El club de la sofisticación.
Hetero-general, dominación, lésbico, orgía. Elingreso en esta prestigioso club no solo abre las puertas del éxito, si no tambien las del deseo.
Como cada Viernes, se celebraba una mística
reunión en el comedor de la empresa. Los agentes financieros de la afamada
firma, confraternizaban con sus rivales femeninas, la hora del almuerzo enterraba
el hacha de guerra, una hora de disipación y relajación en mitad
del conflicto de intereses. Un puñado de jóvenes de ambos sexos
afanados siete horas al día para conseguir el mayor número de
ventas al mes para su sexuado equipo, ellos contra ellas, ellas contra ellos
siempre la misma historia, pero funcionaba, baya que si funcionaba, récord
tras récord y más pingües beneficios para la empresa y claro
está, para los equipos victoriosos. Este sistema tan avispado había
generado un estatus social elevado, unos yuppie´s de “refinados
y caros gustos”, vestidos caros y claro ropa interior de marca que marca
la diferencia en el cuerpo, éste bien cuidado de masajes y gimnasias
con dietas tan estrictas como damas institutrices austríacas, veloces
automóviles de renombrados fabricantes dormitaban en marcadas plazas
de garaje alejados de la plebe y por supuesto complementos de todos los gustos
y altísimos precios que se apilaban en armarios y demás estancias
de bien situados áticos y chalets de la mejor zona.
Fiestas y regodeos culminaban la semana. Hoy en el chalet de tal... La semana
que viene en el de cual... La sonriente vida marchaba para estas criaturas del
dinero de una forma rápida y dislocada. Entre esta vorágine de
lobos y lobas un selecto grupo entre los grupos de tres hermosas damas de los
altos negocios destacaba por encima de todos y todas. Bien conocidos esta triada,
de singulares cuerpos y mentes con gustos muy similares se apiñaban dé
tal forma que era prácticamente un suicidio intentar entrar en su círculo
privado.
Como la desgracia es ajena a la opulencia, el grupo de trabajo se vio mermado
por la muerte de una fémina de tan opulento mundo, las exequias congregaron
a toda la pléyade del negocio. Allí sé oyó de todo
y todos dijeron algo pero mucho más se callo e íntimamente se
recordó alguna erección que otra se produjo, aunque para ser sincero,
fueron muchas más las tangas que con los recuerdos comenzaron a rezumar
fluidos. Unos y otros genitales coincidían en una cosa, mujer ante todo
y bisexual para más señas amigas de los penes de sus amigos y
amantisima de las vulvas de sus amigas. El pene que logro ser albergado en su
profundo y húmedo claustro la llorará siempre, la vulva que fue
lamida y penetrada por sus diligentes dedos mestruará en su honor siempre.
Un metro setenta de bien formado cuerpo, con pechos altaneros y caderas que
a base de gimnasio, se decía de escándalo; Una cara aniñada
que tenia una succionadora boca perfilada de unos carnosos labios que eran expertos
besadores, de bonitos y nacarados dientes listos para el erótico mordisco
en el miembro del miembro que se terciara. Nariz fina y penetrante capaz de
olisquear el ano más peludo o depilado coño. De hábil lengua
en el discurso como en el cunilinguos, de espléndida retórica
y larga felación. Ojos de gris claro y diáfano mirar sin ser observada.
Todo esto sobre una cabeza poblada da una melena negra y lisa que fuera el mejor
asidero del gozante y la mejor caricia de los dedos de la gozante amiga.
Un binomio de apretados pechos, no muy grandes, pero si firmes y voluptuosos
de tersura limpia y bien rematados con dos grandes pezones de suave tacto y
firme presencia sobre unas hermosas aureolas oscurecidas por los mil y un usos.
De bien formados hombros y espalda inmaculada para terminar en un redondo par
de glúteos casi pluscuamperfectos por obra y gracia del cirujano plástico
que albergaban un ano tan conocido por sus exploradores que no tenía
secretos para las avezadas excursionistas y como el vello no está de
moda, un bien depilado pubis, plano entre los planos y formando un triángulo
lujurioso que siempre fue el centro de erectos y selectos miembros, atril de
las mejores oradoras de este selecto mundo, que por su carnosidad y prominencia
era la delicia de todos y cada unos de los afortunados que lo contemplaron;
no tuvo parangón entre las demás entrepiernas de las esculturales
negociantes, por mucho que se rozara, lamiera y penetrara era indomable e incansable,
agradecido donde los hubiere regalaba tales orgasmos que podía doblar
a la más afamada verga del país si se lo propusiera. Mesalina
para los íntimos y Afrodita para las íntimas vaginas que con ella
gozaron.
Muchos y muchas lloraron su irreparable pérdida, pero como el negocio
es el negocio, la firma no tuvo mucho asco en sustituirla por otra bella dama
de las finanzas...
Tras muchas entrevistas, muchas lecturas de curriculums vitae, muchos ágapes
y duras reuniones de gabinete de selección de personal, donde duran lo
que duran y salen las decisiones que salen sobre un sillón de producción
que conoce a la perfección la anatomía de las futuras socias del
grupo y las marcas de las marcas que producen los ajustados o carentes tangas
que portan cuando son expuestos a la luz del sol en las playas nudistas de las
islas o simplemente a los rayos uva del gimnasio.
El ansiado día llegó y con él la nueva adquisición
de la firma. Todos quedaron boquiabiertos cuando entró por la puerta
de la sala de ordenadores del equipo de las chicas una figura de mujer de mediana
estatura y complexión robusta, de amplísimo pecho, fuerte espalda
y redonda cadera, unido por una cintura que denotaba la práctica de algún
deporte que le hacía mantenerse en su sitio. Enfundada en unas medias
negras de maya con costura posterior, se alzaba sobre unos zapatos de punta
estrecha y fino tacón alto, una verdadera delicia para torturar unos
hermosos pies.
La blanca, blanquísima blusa de tenue gasa, apenas si contenía
esas enormes ánforas que la fémina ostentaba, la transparencia
de la tela era tal que todas las demás damas de las finanzas pudieron
ver unos pechos redondos, torneados y rematados por unos oscuros y grandes pezones,
que amenazaban con rasgar la pechera, arrancando para ello si fuera preciso
todos los bordados que la adornaban.
El sujetador inexistente, ponía de manifiesto y a todas luces, lo duros
y tersos que eran, insultaban con su rotudez a todas ellas, portadoras de por
vida de aros y blondas con su etiqueta de firma que una tras otra miraron hasta
palidecer de envidia.
Con la elegancia de una dama, poso con gracia el bolso de mano que portaba,
para sin complejos alargar una mano al tirante de la bolsa porta ordenador personal
que le colgaba el hombro izquierdo. Sus manos cuidadas con el esmero de la manicura,
presentaban uñas de un color rojo intenso afiladas como las de un puma
a la antigua usanza. Gráciles dedos desnudos de compromisos y ataduras,
solo esclava del tiempo que trataba de hacer oro, un único ojo de carbono
la adornaba en su dedo anular, completando de esta manera la sobria elegancia
de la belleza.
Todo el conjunto de hermosura se hallaba envuelto por una chaqueta de negro
terciopelo que hacía juego con la falda de cuero que se ceñía
sobre todo su contorno hasta cubrir las piernas a la altura de la rodilla. Su
estrechez y poca elasticidad, forzaban a la nueva ejecutiva a sostener un paso
de modelo en una pasarela, contoneando su cuerpo como un junco a merced del
viento, tras esta breve pero sustancial caminata, quedo parada en el centro
de la estancia.
Una figura por detrás de ella hacía las veces de Cicerone y la
mostraba la firma. Presento a Laura a todo el personal femenino y tras un breve
discurso tan cursi como vacío se alejo saliendo hacía su despacho.
La veintena de jóvenes mujeres se presentaron, quedando para el final
el trío compuesto por Ana, Susana y Lorena, la exquisitez hecha cuadrilla.
Besos en las mejillas tan falsos como un doblón de plástico, tan
teatrales que merecían del aplauso de las mejillas por huidizos.
Laura toma asiento en el antiguo sitio de la desaparecida y siempre venerada
diosa el placer y la dulzura que tanto sexo dio y recibió de todos y
todas sus amantes compañeras de oficio.
Agotador del día que se hacía más insoportable por la ineficacia
del aire acondicionado. El calor que desprendían los equipos conectados
y los cuerpos que los manejaban generaban una serie de olores que se entremezclaban
al final del día. El olor del colorete, lacas, máscara de pestañas,
perfumes y desodorantes se convertía en una mezcla ocre a los olfatos
normales, solo los más finos percibían entre esta mezcolanza ese
olor a hembra sudada, las vaginas ya acusaban el cansancio del agotador día,
pedían a gritos un bidé con un oloroso y delicado jabón,
los pechos se asentaban en humedecidas copas por el sudor absorbido, las bragas
penetradoras ya a estas horas, hacían de su salva braga su aliado y cómplice
la tira de los tangas se ajustaba a la raja del culo como una enredadera a su
guía y claro, sin olvidar que otras en su ciclo menstrual también
agregaba un toque de almizclado ambiente. Todo este batiburrillo de olores se
deslizaba entre las enfundadas piernas con seda natural, aprovechando la postura
obscena de la apertura máxima que los escritorios dejaban. Laura fue
consciente de todo ello y casi podía señalar a las menstruantes
compañeras de las que su ciclo estaba quieto, tan fina nariz la alerto
de las relaciones que algunas tenían a escondidas con duros objetos que
colocaban sobre sus sillones y que con imperceptibles movimientos hacían
circular con deleite por el interior de sus gozosos cuerpos, ese olor inconfundible
de sexo en su más alto clímax la sacaba de quicio.
Con el paso de las semanas, la incorporación de Laura a todas las actividades
era más que evidente, tal era el caso, que pronto fue reclamada por la
triada magnifica, para que acudiera a una de sus fiestas. El evento se celebraría
como en otras ocasiones en casa de Ana, una magnifica casa a las afueras de
la ciudad, situada en una zona residencial de alto nivel adquisitivo.
Laura acudió casi sin ganas, pensó que era algo prematuro el integrarse
de esa forma en esa sociedad tan competitiva que representaban la empresa, ella
tenía de momento bastante con acudir de forma regular al hotelito de
las afueras que poseía el director general, hombre ya entrado en años
y algo achacoso que la dispensaba un trato tan especial como esmerado y gracias
al cual posicionaba sus hermosas caderas en el puesto que ostentaba.
Vestida para la ocasión con un conjunto a la moda, su blanca minifalda
con amplio vuelo, resaltaba sus caderas de una forma notable, cualquier ojo
inexperto se daba cuenta de que las medias brillaban por su ausencia, un buen
depilado y unas sesiones de sol artificial hacían el resto. El ambiente
de los sesenta se hacía claro por las indumentarias, Laura no era la
excepción y sobre el jersey sin mangas y con cuello de cisne en color
violeta, lucía un cinturón ancho rematado por una hebilla de gran
tamaño. Por encima de las piernas y justo hasta debajo de la articulación
de la rodilla unas altas botas de blanco cuero y suela de plataforma culminaban
el conjunto psicodélico del sesenta.
Todos los invitados formaban corrillos en los que las risas y cotilleos del
mundanal trabajo eran pieza fundamental, unos y otros se apretaban en cuanto
podían, el alcohol y otros divertimentos se dejaban ver por todos los
lugares, era un mundo dentro del mundo, con sus clases y sus miserias.
Reconoció a la pelirroja que se sentaba en el lugar más alejado
de la estancia y que se hallaba flanqueado por dos columnas casi formando una
pequeña e intima guarida, reconoció su olor, ese peculiar olor
que desprendía su masturbada vulva. Tenía por costumbre esta compañera,
entrar minutos antes del inicio de sesión bursátil en el servicio
y salir con el paso algo apretado, como sujetando algo muy dentro de si, su
falda no presentaba la misma lozanía que al entrar en el excusado, presentaba
siempre arrugas y poco esmero en su colocación. Acto seguido y sin percatarse
de que es observada cotidianamente, se sienta en su madriguera y con disimulados
movimientos se alza la falda casi hasta su cintura y coloca con sus manos entre
la entrepierna algo que pega sobre el cuero del sillón, verla gozar entre
el tumulto es algo fascinante, recordó Laura mientras esbozaba para sí
una sonrisa y se giraba para llevar su vista hacia otro lado, “Menuda
guarida tiene esta pequeña zorrita” pensó mientras cruzaba
la sala con intención de hallar a su anfitriona.
Las horas pasaban y no hallo a su compañera Ana, parecía como
si hubiera desaparecido, era curioso que Susana y Lorena, habían deambulado
por la estancia alternativamente con unos y otros, entrando y saliendo por las
distintas puertas y en compañías variopintas. Esto la animó
a explorar por su cuenta, el chalet era amplio, bastante amplio pensó,
al ver como al recorrerlo se abrían ante ella una tras otras, piezas
de gran tamaño, todas ellas bien organizadas y decoradas con un buen
gusto digno de ser elogiado. Sillones de orejas, mesas de te y ajedrez y otros
elegante muebles completaban la decoración.
Una estancia le llamo poderosamente la atención se trataba de un salón
casi desnudo, con una serie de filas de sillas colocadas al estilo de las salas
del trono de los castillos medievales, en una de las paredes, se alzaba una
especie de tarima que tras de si tenía una estufa francesa de grandes
dimensiones; “Un pequeño trono” se dijo, las cortinas de
gruesa tela recordaban una entrada oculta a una cripta, que como comprobó
al acercarse, así era, puesto que disimulaban la puerta que daba a otra
salita que curiosamente, tenía una tarima en una de sus paredes, lo que
intrigó a Laura. Al acercarse y subir pudo percatarse de una serie de
orificios practicados en las paredes y que por arte de magia coincidían
a la perfección con la posición de los ojos; “Menuda voyeur
esta hecha esta mosquita muerta... Si se enterarán en el despacho”
Se río para sus adentros y se acercó subiendo hasta uno de los
miradores, no soporto la curiosidad y acerco su cara... No lo podía creer
aunque sus ojos se lo estaban mostrando. En una habitación contigua dos
mujeres vestidas con cuero negro y fusta en mano sujetaban a un pobre diablo
a una especie de potro como los usados en los gimnasios. El pobre diablo por
que se trataba de un hombre, tal y como su encadenado miembro lo decía
tenia una especie de caperuza, también de cuero, en su cabeza.
Laura aparta los ojos casi aterrada, nunca supuso que este tipo de cosas ocurriera
fuera de las novelas de pornografía, pero estaba ocurriendo ante ella.
Con la curiosidad avivada, aproximo de nuevo la cara al mirador.
Vio como una de las mujeres, cubría sus pechos con un sujetador que dejaba
al aire sus oscuras aureolas y unos erectos y argollados pezones, de los cuales
y pendiendo de las argollas que en ellos se hallaban clavadas, unas cadenas
que se juntaban en su entre pierna.
Laura observo que la rubia mujer, ocultaba tras un negro antifaz, su cara. Lo
que si se le mostró con toda claridad, fue donde terminaban las intrigadoras
cadenas que de los pechos pendían, por la entrepierna y se alojaban en
la argolla que de los labios mayores asomaba. Sintió en si misma en su
mismo clítoris el dolor que podía sentir la rubia mujer en el
suyo. Instintivamente hundió ambas manos en su entrepierna, no lo tuvo
difícil, su minifalda colaboró sumisa.
Que infinito dolor se imagino, mientras masajeaba su propio clítoris
por en cima de la blanca braga que lo contenía, queriendo así
aliviar a la encadenada mujer. No salía de su horrorizado asombro. La
rubia fémina se giro completamente y dejo ver su enfundado trasero, en
el cual, como si de un castigo se tratara, había clavado un dildo de
brillante metal que al igual que el clítoris y los pezones, tenía
su propio sistema de sujeción, solo que no metálica, si no de
negro cuero que formaba un arnés que impedía la natural expulsión,
se fijaba este a la cintura sobre los negros zahones que al bajar hasta los
pies se convertían en largas y ajustadas botas.
La situación hacía que Laura sintiera más y más
curiosidad, una ya morbosa necesidad, se empezó a apoderar de su alma,
la ventajosa posición le empujó a ello. Estaba siendo testigo
de una de las especialidades del sexo más ocultas que había y
sin ser vista... Laura ya sin timidez, apoyo su cuerpo contra la especial pared,
tenía la forma justa para procurar una comodidad excepcional en el acto
contemplativo. “Que magnifica mente diseño esta aberración”
Se dijo sin dejar de mirar.
Se percató que la otro mujer ataviada con una especie de mono de látex,
tan ajustado, que se ceñía sobre su cuerpo como si de una segunda
piel se tratara, con aberturas especiales que dejaban salir los pechos separándolos
uno del otro y una abertura totalmente despejada en la entrepierna hasta la
raja que separa los glúteos que dejaba en disposición de ser utilizada
esta zona tanto frontal como posterior, facilitando cualquier posición
que quisiera adoptar la negra dama.
La cara completamente maquillada con abundante pintura, se proyectaba fuera
del mono, como las otras partes visibles del cuerpo, por una ajustada abertura
en el casquete que lo cerraba.
Entre amabas, manejaban al pobre sujeto a su placer, solo con tirar de la cadena
que a sus testículos una fuerte argolla se agarraba, le hacían
ir de un lado a otro de la habitación. Por fin le hacen parar y ponerse
boca arriba sobre el potro, mientras que con grilletes le amarran a él
de pies y manos. La mujer del mono se separa unos metros de la extraña
pareja, se sienta sobre un sillón de amplios brazos, alza las piernas
y abriéndolas de par en par, indica a la muchacha rubia que se acerque,
señalando su vulva con la fusta que porta en su mano derecha tras lo
cual, esta se agacha y comienza a lamer la zona para placer de la gobernanta.
La escena enardece por dentro a Laura y al pobre diablo que se halla atado al
potro. Este presenta ante las mujeres una descomunal erección, lo cual
pone los pelos de punta a la improvisada mirona, no gusta tanto a la gobernanta
por su gesto de rabia, tras lo cual y mientras propina un empellón a
su sumisa esclava que sale despedida cayendo de espaldas y con las piernas abiertas
sobre su torturado culo, lo que la hace gritar con desesperación. En
pie ya la gobernanta, asesta un fustazo sobre el erecto miembro que hace gritar
de dolor a su dueño a la par que se acerca a su esclava para asirla de
sus cadenas y tirando sin piedad de ella golpearla en la cara con la palma de
la mano mientras casi arranca las argollas de los pezones con el tirón.
Laura que esta absorta, con la escena no se percata de las caras, solo siente
que su cuerpo se pone tenso como la cuerda de una guitarra cuando presencia
como la gobernanta, sin dar descanso al pobre diablo, le toma por el erecto
y golpeado pene, con una fuerza tal que el miembro se pone al borde de la explosión,
se congestiona y enrojece por la acumulación sanguínea, el glande
se abulta queriendo rajarse en todos los sentidos bajo la presión de
los dedos de la dama que aprieta sin piedad el dolorido trozo de carne. Señalando
a la humillada esclava con la fusta, la hace levantarse del suelo con una seca
orden que resuena en toda la vacía estancia. “Ven, muerde hasta
que vea su sangre” La muchacha se eleva con trabajo y dolor, hace el amago
de tocar su taladrado culo cuando se oye “Deja ese hermoso consolador
en su sitio”
Una de las manos de Laura corre veloz sobre su cintura para tapar su agujero,
virgen e inmaculado aun. Una mano protege su vulva mientras la otra protege
su ano. Mientras ve como la esclava introduce el amoratado pende en su boca
y clava sus dientes en el con una fuerza desgarradora. Un grito rasga el aire
que les rodea, el pobre infeliz, se desmaya gritando.
“Quieta, basta ya, zorra impúdica” Como si un resorte hubiera
saltado, la joven se petrifico, como si de sal se tratara quedo inmóvil
sobre el dolorido pene del atado muchacho.
“Compénsale ahora todo el dolor que le has causado, a horcajadas
sobre él follatelo... Con estilo que yo te vea” Sin ninguna protesta
por su parte, la muchacha toma un taburete que había en una esquina de
la estancia, con paso firme y decisión coloca el mueble al lado el potro,
donde está el muchacho maniatado y con sus pies atados de igual manera
a las patas del potro, exhibe el amoratado pene más erecto aún
tras los mordiscos recibidos, la hinchazón hace que a los ojos de Laura
el varonil y torturado miembro parezca una descomunal columna. Con certeros
movimientos sobre su entrepierna, Laura, hace que su braga se empape más
y más, se reclina sobre el muro apoyando con descaro su rostro. Siente
como los fluidos corren por su periné hacia su ano, que para su sorpresa,
ella misma está masajeando hace un rato, produciéndose un deleite
que hasta ahora no había experimentado nunca.
Las dos mujeres están de espaldas de nuevo delante de Laura, solo ve
los torturados glúteos de una y los enfundados de la otra, la gobernanta
aplica de nuevo la fusta sobre el pecho del torturado gritando “Date prisa
perra, tengo que ver como se clava su polla en tu coño”. La esclava
se encarama en el taburete y levanta una de las piernas dejando ver a Laura
todo el esplendor de un coño bien depilado y brillante de jugos, solo
rompe la armonía el enrome consolador que porta en el ano; La muchacha
hace ademan de intentar sacarlo para facilitar la penetración de su vagina,
a cambio recibe un fustazo en sus elevadas nalgas y un grito “¡
No te lo permito! Quiero verlo dentro hasta la argolla” Con trabajo la
esclava eleva las nalgas mientras con una mano toma el enardecido pene y con
la otra sujeta el consolador dentro de ella para evitar que se caiga, con un
grito ahogado ve Laura como ha logrado su objetivo y alberga ya dentro de su
cuerpo tanto el enorme artefacto como el embravecido pene.
“Ni un susurro más hasta que te lo ordene, ni una mueca de placer.
Salta hasta que lo arranques de las ingles, ¡Salta te he dicho!”
Laura siente que se desmorona por dentro y sin querer aprieta sus henchidos
pechos contra la pared, sintiendo como sus enhiestos pezones la hacen daño
al clavarse dentro del seno que les porta.
La joven comienza a galopar sobre su macho, este gime por el placer que alivia
sus dolores, esto parece complacer a la gobernanta que se incorpora para ver
más de cerca el espectáculo. Se acerca a la cabeza del penitente
y sin mediar palabra con sus enguantadas manos saca de la cabeza la elástica
caperuza dejando al aire una maraña de pelo empapado por el sudor que
abundantemente rezuma la frente. Sin piedad asesta un fustazo en el pecho del
muchacho, mientras subiéndose al potro, se abre de piernas para colocar
un pie a cada lado del cuello del infortunado.
“Lame, demuéstrame que tu lengua sirve para algo más que
para lamer culos, lame mis pies ahora, ¡Te lo ordeno!” Con una lengua
que sería digna de un camaleón, el torturado, empieza a humedecer
el empeine de la alta bota, primero por la suela del tacón para elevarse
hacia el talón y bajar al empeine.
Laura al ver el espectáculo disfruta como nunca lo hubiera imaginado,
nunca penso que el arte de mirar fuera tan placentero, ahora comprende a la
perfección a su ya casi anciano benefactor, como goza el muy... Pensó
mientras recordaba como la obligaba a masturbarse delante de él, cómo
tenia que colocar en posturas cada vez más obligadas, abriendo tanto
las piernas que las ingles llegaban a dolerla y los picores que tenía
que soportar en el cuerpo al embadurnarse de ese maldito aceite de olor que
tanto le gustaba al viejo, sobretodo cuando tenía que hacer brillar más
la parte oculta de su vulva, abriendo los labios para untarse esa especie de
vaselina que los hace brillar en la oscuridad, para que su amante, protegido
en la penumbra, goce al verla introducirse el largo y estilizado consolador
de metacrilato con una bombillita dentro para iluminar la penetración
y una vez cerca del orgasmo sacar el dildo para dejando el coño tan abierto
como pueda, recibir el chorro de semen en su interior, un chorro abundante y
caliente que la sume en la desesperación aun más, por que la hace
ponerse como una burra en celo, solo lo alivia el dejarse caer sobre el brazo
del sillón y clavarse un pene de goma para lograr correrse y así
saciar su apetito.
“Qué bastardo” se repitió mientras sentía la
necesidad de clavarse la polla que la esclava tenía ahora dentro de su
coño. Laura estaba presa de una necesidad tal que ya tenía metidos
dos dedos dentro de su vulva, haciendo que la goma del camal se resintiera hasta
casi romperse. En la otra entrada, un curioso dedo ya hacía sus pinitos,
una falange entera había logrado su objetivo, se estaba taladrando el
ano. Con sus pechos rozando en la pared y sus dedos rozando por dentro, sin
dejar de mirar, vio como la gobernanta se agachaba para acomodar su entre pierna
sobre la nariz del atado muchacho.
“Huéleme el coño, que quiero sentir tu nariz dentro, como
el perro que eres. Huele hasta que me harte” el obediente esclavo, metió
dentro de los abiertos y excitados labios su nariz, tosió cuando los
fluidos vaginales penetraron en sus fosas nasales ahogándolo durante
un breve periodo de tiempo, haciendo que su gobernanta apretara más aún
su cuerpo sobre su cabeza. “Suelta a esta piltrafa de ser humano y tócame
las tetas como tu sabes, ¡Vamos hazlo ahora!” La sumisa muchacha,
eleva sus manos sobre la dama de hierro hasta la altura del pecho y clava literalmente
las uñas sobre cada uno de los pechos mientras apretaba con las palmas
los pezones.
“Bien pécora, como premio ¿Dime cuanto gozas?”
“Mucho mi ama, gozo como una perra en celo, como tu me enseñaste
a gozar, ¿Puedo correrme para tu gozo?”
“No bastarda, cuando yo te lo ordene. Perro sarnoso ¿Tienes lengua
para chupar mi clítoris?”
Laura, con el orgasmo en las yemas de sus dedos, pellizca su botón del
placer al oír la orden a la esclava y ver como sin dilación la
lengua del esclavo hacía verdaderos esfuerzos por penetrar en la enmarañada
jungla de bello pubico que rodeaba los labios mayores de la vulva que tenía
clavada sobre su nariz y que apenas le dejaba respirar. “Pobre infeliz,
si lo hace...” Pensó “Se va ahogar sin remisión”
Sin poderlo contener, Laura, estalla en un tremendo orgasmo entre espasmódicos
movimientos de cintura, pareciera que un inmenso pene la hubiera penetrado,
sentía la humedad de su vulva, en su mano. La cantidad de fluido parecía
un río desbordado, las blancas bragas estaban opacas y pegadas a sus
nalgas, la corta falda subida hasta la cintura, el ajustado jersey desenmarañado,
el sudor delimitaba a la perfección ambos senos, la tela ajustada como
otra piel, ceñida a cada uno de ellos realza su volumen haciendo una
silueta globulosa rematada en punta como un misil, tan crecidos los pezones
que quieren despegar de las congestionadas aureolas. Laura se corre en silencio
mientras el calor de sus fluidos baja por sus piernas hasta los talones por
el interior de sus altas botas.
Lentamente se recupera del bestial orgasmo y abriendo los ojos contempla como
es el ama ahora la que cabalga sobre el atado sujeto, mientras que la esclava
se afana sobre la cabeza de este, frotándose con un brío de locura
mientras grita ambas mujeres su orgasmo.
“Bonita escena te has marcado tu sola... Gracias por tu obsequio, es hora
de agradecértelo” Laura pasmada se gira sobre si misma y ve como
delante de ella y reclinada con las piernas bien abiertas para poder sobarse
el coño, esta Ama, la desaparecida anfitriona.
“No te arregles” La dijo “Me gusta ver una mujer como tu,
revuelta, sudada y con la ropa enmarañada por el placer” Mientras
se levantaba y se acercaba a ella tendiéndole la humedecida mano. “Ven
es hora de que conozcas nuestro club privado” Tomándola su también
humedecida mano, una mezcla de fluidos se produjo en el apretón, Ana,
acerco a su boca la mano de Laura e introdujo uno a uno los dedos en ella, con
una sonrisa le espetó “Me gusta como sabes por dentro” Y
una corriente eléctrica de complicidad se estableció entre ambas,
mientras salen de la estancia por una de las puertas laterales, Ana se dirige
a Laura con voz tenue: “¿Me permites que te instruya?” Esta
pregunta casi horroriza a Laura, pero la embriaguez de los sentidos hizo que
no pusiera resistencia y bajando los ojos, asintió con un leve movimiento
de cabeza “Bienvenida pues a nuestro pequeño club donde aprenderás
lo que significa sofisticación ”
Imaginativo
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