GLINYS (III)
Hetero, infidelidad, lésbico. Las amigas se cuentan como llegaron a casarse.


CAPÍTULO 7

Durante el mes siguiente se vieron tres veces. Los viajes de él y los "compromisos " de ella impidieron más asiduidad. Él estaba cada vez más obsesionado.
Un día recibió una visita en su despacho.
- El señor desea verla.
- ¡Que pase enseguida! -mientras se dirigía a la puerta pensó- "Lo va a estropear todo con tanta pasión"
Entró un hombre de su edad aproximada. Alto, rubio, bien parecido. Sin embargo la seriedad de su expresión le hacía desagradable.
- ¿Usted es el señor...?
- Charles, señorita, quisiera hablarle.
- Llámeme Glinys. Se parece a su padre. Naturalmente estoy a su disposición. Pero no tenía que haber venido yo hubiese ido a su despacho.
- Lo que me trae no es de la empresa aunque si es importante para ella.
- Siéntese, por favor. ¿Quiere tomar algo?
- Esto no es una visita social, señorita...
- Glinys, por favor.
- Glinys, le comentaba que le he de decir algo importante.
- Le repito que estoy a su disposición.
- ¿Es usted la amante de mi padre?
- Yo podría contestarle ¿Y a usted que le importa? Sin embargo le diré que no soy la amante de su padre. Somos buenos amigos.
- Me han informado que mantiene citas en nuestra casa y en esas citas no juegan a las cartas precisamente.
- Ignoro la propiedad de la casa. Su padre me invita a cenar y cenamos. Lo que hagamos o no, creo que pertenece a nuestra vida privada y no le importa a nadie.
- Importa a mucha gente, especialmente cuando tiene abandonada la empresa y empieza a desvariar. Me ha comunicado que piensa casarse con usted.
- ¿Acaso voy a poner en peligro su herencia? Y ahora en serio. Solo soy una buena amiga. Si le hace sentirse mejor, una amiga íntima. Pero no tengo ni idea que quiera casarse conmigo. Si lo supiera se lo diría. Los dos somos mayores de edad y no tenemos que darle cuenta a nadie ni, por lo menos a mí, me importa lo que piensen los demás, incluido usted.
"Le diré más, nuestra relación es de total libertad, podemos salir libremente con quién nos apetezca e incluso no estamos obligados a acudir a las citas y no hay que dar explicaciones. Yo no calificaría de amantes a quienes mantienen ese tipo de relaciones."
- ¡Pero él quiere casarse con usted!
- ¿Y yo que culpa tengo?
Hizo una pequeña pausa y antes que él pudiera decir algo, continuó.
- ¿No se le ha ocurrido pensar que la soledad es mala consejera? Tal vez el calor de unos hijos y los besos de un nieto le devolvieran la cordura. Ser su amiga me da ciertos derechos. Nunca hubiera ido a decirle esto pero ya que está aquí y ha tocado el tema, me atrevo a decirle algo que usted debería saber si su orgullo familiar no le hubiera cegado. Si se hubiera mantenido neutral durante el divorcio tal vez su familia estaría más unida. Tal vez sus padres dejarían de odiarse algún día. Creo que no tengo derecho a darle consejos que, además, no me ha pedido.
- Creo que me merezco los consejos. No tenía derecho a venir a molestarla. Si mi padre se casa y si no me gusta será mi problema y por otra parte si no es con usted será con otra. Debo reflexionar. Independientemente de lo que ocurra me gustaría que no me odiara demasiado.
- En cambio me gustaría que fuéramos amigos. Usted es el hijo de Pete y Pete es un buen amigo. Haga las paces con su padre. Todos serán más felices.
Una semana después Charles acudió a reunión de ejecutivos, en el descanso hizo un aparte con Glinys.
- Creo que deberías llamarme Charly. Gracias a tus consejos mi padre y yo nos hablamos y ha visto a su nieto. ¿Lo sabías?
- No he tenido ocasión de hablar con Pete. Creo que me lo dirá esta noche.
- Quiero que sepas que sigue sin gustarme lo de la boda pero no seré tu enemigo. Procuraré mantenerme neutral.
- Eso me parece bien. Como dijiste, si no es conmigo será con otra, más bien con otra, mantente neutral. Serás más feliz.
Aquella noche, después de hacer el amor, Pete se lo planteó:
- ¡No puedo más!
- No me extraña. Yo no puedo ni moverme.
- ¡Maldita sea! ¿Te burlas de mí o te haces la tonta?
- Me hago la tonta.
- Te digo que no puedo más.
- Estás volviendo a lo mismo. Creo que hicimos un trato. Para mí un trato es un trato.
- ¡Y lo respeto! Pero eso no quita lo otro. Estoy loco por ti.
- Te digo lo mismo un trato...
- ¡Sí! ¡Maldición! Lo sé. No te repitas. Solo hay una solución. ¡Cásate conmigo!
- Sabía que me lo ibas a pedir. Tu hijo me lo contó y te digo lo mismo que le dije a él: ¡amigos! ¡Solo amigos!
- Me dijo que estuvo hablando contigo, también te dijo que si no me casaba contigo lo haría con otra.
- En efecto y le dije que más bien con otra. De modo que si lo sabes todo ¿por qué me lo has preguntado? ¿Estás enamorado de mí acaso?
- Sí. Estoy loco por ti.
- Tú mismo te lo dices todo. Estás loco. Eso no es amor. Cuando me case, el hombre tendrá que amarme y yo a él. Yo no te amo. Me gustas mucho. No salgo con otros hombres, no porque no tenga ocasión, sino porque ninguno me gusta. Tienes todas las cualidades, pero no te amo.
- Lo mismo me pasa a mí. Veo a las mujeres más deseables y no me apetece salir con ellas. Yo. ¡Que nunca he perdido una ocasión! Desde que te conozco no he tocado una mujer. ¡Casémonos!
- ¡Basta! Déjalo, vas a dar lugar a me marche. Eso me disgustaría, no hemos cenado y ¡te confesaré un secreto! Si vengo a tu casa es por la comida no por ti ¿o pensabas otra cosa?
- ¡No te burles de mí!
- Jamás me burlaría de ti. Has puesto una situación terrible. O me río de la situación o tendré que irme. Opto por reírme de la situación. Te ruego que también te rías de ella y gocemos de la velada.
Lo intentaron pero les quedó el regusto.
Al otro día en casa de Penny discutieron la situación.
- No veo que hay de malo en te cases con él. Cuando se canse de ti, no tendrás que trabajar el resto de tu vida.
- No es tan sencillo. No se ha tocado el tema económico en ningún momento pero creo que el tiempo de los divorcios maravillosos pasó a la historia. Seguro que me harán firmar un montón de papeles en los que renuncio a todo. Y al final me quedaré hasta sin empleo y sin posibilidad de conseguir un trabajo decente. Además no le amo.
- Ya salió el amor. ¡Eso es lo de menos! Cuando te divorcies tendrás tiempo de amar. Lo del dinero es otra cosa. Tienes que conseguir una buena pensión en otro caso nada. Pero por otra parte si se pone muy pesado tendrás que aceptar o te jugará alguna mala pasada. Estamos en un buen lío.
- ¿Por qué dices estamos? El problema es mío. No sabe ni que somos amigas. Y tal y como están las cosas hemos de procurar que no se entere o te verás en la calle y recuerda que te gusta vivir bien.
- Glinys, de alguna manera te metí en esto. Te hice y te metí en su cama, metafóricamente hablando, si no recuerdo mal no habéis estado en una cama juntos. Alguna culpa tendré.
- Me niego a que tengas culpa. Si te hubiera hecho caso ahora sería una amante despedida, en el paro pero con buenas joyas que vender. Pero me empeñé en mi sistema ¡y mírame! No me ha hecho ni un solo regalo.
Pete se fue de viaje una semana. Después de la reunión de ejecutivos le dijo:
- ¿Vendrás esta noche?
- Si no tocas ciertos temas, iré.
- Te lo prometo.
A otro día le comentó a Penny:
- Se portó encantador. Algo bajo de forma pero encantador. Estará cansado del viaje.
Habían tomado el acuerdo de verse solo en el trabajo, no sin la oposición de Penny, pero Glinys fue tajante en eso.
- No correrá peligro tu trabajo. ¡De ninguna manera! O aceptas o pediré el traslado a otro departamento y no te volveré a hablar.
No volvería a su casa ni se verían en la calle. Cuando él estuviera de viaje, en fin de semana, se verían en otra ciudad asegurándose que nadie las seguía.
En los dos días siguientes tuvieron sendos encuentros en el despacho. Al tercer día se presentó Charly.
- No te contaré los detalles pero mi padre me ha mandado a que pida tu mano con toda la formalidad que se estila en estos casos. Aquí tienes el anillo. Te aconsejo que te lo pongas y vayas a verle. A mi padre no le gustan las negativas. Siempre se ha salido con la suya y hará todo lo posible y lo imposible en este caso. Creo que te ama, por lo menos a su manera y por lo que me ha contado tú también.
- Aunque no me des detalles me gustaría que me contaras los puntos más sobresalientes del acuerdo a que has llegado con tu padre para venir a pedir mi mano.
- Me ha puesto entre la espada y la pared. Al final para quitármelo de encima le he puesto una condición. Tú renunciarás a cualquier cantidad en caso de divorcio. Se ha puesto histérico pero ha cedido. Solo que yo también he cedido. Si te divorcias recibirás medio millón en un pago único. Sabes que no es nada personal, te dije que si no eras tú, sería otra, por tanto estas condiciones serían las mismas. No puedo permitir que los divorcios arruinen las empresas. Un divorcio sin condiciones haría tambalearse el negocio. Si mi madre no hubiese dejado su parte hubiéramos ido a la quiebra.
- ¿Has traído los papeles? Te los firmaré.
Firmó. Esta escena me resultaba familiar pero no se lo dije. Siguió con su relato.
Se casaron en Diciembre y estuvieron hasta Navidad en Las Vegas y en Los Ángeles con una breve escapada a Acapulco. Las fiestas fueron un desastre. Recibieron en su casa a los hijos de Pete. Ellos fueron a sus casas y todos cumplieron con los deberes familiares con sonrisas tan amplias como falsas.
En enero volvieron a la rutina. Ella insistió en seguir en la empresa alegando su pobreza y Pete le dio un cargo de ejecutivo sin demasiadas funciones. Pero el sueldo era jugoso y necesitaba ahorrar todo lo posible para cuando llegara lo inevitable. Seguía sonándome la situación como algo familiar.
A principios de febrero, descubrió que Pete necesitaba muchos días para recargar lo cual no le sorprendió. Lo que le había sorprendido fue la anterior fogosidad.
A principios de marzo, que había otras mujeres lo cual redujo, aún más, sus relaciones. A partir de ese momento se preparó para un desenlace rápido. Como su trabajo era simbólico estudiaba en su despacho preparándose para el dudoso futuro. ¿De qué me sonaban estas cosas? Aunque con medio millón en el banco, el futuro no es demasiado dudoso.
Nuestros maridos insistieron en tomar unos helados y el relato se detuvo. Poco quedaba ya. Esa historia la conocía. Supongo que será la misma que la de otras muchas mujeres, con variantes, pero las líneas generales las mismas.
Esta historia que sentía tan próxima, aumentó mi simpatía por Glinys y me prometí que cultivaría su amistad cuanto pudiera. Al menos mientras duraran nuestros matrimonios y pudiéramos viajar sin problemas.
- Chicas, creo que es tarde - dijo Pete- aunque para la gente debe ser muy temprano pues nadie se va a dormir.
- Tu mandas Pete, sois nuestros huéspedes y tu decides.
No era necesario mucho estímulo para que el machismo de Darío brillara en todo su esplendor.
Volvimos al hotel, que estaba cerca. Ellos delante hablando de sus cosas y nosotras detrás cogidas del brazo.
Le pregunté a Glinys:
- ¿Que ha pasado con Penny? Creo que tiene una personalidad muy interesante. Me gustará conocerla.
- Está bien. No vemos muy poco. La llamo desde cabinas a su casa y alguna vez voy de inspección a su despacho. Una vez nos hicimos confidencias en el club, a raíz de sentir los cuernos en mi frente. Gracias a sus consejos llevo los cuernos, no tan numerosos como este quisiera, con mucha tranquilidad. En marzo me enteré que se jubilaba el director de una filial y sondeé a Pete. Naturalmente tenía su candidato. Presione suave pero con firmeza. El mes pasado Penny ocupó el puesto. Debo reconocer que no me costó mucho. Curiosamente, Pete la consideraba más útil como ejecutiva que como directora.
Me quedaban algunas preguntas pero habíamos llegado al hotel y nos despedimos.


CAPÍTULO 8

En la habitación Darío me comentó como de pasada:
- Parece que al final os habéis hecho buenas amigas.
Una repentina corazonada me hizo contestar:
- Recuerda mi trabajo. Creo que soy buena en él. Así que soy la perfecta amiga y seré todo lo que haga falta ser. Esto es muy importante para ti y estaré a la altura.
- Eso está bien. Pero me hubiera gustado que congeniarais, ahora bien si no puede ser, no puede ser.
- ¿Qué planes tienes para mañana?
- A las nueve tenemos una reunión con alguien de aquí, tú puedes acompañar a Glinys.
- ¡Eso si que no! ¡Me niego! No pienso levantarme hasta las once por lo menos. ¡Que duerma un poco la rubia esa!
- Espero no tener que recordarte tu trabajo.
- ¡Vale! Pero al menos insinúale que aquí la costumbre es levantarse más tarde.
A la mañana siguiente, Pete llamó por teléfono para ver si estábamos levantados, a lo que, Darío desde la cama, contestó que él si pero yo todavía dormía. Por lo visto Glinys también estaba en la cama. Por tanto los hombres bajaron a desayunar prometiendo volver antes de la comida y yo continué durmiendo.
Pero las cosas buenas no duran demasiado, al cuarto de hora, a mí me pareció un segundo, de cerrar los ojos llamaron a la puerta. Me puse una bata y abrí. Allí estaba la rubia.
- ¡Buenos días! -Y se coló en la habitación.
- Pasa, no te quedes en la puerta.
Desde el centro de la habitación se volvió y me dijo:
- Pero si ya estoy dentro, cierra la puerta, quiero que hablemos.
- Lo siento pero tengo mucho sueño, pero tú puedes hablar que no te escucharé.
Me quité la bata y me tumbé boca abajo. Cerré los ojos y comencé a llamar al sueño. Glinys se puso a parlotear mientras paseaba por la habitación. Me volví.
- ¡Por favor! ¡Déjame dormir, te lo suplico!
- Perdona, ¡pero tengo tantas cosas que contarte!
La miré. Verla me quitó en gran medida el sueño. Aquella mujer no era real, era el sueño de cualquier hombre y eso a pesar de lo que había prometido me producía envidia, poca, pero no había desaparecido del todo. Iba descalza, con el pelo suelto y seguro que debajo de aquella bata de seda roja dos tallas más pequeña... Bueno la bata, objetivamente, era una preciosidad de grandes flores rojas sobre fondo blanco, pero predominaba el rojo y era de su talla, solo que... Bueno, ella necesita tres tallas más para que no se note demasiado lo que tiene.
- ¿Tan importantes son esas cosas?
- No terminamos nuestra conversación anoche.
- Yo creo que está todo dicho y si queda algo me lo cuentas luego. En nombre de nuestra amistad, ¡déjame dormir!
- Es que quiero contarte mi aventura con el torero y eso no voy a contarlo delante de Peter.
- Es igual, ya me lo contarás otro día u otro año. -Y me di la vuelta-
Ella se sentó en la cama y comenzó su historia. Poco a poco la voz se hizo susurrante y yo me fui embelesando. Para dormir utilizo ropa lo más insinuante que puedo, pero Darío nunca se anima. En este caso llevaba un pantalón muy pequeño pero ancho y un top que apenas tapaba el pecho por abajo, dejando un generoso escote por arriba. Pues bien, al poco, noto como el dedo de Glinys iba recorriendo mi columna. Al principio no le di importancia pero pronto me despabiló un poco, lo suficiente como para percibir los detalles de la historia y como en el fondo yo hubiera deseado estar en el lugar de ella, poco a poco fui sintiendo un cosquilleo en mi interior.
Los detalles de la historia, la voz susurrante y el dedo juguetón consiguieron que en mi duermevela me fuera excitando de modo que cuando su mano acarició mi muslo deseara en mi interior que siguiera. Y la muy zorra siguió. Tiró suavemente del pantalón de forma que se metió por la raja presionando el clítoris. Yo no tenía una conciencia muy clara de lo que ocurría, solo deseaba que Martín me la metiera hasta el fondo y creía en mi medio sueño que él me acariciaba y me besaba en la espalda.
Me moví un poco poniéndome de semicostado, con lo que el top se subió dejando el pecho al descubierto, en mi sueño la mano de Martín me acariciaba el pezón con una dulzura exquisita, sentía los pezones duros y el placer me invadía... La otra mano de Martín se metió por entre mis muslos, los abrí, deseaba las caricias de aquel hombre maravilloso. Noté como su mano alcanzaba mi humedad, el orgasmo estaba a punto...
Me desperté de pronto.
- ¿Qué haces?
- Contarte una historia.
- ¡Me estabas metiendo mano! ¡Y besándome!
- Las amigas se besan ¿no? No tiene mayor importancia.
- Si la tiene sobre todo si los besos van acompañados de toqueteos. ¡Y que toqueteos! Además estás desnuda.
Se le había abierto la bata y lo mostraba todo. Mi mirada fue al sitio, sentía curiosidad y en efecto, allí estaba limpio y sonrosado como el de una recién nacida.
- ¿Te gusta?
- Es curioso. Lo tienes sonrosado.
- ¿Y eso qué tiene de extraño?
- Que yo lo tengo oscuro. -Me arrepentí de haber dicho eso, justo al terminar de decirlo.
- ¿A ver?
- Mujer, que cosas tienes. Es como todos, oscuro. No es necesario que lo veas, te lo puedes imaginar. Además con lo que has hecho antes no me fío de ti.
- Yo te he enseñado el mío.
- Es cierto pero yo no te pedí que lo hicieras. Además el verlo no me excita.
- ¿Piensas que me voy a excitar viéndolo? ¡Qué cosas se te ocurren! No seas chiquilla, ¡por favor, deja que le eche una mirada!
Continuó rogando y se puso tan pesada que no tuve más remedio que bajarme el pantalón y mostrarlo.
- Tiene mucho pelo, ¿no? Pero es bonito. ¿Qué te parece el mío?
- ¡Mujer! ¿Qué quieres que me parezca?
- ¡Pero míralo! Y se sincera.
No tuve mas remedio que mirar y ella con la mano se ayudó para mostrarlo convenientemente.
- Es bonito.
- Pero míralo, míralo bien.
- ¿Qué es lo que tienes ahí?
- ¿Esto? El clítoris, ya sabes. Es algo más grande de lo normal.
-¡Es enorme! El mío es insignificante y con el pelo ni se nota. Oye ¿no estará en erección?
- ¡Si estuviera Martín en lugar tuyo! ¡Tenías que haberlo visto ayer! -Pensé que si en reposo medía casi un centímetro, en erección... No quise ni pensarlo- El que tú lo tengas pequeño no tiene importancia el placer es el mismo. Y en cuanto al pelo tiene fácil solución. Si quieres te afeito en un momento.
Me quedé dudando.
- ¡Vamos! Darío se llevará una sorpresa. Y si no le gusta pronto crecerá.
Yo lo tenía en parte afeitado, lo que deja al descubierto el bañador pero aún quedaba una buena pelambrera. Me tomó de la mano. Intenté resistirme, pero Glinys me saca más de diez centímetros y más de veinte kilos, totalmente inútil.
- Vamos al baño, utilizaremos las cosas de Darío.
Me sentó en la bañera y con la ducha caliente me mojó bien. Luego me enjabonó y frotó un rato y con la ducha y su mano me quitó completamente el jabón. Comencé a sentir placer. Rechacé la idea. Le pregunté.
- ¿No hubiese sido mejor ducharme entera?
- Después te explicaré el motivo. Limítate a relajarte y déjame hacer.
Me relajé, creo que demasiado porque su frotamiento, aunque más que un frotamiento, parecían caricias, me estaba excitando. Cogió espuma de afeitar y volvió a frotar. Cuando pasó la maquinilla esta se deslizó suave. Volvió a enjabonar y dar otra pasada. Volvió a lavar concienzudamente y volví a sentir la excitación. Me repetía:
- Es una mujer.
Pero no servía de mucho. Tomó una loción y me la aplicó con cuidado frotando con suavidad. Trajo un espejo.
- ¿Qué tal?
La mancha negra se había convertido en un triángulo blanco, lechoso que se oscurecía más abajo.
- ¡Que horror! Tan blanco.
- Eso se te quita en dos días con el sol. Pero cuidado, por lo que veo nunca te ha dado el sol y podrías quemarte. Pero ¡tú sabes de eso más que yo!
Me secó las piernas y me llevó hasta la cama donde me sentó. Se acercó a contemplar su obra. Miró y volvió a mirar, tocó, acarició, acercó la cabeza. Para que pudiera ver bien, me eché en la cama sobre los codos. Entonces me besó. Sentí un estremecimiento. Me volvió a besar. Me moví incorporándome. Apoyo su mano entre mis pechos y empujó.
- Relájate. Tranquila. Todo está bien.
Nada estaba bien, intenté moverme pero la mano sobre el pecho y la otra sobre el muslo lo impidieron, el placer me invadía. Cerré los ojos. Sus caricias seguían, suaves, tiernas como intentando no despertarme. Se quedó mi mente en blanco, me oí gemir, al principio como un jadeo, que fue creciendo hasta convertirse en un grito cuando tuve el orgasmo. Lo asimilé y en vez de horrorizarme pensé:
- El primero en más de un mes.
Glinys se echó a mi lado. Comenzó con sus caricias por el cuello, los pechos, el vientre... yo me retorcía gimiendo. Luego me besó. Sentí su lengua hurgar en mi boca. Ya no pensaba. Comencé a actuar. Mi lengua penetró en su boca, se enroscó a la suya, perdí la noción del tiempo. De pronto me detuve pero ella no me dio respiro, bajó por mi cuerpo besándome hasta que su lengua volvió a jugar con mi clítoris y ya no hubo solución, me corrí como no me había corrido en mucho tiempo. No dio tregua, en las nubes de mi mente pensé que con imaginar que era la lengua de Martín, que más daba, así que me relajé y me dispuse a tener los orgasmos que no me había dado Darío en aquellos dos años. El tiempo se detuvo, solo había un placer intenso que me tenía enajenada. Sentí algo en mis labios, de forma maquinal, besé y mi lengua acarició. Los gritos de Glinys me sacaron de mi estupor. ¡Le había estado comiendo el coño! ¡No me lo podía creer! Glinys debió notar algo porque cambió de posición y me besó. Ante su beso abrí la boca mecánicamente y la dejé hacer.
¿No ha sido maravilloso?
- No. Yo no soy lesbiana y he hecho cosas de las que me arrepentiré. ¡Tú no eres mi amiga!
- ¡Que tontería! Yo tampoco lo soy, lo que hemos hecho solo ha sido un juego inocente.
- ¿Inocente?
- ¡Si! Inocente. ¿Crees que si hubiese habido un hombre te habría acariciado? Esto no es más que un inocente desahogo de dos mujeres que necesitan mucho cariño, ¿o es que Darío te da lo que necesitas? ¿Acaso mi lengua era distinta de la de un hombre? Por razones obvias no podemos engañar a nuestros maridos y tampoco podemos hacerlo con cualquier mujer, pero nosotras dos estamos en condiciones inmejorables para tener el placer que se nos niega. Aprovechemos estos días en que estaremos juntas que ya vendrán los tiempos de sequía.
Estuvo un rato desmontando mis objeciones hasta que al final acabé aceptando como un mal menor.
Nos pusimos las batas y nos sentamos una frente a la otra.
- ¿Por qué no quisiste que me duchara?
- Tienes un olor excitante, si te hubieras duchado se habría perdido. Y estaba disfrutando mucho con él.
- ¿Y ahora?
- Ahora tu olor me llega hasta aquí, fuerte, agresivo. Si entrara un hombre en este momento, te violaría. ¿Tu no aprecias los olores o es que no huelo?
- No me he parado a pensarlo. Te lo diré cuando lo sepa.
- Hay una duda que me corroe desde anoche. En realidad tengo la seguridad pero quiero que me confirmes que Penny es lesbiana.
- Es cierto. Tú y yo podemos tener un escarceo con una mujer pero lo nuestro son los hombres. Ni siquiera somos bisexuales. Somos heterosexuales que alguna vez necesitamos la ternura que solo puede dar una mujer
- No puedo creer que yo haya hecho el amor con una mujer. Si cuando entré por esa puerta me hubieras dicho que antes de una hora lo habríamos hecho, aún estaría riendo. Creo que me has seducido.
- Tienes razón, he cogido a la tierna jovencita y he abusado de ella.
- Creo que si Darío no me tuviera tan abandonada no lo habrías conseguido. ¡Pero necesitaba tanto un buen revolcón! Me ha venido bien. He liberado muchas tensiones.
- Yo también y tendremos que liberar muchas más antes de despedirnos.
- Cuando me enfríe y piense serenamente creo que no volveré a hacerlo.
- Lo harás. Cuando pase el suficiente tiempo. Lo necesitarás. Pero no me refería eso. Eliminaremos tensiones con hombres aunque no sean portentos pero lo haremos con hombres.
Sonó el teléfono. Era Darío.
- ¿Qué haces? Ya no tendréis tiempo de dar un paseo. Terminad las maletas que nos marchamos. Díselo a Glinys.
- Es Darío, que hagamos las maletas que vienen en seguida. ¡Ah! Casi se me olvida, anoche le dejé claro a Darío que definitivamente estar contigo es un autentico suplicio, que eres una tal y una cual. Sería conveniente que hicieras lo mismo con Peter.
Glinys corrió a su habitación. Metí las cosas en la maleta y me eché un vestido por encima. Con la prisa se nos olvidó ducharnos y hasta ponerme las bragas.
Cuando llegó Darío estaba lista. Llamó al botones y bajamos al coche.

CAPÍTULO 9


Creo que ha llegado el momento de contar como llegué a casarme con Darío.
Yo no tengo estudios universitarios, soy bastante mala con los libros. Sin embargo me las apañé para ir aprobando los sucesivos cursos. De modo que en el último curso de bachiller, me encontré con dos asignaturas pendientes y sin base ni conocimientos suficientes. Por tanto ocurrió lo que tenía que ocurrir: me suspendieron. Y como ya era casi mayor de edad, decidí que ya estaba bien y me fui a Irlanda a aprender inglés, a Cork, concretamente, pensando que allí habría pocos españoles y tendría que aprender el idioma por fuerza. Y lo aprendí. Luego me fui a Luxemburgo y aprendí el francés y algo de alemán y me vine a buscar trabajo. Para entonces ya tenía este cuerpo y sabiendo idiomas pensé que lo mejor era colocarme de algo así como relaciones públicas, atención personalizada a clientes importantes o algo parecido, nada de contabilidad, ni cartas ni nada que requiriera unos conocimientos que, evidentemente, no tenía.
Si conseguía el trabajo, cosa harto dudosa, duraría poco. Las empresas periódicamente despiden al personal menos necesario y yo iba a ser la menos necesaria. Con algo menos de suerte conseguiría trabajo como recepcionista. Por tanto mi objetivo era situarme a la vista del dinero y que alguno de sus afortunados poseedores me comprara. Si estoy contando mi historia, he de ser sincera y llamar a las cosas por su nombre. Prefería ser la posesión de un rico que la compañera con igualdad de derechos de un pobre. ¡Son formas de pensar!
El primer intento fue un desastre. Me costó bastante llegar al gran jefe y cuando le propuse el trabajo se rió de mí. Si no hubiese ido preparada para cualquier situación hubiera salido corriendo, con todo me costó un trabajo enorme no estrellarle una escultura en la cabeza.
El siguiente intento también requirió mucha paciencia, pero ya tenía experiencia y lo planteé con leves cambios. El hombre se sorprendió un poco ante mi pretensión y con gran amabilidad me dijo que era una buena idea, que la estudiaría, que la propondría, etc. me pidió el curriculum y me despidió amablemente.
El tercer intento salió a pedir de boca. Como era costumbre, me costó llegar al gran jefe. Darío me pareció un tipo mayor, se podría decir que interesante. En cuanto me vio le brillaron los ojos. Yo me dije: "En menos de cinco minutos me propone meterme en la cama". Tardó un poco más pero lo hizo. Eso sí, muy discreto. Las cosas ocurrieron más o menos así:
Se levantó de su mesa y me invitó a sentarme en el sofá. -Esto empieza bien.- Me dije. Se acercó al bar y preguntó:
-¿Quiere tomar algo?
Le pedí un refresco. No suelo beber, pero en una entrevista de trabajo no vas a empezar diciendo "¡Me gusta el alcohol", pero como el no tenia que pedir trabajo se sirvió un más que generoso trago. Se sentó en el sofá, demasiado cerca, y con la mejor sonrisa preguntó por el motivo de tan grata presencia.
Le expliqué la idea que yo tenía del trabajo y él me pidió aclaraciones pero utilizando el inglés. Se las di. Me volvió a preguntar. Le volví a contestar. Y utilizando el francés, bastante mal por cierto, dijo:
- Si no he entendido mal, ¿usted estaría dispuesta a cualquier hora y para lo que esa persona deseara?
Se encendieron todas las alarmas. Le contesté en un francés perfecto:
- Aparentemente. Esa persona lo creerá así e incluso actuará convencido que su anfitriona es, digamos, una chica para todo. Pero, y ahí creo que está la parte más importante del trabajo, nunca tendrá la suficiente intimidad. Esa persona disfrutará de una compañía agradable, lo pasará bien y en ningún momento se verá en una situación de la que tenga que arrepentirse.
- Pero usted sabe que hay gente que espera eso precisamente, se sentirán muy decepcionados si se pasan el día haciéndose ilusiones y luego se tienen que ir al hotel solos. Creo que sería totalmente nefasto para la empresa.
- Ya he pensado en eso. Me considero con la suficiente habilidad para eliminar esas ilusiones y que la persona esté deseando irse sola al hotel.
- Creo que se sobrestima. Hay gente que consideran esos servicios como parte inseparable del trabajo, es decir, la jornada laboral comienza en un despacho y acaba con una señorita en la cama y si no hay señorita, no hay despacho.
- También he pensado en eso. Ese tipo de gente se conocen en seguida, la idea es que después de cenar, mi jornada laboral termina y toma el relevo otra señorita, que curiosamente es el tipo que a él le gusta, y que le lleva a tomar copas y a la cama.
-¿Y como sabe que le gustará la señorita?
- Porque ese es mi trabajo, adivinar los gustos de la persona en cuestión. Por otra parte no tiene tanto mérito, se supone que voy a estar con esa persona varias horas, en ese tiempo le habré hecho una ficha muy completa que, naturalmente, pasará a los archivos de la empresa.
- Bueno, la empresa podría contratar a esa señorita directamente y se ahorraría tenerla a usted en la nómina.
- Imaginaba que diría esto. El trabajo no es solo acompañar a la persona, guiándola por los sitios interesantes de la ciudad y llevándole a comer al mejor sitio, pero fíjese, no a los sitios que se consideran interesantes sino a los sitios que esa persona considera que son los más interesantes y dándole la comida que se figura que es la mejor. Cuando se vaya de la ciudad pensara que es la ciudad más maravillosa y con mejor comida y diversiones del mundo. ¡Esa es precisamente la parte valiosa de mi trabajo! Por eso es por lo que su empresa me va a pagar mi sueldo.
- Me está proponiendo un trabajo de espía. ¿O he entendido mal?
- No se trata de espiar. Yo no voy a mirar documentos sin permiso ni hacer preguntas comprometedoras, simplemente acompañaré a una persona durante varias horas durante las cuales tendremos una agradable conversación en la que se tocarán todos los temas, los aspectos interesantes para la empresa que se toque durante ella, pasarán al archivo con el ánimo de que a la próxima vez esa persona reciba mejor atención, lo cual la hará más feliz y naturalmente la empresa se beneficiará de ello.
- Naturalmente sus servicios estarán dirigidos, en el caso bastante hipotético que se consideraran útiles, hacia los clientes y proveedores que son las personas que produjeran beneficios a la empresa ¿y el personal de la empresa podría disponer de sus servicios? No en la ciudad, claro, sino en los viajes, hay directivos que no dominan los idiomas y no pueden ocuparse de ciertos detalles en los viajes, ya me entiende.
La pregunta tardó más de lo que había calculado, pero ya estaba previsto. Esta era otra pregunta clave. Opté por jugármela, si funcionaba, perfecto, si no... ¡Había más empresas! Opté por la línea de la decencia, ¡el trabajo y el placer no se mezclan!
Así que le contesté con la mayor ingenuidad de que fui capaz:
- Naturalmente todo lo que redunde en beneficio de la empresa es mi trabajo y por supuesto tener que viajar es parte de él, además espero un aumento de ingresos en estos casos, por lo demás el directivo recibiría los servicios que le he explicado antes, incluso cuando mi cansancio me impidiera seguir en su compañía le presentaría a una señorita totalmente de su agrado, siempre y cuando las directrices de la compañía lo autoricen.
A estas alturas su muslo presionaba fuertemente sobre el mío y su mano me rozaba, más que rozar me oprimía. Yo había optado por ignorar, de momento.
- ¿Pero no llegaría a intimar con nadie?
- ¿Se refiere a mantener relaciones sexuales con alguno de mis clientes?
- Si lo enfoca de ese modo...
- Rotundamente no. El cliente, porque a todas las personas a las que dedique mi trabajo se pueden considerar clientes, ya que les vendo un producto, en este caso un servicio de compañía. Como le digo, a mi modo de ver, los clientes y el sexo son incompatibles.
- O sea, nadie relacionado con la empresa podrá llegar a su corazón.
Para entonces su mano masajeaba discretamente mi muslo, ni que decir tiene que el atuendo que lucía para las entrevistas enseñaba más que tapaba. Sentada en el sofá la falda había desaparecido en la práctica, de modo que su mano descansaba sobre la media. Se la aparté.
- Una cosa es el corazón y otra el sexo. Como trabajadora de la empresa no tengo corazón y como le he explicado, tampoco sexo. Ahora bien, una vez terminada mi labor profesional me reservo el derecho de dar mi corazón, como usted dice, a quien quiera, sea de la empresa o no. Es más, pienso que hay mayor probabilidad de enamorarme de alguien de la empresa que de fuera, pero eso entra en el terreno personal y si no le importa preferiría hablar de otros asuntos.
Tal como iba la conversación comprendió que no tenía nada que hacer de momento así que se levantó y dijo:
- Muy bien, plantearé su solicitud y le prometo que será debatida. Deje su curriculum a mi secretaría. Creo, deseo, que la llamaremos pronto.
Nos dimos la mano. Salí como una reina, o por lo menos mi estado de ánimo me llevaba a pensarlo.
Comencé con la siguiente empresa. A la semana me llamó Darío en persona. Como no seguí insistiendo con los otros nunca sabré si me hubiese ido mejor.
Me recibió en su despacho. Pero esta vez no hubo refrescos ni sofá. Me invitó a sentarme frente a él y muy profesional me puso el contrato, de prueba naturalmente, delante. Firmé sin leerlo. Se sorprendió.
- ¿Tanta confianza tiene en nosotros?
- O tenemos confianza o mejor me voy. Este trabajo requiere confianza absoluta. Cuando le presente una lista de gastos sin justificar no quiero preguntas tontas: ¡O me cree o me largo!
>>Por otra parte el contrato reflejará lo que hablamos el otro día, de una forma incomprensible para mí, de modo que para que molestarme. Y por último, y no me interprete mal, pero ya le he insistido en la sinceridad y confianza, este contrato es del tipo: o lo tomas o lo dejas. Y necesito el trabajo.
- Cuanto más la conozco más me impresiona.
- Espero que favorablemente.
- Por supuesto. Creo que nos vamos a entender bien. La sinceridad ante todo. El contrato era todo eso que ha dicho. Póngase en contacto con mi secretaría, ella será su inmediato superior, le explicará como funciona la empresa y los objetivos concretos de cada misión el resto tendrá que hacerlo a su aire. Las condiciones del contrato evolucionarán en función de sus méritos. Buenos días.
Me dio la mano con la suficiente frialdad. Yo era una empleada de categoría inferior. La secretaría me asignó un cubículo inmundo.
- Un sitio donde dejar tus cosas, querida. - dijo.
Y me mandó a la mesa de una auxiliar para que me pusiera al tanto de la empresa.
A los tres días tuve el primer "cliente". Le recogí a la hora de la comida y en cuanto crucé dos frases ya le hice la "ficha". El tipo era un nuevo rico, bastante bruto, sin embargo muy atractivo. Nos montamos en su coche, ni que decir tiene, el que me esperaba que tuviera y nos dirigimos al centro de la ciudad donde encontraríamos el local adecuado al "cliente". Se lió con el tráfico y eso que la ciudad es relativamente pequeña. Cansada de dar vueltas, le sugerí que dejara el coche y viajáramos en taxi.
Fue sentarnos en el taxi e intentó meterme mano. Y durante la comida y cuando no intentaba con las manos me decía que nos fuéramos al hotel ¡y eso que yo llevaba un vestido decentísimo! Falda larga, escote cerrado, pecho disimulado y un maquillaje muy tenue producían la imagen de la elegancia decente. La cosa no pasó de ahí, ¡faltaría más! Pero fue una tarde espantosa, aunque él se lo pasó tan divinamente que a veces se le olvidaba lo de acostarnos.
Cuando fuimos a cenar pedí el relevo, la chica llegó a los postres y en un aparte la puse en antecedentes y le pagué sus servicios. Al llamar, insistí en la decencia, por tanto, apareció con un vestido negro por encima de la rodilla y pequeño escote redondo. El tipo quedó un poco desconcertado por el relevo, pero cuando al meter mano no le rechazó se puso tan contento y se olvidó de mí.
A las diez le di a Darío un avance del informe que podría encontrar en la carpeta que le entregué. Se quedó de piedra cuando comprobó el grosor de la carpeta. Farfulló las gracias y me despidió. Al salir le dije a la secretaria:
- Mímame mucho, querida, o dentro de un tiempo cuando vaya a tomar café no me acompañarás.
Me miró y me apresuré a quitarme de su vista. Podíamos habernos tirado del pelo.
Después de casados, Darío me contó que mi informe le reportó a la empresa algunos beneficios extra.
A partir de entonces empezaron a respetarme. Los "clientes" se sucedían lo mismo que los informes. Sin embargo los "clientes" no eran tan numerosos ni la información obtenida tan importante como para justificar lo que yo le costaba a la empresa, es cierto que no habían perdido conmigo pero los beneficio eran tan insignificantes que ni me hubieran contratado o bien al terminar mi periodo de prueba, como mucho, me habrán despedido.
Pero claro yo no estaba en la nómina para producir beneficios a la empresa, mi misión consistiría en calentar la cama de Darío y mientras lo hiciera seguiría en mi puesto.

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