pero no quería especular así que no di tanta importancia a mis
alucinaciones. Recorrimos el camino sin profundizar en ningún tema, pero
me llamó la atención que Darla dijera que muy cerca de dónde
nos dirigíamos había tenido su primer experiencia sexual con su
novio de la preparatoria, creo que el que me dijera eso me excitó un
poco.
Cuando por fin llegamos al dichoso lugar me sentí aliviada, pues el sol
me estaba quemando la espalda y me sentía empapada de sudor.
Darla rápidamente, después de ayudarme a acomodar las cosas comenzó
a quitarse la ropa para meterse "totalmente desnuda" a la poza; el
espectáculo que me ofrecía era verdaderamente bueno, podía
ver su espalda perfecta y su trasero no muy abultado pero sí bastante
apetecible; cuando se dio la vuelta para invitarme a nadar con ella me ofreció
un panorama exquisito de sus pechos medianos y de su vulva semidepilada. Yo,
un poco sonrojada traté de esquivar las miradas para no ser tan obvia
y le dije que prefería descansar un rato, además de que no sabía
nadar. Darla entró al agua de un clavado y yo, mientras prendía
un cigarro, me acomodé sobre las piedras para poder observarla mejor.
Había algo en el comportamiento de Darla que me excitaba, que me decía
que ella también quería jugar, que le gustaba que yo le hablara
de sexo y sobretodo, que la mirara con deseo; eso era justamente lo que estaba
haciendo en ese momento, mirarla con deseo, con ganas de besarla, con ganas
de tocarla...
Mientras fumaba, observaba a Darla nadar en el agua como una niña presumiendo
a sus amigas un vestido nuevo; volteaba a verme y sacaba la mitad del torso
para invitarme con la mano a entrar al agua, yo sólo me reía.
El juego de Darla y todas las sensaciones de mi cuerpo de arremolinaban en mi
cabeza, deseaba entrar al agua y tocar el cuerpo mojado de mi nueva amiga pero
tenía miedo a que ella me rechazara y se asustara o malentendiera la
situación, pero tenía que jugarme el todo por el todo y decidía
entrar al agua con ella y seguirle el juego, me sentía excitada y mi
short tenía una mancha en la entrepierna, estaba súper mojada
y no quería que Darla se diera cuenta, por eso decidí meterme
al agua. Me quité las sandalias y me metía con todo y ropa al
agua, como no sé nadar, sólo me recargué sobre unas piedras
y allí me quedé esperando que Darla se me acercara. Cuando ella
vio que por fin estaba dentro del agua nadó en mi dirección, ya
cuando estuvo frente a mí me acorraló entre las piedras con sus
brazos y me dijo en tono serio y sugestivo:
-te estaba esperando...
Acercó su boca a la mía y me dio un beso suave en los labios.
Yo no pude responder y ella separó su boca, me miró fijamente
y al no recibir respuesta mía me dijo muy sonrojada mientras se impulsaba
hacia atrás:
-discúlpame por favor, creo que mal interpreté las cosas, no era
mi intención...
Yo la detuve del brazo-espera, no te vayas¡¡¡¡-, la
atraje hacia y le dí un beso suave, me separé levemente y nos
volvimos a acercar, ahora el beso se hizo más intenso, más mojada,
más recíproco, nuestras lenguas se buscaban frenéticamente
y las manos hacían lo suyo por su cuenta. Podía sentir su respiración
contra mi pecho, su corazón latía muy cerca del mío, sentía
como su garganta tragaba saliva porque yo le robaba todo el oxígeno,
creo que la estaba ahogando mientras le succionaba la lengua pero su lengua
se aferraba ala mía. Yo me sentía extasiada, todo mi cuerpo estaba
adormecido y mi sentido agudizados. Cuando por fin nuestras bocas se separaron
nos miramos a los ojos, buscando en el fondo de ellos una respuesta a lo que
debía pasar. Yo estaba como en las nubes, mis sentidos me decían
que la tocara más, que la saboreara, que la sintiera completa...
De repente, Darla se separó de mí riendo con malicia, me tomó
de la mano y salimos del agua; acomodó las toallas sobre las piedras,
que daban la impresión de que era piso por lo planas, y me recostó
sobre ellas. Se subió sobre mí y me empezó a besar de nuevo,
sólo que esta vez sus manos masajeaban mis pechos para luego bajar por
mi vientre hasta mi mojada vulva, en donde sus dedos habilidosos buscaban recorrer
cada cavidad en busca de mi clítoris, no le dio mucho trabajo encontrarlo
porque ya lo tenía dilatado por la excitación; mi respiración
era agitada y de mi boca escapaban gemidos ahogados. Mis manos recorrían
suavemente su espalda, acariciándole el culo con cuidado, con delicadeza
pero con fuerza, a veces abría sus nalgas para que se excitara y lo conseguía
porque ella apresuraba las caricias y su garganta ahogaba los gemidos dejando
escapar sólo algunos sonidos entrecortados.
Sus labios recorrían mi cuello y mis hombros, llegando hasta mis pechos
succionando mis duros y dilatados pezones, la sensación era maravillosa,
sentía que me corría, mi cuerpo se arqueaba y mis caderas se movían
con ritmo suave entre los dedos que me estimulaban el clítoris. De repente,
Darla apresuró las caricias y sus dedos me tocaban con más intensidad,
introduciéndose dentro de mi mojada raja, tratando de penetrarme lo más
profundo posible; mi respiración se hizo más corta y rápida
y mis caderas se movían violentamente mientras mis manos apretaban la
de Darla buscando una mayor penetración, mi vientre se convulsionaba
y me abandoné a un orgasmo delicioso, mis pupilas miraban hacia arriba
y mi boca dejaba escapar sonidos entrecortados, el cuerpo entero me dolía
y sentía mis extremidades adormecidas. Busqué ansiosa los labios
de mi amante y los besé hasta que sentí que las fuerzas me abandonaban.
Darla se dejó caer sobre mí y me acariciaba el cabello, su respiración
se normalizaba al compás de la mía y en su rostro había
una expresión de protección.
Cuando me repuse del esfuerzo le di la vuelta
y yo quedé ahora sobre ella, era mi turno para darle placer y no lo iba
a desperdiciar. La miré a los ojos y me reí pícaramente,
le dije que me encantaba y que deseaba sentirla debajo de mi piel, la besé
tocando ligeramente sus labios, ella quería besarme profundamente pero
yo me separaba cada vez que ella intentaba sujetar con sus labios mis labios,
eso la calentaba más...
Mi lengua recorría su cuello lentamente y de repente le mordisqueaba
el lóbulo de la oreja y hasta le introducía la lengua en la oreja,
eso la calentaba más. Mis manos masajeaban sus pechos y de repente le
pellizcaba los pezones, mi lengua recorrió hasta sus pezones que succioné
hambrientamente, mi mano se introducía en su depilada vulva y la recorría
lentamente, empapando mis dedos de sus calientes jugos; busqué su clítoris
y lo comencé a masturbar habilidosamente hasta que se puso grande y caliente.
Darla se movía fuertemente y mis masajes continuaron hasta que sentí
que se iba a correr, en eso quité mi mano y ella me veía con dudas,
no entendía porque había suspendido el masaje. La volvía
a mirar a los ojos y le dije: -todavía no¡¡¡. La besé
apasionadamente para que se calentara de nuevo y ahora mis manos abrieron sus
piernas, bajé mi cara hasta su mojado sexo y le abrí los labios
con mis dedos, introduciéndole mi lengua caliente; noté como los
fluidos aumentaron y comencé a hacerle una rica mamada, devoraba su sexo
con impaciencia, le succionaba suavemente el clítoris y metía
mi lengua en su orificio vaginal para que sintiera como la penetraba, con una
mano le magreaba los senos y con la otra aferraba su pierna a mi cara. Sus caderas
tomaban de nuevo ese ritmo candente que hacía tan sólo unos minutos
yo le había interrumpido, de su garganta salían gemidos de placer
y su cuerpo sumado como en maratón, su piel estaba caliente y enrojecida
y sus ojos parecían voltearse dentro de sus párpados como si buscasen
desprenderse y salir. Los movimientos aumentaron bruscamente al tiempo que sus
gemidos se volvían gritos de placer y de repente los movimientos pélvicos
comenzaron a perder fuerza hasta que el cuerpo de mi amante, la dulce Darla,
quedó inerte sobre la toalla, su respiración poco a poco se normalizó
y en su rostro una expresión de satisfacción me indicó
que se sentía muy bien...
Sobra decir que toda la tarde estuvo llena de pasión, mi nueva amante era realmente apasionada y desinhibida. Creo que sobra decir que me la pasé más que bien durante mis vacaciones y la tesis pues la tuve que postergar para dos meses después. Darla se convirtió en mi acompañante durante las dos maravillosas semanas que pasé en el pueblo; el pretexto era perfecto: le estaba dando consejos para ahora que recién había terminado la carrera y hasta la recomendé con "una antigua amiga" para que a su vez la recomendara en una prestigiada constructora. Darla vivió conmigo en México durante casi un año y fuimos muy felices hasta que decidimos que era tiempo de darnos un aire; somos muy buenas amigas y a veces brindamos a salud de los buenos tiempos...
Bueno, esta fue mi historia, la historia que compartí con Darla durante
un año maravilloso. Debo confesar que fue difícil dejarla porque
creo que la amaba, pero también creo que el amor es hacer libre y feliz
a la pareja. Cuando la veo, todavía esa mariposilla de mi estómago
aletea, creo que va a pasar mucho tiempo antes de que eso termine.
Espero que les haya gustado mi relato y exhorto a todas las chicas aficionadas a esta página que practiquen más y más seguido su creatividad erótica. Por cierto, si a alguien se quiere poner en contacto conmigo estaré encantada de recibir sus mails. Gracias y mil besos a todas.
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