MI SEGUNDA VIRGINIDAD
Hetero, polvazo. Una mujer feliz disfrutando como si fuera
virgen aún con un joven muy viril.
Magdalena
Yo no sé si en el recuerdo las situaciones adquieren dimensiones distintas
pero creo que este no es el caso porque, como a veces me sucede, estoy viviendo
y recordando al mismo tiempo y todo coincide.
Debo confesarles que lo que les voy a narrar tan solo está sucediendo
desde una semana de modo que aun en esta narración me siento atravesada
por sensaciones perturbadoras y Uds. han de decirme si tengo razón a
no para estar agitada de este modo.
Yo había aceptado que la fiesta de cumpleaños de Mauricio se hiciera en mi casa porque la de mi hermana Claudia era demasiado pequeña para contener a veinte muchachos y muchachas que eran los invitados, de modo que el sábado por la noche todo estaba dispuesto para la fiesta.
Fue cerca de las tres de la madrugada cuando
mi hermana se apareció en mi cuarto y al verme que aun estaba despierta
y vestida sobre la cama, tratando inútilmente de sostener el libro entre
mis manos, me convenció que bajara hasta la sala, pues solamente quedaban
allí nuestro sobrino y su mejor amigo Pablo a quien yo conocía
por ser invitado habitual de Mauricio.
Así arregle ligeramente mi cabello y dándome una rápida
aprobación ante el espejo, baje la escalera siguiendo a mi hermana y
al momento estaba conversando alegremente y riendo de lo que los muchachos contaban
acerca de los incidentes de la fiesta.
Casi sin darme cuenta, alentada por un par
de tragos que los muchachos nos habían ofrecido, me fui sumiendo en una
cautivadora charla con ellos, dejándome envolver por el aire alegre de
esos muchachos de 18 años, recién ingresados a la universidad
y cuya juventud parecía ser contagiosa. Ellos, a su vez, parecían
sentirse importantes sintiendo que dos mujeres maduras compartieran con ellos
con tal desenvoltura que animados por esta situación nos invitaron a
bailar.
Sonaba la música, envolvente con su ritmo endiablado y de pronto me sentía
liberada y feliz agitando mi cuerpo bien modelado y liviano ante este muchacho
amigo de la casa que parecía no reconocer distancia de edad ni de status
y bailaba conmigo como si yo fuese una muchacha mas de la fiesta que había
terminado y no una mujer de treinta y cinco años
Debo reconocer que lo que estaba sucediendo me gustaba porque, de algún
modo me traía de nuevo al centro mismo de una conducta mía que
creía olvidada. Yo siempre había sido buena para bailar y las
fiestas me gustaban.
Así las cosas, no opuse resistencia
alguna, mas bien me sentí complacida, cuando la música se tornó
lenta y melódica y Pablo se acercó a mi cuerpo y sentí
sus brazos rodeándome y acercándome hacia su cuerpo mientras mis
pechos se aplastaban difícilmente contra su camisa diáfana.
Sentí su cabeza levemente reclinada sobre mi hombro y su respiración
ligeramente perfumada por el alcohol lo que lo hacia aparecer como un hombre
de mayor edad.
Al escuchar el murmullo de la conversación que Mauricio sostenía
con su madre en la cocina, me pude dar cuenta que estábamos solos girando
lentamente en medio de la sala en penumbras.
Recuerdo que fue en ese momento en que tuve conciencia de lo que estaba sucediendo quizás desde hacia rato y percibí claramente, con una nitidez que solo el tacto puede dar, la presión sostenida y dura en mi muslo derecho de lo que indudablemente era la encendida virilidad de Pablo.
Por un momento quise detener el baile y poner de inmediato fin a la situación, pero rápidamente me di cuenta que lo que le estaba sucediendo al muchacho era una reacción natural, a la que yo le estaba dando quizás una connotación que iba mas allá de lo accidental. De modo que me calmé y continué bailando como si nada hubiese sucedido.
Pero calma no era la palabra para describir
lo que me estaba pasando, porque a los pocos minutos debí admitir que
estaba perturbada y no solamente por el hecho de sentirlo allí sobre
mis muslos, que era lo natural sino porque las características de la
percepción me parecían realmente inquietante. Lo perturbador,
mas que el hecho mismo, era lo que yo estaba percibiendo en cada momento con
mayor nitidez, se trataba de las dimensiones conmovedoras del miembro que sentía
desplegarse en todo su esplendor a través del delgado pantalón
de Pablo. Si yo hacia una apreciación de su tamaño debería
reconocer que era claramente superior a cualquiera de mis mas encendidos recuerdos.
El muchacho parecía no apreciar en absoluto la trascendencia del momento.
El se movía naturalmente tarareando la canción que la música
insinuaba y sus movimientos no tenían nada de pasional o de erótico,
era simplemente un muchacho que bailaba agradablemente conmigo
No quería admitirlo en un principio,
pero la situación era tan subyugante que rápidamente debí
aceptar que era yo quien estaba manteniendo esa situación, porque podría
haberme marchado de ahí en cualquier momento y poner fin al baile. Sin
embargo mi cuerpo no me obedecía, mi cuerpo se había independizado
de mi mente y yo le deje hacer.
Así me vi apretándome brutalmente a ese muchacho encendido al
máximo, acerqué mi mejilla a la suya, le hice sentir la presencia
de mis pechos insolentes sobre su pecho que yo había liberado de su camisa,
y lo que era peor, agitaba mi pelvis de tal manera que me permitía recorrer
la extensión de su miembro en toda su magnitud a punto de romper el delgado
pantalón.
Lo percibía como algo especial, luego, apreciando su longitud y su grosor,
la percepción me parecía terrorífica, y por fin, esta percepción
de miedo se mezcló con un deseo descontrolado y una visión de
placeres imposibles de describir
Fue así como empecé a moverme sensualmente, adoptando posiciones
que nos permitieran roces descarados, sin dejar de seguir el suave ritmo del
baile de modo tal que el pudo acomodar su maravilloso instrumento hasta permitirme
sentirlo presionando mi vientre y ahí la percepción de sus dimensiones
hizo despertar en mis latidos que ya casi había olvidado. Me abrazó
una sensación de placer casi malsano.
De ese modo, había permitido que el muchacho hiciese maravillas sobre
mi vientre subiendo y bajando, apretándome mas o menos, transmitiéndonos
ambos una sensualidad que en la penumbra del recinto, se hacía casi enloquecedora
y cuando yo estaba apunto de besarlo súbitamente Pablo me dejo sola desapareciendo
con inusitada rapidez en dirección al cuarto de baño.
A los pocos momentos y mientras yo trataba de recuperar la normalidad, mi hermana
y mi sobrino hacían su entrada en el living de la casa preguntándome
por Pablo a lo que solamente conteste distraídamente haciendo un gesto
de sueño
Casi al instante Pablo había regresado vistiendo su chaqueta y manifestando
su deseo de retirarse dando el argumento de que era ya demasiado tarde.
Se despidió con un beso de mi hermana y mi sobrino lo acompañó
hasta la puerta, pero antes que se despidiera de mi con un suave beso en la
mejilla pude ver la descomunal mancha húmeda sobre la pierna de su pantalón,
evidencia suficiente de la gigantesca eyaculación consecuencia de nuestra
calenturiento baile.
Era una mezcla de calentura y obsesión lo que me invadió los días
siguientes. No era un estado de excitación sexual pura. Yo lo sabia distinguir
claramente porque otras veces en mi vida había estado en periodos de
celo en que anhelaba tener sexo y de hecho lo hacia. Sin embargo esto era totalmente
diferente.
Lo que en realidad me pasaba era que la evocación de las dimensiones
del miembro de Pablo, que yo había percibido había generado en
mi una especie de renacer del deseo primario de ser poseída por el, como
si eso significara que había recuperado de algún modo mi virginidad
pues estaba segura que de llegar a tenerlo volverían a mi mente y a mi
vida esos dolores experimentados y seria destruida de nuevo como si nunca hubiese
sido visitada en mi intimidad antes de eso. Y el tiempo demostró que
no estaba equivocada.
Creo que no tiene caso relatar aquí
como fue que conseguí que Pablo visitara mi casa ese viernes por la tarde,
solamente valga decir que yo me había tomado un trago. No para darme
ánimos, sino para disfrutar mas plenamente el momento, aunque debo confesar
que cierta inquietud me invadía.
El muchacho demostró al llegar algo de confusión, pues yo no
le había dado un motivo claro para su visita, solamente le había
dicho que deseaba conversar con el acerca de un regalo que yo quería
hacerle a mi sobrino. Pobre disculpa sin duda, pero a esas alturas yo no tenia
ninguna dependencia con la lógica.
Lo hice pasar a mi cuarto y de inmediato le pregunte si se acordaba de nuestro
baile de aquella noche a lo que el rostro se le iluminó atreviéndose
a tomar mi mano.
De ahí en adelante todo marchó vertiginosamente.
Estábamos de pie y yo lo abracé apegándome cuanto pude
a él notando de inmediato su erección diabólica. Acaricie
su cabello con ademanes expertos y surgió de inmediato la premura del
macho joven inquieto.
Su mano abierta se apoderó de uno de mis pechos que él pudo disfrutar
sin problemas y entonces para facilitarle sus operaciones de asalto, me despoje
de la blusa, exponiéndole a su antojo mis dos pechos monumentales.
Pablo se extasió con mis pezones cambiando su boca ansiosa de uno a otro
como si temiera que alguno de los dos se le escapara. Yo lo dejaba hacer, mientras
buscaba ansiosa, la forma de abrir su pantalón lo que conseguí
por fin en medio de la agitación de una pasión desbocada y entonces
por primera vez pude ver el bulto monumental de su slip tensionado hasta la
desesperación por la fuerza del miembro erecto que parecía agitarse
desesperado en la tenue jaula de la tela.
Con agilidad me desprendí de la falda y ahora lucia desnuda frente al
muchacho.. Entonces, como si esa pequeña tela le molestara, con rapidez
inusitada se desprendió de ella y me mostró por fin el objeto
de esas ansiedades, temores y calenturas que habían poblado mi mente
y sobre todo mi cuerpo en mis ultimas noches.
Sin dejar de abrazar a Pablo me fui deslizando por su cuerpo hasta quedar de
rodillas frente a él y por fin pude mirarlo de cerca. Era simplemente
indescriptible, algo que sobrepasaba a mis mejores recuerdos algo que me atemorizaba
y me atraía sin poder separar la vista de él.
La boca se me comenzó a abrir casi en forma involuntaria y me fui inclinando
hacia ese centro de atracción infernal para abrazarlo con mis labios.
Su grosor inaudito y la dureza y suavidad de su piel en mi boca desencadenaron
en todo mi cuerpo una serie ininterrumpida de latidos y mi sexo se agitaba como
si se sintiera asustado y anhelante.
La poderosa cabeza de ese miembro increíble, casi llenaba el espacio
de mi boca y mi lengua fue relegada hacia los costados mientras yo me movía
rítmicamente para poder mamárselo mejor. Lo sentía latir
dentro de mi boca y en ese momento supe que me moriría si no apuraba
los momentos que faltaban para lo inevitable.
Así me puse de pie y luego me tendí sobre la cama levantando levemente
las rodillas y separando las piernas y mientras el me montaba con una decisión
de hombre maduro, cerré los ojos para esperar resignada una ejecución
que yo misma había buscado como una loca.
Sentí su cabeza portentosa separando mis labios mayores, los sentí
proyectados hacia los costados, sentí que me abría descontroladamente,
sentía que me partía y cuando esperaba que al menos me besara,
sentí que me estaba desgarrando entera, que una braza ardiente me quemaba,
que entraba en mi sin contemplaciones, que llenaba todos mis rincones, que las
paredes de mi tubo iban a estallar y un dolor creciente y un placer sostenido,
formaban dentro de mi sexo una combinación increíble de sensaciones
desmedidas.
Estaba inmovilizada, ya no podía agitar las piernas ni mover el vientre,
ni podía morder su miembro con mi sexo. Se había apoderado de
mí de una forma inaudita y seguía empujando y supe que era más
profunda de lo que nunca pensé y seguía entrando arrastrando con
el todo mi pasado y todas mis virginidades y cuando ya no tenía nada
mas que entregarle, porque me había llenado hasta mis orígenes,
me atreví a bajar mi mano hasta mi sexo tan solo para comprobar que un
trozo apreciable de su mástil aun esperaba traspasarme.
No era posible, mi útero era la barrera para mi placer y para su audacia.
Tan solo me quedaba esperar, esperar que saliera.
Pero no salió. Latía, latía remeciendo mis paredes y supe
lo que vendría. Con mi sexo dilatado lleno y palpitante sentí
la descarga brutal de su orgasmo y sentí que me llenaba como jamás
lo imaginé y resistí los tres golpes poderosos de su descarga
inyectándome y luego comenzó a salir.
No había perdido el sentido, estuve muy cerca de hacerlo.
El se puso de pie agitando su miembro agresor
y goteante como el asesino agita en el aire el puñal con el cual acaba
de ultimar a su víctima.
Y la víctima era yo, su adorada víctima, su víctima feliz
su adolorida y palpitante víctima que en ese momento me ponía
de pie sintiendo escurrir sus ríos y los míos y contemplando entre
mis piernas una caverna roja desmesurada que era lo que quedaba de mi anterior
historia de mujer.
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