¡QUÉ ENVIDIA!
Lésbico, fetichismo. Observando a su atractiva vecina... en topless.


El pasado verano me encontraba realmente sola y deprimida. Me había separado de mi novio poco tiempo antes y no me apetecía nada en absoluto, simplemente pasear por mi jardín y nadar en mi piscina, sola. Me considero una chica normal de 20 años. Tengo el pelo castaño claro, los ojos azules y la piel bien blanquita. Me encanta el deporte, así que además de nadar también pasaba el rato ejercitando mis abdominales (que ya empezaban a marcarse) y aumentando mis bíceps con las pesas. Corría mucho, con lo que mis muslos y mi trasero estaban bien torneados y prietos. Mi única desgracia a nivel físico era mi escaso pecho. Era lisa. Con 20 años estaba totalmente lisa como una tabla. Apenas mis pequeños pezones eran lo único de mujer que tenía mi pecho. Si no es por mis caderas y por mi femenino rostro no se diría que soy una mujer. Más de una vez puse rellenos a mis sujetadores, pero era una falsedad porque en cualquier momento podía revelarse el engaño.
Yo estaba totalmente convencida de mi sexualidad. Nunca me había planteado algo con una chica y me sentía muy atraída por los hombres fuertes y musculosos. Una mañana oí sonidos de agua que venían del jardín de al lado. Pertenecía a otra casa que llevaba meses sin ser alquilada. Fui a ver entre los arbustos y encontré la piscina y el jardín limpios. Fue algo sorprendente para mí, y más al observar que había una chica bañándose sola en la piscina. La observaba nadando. Su pelo era morocho, bastante oscuro, y su piel era blanca pero bien bronceada. Por un momento pensé ir a saludarla y hacernos amigas; así lograría no estar sola todo el verano. Y me disponía a ir hacia ella cuando dejó de nadar y fue hacia las escaleras. Colocó un pie sobre ellas y salió del agua... Y fue entonces cuando mis ojos se abrieron en desespero y mi cuerpo se estremeció desde la cabeza hasta la punta de los pies acelerando y multiplicando el latido de mi corazón, que a punto de estallar dentro de mi cuerpo. ¡¡Sus pechos eran inmensos!! Voluptuosos y escandalosos son dos adjetivos que se quedaban cortos ante todo lo que mi cuerpo sentía en ese momento. Jamás en mi vida vi algo así. Su cuerpo era el de una chica sana y atlética de unos 20 años, enormemente atractiva, con unos muslos y un trasero hermoso, prominentes, pero firmes de músculo y sin nada de grasa.
Su bikini era de un color amarillo fluorescente con lunares azules no excesivamente bellos, pero sí muy atractivo. El tanga apenas cubría algo de sus grandes nalgas y dibujaba la silueta de su concha de un modo tan marcado que parecía grotesco. Pero volviendo a sus pechos... Me habían puesto muy nerviosa. Es más, en cuando me di cuenta tenía mi tanguita de bikini bien mojada. Ni yo misma me percaté de la reacción que en mí había provocado aquellos senos. El sujetador de su bikini bien podría cubrir casi completamente la pantalla del monitor de la PC que tenía en mi cuarto. Parecía que iban a estallar. Estaban a presión colocados en aquel bikini. Daba la sensación de ser varias tallas menor a la suya, y al empaparse en agua prácticamente se volvía transparente. Los lunares azules se deformaban de tanta presión. Sus pezones, erectos por el frío del agua, casi rasgaban la tela que ahogaba los inmensos melones de aquella chica. Comenzó a secarse con una tolla, muy despacio. Yo me estaba poniendo muy caliente. Ella se observó el pecho presionado por el minúsculo bikini y se dirigió hacia una reposera. Mientras la vi alejándose, de espalda, observé su trasero: era impresionante. Una completa bola de carne, bastante firme a pesar de su tamaño, y prensada moviéndose como cual animal en celo. Todavía goteando de agua se tumbó al sol y detuvo sus movimientos. Sus pechos eran tan grandes que, aunque la veía de espalda, se asomaban por los costados.
Cada instante que se movía mi corazón palpitaba litros y litros de sangre. Tras unos segundos se colocó unos lentes de sol, dirigió su vista hacia su pecho presionado y entonces pensé que debería quitárselo. No le estaba haciendo ningún bien a sus extremadamente grandes senos y debía quitárselo. Pero de repente ella volvió a la posición recostada, tomando el sol. Pasaron unos segundos más. Yo me mantenía a la espera, cuando de repente empezó a hincharse su pecho. ¡Estaba cogiendo aire! ¡¿Qué pretendía?! Mi boca se abrió y mis ojos dejaron de parpadear. Mi corazón bramaba en mi interior mientras aquellas montañas no paraban de incrementarse y crecer. Seguían y seguían y seguían, hasta que alcanzó un nivel vulgar, inmenso, exagerado, tan grandes eran que se podrían ver aún viéndola de espaldas. Era algo extravagante. Yo eché un reojo a mis pechos, mis pechos desaparecidos y nulos, que nunca gritaron por salir como aquellos que parecían querer invadir el mundo exterior. Me llené de rabia e indignación. Yo me merecía unos pechos así de enormes, brutalmente enormes. Pero aún no conocía el propósito de aquella chica que llenaba sus pulmones de aire hasta la extenuación. ¡Ya lo sé! ¡Quería deshacerse de su prieto bikini! ¡Un bikini varias tallas menor de lo que ella necesitaba y que para mí significaría quintuplicar, como mínimo, el tamaño de mis pechos! ¡Iba a reventarlo!
Los tirantes estiraban su goma hasta no poder más. Temblaban de la fuerza que aquella tensión producía. Mientras tanto, los senos comenzaban a escapar al bikini tanto por arriba como por debajo, pareciendo agrandar incluso su volumen. ¡De repente vi cómo rebosaban hasta por los laterales del bikini! Era algo escandaloso, brutal. Aquello fue creciendo y creciendo y creciendo, hasta que finalmente cogió una mayor bocanada de aire, presionó, hizo fuerza, y... ¡¡RAAASSSSSSSSSSSH!! Se rompió el bikini por el centro. Esperaba que se rasgaran antes los tirantes, pero eran enormemente resistentes, así que fue el centro del escote el que no pudo soportar tanta presión y reventó dejando al descubierto las mayores montañas que jamás hayan visto mis ojos. Parecían desafiar a la gravedad: eran redondas y firmes. Brillaban a la luz del sol gracias al agua que aún goteaba por ellas. Los pezones eran alucinantes. Su aureola ya se veía cuando presionaba su pecho en el interior del estrecho bikini, ahora reducido a un trapo inservible, y los pezones amenazaban con sacar un ojo a cualquiera que se acercara a ellos. Estaban totalmente en punta y muy salidos del seno. Era algo increíblemente exagerado. Decidí que debía saber más de aquella chica explosiva (nunca mejor dicho). Mi cuerpo gritaba y se estremecía de pasión cuando recordaba lo que había hecho... ¡Qué mujer!
Sentía el irresistible placer de acariciarme el clítoris, pero dejé que se mojara un poco más recordando todo aquello. Toda yo brillaba no por haber tomado un baño en mi piscina sino por la gran cantidad de sudor que contemplar aquello me había provocado. A mis pies prometo que se dibujaba un charquito y que yo me encontraba empapada como si hubiera corrido bajo el sol 6 horas sin parar. Aquella chica se puso de pié, totalmente en topless. Sus pechos, que ahora colgaban un poco, apenas, por su gran peso, siempre iban muy por delante allá donde fuera. Por la posición de sus pezones y yo sabía exactamente hacia donde iba comenzar a andar. Agarró su toalla y se marchó secándose con ella al interior de la casa. La perdí de vista. Aquellos pechos eran más grandes de lo normal, pero no obstante tenían toda la pinta de ser totalmente naturales. No tenían ningún rasgo característico de operaciones de estética, con lo que ese pecho tan enorme se lo debió dar la madre naturaleza, la misma que fue tan injusta conmigo. Quizá me porté mal. Entonces me entró un impulso irremediable. Se había dejado en el suelo de su jardín la parte de arriba del bikini reventada. Decidí que debía ser mía, a modo de fetiche.
Yo misma no salía de mi asombro, pero en aquel momento me encontraba dominada por mis instintos más animales y salvajes. Así que me agazapé, y con el mismo sigilo que un felino logré llegar hasta donde se encontraba el bikini. No sé cómo lo hice pero no emití ni un sonido. Cuando llegué mis manos tocaron aquel empapado material que no había podido contener tanto placer femenino. Un bikini o un sujetador roto por tener demasiado pecho era una utopía para mí, algo inimaginable. Los mayores pechos que había visto los tenía Sonia, una amiga mía. Ella medía 98 de busto, toda una barbaridad para mí y mi minúscula talla que no revelaré, pero esto... Esto superaba con creces todo lo que yo había visto hasta ahora. Tras rozar mis dedos con aquel erótico material fui a buscar la etiqueta que pusiera la talla de aquel inmenso sujetador, capaz de cubrir el monitor de mi computadora pero no los pechos de esta alucinante señorita. Estaba ante la mayor pieza de bikini que jamás había visto. Mis manos no cubrían todo el ancho que pertenecía a cada seno y eso me excitaba. Finalmente encontré la talla, la talla del sujetador que aquella chica bien formada y atractiva no podía contener en su pecho. La talla era... ¡¡115!! ¡Era increíble! ¡Había hecho estallar un bikini de talla 115! Sabiendo esto y que su bikini debió ser un mínimo de dos tallas mayor... ¡Su talla debía ser de escándalo! ¡Un escandalazo! ¡125 o más! Mientras pensaba todo esto se cerraban mis ojos y tan sólo hacía caso a mis dedos que tocaban aquel enorme placer. Mi boca jadeaba y dejaba caer babillas de placer, tal y como si estuviera haciendo el amor. Es más, creo que tuve un pequeño orgasmo cuando vi la talla y reflexioné sobre la talla que debía utilizar. Y justo en mitad de mis fantasías que me provocaban un orgasmo, escuché a mi espalda a varios metros una voz femenina que gritaba: "¡¿Quién anda ahí?!". Todo un mundo de posibilidades se abría ante mis ojos...
Continuará...

[Indice general] - [Sexo] - [linux] - [humor] - [hard] - [miscelanea] - [Novedades]

Para hacerme llegar tus comentarios, sugerencias o si deseas colaborar con esta página, por favor, envíame un E-mail a marqueze (arroba) marqueze.net Web: http://www.marqueze.net