DOBLE PLACER (III) NUEVAS SENSACIONES
Filial, hetero, polvazo, sodomización, hermano y hermana.
Gozando de los placeres del sexo probando sensaciones nuevas.
Continuación del relato erótico
“Doble placer (II) Deborah ” publicado en “El Rincón
de Marqueze.net” el día 24 de Mayo de 2002.
Ahí estaba yo.
Las entrañas de mi hermana aprisionando mi verga con fuerza.
Habiendo vivido el orgasmo más delicioso de mi vida,
aún no estaba del todo
saciado.
Sus palabras de aceptación me motivaban a seguir.
Salí de la vagina de Deborah.
Había gozado del doble placer que produce follar con una hembra deliciosa,
que además es mi hermana de padre y madre.
Bese sus labios, su cuello, volví a recorrer esas tetas que no me cansaba
de
masajear.
Ella volvió a excitarse, a gemir de placer.
La puse boca abajo, y fui dándole masaje en la espalda.
Chupetones y cosquillas con la barba a lo largo de su columna vertebral,
justo en la canal que nacía en su trasero.
Llegue a sus nalgas, rotundas, redondas, deliciosas y mojadas por nuestros
fluidos sexuales, la cama en esa área estaba totalmente empapada.
No me resistí, así que la hice que se alzara, quedando frente
a mí en
cuatro patas.
Mi verga volvía a pugnar por encontrar un refugio dentro de su cuerpo.
Jugué con el glande a la entrada de su vaginal disfrutando de la sensación
de
sus sedosos labios vaginales.
--MMMMMMMMMMMMM---- decía ella deleitándose con el juego.
Yo le introducía solo la cabeza para retirarla después, hasta
que decidí que
era tiempo de penetrarla.
Me fui deslizando lentamente por aquella gruta deliciosa.
Su interior volvió a recibirme, esta vez en ángulo distinto, pulsando
puntos
sensibles diferentes.
Ella misma se hizo para atrás.
Mi hermana se fue empalando deliciosamente, hasta que toda la longitud de mi
verga estaba en su interior.
Iniciamos un ritmo lento, girando la verga en su interior, hasta que
aceleramos.
Ella gemía con cada embestida, mordiendo la almohada.
Éramos dos animales en plena danza de apareamiento.
Un perro y su hembra, que a la vez era su hermana.
Sus tetas se bamboleaban y mis manos las oprimían con ganas.
La vieja historia del dios Osiris, Hermano y esposo de la diosa Isis.
Deborah, mi Isis personal movía las caderas en busca de verga en su
interior y de placer en todo su cuerpo, a la vez que sus contracciones
vaginales me daban mucho gozo, me elevaban a alturas de placer que jamás
creí vivir.
Yo perforaba y perforaba, y ella gritaba, presa de nuevos orgasmos, que en
serie le hacían colocarse en un éxtasis salvaje, que no disminuía
ni un
segundo.
Las olas de placer me alcanzaron a mí, pues a cada orgasmo de mi hermana,
yo
sentía la delicia de sus presiones.
No soporte mas, y descargue violentamente un orgasmo tremendo, que no era
menor que el anterior.
Sus flujos vaginales corrían combinados con mi semen, desde su coño
hasta
las sabanas.
Sus muslos deliciosos estaban embarrados de líquidos.
Nos detuvimos un instante, gozando del placer de un larguísimo orgasmo
que
alcanzamos a la vez.
Me salí de su interior, yo sudaba como un búfalo,
pero no me sentía cansado.
El trasero de mi hermana se presentaba frente a mí, ella en cuatro patas,
jadeando, yo de rodillas tras ella.
Mis manos comenzaron a sobar sus nalgas.
Mis dedos jugaban con su bello púbico, con su raja, hasta que repararon
en el
ano.
Me acerque a ese ano y comencé a lubricarlo con el dedo.
--Hermano, por ahí no es-- Me dijo Deborah un poco alarmada.
---hermanita-- le dije tranquilo--solo quiero que conozcas nuevas
sensaciones. Si algo no te agrada, dímelo y le paramos, nos olvidamos
de eso
y ya.
--Vale master, solo porque me pillas eufórica, que si
no...-
mi verga estaba literalmente barnizada de semen y flujos amatorios de mi
hermana, por lo que no fue necesario lubricarla, coloque la cabeza en sus
arrugados pliegues y presione un poco.
--Sigue... Parece que me agrada-- me pidió ella en ese tono de mando
que
tiene cuando algo la excita y lo desea para pronto.
Fui penetrando despacio, era su primera vez anal, solo de pensar que estaba
desvirgándole el recto a mi hermana, me mareaba de excitación.
Empujé con lentitud, con ternura, sintiendo las maravillosas sensaciones
que produce el sexo entre personas de la misma sangre.
Lo mas intimo y profundo de ambos, nuestros genes se estaban removiendo.
La unión mas prohibida, mas satanizada, era en realidad la unión
perfecta,
maravillosa de un hombre y una mujer que tienen instintos muy desarrollados.
--me....me duele un poco pero es agradable hermano-- dijo ella, sin dejar de
hacer su culo hacia atrás.
De pronto estuvo totalmente penetrada por mí.
Inicie un movimiento lento, calculado y cuidadoso, ella gemía.
--aaaaahhhhhhhhh aaaaaaaaahhhhhhhh es deliciosooooooooooo-------grito
mientras yo seguía taladrando, perforando el maravilloso ano que
asombrosamente se dilataba muy bien.
Mi verga estaba en su interior y mis testículos tocaban
el hermoso coño que
me encanta acariciar.
Me moví cada vez más rápido, mi hermana correspondía
a esos movimiento,
además de brindarme sus presiones anales, mi verga estaba en el interior
de
una deliciosa maquina sexual, nuestro ritmo ascendía, sus manos estrujaban
el metal de la cabecera de latón, su garganta emitía excitantes
gemidos, y
mis manos no paraban de sobar ese escultural cuerpo.
Mi hermana tenso su espalda a la vez que yo sentía la
llegada de un nuevo
orgasmo, ella comenzó a venirse, yo le metí tres dedos de golpe
en la vagina
y eso fue la locura, pues la presión extra la hizo gritar en medio de
un
paroxismo.
Y en el interior de esas oleadas yo eyaculé en un orgasmo telúrico,
estando
hasta el fondo de sus entrañas.
Ambos gritábamos como locos, presas de un placer mortal.
Bien amigos, aquí llega la tercera parte de estas anécdotas
reales, que
estamos redactando aquí, en el palacio del sexo, otro día les
contare donde
esta este lugar.
Quisiera enviar unos saludos en respuesta de todos los mails que nos envían
a diario.
Quiero que sepan todos que estas son experiencias reales, que si tardamos
tanto en escribirlas es porque hay muchos recuerdos que poner en claro y una
redacción tiene que ser aprobada por toda la familia.
Un mensaje a los moralistas.
Si, es posible que nosotros seamos unos depravados, sucios y todo lo que
dicen, pero jamás hemos cometido el pecado de pelear entre hermanos,
traicionar a una pareja con una noche de lujuria en secreto o el máximo
pecado.
La hipocresía de gentes que desearían follar con sus hermanos
y no se
atreven por miedo a que las vaya mal o por temor a la ridícula idea de
un
castigo.
Si alguien quiere compartir historias con nosotros, serán muy bien
recibidas.
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