VEINTE AÑOS DE PASIÓN (II)
Filial, hetero, polvazo. Tía y sobrino son amantes durante veinte años y se plantean contar a la familia lo que sienten el uno por el otro.


Continuación del relato erótico “Veinte años de pasión (I)” publicado en “El Rincón de Marqueze.net” el día 19 de Junio de 2002.

El domingo durante la comida Alicia preguntó al marido que planes tenía. - Me voy al fútbol y vengo tarde. Así que no me esperes para cenar. - Ni siquiera le dio una explicación. Seguro que se iba con la secretaria-amante... - Vale. Entonces aprovecho para ir a Barajas con Luis a recoger a sus padres a las ocho y media y nos vamos a cenar todos juntos. A lo mejor vengo tarde también. - Le contestó sin dar muestras de estar enfadada. - Haces bien. Hasta otro día muchacho. Ya no nos veremos esta noche. Un saludo a tus padres. - Estaba muy simpático ese domingo. Normalmente no me decía más que hola. - Adiós Antonio, que gane el Real Madrid.
Alicia fue a Barajas conmigo a las veinte horas. Habíamos tenido tres horas de amor y sexo por la tarde. El imbécil del Antonio nos había dejado campo libre. ¿Cómo podría dejar plantada a una mujer adorable y linda cómo la suya? Según Alicia pasaba semanas sin tocarle y cuando lo hacía... mejor se habría quedado quieto. Lo odiaba. Pues mejor para mí.
Mis padres estaban muy contentos. Nueve días solitos... me imagino la segunda luna de miel que habrán tenido... ¡Qué diferencia entre ellos y mis tíos!
- ¡Hola hijo! - Mi madre nos besó a Alicia y a mí. - ¿Alicia qué tal se portó él?. Pues para decirte la verdad, casi ni me enteré de que estuvo en casa. Entre el inglés, el deporte y las horas que pasaba en la habitación estudiando... prácticamente solo nos veíamos durante las comidas. No veía ni la tele. Tu hijo es un tesoro.
Estuve dos semanas con mis abuelos en Alicante. Lo pasé fatal... ¡Cómo la echaba de menos! Estaba perdidamente enamorado de ella. La hija de los vecinos del chalet de al lado, que era de mi edad y muy guapa intentó ligar conmigo todo el tiempo... ¡nada! Era muy formal e intentaba ser amable con ella, pero solo tenía a mi amada Alicia en el pensamiento. Si en ese tiempo le pasara algo creo que me habría suicidado.
Me masturbaba como unas cuatro o cinco veces por día pensando en ella... finalmente regresé a mi casa ansiando verla en cuanto antes.
El día siguiente a mi llegada Alicia llamó a casa. - Hola Luis, ¿está tu madre? - La echaba de menos y fue una alegría escuchar su voz. - Hola Alicia. No, estoy solo en casa. Te echo de menos. - Ya me imaginaba que no estaba, solo quise confirmarlo. ¿Quieres venir a verme esta tarde, querido? - ¡Por supuesto! Te añoro Alicia, ya me busco una disculpa para salir. Después de comer voy.
Pasé a ir a su casa casi todas las tardes durante las vacaciones y estaba en la gloria. Ella vivía en un adosado y nadie extrañaba que su sobrino fuera a su casa. Mi madre pensaba que me iba con los amigos de paseo por ahí. Ni se imaginaba a dónde iba y mucho menos con que finalidad.
Esa tarde nos hicimos de todo. Fue la primera vez en mi vida que hice un sesenta y nueve. Alicia estaba sabrosísima como siempre y beberla fue algo maravilloso. A cierta altura con ella acostada boca abajo la empecé a besar en las orejas, a lamerle el cuello, su pelo, impecablemente limpio como siempre, tenía un aroma delicioso. No se había puesto perfume para que no se me notara en casa. No le hacía falta. Seguí bajando por sus espaldas, besando, mordisqueando, lamiendo... le cogí los glúteos, seguí lamiendo... la abrí y vi el maravilloso agujerito por encima de su mojada vulva... la miraba extasiado. No me resistí y empecé a lamerlo. Le introduje la lengua. Nada en ella me daba asco. Cada segundo sentía crecer mi amor por ella. Alicia gemía bajito, gozando cada una de mis caricias. Iba alternando entre su ano, sus labios y su clítoris. Mi lengua quería partirse en dos para darle placer... a cierta altura le introduje un dedo muy despacio en el culito. Me pasó una crema lubricante para que se lo hiciera sin daño. - Luis... ¿Quieres hacérmelo por ahí? - Claro que lo quería... quería hacerle de todo. - Si, mi amor, te quiero hacer todo lo que te guste. Estoy aquí para darte placer. Tu placer será mi placer. Quiero vivir para ti Alicia. - Empecé a penetrarla despacito, no le hice daño. Le gustó mucho y al poco rato tuvo un violento orgasmo mientras me decía que me amaba. Esta mujer no paraba de sorprenderme. - Luis... mi amor... estoy viciada en ti. ¡Qué locura! Estoy enamorada de mi sobrino... No sé qué hacer.
Nos fuimos al baño a lavarnos. Volvimos a la cama. - Alicia, estoy profundamente enamorado de ti. ¿De verdad me quieres? - Si, Luis, no sé qué hacer. Esto no es más un juego de sexo para desahogarnos. Ya pasó esa fase y no tiene vuelta atrás... - Me pasa lo mismo. Cuando tenga medios para eso quiero que seas mi mujer. - Alicia me miró con pasión y me dijo: - Eso jamás podrá ocurrir. Dentro de algún tiempo tendrás tu novia y no seré más que un agradable recuerdo. La primera amante que tuviste. Le rolaron dos lágrimas por su lindo rostro. Sofría... - Alicia, tu no me conoces. No soy así... sé que soy joven pero mi amor por ti es firme y verás que no se va a terminar nunca. - Seguía llorando. - No querido. Tengo casi el doble de tu edad y además no sería posible por la familia y por las barreras sociales. Imposible. Iba a ser un infierno. Tendremos que seguir así con mucha discreción... para que nadie lo sepa. Será Nuestro secreto. - Me desesperé. - Alicia, aguanta lo que puedas sin divorciarte. Intenta que ese animal no te toque, te quiero solo para mí... dame tiempo. No puedo perderte. No me casaré nunca. Encontraremos una forma... Mi amor es puro y firme como una roca...

Veinte años después, yo con treinta y siete años y ella con cuarenta y ocho, aquí estábamos con el mismo amor, firme cómo una roca como le había dicho. La veía profundamente dormida, la seguía besando. Parecía tener unos ocho o diez años menos. Se notaba que yo era más joven, pero aún así hacíamos una pareja normal.
Nunca llegó a divorciarse de Antonio, que nos hizo el gran favor de morirse en un accidente de coche con su secretaria-amante después de una noche de copas, un año después del comienzo de nuestra relación.
Yo era ahora un ingeniero de telecomunicaciones e informática y estaba muy bien en la vida sin problemas de ningún tipo... excepto la frustración de no poder asumir esta relación que era la finalidad máxima de mi vida. Había trabajado duro y triunfado, más que nada para sentirme digno de Alicia y de que ella se sintiera orgullosa de mi.
Nuestra familia no tenía ni idea de que éramos amantes.
A cierta altura, hace ahora seis años, tuvimos el arte y la suerte de poder vivir bajo el mismo techo sin que nadie se enterara. Me compré el adosado de al lado cuando los antiguos dueños lo pusieron en venta. Eran absolutamente simétricos. Nuestras habitaciones tenían una pared común. Ambas tenían un armario empotrado que aprovechamos para instalar una puerta secreta por la cual pasábamos de una casa a la otra sin que nadie se lo imaginara. Estaba colocada detrás de cada uno de los módulos con cajones que compré y yo mismo instalé; así ni se notaba que había un hueco. Los módulos de desplazaban para un lado usando un sistema diseñado por mí, que era prácticamente imposible de detectar accidentalmente. Además las respectivas puertas tenían una cerradura y las empleadas no tenían acceso al interior. Eso si, tenía el inconveniente de tener solo un metro y medio de altura.
Mis padres quedaron muy contentos que me cambiara para allá, porque así estaba más cerca de ellos. A veces le preguntaban a Alicia por mi. - Pues hija... si antes lo veía poco, ahora que somos vecinos puerta con puerta es que casi no lo veo. El otro día lo invité a cenar aquí en casa. Le dejé la invitación bajo la puerta, no siendo que no mirara al buzón. Vino y lo encontré muy bien. ¿Sigue sin tener novia, verdad? - Esto ocurrió con ella en mi cama hablando por su teléfono portátil. Ambos tenemos teléfonos portátiles en las respectivas habitaciones para poder atenderlos a dónde estemos. - No. Por lo menos que yo lo sepa. Qué Dios me perdone, pero a veces me pregunto si no será homosexual. Es que además nunca lo vi con interés en ninguna chica. - Alicia se reía y la intentaba tranquilizar. - No querida, seguro que tiene alguna amante por ahí. Así, vive en libertad. Además, hace un par de meses, lo vi entrar en casa con una chica cogidos de la mano. Pero no la vi bien a ella porque era de noche y no quería que él se diera cuenta. Además, husmear no está entre mis defectos. - Esto a Alicia le hizo mucha gracia y a mi me molestó muchísimo.
Mi abuelo se había muerto la semana anterior a esta conversación. Mi abuela estaba bastante mal del corazón y esperábamos una mala noticia a cualquier momento.
- Alicia, veinte años no son veinte días. ¿Qué tal me porté contigo durante el tiempo que llevamos juntos? - Mi expresión era grave. - Siempre fuiste un autentico marido, un fiel compañero, un gran amigo, un inmejorable amante, me demostraste que me amabas por encima todas las cosas... vives para mi. No se que más puedo decirte. Soy tan feliz... ¿Pero a qué viene esa pregunta? - Dijo con visible preocupación. - Viene a que si me no hacen falta papeles para ser como dices tu, un autentico marido, tampoco me hacen para que tenga algunos derechos morales, ya que legales no tengo ningunos. Cuando la abuela falte... no antes porque el disgusto la destrozaría, nos vamos a casa de mis padres y les planteamos la situación. Haremos lo mismo con tu hija. No soy ningún criminal para tener que vivir lo que me queda de vida en la clandestinidad, encima con mi madre imaginándome gay. Deseo ir de vacaciones contigo sin hacerlo clandestinamente cómo hasta ahora, quiero salir contigo, llevarte al cine, dejar de entrar y salir por un armario, presentarte a mis amigos como mi mujer mismo sin serlo oficialmente, porque eso sí que iba a ser complicado. Quiero poder darte un beso en la calle cuando me entren las ganas de hacerlo... Tenemos ese derecho. Mucho más que muchas parejas legítimas... mucho más que lo que tenía Antonio, para no ir más lejos. Claro que no se pueden enterar de toda la verdad ni de cómo esto empezó...
- Luis... déjame ordenar la cabeza. Tengo que pensármelo bien. Tienes razón. Mi madre tiene que morirse sin saberlo, es cierto. Nunca lo aceptaría. Me da miedo la reacción de tu padre, más que la de mi hermana. Te comprendo. Deseo lo mismo que tú pero me da miedo. Mi hija no creo que diga nada ni su marido. Son muy abiertos... pero tengo que pensarlo. Déjame asimilarlo. A todos los efectos soy tu tía... es un caso de incesto. La gente no lo acepta. ¿Y la diferencia de edad? Habrá un día... en qué te darás cuenta de que soy una vieja y tu estarás muy bien todavía. - Me quedé helado y sobre todo herido. - ¿Algún día te imaginaste que no me cogería ninguna novia y te dedicaría mi vida? Cuando hace veinte años te dije que me quedaría contigo cuando hubiera condiciones tampoco me creíste. Nunca tuve a otra mujer ni quiero tenerla... Todo lo que hice en la vida lo hice por ti. Veinte años amándote, no puedo imaginarme sin ti... Cómo te pase algo no quiero vivir. Cuando tengas setenta años tendré yo cincuenta y nueve, tampoco estaré tan joven, y te seguiré amando como hace veinte años. No me merezco esa desconfianza.
Las semanas fueron pasando, seguíamos igual que siempre, amándonos clandestinamente.
Una noche me llamó mi madre diciéndome que la abuela acababa de fallecer. Me pidió que fuera a casa de mi tía y se lo dijera personalmente. Ella se enteró en el acto porque estaba conmigo en la cama.
Una semana más tarde, ya con todo más calma, estábamos en mi habitación para hacer una siesta y Alicia me dijo: - Luis, ya te mereces que te haga caso. Lo que voy a hacer es pedir a tu madre que venga a mi casa, ella sola. Tiene que ser la primera en saberlo... ya veré como reacciona. La versión oficial será que todo empezó cuando terminaste la carrera... no se puede contar a nadie que estuve metida con un muchacho de diecisiete años, ni ciertos detalles. - Me quedé muy feliz. - Alicia tenemos que preparar la versión oficial para que no nos pillen diciendo cosas distintas por separado. - Empecé a besarle el cuello muy apasionadamente. Cuando le lamí la oreja derecha empezó a quedar muy excitada. Nuestras lenguas iniciaron una danza muy suave, muy lenta... le dije muy bajito al oído: - Alicia... te presento a Alicia, mi querida y amada esposa... - suspiró... - Hmmm... Luis, te amo. No puedo vivir sin ti. Me enfrentaré a lo que haga falta ¡Palabra de tu amada esposa! - me metió la mano por dentro de la camisa, me rozó con las uñas muy despacito en el vello del pecho y en los pezones. Sentí un escalofrío de placer y se me puso la carne de gallina. La desnudé lentamente y le fui lamiendo cada centímetro cuadrado de su piel a medida que le iba quitando la ropa. Cuando llegué abajo, le lamí sus lindos pies, es algo que le encanta y la excita mucho. Mientras lo hacía, ella me masajeaba los testículos y me los rozaba con las uñas. Su excitado sexo emanaba un aroma que demostraba su estado de excitación... estaba tan mojada que empezaba ahora a mojarse también las ingles... me cambié de posición y bebí cada gota de su flujo. Le metí dos dedos en la vagina y luego en su la boca. Los chupamos los dos a la vez y lo repetimos varias veces. Sus senos, que continuaban lindos, a pesar de haber perdido un poco de la firmeza de la juventud, tenían los pezones totalmente erectos. Se los chupé... mientras tanto, mi mano estaba muy activa en su clítoris, ahora totalmente duro y distendido. Me bajé y le chupé cada milímetro cuadrado de su magnífica vulva. Tuvo el primero orgasmo. Apretaba las sábanas con las dos manos... yo seguía saboreando su flujo, ahora aún más abundante. Me sentía explotar de pasión y de amor. No podría vivir sin ella. - Luis... dámelo... penétrame toda. Quiero sentirte explotar dentro de mí... - No la hice esperar. Estuvimos como unos veinte minutos así hasta que se corrió otra vez. Me corrí con ella... pero seguía duro. Esto no podía terminarse tan pronto. Alicia estaba en el cielo. Nos limpié a los dos. Ella no era capaz de moverse. Su respiración era ahora más lenta... descansaba con los ojos cerrados y suspiraba... - Cariñosamente la volví hasta tenerla boca abajo. Empecé a lamerla en el cuello, le daba suaves besitos... le acaricié el pelo, otra cosa que le gustaba mucho, estaba ahora lamiéndole la espalda a lo largo de la columna... se le puso la carne de gallina. Gemía muy bajito... parecía una gatita ronroneando. - Eres mi gatita... la gatita Alicia... - Le abrí un poco más sus esculturales piernas... le separé los glúteos. Su lindo culito ahí estaba como que pidiendo que me ocupara de él... le hice un largo, suave y profundo beso negro. Adoraba hacérselo. Siempre se ponía muy nerviosa y excitada a la vez. Sin cambiarme de posición cogí la crema lubricante que había disfrazadamente puesto a mano y empecé a lubricarla. Le introduje un dedo muy despacio para no hacerle daño. Después dos... los movía en círculos y vi que estaba ya preparada. Llevábamos unos tres meses sin hacerlo y estaba un poco más cerrada. - Luis, cariño, ponte un condón... quiero que termines en mi boca. Quiero beber cada gota de tus jugos de amor. Hice lo que me pidió. Le penetré su adorable y apretado culito. No le hice ningún daño. Le gusta mucho que se lo haga así, no muy a menudo, pero cuando se lo hago no tarda mucho en tener un orgasmo. Esta vez tardó unos diez minutos. Yo estaba a punto de explotar. Cuando terminó, salí de dentro de ella y me quité el preservativo... me empujó cariñosamente... - Relájate y goza, cariño... - empezó a lamerme el pene de arriba abajo, me masajeaba los testículos me los rozaba con las uñas... empezó a chupar. Era delicioso lo que me hacía... finalmente exploté. Se lo tragó todo. Yo me quedé un ratito descansando. Nos metimos en la cama y nos quedamos dormidos abrazados.

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