AL FIN, TRES (II)
Trío. Era protagonista y espectador del placer que su esposa sintió con dos pijas para ella solita.


(Continuación de la primera parte, publicada en Marqueze el día 16/04/2002)

Contesté con suficiencia la pregunta de Betty, pero en realidad todavía no sabía que hacer, había apostado todo a esta posibilidad que acababa de naufragar. Pero, ganaba tiempo... tiempo para pensar una alternativa ya que estábamos totalmente seguros de seguir adelante con esto. Y esta "muestra" que habíamos tenido, nos había dejado en llamas a los dos, la habíamos disfrutado plenamente y en nada había defraudado a nuestras expectativas

Ya en el coche, mientras nos metíamos mano palpando nuestras respectivas excitaciones y alimentándolas hasta el extremo, en mi cabeza, comenzaba a desarrollar el dichoso plan "B". Eran aproximadamente, las 2 de la mañana y decidimos ir a casa, para terminar cogiendo salvajemente, como nunca. Era extraño, acariciaba y besaba esas tetas por donde sabía que habían estado deleitándose otras manos con una excitación comparable a la del primer contacto. Era una especie de "reconquista" de esas tetas y ese cuerpo, era volver a estampar mis huellas en ese cuerpo exuberante, que quita el aliento. Terminamos abatidos, extenuados, empapados en sudor y en un estado de relax que nos hacía temblar de pies a cabeza por cada caricia, por cada palabra, por cada mirada o por cada recuerdo de lo vivido esa noche.

Pocas horas después, sábado a las 22 horas, aproximadamente. Le digo a Betty, que se vista como ella sabe, que vamos a salir. "¿Adónde?", me pregunta con ansiedad. "A ejecutar el plan B", le contesto enigmático, y nuestras miradas se cruzan, cómplices.

Después de la consabida demora femenina para "producirse", Betty sale del cuarto. Me pregunta acerca de cómo se ve. Con una camisa, tal vez más audaz que la usada la noche anterior ( esta vez era mas ceñida a sus formas), y una pollera corta. Me acerco, miro, toco sus tetas y su culo. Está sin corpiño y sin bombacha, nuevamente. Sabe que esto es mas fuerte que yo. Pienso, por un momento en mandar todo al diablo y quedarnos en casa, pero no. Salimos de casa, nos metimos en el coche y partimos. Fuimos a una confitería de Villa del Parque (otro tranquilo barrio de Buenos Aires que queda cerca de Villa Devoto, nuestro barrio), enfrente de la cual, se encuentra la esquina donde se suelen encontrar las parejas antes de salir. Ni bien entramos, sentí que las miradas se dirigían a mi compañera, lo que pareció un augurio de cómo se iba a desarrollar esa noche tan especial. Nos divertimos ( y nos excitamos) viendo como todo el mundo quería ver algo mas de la piel de Betty. El mozo, al igual que el de la noche anterior, sólo tenía ojos para sus tetas. Pero, mi objetivo no estaba allí. Nos sentamos en una mesa desde la cual podía ver la esquina donde se citan las parejas. Y desde allí observamos, a un hombre que esperaba. Tomamos nuestros tragos, mirábamos, excitados, el mundo pasar desde esa ventana. Mientras, le iba relatando a mi mujer en que consistía el plan. Y el hombre, mirando incansablemente su reloj y fumando un cigarrillo tras otro, seguía esperando a quien ya no iba a venir. Después de que yo le señalé a ese hombre a mi mujer, me pregunta, "¿Es él?", a lo que respondo "Sólo falta tu aprobación". "OK", me dijo, resuelta. "Espérame aquí", y crucé.
Me costó poco entablar conversación. Me dijo que se llamaba Jorge, 32 años, y que estaba esperando a una chica que había conocido por el chat, pero que ya llevaba 45 minutos de demora. Y con la tranquilidad de hablar con un desconocido, le conté, que me había levantado una chica, y que estaba dispuesta a ir a un hotel conmigo, pero me había puesto como condición el hecho de que quería disfrutar de una sesión con dos hombres. Puso sus reparos (por razones obvias de desconfianza), pero le dije que cruzáramos al bar donde estaba con Betty, y de paso que la conocía, podía seguir viendo si su chica finalmente llegaba. Cuando llegamos a la mesa, y vio a Betty, se derritieron sus objeciones y trabó confianza de inmediato. De más está decir que sus ojos, disfrutaron con el cuerpo generosamente expuesto de Betty, pero sabiendo todos cuales eran los planes, realmente no teníamos ganas de seguir hablando mucho, así que nos levantamos a los pocos minutos y nos dirigimos al coche para tomar rumbo al hotel. Decidimos no dejar sólo a nuestro invitado y Betty fue al asiento de atrás con Jorge. Apenas puse el coche en marcha, ya estaban besándose. Y yo con mi terrible erección a cuestas haciendo de chofer sin poder intervenir, sólo miraba. Miraba esas manos, desabrochando desesperadamente los botones de la camisa de mi mujer, y rozando, palpando y exprimiendo esas hermosas tetas, cuyos pezones parecían a punto de estallar. Y vi a mi mujer sacando la pija del tipo de su prisión y llevándosela a la boca con desesperación, y metiéndosela hasta la garganta con la maestría que tanto conozco y disfruto. Jorge empezó a dar suspiros de placer y con sus manos aseguraba la cabeza de Betty, cuando no quería sacar su instrumento del refugio húmedo que mi mujer le proponía. Cuando llegamos al hotel, mi mujer estaba con su camisa desabrochada totalmente, su ceñida pollera estaba totalmente subida, con una mano que paseaba desde su concha chorreante hasta su culo, con otra mano que masajeaba sus tetas, y con una pija en su boca. Una vez adecentados, entramos al hotel y al llegar a la habitación asignada, me puse, en primera instancia, de observador de lo que, por obvias razones, no había podido mirar mientras conducía. Y veía como Jorge, ni bien cerrada la puerta, literalmente, arrancó la camisa de Betty, haciendo volar dos botones de ella, y se sumergió en las tetas de Betty, mientras bajaba la pollera y un dedo se ponía a chapotear en la concha de mi mujer. Ella, se apoya en la pared, tira la cabeza hacia atrás, dejando hacer a esa desconocida boca y me sonríe cómplice y agradecida. Mientras yo, ya desnudo me acerco, la aparto de la pared y la abrazo por detrás, apoyando mi pija en su culo, Jorge aprovecha para desnudarse. Una vez hecho esto, se aproxima a nosotros y abraza a mi mujer por delante. Betty, ya cumpliendo "nuestro" sueño de tener dos pijas a su disposición, entra en un estado de excitación constante que la hacía temblar como una hoja de pies a cabeza y que la convirtió en una posesa sedienta de sexo. Nos aparta a los dos y poniéndonos uno al lado del otro contra la pared con nuestras estacas apuntando al techo, se acerca para darnos una generosísima chupada. Jorge, que ya venía caliente de la mamada que le había hecho en el coche, aparta la cabeza de mi mujer y le ordena que abra la boca. Betty, obedece y entra a pajear a nuestro invitado, que dispara su primer chorro, con una puntería envidiable a la boca abierta de Betty, quien no aguantó esperar el segundo disparo, metiéndose toda la pija en la boca, para recoger la generosa descarga de Jorge, sin desperdicio alguno.
Yo ya estaba sumergido en una excitación profunda, en mi doble condición de protagonista y espectador. Y no quería renunciar a ninguno de esos dos roles que me deparaba la noche, quería hacer y quería ver. Y en ese momento veía, como mi mujer desnuda, se retorcía de placer, besando a un extraño, también desnudo, mientras las manos de ambos sacaban chispas sobre sus cuerpos.
Y fuimos a la cama. Y ahí, Betty, fue la "puta" que siempre deseo. Ofreciendo todos sus orificios a esos dos hombres en llamas en que nos había convertido, ahora estaba mamando a Jorge, mientras que yo la cogía en la postura del misionero, luego montándose arriba mío, me la seguí cogiendo, mientras con mis manos abría su culo, para que nuestro invitado la penetrara a discreción. Cuando sintió esa doble penetración, cuando entró en un orgasmo sostenido, que hizo que se moviera con mas vértigo, mas calentura y pasión, provocándonos sendas eyaculaciones que fueron adentro de su cuerpo. Mientras Jorge y yo, nos tomábamos un respiro, Betty utilizando sabiamente su lengua se dedicó a ponernos a punto nuevamente, cosa que sin mucho esfuerzo, logró con creces. Mientras el hasta hace poco desconocido, cogía sus tetas en una cubana memorable, yo la cogía en la postura tradicional, alcanzando los tres un orgasmo simultáneo digna de una película porno, como gran final de la noche.
La aventura terminó con mi mujer haciendo extrañas maniobras para cubrirse cuando salíamos del hotel, debido a los dos "estratégicos" botones menos de su camisa y un rato más tarde, ya solos en nuestra casa y en nuestra cama, abrazados y temblando de placer, prometiéndome mi mujer, otro trío, ahora con una mujer, pero, bueno, será tarea de ella conseguirla.
Hecho 100% real, puedes creerlo o no. Si esta historia te merece algún comentario, serán bienvenidos y contestados los e-mails a la siguiente dirección: bettyeugen@hotmail.com

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