EN EL GIMNASIO
Dominación, orgía, todos contra una. El chico nuevo en un principio le iba a dar unos masajes, pero el ambiente se calentó muchísimo y...


Ya conté en otros relatos que han publicado en Marqueze que me llamo Viviana, que tengo 24 años, que vivo en Buenos Aires y que soy más o menos alta, delgada, con el cabello castaño oscuro largo y lacio, ojos negros, una boca sensual, los pechos pequeños pero bien formados, una cintura pronunciada y una cola casi perfecta. Si leyeron otros relatos míos sabrán que me gusta el sexo más bien animal y que fui iniciada sexualmente por un tío y mis dos primos, sus hijos.
Lo que voy a contar me sucedió la semana pasada y me hace pensar que soy muy ingenua, una tonta diría o que disfruto con este tipo de situaciones, o las dos cosas a la vez.
Fui al gimnasio que queda a la vuelta de mi casa como hago tres veces por semana. Voy a la mañana por lo que habitualmente hay poca gente, no más de cuatro o cinco personas, casi siempre varones.
Ese día, después de terminada mi rutina, el profesor me dijo que habían incorporado a un chico que hacía masajes y para que lo conociéramos la primera vez era gratuita para los clientes habituales del gimnasio.
Me pareció bien y quise probar. Fui a donde me indicó, una salita pequeña el la que había una camilla y un cambiador. Esperé unos segundos y apareció el masajista. Para mi sorpresa era un joven negro con un cuerpo muy bien formado que vestía una musculosa y unos pantalones de gimnasia holgados. Me resultaron llamativas sus manos enormes. Me indicó que fuera al cambiador, que me quitara la ropa y me pusiera un toallón que ahí iba a encontrar. Por como hablaba parecía extranjero, tal vez brasileño.
Me recosté en la camilla boca abajo cubierta solo con el toallón. Primero me pasó un aceite por el cuerpo y luego empezó a frotarme con firmeza. Comenzó por mi espalda, más precisamente por los hombros y fue bajando hasta la cintura. Era realmente placentero. Sentir sus manos fuertes masajeando mi cuerpo. Era como una caricia. Al llegar a la cintura cambió y fue por los pies y las piernas. Primero iba todo bien, pero después separó mis piernas y me pasaba sus manos desde los tobillos hasta los muslos por la parte interior llegando hasta rozar mi conchita lo que me puso la piel como de gallina. Al cabo de un rato estaba toda mojada. Cuando se dio cuenta me quitó la toalla que me cubría y comenzó a masajearme la cola mientras me decía que tenía una piel bárbara y un cuerpo hermoso, que le daba gusto hacer su trabajo y esas cosas. Al cabo de unos momentos en que yo estaba ya realmente excitada me hizo dar vuelta boca arriba y comenzó con una mano a acariciarme los pechos y chupar los pezones que enseguida se endurecieron, mientras con la otra mano me la pasaba por la conchita y empezaba a meter sus enormes dedos adentro lo que hizo que me llenara de jugos. Sin decir palabra tomó una de mis manos y la deslizó adentro de su pantalón hasta me encontré con su miembro. No lo vi, solo lo tenía en mi mano pero me resultó gigante. Sin dejar de jugar con sus dedos adentro de mi conchita dirigió mi mano que tenía agarrado su miembro hacia fuera del pantalón y pude comprobar que era un arma tremenda, enorme, una cosa negra, muy gruesa y muy larga y que ya estaba erguida. Hizo que la llevara a la boca y comencé a chuparla. Mientras subía y bajaba mi mano por su tronco haciendo que saliera afuera su cabeza, así como estaba acostada, de costado y bastante incómoda me las arreglaba para pasar mi lengua desde los huevos hasta la punta. Era realmente muy sabrosa, no sé, distinta.
Cuando los dos estuvimos "a punto", se ubicó a mis pies, tiró de mis piernas con fuerza de modo que quedé apoyada con la cola en la camilla y las piernas colgando y me la fue poniendo, por suerte, despacito. Ponía un poco y la sacaba y la vez siguiente un poco más hasta que estuvo toda adentro, entonces levantó mis piernas de modo que quedaron apoyadas en mi hombro. Era terrible la sensación de sentirla hasta la garganta. Como me tenía agarrada por los hombros para darse impulso, cuando bombeaba yo tenía la impresión que me iba a salir por la boca. Era tremendo lo que gozaba y comencé primero a jadear pero luego a pegar alaridos de placer, entonces me tapó la boca con la toalla para amortiguar el escándalo. Acabé enseguida, tuve un orgasmo tremendo, me di cuenta por los jugos que bañaban alrededor de mi conchita, pero el negro estaba todavía en lo mejor y seguía bombeando, como si me estuviera cabalgando. Yo sentía su jadeo y su aliento al costado de mi cara y cada tanto besaba mi cuello y mis pechos. Tuve mi segundo orgasmo y el negro seguía. Cuando se dio cuenta por mis gritos, paró, la dejó adentro un rato hasta que yo terminé. Entonces me levantó como si fuera una pluma y me dio vuelta para que quedara igual pero boca abajo. Yo estaba en el mejor de los mundos y no me di cuenta que se había sacado la musculosa y me había atado las muñecas por la espalda. En realidad me percaté pero no podía pensar en nada y mucho menos hacer algo. Tampoco había observado que por los gritos se habían acercado el profesor y las otras cuatro personas que estaban en el gimnasio. Una vez que me ató comenzó a pasarme la lengua por mi culito y a meter de a uno sus dedos por el agujerito. Quise resistirme porque, si bien lo hice por la cola, tengo un agujerito no muy grande y me duele. ¡Y además semejante miembro!. Me daba miedo. Le dije que parara que ya estaba bien pero no hubo caso. Mirá linda, me dijo, yo no terminé y tu culito me tienta, además los muchachos quieren ver como te rompo el culo ¿no es cierto muchachos? Les preguntó. Obvio que los otros se relamían y contestaron que si. Dale duro a esa putita, reviéntala a la puta esa, hacésela sentir negro, y cosas por el estilo le gritaban. Giré la cabeza y los vi atrás mío, eran cinco además del masajista negro, todos sudados y excitados, les veía sus caras llenas de lujuria y las manos en sus miembros pajeándose. Por fin el negro se decidió, se escupió en la mano y se pasó la saliva por la punta de su pija. Le brillaba, una cosa enorme, negra y brillante. Esta vez no tuvo cuidados, me pegó una fuerte palmada en la cola y me la puso, ese enorme pedazo de carne negra y dura que parecía de piedra, de golpe. Yo pegué un grito tremendo. La sacó y la volvió a meter por lo menos tres veces más, a la tercera yo me había acostumbrado. Me volvió a cabalgar sujetado de mis hombros por un buen rato hasta que acabó toneladas de leche y se echó relajado sobre mis espaldas. Creí que me moría, ¡que orgasmo!. Cuando la sacó, desanudó mis manos y se paró al costado de mi cara. Volvió a tomar mi mano para que se la agarrara y me dijo: pásale la lengua hasta que quede bien limpita. Yo no quería porque estaba muy sucia, pero tiró fuerte de mis pelos y sentí que debía hacerlo y no paré hasta que no le chupé hasta la última gota de semen, quedó como si nada hubiera pasado.
Cuando terminé ya tenía a mi profesor apuntándome con su pija a mi boca y uno de los hombres que observaron lo que el negro me había hecho ya estaba acomodando su pija en mi culito ardido y dolorido nuevamente. Tuve que chuparle la pija y llenarme la boca con la leche de los otros cinco y que me cogieran varias veces por la concha y por el culo, pero estaba agotada para resistirme, entre la sesión de gimnasia y "los masajes" del negro estaba agotada y encima estaba muy sensibilizada por lo que sentía un montón. A lo mejor ni loca lo hubiera hecho con alguno de ellos, y menos con uno que era bastante viejo y tenía un miembro que parecía una pierna más, pero en esa situación, dominada y a merced de esos hombres, me parecían maravillosos.
Estos días no volví al gimnasio, me duele todo el cuerpo, pero pienso ir mañana.
Espero que me escriban sus comentarios a viviana_l@mixmail.com

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