Hetero-polvazo. Una caliente noche de verano.
Conocí a Diana hace ya bastantes años, en una fiesta particular que dieron unos amigos en un piso privado en Castelldefels.
Tenía ella 32 años, recién llegada de Buenos Aires y además era arquitecta, su acento argentino y el hecho de que era una mujer profesional ya me cayó muy bien y también me produjo mi primera erección.
Empezamos a charlar de muchas cosas y enseguida congeniamos, la fiesta se fue animando y después de cenar y beber abundante cava (champan en Catalunya) alguien puso un disco muy lento, apagaron las luces y encendieron velas e incienso para dar ambiente.
Entonces le tomé la mano, nos levantamos y empezamos a bailar, Diana era bastante más alta que las otras chicas catalanas, llevaba melena corta rubia-castaño, ojos marrones, boca de labios gruesos y ancha y pintada con carmín rojo y uñas pintadas también de rojo, muy esbelta de tipo, pero con unas tetas del 95, piernas muy largas, cintura estrecha y delgada de torax - se le podían contar las costillas; llevaba un vestido corto ceñido de color negro que le marcaba bien su culo y sus tetas perfectamente y mostraba sus piernas esbeltas, toda ella se cimbreaba ágilmente.
Hacía bastante calor y con el baile y la visión de los cuerpos entrelazados empezabamos todos a sudar un poco.
Al poco tiempo, caimos mutuamente en nuestros brazos y ella notó mi pene crecer lentamente y formar un bulto delator, yo sonreí tímidamente y ella puso su entrepierna justo delante y empujó contornear sus caderas hacia adelante y hacia los lados suavemente de manera que ambos cuerpos formabamos uno solo, así estuvimos largo rato conversando y besándonos, mi pene estaba tan tieso que temía que se me notase.
Diana tenía una lengua muy grande, buscona, caliente y bien educada, después de los primeros besos en sus labios, cándidamente dejó abierta su boca, yo me apresuré a llenarla con mi lengua y a besar sus labios, nuestras lenguas empezaron a lamerse y chuparse mutuamente en un impetuoso abrazo que parecía nunca acabar.
Como estaba muy oscuro y Diana no paraba de sonreir y besarnos, empecé a bajar mis manos desde su cintura hasta llegar a notar la forma de su culo con ambas manos la sensación fue de infarto.
Hacía ya mucho calor y aquello no mejoraría mi temperatura.
Diana tenía un culo muy bien formado y duro, era para perder la cabeza y de hecho ambos la perdimos aquella noche.
Seguimos bailando así bastante rato hasta que mis amigos empezaban a ver cómo iba la cosa y a hacer comentarios picantes a nuestras espaldas, pensamos que lo mejor era seguir la fiesta de forma más privada y confortable, así que nos despedimos de mis amigos y nos fuimos a mi apartamento que estaba cerca.
Ya en casa, Diana se encontraba muy eufórica y supercariñosa, fuimos al sofa-cama y allí le saqué el vestido negro al tiempo que le estaba besando cada centímetro cuadrado que iba dejando expuesto, había sudado bastante y su olor mezclado con el Chanel 45 me resultaba exquisito. Se quedó con unas bragas rojas, grandes y algo antiguas para la usanza de la época y para su edad y unos sostenes que o bien se habían hecho pequeños o bien sus pechos habían crecido con desmesura; tenía las piernas muy esbeltas y alargadas y su culo era perfecto: redondo y mazizo.
Ella no se quedó atrás, me quitó la camisa y empezó a besarme el cuello, me pasó su lengua por el pecho y me desabrochó los pantalones, trabajó con su lengua por mis muslos hasta que llegó a la altura de mi pene, allí me bajo nerviosamente mi slip, descubriendo mi miembro erecto como un sable, vi en su rostro una expresión de deseo y lujuria incontenibles, apartó con su mano mi verga y con su lengua buscó la base de mis testículos, ahora chupándolos, ahora engulliéndolos hasta hacerlos desaparecer dentro de su boca, todo su carmín ya había desaparecido, dejando ahora ver sus carnosos labios con todo su esplendor; después de un buen rato le dije que parara que sino me correría, entonces le quité los sostenedores dejando al descubierto su par de 95 's, abrí cuanto pude mi boca para hacerlos míos pero eran demasiado grandes y el sudor hacía resbalar mi lengua que chupaba y mordisqueaba sus oscuros pezones, al rato mi lengua empezó a bajar desde sus pechos hacia su estómago plano y deliciosamente blando; hice un alto en su ombligo pequeño y seguí, le comencé a desenrrollar sus bragas rojas, allí hundí mi cara entre sus nalgas y mi lengua inició la ansiada exploración, Diana ya estaba tan motivada como yo y el olor de sus partes más íntimas despertó en mi el estado animal casi más bajo, así que mi lengua empezó a lamer y chupar intensivamente la parte interior de sus muslos, metí mi lengua en su ano exploré toda esa zona dándole besos y lamiéndole la zona sin dejar un pelo seco, y mordisqueándole todas las curvas y recovecos que tenía, pasé acto seguido a besarle, chuparle su sexo hasta engullirlo dentro de mi coca. Diana empezó a moverse, suspirar, sudar y jadear hasta que me hizo parar porque no quería correrse aún, pero yo aún entonces no le había ni rozado el clítoris.
Entonces para liberar tensiones y no corrernos aún empezamos a abrazarnos y a besarnos todos los rincones de nuestros cuerpos primero lentamente después con algunas pausas y al final acabamos en un torbellino de sudor, saliva, perfume, lenguas, manos, abrazos y bocas sin fin.
Decidimos tomar un respiro y abrir una botella de cava para celebrarlo y después de charlar un poco y comer unas alas de pollo descongeladas,
Diana agitó una botella de cava y dejó que un chorro de espumoso saliese disparado hacia mi pecho y genitales, con lo frío que estaba el cava mi erección se vino abajo rápidamente. Entoces ella percatándose del problema con su mano me empezó a dar un masaje a mis testículos hasta que logré de nuevo mi erección, abrió su boca y con su lengua me lamía el glande y me lo chupaba y besaba delicadamente, seguidamente mi miembro empezó a desaparecer en su boca, centímetro a centímetro hasta que lo tenía todo en el interior de su garganta, entonces empezó a mover su lengua alrededor de mi miembro erecto dentro de su boca y a chuparlo y dejarlo entrar y salir cada vez con mayor rapidez, yo ya no podía más así que le pedí que parase, pero ella no hizo caso ni podía, ni quería parar, tenía los ojos cerrados y la boca llena y estaba desenfrenada, yo agarré su cabeza y le empecé a marcar el ritmo hasta que al final exploté sin poder evitarlo en el interior de su boca, ella tragó casi todo mi semen, al sonrerir de gozo un hilo de leche blanca le salió por la comisura derecha de sus adorables labios, yo la besé y busqué su lengua desesperadamente y probé mi propio semen, después de besar y chuparle su lengua y labios, me abalancé entre sus piernas y empecé lamiéndole su sexo y a tragarme literalmente sus glúteos bañados en sudor y busqué desenfrenadamente su clítoris con mi lengua, chupándolo y lamiendo sin cesar durante unos minutos,
Diana quería follar bien, así que me hizo parar antes que se corriese otra vez y se me montó encima , al principio aunque estaba húmeda, su sexo estaba muy apretado, me dijo que hacía meses que no había tenido sexo con un hombre, así que tuve que lubricar de nuevo la zona penetrándola con mi lengua, luego ya me volvió a montar de nuevo y con mis manos le aparté un poco sus nalgas hasta que mi pene empezó a penetrarla lentamente hasta el fondo, nos besábamos con locura, yo sujetaba y tocaba sus muslos fuertes y largos y sus piernas desde aquella posición y empezamos un vaiven de in-out que se fué acelerando, Diana empezó a jadear y a moverse, yo la sostenía ahora agarrando fuertemente sus nalgas con ambas manos y apretándole su divino culo lo más fuerte que podía, sus tetas estaban siendo succionadas por mi boca abierta al máximo, sus pezones estaban rojos y húmedos, entonces ella con su mano libre metió todo su dedo índice en mi ano y empezó a sobarme los testículos con el resto de sus dedos, hasta que noté que su mano empujaba hacia adelante mi culo como si tuviese miedo a perderme, sentí al instante que mi erección se volvía más dura y fuerte, mi pene estaba inchado desmesuradamente y mis testículos a punto de reventar, ella estaba como ida de placer y yo trataba de controlar mi explosión, cosa que no pude por mucho tiempo, al poco rato bajo la presión de tales estímulos y de la magnífica belleza del acto animal, descargamos nuestras tensiones en un espasmo y temblor mutuos y perfectamente sincronizados y nuestros jugos sexuales se mezclaron en un estremecimiento incontrolable y sublime, nos corrimos como nunca y nuestra felicidad fue por unos momentos la mejor de mi vida. Nos dormimos en un sesenta y nueve perfecto, agotados.
Me desperté con una erección y vi la cara y el pelo de Diana mojados de leche, empezamos de nuevo a acariciarnos y besarnos como nunca, fuimos a la ducha y allí nos enjabonamos sin dejarnos ni un rincón, le lavé el pelo y nos fuimos de nuevo a la cama, allí Diana se sentó en mi cara, reanudé mi exploración de la noche pasada, solo que esta vez mi lengua le atosigó el clítoris de tal manera de pronto Diana se estremeció y una oleada de sus jugos cubrió mi cara, tímidamente Diana empezó a acariciar mi pene con una mano, luego agarró mis testículos con la otra y comenzó un masaje difícil de olvidar cuando estaba mi erección al máximo, se puso de cuatro patas en la cama y dirigió mi pene hacia su coño, al principio no encontraba el agujero pero al poco rato mi pene se deslizó hacia su interior de donde nunca tenía que haber salido, Empezamos a movernos y en ésta posición yo no duré ni dos minutos, la avisé que me iba a correr y entonces Diana se separó, giró sobre si misma y engullió mi miembro completamente dentro de su boca, yo me giré y busqué su coño, empecé otra vez a chuparlo y lamer su clítoris al cabo del poco rato un liquido precioso me cubrió la cara y sentí al instante que la presión de su boca en mi glande me hacía perder el control y regar de nuevo la cara y tetas de Diana...fue un 69 perfecto y como ves inolvidable.
Tuve un par más de encuentros con Diana, que me demostró siempre que la mujer argentina es de una gran sensibilidad y en la cama es la más deshinibida y con la mejor iniciativa.
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