BUFFY: UNA MALA NOCHE (II)
Parodias, hetero, voyerismo, autosatisfacción. No se pierde detalle de la visión que le ofrece su amiga gozando con el hombre- lobo.


Continuación del relato erótico "Buffy: Una mala noche (I)" publicado en "El Rincón de Marqueze.net" el día 5 de Junio de 2002.
Caminó con más calma, y poco a poco la seguridad en sí misma fue volviendo a ella. Rodeó el edificio principal del instituto en busca de la biblioteca. Podría entrar por la ventana y darle una sorpresa a su amiga.
Vio la tenue luz que utilizaba para que no llamara la atención de cualquiera que estuviera en el exterior. Se acercó lentamente y pegada a la pared. Seguro que Willow estaría dando uno de sus habituales sermones sobre los poderes de las brujas y esas cosas al pobre Oz que estaría cerrado mientras le duraba la transformación. A la vez que por su cabeza pasaba esto, miró de reojo al cielo donde una gran luna llena brillaba sobre la oscura noche.
Cuando miró por el cristal y vio lo que ocurría, le faltó tiempo para quedarse de piedra. No podía creer en lo que veía. No sabía como expresar el caos que reinaba dentro de ella.
Willow estaba sentada sobre una de las sillas de la biblioteca. Se mostraba desnuda de cintura para abajo, con las piernas abiertas apoyadas sobre los hombros de un enorme hombre-lobo que respondía al nombre de Oz.
Si el peludo e inmenso amigo transformado en medio bestia canina se mostraba agitado e inquieto mientras hundía su hocico entre las piernas de Willow y daba sonoros lengüetazos. Ella que le acogía, gemía mordiéndose los puños unas veces y boqueando como pez fuera del agua en busca del aire que la falta, su cuerpo se retorcía como poseído por estertores epilépticos salvajes que parecían fuera de control.
Buffy no pudo impedir que por un segundo temiera lo peor pero un poco de observación le devolvió a la realidad más asombrosa y en ese momento más grotesca y degenerada, para su gusto.
Con un sobrehumano esfuerzo que se reflejaba en el rostro, Willow consiguió apartar a su hombre-lobo de su coño, el cual chorreaba baba mezclada con sus fluidos y se mostraba enrojecido e hinchado. Se pone en pie, tumba la silla bocabajo. Se coloca sobre ella cabeza abajo con las piernas abiertas y buscando sujetarlas en torno a las patas superiores. Su entrepierna se puede ver perfectamente. Sus labios se abren y cierran como una boca suplementaria que pide más.
Venga. Métemela. Lo deseo. Es una orden.
Su voz suena desacostumbradamente autoritaria. Libre de tartamudeos o cualquier rastro de timidez. No parece la Willow con la que ella acostumbra a tratar.
El peludo monstruo duda y se mueve tenso sin terminar de decidirse. Es entonces cuando al erguirse Buffy puede contemplar aterrorizada lo que su amiga desea dentro de ella. La sangre pareció helarse dentro de sus venas y todo su cuerpo se estremeció como poseído por un dolor psicológico que la recorrió de arriba abajo. Aquello era totalmente desmesurado y con un tamaño descomunal, más parecía el de un caballo que el de un hombre. Era imposible que aquello fuera real, por mucho que lo estuviera viendo.
Oz se acercó, olfateo el coño que hasta hace un momento estaba lamiendo y gruñe como un perro en celo. Las babas le cuelgan de su boca y la lengua está más tiempo fuera que dentro de su boca. Coloca frente a su amiga aquel inmenso pene y tras colocarle en la entrada deja caer todo el peso de su cuerpo para hundirlo hasta dentro. Aquella verga larga y repleta de venas que supera los treinta centímetros de largo y que apenas se puede rodear con las dos manos, se hunde hasta tocar fondo dentro de su amiga provocando un grito rápidamente ahogado en las dos.
Apenas si ha conseguido meter dos terceras partes y sin forzar. Willow aporrea el suelo con sus puños luchando para no gritar de dolor. Las lagrimas brotan como ríos de sus ojos que están hinchados en sangre, aprieta los dientes con fuerza y su frente se cubre de una fina capa de gotitas de sudor.
Venga, chucho pulgoso... Joder, muévete.
Le grita con una furia que parece ser la que le da el control sobre el hombre-lobo. Éste, obedeciendo la orden, comienza a mover las caderas hacia delante y hacia atrás sin sacar su miembro y sin importarle igualmente que golpease una y otra vez con el interior de Willow. Ésta lucha desesperadamente para no gritar a cada envite de Oz. Sus ojos pasan del rojo al blanco y todo su cuerpo está cubierto por el sudor...
Buffy podía ver perfectamente como chorreaban, desde el coño de su amiga al suelo, fluidos de ambos mezclados formando un charco gelatinoso. Podía verla luchar por abrir más y más sus piernas, golpear la cabeza contra el suelo y tensarse cada músculo del cuerpo como una cuerda de piano ante los golpes de la verga de Oz contra el interior de su cuerpo. No podía creer lo que veía pero contemplar a su habitualmente sosa y tímida amiga convertida en una ninfomana poseída la estaba poniendo a cien. Todo su cuerpo empezaba a recordar lo que había disfrutado en el parque y parecía qu volvía a sentirse igual.
Para, para... He dicho.
Grita agotada su pelirroja compañera totalmente empapada por el sudor, sin fuerzas y jadeante. Por increíble que parezca, Oz aunque transformado en hombre-lobo la obedece como si fuera un caniche fiel. Saca el miembro de dentro de ella chorreando fluidos y agitándose como si dispusiera de vida propia y quisiera liberarse de su amo.
Esto no puede ser. Me estás destrozando por dentro... - toma aire mientras abre las manos. Se ha clavado las uñas en la cara de dentro. No se atreve a moverse.- Tendremos que dejártelo para cuando estés normal.
En su voz suena una especie de desprecio, como si aquello que es normal a ella le pareciera que no podía satisfacerla. Desde su posición puede observarla como se lleva una mano a su chorreante raja y con su derecha recoge parte de lo que brota de allí y lo lleva a un agujero que queda y un poco por encima. Primero hace sitio metiéndose un dedo, luego dos... Tres y al final y forzando las escasa fuerzas que le quedan metiendo medio puño. Luego lo gira a izquierda y a derecha, lo vuelve a encharcar a cada intento con más de lo mismo. Cuando da por terminado el dilatamiento y cree que está bien humedecido se lleva la otra mano y con las dos estira lo que puede las carnes circundantes y da una nueva orden.
Venga, continua por aquí... Pero despacio.
Y de nuevo, Oz con una mirada animal contenida vuelva a obedecer. Coloca su rabo ante aquella estrecha puerta y poco a poco lo va hundiendo con una delicadeza impropia de un animal mientras su amiga se retuerce de nuevo según la siente adentrarse dentro de ella. Esta vez consigue que entre hasta la base.
Willow clava sus uñas en los pechos sin importarle la ropa que haya de por medio. Su mirada es casi animal, como la de una poseída, pero los gestos y lo que brota de su boca son más propios de una mujer enloquecida por el sexo.
Lentamente, el hombre-lobo comienza a bombear dejándola casi fuera ahora, hundiéndola hasta la base luego. Su miembro parece crecer según entra y sale. Su amiga se deja agitar por él, como si fuera una muñeca de trapo sin fuerzas. Gime con los ojos en blanco mientras de su boca abierta se le cae la saliva... Sus dedos se agarran a la silla para que no sea desplazada hacia delante a cada envite.
Con cada movimiento de bombeo, sale de ella pequeños chorros de fluidos mezclados con posibles restos de lo que ella tenía dentro. Caen al suelo como si de una miel extraña y nueva se tratara, otros salpican la los muebles circundantes, el resto cubren parcelas de las pieles de ambos.
Como si aquello pareciera que nunca iba a finalizar Oz continua con su ritmo aumentándolo lentamente hasta convertirse en una especie de trote sobre ella. Willow parece carecer de vida si no fuera por las inconexas palabras y gemidos que se escapan de su boca. Todo su cuerpo tiembla. Hasta que de repente el monstruoso hombre-lobo se tensa y gruñe a la vez que se descarga dentro de ella que responde poniéndose rígida y tornado la expresión de su cara a la de un placentero alivio.
Dios... Esto ha sido terrorífico.
Y dicho esto se la puede ver desvanecerse sin fuerzas y quedarse como dormida después de aquella agitación. Oz saca su miembro de dentro de ella que empieza a perder lentamente parte de su monstruoso tamaño. Se acerca a ella, la olfatea el coño y luego la cara. Una vez comprueba que respira bien vuelve a atrás y limpia aquella rajita y toda la piel de los alrededores con delicadeza y mimo.
Buffy parece salir de un sueño y retornar a la realidad. Recupera el control de su cuerpo y descubre a su derecha hundida entre sus piernas, chapoteando en aquel agujero húmedo y caliente. Su izquierda, con el índice hundido en el otro agujero cercano a su coñito.
Está de rodillas, con los pantalones y las bragas bajados hasta la altura de los tobillos. Los pechos al descubierto por encima de las copas de su sujetador y su respiración agitada. Las fuerzas que habitualmente siente dentro de ella y que tanto la ayudan al combate parecen haberla abandonado.
Vaya espectáculo ¿Uh?
Reacciona instintivamente, pero primero fue la ropa la que la hace perder el equilibrio y después las fuerzas le fallan al intentar levantarse. Tanto es así que se da contra el muro de la biblioteca y mientras pierde el sentido podía oír la voz de Angel carcajeándose ante el espectáculo que acababa de protagonizar para él.

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