LA MUSA DE MIS PASIONES
Filial, madura, hetero, polvazo, tía y sobrino. De
cómo se convirtieron en amantes.
El relato que les contaré, es un
tributo a la mujer que despertó
en mi la pasión y el sentimiento que sentí por una mujer mayor.
Todos los muchachos de mi edad siempre fantasean
con los placeres
que les pueda brindar una mujer mayor, que puede ser la profesora
de Inglés o una vecina del edificio, etc. Cuando tuve 18 años
la
musa de mis sueños y mis pajas más memorables fue mi tía
Marta.
Esta tía realmente era la cuñada
de mi madre, pero hace unos años
había quedado viuda. Antes que ese lamentable hecho sucediera, la recuerdo
cuando venía a mi casa de visita, vestida de una manera
que hacía que envidie al que era su marido. Creo que nunca se puso
pantalones, ya que hubiese sido un crimen tapar esas maravillosas piernas,
las cuales solo las cubría una falda corta.
Cuando nos sentábamos a almorzar en
alguna reunión familiar,
casualmente yo dejaba caer un cubierto al piso, de tal forma que
cuando me agachaba para recogerlo, podía ver sus piernas enfundadas
en medias de nylon. Recuerdo una vez que hice eso pude ver el encaje
de las medias y sus braguitas, ya que se había sentado con las
piernas un poco separadas.
En esa época mi tía tendría
alrededor de 32 años, y a través de
su ropa podía imaginar el cuerpo espectacular que tenía. Cuando
caminaba se
podía notar el movimiento de sus senos, y el contoneo
de sus nalgas. Debido a la confianza que ella tenía en casa, había
oportunidades en que se quedaba a dormir, o pedía utilizar la ducha cuando
hacía calor. Siempre que podía la trataba de espiar cuando estaba
en mi
casa, pero nunca pude ver mas allá de cuando estuvo en ropa interior.
Mi oportunidad de estar más cerca a
ella ocurrió un año mas tarde,
cuando me ofreció su casa para vivir, ya que el lugar donde yo vivía
quedaba más lejos de la universidad. Tuve que hacer esfuerzos para
disimular mi alegría, ya que al estar en su casa tendría oportunidad
de verla en todo momento y quizás de algo más. Ella no se había
vuelto a casar, y al parecer no tenía una pareja en la actualidad.
Me mudé a su casa, la cuál era
muy espaciosa ya que tenía un jardín
interior, del cuál se podían ver las habitaciones. Estas poseían
balcones que estaban rodeados de plantas, afición a la que mi tía
se dedicaba mucho. En el centro del jardín había una banca donde
poder sentarse a tomar el sol o a descansar.
Una tarde en que me encontraba leyendo en el
jardín, vi a mi tía
regando sus plantas en uno de los balcones, y como yo me encontraba
debajo me brindó una visión espectacular de sus piernas, y de
sus
braguitas que apenas cubrían sus nalgas. Mientras distraídamente
acomodaba
sus plantas me preguntó si me gustaban, y yo mirando directamente como
su
par de nalgas se comían sus braguitas, le
respondí que me encantaban.
A partir de esa vez me volví un fanático
de la lectura, y pasaba
largas horas en el jardín, esperando que mi tía saliera a brindarme
ese ángulo tan particular de ella. Había ocasiones en que se ponía
portaligas para sujetar sus medias, y cuando terminaba su labor yo corría
al
baño para darme un pajazo en su honor.
Mi necesidad de ver su cuerpo desnudo hizo
que incursionara en el
desconocido oficio de la albañilería, y ya que el baño
colindaba con
mi habitación, un día que ella no estaba hice un agujero que quedó
debajo del lavabo, y que me mostraba directamente la ducha y la
taza que se encontraba a su costado.
Cuando yo veía que ella iba hacía
el baño, esperaba a que cerrara
la puerta y cuál centella yo corría a mi habitación. Cerraba
las cortinas
para que no se filtrara la luz hacía el baño, y quitaba
el tapón del agujero que había hecho. La primera vez que entró
a
bañarse vi con emoción el momento en que abrió su bata,
y me dejó
ver sus grandes senos y su perfecto culo. Antes de entrar a ducharse
se sentó en la taza, la cuál daba directamente al agujero, donde
mi
ojo no perdía detalle de lo que ahí ocurría.
Esperé que se parara de ahí para
apreciar como enjabonaba su cuerpo,
pero para sorpresa mía separó un poco sus piernas, y se empezó
a
acariciar la concha. La falta de hombre la obligaba a aplacar sus
deseos como cualquier mortal, sin saber que tenía un fiel espectador,
que gustoso esperaba el momento de calmar esa calentura. Podía ver
como su dedo índice lo frotaba en su entrada, y con la otra mano se
masajeaba las tetas para al final apreciar la tensión de sus piernas,
por el orgasmo logrado.
No podía permitir que mi tía
viera el tiempo pasar, cuando yo estaba más que
dispuesto a ofrecerle mi pene, y fue así que noche tras noche devanaba
mis
sesos, para lograr un plan que me permitiera enterrarle
la verga a mi tía Marta. Para suerte mía el verano había
llegado, y
por consiguiente el calor nos obligaba a usar prendas más ligeras.
Cuando estábamos en casa yo solo vestía
un bóxer con el torso descubierto.
Ya que tengo un carácter afable y juguetón, aprovechaba para abrazar
a mi
tía manifestándole mi aprecio. Ella no se molestaba por mis muestras
de
cariño, lo que me hacía más fácil poder tocarla.
Al parecer a ella le gustaban mis toqueteos, ya que en muchas oportunidades
rozaba sus senos con mis manos, o me pegaba por detrás sintiendo sus
nalgas
rozar mi pene.
Debía hacer algo rápidamente
si no quería llegar al punto de cometer
una locura, y una noche en que nos encontrábamos en la sala viendo
televisión, le dije que había salido muy bien en mis exámenes
y que quería
celebrar ese hecho. Fui a mi habitación y traje una botella
de vino para beberla. Ella me dijo que tenía muy mala cabeza para
el licor, pero gustosa haría una excepción en este caso.
Mientras yo servía las copas observaba
a mi tía, la cuál estaba
sentada en el sillón observando la televisión. Esa noche tenía
puesta su minifalda negra, y sus medias de nylon. Calzaba unos
zapatos que no tenían talón, los cuales resaltaban sus bellos
pies.
Me acerqué hacía ella y le ofrecí la copa, para luego brindar
por
mi supuesto éxito en la universidad.
A medida que se iba acabando la botella, me
decía que no le diera
más vino ya que la cabeza le daba un poco de vueltas, pero yo la
convencía para seguir bebiendo. Se reía de cualquier cosa que
le
decía, y no sé si fue el vino o verla en ese momento tan vulnerable,
lo que hizo que mi pene se empezara a inflamar. Ya anteriormente
me había visto en ese estado, pero nunca me había hecho ningún
comentario al respecto.
Me senté a su costado y mientras brindábamos
puse mi mano en una
de sus piernas. Ella se quedó callada, y dándose cuenta que yo
quería algo mas, me dijo que no echáramos a perder esa relación
tan
bonita que teníamos. Sin atender a lo que me decía, subí
mi mano
por su pierna sintiendo su muslo. Le dije que era la mujer más
hermosa, y que la deseaba desde mucho tiempo atrás. Ya me he
acostumbrado a no tener hombre me dijo, y yo callé sus palabras
dándole un beso en la boca.
Dio un largo suspiro y su copa vacía
la dejo caer sobre la alfombra.
No hubo necesidad de palabras, ya que al sentir su lengua jugar con
la mía, supe que ella deseaba que yo comenzara a amarla. Me puse
de rodillas ante ella y separé sus piernas poco a poco, para que
me dejara ver esa entrepierna con la cuál siempre había soñado.
La miré ahí un momento y luego de acariciarla por encima de sus
braguitas,
las hice a un costado para sumergirme en su concha lamiéndola y chupando
suavemente.
Su cuerpo se arqueó al sentir el placer
largamente negado, y con
mis manos le jalé sus braguitas y su falda quedo a la altura de su
cintura. Me incorporé y bajé mis boxers mostrándole mi
verga, que
en ese momento apuntaba hacía el techo. Ella se inclinó hacía
ella
y se la metió a la boca, dándome una mamada que hizo que mi cuerpo
se estremeciera de gusto. El placer fue tan intenso que no pude
aguantar la eyaculación, y mi semen salió para depositarse en
el
interior de su boca.
Nos dirigimos a su cuarto y cuando estuvimos
ahí, me eché en su
cama mientras ella se comenzaba a desnudar delante de mí. Al sacarse
la blusa y el sujetador, pude ver sus melones sin la necesidad de
estar escondido y luego se quitó la falda. Le pedí que se dejara
puestas las medias, ya que quería sentirlas cuando recorriera su
cuerpo con mis manos. Me senté en la cama apoyándome en el
respaldar y ella se sentó sobre mi verga, de tal modo que quedamos
frente a frente.
Comenzó a moverse mientras yo amasaba
sus tetas, y para sentir que
se la metía hasta el fondo, la agarraba de las nalgas atrayéndola
hacía mi. La besaba en la boca y en un momento dejamos de hacerlo,
por que ella empezó a cabalgar sobre mi verga de una manera bestial.
Ella abrazaba mi cabeza contra su pecho, y el movimiento de sus
músculos me indicaban la sucesión de sus orgasmos.
La eché boca arriba y puse sus piernas
en mis hombros, sintiendo
el nylon en mi piel. Metí y saqué durante un largo rato hasta
que
me corrí nuevamente, esta vez dentro de su concha. Me recosté
exhausto, y ella lamió mi verga para limpiarme la leche que aún
me
quedaba. A partir de esa noche memorable dormí en su cama junto a
ella, y fui feliz entregándole la fuerza de mi juventud en cada
culeada que le di.
Mi tía Marta se convirtió en
mi mujer los seis meses que viví con
ella, pero como todas las cosas buenas al final se acaban, un día
me dijo que no quería que la familia se diera cuenta de lo nuestro.
Fue así que regresé a mi casa, y unos meses mas tarde nos visitó
para comunicarnos que se casaba nuevamente. Esa época en que fui
el amante de mi tía quedó marcado en mi alma, y ahora que han
pasado 15 años aún la recuerdo con la misma pasión que
entonces.
El tiempo pasa y deja huellas, y en alguna
reunión en la que hemos
coincidido, he podido constatar que a pesar de que ya es una mujer
madura, aún se nota la belleza y fortaleza de sus piernas. En una
oportunidad que pude hablar con ella, me confesó que la etapa de
su vida en la que había sido más feliz, fue la época que
viví con
ella. Quise decirle que para mí también lo había sido,
pero en ese
momento llegó mi hija y mi mujer. Me fui con ellas y dejé a mi
tía
Marta para continuar con mi vida.
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