PRIMERA VEZ
Intercambio, orgía. Encontraron otra pareja que al
igual que ellos quería gozar del sexo delante de otras personas.
Estaba sentada con mi marido en aquel restaurante
esperando a que llegaran
Luis y Sonia, no sabia muy bien como íbamos a abordar el tema, pero los
e-mails y las conversaciones telefónicas lo dejaban bastante claro,
queríamos
que otra pareja nos viera hacer el amor.
Era una fantasía de Tomas, quería hacerlo delante
de otras personas, cada
vez
que lo hacíamos me lo repetía en el oído mientras me penetraba
salvajemente:
¿te gustaría que nos vieran hacerlo?
Después de haber hablado mucho sobre ello nos decidimos,
buscamos en varios
sitios de contactos hasta que encontramos otra pareja que buscaba algo
similar, aunque ellos querían algo más, intercambio, pero les
habíamos
dejado
claro que nosotros no estábamos preparados para ello, todavía.
Quedamos para cenar en un restaurante cerca de casa, la idea
era conocernos
allí y si había buen rollo ir a nuestra casa y, bueno, hacerlo
delante de
ellos
y ellos hacerlo delante de nosotros, ese era el plan.
Por teléfono parecían muy simpáticos,
pero yo tenía mis dudas. Nos habíamos
vestido según nos pidieron, yo con falda corta, medias, zapatos de tacón,
ligueros, blusa, etc... y mi marido con un traje oscuro, eso fue petición
de
Sonia.
No tardaron mucho en aparecer, el camarero les acompañó
hasta el reservado
en
el que íbamos a cenar, apartado del resto de clientes del restaurante.
Cuando
les vi entrar me sorprendieron gratamente, muy elegantes, los dos. El iba
igual que mi marido y ella llevaba un vestido largo, escotado, y con la
espalda al descubierto.
Nos presentamos, nos dimos los correspondientes besos y nos
sentamos.
Empezamos
a hablar de temas triviales hasta que se fue el camarero, hubo un momento de
silencio que rompió Luis:
- Así que queréis que os vemos follar...
- Si, así es -contesto mi marido- y nosotros a vosotros...¿no?
Me debí poner muy colorada porque Sonia me dijo que
no debía preocuparme por
ello, que ellos eran muy liberales y que era algo natural.
Empezamos a beber y durante la cena solo hablamos de sexo,
de las posturitas
que nos gustaban a cada uno, de que cosas nos gustaba que nos hicieran, etc.
Procurábamos que el camarero no nos escuchara y cambiábamos
de conversación
cada vez que entraba.
Yo estaba muy excitaba, jamás había hablado con
tanta naturalidad sobre sexo
con otras personas, sin duda el vino ayudaba bastante a desinhibirme.
cuando pedimos el postre Luis nos sorprendió a todos con su sugerencia:
- Bueno, dado que dentro de poco estaremos todos desnudos,
¿por que no vamos
adelantando algo? Propongo que cada uno haga una petición, a mi me gustaría
ver tus pechos...
Cuando me dijo aquello, me quedé helada, al fin y al
cabo iba a hacerlo
delante
de él, pero dejarle ver mis pechos en el restaurante era otra cosa, al
principio me negué a hacerlo, le pedi que esperara a llegar a casa pero
entre
mi marido y Sonia me convencieron.
Le pedí a mi marido que vigilara por si venía
el camarero, me levanté de la
mesa y de pie enfrente de ellos me desabroché la blusa y me levanté
el
sujetador, dejando al aire mis dos pechos. Luis me dijo unos cuantos piropos
y Sonia me dijo que tenía dos pechos muy bonitos.
Me volví a vestir y me senté, entonces mi marido
dijo que a él le gustaría
ver el conejito de Sonia, no hubo que insistir mucho. Sonia se puso de pie
y levantó un poco el vestido, quitándose las bragas delante de
todos
nosotros,
las guardó en el bolso diciendo:
- Creo que hoy no las voy a necesitar más...
Se levantó el vestido hasta la cintura dejándonos
ver completamente su sexo.
Mi marido no dijo nada, estaba embobado viendo a aquella elegante mujer
enseñándole sin ningún tipo de reparo su tesoro más
preciado.
Entonces Luis dijo:
- No aguanto más, vámonos...
Pedimos la cuenta y nos fuimos hasta casa, el entrar pusimos
un poco de
música y unas copas, mi marido me sacó a bailar y mientras me
besaba en el
cuello y en la boca me decía que me dejara llevar que lo íbamos
a pasar muy
bien.
Ellos estaban sentados mirando lo que hacíamos.
Yo me deje llevar completamente, según me había
pedido Tomás. Me fue
desnudando
lentamente, me quito la blusa y el sujetador y empezó a besarme los pechos,
se detuvo a morderme los pezones, como sabe que me gusta. Me sentía muy
excitada sabiendo que mientras estaban allí dos desconocidos mirando
lo que
hacíamos.
Se puso detrás de mi y mientras me besaba el cuello
acariciaba mis tetas por
delante, sus manos fueron bajando hasta llegar a la falda que cayó al
suelo
y empezó a bajarme lentamente las bragas, cuando estaban a la altura
de las
rodillas oí a Luis decirme que estaba muy buena.
cuando me quise dar cuenta estaba sentada en el sofá
con las piernas
completamente abiertas y la lengua de mirado jugando con mi clítoris.
Sentados
a mi lado estaban ellos, les miré a los ojos intentando que comprendieran
el
placer que estaba sintiendo y cuando baje la mirada vi la mano de Sonia
empuñando aquel pene completamente erecto, le estaba masturbando a la
vez
que le acariciaba las tetas por debajo del vestido. Cuando vi aquella imagen
empecé a correrme, el trabajo de mi marido estaba empezando a surtir
efecto,
le agarré por los pelos y le obligué a comerse mi caliente y húmedo
sexo con
más frenesí aún.
Me corrí en su boca y lo hice mirando a los ojos de
Luis y Sonia, que me
devolvían la mirada. Estaba tan excitaba que en ese momento me hubiera
dado
igual lo que me hicieran, mi marido se levantó y entendí lo que
debía hacer,
le baje la cremallera y busqué dentro del pantalón su ya erecta
polla.
Me la tragué entera y empecé a masturbarle con una mano, mientras
con la
otra
le acariciaba los huevos y empezaba un lento mete saca con mi boca. Estuve
solo unos segundos, hasta que me agarró de los hombros y me hizo apoyar
las
manos en la mesa del salón, se puso detrás de mi y me clavó
la polla hasta
el
fondo. La sentía más grande y caliente que nunca, empezó
a follarme
salvajemente
mientras miraba como Sonia seguía masturbando a Luis y no se perdían
ni un
segundo de nuestra follada.
Estaba excitadísima y no tardé en correrme de
nuevo, mientras mi marido
seguía dándome con fuerza. No tardó mucho en correrse dentro
de mi.
Los dos estábamos muy cansados y nos sentamos en el
sofá al lado de Luis y
Sonia. Este se puso de pie y Sonia le desnudó, se puso de rodillas delante
de
el y empezó a chuparsela a escasamente un metro de nosotros. Yo seguía
muy
excitada y le agarré la polla a mi marido que aunque seguía morcillona,
había perdido su rigidez, todavía estaba cubierta de los restos
de su semen
y de mis fluidos.
Sonia le estaba haciendo una mamada espectacular a su marido,
y este no
dejaba de preguntarnos a mi marido y a mi si nos gustaba lo que veíamos.
A mi marido se le puso dura nuevamente, y eso que habitualmente
tarda
bastante en recuperarse y empecé a masturbarle con la mano, mientras
Luis
puso a cuatro patas en el suelo a Sonia, mostrándonos completamente su
sexo húmedo y caliente y su oscuro agujerito trasero, Luis se puso detrás
de
ella y doblo sus rodillas hasta que su polla encontró el coñito
de su mujer
se la metió muy despacio, mientras le agarraba del pelo y la obligaba
a
mirar
hacia donde estábamos nosotros. Luis empezó a aumentar el ritmo
y yo hice lo
mismo con mi mano sobre la polla de mi marido que no tardo en derramar su
semen en mi mano.
Mientras Luis seguía dándole fuerte a su mujer,
y esta no dejaba de gemir,
se
debió de correr un par de veces mientras su marido la cambiaba de posición,
primero la puso en el sofá a nuestro lado, luego la tumbó en el
suelo y el
se puso encima, a continuación la tumbó encima de la mesa y así
fue
cambiando
de postura hasta que la puso de rodillas y empezó a pajearse delante
de su
boca,
ella sabía lo que tenía que hacer, tenía su boca abierta
esperando a que
su marido se la llenara. cuando empezó a brotar semen de la polla de
Luis me
asombré de la cantidad, Sonia tragó todo lo que pudo, pero el
resto le cayó
por la barbilla y por sus pechos, quedando completamente cubierta de semen,
cuando acabó se sentó a nuestro lado con los restos de semen de
su marido
esparcidos por su cuerpo y el se puso de rodillas para comerle el coño.
Aquella noche no terminó ahí...
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