PEDRO, MI AMIGO MADURO
Trío, infidelidad, cyber, maduro, hombre - mujer - hombre. Se habían conocido a través de Internet, habían intimado y ahora iban a verse personalmente...


Conocí a Pedro a través de este maravilloso medio que es Internet. Nos encontramos de casualidad en una sala de chat, empezamos a conversar y de inmediato nos dimos cuenta de que teníamos muchos intereses en común a pesar de la diferencia de edad. El tiene 43 años, está casado, tiene dos hijos pero no lleva una vida feliz. Su energía y sus ganas de vivir las envidiaría cualquier joven. Yo me llamo Romina, tengo 23 y las mismas ganas que él de vivir nuevas experiencias. Durante nuestros encuentros en el chat, que se prolongaron por meses, hablamos de lo que nos gustaba y lo que no, después empezamos a conversar sobre las fantasías, el sexo, el placer, y terminamos teniendo unas excitantes sesiones de cybersexo. Hasta que comprendimos que necesitábamos dar un paso más: conocernos personalmente.
Lo meditamos durante mucho tiempo. Intercambiamos fotos y confirmamos que nos gustábamos. Hablamos por teléfono, y nos gustamos más. Por fin resolvimos vernos cara a cara. Llegamos a un acuerdo: si al vernos personalmente no había química entre nosotros, cada uno se iría a su casa. Pero si descubríamos que nos gustábamos haríamos realidad absolutamente todas nuestras fantasías, sin detenernos. Como verán, eso fue lo que ocurrió. Fui a verlo una tarde y pasé una semana junto a él.
Compartíamos un deseo: él quería estar con una joven de mi edad, y yo quería estar con un maduro de su edad. Esa fue la base.
Nos encontramos en un bar de Buenos Aires, la ciudad donde vive Pedro. Cuando llegué, ya me estaba esperando. Me agradó apenas lo vi. Estaba igual que en su foto. No es un súper galán pero tiene algo difícil de explicar y que nos gusta a nosotras las chicas. Tiene encanto, hombría, no sé bien cómo decirlo. Me di cuenta que yo también le gusté.
Me senté a la mesa junto a él. Nos reíamos, ninguno de los dos sabía cómo empezar la conversación hasta que él me dijo:
-¿Cumpliste con tu palabra?
-Sí -respondí yo. Sus ojos brillaron.
-Es decir que no tenés ropa interior.
Era verdad. Le había prometido que en nuestro encuentro en el bar yo iría vestida exactamente como estaba ahora: una blusa, una falda muy corta de tela liviana, sandalias, y sin ropa interior ni medias.
-Para que sepas -le dije- la minifalda es tan corta que tengo la cola apoyada directamente sobre la silla.
-Me gusta mucho saber eso pero... ¿cómo puedo estar seguro de que me decís la verdad?
Sonriendo, abrí un poco las piernas. Pedro echó un vistazo. Desde su posición, podía verme claramente la concha.
-Perfecto. Quedate así, no cierres las piernas.
Miré a mi alrededor. El bar estaba lleno de gente. Seguí sentada con mis piernas separadas.
-¿Tampoco tenés soutien verdad? -me preguntó Pedro.
En vez de responderle desabroché algunos botones de mi blusa y disimuladamente la entreabrí. Él pudo ver mi teta derecha por completo, incluido el pezón rozado que ya estaba duro.
-Qué maravilla Romina. Me va a encantar cojerte, ¿sabés? Te voy a disfrutar mucho y vas a gozar como nunca.
Sonreí, excitada. Un chico, en una mesa cercana, simuló que se le caía una cuchara al piso y se agachó a recogerla. Me dí cuenta que lo hacía para espiar debajo de mi falda.
-¿Dónde iremos? -pregunté.
-Esperá, paso a paso. Aún tenemos que cumplir otras fantasías. Ahora pagaré el café y nos iremos caminando a tomar el subterráneo (metro). Vos vas a ir unos pasos delante de mí. Quiero observarte y ver a los que te miran.
Así lo hicimos. Salí caminando con Pedro unos pasos detrás. Yo movía las caderas sensualmente, y los hombres que pasaban por la calle me miraban y me decían cosas. Los que me miraron con atención deben haber notado que no llevaba ropa interior, porque la falda y la blusa eran semitransparentes.
Soplaba una leve brisa que me levantaba la falda y me dejaba al descubierto la parte inferior de mis nalgas. Aquello era terriblemente excitante, me sentía desnuda. Mis pechos se movían libres bajo la tela, y mis pezones duros y paraditos se marcaban bajo la blusa.
Por fin subimos al subterráneo, que a esa hora estaba repleto de gente. Pedro me susurró al oído: "quiero que elijas a un chico que viaje aquí y le apoyes el culo".
Ví a un hombre de unos 30 años que me gustó. Abriéndome paso entre la gente, llegué hasta él. Disimuladamente me acomodé dándole la espalda. El vagón del metro se movió un poco y aproveché para apoyarle mi culo contra su entrepierna.
El hombre se sorprendió un poco pero no dijo nada. Yo moví apenas mis caderas, en minutos sentí que el sujeto tenía un bulto durísimo apoyado contra mi trasero y él también se movía, apoyándome con más firmeza. Otro joven, que estaba frente a mí, no dejaba de mirarme los pechos. Yo tenía la blusa abierta y se me veía la mitad de las tetas y la marca de mis pezones en la tela.
El hombre que estaba detrás de mí se pegaba cada vez con más firmeza contra mi trasero. Una de sus manos me acarició la pierna derecha. Yo no dije nada. La mano fue subiendo y se metió bajo mi falda. La concha se me estaba humedeciendo por la excitación. Los dedos estaban a punto de tocármela cuando llegamos a destino. Pedro me hizo una seña y descendimos.
-¿Qué tal, te gustó la experiencia? -me preguntó.
-Uff fue terrible. Muchas veces me habían apoyado viajando así, pero nunca me animé a llegar tan lejos. Ese hombre estaba a punto de meterme los dedos.
Pedro me besó en la boca. "Sos maravillosa Romina, vamos a hacer grandes cosas juntos".
Caminamos por la calle. Pedro pasó su mano sobre mi hombro. Parecíamos padre e hija dando un paseo, pero estábamos muy lejos de eso. Me sentía bien, quería satisfacer en todo a ese hombre y estaba dispuesta a entregarme a lo que sea.
Atravesamos un hermoso parque. Pedro me llevó contra un árbol y empezó a besarme y acariciarme a la vista de todos los que pasaban. Metió su pierna entre las mías, y yo froté mi vagina contra su pantalón. Él me chupaba el cuello y amasaba mis tetas. Bajé mi mano y le toqué la verga. Le hacía un gran bulto bajo el pantalón.
-Andá conociéndola -me susurró Pedro- Me va a encantar metértela por todos lados.
Me tenía pegada contra el árbol y nos estábamos manoseando salvajemente. Miré a los que pasaban, que no nos quitaban la vista de encima. Yo tenía una teta afuera y la falda subida, froté más la concha contra la pierna de mi amante hasta que tuve un orgasmo. Tuve que sujetarme a él para no caerme porque me temblaban las piernas.
Pedro esperó a que me repusiera, cruzamos la calle y fuimos a su departamento. Besándonos todavía vestidos fuimos hasta el dormitorio.
-Chúpame la verga Romina.
Pedro se quedó de pie. Yo me arrodillé, desabroché su bragueta, metí la mano, saqué su pija afuera y empecé a lamerla. La recorrí de punta a punta con mi lengua, mojándola con mi saliva. La tenía gruesa y bastante larga, se le marcaban las venas. Sus huevos eran grandes y peludos, me los metí en la boca uno a uno y luego volví a lamérsela. Llegué a la cabeza, que estaba hinchada. Le dí chuponcitos y mordisquitos mirándolo a los ojos. Pedro gemía de placer y yo también.
-Es una maravilla como chupás Romina. Ahora te voy a enseñar a tragarte una verga. Te juro que nunca te olvidarás de esto. Poné tus manos atrás y dejame a mí.
Obedecí mientras él se bajaba los pantalones y se quitaba la camisa. Con su mano derecha, Pedro tomó mi cabello por la nuca firmemente, como haciéndome una cola de caballo. Con la izquierda me sujetó de la nariz. Tuve que abrir la boca para poder respirar.
-Eso es -me dijo- abrí la boca todo lo que puedas, lo más grande que puedas.
Le hice caso. Abrí la boca hasta que me dolía la mandíbula. Entonces él movió sus caderas hacia delante y me clavó la verga hasta la garganta. Me dio una arcada, y él la retiró. Un grueso hilo de baba unía mis labios y la cabeza de su pija.
-Así, despacio. Ya vas a ver que te entra toda.
Yo apenas podía respirar. Pedro me hundió otra vez su barra de carne en la boca. Tuve otra arcada, pero me acomodé mejor y pude soportarla toda adentro. Él empujó más, luego otro poco, y por fin me soltó la nariz que me quedó pegada contra su vientre. Entonces me empujó de la nuca. Toda mi cara quedó pegada contra su vientre y su verga completamente dentro de mi boca, hasta la base. Pedro lanzó un alarido ronco de excitación.
-Aaaaahhhh asíííí. Así una chica como vos se traga la verga de su hombre mi amor.
Pedro movía sus caderas hacia delante y hacia atrás, manteniendo firme mi cabeza. Sus embestidas eran cada vez más fuertes. Sacaba su verga de mi boca hasta la mitad y volvía a clavármela hasta los huevos, pegaba mi cara contra su vientre, me mantenía retenida unos segundos y volvía a sacarla.
-Aaaaahhhhh Romina te estoy cojiendo esa boca preciosa que tenés. Te la voy a llenar de leche mi amor. Siento que me sube, me sube...
Pedro gemía más y más fuerte, y me bombeaba verga en la boca con más violencia. Sus embestidas eran terribles. Su mano tiraba fuerte de mi cabello, lo mantenía sujeto con potencia. Yo sentía su carne dura palpitar entre mi lengua y mi paladar. Mi excitación era indescriptible, como nunca antes. Hasta que de pronto mi amante me pegó con más fuerza aún contra su vientre. Era el momento: con un grito, lanzó gruesos chorros de leche directo a mi garganta. Me la tragué toda y al mismo tiempo tuve un orgasmo. Pero mi calentura era tan grande que también me oriné.
Mientras la leche de Pedro pasaba por mi garganta e iba directo a mi estómago, mi meada bajaba por mis muslos mezclados con los jugos de mi orgasmo.
Pedro sacó la verga de mi boca. Tuve un eructo y una mezcla blanca de leche y saliva me salió de la boca, chorreó por mi mentón y cayó sobre mis tetas.
Caímos sobre la cama, abrazados.
-¿Te gustó mi amor? ¿Alguna vez habías tragado verga de esa manera?
-Nunca, es increíble -dije recuperando el aliento.
Nos hicimos caricias y nos dimos unos besos riquísimos. Me encantaba sentir la lengua de Pedro en mi boca mientras sus dedos jugaban con mis pezones. Después me manoseó todo el cuerpo y me lamió entera de pies a cabeza. Empezó por mi rostro, lo sujetó entre sus manos fuertes y me lamió toda la cara como si fuera un helado hasta dejarla mojada por su saliva, me metió la lengua en la oreja y en la nariz, me la pasó por la nunca, por el cuello. Durante largo rato me comió las tetas, me las amasaba, las apretaba para que mis pezones saltaran hacia delante y los mordía. Con su lengua me mojó toda la espalda y el vientre, me daba vueltas en la cama como si fuera una pluma. Me quedó la piel brillante toda cubierta de saliva.
Luego se acostó boca arriba en la cama.
-Sentate en mi cara, apoyame toda la concha en la cara -me pidió.
Hice tal cual lo que me pedía. Pedro sacó la lengua y la hundió muy profunda en mi concha, la movía en todas direcciones provocándome estremecimientos. Yo me senté con fuerza y me tocaba las tetas mientras él me besaba la vagina como antes había hecho con mi boca. Su verga empezó a reaccionar y se puso dura otra vez.
-Ahora sentate en mi pija, guardátela toda en la concha.
Me acomodé en la cama con las piernas abiertas, sus piernas entre las mías, dándole la espalda. Le agarré la pija con una mano y froté la cabeza contra mi clítoris. Eso me calienta al máximo. Cuando no pude resistir más, me dejé caer y la verga dura se deslizó dentro de mí. Lancé un gemido.
-Aaaaaaahhhhhhh Pedro cómo la siento mi amorrrrr.
Me sentía ensartada como nunca, clavada por completo. Lo cabalgué un buen rato hasta que él me hizo inclinar hacia delante.
-Así Romina, ponéte así. Quiero ver a tu concha tragándose toda mi pija y quiero verte el agujero del culo.
Con un dedo me masajeó el ano, lo lubricó con mi propio jugo y me hundió el pulgar. Lancé otro grito.
-Está un poco cerradito mi amor. Pero te aseguro que te va a caber toda cuando te la meta.
Acabé como una perra, y la verga de mi amor se deslizó fuera de mi concha jugosa. Quedé boca abajo y Pedro se acomodó arriba mío.
-Abrite mi amor -me dijo.
Con mis manos separé mis nalgas. Él dejó caer una gruesa gota de saliva y después sentí que me apoyaba la cabeza de su pija en el agujerito de mi culo y empezó a presionar. Lancé un grito.
-Aguantala mi vida, ya te vas a acostumbrar. Está entrando la cabeza.
El dolor era tremendo pero mi calentura podía más. Sentí mi esfínter dilatándose para dejar que ese monstruo duro y grueso se metiera en mis entrañas. Pedro me iba a meter la verga hasta las tripas. Con movimientos suaves y lentos, se fue abriendo paso en el más íntimo de mis huecos.
-Ahhhhhhhh -grité yo- ¿Ya está, ya entró toda?
-Todavía no mi amor, va por la mitad. Pero la estás aguantando muy bien mi vida.
-No Pedro no la aguanto más. No sabés cómo me arde el culo, me estás matando mi amor. Sacamela un poquito por favor.
-No mi amor es peor si la saco ahora. Aguantá que falta poco.
Aullé como una loca, clavé las uñas en la cama, mordí las sábanas. Estaba desesperada no sabía qué hacer. El culo me dolía muchísimo.
Pedro se recostó por completo sobre mi cuerpo, aplastándome con su peso. Su pecho lleno de sudor se pegó contra mi espalda mojada.
-Ya está mi amor -me dijo al oído- La tenés metida hasta los huevos. Toda mi vida, te la comiste por el culo hasta la base. Te la enterré toda.
Yo seguía gimiendo y se me salieron algunas lágrimas. El agujerito del culo me quemaba. Pedro se quedó inmóvil un rato y después se empezó a mover, al mismo tiempo que me frotaba el clítoris con la mano que había metido debajo de mi cuerpo. Después de un rato el dolor cedió y empecé a disfrutarlo. Entonces mi amante se movió con más libertad.
-Así mi amor, así -me decía- ¿Ves? Yo te dije que el dolor era un momento nada más.
Pedro me bombeaba cada vez con más fuerza, pero también se movía en círculos. Hasta que me la sacó por completo y me abrió las nalgas con las manos.
-Ahhh mi amor así quería verte el culo, bien abierto.
Me la volvió a clavar hasta el fondo y siguió moviéndose.
-Tenés el orto completamente abierto mi muñeca -me dijo al oído- No se te va a cerrar por mucho tiempo. Nunca te vas a olvidar esta pija que te estás comiendo. ¿Querés ver cómo te lo dejé?
Levanté la cola hasta quedar en cuatro. Entonces me pude ver en un espejo que había en la pared, mientras Pedro mantenía mis nalgas abiertas. Quedé impresionada: el agujerito de mi culo era ahora un hueco grande, redondo. Pedro dejó caer un chorro de saliva adentro y me la volvió a meter. La enterraba hasta el fondo, la sacaba por completo y me la volvía a enterrar. Cada vez que la sacaba afuera se escuchaba un chasquido.
-Ahora te lo voy a llenar de leche -anunció. Me empezó a coger cada vez más fuerte, con embestidas bestiales que me cortaban la respiración, y dando gritos. Yo también gritaba de dolor y de placer. Su vientre golpeaba contra mis nalgas, estábamos cubiertos de sudor. Pedro apoyó una de sus manos en mi cabeza, me hizo enterrar la cara contra la cama. Después me sujetó del cabello, lo jaló y me obligó a mirarlo.
-Mírame mientras te rompo el culo -gritó bombeándome con violencia.
Hasta que me la clavó muy al fondo, todo lo que pudo, y yo sentí que me llenaba de un líquido caliente y espeso. Se estaba vaciando dentro de mi culo. Tuve otro orgasmo.
Pedro se quedó un rato más sobre mí, respirábamos agitados. Su verga se fue ablandando hasta que salió sola, y junto con ella escurrió leche de mi culo y me mojó la parte interna de los muslos.
-Te quedó hermoso mi amor -me dijo él abriéndome otra vez las nalgas para inspeccionarme. Estaba orgulloso de su obra- Ahora sos una nena con el culo bien abierto, te vas a poder comer todas las pijas que quieras sin problemas.
Cuando se me pasó el temblor del cuerpo quise darme una ducha. Pedro me indicó que el baño estaba al final de un pasillo. Salí de la habitación desnuda y a cada paso que daba sentía que me seguía escurriendo semen del culo. Todavía me dolía, tenía la sensación de tener aún plantado el tronco de Pedro. Me llevé una sorpresa enorme cuando a mitad del pasillo me crucé con otro hombre, que me miraba sonriente. No supe qué hacer, me asusté un poco pero no parecía un ladrón. El tipo, más o menos de la edad de Pedro, me miró de arriba abajo y siguió su camino. Yo estaba absorta, ni siquiera atiné a taparme el cuerpo con las manos.
Me di una larga ducha para reponer fuerzas y regresé a la habitación envuelta en una toalla. Pedro estaba sentado en la cama, la verga se le estaba poniendo dura otra vez.
-Hay otro hombre en la casa -le dije.
-Sí, es Jorge, un amigo. No te hagas problemas.
Nos abrazamos, volvimos a besarnos y hacernos caricias. Con una mano busqué el miembro de mi amante y lo masturbé. Al cabo de un momento me pidió que se la chupara, así que me acomodé arrodillada en la cama entre sus piernas abiertas y me la metí en la boca.
En eso sentí que había alguien más en la cama. No era otro que Jorge, que se había desnudado y estaba junto a mí. Para mi sorpresa, tomó la verga de Pedro, la sacó de mi boca y empezó a chuparla él.
-Asííííí mmmmmm -gimió Pedro- háganme una buena mamada entre los dos.
Jorge y yo empezamos a lamer la pija de Pedro, nuestras lenguas se cruzaban de vez en cuando. Yo me dediqué a mamar la cabeza y él los huevos, después intercambiamos. Jorge chupaba como una mujer, se notaba que tenía mucha experiencia.
Después, Pedro le pidió que se pusiera en cuatro pero él se negó.
-Sabés que me duele cada vez que intentás metérmela -dijo.
-Vamos Jorge no podés decirme eso -le contestó Pedro- Mírala a Romina, es una chica jovencita, más tierna que vos, y se la bancó entera. ¿No es verdad Romina?
-Te va a doler un poco al principio pero después te va a gustar -lo alenté yo. De todas formas, Jorge no quería saber nada.
-Ok, vamos a hacer una cosa -dijo Pedro y se fue hasta un cajón del placard. De allí sacó un pene de goma con arnés para sujetar a la cintura- Esta te la aguantás, ¿verdad Jorge? Bueno, entonces Romina te va a coger un rato para abrirte.
La idea de Pedro me tomó por sorpresa, pero rápidamente me colocó el arnés en la cintura. Me sentía rara con esa pija de goma. Jorge se puso en cuatro, mi amante le lubricó el culo con aceite y me dijo:
-Dale, cogételo.
El pene de goma no era grueso y entró con bastante facilidad en el culo de Jorge, quien empezó a gemir de placer. Se lo metí todo casi sin esfuerzo.
-Dale Romina, movete -dijo Pedro, y dirigiéndose a Jorge: ah, te gusta que te coja una chica ¿verdad? Mirá cómo te está culeando esta pendeja mientras te apoya las tetas en la espalda... te gusta, ¿verdad Jorge?
A Jorge le gustaba y a mí también. Me entusiasmé y empecé a moverme como un hombre dándole más y más por el culo. Lo sujeté por los hombros, le apoyé las tetas en la espalda y se la enterré toda. Hasta que Pedro me hizo a un lado y le clavó su verga. Jorge lanzó un alarido porque notó la diferencia, ahora le estaban metiendo algo más grueso.
-Ponete en cuatro vos delante de él -ordenó Pedro.
Me acomodé de inmediato, Jorge me enterró su verga en la concha. Hicimos un trencito, yo sentía que era Pedro el que me estaba cojiendo a través de Jorge.
-Ahora chupásela.
Me tendí debajo de ellos y me metí la pija de Jorge en la boca. Desde mi posición podía ver el fabuloso entrar y salir de la verga de Pedro en el culo de su amigo.
Después de un rato de furiosa cojida, Jorge dio un grito y soltó toda su leche en mi boca. Entonces Pedro la sacó y me dio de tomar su semen. La acabada de los dos hombres se mezcló en mi lengua, pasó por mi garganta y fue directo a mi estómago.
Como les dije, pasé una semana increíble junto con Pedro, y este fue apenas un resumen de las cosas que hicimos.
Si les gustó mi relato, escríbanme a
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