OTRA VEZ CON MARI
Hetero, polvazo, sodomización. Un encuentro con su amiga Mari, la cual estaba más caliente que nunca ya que su cuevita no recibía a nadie desde hacía mucho tiempo.


Hola Amigos y lectores de esta excelente página web. Hoy les voy a contar
algo que me ocurrió esta semana.

Se acuerdan de mi amiga Mari, la protagonista de los primeros relatos que
me publicó Marqueze?, allá por noviembre. Pues he vuelto a encontrarme con
ella.
Sin más dilaciones comienzo mi relato, fresquito, ya que sucedió hace tan
solo unos días.
Resulta que entré al bar de su padre, y allí estaba ella solita, lavando
algunas copas y cacharros en la pila, de espaldas a la barra. No había
parroquianos ni nadie más. Lucía un polo blanco de mangas largas, y un jean
negro ajustadito que remarcaba en forma excelente su trasero. Recuerdo que
pensé: joder, con esta chavala, cada día está más buena. Tiene el culito
cada vez más paradito y redondo, si está para morderla. La saludé con un
"hola preciosa" que sé que le encanta.
Se giró y con cara de sorpresa me dijo: Esteban, tú por acá. Hace un
montonazo que no nos vemos; y con cara de desilusión: y que no me llamas ni
salimos ni nada de nada. Bueno pequeña, es que he estado muy liado con el
trabajo y ni tiempo para venir a tomar café, mientras pensaba, si hasta las
tetas le han crecido. Hoy es que estoy más libre y tenía ganas de verte.
Pues se agradece la visita. Y muy sonriente se estiró por encima de la barra
y me ofreció sus labios que saboreé ansioso, y contento de ver que no había
cambiado nada en nuestra relación, aunque había pasado bastante tiempo sin
ocuparme de ella. Sabes algo le dije, estás cada día más guapa. Anda ya me
dijo, siempre tan zalamero. Pero no chiqui, es de verdad, y además ese
pantalón te va de cine. Si me dan ganas de tocarte para ver si es todo tuyo
de verdad. Pues no te cortes, que hace un montón de tiempo que nadie me toca
ni nada. Si he pasado una sequía desde la última vez que nos vimos!. No me
digas. Y que le pasa a tu noviecito, es gilipollas o qué. Es gilipollas y
por eso lo dejé hace mucho, ya que me ponía loca con sus celos. Pues
entonces no será tan gili, porque yo con una novia como tú estaría celoso
todo el día. Anda ya!.
Y no te has echado otro novio todavía. Pues nadie que me interese.
Oye, me dijo, de verdad te sigo pareciendo guapa. Por supuesto. Y entonces
porque te has olvidado de mí. Pero no tontita, le dije pasando al otro lado
de la barra y cogiéndola por la cintura desde atrás empecé a besarle su
cuello, mientras apoyaba mi pelvis contra su fabuloso traserito. Ehh Ehh
Ehh, que puede entrar alguien. Pues por qué no bajas la persiana, total tus
padres no están y a esta hora no suele venir nadie. Así si viene alguien
pensará que habéis cerrado un rato. Vale, dijo y fue a bajar la persiana,
hasta un metro más o menos del suelo, para ver si venía alguien, pero a la
vez que nadie fuera a entrar, ya que parecía cerrado. Y por las dudas trabó
la puerta. Anda échame un cafécito. Se puso de cara a la máquina de café y
yo volví a cogerla por la cintura y besarle el cuello, lamerle las orejas,
abrirle el cuello del polo y besarle los hombros, mientras con mis manos
exploraba su abdomen por debajo del polo, primero en dirección ascendente
hasta tocar sus pechos que también me parecieron más grandecitos de lo que
recordaba, pero igual de firmes, suaves y paraditos, por supuesto.
Mari empezó a suspirar. Como me gusta que me acaricies así, Esteban.
Y a mí hacerlo preciosa. Le giré la cara y le pegué un riquísimo morreo,
mientras desprendía el broche de su jean y bajaba la cremallera.
Oye, oye, acá no, porfa. Pero vamos si no puede venir nadie, si está
cerrado. Sí ya, pero me da co.. No pudo terminar porque volví a pegar mis
morros contra los suyos. Suspiró y se dejó hacer mientras seguía acariciando
sus senos y besando su cuello. Aproveché y le bajé el pantalón. Me arrodillé
y lo saqué por sus pies. Subí con mis manos acariciando sus piernas y
muslos, mientras los separaba, seguidas por mis labios en el mismo
recorrido. Al llegar a sus braguitas, tanga por cierto, la cogí por la
cadera e hice que se inclinara hacia atrás, con sus manos apoyadas en el
banco donde apoya la cafetera, es decir con el culito en pompa. Besé sus
nalgas tersas y suaves como recordaba, pero más duritas si cabe y
redondeadas. Me sumergí luego entre sus muslos y lamí su coñito por sobre
las bragas. Ahora ella solo suspiraba y ya no ponía más reparos a mi
accionar. Sus tanguitas estaban empapadas allí donde cubren los labios y
hacia atrás. Olía de maravilla. Las cogí por el elástico y se las bajé,
ayudando ella en el movimiento y luego levantó sus piecitos para poder
terminar de sacarlas. Ahora estaba desnuda de la cintura para abajo. La
visión de su culo en pompa, por su posición, y con las piernas separadas,
era apoteósica. Se le veían las gotas de flujo colgar de sus pelitos
(todavía no se depila) abundantes pero sedosos, dando mil reflejos por la
luz amarilla del bar. Era una imagen casi celestial. Sorbí cada gota de esas
y me interné con la lengua en su vagina, que chorreaba jugo y estaba
calentísima. Tanto que aún en esa posición no tuve ninguna dificultad para
internarme en ella con la lengua primero y luego con mis dedos, provocándole
el primer orgasmo del encuentro, que estalló con un grito que retumbó en el
bar cerrado.
Mientras seguía masajeándole las paredes internas húmedas y calentitas de
su vagina (sensación deliciosa por cierto) y con un dedo su clítoris, parado
y duro, comencé a lamer sus nalgas, sabrosas como siempre para finalmente
bajar con la lengua por su raja posterior desde su nacimiento al final de la
columna, hasta llegar al agujerito posterior, su delicioso estrecho y
caliente anito. Cuyo sabor me supo a gloria. Estuve un rato en ese menester
hasta que sentí su nueva corrida que baño mis dedos en un mar de flujo,
caliente y espeso. Lo llevé a mi boca y lo saboreé con fruición. Yo ya tenía
mi polla que reventaba mis pantalones. Pero como mientras hacía todo esto ya
había bajado mi cremallera con la mano libre, al levantarme, los dejé caer
hasta el suelo. Bajé también mi slip y patée ambos a un costado, dejando mi
verga libre que, sedienta de sexo, apuntaba a su espalda, enhiesta como una
lanza. Volví a abrazarla apoyando la polla entre sus nalgas, sintiendo la
dureza y el calor de las mismas, y a la vez transmitiéndole todo el calor de
mi sexo ardiente. Hay Esteban como te has puesto papi. Y diciendo esto se
separó un poco de mí mientras me morreaba entre suspiros y pasando su mano
entre ambos, cogió mi verga comenzando a sobarla con delicadeza de la punta
hasta los huevos que apretaba suavemente como valorando su contenido. Yo
subí mi mano derecha (la izquierda estaba ocupada en su coño), y apreté sus
pezones arrancando nuevos suspiros de su boquita de rosa. Como temía acabar
en sus manos y ese no era mi objetivo, retiré su mano y volviendo a ponerla
en la posición inicial, reclinada sobra la máquina de café y con el culo en
pompa y las piernas separadas, me ubiqué entre ellas y separándole las
nalgas con mis dos manos, cosa que costaba bastante por la firmeza de sus
glúteos, apoyé mi verga en su ano y comencé a presionar suave pero
persistentemente, ente sus quejidos y suspiros de dolor y placer
respectivamente, hasta que con un ¡Plop! entró el glande completo. AYYYY,
papi, que caliente está, pero ve despacito que hace mucho que no recibo
invitados a mi cuevita y me duele. Si mi amor, tranquila que ya sabes que es
un poquito de dolor al principio. Sí ya, pero eso no quita que me duela
mucho. Tranqui, que iré despacito y con suavidad como siempre. Y poco a
poco se la fui enterrando con un suave mete y saca, progresando cada vez más
hasta que sentí mi pubis topar contra sus nalgas y mis huevos bañarse en el
flujo que chorreaba de su vagina. Que delicia dios, como extrañaba este
culito tan sabroso, tan estrecho, tan caliente y receptivo para mi picha.
Mientras entraba y salía sin sacarla del todo, podía sentir todo el volcán
de su cuevita, cuyas paredes acariciaban mi verga y la envolvían como si
fuera un bebé en los suaves brazos de su madre, al mismo tiempo que su
esfínter se defendía de la dulce "agresión" palpitando y contrayéndose sobre
mi tronco provocándome un sinfin de maravillosas sensaciones. Ambos
jadeábamos y suspirábamos de placer y gozo. Mari comenzó a balancearse
a mi ritmo y sincronizando nuestros movimientos el placer era increíble.
Entre suspiros me gritaba si papi, siiii, dame mucho, métemela hasta el
fondo, que gozoooo!!!!!!!!!, que maravilla, como extrañaba sentirte dentro
míooooooooooooooooooooooooo, más, no pares porfa, si, si, si, siiiiiii. Yo
sentía que iba a explotar en cualquier momento. Mi polla palpitaba y me daba
la impresión de que cada vez crecía más en su interior y en cada arremetida
llegaba más hondo. El ritmo se fue haciendo febril, enloquecido, hasta que
estallamos juntos en un increíble orgasmo que llenó su culo de enormes
cantidades de semen, porque no terminaba de correrme, mientras que su flujo
bañó mis huevos y empapó todos mis vellos desde ellos hasta mis rodillas. Lo
sentía deslizarse a lo largo de mis muslos. Era delicioso, sentir eso al
mismo tiempo que las contracciones de su esfínter que tampoco paraban. Tenia
un orgasmo tras otro, y no parábamos de movernos, adentro y afuera, una y
otra vez, hasta que con un intenso suspiro seguido de un no menos intenso
gemido de placer, se quedó quieta empalada con mi polla y recostada sobre
mí, inmóvil, respirando entrecortada. Me temblaban las piernas, me corría el
sudor por todo el cuerpo. Hasta que me salí de su interior con mi polla ya
fláccida y me senté en un taburete sosteniéndola por la cintura porque temí
que se aflojara y cayera al suelo. Cuando se repuso respirando algo más
normalmente, se arrodilló delante del taburete y lamió mis muslos hasta
dejarlos limpios, luego lamió todo mi pecho y abdomen sorbiendo mi humedad,
para finalmente llevarse mi polla a su boca chupando y lamiéndome hasta
dejarla totalmente limpia, brillante y lubricada. Entonces se subió al
taburete y se sentó sobre mi clavándose de una sola estocada toda mi polla
en su vagina, por supuesto sin ningún esfuerzo ya que ambos estábamos
mojadísimos. Colgándose de mis hombros empezó a subir y bajar por mi tronco
a un ritmo desenfrenado, como si fuera la última vez y quisiera exprimirme
hasta el final. En cada bajada se la metía hasta el fondo de su vagina,
topando con el cuello de su útero y pegando sus nalgas contra mis muslos, y
por supuesto dejándolos empapados con más y más flujo, más mi semen que
escurría de su culo bajando por sus nalgas hasta ellos. Ver eso desde mi
posición, reflejado en el espejo detrás de la barra, y como mi verga se
enterraba totalmente y volvía a salir de su vagina, cuyos labios se abrían
para recibirme y me apretaban cuando estaba adentro, me ponía a mil. Yo
mientras acariciaba sus pezones y su clítoris alternativamente, disfrutando
de esa criatura maravillosa, que pese a su edad (17) es una verdadera hembra
hambrienta de sexo y polla, y la mar de caliente por dentro y por fuera.
Sentía que me quemaba desde la punta de mi polla en su interior, hasta mi
pecho en contacto con su espalda y mis manos en su vagina y tetas. Así
estuvimos por espacio de diez minutos hasta que sentí como se corría en
medio de espasmos y arqueo de su cuerpo y múltiples, deliciosas
contracciones de su vagina que parecía ordeñar mi polla. Realmente es
indescriptible todo lo que sentía. Y entonces me dejé llevar y me corrí de
nuevo en forma increíblemente abundante y, como ella no paraba de subir y
bajar, quedamos bañados de flujo y semen. Cuando se incorporó poniéndose de
pie delante mío vi chorrear por sus muslos un río de semen y flujo que sin
pensar me arrojé sobre ella a lamer y sorber todo aquél delicioso zumo que
me supo a néctar celestial. Fui subiendo por el interior de sus muslos hasta
hundirme en su vagina para beber todo aquél néctar y luego relamí sus nalgas
y sorbí lo que quedaba en su culito. Con tanto placer que le daba mi lengua,
Mari volvió a correrse entre sollozos y gemidos de placer. Cuando terminó su
corrida la miré a la cara y estaba desencajada del placer y agotamiento. Me
brindó una sonrisa dulcísima y se abrazó a mí llorando por la emoción de lo
que acabábamos de vivir, susurrándome al oído: gracias papi, ha sido
realmente maravilloso, ha superado todo cuanto me hiciste sentir hasta
ahora. Estuvimos así abrazados un rato, hasta que nuestra respiración y
pulso se calmaron, cosa que nos llevó como una hora, durante la cual nos
besábamos y acariciábamos con ternura, ya sin el apasionamiento del acto
sexual, sino más bien con dulzura y cariño como envolviéndonos mutuamente en
un halo de amor puro y protector. Nos higienizamos mutuamente sobando con
delicadeza nuestros cuerpos, nos tomamos un rico café express para
relajarnos (si cabe más) y yo me fui silbando bajito dejándola con sus
quehaceres en el bar de su padre, no sin antes concertar nuestro próximo
encuentro, del cual ya les contaré cuando ocurra, que seguramente será en mi
casa de la ciudad.
Eptal.

Como siempre háganme llegar sus comentarios a: eptal@hotmail.com


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