MI JEFA DE SECCIÓN
Hetero, generales, felación. Se puso muy caliente mientras leía un relato en la oficina y lo que no sabía que su jefa le estaba controlando...


Me llamo Santi y os escribo para contaros lo que me pasó el otro día mientras leía una historia en el marqueze sobre un tío al que le hacían una felación impresionante. La verdad es que según comencé a leerla me empezó a entrar un cosquilleo muy agradable por la entrepierna. La descripción del acto me hizo imaginarme que era yo el que estaba en el lugar del afortunado protagonista y el cosquilleo se transformó en un endurecimiento increíble del miembro. ¡Joder!, se puso como el acero y dejando a la vista un bulto marcadísimo.
Según leía me iba entrando cada vez más calor. Yo estaba trabajando en una empresa de publicidad, y descansando un rato por Internet, cosa que hago bastante a menudo. En esas estaba yo, imaginándome que una tía buena me hiciese una mamada como la de la historia, cuando suena el teléfono interno de la oficina: llamada de la jefa de sección, Esther. La cabrona está cojonuda; tiene unas piernas que no acaban nunca, y cuando lo hacen es en un par de nalgas maravillosas, duras como piedras, ligeramente hacia arriba y sobresaliendo lo necesario de su espalda para dar a su culo una forma respingona que hipnotiza la mirada de todos los hombres y también de las mujeres, siempre viste pantalones ligeros de esos que cuando se pone al trasluz evidencian la ropa interior, normalmente un tanga; las tetas dijo en una ocasión a una compañera mía que se las había operado para estar más atractiva y, coño, el resultado "salta" a la vista de su blusa, se preocupa de que se note, y cuando tiene endurecidos los pezones es una gozada verla con sus dos garbancitos intentando atravesar el sujetador y la blusa. Pero cada vez que te llama suele ser para echarte la bronca, meterte prisa o anularte el trabajo de toda una semana, porque es muy exigente. Así que entré en su despacho con la verga bien empinada y un poco apurado porque esa pedazo de cabrona lo notase. Me dijo que echase un vistazo a la pantalla de su ordenador y cuando lo eché me quedé tieso: ¡Tenía en la pantalla lo mismo que yo en la mía: el relato!. Y va y me dice que con el nuevo sistema informático, ahora podía controlar en todo momento lo que hacíamos. Yo me quedé sin habla, como una estatua. En ese momento va ella y me suelta:
- No me gusta que mis empleados pierdan el tiempo. Si lo que pasa es que tienes otras cosas en que pensar, tendré que tomar cartas en el asunto, porque no puedes ir por ahí con ese bulto en los pantalones - Me dijo mientras observaba sin disimulo mi entrepierna.
Acto seguido y sin pensarlo dos veces, me mete la mano por dentro de los pantalones y me agarra la polla.
- Coño, Santi, pero si estás a punto de estallar. Tendré que chupártela como esas guarras de internet a ver si luego trabajas mejor.
Yo estaba alucinando y excitadísimo: la sensación de estar con mi jefa en su despacho con mi polla agarrada fuertemente por su mano, como queriendo calibrar su dureza era algo que alguna vez había soñado pero que creía que jamás pasaría de ser una fantasía. Y oír de sus labios carnosos que me la iba a chupar era exactamente lo que yo más quería en esta vida.
Me desabrochó el cinturón y lo sacó de las hebillas poniéndoselo en el cuello a modo de pañuelo, soltó los botones de mi bragueta de uno en uno, despacio, haciendo palpitar mi polla por impulsos a cada botón, y me bajó los pantalones hasta los tobillos. Mis boxers parecían una tienda de campaña y acto seguido me sacó la tranca con la mano derecha mientras con la izquierda bajó llevó a los calzoncillos a hacer compañía a los pantalones, sin que yo pudiera hacer otra cosa que no creerme lo que me estaba pasando. Me soltó la verga y se dedicó a darle toquecitos desde arriba para que bajase y recuperase su posición. Luego, mientras con una mano me acariciaba suavemente los genitales, se puso a pasear el dedo índice de la otra desde la base del pepino hasta el glande, arriba y abajo varias veces, lo cual me excitaba sobremanera. Después la empuñó desde abajo y fue subiendo hasta encerrarme el glande en su mano también con mucha suavidad, luego la agarró con las dos manos y empezó a machacármela primero despacio y después un poco más rápido hasta hacerlo con todas sus ganas. Ya estaba al borde del delirio y pareció darse cuenta porque me la soltó de repente y me dijo:
- No quiero que te corras todavía. Este va a ser el orgasmo de tu vida. Si te gusta lo que hago con mis manos vas a ver de lo que soy capaz con la lengua.
Dicho esto, me rodeó el cuello con sus brazos y acercó su cara a la mía, sacó la lengua y me lamió los labios, me mordisqueó el labio superior y, abriendo mi boca con su lengua me hizo un buen repaso del interior de mis labios, enroscó nuestras lenguas, me succinó la mía guiándola hasta el interior de su boca., le dio mordisquitos en la punta, dándome así uno de los mejores morreos que me hayan dado en toda mi vida.
-¿Te gusta lo que hago con la boca? - me dijo- Pues ahora vas a ver otras cosas que también sé hacer. Siéntate en mi sillón y ponte cómodo.
Obedecí y comprobé que efectivamente sabía hacer otras cosas porque bajando por mi cuerpo hasta sentarse en el suelo le tocó el turno de probar su boca a mi polla. Comenzó paseando la punta de la lengua por todo el tronco del aparato arriba y abajo para acabar jugueteando con el glande. Acto seguido abrió su fascinante boca y se tragó primero el capullo, luego media polla y finalmente hasta donde empiezan los cojones. Se la sacaba, dejando un hilo de saliva desde la punta hasta sus labios mientras me miraba con unos ojos cargados de erotismo. Dios mío, era como una tigresa en celo. Y volvía a arremeter de nuevo, una y otra vez. Su lengua, su boca, sus dientes, su mirada, todo me ponía a mil, y trás unos minutos así, cuando yo estaba a punto de tener la más grande corrida de mi vida, se la saca y apunta a su cara. Eso fue lo mejor porque para forzar el final, me la agarró con las dos manos y me masturbó con todas las ganas del mundo hasta que, cuando ya tenía yo los ojos casi en blanco, descargué toda la leche en su cara y quedé rendido en su sillón. Me hizo la limpieza con su propia boca, chupándome los restos y me dijo:
- Bien, a trabajar, a ver si te concentras más ahora. Si mañana tengo a primera hora el trabajo encima de mi mesa, te recompensaré como te mereces.
Ni que decir tiene que me quedé trabajando hasta tardísimo; pero a primera hora el trabajo estaba sobre su mesa y el resto ya te lo puedes imaginar, porque se mostró realmente agradecida.
En fin espero que os haya gustado lo que me pasó. No dejéis de escribirme para opinar o contarme vuestras experiencias. Prometo contestar todos los mensajes. xxx_santi@yahoo.es

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