NOCHE ESPERADA POR ÉL
Hetero, infidelidad. Su esposa no lo sabe pero él la
siguió a su cita...
Continuación del relato erótico “Noche esperada por Ella ” publicado en “El Rincón de Marqueze.net”
Al igual que mi mujer no tengo mucho que contar de mi vida
sexual. Algún escarceo antes de casarme con una chica que conocí
en una excursión y nada más. Ella es la única mujer de
mi vida. No me considero un obseso sexual ni un pervertido. Pienso que en este
tema, como en muchos otros, tengo los mismos gustos y deseos que la mayoría.
Tal vez un poco especiales si se puede considerar así a lo excitante
que es para mí escuchar historias sexuales de mi mujer, sus deseos y
fantasías o imaginarla en brazos de otros hombres.
Ella es más reticente que yo a este tipo de juegos que nunca hasta ahora
han trascendido de nuestra alcoba, pero participa de vez en cuando. Creo que
es bastante ardiente aunque le cuesta abandonarse del todo.
Hasta hoy no había sospechado nunca que ella hubiera follado con otro,
aunque supongo que la curiosidad y la excitación de hacerlo con otro
hombre ha estado presente en ella, tal y como me sucede a mí. La verdad
es que su vida laboral y social fuera del matrimonio no presenta muchas oportunidades
aunque ya se sabe que cuando uno menos lo espera salta la liebre.
No era la primera vez que ella asistía a Jornadas y conferencias ya que
su trabajo la obliga a reciclarse continuamente. Tampoco era la primera vez
que salía a cenar sin mí con compañeros y compañeras
del trabajo o de cursillos. Por ello no debería haberme extrañado
que aquella noche dijera que iba a salir a cenar con un grupo de gente que había
conocido en las Jornadas. Sin embargo hubo algo en ella que me hizo sospechar
que esa cena era diferente. Su mirada esquiva, un cierto nerviosismo, el esmero
con el que se vistió y perfumó me resultaron anormales. Le pregunté
adonde iban y me dijo el nombre de un restaurante que yo conocía.
Todavía no sé que es lo que me hizo salir tras ella cuando se
despidió de mí. No eran celos. Era la posibilidad excitante de
asistir a lo que tantas veces había imaginado y que estaba presente siempre
en mis fantasías eróticas. No quería que me descubriera,
por lo que como sabía el local al que iba decidí espiarla. Una
hora después de que ella se marchara, cogí la moto y fui al restaurante
en cuestión. Allí, tras recorrer el local, no había ningún
rastro de ella ni de ningún grupo. Este hecho me confirmó mis
sospechas así que empecé a recorrer todos los restaurantes a los
que había ido con ella con la esperanza de encontrarla. Tuve suerte ya
que en el tercer local la descubrí. Evidentemente no estaba sola y tampoco
en un grupo. Estaba sentada ante un hombre. Tenía mi edad más
o menos, no muy alto y aunque atractivo, no era un galán de cine. No
quise mirar mucho por temor a ser descubierto ni levantar sospechas de los camareros.
Parecía estar pasándoselo bien ya que reía y hablaba de
forma muy distendida.
Decidí esperar en la puerta. Al cabo de media hora los vi salir. Los
seguí hasta un local de salsa. Estaba repleto, por lo que pude entrar
sin temor a que me viera. La verdad es que esto hubiera sido difícil
ya que sólo tenían ojos el uno para el otro. Me preguntaba quien
podía ser el hombre ese cuando, de repente, ella lo besó en la
mejilla. Mi corazón se aceleró al máximo cuando vi que
él le devolvía el beso pero en la boca. Ella, lejos de apartarse,
se lo devolvió. Tras esto salieron del local, por lo que me tuve de esconder
rápidamente para no ser descubierto. Fui tras ellos. Deseaba y temía
lo que iba a descubrir ya que la actitud cariñosa de ambos, con caricias
y besos daba pie a pensar que la cosa no iba a terminar ahí. Los seguí
hasta un hotel del centro. Desde afuera los vi pedir la llave y dirigirse al
ascensor. No me atreví a entrar y preguntar en recepción quien
era ese hombre. Durante tres horas estuve en la puerta, esperando e imaginando
cientos de escenas eróticas entre mi mujer y ese desconocido. A veces
pensaba en entrar y montar un número de marido ofendido. Otras veces
pensaba que esta situación era con la que yo siempre había fantaseado
por lo que no tenía derecho a estar indignado. Me la imaginaba con los
ojos cerrados, gimiendo mientras el hombre le metía la polla. Otras veces
la veía chupando una polla enorme y diciendo que su marido no le daba
placer. Era una combinación de placer, excitación y sufrimiento
que endurecía mi pene hasta el dolor.
De repente, hacia las cinco de la madrugada la vi salir y dirigirse a un parking
donde había dejado el coche. Tenía el tiempo justo de llegar con
la moto a nuestra casa antes que ella. Llegué y me acosté rápidamente,
haciéndome el dormido. Apenas unos minutos después llegó
ella. La oí desvestirse sigilosamente y deslizarse cuidadosamente a mi
lado. Durante muchos minutos sentía que ella estaba despierta aunque
no se movía. ¡ La muy zorra estaría pensando en los cuernos
que me había puesto !.
Aquella noche tardé mucho en poder dormirme. Tenía muchas ganas
de hablar con ella, de decirle lo que había visto y pedirle que me lo
explicara, para hacer el amor y poder descargar mi excitación. Todavía
no sé como me pude contener.
Durante los tres días siguientes tuve que hacer verdaderos esfuerzos
para no decir nada. Ella seguía manteniendo su conducta habitual. A mis
preguntas del día siguiente sobre como lo había pasado, respondió
que muy bien e incluso me dio detalles de la cena.
Hoy he hablado con ella. Le he dicho que hace varios días que no hacemos
el amor y que podríamos organizar una fiestecita íntima, con fantasías
y todo eso. Ella me ha dicho que sí. Estoy deseando que llegue la noche
y me explique alguna fantasía sexual. Ella no sabe que solamente me faltan
por conocer los detalles de las tres horas que estuvo con un desconocido en
un hotel. Sé que a mucha gente le puede parecer extraña mi manera
de entender la sexualidad pero en estos temas opino que quien esté libre
de pecado que tire la primera piedra.
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