UNA NOCHE DE OTOÑO
Hetero, infidelidad. Su salvador apareció en medio de la noche y ella le demostró de una manera muy especial lo inmensamente agradecida que estaba.


Fue un día mas de aquel otoño, estaba lloviendo a mares, y me puse a conducir por las carreteras cercanas a la ciudad, para pensar. Me encanta conducir, y creo que no soy el único que utiliza el coche como lugar secreto y predilecto para pensar, mi coche es mi sitio, ese lugar propio que nadie me profana, aunque no me importa que amigos lo cojan, ni el de vez en cuando hacer alguna locura del tipo irme a hacer trompos y coger caminos sin transitar y recorrerlos a toda velocidad, el caso es que esto ultimo, me excita.
A lo que vamos, aquella noche jarreaba, y estuve cerca de 3 horas conduciendo, reconozco que no estaba concentrado en la conducción, sino en mis pensamientos, cuando detrás de una curva apareció un coche al que le estaban cambiando una rueda, el muy cabrón, no puso triángulos ni señalizo de ninguna forma, con lo que el contacto de los vehículos se hizo obligatorio. Afortunadamente no iba rápido, pero el impacto me rompió un foco y un intermitente, el otro sufrió más, un piloto trasero y la caída del vehículo del gato en el que estaba subido. Me bajé atontado por el despertar de los pensamientos tan de repente, y preocupado por los ocupantes del otro coche.
Lo primero que hice, puse los triángulos, no me apetecía que viniera otro por detrás y me diera a mi otro golpe, según los sacaba, vi por entre las lunas como había una figura que se movía a trompicones, y por mi cabeza se pasaron pensamientos fatales. Así que cogí un botiquín y fui rápidamente a socorrer a la victima.
Cuando me acerque comprobé que era un hombre de unos 30 años con una borrachera de espanto, el pobre hombre no se había dado cuenta del golpe que le había dado hacia unos segundos. Aquello parecía que no iba a dejar de llover, y puesto que aquel hombre estaba bien, le pregunte que porque no había señalizado, y que si necesitaba ayuda, también le pregunte por sus papeles del seguro, para arreglarlo cuanto antes.
Aquel tipo me dijo donde estaban los papeles, y empecé a rellenarlos, al ver su estado le pregunte si llamaba a una grúa para remolcar su coche, y me dijo que su mujer lo estaba intentando, pero que no había cobertura.
En ese momento vi una luz de linterna que se dirigía hacia nosotros
cariño- dijo el - ¿has llamado al seguro?
Ahí arriba tampoco hay cobertura, pero he visto una gasolinera a unos 3 km. en esa dirección, dijo señalando hacia el frente- dijo ella.
Si no les importa, podría acercar a su señora a la gasolinera- dije.
Gracias señor,- me dijo él-, anda Sonia, vete con el a pedir ayuda, que estas un poco mas serena que yo.
De acuerdo, llamamos a la grúa y venimos, si no es mucho pedir- dijo mirándome
No, tranquilos, no tengo prisa, además eso esta aquí al lado.
En estas, recogí los triángulos, y me metí en el coche con aquella señora.
No la había visto entre la oscuridad y que era ella quien llevaba la linterna, con la luz del interior del coche vi una chica de melena morena, y con un vestido negro de tirantes, por lo que parece, debían de venir de una fiesta.
En efecto, en el trayecto hasta la gasolinera me contó que venían de una cena muy importante, y que yo había aparecido como el séptimo de caballería, en el mejor momento. La verdad es que pocas veces había visto llover de aquella manera.
Al llegar a la gasolinera salimos del coche, que mujer, dios mío, aquello era demasiado, morena, mediría cerca del 1'80, aunque claro, llevaba tacones, tenia la piel morena y dorada, se ve que debió de pasar una buena temporada en la playa bronceándose, y el pecho era perfecto, no creo que pasase de la talla 95, y puestos a dar detalles, tenia un culito ligeramente respingón, del que caían dos piernas perfectamente torneadas, y mirando su belleza me quede como abobado.
Ella se dio cuenta, pero se hizo la loca. Cuando se acerco a la tienda de la gasolinera vio que estaba cerrado, claro, eran las 3 de la madrugada, y esa estación de servicio cerraba a las 23:00. Si quieres probamos con el móvil, dije, a lo que ella aceptó.
Después de dar datos, y estar intentando explicar donde estábamos, y pasado por lo menos un cuarto de hora, colgó el teléfono y me dijo que la grúa estaba en un servicio, pero que el siguiente eran ellos, y que tardarían aproximadamente 1 hora. Ella me comento que iba a los wc y me quede en el coche. Sin tiempo para haber hecho nada, vino hacia mí y me comento que la puerta de los wc estaba cerrada, a lo que salí y me dirigí con ella a comprobar si estaba cerrada, total, estaríamos allí 1 hora.
Al llegar a la puerta, efectivamente estaba cerrada, pero había un ventanuco a unos 2 metros abierto.
Me encaramé y me colé dentro, por una vez en mi vida vi un wc de carretera limpio, debía de haberlo limpiado alguien en el ultimo turno, y aquello tenia un olor a manzana delicioso, cuando desperté de aquella reflexión, me acerque a la puerta, y vi que al baño se accedía desde el interior de la tienda y que el acceso desde la calle, por la parte de atrás, solo tenía un cerrojo. Lo abrí y la deje entrar a aquella mujer.
puedes entrar, esta abierto.- la comente
Entró y me dijo, vamos a ver que hay, me da morbo el que me pillen robando, y se fue hacia la tienda. Cogió una toalla de playa y se empezó a secar el pelo, yo estaba como un tonto mirándola, a lo que ella reaccionó y me dijo,- estoy empapada, esta tormenta me ha calado hasta los huesos, y empezó a secarse el cuerpo con la toalla, echada contra una pared, y con un vicio que solo había visto en alguna peli porno.
-si quieres te ayudo- dije sin saber lo que decía
-no lo quiero, lo deseo- lo dijo con una voz cálida y sugerente
me acerque a ella y en ese momento yo ya tenia una erección bastante fuerte. Me acerque a ella y la pregunte al oído como podía ayudarla, y me contestó que secándola el cuello, así que como un bobo cogí la toalla, y se la pase por el cuello, por lo que pude ver debía de ser una zona erógena para ella, puesto que se le puso la piel de gallina y soltó un gemido.
Tengo húmedo el vestido, me dijo, a lo que le aconseje quitárselo, para que no cogiese un catarro, y sin dejar que me contestase le baje los tirantes y fui despegando poco a poco aquel cuerpo de aquella piel a la que deseaba como un animal.
La muy cerda no llevaba sujetador, lo que me acabo por perder, y antes de descubrir sus pechos, ella cerro los ojos y yo grabe aquel momento en mi memoria, fui poco a poco bajando el vestido, a mi vista apareció aquel pecho perfecto, al destaparle los pezones, gracias a la presión que hacía el vestido hacia abajo, y que se destaparon de repente, dieron un saltito hacia arriba, lo que me demostraba el pecho tan duro que tenia, con unos pezones redondos y duros como lapiceros, y con unas aureolas de un tamaño grande, pero no exagerado. Me quede mirando las más perfectas tetas que había visto en mi vida, y seguí bajando aquel vestido de locura. No tuve mas remedio que chupárselos, se los lamía con cuidado, haciendo círculos, y se los mordía lo justo para hacerla temblar, se estaba sujetando en mis hombros, y apoyo una mano en mi nuca y apretaba mi cabeza contra su pecho. Yo mientras con una mano le masajeaba un pecho, con la otra se había despojado ya de aquel vestido, en aquel momento la muy golfa, me cogió la nuca con las dos manos y me hizo presión para que bajase a su entrepierna, cosa a la que accedí solo en parte, me entretuve en el ombligo, jugué con mi lengua en su pequeña cicatriz natal, hasta que los gemidos inundaron la tienda.
Ahora ya estaba en un punto, tanto ella como yo, en el que no se puede echar la marcha atrás. Me separé y la besé en la boca mientras le empecé a acariciar el culo, por el tacto tenía un tanga de infarto, la separé de mí y me dirigí a una cámara que había con helados häggen, los mejores, y cogí uno de chocolate con trocitos, la acosté sobre el mostrador y la puse un poco sobre la boca, y aunque no me dejaba casi nada, conseguí saborear un poco del helado, con la cucharilla le fui dejando un rastro desde el cuello hasta el lugar donde el tanga aparecía tapando parte de su cuerpo. Sin mas dilación se lo fui recogiendo con la lengua, entreteniéndome con sus pechos, me enloquecían, y su ombligo, la enloquecía.
Su respiración se entrecortaba a medida que me acercaba al pedazo de tela, y al llegar a aquel punto me separé y me dirigí a sus rodillas, e hice la operación como hacia un rato, la deje un rastro desde la rodilla hasta el lugar donde emanaba aquel olor del deseo. La chupaba, mordía y besaba cada milímetro de chocolate hasta que llegue al oscuro objeto de mi deseo. Puesto de pie frente a ella echada en el mostrador, le cogí la diminuta tela y se la bajé, debía de haberse mojado demasiado, pues le costo despegarse de su sexo.
En ese momento se incorporo y me dijo
quiero mostrarte mi agradecimiento por haberme salvado esta noche.
Se puso de pie, me apoyo sobre el mostrador y mientras se agachaba me recorrió un escalofrío la columna vertebral, y un millón de ideas pasaron por mi cabeza, hasta que me despertó su forcejeo con el cinto, con los botones del pantalón, y con el bóxer. Saco mi pene que estaba caliente y tan duro que podría utilizarlo para clavar puntas. Besó la punta, y sin dejar de mirarme lo recorrió con la lengua. Pensé que me corría, Sonia acariciaba mis testículos y mi pene con maestría, creía enloquecer con aquel masaje, pero no fue nada comparado a cuando se lo introdujo en la boca, solté un gemido ronco, el contacto de su lengua, el calor y la humedad de su boca, la suavidad dura de su paladar y la blanda de las paredes de la boca junto con el tacto de sus dientes, hizo una mezcla explosiva. La cogí de la nuca y la alce hasta que quedo de pie, nuestras bocas se buscaron, las lenguas se entrelazaron y nuestras manos exploraban ávidamente los cuerpos desnudos.
Estuvimos así una eternidad, cuando de repente, las luces de un coche nos desvelaron, pero pasó de largo. En una milésima de segundo nos habíamos puesto en el suelo por el susto, y allí seguimos besándonos, y ella separó su boca de la mía, me miró con deseo y comprendí lo que me quería decir con la mirada, sin dudarlo, la penetré suavemente, quería recordar cada movimiento suyo y fueron unos momentos de sexo lento, disfrutando cada segundo, hasta que el balanceo se hizo mas acelerado, pero eso no debía acabar en el misionero, así que me puse de rodillas, y la alce para que se pusiese a 4 patas, me acerque por detrás, y con cada mano mía en un pecho suyo seguí aquel ir y venir, mis testículos golpeaban su frontón, empezaba a jadear yo, ella llevaba un rato gritando, sus gemidos me enloquecían, el bamboleo de sus pechos en mis manos era demasiado. Llegó un punto en el que ella decidió tomar la iniciativa, y menos mal que no tardó, porque yo ya estaba a punto.
Se levanto, y se sentó encima mío, yo acostado sobre mi espalda, y en una postura de sumisión total, me dejé hacer. Esa cadera se movía haciendo círculos a gran velocidad, por el aumento del volumen de sus jadeos, comprendí que llegaría pronto al orgasmo, y yo noté como iba a correrme.
Se corrió. Fue apoteósico, un orgasmo así no lo había visto en mi vida.
Tal fue la magnitud, que sus contracciones me llevaron al mío.
Quedamos postrados la una sobre el otro bastante tiempo, acariciándonos, y besándonos. No sé si esa sensación que me embargó, fue mejor que el orgasmo, pero yo estaba enamorado de ella en aquel momento.
Su móvil sonó, era el hombre de la grúa, que nos esperaba en un pueblo, porque no conocía la zona, nos vestimos, ordenamos un poco la tienda, para que no se notase demasiado nuestra incursión, cogí unos limpias nuevos, y salimos, ella por la puerta y yo por donde había entrado, por la ventana.

Cuando llegamos con la grúa donde su acompañante, este se encontraba dormido en el interior, cuando lo despertó se subieron a la cabina de la grúa, y ésta arrastrando su coche se perdieron en la noche.

Cuando empecé a reaccionar, me acordé que no le había pedido el número de teléfono y que no volvería a verla.
Al entrar en el coche vi su bolso en mi asiento, lo debió de dejar a propósito de un nuevo encuentro.


Continuará?

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