DE OBRAS
Hetero, infidelidad, autosatisfacción femenina. El albañil terminó lo que su marido había empezado.


Sábado por la mañana. Son las 10 de la mañana. En la cama acostada mi
marido y yo como cualquier otro sábado. El despertador suena y nos
despierta. Él alarga el brazo y lo apaga. Se da la vuelta y se queda
mirándome. Él está con el pantalón de pijama sin nada arriba. Yo llevo un
pequeño camisón por encima de las rodillas y unas braguitas. Me giro de
lado y abro los ojos y le veo mirándome. Le sonrío y vuelvo a cerrarlos.
Siento como se acerca y se pega a mi. Pone una mano en mi cadera y me empuja
hacia él. Siento su erección en mi muslo desnudo a través de su pantalón de
pijama vuelvo a sonreír. Comienza a besarme la frente y el pelo mientras su
mano izquierda pasa debajo del camisón y me acaricia las nalgas por encima
de la braguita. Sonrío por que me gusta lo que hace, pero decido jugar y
sigo sin moverme. Su mano derecha acaricia mi pelo mientras sigue
acariciándome el culo, esta vez por debajo de la braguita, amarrándomelo y
apretándolo. Comienzo a excitarme un poquito. Sus labios bajan despacio
hasta llegar a los míos y los besa, primero despacio, acariciándolos con los
suyos, después pasionalmente introduciendo su lengua en busca de la mía y
jugando con mi boca. Mi mano busca su polla y la encuentra. La agarro y la
acaricio, descubriendo su glande ya húmedo por sus jugos. Los míos comienzan
a aflorar hacia el exterior. Sus dedos se percatan cuando encuentran mis
labios vaginales ya húmedos. Juega con ellos en busca de mi clítoris y al
encontrarlo, sus dedos comienzan a girarlo de forma suave y firme. De mi
garganta escapan gemidos a medida que mi placer por su dedo aumentan. Su
lengua sigue jugando con la mía, buscando todos los huecos posibles. En ese
momento suena el timbre de la puerta. Mi marido hace un gesto para ir a
abrir pero yo le retengo.
-"No vayas, quédate conmigo!", le digo con mi respiración entrecortada.
-"Tengo que ir", me contesta, quitándome las manos de las suyas.
-"Seguro que no es importante, no me dejes así", le suplico.
-"Seguro que será el albañil que llamé para que tirase el muro del cuarto de
baño", me responde
Frustrada, me quedo mirando como se pone una camisa.
-"Dile que venga otro día", le digo, pero no parece hacerme caso.
-"Cuanto antes termine, antes nos lo quitamos de encima.", me dice sin dejar
de vestirse. "Quédate en la cama e intenta dormirte otra vez", me dice
mientras se marcha hacia la puerta.
Escucho alejarse y abrir la puerta. Una voz grave de lejos es contestada por
la de mi marido. No entiendo lo que dicen, pero me da igual. Me han chafado
el plan entre los dos. Cojo la sabana y me tapo hasta la cintura. No creo
poder dormirme otra vez, con el calentón que llevo encima. Les escucho
hablar fuera. De pronto un silencio. Mi marido entra en la habitación.
-"Voy a comprar un poco de cemento y arena. Así el podrá adelantar trabajo",
me dice mientras se pone un pantalón. "No te preocupes, no creo que te
molesten desde aquí los ruidos, intenta dormirte", me dice mientras me besa
en la frente y sale de la habitación.
Escucho sus pasos y el abrir y cerrar la puerta de la calle. Entre mis
piernas sigue un cosquilleo del asalto anterior. Mis manos apoyadas en mi
barriga, mis pezones duros por la excitación y me respiración entrecortada
aún. Un impulso hace llevarme una mano entre las piernas. Me acaricio
despacio y noto la humedad. El clítoris hinchado y duro. Comienzo despacio a
masajearlo a través de las braguitas. Vuelve a mí la sensación de placer que
tenía antes. Sigo masajeándome despacio. Mi otra mano busca un pezón y
comienza a pellizcarlo a través del camisón. Saco un pecho fuera por un lado
y sigo pellizcándolo suavemente mientras mis dedos debajo de la sabana
buscan colarse por un lado de la braguita en busca de mi clítoris. Lo
encuentra y lo masajea. Esto produce en mí una grata sensación y hace que
comience a gemir despacio. Me olvido del mundo y me preparo para disfrutar,
ese disfrute que no he tenido rato atrás y que necesitaba, mi cuerpo me lo
pedía. Un calor invade mi cuerpo y decido quitar la sabana. Abro las piernas
para acomodarme más en la cama y comienzo a masturbarme más enérgicamente.
Mis gemidos son cada vez más profundos e incontrolables, mis manos cada vez
más rápidas. Meto un dedo entre mis labios y lo chupo con energía y vuelve a
mi clítoris y sigue sacudiéndolo. Mis caderas giran solas por la
excitación.en ese momento abro los ojos sin dejar de masturbarme. La luz que
entra por la puerta me hace fijar la vista hacia ese punto, y para mi
sorpresa descubro a un hombre, de entre 30 y 40 años apoyado en la puerta
del dormitorio, mirándome. Lleva un mono sucio y manchado de pintura y está
abierto por un lado, metiendo una mano dentro y amarrándose el paquete. Se
está masturbando en mi casa, mientras me mira como lo hago yo!!. La sorpresa
hace que me quede mirándole sin decir nada, sin saber que hacer, pero mis
manos siguen masajeando mi clítoris como con voluntad propia. No quieren
parar esta sensación de entre mis piernas. Esto lo toma como una invitación
y veo como comienza a acercarse a la cama, mientras se quita el mono y lo
deja caer al suelo. De pronto sale a la luz una polla descomunal, la cual
agarra por la base. Es enorme, gorda y llena de venas. Me quedo petrificada
mirándola. Eso me partirá en dos. El albañil comienza a subirse a mi cama y
se coloca entre mis piernas abiertas, y escucho que me dice entre jadeos.
-"Tu marido no te da rabo verdad?.
Sigo sin moverme sin saber que hacer. El no pierde el tiempo y se tumba
encima de mí, colocando ese monstruo en la entrada de mi vagina. Mis manos
van guiadas por el instinto y se colocan en su pecho, mientras el se
recuesta sobre mí. Al mismo tiempo comienza a metérmela, poco a poco, cada
vez más dentro de mí. Cierro los ojos fuerte, mezcla de dolor y placer.
Comienza a agarrarme los pechos fuerte, como si de una asa se tratase,
clavándome en la cama por la presión de sus fuertes brazos. Mi entrepierna
ya húmeda por mi masturbación, le abre paso poco a poco. Cuando tiene la
mitad dentro, comienza un mete saca dentro de mi frenético, tumbándose
encima por completo, como si lo hubiese hecho conmigo toda su vida,
aplastándome con su peso. Comienzo a gemir como una poseída arañando su
espalda en cada embestida. Mis piernas se elevan detrás de él, amarrándose a
su espalda y empujándole más contra mí. Gracias a las embestidas ha
conseguido abrirse camino por completo dentro de mí. Es la primera vez que
me siento tan abierta. Nunca me había metido nadie algo tan grande. La mueve
con maestría dentro y fuera, con fuerza y ganas. Nuestros sudores se mezclan
y mis gritos de placer se juntan con sus jadeos.
-"Que buena estas zorrona, hacia tiempo que mi rabo no probaba algo tan
bueno", me dice sin miramientos. Y lo peor de todo, me excita aún más que lo
haga. Me corro con su enorme polla dentro como dos veces, antes que el lance
un grito seco y se corra en mi interior, amarrándome por los hombres y
empujándome contra él, para que nada se escape al exterior. Al sentir su
leche caliente dentro de mí, vuelvo a correrme, clavándole las uñas y
gritándole en el oído.
Terminamos los dos exhaustos y nos quedamos inmóvil unos segundos, el encima
de mi y yo debajo con las piernas abiertas, una a cada lado suyo,
amarrándole la cabeza, como si tuviese miedo de que se fuera. Tras este par
de minutos inmóvil, parece haber recobrado el aliento, se levanta y se
viste, mirándome tumbada en la cama. Con los ojos le suplico que vuelva,
pero de mis labios nada sale. Se gira y se dirige a la puerta. Cuando llega
a ella, apoya una mano y gira el cuello para mirarme por ultima vez. Me
repasa con la vista, desde los pies hasta la cabeza. Aún no me he movido ni
un solo centímetro de cómo me había quedado después de semejante follada.
-"Nos volveremos a ver, zorrita", me dice y se va, cerrando la puerta de la
habitación. La verdad es que tiene razón, es lo que me siento después de
esto, de haber disfrutado de esa manera de un hombre que no conozco. Un
escalofrío recorre mi cuerpo. Me tapo con la sabana que está a mis pies y me
giro, intentando recomponer la postura y recuperando el aliento perdido. Al
cabo de unos 10 minutos llega mi marido, habla con él y se ponen los dos
manos a la obra. Intento quedarme de nuevo dormida, pero no lo consigo. Él
está ahora con mi marido y no sabe lo que ha pasado. En mi mente rondan
visiones, estoy nerviosa y agotada. Caigo dormida por el cansancio..
Al rato me despierta una mano.
-"¿Has dormido bien?, espero que no te hayamos molestado mucho", me dice mi
marido con una sonrisa.
-"En absoluto mi vida, no me habéis molestado para nada..."

elhena40@hotmail.com


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