LAS VACACIONES DE OLGA
Lésbico, hetero, infidelidad. Cambio de planes, su marido se va con su secretaria y ella decide irse sola a la playa.


Hola me llamo Olga y os voy a contar una historia que me ocurrió hace tres años. Entonces tenía yo 29 años y estaba casada con Carlos, siete años mayor que yo, llevábamos casados 10 años y él era el único hombre que yo había conocido en mi vida.

Le había conocido con 17 años y me casé convencida de que Carlos sería el hombre de mi vida. Mis padres se disgustaron, me decían que era muy joven para casarme que estudiara que terminara una carrera y entonces me casara, pero al final, siempre fui muy tozuda, tuvieron que aceptarlo. La relación fue maravillosa, tuvimos una larga luna de miel de cinco años, después aparecieron los problemas. Económicamente siempre nos fue bien, Carlos tenía un puesto directivo en una gran empresa, y yo a los dos años de casados decidí poner una tienda de ropa junto con mi mejor amiga, eso disgustó a Carlos, pero mi tozudez volvió a vencer la oposición de mi marido y pronto comenzó el negocio a funcionar y yo a tener dinero para mis caprichos y algunas cosas más. Gloria, mi amiga, soltera ella, era totalmente distinta a mí siempre decidida y atrevida, siempre vestía las faldas más cortas que podía encontrar y lucía los escotes más vertiginosos del mundo, también tenía un cuerpo imponente, y por supuesto siempre tuvo un éxito bárbaro con los hombres. Yo sin embargo siempre fui muy tímida y vestía más recatadamente aunque también según me decía Gloria, tenía un bonito cuerpo, aunque algo descuidado, me obligó a acompañarla a clases de aeróbic, y me obligaba a salir con ella cuando mi marido se encontraba de viaje, cosa que ocurría muy frecuentemente. Y fue ella quién me enseñó algo de cómo tratar a los hombres.

A finales de julio del 99 decidimos mi marido y yo irnos unos días a la playa, apenas nos veíamos, él viajaba cada vez más y más, y siempre o casi siempre con su secretaria, siempre tuve celos de ella y era constante motivo de discusión, no me apetecía que el hombre al que me había dedicado estuviera más tiempo con ella que conmigo. Pero dos días antes Carlos me dice que tenemos que anular el viaje, que él tiene que estar esos días en Londres, por algo importante de la empresa, le pregunté si iría con ella, me digo que sí y entonces tuvimos una discusión enorme, me fui a la cama llorando. Al día siguiente lo hablé con Gloria por la noche al salir del aeróbic. Había estado todo el día esquivando sus preguntas, pero ya no pude más y tomando unos refrescos en una terraza me sinceré con ella

- -Estoy harta de que Carlos esté más tiempo con su secretaria que conmigo y ahora que nos van las cosas mal y que teníamos oportunidad de pasar unos días juntos lo dos solos, va y se tiene que ir.- Protesté a mi amiga, con ganas de llorar.
- -Y tú crees que él te engaña...
- -No, eso no...vamos no creo...él sé que me quiere, pero...Apenas lo puedo ver...
- -Y te vas a quedar sin ir al viaje planeado, ya con todo preparado, por cierto ¿lo habéis pagado?...si yo fuera tú me iría.
- -Sí, lo pagué yo, pero es que sin Carlos no he salido de viaje desde que estamos casados.
- -No seas gilipollas y ve tú sola, lígate a algún tío y que te eche un buen polvo...
- -No me digas eso Gloria, no seas vasta.
- -Mira Olga...perdona si soy brusca...pero lo que tienes que hacer es irte. Vas a un Hotel de lujo, estarás atendida a cuerpo de rey y además si no fuera por la tienda yo te acompañaría.- Intentaba tranquilizarme.
- -¿Tú lo harías?...digo...¿te irías?...¿Quieres ir tú?...
- -No, irás tú, vas a intentar relajarte y a no pensar en nadie más que en ti... y vas a dejar tu timidez en Madrid...y mira a los chicos de forma lasciva.- Dijo ella mientras me acariciaba la mejilla tranquilizándome.
- -¡Jaja! No sé si podré mirar a los chicos de forma lasciva...
- -Claro que podrás, te fijas en los que sean guapos estén muy morenos y que se les marquen todos los músculos...y por supuesto fíjate en el paquete del bañador...
- -No seas bestia...Gloria por favor...jajajaja, no sé, lo intentaré- Contesté con una mirada de complicidad entre ambas.
- -Mañana hacemos las dos la maleta y te presto algún conjuntito y algún bikini mío que tengo sin estrenar.- Dijo Gloria
- -No, no que tus falditas son como cinturones un poco anchos...
- -Mejor, así enseñas tus piernas, que las tienes preciosas, y por cierto el bikini es mínimo...¡jajajajajaja!- Este comentario de Gloria nos hizo reír a las dos.
- -¡Jajajajajajajaja!, Vale, pero no te prometo que me lo vaya a poner- Pedimos unos martinis y Gloria me dio una clase magistral acelerada de cómo echar miradas lascivas a los chicos.
-
De vuelta a casa me encontré que Carlos ya había cenado, era tarde y yo llegué un poco alegre a causa de los martinis . No le comenté nada del cambio de planes y ni siquiera hablamos del viaje anulado; anulado por su parte no por la mía. Me acosté al poco de llegar, él aduciendo que tenía trabajo pendiente se acostó dos horas más tarde. Yo todavía estaba despierta y llegó con ganas de sexo. Accedí a regañadientes. Fue frustrante, un meteysaca de cinco minutos se corre dentro de mí y se queda dormido al minuto siguiente. Comencé a darle vueltas a los consejos de Gloria, y si me acostara con otro hombre, sería excitante, cómo sería, ella lo hace constantemente, cambia de hombre cada fin de semana. Me quedé dormida después de un buen rato dándole vueltas a la cabeza. La mañana siguiente Carlos se marchaba a Londres y tuve que acompañarle al aeropuerto en mi coche. Allí ya estaba su secretaría esperándole. Nos saludamos. Él se despidió de mí con un beso frío, entonces le conté mis planes.

- -Carlos, si me llamas llámame al móvil, que en casa no estaré.- Le dije yo tragando saliva esperando su contestación.
-¿Entonces te vas? ¿Adónde?- Preguntó él con una expresión en su rostro de sorpresa.
- -Me voy a donde teníamos planeado ir los dos...lo pagué y he decidido ir sola...- Le dije convencida de mi resolución.
- -Entonces pásalo bien. Te llamaré todas las noches...-Me contestó fríamente.
- -Carlos tenemos que embarcar- Interrumpió entonces su bella secretaria.
- -Sí, adiós cielo, nos vemos a la vuelta.- Dijo Carlos.
- -Sí, nos vemos el miércoles, ahora vete que vas a perder el avión.

Volví a la tienda conduciendo mi coche, estaba cansada. Llegué media hora antes de la hora de apertura y decidí desayunar en la cafetería de la esquina. Esperé a que llegara la hora de abrir, cuando salí de la cafetería Gloria ya había abierto el cierre y colocado las prendas en su sitio. Nos saludamos y le conté lo ocurrido la noche anterior y la despedida del aeropuerto, nos dedicamos a despellejar a Carlos y al numeroso grupo de amantes de Gloria. Estuvimos así un buen rato riéndonos hasta que empezaron a llegar clientas a las que atender. Le invité a cenar en casa y accedió gustosa.

Llegamos como a las once de la noche a casa, habíamos comido algo por ahí y decidimos no cenar, ella trajo consigo una bolsa llena de ropa de la tienda, ropa interior, faldas, blusas y algún vestido, todo muy en la línea atrevida de ropa que ella suele gastar. Nos desnudamos frente al espejo del vestidor y comenzamos a jugar a probarnos esta y aquella cosita, estuvimos así un buen rato entre risas.

- -Este vestido te resalta mucho los michelines...jajajajajaja- le decía yo a Gloria, mientras se lo quitaba.
- -¿Qué michelines dices? Arpía vengativa...jajajajaja...y toca, toca y comprueba que no tengo ningún michelín el cuerpo.- Contestó entre risas, mientras se tocaba el vientre y la verdad tenía toda la razón.- Por cierto a ti ese vestidito te hace culigorda.- Terminó de pincharme Gloria.
- -Grrrrrrrrrrr. ¿Cómo que culigorda, cómo te atreves? Jajajajajaja- Le respondí, subiéndome el vestido y enseñándole mi culo desnudo.
- -Sí...mmmm, tienes razón, tienes un culo redondito y durísimo...jajajaja- Dijo ella mientras posaba sus manos en mi culo.
- -Gloria, no sigas con esas manos.- No me hizo ningún caso, aún al contrario sus manos rodearon mis caderas para parar en mi sexo mientras frotó el suyo con mis nalgas.-mmmm.- Yo las apreté contra su sexo, mientras me subía el vestido por encima de la cabeza.
- -Me apetece poseerte- Susurró ella en mi oído mientras acariciaba mi sexo con sus manos y mi culo con su sexo.

La sensación de sus manos acariciándome el coño y las tetas me excitaba, puse mis manos en sus nalgas y la apreté contra mí, comenzó a mordisquear el lóbulo de mi oreja. Mi coño comenzaba a chorrear.

- Sigue no pares.- Le dije entre gemidos de placer.

Me giré y nos besamos uniendo nuestras lenguas al tiempo que entrelazábamos nuestras piernas; comenzamos entonces a frotar nuestros sexos con el muslo, unimos nuestros pechos y nos quedamos así un instante haciendo que nuestra excitación fuera en aumento.

- Ahora quiero comerte entera- Me dijo con la cara desencajada por la excitación, para mí la idea de que su boca y su lengua acariciara mi cuerpo me turbó la mente.

Me tumbó en el suelo del vestidor encima de las prendas que momentos antes cubrían nuestra desnudez y comenzó a lamerme los pechos, mis pezones se dispararon al instante, ella los mordisqueó produciéndome un extraño y placentero dolor. Las sensaciones en mi mente se disparaban y más se dispararon cuando se colocó enfrente de mí y comenzó a lamerme los labios vaginales. Mis manos se aferraron a su cabeza, comenzó a lamerme el clítoris, sus dedos comenzaron a recorrer corto camino que separaba mi ano de mi coño y entonces introdujo dos de ellos allí y otro dedito en mi culo, en ese momento comencé a sufrir fuertes convulsiones y espasmos producidos por el placer que me estaba proporcionando mi amiga, continuamos en la misma posición hasta que Gloria se aseguró de provocarme un orgasmo salvaje. Yo chillaba como una desesperada mientras sentía cómo me corría. Entonces ella se incorporó y me besó la boca ofreciéndome mis dulces fluidos con su lengua.

- Vayamos a la cama y follemos toda la noche.- Le supliqué empapada de sudor.
- Sí...vayamos.- Contestó totalmente encendida.

Cogidas de la mano y totalmente empapadas en sudor recorrimos los escasos metros que separaban el vestidor de la cama. Al llegar allí volvimos a juntar nuestras bocas, ella se sentó en el borde de la cama y con una leve presión sobre mi cabeza me obligó a comerle el coño, cosa que hice con placer y sin reticencias, a pesar que era la primera vez que probaba el placer lésbico, siempre tuve la sospecha de que algún día me estrenaría en estos menesteres.

Enseguida comencé a lamerle el clítoris y a follarla con dos dedos, de forma frenética y salvaje, mi amiga respondió a esto con fuertes espasmos y alaridos de placer. Pronto sentí como mi lengua y mis dedos se inundaban con los fluidos de Gloria, disminuí entonces el ritmo y ella al instante relajó su cuerpo y su respiración, aunque yo no tenía la intención de parar lo que estaba haciendo, ella tampoco me pidió que lo hiciera. Aumenté el ritmo de mi lengua y de mis dedos a medida que lo hacía ella con el de sus gemidos y sus espasmos. Unos minutos después, pocos, estaba ella chillando frenéticamente y sufriendo unas contorsiones y espasmos por todo el cuerpo, mientras ello sucedía una catarata de fluidos surgía de su coño.

- Cielo, qué bien lo has hecho.- Dijo ella todavía con la respiración jadeante mientras yo me incorporaba para besarla y devolverle parte de los fluidos que había derramado su chocho.
- Ponte a cuatro patas, voy a comete el ano y a follar tu coño.- Le dije de forma autoritaria, comencé a tomar el mando de las operaciones, ella me obedeció al instante.

Me ofreció su estupendo, macizo y redondo culo para que continuara dándole placer. Ella dio un respingo cuando sintió mi lengua humedecerle la entrada de atrás, pasaba la lengua por alrededor del ano con movimientos circulares mientras le introducía en su caliente y húmedo coño cuatro dedos y comenzaba a follarla, despacio al principio y aumentando el ritmo a medida que su respiración y sus gemidos se hacían más acelerados.

- ¿Te gusta esto?.- Le pregunté mientras le introducía un dedito por el ano
- Sí...sí...sí- Contestó totalmente turbada y entregada a mí.

Continué follándola por ambos sitios hasta que ella se tumbó entre fuertes alaridos y gemidos de placer. Se puso boca arriba y nos dimos un instante de respiro, bueno en realidad se lo di yo a ella. Comencé a acariciarle el cuerpo mientras gateaba hacia ella, al llegar a la altura de su cabeza, me senté en su cara, ella comenzó a lamer mi húmedo coño, enseguida empecé a sentir nuevamente el placer de una boca comiéndome, me incliné e hice lo mismo con mi amiga. No nos separamos hasta haber sentido varios orgasmos, algunos casi simultáneos. Al separarnos estábamos ambas empapadas en sudor y satisfechas, nos besamos y abrazamos y así nos entregamos al dulce Morfeo.

La mañana siguiente al despertar nos encontramos en la misma posición en que nos venció el sueño, nos miramos sonrientes y nos besamos y acariciamos. Tenemos tiempo todavía, parece que pensamos las dos, pues al instante casi estábamos totalmente encendida y con nuestros coños juntos y follándonos con las piernas entrelazadas hasta alcanzar otro orgasmo simultáneo. Cuando terminamos con nuestros juegos amatorios nos duchamos juntas, entre risas y promesas de volver a repetir lo de la noche anterior. Como se nos echaba el tiempo encima, nos vestimos y desayunamos de manera apresurada e hicimos la maleta metiendo las cosas desordenada y atolondradamente, no teníamos ni tiempo para hacer bien la maleta. Salimos corriendo hacia el aeropuerto, el trayecto fue rápido y al final facturamos el equipaje con tiempo y decidimos dar un paseo por el aeropuerto con el fin de hacer tiempo mientras hablábamos de nuestras cosas . Cuando llegó la hora de embarcar nos despedimos con un cálido y húmedo beso.

Al llegar a la habitación del hotel me desnudé y me tumbé en la cama quedándome totalmente dormida al instante. Al despertarme la tarde estaba ya muy avanzada y me di cuenta de que tenía hambre; no había comido nada desde el desayuno, llamé a recepción y pedí algo de fiambre para contentar mi estómago, me duché mientras esperaba la comida. Después de dar buena cuenta de la comida y todavía en albornoz me puse a ordenar la ropa de la maleta, estaba la mayor parte de ella arrugada. “Vaya fastidio, no sé podré ponerme esta noche para bajar a cenar” pensaba mientras elegía un bikini y un pareo para salir a tomar el sol en la piscina del hotel, ya iría mañana a la playa. Los tres bikinis que había metido mi amiga en la maleta eran mínimos, los sujetadores apenas cubrían un poco más que los pezones y las braguitas eran tangas. “Ahora tendré que ir enseñando el culo gracias a Gloria.” Pensé empezando a enfurecerme con mi amiguita. Al final recordé que había en el vestíbulo una tienda, allí tendrían bikinis y seguramente algún vestido que podré utilizar esta noche mientras planchan la ropa. Al final me puse un bikini azul eléctrico y un pareo a juego, bajé a la tienda donde estuve un rato y compré un bikini algo más recatado del que llevaba y un vestido largo de seda virgen negro con escote de pico por delante y cerrado por detrás, era carísimo pero no pensaba en lo que me costaría el fin de semana, había decidido divertirme todo lo que pudiera. Me cambié en la misma tienda el bikini y pedí que me subieran el vestido y el bikini que llevaba puesto al entrar a la habitación. Salí vestida de la tienda con el nuevo bikini y el pareo que bajé de la habitación y atravesé el vestíbulo hasta la recepción del hotel para pedir que me plancharan la ropa que había dejado encima de la cama. Me di cuenta que un par de hombres que estaban sentados en unos sofás del vestíbulo se habían fijado en mis piernas, me ruboricé un poco. Luego ya en la piscina y mientras me aplicaba en la piel el protector solar pensé que era un poco tonta y mojigata.

Mientras estaba en la hamaca de la piscina, me fijé en un muchacho que salía de la piscina. “Gloria definiría a ese tío cómo tío cañón.” Era altísimo, muy moreno, con el pelo cortado a cepillo y con un cuerpo de fábula; unas espaldas donde una se podía perder, pecho bien marcado y un vientre que parecía, entre el color de la piel y la musculatura, una tableta de chocolate. “Mmmm, qué rico está el chico...jajajaja...pero seguramente tendrá novia que no le dejará ni a sol ni a sombra, pero mirar es gratis y...muy agradable la visión.” Pensaba mientras encendía un cigarrillo y aprovechaba para echar otro vistazo a ese “adonis” latino. Se había unido a un grupo de chicos y chicas que estaban entre risas, me fijé en sus piernas largas y seguramente durísimas. El ajustado bañador dejaba ver un bulto enorme. “Uy qué preparadito está el chico...joder...me gustaría tener ese bulto bien dentro de mí...No, no que esos son los pensamientos que tendría Gloria, olvídate...” Negaba mis instintos, pero me di cuenta que la braguita del bikini comenzaba a humedecerse con los fluidos que salían de mi cuerpo...”Esto no me había pasado antes...será la influencia de Gloria seguro...” Decidí darme un baño para que me bajara la calentura. Salí de la piscina y decidí dejar que los rayos solares broncearan mi espalda. Cogí de nuevo el protector solar e intenté aplicármelo en la espalda. Cuando realizaba molestos molestas contorsiones para poder aplicarme el protector, escuche una voz masculina que me decía:

-¿Necesitas ayuda?- Al girarme vi que era “mi musculoso adonis.” Los colores afloraron en mi cara y sólo acerté a balbucear.
-Sí...por favor...gracias...
-Túmbate, ya me encargo de hacer el resto...

Me tumbé sin decir palabra, él tomó el protector y echó un poco en su mano, lo volvió a dejar en el suelo, se acuclilló y comenzó a extenderlo por mi espalda con un suavísimo masaje. Era una sensación muy extraña para mí. Las caricias de él eran muy relajantes, esas manos fuertes eran muy hábiles. Decidí gozar del masaje y cuando había terminado de extenderme el protector por la espalda bajé mis manos a ambos lados del bikini y estiré de él dejando que parte de mis nalgas quedasen al descubierto, extendió también la crema por mis nalgas, produciendo en mi cuerpo una especie de agradable excitación. Interrumpió mi embelesamiento preguntándome:

-¿También por las piernas...?

Asentí con la cabeza. Al comenzar con mis piernas rozó con el canto de su mano, no sé si a propósito o por casualidad, mi entrepierna, por su puesto mi excitación aumentó, Cómo trabajaban sus manos fuertes mis músculos...mmmm, qué gozada.

- Esto ya está- dijo él limpiándose los restos de la crema con el pico de la toalla donde estaba yo tumbada.
- Gracias, has sido muy amable, por cierto sabes que lo haces muy bien.- Dije yo creo que con una expresión de tontita en mi cara y luchando para que no se note mi excitación.
- No, gracias a ti y sí estoy muy acostumbrado a masajear cuerpos...jajajaja...
- ¿¡Ah sí?! ¿Y eso?.
- Soy masajista, fisioterapeuta, como nos llaman ahora...
- ¿Trabajas aquí en el hotel?- Interrogué al delicioso muchacho. Mis ganas de abrazarme a su cuello y estampar mis labios en los suyos combatían con mi enorme timidez.
- No, estoy pasando unos días de vacaciones. Tengo una consulta en Madrid...
- Eres de Madrid, yo también. Me apetecería tomar un masaje.- Le dije, casi con un poco de descaro, me di cuenta enseguida de que él parecía también algo turbado, mientras me miraba a la cara.
- Sí cuando quieras...
- ¡IGNACIO!.- Interrumpió una voz femenina.- ¡¿TE VIENES?! Continuó esa molesta voz, no por el tono, sino porque me separaría de él
- ¡SÍ, AHORA VOY!- Le contestó a la joven.- Ya sabes me llamo Ignacio, cuando quieras quedamos para lo del masaje.
- Yo me llamo Olga, encantado de conocerte.- Me había incorporado en la hamaca y al decirlo apoyé mis manos en sus musculados hombros y acerqué mi cara a la suya, por un instante estuve tentada en besarle en la boca, pero al final acerqué la boca a su mejilla, aunque él con un movimiento muy leve de su cabeza hizo que sus labios acariciaran la comisura de los míos. Maravillosa sensación.

Él al fin se marchó con sus amigos y me quedé un rato más tumbada en la hamaca un poco excitada, pensé que para apagar mi excitación lo mejor sería darme un chapuzón en la piscina. Después de vuelta a la habitación observé con sorpresa y agrado que la ropa había sido planchada y tenía el vestido que me había comprado antes en su funda sobre la cama, me entretuve un rato colocando la ropa en los armarios y eligiendo la ropa interior que me pondría esa noche para cenar, dudé entre un tanguita negro de encaje o una braguita de raso del mismo color y decidí no ponerme sujetador. “Hace calor, cualquiera de estas dos cosas me sirve.” Pensé

Decidí darme un baño y preparé la bañera y comencé a desnudarme. Coloqué la ropa que me había quitado en un cesto y así desnuda me miré en el espejo, estaba excitada y comencé a acariciarme los pechos, pellizqué mis pezones, empezaban a endurecerse, miraba mi cuerpo y llegué a la conclusión de que tenía un buen cuerpo. Continué por mi vientre, la excitación de mi cuerpo continuaba aumentando, me senté en el borde de la bañera, comencé a acariciarme los muslos, desde la rodilla hasta las ingles...Deseaba tener el cuerpo de Ignacio enfrente y masturbarme para él. Mi sexo estaba totalmente húmedo. De repente me desconcentró de mi labor el timbre del teléfono...”Joder, será Carlos...no quiero...” Me embutí en un albornoz blanco y me dirigí al teléfono. Sí, era mi marido, estaba echo una furia, decía que había estado llamando al móvil toda la tarde y no estaba, le expliqué que me lo había dejado en casa, pero no, él estaba furioso por algo, en un momento de la conversación le corté para cerrar los grifos de la bañera, y continuamos con la conversación, mejor dicho con la bronca. Me enfadé, tarde más de media hora y cuando terminó la conversación yo estaba asqueada y se me pasó la excitación, lo peor es que el agua de la bañera estaba totalmente fría. Ya no me podía bañar y no tenía tiempo para volver a llenar la bañera. Llamé a Gloria le comenté la conversación con Carlos y me quejé amargamente de él. También hablé de Ignacio, y me dio algunos consejos descabellados que me hicieron mucha gracia y que por supuesto no tenía intención de seguir. Al final me duché, pero pasé el grifo de la ducha por mi sexo y la dejé un buen ratito. Terminada de ducharme me maquillé un poco aunque de forma concienzuda, me puse el tanguita negro de encaje y el vestido que compré por la tarde en el hotel, se me marcaba un poco el encaje del tanga, así que probé con la braguita de raso, me quedaba mucho mejor, me calcé unos zapatos de tacón negro abiertos por la punta y con una tira en el talón. Me miré en el espejo y el resultado me pareció inmejorable. “Pero qué guapa soy, y qué tipazo tengo...jajajaja...” Pensé y bajé al comedor a cenar.

En el comedor me sentó el metre en una pequeña mesa me proporcionó la carta y le pedí un martini para hacer la espera. Me fijé en el resto de personas que es ese momento llenaban el comedor, la mayoría parejas y grupos de gente de edad avanzada y la mayoría por su aspecto, parecían extranjeros. Acababan de servirme el martini, cuando escuché una voz familiar.

- Hola Olga. ¿Vas a cenar?- Era Ignacio que iba a cenar con sus amigos en el hotel, vestía un polo color tierra y unos vaqueros azules.
- Sí, qué tal estás.- Levantándome para darle dos besos en la mejilla.
- Qué guapa estás.- Dijo él echándome una mirada de arriba a bajo.- ¿Esperas a alguien, o estás solita?.
- No estoy sola...
- Entonces te vienes con nosotros, que no se puede dejar sola a una chica tan guapa.- Dijo mientras esbozaba una grande y maravillosa sonrisa.
- No, no quiero molestaros.- Estaba deseando agregarme a su grupo. Así tendría la oportunidad de estar cerca de él, y comprobar si estaba con alguna chica.
- No, se hable más.- Me tomó la mano y me obligó a acompañarle.
- Espera, el martini.

Me llevó hasta donde estaban sentados sus amigos esperando para empezar a cenar me los presentó y me acercó una silla poniéndola detrás de mí empujándola cuando me sentaba en ella. Al principio estaba un poco cortada, pero el grupo, dos chicos y tres chicas, era muy agradable y enseguida me sentí bien con ellos, seguí la conversación y me reí mucho durante toda la cena, era un grupito muy divertido, aunque me parecía que era la mayor del grupo, las dos chicas tendrían unos veinte o veintidós y los chicos tendrían unos veinticinco como mucho, pero aún así lo pasé estupendamente. Llegado a los postres, se me ocurrió pedirle hora para un masaje a Ignacio.

- Ignacio, ¿mañana me podrías dar un masaje, como a las 12:00 te parece bien?.- Le dije casi susurrándoselo al oído. Pero me escucharon.
- Vaya, vaya, Ignacio, se ha corrido tu fama...jajajajajaja.- dijo entre risas una de las chicas.- Como masajista quiero decir.- Me miró ella con una pícara expresión en sus ojos.
- No seáis malos chicos...jajajaja.- Dijo Ignacio, entre las risas de todos incluida yo. Me habían subido los colores a las mejillas.

Nos quedamos los seis, las cuatro chicas y los dos chicos, en la discoteca del hotel, bebiendo bailando y por supuesto con muchísimas risas y bromas. Pusieron una canción para bailar agarrados e Ignacio me sacó a bailar, me cogió por la cintura y mi mano izquierda la colocó sobre su pecho, yo coloqué mi cabecita en su pecho y así estuvimos un rato bailando. Me sentía atontada mientras Ignacio me llevaba al ritmo lento y suave de la música, estaba en la Gloria, le recordé sumisa la cita para mañana, él me contestó que no me preocupara que iría. Terminó la discoteca pasadas las tres, yo entonces me sentía cansada y aunque ellos insistieron en que les acompañara al pueblo a una discoteca yo me disculpé y subí a la habitación para dormir, estaba cómo en una nube, feliz y contenta, no recordaba haberme encontrado así en muchísimos años. Me desmaquillé y al desnudarme comprobé que la braguita que llevaba puesta estaba un poco húmeda, me acosté feliz y risueña, enseguida me venció el sueño, un sueño largo, profundo, placentero y reparador.

A la mañana siguiente me levanté casi a las once y todavía tenía la misma sensación que al acostarme. Pedí el desayuno en la habitación y acto seguido me duché. Me puse una vez duchada y secada un conjunto de ropa interior blanco de encaje, era precioso, encima me embutí en el albornoz que me quedaba bastante grande. Subieron el desayuno y le pedí a la chica que volviera a por la camarera antes de las doce y que si no podía lo hiciera ya a las dos de la tarde. Ella asintió y se fue. Me quedé sola en la habitación con el pelo húmedo tomando un café con leche una manzana y zumo de naranja. Abrí la ventana para que la cálida brisa marina secara mi pelo, entonces llegó la muchacha que había traído el desayuno y se llevó la camarera, un extraño nerviosismo se apoderó de mí; sólo faltaban diez minutos para la hora que había quedado con mi hermoso masajista, decidí arreglar un poco la cama, ya que supuse, después comprobé que estaba en lo cierto, que el masaje tendría lugar allí. La cama era casi un cuadrado de dos por dos, más o menos las mismas dimensiones que mi cama en Madrid, nada más terminar de recomponer la cama, sonó el timbre del teléfono. Era el recepcionista que me avisaba de la llegada de Ignacio. Le rogué que no me pasara llamadas hasta nuevo aviso, no quería tener ninguna interrupción inadecuada. Intenté relajar los nervios sin poder conseguirlo. Llamaron a la puerta, me apresuré a abrir, era Ignacio. Llevaba puesto unos pantaloncitos cortos vaqueros y una camiseta blanca tan ajustada que remarcaba perfectamente todas las curvas de ese maravilloso cuerpo y una mochilita de nylon verde, parecía un joven que estuviese buscando una pensión. “Yo le daría pensión aquí conmigo...mmm...sí lo haría.” Pensé

- Hola Ignacio, te has acordado, eres un cielo. Entra.- Le dije mientras nos saludábamos con dos besos.
- Sí, cómo iba a olvidarlo, ¿Qué tal has dormido?
- Muy bien, y vosotros ¿Cómo terminasteis la noche?...
- ¡Ah! No sé cómo acabarían ellos, yo me fui inmediatamente después de dejar la discoteca a la cama...pero ellos supongo que se habrán acostado hace poco.- Contestó él.
- ¿Quieres beber algo?.- Pregunté acercándome al minibar.
- Una coca cola o un refresco de naranja sí me tomaría si eres tan amable.
- Sí, claro, pero no seas tan cumplido que...somos amigos.- Dije mientras preparaba dos coca colas.

Mientras bebíamos los refrescos nos sentamos a hablar amistosamente en el sofá de la sala. Me dediqué a contemplarle gustosamente, estaba muy rico. Hablamos de nuestros trabajos, le conté que tenía una tienda, él por su parte había abierto hace poco un centro de masajes en la capital y que estaba de vacaciones porque habían tenido un problema con las tuberías y el techo del local estaba casi destrozado y lo estaban ahora arreglando, también tenía un socio, pero este se había quedado en Madrid. Los nervios poco a poco habían ido desapareciendo, entonces me dijo:

- Pasamos a la habitación y te doy el masaje, ¿Quieres un masaje relajante, verdad?.- Preguntó.
- Sí, por supuesto...- Mentí, tenía intenciones más lascivas.
- ¿No tienes ningún problema físico, digo algún dolor muscular, tensión excesiva en alguna parte del cuerpo?.
- No...pero a lo mejor pienso alguno...jajajajaja.- Contesté yo riendo pícaramente.
- Jajajajaja...sí, piénsalo, pasa a la habitación quítate el albornoz, que yo voy a por una toalla al baño.
- Sí, te espero

Entre en la habitación, me quité el albornoz y lo dejé en la cama, me tendí sobre ella. Él llegó enseguida con la toalla y su mochila. Colocó la toalla encima del albornoz y la mochila a los pies de la cama.

- Ya estoy aquí ¿Tienes alergia a algún producto en concreto?.- Me preguntó.
- No, al menos que yo sepa...
- Te quito el sujetador, es así más fácil...
- Ahora relájate.- Dijo sacando un bote grande, que al abrirlo desprendía un agradabilísimo olor mentolado. Se untó las manos y comenzó a darme el masaje.

Comenzó por los hombros y por el cuello, los suaves movimientos de sus manos consiguieron al instante relajarme, continuó por la espalda, masajeando músculo a músculo, la sensación que sentía era de total placer y relajamiento infinito, continuó vértebra por vértebra. La sensación de sus manos sobre mi piel me relajaba y a la vez me excitaba, era una sensación más fuerte que la que sentí el día anterior en la piscina, así pasaron unos agradables minutos, solo interrumpida por un instante cuando el me pidió permiso para bajarme las braguitas. “Como si me las quieres arrancar de un tirón” Pensé mientras asentía con la cabeza. Las colocó en mis rodillas, yo abrí ligeramente las piernas. Sus dedos llegaban casi a rozar mi sexo totalmente húmedo por la excitación que me provocaba, estuvo trabajando mis nalgas un buen rato, creo que incluso dejé escapar un leve gemido. Después volvió a colocar las braguitas en su sitio original provocándome un leve enfado, “la próxima vez no me pongo nada.” Continuó con mis piernas, me excitaba aún más si cabe que me acariciara los muslos y las pantorrillas, me abandonaba totalmente a sus caricias, terminó la parte trasera de mi cuerpo, entonces me giré a indicación suya, cubrió mis pechos con la toalla y continuó masajeándome las sienes para pasar por mis hombros de nuevo y después dirigirse a las piernas. Otra vez el contacto de sus manos en mis muslos me encendía, creo que a estas alturas el ya tenía perfecta cuenta de en qué estado me encontraba, terminó con un delicioso masaje en los pies. “Qué maravilla, pero ahora no me irás a dejar así” Pensaba cuando casi había terminado ya con su masaje.

- Esto ya está. ¿Estás más relajadita?- Preguntó.
- Sí...mmm, cómo me has dejado...pero sí tengo una pequeña molestia que antes se me había olvidado contarte.- Mentí.
- Sí ¿Dónde?..
- Aquí justo en la ingle.- Contesté apoyando mi mano derecha cerca de la ingle del mismo lado.
- Ahora lo vemos...Tengo que quitarte las braguitas...
- Sí...hazlo...
- Bien, entonces me dices que te duele aquí.- Dijo señalando el lugar que antes había yo indicado.
- Sí, es ahí.
- O, ¿no será aquí?.- Preguntó señalando el lado contrario, dicho esto comenzó en ese momento a acariciarme las ingles con dos dedos de su mano mientras con un tercero acariciaba mi vello púbico.- ¿No será aquí?.- Dijo colocando un dedo entre mis labios vaginales.
- ¡Sí!...¡Ahí es!.- Ahora estaba totalmente excitada.

Acercó entonces su otra mano y con dos dedos fue introduciéndolos alternativamente y de forma suave entre mis labios. Yo me moría de placer. Una vez tenía bien lubricados ambos dedos metió uno dentro de mí y el otro lo dedicó a acariciar mi durísimo por entonces clítoris, yo acariciaba mis pechos y pellizcaba mis pezones, tuve un primer orgasmo rápidamente, pero él no paro y continuó unos minutos más hasta que alcancé un segundo orgasmo más fuerte que el anterior, incluso más fuerte que cualquier otro que había experimentado. Yo sin darme cuenta o dándome perfecta cuenta, ya no lo recuerdo, metí una mano dentro de su pantalón hasta alcanzar sus nalgas, allí clavé mis uñas cuando tuve el segundo orgasmo, y rápidamente la quité.

- Ya hemos terminado.- Dijo mientras me cubría el cuerpo con la toalla.
- Ha estado muy bien.- Le dije con cara de satisfacción.
- Quédate aquí tranquila, y duérmete si quieres, ahora vuelvo yo.- Entró en el baño.

Me quedé tumbada unos minutos en estado de semiinconsciencia mientras él estaba en el baño y salía a recoger sus cosas. Me encontraba totalmente relajada, todo mi cuerpo estaba relajado, bueno todo no, había una zona que quería más, mucho más. Por un instante llegué a pensar que él se iría.

- ¿Cómo te encuentras?- Me preguntó.
- Me has dejado relajadísima y feliz, sí...mmm, me ha encantado. Te vas a ir...
- No si tú no quieres.- Se acercó a mi y me incorporó hasta que mi boca se encontró a escasos centímetro de la suya.- Es más, quisiera que me invitaras a quedarme.- Terminó de decir eso y entonces nuestros labios se juntaron.


Comencé a quitarle la camiseta, tenía esos increíbles músculos a mi alcance, nos besamos apasionadamente, él entonces bajo su cabeza a la altura de mis pechos y comenzó a besarlos dulcemente y a mordisquear mis pezones que ya por entonces apuntaban directamente al techo de la habitación, mientras empecé a desabrocharle el pantaloncito, descubrí que no llevaba nada debajo y acaricié su sexo. No dejó que continuara con aquel descomunal miembro, no era por entonces tan experta cómo ahora, pero he de decir que mi experiencia posterior sólo ha hecho que ese miembro me parezca aún más descomunal, aún estando flácido tenía casi el mismo tamaño que el de mi marido en todo su esplendor, después me di cuenta de qué me había perdido...

No dejó que continuara acariciándole su polla ya que se colocó enfrente de mis piernas totalmente abiertas y comenzó a comerse mi sexo, muy despacito y dulcemente al principio, haciéndome unas maravillosas caricias en él, pero enseguida comenzó a aumentar el ritmo; también a medida que mi respiración y mis gemidos se iban acelerando. Lamía mi clítoris de forma salvaje mientras también me penetraba con dos dedos, comencé a sufrir espasmos y mis gemidos se habían convertido en puros gritos de placer, llegué a un orgasmo totalmente brutal, me corrí como sólo recordaba haberlo hecho con Gloria dos días antes. Cuando esto sucedió él se separó y yo comprobé que estaba empalmado, aquello era descomunal.

- Sí, ahora rómpeme por la mitad.- Supliqué yo totalmente entregada, mientras él acariciaba la punta de su miembro contra mis labios vaginales.

Cuando empezó a penetrarme sentí un pequeño dolor, claro yo no estaba acostumbrada a ese calibre, el dolor gracias a la habilidad de Ignacio desapareció pronto tornándose en placer inmenso. Ese miembro llenaba totalmente mi interior, se adaptaba perfectamente a mi vagina, y gracias a eso sentí como si un terremoto se produjera en mi interior seguido de un orgasmo enloquecedor. Chillaba como una loca, el entonces adquirió un ritmo frenético, me provocó un segundo orgasmo casi al instante, y un tercero más prolongado mientras él eyaculaba en mi interior y creo que sólo los sordos no se hubieran enterado de lo que ocurría en esa habitación, mis chillidos salieron de mi garganta con toda la fuerza que esta les podía proporcionar. Entonces se tumbó junto a mi y nos besamos, yo aproveché entonces para tomar su miembro con mis manos.

- ¿Ahora me vas a dejar jugar con tu cosita, o estás muy cansado?.- Le pregunté con expresión de niña pícara.
- Sí, juega con él..- Contestó complaciente.

Al instante comencé a lamerlo de arriba a bajo, cogiendo con mi lengua los restos de su dulce semen, comprobé con sorpresa que su miembro volvió a ponerse erecto. Lamía el glande mientras tomaba con una mano sus testículos. Decidí proporcionarle una mamada de campeonato mundial. Introduje poco a poco su polla en mi boca, mientras una mano la acariciaba de arriba a bajo y la otra tomaba sus duros huevos. Lo introduje hasta que llego a tocar la campanilla de mi garganta con su punta, comencé a succionar con más y más vehemencia. En un momento me di cuenta que iba a correrse y paré de succionar.

- ¿Lo estoy haciendo bien?.- Pregunté con una expresión aniñada. Yo sabía por sus gemidos y por su cara que sí lo estaba haciendo bien, pero quería jugar más rato.
- Sí cielo...de fábula corazón.- Contestó entre jadeos.
- Pero si lo hago mal me lo dices....
- Sí...sigue..sigue cielo.- Continuó casi suplicando.
- Vale...- Le dije y volví a metérmela en la boca.

Volví a succionársela al principio muy dulcemente y después con vehemencia, sentía que iba a correrse de un instante a otro y me pareció una maldad por mi parte volver a interrumpir lo que hacía. Descargó en mi boca tal cantidad del dulcísimo néctar que había salido de sus pelotas que me fue imposible tragármelo del todo. Él esbozó una sonrisa de inmenso placer y yo le miré también sonriendo mientras por la comisura de mis labios colgaba el resto de sus fluidos que había sido incapaz de tragar, lo compartimos en un dulce beso.

- ¿Entonces crees que lo he hecho bien Ignacio?- Le pregunté con una sonrisa pícara mientras le besaba.
- Sí, cielo.

Nos quedamos tumbados los dos en la cama hasta que pasado un rato, en que él se recuperó, decidí cabalgar aquel magnífico semental. Volvimos a tener un orgasmo simultáneo.

El resto del fin de semana no se separó de mi en ningún momento y yo no me moví de la cama tampoco, así que tuvimos mucho tiempo para repetir y repetir.

Aquel maravilloso fin de semana que me cambió totalmente se han producido en mi vida muchos cambios. El mejor cambio fue que Carlos se marchara a vivir con su secretaria antes de que terminara el verano y por supuesto dejándome la casa a mi disposición. Ignacio y yo no hemos dejado de vernos, paso muchas veces por su consulta y él por mi casa o yo por la suya, también continuó siendo amante de Gloria y ella también es ahora amante de Ignacio, a veces montamos un trío, con bastante frecuencia. He tenido otros amantes ocasionales, todos hombres. Ninguno de ellos está a la altura de Ignacio. Otro día que tenga tiempo os contaré las vacaciones del verano pasado que nos fuimos Ignacio, Gloria y yo a una casa en una zona nudista, y también algún juego entre Gloria y yo en los probadores de la tienda...Ahora estoy escuchando a Gloria e Ignacio en la habitación y...

¡¡SERÁN CAFRES QUE EMPIEZAN SIN MI!!

Caronte.

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