ACOMPAÑANDO A LA ESPOSA DE MI AMIGO
Hetero, infidelidad. Le pide a su compañero de trabajo que cuide de su apetecible esposa en su ausencia.


Este relato me ocurrió cuando un compañero de trabajo tuvo que salir
de viaje por encargo de la empresa, y sobre el favor que me pidió.

Trabajo en una empresa de importación de autopartes, y regularmente
nos envían al extranjero a cursos de capacitación, o cuando al país
llegan nuevas marcas de automóviles. Fue así que esta vez le tocó el
turno de viajar a mi compañero de oficina, el cuál al enterarse de
que debía abandonar el país, me dijo que deseaba hablar conmigo luego
del trabajo.

Estaba un poco intrigado por lo que me iría a pedir Ernesto, que así
era como se llamaba este compañero. Una vez que estuvimos sentados en
una mesa tomando una cerveza, me dijo que le molestaba que la empresa
lo haya seleccionado para salir de viaje. Yo le respondí que debía ser
todo lo contrario ya que esa era una oportunidad de conocer otro país.

No quiero irme de viaje por mi mujer, me dijo. Me muero de celos de
pensar que alguien se le pueda acercar en mi ausencia. En verdad la
esposa de Ernesto era muy apetecible. Era una mujer de unos 28 años
y tenía un cuerpo fuera de lo común, pero debido a lo celoso que era
Ernesto nadie se atrevía a sacarla a bailar, en las reuniones que
hacía la empresa por temor a la reacción de su marido.

Yo le dije que no debía torturarse pensando eso, y él me pidió que la
vigilara en su ausencia y que le contara cualquier cosa sospechosa que
pasara. Le respondí que no podía hacer eso ya que ella podría enojarse,
pero Ernesto insistió e inclusive me dijo que caiga de sorpresa un día en su
casa para ver que estaba haciendo.

Para tranquilizarlo le dije que lo haría, y él me lo agradeció. Llegó
el día de su partida y fui a despedirlo al aeropuerto. Ahí me encontré
con su esposa que había ido a dejarlo, y me saludó muy amablemente.
Tenía puesto un vestido que dejaban ver sus piernas, y todos los
hombres que ahí habían volteaban para mirarla. Esto hacia que Ernesto
se ponga ciego de ira, y ella me miró sonriéndose del estado de su
marido.

Cuando el avión partió la acompañe a su coche y cuando entro en el,
pude ver que abrió un poco sus piernas y le vi sus braguitas. No sé si ella
se dio cuenta, pero me dijo que si deseaba me diera una vuelta por
su casa el sábado, ya que se sentiría sola sin su marido y como yo era
su amigo podría acompañarla un rato.

Esta invitación me caía a pelo ya que así podría cumplir con el
pedido de Ernesto que vigile a su mujer, y de paso podría disfrutar
con las formas de ese cuerpo espectacular. Le respondí que iría sin
falta y nos despedimos ahí mismo.

Llegó el día en que iría a la casa de la esposa de Ernesto, y esperaba
que se pusiera el vestidito con que fue al aeropuerto para disfrutar
nuevamente de esas piernas. Puntualmente estuve en su casa y al tocar
ella me abrió. Estaba vestida con una minifalda y un polo de lycra
color blanco, el cuál mostraban el contorno de sus senos y hacía que
se marquen sus pezones.

Al entrar me dijo que había pensado que podíamos cenar en su casa,
para lo cual había preparado la mesa. Le agradecí la gentileza y
felizmente se me había ocurrido llevar una botella de vino, así que
mientras ella servia la mesa yo serví las copas.

Una vez que terminamos de cenar seguimos bebiendo vino, y en un
momento me dijo que ella estaba segura que su marido le había pedido
que la vigilara. Yo no supe que responderle, pero ella me dijo que no
era necesario ya que conocía muy bien a su esposo. Su manera de hablar
me indicaban que se encontraba un poco tomada, pero eso no restaba en
lo más mínimo su belleza.

Como yo también estaba un poco bebido le dije que si yo tuviera una
mujer como ella la celaría de igual modo. Que dirías si te digo que
le pongo los cuernos a mi marido, me preguntó. Ni bien termino la
frase sentí que mi pene se empezaba a inflar, por la sola idea de imaginarla
que otros se la cogían a espaldas del celoso de Ernesto.

La verdad es que si lo que me dices es cierto, envidio al hombre que
ha gozado de tus encantos, le respondí. Me pidió que bailáramos en ese
momento y puso una melodía suave en su equipo de música. Fuimos a la
sala y empezamos a bailar abrazados. Puse mis manos en su cintura y
la cercanía de su cuerpo hacía que sienta el perfume que se había puesto.

Sus senos estaban contra mi pecho y tenia unas ganas locas de besarla
en ese instante, pero me acorde de Ernesto. Bajé mis manos un poco hasta
tocar sus caderas, y la atraje un poco hacía mi para ver que pasaba. No me
dijo nada, y como estábamos tan cerca una de sus piernas chocaba en mi pene,
y el contacto con ella hacía que mi erección aumente. Luego pegué mi mejilla
a la de ella y bajé aun más mis manos hasta ponerlas sobre sus nalgas. Si
ahora no me dice nada, me lanzo
con todo me dije a mí mismo, y efectivamente aceptó mis avances.

Ningún hombre hubiera podido aguantar la situación en que yo me encontraba
sin abalanzársele, así que me incliné un poco hacía ella
y con mis manos acaricié sus piernas enfundadas en medias de nylon. Luego
sentí un leve jadeo de su parte, y volví a subir mis manos pero para que
entren debajo de su falda hasta alcanzar sus nalgas carnosas.

Metí mis dedos dentro de sus braguitas y toque su conchita húmeda.
Que placer sentía en estar acariciando de esa manera a la esposa de Ernesto,
mientras él estaría confiado en que le estaba cuidando a su mujer. En cierta
manera lo estaba haciendo ya que no iba a permitir
que nadie se la tirara.

La comencé a besar en los labios y ella me dejaba que se los chupara
a mi antojo. Metí una mano por delante, y con mis dedos jale a un costado
sus braguitas para meter uno de ellos dentro de su concha. Con los dedos de
la otra mano le acariciaba el ano, y al verla a la cara
vi que su lengua la pasaba por sus labios.

Había llegado el momento de desnudarla para ver ese cuerpo de diosa
pagana, así que primeramente le quité el polo para dejarla solo con
sujetador. Ella llevó sus manos a su espalda para desabrocharlo y yo
me hice un poco hacía atrás para ver cuando se los quitara. Una vez
que se los sacó quedaron ante mi un par de tetas grandes y paradas, cuyos
pezones en punta estaban rodeados por una aureola grande y de color rosado.

Mientras yo la miraba ella se bajó el cierre de su faldita y esta cayó
al piso, para luego sacarse las braguitas y mostrarme su conchita
totalmente afeitada, y en donde se podían ver perfectamente sus labios
vaginales. Yo sentí que la ropa que traía puesta me quemaba, y me la
quité rápidamente ante el espectáculo que me estaba dando la esposa
del cornudo de Ernesto.

Solo se quedó con las medias puestas y ella me agarró la verga y me
jaló llevándome hasta su habitación. En la mesita de noche tenia la
foto de su esposo y para mis adentros pensé, disculpa compañero pero
el cuerpo que tiene tu mujer no es para vigilarlo sino para comérselo
entero. Ella se echó sobre la cama y abrió sus piernas, dejándome ver su
concha abierta. Enterré mi cabeza entre sus piernas y se la lamí largamente
hasta dejarla toda mojada.

Luego puse mi verga en sus labios y ella empezó a chuparla metiéndosela
hasta el fondo de su boca. Entiérramela de una vez me dijo, y yo se la
puse en la entrada de su concha y se la empuje todita. Luego empecé a
bombearla, y a la vez yo le chupaba las tetas con fuerza. Estar así
tirandome a la esposa de Ernesto hizo que me corriera dentro de ella,
llenándola de leche.

Descansamos un rato besándonos mutuamente, pero ella quería más verga
así le pedí que me dejara metérsela por el culo. Ella accedió pero con la
condición de que mientras me la estuviera culeando, ella estaría
hablando por teléfono con su marido. Lo que me dijo hizo que se me
parara de inmediato y le dije que lo llamara inmediatamente. Ella tomó
el teléfono y se comunicó al hotel donde se hospedaba Ernesto. Yo
rogaba que él se encontrara en el hotel en ese momento, y al parecer
mis ruegos fueron escuchados ya que ella comenzó a hablar con él.

Mientras conversaba con su marido se puso boca abajo y comencé a
lamerle el ano. Ella le decía que ya estaba por acostarse pero antes
de eso quería escuchar su voz. Le puse la cabeza de mi verga en la entrada y
se la empujé dentro del recto. Al parecer ya no era virgen por ese hueco ya
que no se quejo en lo mas mínimo. Una vez que lo tuvo dentro me eché sobre
su espalda y seguí culeandola. Si, no te preocupes por nada mi amor le decía
ella, sabes que mi cuerpo es solo tuyo.

Yo pensaba que puta es esta mujer, le dice al marido que su cuerpo es
solo de él mientras tiene una verga rompiéndole el culo. Luego de unos
besitos de despedida colgó para disfrutar la clavada que le estaba dando.
Nuevamente eyaculé pero esta vez bañándole el recto con mi leche. La semana
que Ernesto estuvo fuera la aprovechamos para hacer el amor todos los días,
y cuando Ernesto volvió me pregunto si había visitado a su mujer, a lo que
yo le conteste que si lo había hecho y que no debía preocuparse ya que
ningún hombre aparte de mi había estado con su mujer en su ausencia.

El me dijo que si lo enviaban de viaje otra vez, me llamaría de nuevo
para que le hiciera el mismo favor.

arielcuento@hotmail.com

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