CAROLINA, TRÁTAME BIEN (II)
Intercambio, trío, mujer -hombre -mujer. Carolina ya no se sentirá sola, ya que sus amigos se ofrecen para todo...


Este relato es la continuación de Carolina, trátame
bien (I), publicado el 6-4-2002 en la sección
intercambio-sexo en la pareja. Por lo que antes de
leer este relato, lo mejor seria leer la primera
parte.
Estaba sentado entre ellas dos, en la punta de la
mesa. Charlábamos mientras comíamos. Carolina nos
contó que ya hacía cinco años que se había divorciado.
Que desde entonces el sexo era casi inexistente en su
vida, a parte del último año. Nos contó que los dos
primeros años después del divorcio no había practicado
nada de sexo, que se sentía incomoda con solo
pensarlo, supongo que su exmarido no debió tratarla
muy bien. Dijo que a partir del tercer año había
empezado a masturbarse, que se pasó casi los dos años
siguientes masturbándose casi cada día. Que se había
convertido en una experta en esos temas, pues tenía un
sexshop delante de su piso y que allí se había
comprado una gran variedad de aparatos raros, un
montón de películas guarras y muchas cosas más. Y que
este ultimo año empezó a ir a prostibulos, que así
podía follar con tíos que estaban muy buenos, aunque
eso sí, caros. Que también había ido con prostitutas.
La verdad es que parecía un poco deprimida, casi
soltando alguna que otra lágrima, mientras nos contaba
todo aquello. La pobre se sentía muy sola.
- Tranquila, siempre que necesites algo llámanos y
quedamos - le dije - si necesitas charlar ya sabes que
puedes contar con nosotros. O si quieres sexo también
puedes contar con nosotros, que te saldremos más
baratos. Siempre que te apetezca nos llamas, quedamos
y cumpliremos todas tus fantasías. Verdad Judith? - le
pregunté a mi mujer mientras acariciaba las manos de
las dos.
- Claro que si mujer, seremos tus sirvientes, para
todo lo que quieras allí estaremos - añadió mi mujer.
Carolina nos agradeció mucho esas palabras y sonrió.
Entonces hablamos un poco mas sobre su vida. Llegó un
punto en que solo hablaban entre ellas dos, y yo me
las miraba. Sin querer empecé a imaginar cosas.
Lógicamente mi polla se puso tiesa. Supongo que ellas
se dieron cuenta, pues estaba desnudo, pero hicieron
como si no lo hubieran visto. Me agarré el pene y
comencé a pajearme, mirándolas despacio a las dos,
pero más a Carolina, pues a mi mujer ya la tenía mas
vista. Al cabo de tan solo medio minuto de pajearme a
su vista, Carolina se levantó y dijo:
- Para ya de masturbarte, no malgastes tus energías,
quiero que me folleis.
La verdad es que a mí me sorprendió bastante pero a mi
mujer creo que no, ya que se levantó y tiró al suelo
todo lo que había en la mesa.
- Vamos túmbala en la mesa y follátela - me dijo.
Me levanté y me puse frente a Carolina, le pregunté si
debía ponerme preservativo y ella me dijo que no era
necesario, que tomaba píldoras y que no tenía ninguna
enfermedad. Entonces pase mis dedos por sus rojizos
labios y la besé. Se desabrochó el sostén y se lo
quitó lentamente. Tenía los pechos de buen tamaño, no
tan grandes como los de mi mujer, los tenía algo
caídos, por la edad y porque tuvo un hijo, aunque
tampoco no mucho. Los pezones estaban muy erguidos,
rodeados de una pequeñita aureola clara. Que
excitantes que eran. La agarré por el culo, la levanté
y la tumbé encima de la mesa. Sus pechos se aplastaron
por el efecto de la gravedad, aunque sus pezones
parecía que me apuntasen. Le abrí las piernas, cogí mi
polla, la encaré a su vagina y se la introduje toda
hasta el fondo de un solo golpe. Su húmedo coño ayudó.
Carolina soltó un suspiró de placer y se le arqueó la
espalda mientras se agarraba a los cantos de la mesa.
Empecé suavemente a metérsela y sacársela. Mi mujer
entonces se quitó las braguitas. Se subió a la mesa y
se arrodilló separando un poco las piernas para quedar
sentada encima de la cara de Carolina y frente a mí.
Le ordenó que le comiese el coño como ella le había
hecho antes. Así que Carolina separó un poco los
labios de la vagina de mi mujer y le metió una larga y
afilada lengua. Mi mujer se mordía el labio de debajo
de su boca, cosa que siempre hace cuando esta
cachonda. Carolina puso el dedo con el que había
abierto el paso a su lengua, y como estaba humedecido
por el coño de Judith se lo metió por el culo, tal y
como mi mujer se lo había hecho antes. Y con la otra
mano Carolina se acariciaba la punta del clítoris
rozando también mi pene. Ese trío con esas dos bellas
y ardientes mujeres era demasiado. Mi mujer ayudaba la
lengua de Carolina con una de sus manos, abriéndose el
coño para que la lengua de esa amiga de mi madre
jugueteara con su coño. Y con la otra, Judith, no para
de sobarse las tetas. Entonces yo agarré los pechos de
Carolina, mientras no paraba de follarmela. Que
pechos, estaba acostumbrado a las tetas de mi mujer
que son un poco más grandes y duras. Esos pechos
cabían justo en mis manos y eran blandos, helados y
con esos pezones como volcanes. Se los pellizcaba.
Entonces alargué un poco los brazos hasta llegar al
top de mi mujer, que meneaba la cintura encima de la
boca de Carolina. Manoseé ahora sus pechos, mucho más
duros y grandes, no cabían del todo en mi mano. Le
quité el top y aparecieron sus dos pechos. Eran
geniales, grandes, fuertes, con unos pezones enormes,
casi como medio pecho, y muy muy oscuros. Tiene unos
pechos firmes a pesar del tamaño, parece que estén
operados pero son naturales auténticos. Me recuerdan a
los pechos de una actriz porno. Empecé a sobarselos
sin compasión. Carolina, como ya nadie le sobaba las
tetas, subió la mano que tenía en el coño y que
ayudaba a mi polla y se tocaba ahora los pechos, esa
mano iba de un pecho a otro, se daba bofetones en los
pezones. Mis pollazos eran cada vez mas fuertes y
rápidos. Cada vez que la penetraba su cuerpo salía
como rebotado, sus pechos vibraban. Sentía que me iba
a correr. Saqué mi pene de su coño. Me lo cogí con una
mano, me pajeé solo unos pocos segundos y empecé a
escupir semen que iba a parar al cuerpo de Carolina,
todo su vientre y un poco de sus pechos quedaron
inundados de semen. Terminé de correrme y agarré por
la cabeza a Judith y se la bajé. Le ordené que lamiera
a Carolina, para que le limpiase mi corrida, y que
empezase por los pechos y fuera bajando. Y así lo
hizo. Y terminaron haciendo un 69 genial. Con Carolina
tumbada boca arriba tal como la había dejado, abierta
de piernas, con el coño de mi mujer en su boca, y con
mi mujer encima de ella sobandole la vagina. Pronto se
corrieron las dos. Tuvieron un orgasmo muy muy largo.
Aproveché y fui a mi habitación a buscar las pastillas
de viagra, que uso a menudo cuando voy a tener una
noche muy larga, pues me ayudan a mantener mi polla
tiesa mucho tiempo y puedo correrme un montón de veces
en una misma noche. Me tomé una. Volví hacía el
comedor. Estaban tal como las había dejado,
desvanecidas de placer. Me quedé mirándolas unos
minutos. Tanto mirar terminó por excitarme. Me acerqué
a la mesa donde estaban tumbadas. Le dije a mi mujer
que se apartara. Ella bajó de la mesa y se fue al sofá
donde se tumbó. Delante mío estaba Carolina tal y como
la había dejado. La agarré por la cintura y la bajé de
la mesa. La puse delante mío. Le di media vuelta y la
empujé contra la mesa. Sus pechos se pegaron contra la
mesa y su culo quedó en pompa, justo delante mío, a la
altura de mi pene. Pero aun no tenía el pene erecto.
Así que me recree la vista con su culo y la parte
trasera de esas hermosas piernas aposentadas encima de
unos bonitos zapatos de tacón. Pasé las dos manos por
encima del culo de Carolina. Acariciándolo suavemente.
- Yo me tengo que ir, ya basta de sexo por hoy, no?,
estoy cansada ya. - me dijo sorprendemente, eso si,
sin moverse y sacando un poco mas el culo hacia fuera.
- Con lo guarra que eres, con lo cachondo que me has
puesto, a mí y a mi mujer, por supuesto, y con lo
buena que eres follando, no te dejaré marchar tan
rápidamente - le respondí mientras le pellizqué con
fuerza su culo, quedando enrojecido rápidamente.
Esas palabras parecieron motivarla aun mas. Cogí mi
polla, que ya estaba bastante dura y la puse en la
entrada de su ano. Su ano era bastante pequeño.
Intenté penetrarla rápidamente pero mi pene, al no
estar totalmente erecto y por el tamaño de su pequeño
agujero, no entraba. Le hacía daño. Entonces escupí un
buen chorro de saliva en mis dedos y empecé a
penetrarla con ellos. Primero uno y luego dos. Iba
girando los dedos dentro de su ano mientras iba
escupiendo para mantener su ano bien lubricado. Poco a
poco sentía con mis dedos que se iba dilatando. Ahora
Carolina ya no sentía dolor, sino placer. Se agarró
con sus manos a los cantos de la mesa, mientras
frotaba sus pezones contra la mesa moviendo la parte
alta de su cuerpo, la parte que tenía encima de la
mesa. Entonces me ordenó que la penetrara ya, que no
podía esperar. Volví a poner mi pene en la entrada de
su ano. Agarré con mis manos a Carolina por sus
caderas. Y le introduje casi la totalidad de mi pene
de golpe en su culo. Carolina soltó un gritó
fuertísimo. Y empezó a mover el culo. Sus gritos de
placer eran muy excitantes. Empecé a meter y a sacar
mi pene de su culo, no muy rápido, ya que su ano
estrangulaba a mi pene y si hacía un movimiento muy
brusco me dolía. Pero poco a poco iba aumentando el
ritmo, ya que su ano se iba dilatando mas y mas.
Observaba su espalda, firme, lisa, brillante por el
sudor que desprendía, y que se movía sensualmente al
compás de mi polla. Solté sus caderas, y sin dejar de
penetrarla, bajé un poco mi pecho para que mis manos
pudieran llegar a sus pechos. Puse mis manos entre la
mesa y sus pechos. Los sobaba con fuerza. Carolina
tensaba sus brazos y sus manos que la sujetaban a la
mesa y la ayudaban a soportar mis empujones. Quité mis
manos. Se las puse como pude en su coño. Se lo frotaba
fuerte. Entonces sentí un gemido detrás mío. Giré un
poco la cabeza y vi a mi mujer que se masturbaba
tumbada en el sofá. Tenía tres dedos dentro de su
coño. Era impresionante la fogosidad que empleaba.
Todo aquello fue demasiado y sentí como empezaba a
correrme. Terminé rápidamente con un orgasmo genial,
llenando todo el culo de Carolina de semen. Ella no se
corrió. Me aparté y me senté en un butacón cerca del
sofá. Me había corrido espectacularmente pero mi polla,
gracias a las pastillas seguía tiesa.
Entonces Carolina, como aun estaba cachonda y quería
correrse se fue hacía el sofá donde había mi mujer
masturbándose. Mientras andaba, gotas de mi semen
resbalaban desde su culo bajando lentamente por sus
piernas. Se sentó a su lado y se follaron las dos.
Aprovechaban el semen del culo de Carolina y se lo
pasaban por sus coños. Nunca había visto tan excitada
a mi mujer con otra mujer, pues siempre había sido un
poco reacia a follar con mujeres, pero como me comentó
al día siguiente, se ve que siempre que se había
masturbado pensando en mujeres, casi siempre había
sido con Carolina. Al cabo de cinco minutos seguían
igual, era impresionante el aguante que tenían, cada
una con los dedos de la otra en coño y con la mano
libre manoseándose también una a otra los pechos, y
pegándose unos besos terribles, sus lenguas parecían
látigos. Seguía con mi polla igual de tiesa pero ahora
ya me sentía otra vez con fuerzas. Me fui hacía ellas
y me senté a su lado. Ellas siguieron con lo suyo,
como ignorándome. Aquello me excitó muchísimo. Cogí a
Carolina por el pelo y la obligué a sentarse encima
mío. Mi mujer se enfadó porque le quitaba a esa
ardiente y sensual mujer. La agarré por el cuello y la
besé y le dije que primero me follaría a Carolina,
luego me la follaría a ella y que después dejaría que
durante toda la noche, mientras yo durmiese, hicieran
lo que quisiesen. Entonces mi mujer se apartó y siguió
masturbándose. Mientras tanto, Carolina ya había
agarrado mi pene y se lo había introducido en su
húmeda y dilatada vagina. Cabalgaba rápidamente encima
mío. Como queriendo terminar rápido, para volver con
mi mujer, pero con las veces que ya me había corrido,
tardaría bastante tiempo antes de volver a sacar
chorros de semen, hasta me empezaban a doler un poco
los testículos. Cabalgaba y movía sus caderas y su
cintura haciendo torcer mi pene, que placer. Llevaba
casi unos dos minutos así, estaba sudadísima. Las
gotas de sudor recorrían su cuello y sus pechos hasta
que me acerqué a ellos y empecé a lamerlos. Sus pechos
un poco caídos y con los pezones hinchadísimos se
balanceaban. Como vio que ese polvo iba para largo, se
levantó y se giró. Se sentó encima de mi polla, que
entro muy fácilmente en su ano. La empujé hacía el
fondo. Carolina se retorció de placer. Doblaba todo su
cuerpo, arqueándolo a cada pollazo. Su cabeza se
pegaba contra la mía, yo le besaba el cuello y la
oreja. Sus pechos encima de su arqueado cuerpo se
aplastaban a él, cayendo cada uno por un lado. Sus
pezones apuntando al techo. Se los agarré con fuerza.
Sentía como su caluroso, ardiente ano estrujaba de vez
en cuando mi pene. Llevábamos unos cinco minutos así
cuando la levanté, la tumbé boca arriba en el sofá. Yo
me tumbe encima suyo, pero a la altura perfecta para
que mi pene quedara entre sus dos pechos. El espacio
entre los dos pechos era grande, mucho mas que mi
pene. Entonces Caro se los agarró con las manos y los
apretó contra mi pene. En aquel momento y empecé a
mover mi pene. Apretaba fuerte sus dos pechos contra
mi polla, cada vez mas fuerte, cada vez me daba mas
placer. Mi pene recorría su canelillo. Al cabo de un
minuto Caro se agarró los pezones haciendo que mi pene
los rozase. Era muy placentero para ella y se mordió
el labio de abajo, que sexy estaba cuando hacia eso.
Pero pronto soltó los pezones y con las dos manos
agarró mi pene y me pajeó. Yo casi no bella nada, pues
su cabeza me tapaba. Me masturbaba con furia la muy
guarra. Sentía que pronto me iba a correr. Así que le
aparté la manos, me levanté y me senté encima de sus
pechos y encaré mi pene a su boca. Me masturbé unos
pocos segundos y empecé a correrme en su boca. Llené
su boca de semen. Terminé de correrme y me levanté y
me senté en la butaca. Carolina se levantó,
sudadisima, engulló rápidamente toda mi corrida de su
boca, vino hacía mi, se arrodilló y me lamió
suavemente mi polla, dejándola reluciente. Y así me
quedé.
Ella se puse en pie y volvió hacia la silla donde
estaba sentada mi mujer, la cual tenía introducido su
larguísimo vibrador en el coño. Carolina se puso de
pie detrás de la silla. Puso sus manos encima que de
los hombros de Judith. Empezó a bajarlas hasta llegar a
esos pechos perfectos. Mi mujer tenía un pechos
firmes, a pesar de su gran tamaño. Siempre conservaban
la misma firmeza, aunque se tumbara boca arriba en la
cama seguían estando firmes y juntos los dos. Carolina
sobó un poco los enormes y oscuros pezones que culmina
esos pedazos de pechos. Pronto bajó mas la manos hasta
su coño, donde mi mujer seguía penetrandose. Caro le
cogió el vibrador y empezó a meterselo sin piedad. Mi
mujer se desvanecía de placer sentada en esa silla,
mientras se agarraba con fuerza a ella para evitar
caer, pues Caro le metía el vibrador cada vez con mas
fuerza. Al cabo de unos pocos minutos mi mujer vivió
un tremendo orgasmo, sacando un pequeño chorrito de un
líquido que manchó un poco la silla. Después de
presenciar aquello, volvía a estar cachondo, pero ya
no podía, mis testículos no resistirían otro polvo,
así que decidí irme a la cama a dormir. Me levanté y
me fui hacía la habitación dejándolas solas. Mi mujer
ya estaba mas que satisfecha pero Carolina aun iba
cachonda, pues no había llegado al orgasmo. Mi mujer
quiso venir a la cama conmigo para dormir, pero
Carolina la obligó a quedarse con ella. Vi que Caro se
sentaba en el sofá y se abría impresionantemente de
piernas mientras obligaba a mi mujer a chuparle el
coño. Fue lo último que vi. Me tumbé en la cama y me
dormí rápidamente. Cuando volví a despertarme ya al
cabo de dos o tres horas, vi que estaban las dos a mi
lado en la cama, totalmente dormidas, desnudas y
abrazadas. Me levanté y fui a beber un poco de agua.
Cuando volví a meterme en la cama me quedé mirándolas.
Judith estaba en la otra punta de la cama durmiendo
boca arriba y Caro estaba entre nosotros dos,
durmiendo de lado, con la cabeza en el hombro de
Judith y una mano encima de sus pechos y dándome la
espalda. No pude evitar excitarme viendo el culo de
Caro que estaba frente a mí. Así que me puse como
ella, de lado, y le metí todo mi pene de un pollazo
por ese blanco y brillante culo. Caro se despertó al
instante aunque fingió seguir durmiendo, aquello me
excitó muchísimo. Le metía mi polla por el culo
suavemente, aunque mi excitación era tan grande que me
corrí al instante. Puse un brazo por encima de Caro y
me dormí otra vez, dejando mi polla dentro de su culo,
que estaba llenísimo de semen. Volví a despertarme al
cabo de dos horas más, ya eran la seis de la mañana, y
vi a Carolina sentada en una silla frente a la cama
metiéndose el vibrador observando nuestros cuerpos
dormidos y desnudos. Lo siguiente que recuerdo fue que
me levanté a las 8 de la mañana porque me sonó el
despertador. Estaba solo en la cama. Fui hacía la
cocina y vi como Caro y Judith, aun desnudas, se
morreaban apasionadamente, sobandose todo el cuerpo.
Tenía el pelo mojado. Se ve que se había dado un baño
juntas. Las saludé, me dieron un caluroso beso las
dos. Carolina tenía prisa ya que tenía que ir a
trabajar. Desayunamos un poco. Caro se vistió
rápidamente con ropa que le prestó mi mujer, pues la
suya aun no estaba limpia. Judith la ayudó a vestirse.
Al ver eso, una mujer desnuda vistiendo a otra, me
puse cachondo por enésima vez. Caro se fue al baño, se
peinó, cogió su bolso y se despidió de nosotros con un
largo beso para cada uno. Ya tenía la polla muy tiesa.
Le pedí que si podía hacerme una de aquellas geniales
mamadas antes de irse, pero tenía demasiado tarde, así
que se fue. Yo también tenía el tiempo justo, pues
empezaba a trabajar a las nueve. Me vestí. Y ya
cuando me iba, al ver a mi mujer que aun paseaba
desnuda por el piso y con la calentura que llevaba, la
cogí por el brazo y la llevé a la cama. La tumbé, le
abrí las piernas, me bajé los pantalones y me la follé
rápidamente, corriendome casi al instante. La besé, me
levanté, me subí los pantalones y me fui a trabajar.
Mi mujer quedó tumbada en la cama, con las piernas
abiertas y el coño lleno de semen.
Y así fue como nuestra amistad con Carolina pasó a ser
algo más. Aquella noche fue sin duda de las mejores de
mi vida. Desde entonces quedamos a menudo con Carolina
y nos lo pasamos genial. A veces montamos orgías con
mi mujer, Carolina, un chico que conocimos por el chat
y su padre. Pero bueno eso ya es otra historia.

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