VEINTE AÑOS DE PASIÓN (I)
Filial, hetero, primera vez, tía y sobrino. Un romance
erótico con su tía perdiendo la virginidad.
Estando acostado en mi cama junto a la
mujer amada, recordaba con añoranza mi primera experiencia sexual mientras
la miraba con ternura.
Se había quedado dormida después de haber disfrutado de una maravillosa
tarde de pasión. Al terminar, después de brindarle tres intensos
orgasmos, le seguí dando suaves besitos mientras le acariciaba el pelo
hasta que se quedó profundamente dormida. Estaba verdaderamente bella.
Volviendo a mis recuerdos de hace veinte años...
Una tarde de julio de 1982, estando en casa con mi madre,
llegó mi tía Alicia, su hermana pequeña. Mi madre, que
era una señora muy bella y lo sigue siendo, tenía entonces treinta
y cuatro años. Se había casado con dieciocho y yo nací
el año siguiente. Mi tía tenía seis años menos que
ella y se parecían mucho, pero era aún más guapa. Estaba
casada con un hombre diez años mayor, un industrial con mucha pasta profundamente
antipático, y tenían una niña con ocho años.
Siempre la había querido mucho desde pequeño, la tuteaba y a mis
diecisiete años empezaba a no ser indiferente a sus encantos. Alguna
vez que otra me había pillado mirándola, me echaba una sonrisa
dulce y yo me ponía muy colorado. No sabía si se daba cuenta,
pero me sentía muy incómodo ante esa posibilidad. A veces me quedaba
con una fuerte erección que disfrazaba cómo podía y a continuación
tenía que masturbarme.
Esa tarde mi madre le contó que mi padre tenía que desplazarse
la siguiente semana a Viena de Austria a un congreso de su especialidad, la
cardiología, y ahí quedaría cinco días, de lunes
a viernes. Alicia le preguntó si no se iba con él. - No hija,
no puedo llevar a Luis y tampoco quiero que se quede solo. - Alicia le contestó
en seguida: - ¡Qué tontería! Pues se queda conmigo. Así
podéis juntar los dos fines de semana y quedaros nueve días. Una
segunda luna de miel. - Mi madre me miró... - No sé que decirte
¿Luis, quieres quedarte con Alicia? - Me encantó la idea. - Vale.
- No quería que se me notara, pero la idea me encantaba. Mis padres se
llevaban de maravilla y también se quedaron muy felices.
Estaba haciendo un curso intensivo de inglés y era por eso que no podía
ir con mis padres. Alicia vivía muy cerca de la academia lo que me venía
muy bien.
Me fui el viernes siguiente por la noche para su casa.
Mi prima estaba en casa de nuestros abuelos en Alicante, dónde ellos
tenían un chalet junto a la playa. Yo iría para allá dentro
de dos semanas, después de terminar el curso.
El fin de semana pasó con la más absoluta normalidad. A mi tío
casi no lo vi, afortunadamente. Noté que la relación de la pareja
era anormalmente fría.
Lunes por la tarde estaba yo en el salón viendo un vídeo de gimnasia
que había llevado y hacía los ejercicios que salían en
la pantalla al mismo tiempo. A cierta altura Alicia entró y me dijo:
- ¡Hombre! Que bien. Eso tenía yo que hacerlo también. -
Me dijo. - A ti no te hace falta. Eres toda una perfección. - Cuando
me di cuenta del comentario me puse muy colorado. - Qué amable, cariño.
¿Tan bella te parezco? - Me abrazó ye me dio dos besos. - Perdona...
no tenía por qué hacerte comentarios. - Me siguió abrazando...
yo estaba cada vez más cortado por la erección que se me formó.
Me senté, crucé las piernas y cogí una revista para esconder
lo que me pasaba.
Alicia me pilló, sonrió con su habitual dulzura y me dijo: - Luis,
mi querido Luis... estás creciendo. Hace tiempo que me doy cuenta de
la forma cómo me miras y... - se me acercó, me quitó la
revista y puso su mano sobre mi erección - ... de esto. Pero no te preocupes;
es normal. - Me quedé de piedra. No sabía que decir o qué
hacer. - Lo siento... no quería que me pasara y mucho menos que tu lo
notaras... lo siento... es algo que no puedo evitar. - Luis, cariño,
ya te dije que no te preocupes. Es normal. Tu tranquilo que no se lo digo ni
a tu madre ni a nadie. Ahora vete al baño, dúchate y baja a merendar.
Te espero en veinte minutos.
Quedé tan avergonzado que se me bajó la erección y ni siquiera
tuve que aliviar la tensión manualmente.
Cuando bajé, estaba Alicia con su sonrisa y su dulzura de siempre esperándome.
Se había cambiado de ropa. Se había puesto unos pantalones cortos
blancos y un polo azul marino que combinaba de maravilla con su lindo pelo rubio,
ahora peinado con una coleta. Parecía una chica de dieciocho años.
Me quedé alucinado. No quería, pero no podía estar más
de cinco segundos sin mirarla. Ella sonreía con un aire divertido. Aparentemente
no estaba enfadada. Su rostro era toda una perfección. Sus senos se adivinaban
divinos. A pesar del sujetador se le notaban sus pezones que parecían
querer salir para fuera. Sus brazos, sus perfectas y arregladas manos... y sus
lindas piernas tan elegantemente torneadas, toda ella bronceada...era perfecta.
Podía haber evitado ponerse esa ropa. Si antes estaba a cien ahora me
había puesto a mil.
Nos tomamos un café con leche y un croissant. Pensé que debía
alejarme de ella, quizá ir para mi habitación... pero era más
fuerte que yo. Había algo cómo un imán que no me dejaba
moverme. Necesitaba estar junto a ella.
- Luis, ven conmigo. - Me cogió de la mano y nos fuimos para el salón.
- Siéntate aquí.
Me vi sentado en el sofá grande. Alicia puso una música muy suave,
había bajado las persianas mientras yo estaba arriba duchándome,
solo quedaron los agujeritos que dejaban entrar suficiente luz.
Cuando vino, se sentó conmigo, con una pierna encostada a la mía.
- Tenemos que hacer algo por ti, cariño. - Me abrazó. Me quedé
helado. Cogió mi mano y la puso sobre su seno derecho. - Relájate
y disfruta, cariño. - Yo no quitaba la mano pero no me atrevía
a moverla. No sabía que hacer, pero quería que este momento durara
siempre - ¿Te gusta? - la besé en la cara, muy cerca de su boca.
- Si, Alicia, pero no sé... eres mi tía. ¿Y si entra Antonio?
- Me daba miedo que pudiera llegar su marido. - El echo de ser tu tía,
para mí no tiene la más mínima importancia. El único
problema es que eres menor de edad, pero ni tu querrás denunciarlo ni
yo lo voy a contar por ahí... en cuanto a Antonio, llega siempre entre
la once y la media noche. Siempre queda haciendo... horas extra con su secretaria...
si es que me entiendes. - mientras tanto, se desapretó el sujetador y
me puso la mano por dentro del polo. - Alicia, si yo tuviera una mujer como
tu... estaría con ella todo el tiempo que tuviera disponible. ¡Qué
animal! Nunca lo pude ni ver. - Mis dos manos ya se estaban ocupando activamente
de sus maravillosos pezones. Estaban duros como rocas. Erectos medían
casi un centímetro. Le levanté el polo. Eran rosados, un poco
más oscuros que las aureolas. Los senos muy firmes, talla treinta seis.
- ¿Me los dejas besar? - Pregunté tímidamente - Claro,
mi amor. - Dijo mientras se quitaba el polo y el sujetador. - ¿No podrá
entrar alguien? - Ya me imaginaba a Antonio llegando más temprano que
lo previsto metiendo la llave a la puerta. - Tu tranquilo. La puerta está
cerrada con la llave puesta y no se puede abrir desde fuera. Para que te tranquilices,
quiero que sepas que mi matrimonio llegó al fin. Estoy intentando coger
coraje para iniciar la tramitación del divorcio. Tu madre lo sabe, pero
no os dirá nada hasta que yo le dé luz verde. - Me quedé
contento. Ahora no podía ni imaginar al energúmeno del Antonio
tocando aquellos senos que estaba besando. Ya lo sé, no es lógico.
Yo era el que no tenía derecho a tocarlos, pero mi corazón no
lo sentía así. Tampoco Alicia, que era la legítima dueña
de esas preciosidades, por lo tanto todo es relativo.
- ¿Luis... me juras no contarás a nadie sobre nosotros?
- Te lo juro por mi vida y por mi honor. Ni a mi mejor amigo. Puedes confiar
en mi. Daría mi vida por ti. A los jóvenes en general nos gusta
contar lo que hacemos y lo que no hacemos pero que nos gustaría haber
hecho. Eso no se aplica a mí. Al final se sabría...
Solo me importa una cosa: ¿Estás a gusto... o lo dejamos?
- Estás preguntando a un ciego si quiere ver... o seguir ciego. Jamás
me imaginé en esta situación, Alicia. Te adoro desde que me conozco.
Nunca te vi cómo a la hermana de madre. Ni tía, ni hermana, ni
madre... Simplemente Alicia. Te veo como una maravilla a que nunca me podría
acercar... y mucho menos alcanzar. ¿Te puedo decir una cosa que me está
quemando el alma... No te enfadarás?
- Debes decírmela, querido. Conmigo debes ser siempre sincero, sin miedo
de chocarme. Llegados a este punto no hay lugar para la mentira. Para eso con
Antonio me basta.
- Alicia, mi corazón también tiene derecho a latir. Estoy enamorado
de tí desde hace mucho. No solo es deseo... - Ella me apretó contra
su pecho, me besó en la boca y nuestras lenguas se entrelazaron, me quité
la camisa. Tenía que sentir su pecho contra el mío. El contacto
de sus afilados pezones contra mi pecho fue una sensación única
que jamás olvidaré.
Mi erección estaba a punto de explotar. Ella lo sabía. Me quitó
los pantalones y los calzoncillos. Soy bastante dotado. - ¡Qué
agradable sorpresa, Luis... Se puso de rodillas sobre la alfombra. - Ponte cómodo.
Échate para tras, cierra los ojos y disfruta, cariño. - Le obedecí.
Sus manos me cogieron el pene y me lo acariciaron con mucha suavidad, con mucha
ternura... sus labios lo besaron con la misma delicadeza. Su lengua lo recorrió
de arriba abajo. Finalmente, lo introdujo en su boca... - Alicia... me voy a
correr... - Sin quitar su boca, me apretó las manos cómo para
tranquilizarme. No aguanté más y eyaculé. No quitó
la boca. Me bebía todo. Al mismo tiempo me acariciaba el rostro y yo
le besaba las manos. Recuerdo esto, no como una escena pornográfica sino
como un acto de amor. No hubo nada de inmoral en todo esto. Solo ternura y amor.
Me acosté en el sofá... Alicia terminó de desnudarse y
se acostó abrazada a mí. Su sexo estaba depilado. Sus grandes
labios eran carnosos y prominentes. Los pequeños también se mostraban
discretamente. Su clítoris era lindo. Tenía un capuchón
bastante grande y se salía como medio centímetro para fuera, quizá
debido a la excitación. Sentía en el aire su perfume y la vi muy
mojada.
Alicia tenía los ojos cerrados. Me levanté para sentarme en la
alfombra. Le besé y le lamí los pies. Qué lindos los tenía.
Seguí besándole y lamiéndole las piernas muy lentamente.
Al acercarme a su maravillosa vulva el aroma, mejor dicho, el perfume de su
excitación se intensificó. Seguía produciendo flujo que
ahora empezaba a salir para fuera. - Cariño... no tienes porque hacérmelo
a mí. Si te da asco... - le puse mi mano en su boca para callarla; empecé
a lamerle la vulva. Era deliciosa. Me la bebía toda como ella me había
hecho a mí. Disfrutaba como una abeja chupando a una orquídea.
Me dediqué a lamerle el clítoris. Al principio no sabía
como hacerlo pero ella me guiaba. Solo tuve que dejarme llevar; Alicia me cogía
la cabeza con las dos manos acariciándome el pelo y decía con
su maravillosa voz, muy bajito, casi un susurro: - Ahí cariño...
más suave... en círculos, un poco más abajo, mi amor. Méteme
ahora entera en tu boca y chúpame... - Metí su vulva entera en
la boca como me había pedido y la saboreaba con verdadero delirio. -
ahhh... mi amor, ¡qué bien lo haces, qué gusto! - Finalmente
se corrió con mucho flujo. Alicia es una de estas raras mujeres que eyaculan.
No me perdí ni una sola gota. Era deliciosa. Nunca había tenido
un contacto con ninguna mujer y era cómo estar en el paraíso.
Me acosté junto a ella de nuevo. Nos besamos apasionadamente. - Alicia...
te amo... me has hecho el hombre más feliz de la tierra. - Le acariciaba
los pechos que seguían con los pezones durísimos. - Luis, vamos
a tu habitación. Quiero acostarme un ratito con alguien que realmente
me tiene cariño. Por primera vez no me sentí como un objeto de
placer. Me sentí amada. - Lo eres, Alicia... ¡Te amo!
Nos fuimos a mi habitación en el piso de arriba. La cama no era de matrimonio
pero era bastante ancha.
Nos metimos dentro muy abrazados e sin dejar de besarnos. Mi pene estaba de
nuevo erecto y Alicia me lo acariciaba con mucho cariño. Empecé
a acariciarle la vulva. Mojé los dedos en su flujo, ahora muy abundante
y me los chupé. - Eres deliciosa Alicia. - volví a tocarla y con
los dedos bien lubricados le acariciaba el clítoris, los labios, todo...
- Ven, mi querido... quiero sentirte dentro de mí. - Afortunadamente
ya me había corrido una vez y duré lo bastante para no terminar
antes que ella.
Quedamos una media hora en la cama abrazados, callados, de vez en cuando nos
dábamos besitos y nos hacíamos caricias... nada de sexo, solo
ternura en el más puro sentido de la palabra.
Nos fuimos juntos al baño y nos duchamos juntos. Nos besamos mucho y
nos secamos el uno al otro.
- Tenemos que hablar ahora muy en serio, Luis. - Me dijo ya abajo en el salón.
- No quiero que lo que pasó entre nosotros te desestabilice la mente
ni te afecte en tu rendimiento. Tu madre no puede ni soñarlo... ni tu
abuela. - Nadie lo sabrá, mi amor. - Dije. Le cogí la mano y se
la besé. - Verás que mi comportamiento va a ser igual que antes,
algunas veces hasta me mostraré distante...
- Bueno... ¿Te gustó? - su sonrisa estaba otra vez presente en
su cara y su expresión serena como habitualmente. - No tengo palabras
para describir la felicidad que me diste. Lunes, 12 de julio de 1982... Una
fecha que jamás olvidaré. Siento no tener experiencia para darte
el placer que te mereces. - Me acarició el rostro. - Estás muy
equivocado Luis. Harto de la experiencia de Antonio y de ser un objeto destinado
a su placer estoy yo. Tu cariño, tu dulzura, tu amor... fueron un bálsamo
para mi espíritu... Y estás muy bien dotado. Ya querrían
muchos hombres ser como tu. Además me lo hiciste muy bien. Tenemos que
hacerlo más veces.
Esa noche dormí muy bien. No quise masturbarme para estar en buenas condiciones
al día siguiente.
El resto de la semana fue una verdadera maravilla. Iba a inglés por las
mañanas, hacía mi deporte... regresaba al paraíso con Alicia
unas tres horas por la tarde, estudiaba para el siguiente día y seguía
durmiendo muy bien. Fue la mejor experiencia de mi juventud.
obskinz@hotmail.com
[Indice general] - [Sexo] - [linux] - [humor] - [hard] - [miscelanea] - [Novedades]
![]()