PENITENCIA DE SEMANA SANTA CON UNA DIOSA ALEMANA (I)
Fantasía, intercambio, trío, hombre - mujer
- hombre. Un alemán le hace la propuesta de acostarse con su novia
mientras él los mira.
AESTA HISTORIA NO ES REAL (YA ME GUSTARIA
A MI QUE LO FUESE) Y LOS LUGARES Y SITUACIONES SON INVENTADOS. SI QUEREIS COLABORAR
CON LA CONTINUACIÓN DÁNDOME IDEAS, O DARME VUESTRA OPINIÓN,
ESCRIBIRME A SEX-JOSE@TERRA.ES
Era un miércoles justo antes del jueves Santo, y yo me encontraba en
Almería por motivos de trabajo. Tenía una reunión con unos
clientes, pero la reunión se había alargado demasiado, y perdí
mi vuelo para volver hasta mi ciudad de origen. Al ser víspera de Semana
Santa, no hubo manera de conseguirme plaza en ningún vuelo, ni tampoco
de alquilar ningún coche para volver por carretera, y tras esperar más
de dos horas en el aeropuerto, llamé a mi secretaria para que intentase
conseguirme algún hotel en el pasar la noche, y probaría suerte
de nuevo al día siguiente. Al poco rato me llamó y me dijo que
me había conseguido una habitación en un hotel de Roquetas de
mar, una localidad cerca de Almería, y, tras conseguir un taxi, me dirigí
hacia el hotel. Éste estaba situado en primera línea de playa,
y era un hotel de cuatro estrellas, bastante nuevo y con buen aspecto. Después
de llegar a la habitación, y darme una ducha, miré el reloj. Eran
poco más de las seis y media de la tarde, así que pensé
que tal vez podría aprovechar algo de lo que me quedaba de día.
Presté atención a los múltiples servicios que ofrecía
el hotel y vi que uno de ellos era una piscina cubierta. Decidí que esa
sería la mejor forma de emplear el tiempo hasta la cena, de modo que
bajé a la tienda del hotel a comprar un bañador (en mi escaso
equipaje no llevaba bañador, claro está), me cambié en
la habitación, y me dirigí a la piscina. Esta no era demasiado
grande, pero al ser climatizada el agua estaba realmente caliente, y se estaba
de vicio allí. Estuve nadando un rato, y después me recosté
contra el borde de la piscina. La piscina había varios niños jugando,
con sus madres vigilantes sentadas en unas tumbonas, pero se estaba bastante
bien, por que los niños no molestaban mas de lo que suele ser habitual
en esos casos. Entonces entró en la piscina una pareja, y ella era la
mujer más apetitosa que he visto nunca. Una altísima morenaza
de bellísimos ojos grises, con el pelo ligeramente rizado y un cuerpo
de infarto, que pude apreciar mejor cuando, momentos después, se quitó
la ropa y se quedó vestida solo con un bikini negro increíblemente
favorecedor. Sus pechos eran grandes y apetitosos, y era ligeramente ancha de
caderas, vamos, como me gustan a mí las mujeres, que haya donde agarrarse.
Realmente estaba como un queso. Se metió con el novio/marido en el agua
y al instante comenzaron a besarse y a abrazarse, con bastante discreción.
He de destacar que, cuando pasaron cerca de mí en sus juegos, pude apreciar
que ella tenia una sonrisa pícara increíble, que hizo que se me
pusiese dura solo de pensar en lo que esa sonrisa prometía. La verdad
es que ella me había puesto como una moto, y yo no podía dejar
de mirarla a escondidas, pero aun así me pillaron varias veces apreciando
la generosa anatomía de la chica. Cuando finalmente conseguí controlarme
un poco y mi tienda de campaña bajó, decidí que ya era
hora de salir de allí antes de que me pusiese malo, y me fui a secar.
Solo quedaba una madre con dos niñas en el otro extremo de la piscina,
y la pareja se acercó hacia donde yo estaba. Mientras me secaba, ellos
hablaron en susurros, y momentos después, el hombre salió de la
piscina para dirigirse a mí. Yo me quedé de piedra, pensando en
que tal vez venía en busca de problemas por el hecho de que me hubiese
pillado admirando a su chica, pero en cuanto le vi salir de la piscina y comprobar
que era una cabeza mas bajo que yo y mucho menos robusto, me tranquilicé
al pensar que era él el que podía meterse en problemas. Se acercó
a mí y me saludó con una inclinación de cabeza.
-Hola- me dijo, con un fuerte acento.- ¿ tu hablar alemán?
-No, no hablo alemán.- respondí yo, sorprendido por la pregunta.
-¿Inglés?-preguntó él
-Sí, inglés sí hablo- hablaba ingles bastante bien por
motivo de mi trabajo.
-Ah bien.- dijo él hablando en este idioma con más claridad que
el español.- Mi nombre es Ralph, y he visto que a ti gustar mi novia.
Es evidente que me quedé de piedra, y sólo hacerte a decir: ¡¿Qué!?
-Si, yo querer saber si tu gustar mi novia.- insistió él- ¿Tú
pensar ella guapa?
Y que respondía yo. La chica estaba como un queso, pero si le decía
eso el alemanito podía calentarse y todavía tenia que sacudirle.
" Bueno, si tengo que sacudirle, tampoco creo que vaya a perder nada".
-Si, ella muy guapa.
-Ah, bien. Tu también gustar ella.
Me quedé de piedra, como es normal y la miré. Estaba apoyada en
el borde de la piscina, con la mitad del cuerpo fuera del agua, mirándonos,
y sus pechos rebosaban por encima del borde de la piscina, haciéndolas
más apetitosas aún si cabe. Cuando vio que la miraba, me dirigió
una mirada y una sonrisa tan llenas de lujuria que creí que me iba a
matar a polvos allí mismo. Yo ya no sabía que hacer, así
que Ralph continuó con la explicación.
- Ella querer ir cama contigo
-¡¿Quéé?!- dije de nuevo, como un estúpido.
-si, ella querer.... ¿joder? Contigo.
Al ver mi mirada, que debía de expresar toda la sorpresa e incredulidad
que yo sentía, él levanto las manos en un gesto para tranquilizarme.
-Tranquilo, yo explicar. Yo gustar ver mi novia en cama con otros hombres, yo
solo mirar.
-A ver si me he enterado bien.¿Quieres que yo joda con tu novia mientras
tu miras?
-Si, yo sentarme en silla y veros juntos, yo excitar mucho eso.
Definitivamente, el tío era tonto...
-Ella ver que tu mirar ella, que ella gustarte, y querer ir cama contigo. ¿Tu
querer?
-¿De verdad quieres que me acueste con tu novia?
-Si, mi gustaría mucho.
Dudé. Coño que si dudé. No sabia que hacer. De repente
un tío se me acerca, y me pide que me tire a su mujer, que está
como un queso, y que él sólo mira. Pensé que había
una cámara oculta, o que era una tomadura de pelo, pero después
pensé que nadie me conocía allí, y que podía ganar
mucho y no perder nada, así que decidí arriesgarme a que se tratase
de una broma de mal gusto y acepté.
-Está bien, acepto.
-¡Bien!- dijo él. Se acercó a la toalla y cogió algo.
Volvió junto a mí y me lo mostró. Era la llave de nuestra
habitación. Me enseñó el numero.
-Mira. Este ser número habitación nuestra. ¿Tú ir
allí a las ocho? -Eso era media hora más tarde.- Llamar tres veces,
ok?
-Si- asentí yo como un autómata.. ya estaba hecho, había
aceptado, no podía echarme atrás. Ralph se volvió un momento
hacia donde estaba su novia y asintió con la cabeza. La sonrisa de ella
se ensanchó considerablemente. Ralph y yo cerramos nuestro pacto con
un apretón de manos y me fui a mi habitación a prepararme. Una
vez allí me duché y me afeité, preparándome par
mi cita. Estaba nerviosísimo. Cualquiera no. El tío quería
que me follase a su novia delante de él. Y vaya novia. Puff. Yo estaba
enfermo solo de pensarlo. La media hora de plazo que nos habíamos dado
fue la media hora mas larga de mi vida, sin duda. Por mi mente aparecía
una y otra vez la idea de que era una broma, que me la estaban jugando, pero
instantes después recordaba su sonrisa y me decía a mí
mismo que si era verdad, no tendría otra oportunidad como esa en toda
mi vida. Así que me puse un pantalón y una camisa, y me fui para
allá. Cuando llegué, tome aire profundamente, y golpeé
tres veces la puerta. Creí que mi corazón se iba a paralizar.
De hecho, creo que lo hizo durante unos segundos. Entonces él abrió
la puerta apenas una rendija, y tras ver que era yo, me dejó pasar. Él
estaba vestido sólo con una toalla y parecía estar mucho menos
nervioso que yo. Cerró la puerta y me guió hacia ella. La habitación
estaba iluminada por una excitante luz roja por el sencillo método de
poner unas braguitas de encaje rojas sobre la lámpara. Y allí
estaba ella. "Dios mío"- pensé "es lo más
increíble que he visto en mi vida." Y así era. Sin lugar
a dudas. Ella estaba de rodillas en la cama, con un camisón negro que
ocultaba lo justo a la vista para hacerla más deseable aún, si
eso era posible, y que realzaba su cuerpo. Y que cuerpo, por favor. Era maravillosa.
Deseaba sentir sus sensuales y carnosos labios por mi polla, estrujar sus generosos
pechos y sobar su apetitoso trasero. Y, a juzgar por como me miraba, ella deseaba
hacer lo mismo conmigo. Ralph pasó silencioso tras de mí. Se quitó
la toalla y se sentó desnudo en una silla situada en un rincón
frente a la cama, listo para disfrutar del espectáculo.
-Es tuya- me dijo.
Yo no sabia que hacer. Me había acostado con muchas chicas, pero no había
estado nunca en una situación así. Me acerqué dudoso a
la cama, con toda mi atención puesta en ella, y ella se acercó
también a mí, de rodillas, hasta situarse al borde de la cama.
La mujer más excitante del mundo estaba rozándome en ropa interior
y con unos ojos que me pedían que la follara, y yo no sabia que hacer.
Era frustrante, porque la excitación me dominaba. Decidí empezar
por algo sencillo, y la di un corto beso. Un pico, como dicen ahora los jóvenes.
Los dos retrocedimos y nos miramos mutuamente, buscando la aprobación
en los ojos del otro. Volvimos a darnos un pequeño beso, sin separarnos,
y continuamos besándonos lentamente, cada beso más ansioso que
el anterior, y cada vez más sedientos de la boca del otro. Poco después,
mi lengua batallaba con la suya, y, cuando su mano rozó mi pecho, exploté
y, tomándolo de su delicioso trasero, la atraje hacia mí. No se
cuanto tiempo estuvimos besándonos, pero todo el mundo debería
ser besado así antes de morir para saber lo que realmente es un beso.
La sensación solo se rompió cuando ella llevó la mano sobre
mi pantalón para indicarme que tenía otro tipo de sed. Se separó
de mí para empezar a desnudarme con sus manos produciéndome escalofríos
al tocar mi piel, mientras yo trataba de robarla un beso de nuevo. La ayudé
a quitarme los pantalones y los calzoncillos, y quedé desnudo, con mi
polla erecta como un asta de bandera apuntando amenazadora hacia ella.
Ella emitió un ligero gemido de sorpresa al ver mi polla, y no pudo resistir
acariciármela con una mano. Después, visiblemente sorprendida,
dirigió unas palabras a su novio. Yo le miré para ver el motivo
de su reacción. Su novio estaba sentado en la silla, completamente desnudo
y muy excitado, masturbándose lentamente. Pero su polla era diminuta,
parecía casi de juguete. Debía de medir menos de diez centímetros.
A su lado yo parecía Príapo, a eso se debía la sorpresa
de ella.
-Esta sorprendido de tu tamaño- me dijo él.- Yo no hago que ella
disfrute con el sexo. Muy pequeño, por eso buscar tu.
Yo asentí y volví mi atención a mi diosa, deseoso de mostrarle
lo que mi herramienta podía proporcionarla. Ella se abalanzó sobre
mi polla y me besó suavemente en la punta. Fue tal la sensación
que recorrió mi cuerpo que casi me corro en ese mismo instante. Su lengua
acariciaba mi polla con suavidad, dándola ligeros lametones hasta recorrerla
en su totalidad, y entonces empezó a chuparmela poco a poco. Puede que
nunca hubiese tenido una polla en condiciones, pero desde luego sabia muy bien
como chupar. Me estaba poniendo enfermo. Hubo un momento en que me flaquearon
las piernas y me sujeté a su cabeza para no caer, lo que ella interpretó
como una señal para que chupase más profundamente, y se metió
mi polla en su boca por entero. Qué gusto, qué maravilla, qué
sensación tan extraordinaria. Sus tiernos labios se apretaban contra
mi glande y bajaban hasta hacer desaparecer por completo mi instrumento en su
linda boca. En el interior de su boca, su lengua lamía mi polla, y con
sus manos me acariciaba los cojones. En ocasiones aceleraba el ritmo de forma
bestial, follandose mi polla como si su boca fuera un coño, haciéndome
gemir de placer, y luego reducía de golpe el ritmo, limitándose
a mantener mi polla en su boca, o pasando a lamerme la base de mi cipote. Estuvo
chupándomela más de un cuarto de hora, consiguiendo que yo disfrutase
pero no me corriese durante todo ese tiempo. Pero lo mejor de todo es que me
miraba a los ojos con una mirada de puta viciosa y de satisfacción inmensas,
como si pudiese pasar sin problemas el resto de su vida allí abajo, chupandomela.
Cuando ella aceleró de nuevo el ritmo, yo la avisé de que iba
a correrme, aunque seguramente ella no me entendiese, pero pareció hacerlo
y, apretando más aún sus carnosos labios, me hizo explotar en
su boca, llenándosela toda de leche, tragándosela toda como si
la fuese la vida en ello. Cuando terminé de eyacular, y ella hubo devorado
hasta la ultima gota de mi semilla, me lamió de nuevo toda la polla,
de arriba a abajo, dejándola limpia y reluciente, tras lo que se incorporó
sobre la cama, sonriéndome, esperando a que yo continuase. Y vaya si
estaba dispuesto a continuar.
Terminé de desnudarme y me puse de rodillas en la cama, avanzando hacia
ella mientras retrocedía con gestos de evidente satisfacción.
Pese a no hablar el mismo idioma, sabía perfectamente por mi mirada que
me la iba a comer entera, y lo estaba deseando. Cuando llegó al cabecero
de la cama se quedó allí, esperándome, y cuando llegué,
me besó con ansia, mientras yo empezaba a acariciar todo su cuerpo y
nuestras lenguas jugaban en el interior de su cálida boca. Bajé
mis labios por su cuello, haciendo que se estremeciese, y la fui tumbando con
suavidad, acariciando sus pechos por encima de la ropa interior. Durante unos
minutos, proseguimos con los besos y yo disfrutaba metiéndola mano, sintiendo
como se iba calentando por momentos, así que decidí pasar al siguiente
nivel y la despojé de su ropa interior, revelándome unos pechos
rosados y apetitosos, y un coñito bien abierto y lleno de flujos. Me
incliné a devorar sus tetas, chupándolas como un cachorrillo hambriento,
pasando de una a otra sin motivo, besándolas con fruición, tirando
de sus pezones, y estrujándolas con mis manos a la vez. Ella cerraba
los ojos y gemía levemente, disfrutando de mi boca ansiosa mientras yo
sentía como sus pezones iban creciendo y endureciéndose bajo mi
boca, y ella gemía fruto de mis atenciones. Cuando me di un atracón
de sus maravillosas tetas, fui bajando poco a poco, lamiendo su vientre y su
ombligo, lo que hizo que ella se riese, y cuando la miró, me encantó
de nuevo con su deliciosa sonrisa, de modo que me hizo besarla ansiosamente
de nuevo antes de descender de nuevo por su cuerpo para degustar sus otros labios,
que ya tenia ganas de probar.
Sus muslos eran muy suaves, y olían intensamente a sexo, indicándome
con su aroma además de con sus gestos que necesitaba que la diese placer,
a lo que me dediqué con gusto. Enterré mi boca en su sexo, besando
sus labios con delicadeza, y dándola ocasionales lametazos, notando como
sus flujos bullían bajo mis atenciones. Entonces me dediqué a
su ya hinchado clítoris, besándolo y sorbiendo ligeramente sus
jugos, notando como crecía y como ella me rodeaba con sus piernas y me
empujaba de la cabeza para que yo no abandonase su jardín de Venus, pero
por supuesto que yo no estaba dispuesto a abandonar el paraíso que ella
había dispuesto para mí. A la vez, acariciaba sus pezones con
mis manos, y notaba como ella se retorcía a cada lamida que la daba,
mientras gemía y susurraba cosas en alemán, lengua que no tenia
que conocer para entender lo que decía. Estaba claro que todavía
quería más, y yo estaba dispuesto a dárselo. Introduje
mi dedo índice en su coño, donde casi se ahoga en sus flujos,
y aproveché para meter el dedo bien al fondo, lo que a ella la encantó.
Cuando se lo saqué, ella elevó las caderas hacia mí, protestando
por que solo mi lengua seguía otorgándola placer, pero se relajó
en cuanto notó que mi dedo índice empezaba a entrar en su ano.
Ella abrió los ojos al notar esa intrusión, pero la sonrisa que
me dedicó dejaba claro que quería que siguiese. Y yo no iba a
negarme. Mientras seguía comiéndome su coño, fui introduciendo
poco a poco mi dedo en las profundidades de su delicioso culito, y sus gemidos
fueron haciéndose más profundos a cada momento. Finalmente, y
arqueando la espalda, empezó a convulsionarse presa de un orgasmo increíblemente
largo, ya que yo en ningún momento dejé de proporcionarla placer,
y mi dedo ya entraba y salía con toda facilidad de su culito. Un aluvión
de flujo emergió de su vagina, llenando mi cara y empapando sus muslos.
Finalmente, quedó quieta por unos instantes, recuperándose, y
cuando notó que yo me apartaba de su chochito, se levantó hacia
mí sonriéndome para besarme apasionadamente, compartiendo sus
flujos conmigo. Mientras lo hacia, dirigió su mano hacia mi polla, que,
después del memorable espectáculo de gemidos que había
acompañado a mi exploración de su sexo estaba durísima,
y yo tenia un dolor inmenso de huevos que esperaba ser aliviado. Ella lo entendió,
y a la vez yo estaba seguro de que quería más, así que
mi alemana tomó un condón y lo puso sobre mi polla, mientras yo
la acariciaba. Una vez listo, me tumbó boca arriba y se puso sobre mí,
besándome mientras ponía la puntita de mi polla en la entrada
de su coño y se iba dejando caer poco a poco, alargando el momento, porque
su coño estaba más que lubrificado y hubiese entrado a la primera
si ella hubiese querido. Finalmente, se introdujo todo mi miembro en su interior,
y juro que solo con eso ya estuve a punto de correrme, del placer que me hacia
sentir mi polla dentro de esa cueva tan cálida y apretadita. Ella notó
como se tensaba mi cuerpo, y quedó quieta, sin moverse, durante unos
instantes, para indicarme que esperaba mucho más de mi, y yo estaba dispuesto
a dárselo sin duda. En cuanto notó que yo me relajaba y volvía
a abrir los ojos, ella me regaló de nuevo la calidez de sus labios, y
acarició con sus manos de piel de seda mi pecho. Entonces, con lentitud
y ayudándose de mis manos sobre sus caderas, comenzó a subir y
bajar por mi polla, estrujándomela con su estrecho coñito. Poco
a poco comenzó a aumentar el ritmo, mientras ella se inclinaba sobre
mí, rozándome con su olorosa cabellera y dejándome estrujar
sus tetas y sobar su culo. Yo observé entonces a su novio, que continuaba
sentado allí, pajeandose lentamente mientras los ojos le brillaban. Sin
embargo, puesto que su novia, mi querida alemana no le hacia ni puto caso, no
iba a hacérselo yo. Ella tomó mis manos de sus caderas y las levó
a sus pechos, acariciándoselos los dos pares de manos juntos, jugando
con sus pezones, los cuales, cada vez que los tocaba parecían haber crecido
desde la vez anterior. El rozar de mi polla en su coño empezaba a ponerla
como una moto, mientras aceleraba el ritmo, y emitía suaves gemidos como
de un ronroneo, pero sin dejar de mirarme a los ojos, indicándome que
estábamos más unidos que lo que nuestros cuerpos demostraban.
Cuando estaba próxima al orgasmo, se abrazó a mi, dejando que
fuese yo el que continuase culeando en el ritmo infernal que ella había
impuesto y que la hacia derretirse de placer. Finalmente, abrazados los dos
como si quisiéramos unir aun más nuestros cuerpos, nos entregamos
juntos al placer del orgasmo, yo en silencio, ella con gritos de placer y convulsiones
que llegaban hasta los músculos de su coño, desde donde se transmitían
a mi polla, que se descargó en su funda de goma. Permanecimos unos instantes
abrazados, unidos aun por la conexión mística y sexual que nos
fusionaba. Cuando ella se recuperó, me besó de nuevo, agradeciéndome
con sus ojos el placer que la había dado, se puso a cuatro patas y me
sacó el condón de la polla, y acto seguido se puso a chuparmela,
lamiéndola bien de arriba a abajo para limpiarme los restos de semen
que quedaban allí. Después dirigió una mirada a su novio,
que se estaba limpiando la polla con un pañuelo después de correrse,
y le dirigió unas palabras, tras lo que se volvió hacia mí
y se me quedó mirando.
-Dice que ella gustar mucho tu follar ella. -me tradujo su novio.
-A mi también me ha gustado ella. - el tradujo y ella me besó,
frotándome las tetas contra el pecho.
- Dice no fin aun. Ella querer que tu polla en su culo.
-¿Quiere que la de por el culo?
-Si, eso querer ella.
-Por mi encantado, pero aquí mi amigo el calvete está algo cansado.
-dije, refiriéndome a mi polla, que descansaba flácida entre mis
piernas, a escasos centímetros del coño que tan bien había
disfrutado.
Él tradujo de nuevo, y ella me besó (no me cansaba de beber de
sus labios, y al parecer ella tampoco) y después le dijo algo.
-Dice que ella gustaría y que ella ayuda tú.
Dicho y echo. Comenzó a besarme con pasión de nuevo, y dirigía
mis manos por su cuerpo, acariciando sus piernas y su culo, y rozando sus tetas,
hasta que me puso sus melones en la boca y yo me lancé a devorarlos,
alternando los besos a sus pezones con los besos a sus labios, disfrutando de
ambos mientras no paraba de sobar su culo y su coño. Su lengua jugueteaba
con la mía, y en los momentos en que abandonada el interior de su cálida
boca era para degustar sus pezones, mientras ella se encogía de placer
y me besaba el cuello. Es evidente que ante tal tratamiento uno funciona por
muy cansado que esté, y mi polla despertó de su letargo volviendo
a elevarse ligeramente. Ella notó esto, y, sonriéndome como diciéndome
lo bien que lo iba a pasar (yo creo que me la levantaba más su sonrisa
que otra cosa.), se giró, poniéndome frente a mi cara su coño
y su culito, y empezó a pasarme su melena de terciopelo por mis muslos,
mi polla y mis cojones, dejando que colgase sobre estos y dándoles ocasionales
lametones. Se giró un poco para ver si yo estaba disfrutando, y al ver
que yo asentía, se inclinó sobre mi miembro, contribuyendo a su
recuperación con una excepcional mamada que me empezó a regalar.
Ante tal atención, y viendo su trasero respingon y su coñito meneándose
a tan escasa distancia de mí, no pude resistirme y empecé a lamer
la raja que iba de su coño a su culo. Ella paró un instante para
ver excitada lo que yo la estaba haciendo y aprobarlo asintiendo con la cabeza,
para seguir chupando mi polla como si fuese un caramelo, así que yo
seguí con sus lamidas. Su coño tenia ese olor a hembra, a sexo
que a todos los hombres (o al menos a mí) nos vuelve locos. Para ir preparando
el camino a lo que vendría después, mojé mi dedo en los
flujos de su vagina, y se lo introduje en el culo mientras seguía lamiendo.
Como era el mismo dedo que antes, y mi diosa alemana seguía excitadísima,
el dedo entró con facilidad, y comencé a meterselo y a sacárselo.
Cuando consideré que entraba y salía con facilidad, lo sustituí
por el dedo corazón, que costó un poquito, pero con mas facilidad
que antes, por que ya estaba dilatado. A cada arremetida de mi dedo, su boca
reaccionaba chupandomela más a fondo, de modo que poco después
ya estaba plenamente recuperado. Para terminar de preparar su trasero, la metí
conjuntamente el índice y el corazón, lo que la hizo protestar
un poco porque la dolió con el grosor, pero debía de prepararla
para mi polla, mas gruesa aun. Sin embargo, el dolor apenas la dolió
unos instantes, y pronto empezó a gemir de placer, hasta el punto de
que cuando los dedos entraron y salieron con facilidad, y metí otros
cuatro dedos en su coño, dejó de chupar mi polla y empezó
a gemir para correrse minutos después. Ahora, con mi polla como una piedra
y ella bien mojada, si que estaba preparada para que se la metiese por el culo.
Me salí de debajo de su cuerpo, y ella, deseando y sabiendo lo que la
esperaba, demasiado debilitada aún por su orgasmo para moverse, permaneció
como estaba, tumbada sobre la cama, con la cara apoyada en la manta y el culito
apetitoso en pompa, expectante. Yo no me hice de rogar y me puse de rodillas
tras ella, acercando mi polla a la estrecha entrada, y empecé a besarla
los hombros, el cuello, la espalda, y cuando terminé de besar sus nalgas,
a lo que ella respondió con un ronroneo de placer, yo empecé a
empujar mi ariete, intentando forzar su deliciosa puerta trasera. La resistencia
fue mas fuerte al principio, pero en cuanto mi mano empezó a acariciar
su sexo para que se relajase y su esfínter se abriese, mi glande se introdujo
en su interior, y todo resultó mucho más fácil. Mi polla
se abrió paso casi de golpe hasta sus profundidades, y cuando estuvo
toda dentro, aguardé un poco para que su culito se acostumbrase al tamaño
antes de empezar a moverme. Cuando lo hice, fue muy despacio, poco a poco, hasta
que solo mi glande quedó dentro y entonces volví a empezar. Al
cabo de unas cuantas embestidas ella se puso a cuatro patas para colaborar a
mi trabajo, y yo, con la polla como una piedra, comencé a follarmela
mas rápidamente. Su culito era mas estrechito y delicioso aun que su
lindo coño, y apretaba mi polla dándome oleadas de placer. Pronto
mis cojones golpeaban contra sus nalgas, de la fuerza de mis embestidas, y sus
tetas se bamboleaban colgantes, así que me acerqué mas a ella,
y comencé a estrujárselas cuando ella tuvo un nuevo orgasmo, ya
que mientras se estaba masturbando con una mano. La verdad es que los continuos
gemidos que ella lanzaba mientras la follaba me excitaban mucho, pero el que
soltó cuando su orgasmo coincidió con una de mis embestidas más
profundas fue demasiado. Yo, que aún no me había corrido, esperé
paciente con mi polla en su interior a que se recuperase, y que me mostrase
que deseaba seguir, lo que no tardó mucho en seguir. Yo continué
embistiéndola, empezando de nuevo con un ritmo lento, y aumentándolo
mas deprisa que antes. La verdad es que cuando me he corrido un par de veces,
yo tardo mucho en correrme de nuevo, así que desde que se la metí
por esa joya de culo hasta que se la saqué transcurrió casi media
hora. Nuestro orgasmo fue mutuo esta vez, y los dos gritamos al estremecernos
de placer, cuando yo me vacié en el condón y el flujo de ella
rodaba por sus muslos. Nos separamos para besarnos, notando como el culo de
ella estaba enrojecido, y después, como una niña buena, se arrodilló
para sacarme el condón y limpiarme la polla que tanto placer la había
dado. Después se levantó, besó a su novio, y los tres nos
acostamos juntos en la cama, con ella en medio y una teta en cada mano para
disfrutar de un merecido sueño.
CONTINUARÁ...
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