NOCHE ESPERADA POR ELLA
Hetero, infidelidad. Cumpliendo la fantasía de su marido
de ver a su marido con otro hombre pero sin que él se enterara de nada.
Nunca he tenido mucho que contar respecto
a mi vida sexual. Al menos hasta hoy. Me casé muy joven. Mi marido fue
el primer hombre con el que me acosté. Antes solamente había intercambiado
algunos besos y caricias con un chico desconocido que conocí durante
un viaje de estudios y en el que no he vuelto a pensar.
Desde mi boda hasta hoy el aspecto sexual de mi vida ha corrido de forma paralela
al resto de cuestiones, o sea ha habido de todo: veces muy satisfactorias, otras
no tanto e incluso alguna ocasión frustrante. La verdad es que desde
hace unos años el terreno sexual ha dejado de ser un problema en nuestra
relación matrimonial habiendo llegado a un entendimiento que creo es
bastante bueno.
Mi marido tiene una atracción especial hacia un cierto tipo de “voyeurismo”,
aunque guarda más relación con el oído y la imaginación.
Muchas veces me pedía que le narrase mis fantasías sexuales o
que le contara un supuesto encuentro con otro hombre. Otras veces me hablaba
de intercambios y de tríos, diciendo que imaginara el placer que obtendría
con las caricias y besos de dos hombres. Estas sesiones lo excitaban más
a él que a mí, aunque yo participaba de buen gusto la mayoría
de veces pero sin llegar a pensar seriamente en llegar a hacer el amor con otro
hombre. No me considero una mujer fría. Algunas veces había pensado
en como sería follar con otro hombre, llegando a masturbarme pensando
en ello pero siempre de forma muy puntual y esporádica. Ahora, desde
hace unas semanas, puedo añadir a estas sesiones ficticias y que no habían
salido de la intimidad de nuestro dormitorio un suceso real.
Mi trabajo no propicia tener relaciones sexuales con otros hombres, por lo que
en todos estos años no había tenido ninguna ocasión de
hacerlo a excepción de una vez durante una celebración de fin
de año con los compañeros de trabajo hace ya algunos años.
Tras la cena fuimos a una discoteca y allá entre bailes y alguna copa
de más me dejé abrazar y acariciar por un desconocido. La cosa
no fue a más ya que el resto de compañeros estaban presentes y
temí que la historia se hiciera pública y llegara a oídos
de mi marido. La verdad es que aquella noche, si el desconocido hubiera insistido
más, tal vez hubiera accedido a follar con él. He recordado este
hecho alguna vez cada vez que mi marido me pide que le cuente alguna fantasía
pero no me he atrevido a explicarle nada.
Hace dos semanas asistí a unas Jornadas que se celebraban en mi ciudad
y a las que acudieron personas de toda España. Las Jornadas se celebraron
durante tres días. El último día asistí una conferencia
que me interesaba especialmente ya que la temática guardaba relación
directa con mi trabajo por lo que llegué temprano y me senté en
primera fila. El conferenciante, Antonio, era un hombre joven, de 37 años,
no muy alto y con un físico atractivo aunque nada extraordinario. Sin
embargo me cautivó su tono de voz, su ritmo de exposición, la
forma de mirarme en ocasiones. Al finalizar la conferencia, al igual que otros
muchos asistentes me quedé charlando con Antonio sobre temas relacionados
con la exposición. En un momento dado y cuando ya me iba a marchar, preguntó
si alguien podía indicarle como llegar a su hotel. Impulsivamente y antes
de que acabara casi de hablar dije:
Yo te puedo acompañar en coche. No tengo que hacer nada y ya me marchaba.
No es necesario que te molestes. Si me dejas en el metro ya me va bien.
Mientras decía esto me miró de una forma tan envolvente que me
hizo dudar de mi ofrecimiento. Sin embargo pensé que coquetear un poco
no era nada malo. Además él me gustaba y parecía que yo
también a él.
Durante el trayecto en coche hablamos de muchos temas, algunos de ellos personales.
Me enteré de que estaba casado y que tenía un niño. Se
le veía feliz y enamorado de su familia. Pensé que no haría
ningún intento de seducirme por lo que me tranquilicé ya que no
estaba segura de mí misma.
Al llegar al hotel, Antonio me dio las gracias y me dijo si quería cenar
con él. La verdad es que me apetecía mucho. No tenía intención
de acostarme con él pero me hacía ilusión que me encontraran
atractiva e interesante. Le dije que sí y quedamos en que lo recogería
a las 22:00 en su hotel.
Al llegar a casa le dije a mi marido que se había organizado una cena
entre los asistentes a las Jornadas y que me apetecía ir. Era una verdad
a medias ya que los únicos asistentes éramos Antonio y yo, pero
de esta manera no le daba motivos para que pensara cosas que no habían
sucedido y que no tenía previsto que sucedieran.
Pese a esto, fui especialmente cuidadosa a la hora de arreglarme y elegir mi
ropa interior. Me vestí de forma discreta aunque interiormente sabía
que ese conjunto me favorecía.
Cuando llegué al hotel, Antonio ya me estaba esperando abajo. Fuimos
a un restaurante céntrico que yo conocía. Durante la cena estuvo
muy atento, pendiente de servirme vino y hablando de infinidad de temas. Me
explicó algunas anécdotas de personajes que había conocido
durante las conferencias que daba y citó, aunque de pasada, la animada
vida sexual que llevaban algunos de ellos durante las Jornadas a las que asistían.
Tras la cena, me dijo que si me apetecía ir a tomar una copa a algún
sitio, por lo que fuimos a un local de salsa que estaba de moda. El ambiente
esta muy animado y había mucha gente, por lo que había momentos
en los que estábamos muy juntos. La situación era ciertamente
sugerente. Una mujer y hombre que nos conocíamos desde apenas unas horas,
con una vida felizmente organizada cada uno por un lado y que al día
siguiente no iban a verse más, salvo casualidad. Creo que pensar esto,
junto con la música, el vino de la cena y el recuerdo de las conversaciones
que acerca de situaciones similares había tenido con mi marido, fue lo
que me hizo darle un beso en la mejilla aprovechando una de las veces en que
acercó la cara para hablarme. Este gesto fue el inicio. Antonio me miró
y acercó sus labios a los míos. Fue un beso suave, apenas un roce
pero que sirvió para que él me interrogara con su mirada acerca
de mis deseos. Mi respuesta fue devolverle el beso. Esta vez nuestras bocas
se abrieron y dejaron que las lenguas se acariciaran durante unos segundos.
No hizo falta decir nada más. Tras esto salimos del local y entre besos
y abrazos fuimos a buscar el coche. Durante el trayecto hasta su hotel apenas
hablamos.
Una vez en el hotel, tras recoger la llave y mientras subíamos a su habitación
en el ascensor, aparecieron mis dudas de repente. Era la primera vez que iba
a follar con otro hombre que no era mi marido. No tenía 18 años
y no tenía el cuerpo de una modelo. Me daba una cierta vergüenza
mostrarme desnuda. Era consciente de que estaba siendo infiel, pero la curiosidad
y el deseo sexual era mayor que todos estos temores. Ya en la habitación,
Antonio me preguntó si quería tomar algo del mini bar. Tras decirle
que no, se acercó a mí y cogiendo mi cabeza suavemente, me besó.
Fue un beso largo, húmedo mientras acariciaba mi pelo y me apretaba contra
él. Podía notar la dureza de su polla contra mi vientre. Su deseo
me gustaba, por lo que me apreté contra él mientras le acariciaba
las nalgas.
Lentamente, sin quitarnos la ropa nos tendimos en la cama. Los besos eran cada
vez más ardientes. Las lenguas no se conformaban con encontrarse en el
interior de las bocas sino que lamían los labios, las caras. Antonio
me acariciaba los senos por encima de la ropa y yo le palpaba el pene erecto.
Sin dejar de besarnos y acariciarnos empezó a quitarme la blusa y el
pantalón mientras yo le despojaba a él de la camisa. Pese a lo
dificultoso de la postura consiguió desnudarme, dejándome tan
solo con las bragas y el sujetador. Antonio introdujo los dedos entre el sujetador
y me acarició los senos. Me tendió en la cama y se acabó
de desnudar. Estaba ansiosa por ver su polla. No era descomunal como las que
describen en los relatos de las revistas. Era un polla parecida a la de mi marido,
lo que me tranquilizó. Se acostó junto a mí y me quitó
el sujetador. Mis pezones estaban duros, ansiosos de caricias y besos y él
pareció entender lo que deseaba ya que apretó y acarició
mis tetas y chupó mis pezones con una ternura que me arrancó suspiros
de placer.
Me encontraba ardiente de deseo de sentir su polla dentro de mí, por
lo que la cogí y acaricié. Era la primera polla que acariciaba
diferente a la de mi marido. La vergüenza había desaparecido. Sólo
quería que Antonio me follase, que me siguiera acariciando y besando
como hasta ese momento.
Antonio me acabó de desnudar y tendido junta a mí siguió
acariciando mi cuerpo mientras me besaba y lamía por todas partes. Mi
excitación aumentaba cada vez más. Tenía deseos de chuparle
la polla, por lo que me deslicé hacia abajo y empecé a lamerla
lentamente de arriba hacia abajo hasta llegar a los cojones. Mi marido decía
que era una gran chupapollas y que el día que follara con otro lo iba
a volver loco. Ese día había llegado. Estaba follando con otro
y chupando una polla que no era la de mi marido y me gustaba enormemente. Antonio
me dijo que dejara de chupar ya que sino se correría de inmediato. Esto,
en lugar de detenerme me hizo intensificar mi chupada. De repente sentí
como se estremecía y un chorro de semen caliente inundó mi boca.
Nunca me había gustado el sabor del semen de mi marido pero el de Antonio
tenía un sabor diferente por lo que me tragué hasta la última
gota. Mientras me relamía, sonreí y le miré a los ojos
y le dije:
Todos los hombres sois iguales. Ahora te toca a ti
Antonio se incorporó y me tendió boca abajo. Mientras recorría
mi espalda con su lengua, yo iba notando como su polla crecía de nuevo
entre mis nalgas. Antonio siguió acariciándome hasta que me dijo
que me diera la vuelta. Al hacerlo vi como su polla había recuperado
su dureza anterior y estaba dispuesta. Mi coño a estas alturas estaba
encharcado y palpitante de deseo. Antonio sacó un preservativo y tras
ponérselo se tendió sobre mí. Lentamente mientras me besaba,
iba introduciendo su polla en mi interior, aprovechando los movimientos que
yo hacía para acomodar su rabo en mi coño. No hizo falta que se
moviera mucho rato dentro de mí. De repente noté como un placer
intenso que nacía en mi interior más profundo explotaba con fuerza.
Por unos instantes perdí la noción del tiempo y de la habitación,
transportada a un estado de conmoción que me hizo arañar su espalda
para no perder el sentido totalmente.
Tras descansar unos minutos, Antonio reanudó sus caricias. No soy una
mujer multiorgasmática sin embargo aquella noche me corrí dos
veces casi seguidas en apenas tres horas.
Pasadas las cinco de la mañana y tras ducharme, me despedí de
Antonio con un beso en los labios. Le di las gracias y me marché.
Cuando volvía a casa en el coche me di cuenta que no le había
dicho mis apellidos ni mi teléfono. Pensé que era mejor así
ya que de esta manera no habría posibilidad de reanudar la historia y
poner en peligro nuestros matrimonios. Teníamos vidas muy diferentes.
Creo que él también era consciente de que nuestro encuentro era
meramente sexual.
Estoy deseando que mi marido vuelva a pedirme que le cuente alguna historia
sexual. Creo que le contaré la verdad disfrazada de fantasía.
En el fondo se lo merece por sugerirme ideas.
ELLA
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