DESPERTAR DE SEDUCCIÓN
Hetero, infidelidad. Un excitante viaje con su nueva y bella
secretaria
Para colmo de males, al llegar a mi oficina me recibe la novedad de que mi vieja secretaria, Amalia, había sufrido un accidente y tenía un pronóstico clínico tan reservado que era probable una ausencia de meses en el trabajo.
Pero. . . a ver: la mañana había
comenzado difícil desde que abrí los ojos.
Por alguna extraña razón la luz se había cortado durante
la noche y mi reloj de alarma se había desprogramado.
Fue un milagro que solo despertara con media hora de retraso. Pero ese tiempo
es vital cuando alguien es solamente el Vicepresidente de Publicidad de una
gigantesca mega empresa y como tal lleva una agenda apretada al minuto.
Traté de ganar tiempo salteándome el desayuno, (podía tomarlo
mas tarde en la oficina), pero lo perdí tratando de comunicarme con la
agencia de seguros.
Me banqué muy mal el atolladero matinal en la autopista y me puso de muy mal humor recibir los insultos de media docena de pacíficos conductores que tal vez sí estuvieran cumpliendo sus horarios habituales, y que por eso contaban con todo el tiempo del mundo para boludear en el camino enervando el ánimo de tipos como yo.
Así que llegué a mi escritorio con el tiempo justo para la junta directiva semanal y amenazar con mil castigos a los del Departamento de Personal si no me enviaban a la brevedad una nueva secretaria en reemplazo de Amalia.
Pero no quiero confundirlos.
En realidad no creo ser un tipo difícil. Simplemente soy un esclavo de
mi trabajo y de mi tiempo y como no tengo margen de error, los retrasos debidos
a otros me desquician. Máxime si se trata de la empresa de luz privatizada
que me cobra la energía mas cara del mundo.
Mi único lujo, el Gym diario, a veces me hacía pensar si tanto
esfuerzo era necesario para obtener a cambio nada de la vida.
Ni hablar que la reunión fue un castigo
de los dioses.
Todos los problemas de la empresa parecían tener su cuello de botella
en mi Departamento. Aún cuando tal vez no fuese así, ahora que
lo rememoro así me lo parecía entonces.
Encima, la comisión a España
sería encabezada por mí (voto unánime) sin perjuicio de
que mis otras responsabilidades se cumplieran en tiempo y forma. ¡Pensar
que había tipos en la reunión que querían ir a divertirse
a Andalucía!.
La comisión era un parto. Seguramente las conversaciones de la fusión
con la firma española serían tan duras que ni tiempo habría
para ir al cine.
En ese contexto. . . ¿Quien puede pensar en divertirse???.
Regresé a mi escritorio dos horas después
bufando de odio y con el estómago vacío.
Cerré la puerta con fuerza y decidí sentarme y pensar cinco minutos
para recuperar la cordura.
No había pasado ni uno de esos cinco minutos, cuando oí golpear
mi puerta.
"¡Pase!", grité no muy amigablemente.
Y cuando la puerta se abrió, el ser que la atravesó me trajo de golpe al Planeta Tierra con el impacto de un meteorito llovido del espacio.
¿Vieron Uds alguna vez la serie de televisión que se llama "Nikita"?
Bueno, la mujer que estaba en mi oficina o bien era la protagonista en persona ó bien era un clon mejorado de ella.
Rostro perfecto y angelical.
Como de 23 años (eso la hacía diecisiete menor que yo).
Pelo lacio y rubio de caída perfecta mas allá de los hombros.
Anteojos que lejos de esconderla la hacían sumamente interesante.
Y enfundada en el uniforme de las secretarias de la empresa, que dicho sea de
paso es: camisa blanca con un saco azul corto. Falda azul entallada, en este
caso de largo por encima de las rodillas, medias de mujer color piel y zapatos
de tacón azules.
Nada de eso ocultaba sus senos erguidos y redondos de tamaño justo a
mi gusto, una figura estilizada en 1, 75cm sin tacos, y largas piernas esculpidas
ó por Miguel Ángel ó por Leonardo Da Vinci en persona.
Me quedé petrificado mirándola, hasta que caí en cuenta de que tal vez los de Personal se habían asustado tanto que habían decidido enviarme de secretaria sustituta a Miss Universo en persona.
"Me envían de Personal", me dijo con voz temblorosa probablemente asustada por mi recibimiento.
Yo tragué saliva y rápidamente adopte la expresión Uno : (seguridad, autoridad, acepsia sexual y ejecutividad) y empecé a hablarle con voz de sargento de comandos:
"Tome nota".
Ella sacó su libreta y se posicionó a escribir.
"Llame a Fulazo y dígale que. .
. , luego traiga los borradores del contrato. . . , más tarde pida que
eleven de una vez el memo número. . .
etc etc etc. "
¡Pobre mina!.
La maté antes de nacer probablemente para cubrir las huellas que quedaran
(si se dio cuenta) de que súbitamente recordé al verla que yo
era un hombre y que hacía como un milenio que no me acostaba con alguien
del sexo opuesto.
Hasta tuve que esforzarme por ahogar mi risa cuando oí su respuesta:
"¿Nada más Sr.?", me preguntó con timidez.
"Sí, hágame un café y regrese en media hora. "
Y así fue mi primer encuentro. ¿Soy amoroso, verdad?
A partir de ahí ya no me pude concentrar
en nada y por eso todo me costó el doble. Cuando decidí que era
suficiente por el día. . . ¡eran las 21hs!.
¡Un horror!.
Hacía dos horas que nadie estaría allí.
Pero me equivoqué, al salir estaba ella sentada en su PC.
"¿Todavía aquí?
Ella miró con una sonrisa.
"Me quedé por si necesitaba Ud algo".
La miré con expresión Dos : (Condescendencia,
comprensión).
¿Como no me ha avisado?, pensé. Pero en lugar de eso dije:
"¿Puedo llevarla a su casa?" y ella asintió.
En el trayecto me dijo que se llamaba Laura y que había llamado al hospital para preguntar por Amalia y enterarse de su situación. Amalia estaría 6 meses reponiéndose, por lo que no podría ir a España conmigo la semana entrante.
Algo dentro de mí se alegró (pobre y fiel Amalia), porque la noticia era un billete de primera clase a Europa para Laura (así se llamaba mi nueva diosa protectora).
No perdí el tiempo. Rápidamente
le adelanté que preparara todo para el viaje que. . .
Y me sorprendió el dominio que Ella mostraba de sus emociones al recibir
la noticia.
Dudé un instante. ¿Nada de entusiasmo?.
"¿Tiene esposo o novio que pueda molestarse por eso?", le pregunté.
"Bueno, acabo de casarme el mes pasado, dijo ella con su timidez habitual".
Entonces sentí morbo por dentro mío y por primera vez dejé de apreciarla como una simple belleza para pensar que la quería hacer mía. La deseaba y pensar que intentaría follarla en su luna de miel me excitó.
"No creo que los viáticos de este viaje le vengan mal a una pareja de recién casados", dije maliciosamente para agregar incentivo material a la propuesta del viaje.
Ella me miró como si sacara cuentas
mentales y me contestó simplemente:
"Lo arreglaré".
No hay caso. Como dice un viejo amigo. . . "El dólar mata galanes"
En el avión me comporté como un caballero , cosa que me costó mucho trabajo porque Laura era una belleza digna de ser follada aprovechando el silencio nocturno y la impunidad de la primera clase.
Ya en España, ocupamos habitaciones de hotel separadas como corresponde a una relación puramente profesional. Sentía que la hora se aproximaba, pero no podía apurarme y arriesgar el éxito de la gestión.
Las conversaciones duraban casi todo el día. Laura ocupaba su sitio levemente detrás mío y tomaba apuntes de lo hablado con una perfección impecable y digna de alguien con más experiencia.
Todas las mañanas yo trataba de adivinar con que modelo me sorprendería.
Generalmente eran trajes sastre muy ajustados
y siempre sus piernas libres y zapatos de tacón.
Durante las noches, la familiaridad iba ganando nuestro trato y pasábamos
repasando notas hasta bien entrada la madrugada.
La anteúltima noche el trato estaba cerrado y los españoles organizaron una fiesta para celebrarlo. Si yo iba a encarar algo con Laura me quedaba poco tiempo, así que esa noche pasaría al frente tratando de superar su frialdad profesional.
Ella se preparó para el infarto. Un
vestido negro sin espalda y con un tajo lateral que en a cada paso enseñaba
hasta lo indecible la belleza de su pierna.
Yo vestí riguroso smoking.
La reunión social fue muy diplomática, pero yo vigilaba a Laura
y notaba que, quizás por sentirse liberada del trabajo, bebía
sin inhibiciones.
Además notaba las miradas lascivas de los presentes clavadas en su cuerpo
y eso aumentaba mi deseo.
Cuando todo terminó, aún era temprano y la invité con toda normalidad a seguir la noche un poco más.
No era mi primera vez en Madrid. Hacía
ya casi 15 años cuando aún era un joven oficial del ejército,
había estado estacionado en esa ciudad.
Y de aquella época, recordaba claramente un sitio que ahora, de seguir
existiendo, era hecho a la medida de lo que yo necesitaba para mis planes.
Era en la calle de V.., y no tardé en
encontrarlo. Un sitio exclusivo solo para gente de alta clase.
Oculto de las vistas al resto de los mortales.
Toqué la puerta, y como aquella vez del pasado, abrió un portero
de impecable levita.
Por dentro el lugar era un night club de excelso nivel. Y aún continuaba
siéndolo.
De fondo alguien interpretaba un suave blue con una trompeta cargando el ambiente
de una sensualidad que podía respirarse.
El lugar estaba lleno a tres cuartos, lo que daba mucha comodidad.
Nos ubicaron en una mesa que no estaba oculta como reservado, pero que no necesitaba estarlo, dado que todo el vecindario parecía inmerso en sus propios asuntos.
Ordené champagne, como manda el reglamento,
y para romper el hielo la invité a bailar.
Era la primera vez que sentía su cuerpo en mis manos.
Sus vibraciones me eran agradables.
Coloqué mi mano en su espalda apenas sobre su culo y ella apoyó
su cabeza en mi pecho dejándose llevar.
La música, el alcohol y el calor de su cuerpo me empalmaron y empujando
su espalda la apoyé sobre mi cuerpo para hacérselo saber. Ella
movió apenas su cabeza y se entregó mansamente cuando mi boca
se mezcló con la de ella.
No podía dejar de besarla. Nuestras lenguas chocaban con fuerza y mis manos acariciaban su cuerpo suave, pero decididamente, en círculos lentos.
Cuando dejamos de bailar rodeé su cintura con mi brazo y la llevé nuevamente a la mesa.
Entre copa y copa nos besábamos con pasión.
Ella comenzó a tocar mi polla debajo del mantel. Primero friccionaba sobre mi pantalón, más luego introdujo su mano dentro y la acarició directamente mientras clavaba una mirada de sexo puro en mis ojos.
Yo estaba a reventar.
Fue ella quien, con una sonrisa me dijo:
"Salgamos de aquí. "
En mi habitación ella soltó su vestido que cayó al suelo dejando su cuerpo solo cubierto por una minúscula tanga negra y sus zapatos de tacón. .
Sus senos eran perfectos.
Se arrodilló ante mí y comenzó a comer mi polla como si hubiese pasado años de hambre.
Yo me quité camisa y corbata dejando mi torso desnudo. La levanté y empecé a follarla en toda la suite.
La hice mía en un sillón Luis XIV (ó tal vez era de otro reyezuelo de esos), la hice mía contra la pared y la hice mía en la alfombra.
Bebí de su raja la mezcla de jugos que generosamente emanaban de su cuerpo con un sabor dulzón que me resultará por siempre inolvidable.
En momentos de descaso bebíamos champagne que se derramaba en nuestros cuerpos y sorbíamos con nuestras bocas en suaves caricias.
Cuando menos lo creía, la enculé
por primera vez en su vida. Y lo gocé tanto o más que ella.
Estábamos comportándonos en el nivel más bajo de la escala
zoológica.
Amaneció y ni nos dimos cuenta.
Nuestra sesión continuó y continuó cambiando nuestros planes
turísticos trazados para el último día.
Pasaba horas con mi polla en su boca.
Yo le decía : "No la sueltes. O en tu mano ó en tu boca".
Y ella cumplía obediente.
Sus labios estaban cubiertos de rastros de mi semen que se remontaba a horas.
Y el tiempo se nos acabó.
Con paciencia he ido descubriendo la personalidad de Laura, que aún es mi secretaria y que aún me regala su coño cada día, en mi oficina, cuando se lo pido.
Es una relación muy particular la nuestra, ella nunca me niega nada y yo cada día soy más y más exigente con su cuerpo.
No tengo idea que cuentos le dirá a
su marido para poder encamarse dos noches a la semana conmigo. A veces me da
curiosidad saber, pero no me atrevo a preguntar.
O tal vez su esposo lo consienta porque sería estúpido resignar
el sueldo de su esposa, la secretaria ejecutiva del Presidente de la Compañía.
Ah, sí: he subido de puesto.
Y las secretarias ejecutivas que pasan mas tiempo con su jefe que en sus casas
deben cumplir con todo lo que beneficie la empresa, incluyendo la salud sexual
de su jefe.
No tenemos límites en la cama. Ni fuera de ella.
En una ocasión, en casa de uno de los gerentes, nos escabullimos de la fiesta para hacer el amor en un rincón apartado. Solo levanté su falda, comprobé que no llevaba bragas y la penetré con fuerza bombeándola hasta acabar en su coño.
En otra oportunidad, me ayudó a conseguir un contrato acostándose con tres ejecutivos de la empresa cliente en mi presencia, y mirándome a los ojos lascivamente mientras la follaban en mi oficina por todos sus agujeros.
Ahora me ha dicho que quiere embarazarse de mí. Dejar a su esposo y mudarse conmigo.
Yo tengo algo de temor a esa situación.
No vaya a ser que, a la inversa de lo que pasa
en los cuentos infantiles, al cambiarse conmigo se transforme en sapo.
O peor aún: en bruja.
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