SEXO EN LA CARRETERA
Hetero, polvazo, sodomización. Mientras conducían
una conversación los puso tan cachondos que tuvieron que parar y...
Estaba dirigiéndome por coche de mi
ciudad natal a la ciudad natal de mi
novia, la carretera tenía bastante tráfico, y a mí me había
tocado conducir.
Mi novia estaba medio dormida en el asiento del copiloto, ella morena de
pelo corto, portaba su falda negra ajustada que realzaba su belleza, y
arriba llevaba una camisa escotada que dejaba ver su ombligo tostado por el
sol y sus pechos. Su boca, estaba levemente fruncida, por lo que pensé
que
era una promesa de placeres futuros.
Al rato se reanimó, y nos pusimos a conversar, de que íbamos a
hacer, de la
visita, etc. Más tarde, ya era de noche, y se había ido la luz
solar, por lo
que estábamos a oscuras, aunque la charla continuaba, y así pasábamos
el
rato, hasta que de los temas banales, pasamos a temas más íntimos,
hasta
llegar a mí preferido, el sexo.
Al rato, ella me miró con una cara enigmática y me pregunto: ¿Te
animas?. Yo
creo que si, le dije. Y su mano se empezó a deslizar sobre mi pantalón,
por
mi pierna, subiendo hasta mi sexo, que reacciono de inmediato. Con cara de
asombro le miré a esos ojos ardientes y sin creer lo que esta pasando
le
bese de lleno en los labios. Nuestras lenguas se buscaban con la naturalidad
de dos nuevos amantes.
Mis manos buscaron sus pechos, acariciándolos por fuera de su camisa
y por
dentro de su escote, hasta llegar a desprender su ropa. Para masajear con
libertad esos pezones, ya duritos, entre mis dedos.
Ella, después de ver que mi sexo había tenido una adecuada respuesta,
me
quitó los botones del pantalón, e introdujo su mano dentro de
mi slip, para
encontrarse con mi "amigo" bien duro y anhelante.
Lo acariciaba con sus manos magistralmente de arriba abajo, con una maestría
natural. Al rato, ella se arrodilló en su asiento, y primeramente lamió
mi
pene lentamente, en toda su extensión, con esa lengua golosa, que me
depararía muchos placeres. Mientras que con sus manos lo agarraba desde
la
base y acariciaba mis testículos. Me besó el capullo y retiró
la piel del
prepucio, para introducirse mi glande, rojo y victorioso, en su boca. Con
habilidad magistral se fue tragando, lentamente, casi todo mi pedazo, y yo
viéndolo como se metía mi pene entero en la boca magistralmente.
Yo estaba
en la gloria, estaba súper excitadísimo, y tuve que aminorar la
marcha del
coche a la mitad, por lo que empezaron a adelantarme los otros conductores.
Algunos miraban, pero no creo que viesen nada en la oscuridad de la noche.
Su lengua trabajaba mi falo, como si su vida fuera en ello. Parecía que
su
única función en la vida fuera darme placer. Era la mamada más
rica que
había recibido y el hecho de estar en un coche conduciendo, rodeado de
más
conductores, sólo conseguía excitarme más.
Me agaché un poco para poder acariciar esas ricas tetas con mis manos,
ansioso de gozar un poco de su cuerpo.
Al momento le tuve que advertir: Si sigues así me voy a correr en tu
boca, a
lo que respondió: No te preocupes cariño, eso es lo que quiero,
hazlo por
favor, quiero tragarme toda tu leche, dijo acelerando el ritmo de sus
caricias. Mi excitación estaba al limite y con esas palabras me dejé
llevar.
Tratando de no hacer movimientos bruscos para no desconcentrarme y
manteniéndome lo más quieto posible para que el resto de conductores
no
sospechara, tuve uno de los orgasmos más intensos de mi vida. Mi leche
salió
a chorros, mientras ella sacudía salvajemente mi órgano y succionaba
la
punta, absorbiendo hasta la ultima gota de mi leche.
Minutos después, Emergió de la postura que tenía y me besó
en los labios muy
profundamente, tenia aún el gusto a mi propia leche.
Se arreglo la camisa, y a continuación dijo: Ahora me toca a mí,
me dijo al
oído. Por lo que paré el vehículo, y nos cambiamos de sitio,
ahora yo era el
copiloto.
Ella se quitó las braguitas, y echó el asiento
casi atrás del todo, y empezó
a conducir.
Ahí la tenia yo, frente a mí con sus piernas desnudas, torneadas
y suaves, y
más arriba su entrepierna descarada, libre de vellos y con los labios
abiertos. Era toda una invitación, por lo que comencé a pasar
las yemas de
mis dedos sobre sus labios, muy suavemente, en un ir y venir de arriba y
abajo.
-Tócala, para que sientas lo suave que esta, apenas ayer me depile, me
dijo.
Me arrodille en el asiento del copiloto, tal y como hizo ella momentos
antes, mis ojos se llenaban por completo de toda esa imagen.
Coloque mi mano izquierda encima de su muslo derecho y con la otra comencé
a
acercar mis dedos hacia esa entrepierna que llamaba mi atención. El contacto
se produjo y fue como si una corriente eléctrica hubiera tocado mis dedos,
sentía como recorría todo mi cuerpo, subía hasta mi cerebro
y se extendía al
mismo tiempo hacia mis pezones, corría en dirección de mi entrepierna
y
llegaba justo al glande.
Mis dedos comenzaban una exploración por todos sus labios, llegue incluso
a
tomarlos entre mis dedos pulgar e índice y abrí un poco mas esa
vulva, podía
darme cuenta de que dentro se le notaba un brillo, ahí lo tenia, estaba
excitada, se estaba mojando con mis toqueteos. Mis dedos bajaron mas y
llegue al inicio de su pequeño agujerito posterior, toque suavemente
los
bordes de su ano, me habría encantado deslizar profundamente mi dedo
dentro,
pero la postura no invitaba a ello.
Comencé con mis manos a abrir el primer botón de su camisa, una
camisa sin
mangas y que dejaba el ombligo visible.
Seguí con mis dedos desabrochando los botones, ella no traía sostén
así que
al momento sus pechos estaban libres.
-Mmmmhhh... nada mal, están en su punto dije, comprobare su firmeza y
su
suavidad-, con mis manos comencé a estrujar sus senos, redondos y firmes,
mis palmas acariciaban sus pezones y los sentían crecer.
Luego mis dedos acariciaban la entrada de su vagina, luego iba acariciando
más profundo, mis manos ahora pasaban sobre de sus senos, los juntaba
y los
soltaba, los movía para masajearlos, tomaba las puntas de sus pezones
y los
frotaba, todo mientras mis dedos la penetraban. Ahora mis dedos entraban y
salían de su vagina, mientras el dedo pulgar acariciaba el clítoris
erecto.
Notaba como se dejaba llevar por el placer. A continuación
saqué de la guantera un consolador, y comencé a introducírselo,
primero lentamente, y después cada vez más rápido, veía
como la estaba
llevando a la cima del éxtasis a pasos agigantados, llegando el momento
donde dio un fuerte gemido que pareció casi un grito.
Kilómetros más adelante, decidimos hacer una
parada en un área de servicio,
más bien era una carretera antigua que servia para realizar breves paradas.
Comenzamos a besarnos, y nuestras lenguas recorrían todos los rincones
de
las bocas.
Rápidamente, ella misma se retiró la ropa, que llevaba puesta,
quedando
desnuda. Yo me despojé, con tremenda habilidad, de mis pantalones, de
la
camisa y de los zapatos. Los dos continuamos besándonos, mientras que
de
alguna forma, me las arreglé para que fuéramos a dar al asiento
trasero. Hay
los dos seguimos con los besos y las caricias.
Creo que lo primero que sintió fue mi cálida mano sobre una de
sus nalgas,
para luego deslizarla suavemente, hasta su monte de venus. Ella deseaba que
mis manos, jugaran con su clítoris, que la penetraran hasta el fondo
de su
ser. Mi boca buscó sus senos, contactando con sus pezones, los cuales
estaban a punto de estallar cada vez que mis labios, mi lengua o mis dientes
los rozaban.
Sus manos buscaron habidas, mi erecto miembro, el cual se sentía
extremadamente caliente. Mientras yo jugaba con su vagina, ella empezó
a
echarle mano directamente a mi trozo de carne. Continué besándola
por todo
su cuerpo, hasta que mi boca se posó sobre su húmeda raja. Ella
me pedía a
gritos que se la metiera, que no aguantaba más. Diciendo eso, continué
mi
labor lingüística.
Mi lengua, de momento cambio de blanco, hiendo mis manos a sustituirlas. La
sensación fue indescriptible, cuando mi lengua, se introdujo dentro de
sus
nalgas. Su esfínter en primera instancia, se contrajo. Pero al ir sintiendo
los lametazos, entró en confianza y se abrió totalmente.
A tal grado, ella se las arregló, para mamarle mi verga.
Así permanecimos por un largo, y agradable rato. Tras lo cual me coloqué
detrás de ella, y comencé a penetrarla, los pliegues de su vagina
lo
recibieron gustosamente, de tal manera que ella no salía de su asombro.
Mis
testículos, chocaban una y otra vez contra sus nalgas. Mis manos se
repartían el terreno conquistado, mientras que le daba al principio con
suavidad, para ir dándole, más y más duro. Ella movía
sus caderas con fuerza
pero con ritmo, disfrutando todas y cada una de mis penetraciones
totalmente. Dejándola totalmente extasiada y satisfecha.
Continuamos la marcha, y media hora después, le dije
que parásemos, paramos
otra vez en un camino forestal, empezamos con el calentamiento, y así
estuvimos unos cinco minutos.
Hasta que en uno de estos momentos, ella se acercó a mi boca buscando
mi
lengua, nuestras bocas se unieron en un beso, deslicé mi mano hasta la
puerta de su ano. Al sentir mi dedo hurgándolo, ella se estremeció.
Le dije
que quería comérselo.
Quiero hacerlo por detrás.
No, eso duele mucho.
Vamos, tu primera vez también te dolió, ¿no?.
Si, pero esto es diferente.
Vamos a hacer una cosa, yo voy a ir despacio, si te duele, lo dejamos.
Esta bien, confío en ti.
Se puso en cuatro patas, separó sus piernas, le introduje un dedo, lo
lubrique con los jugos que salían de su vagina. Cuando este entraba sin
problemas, le introduje otro.
Comenzó a gemir y a hacer círculos con su cadera. Le pedí
que apoyara las
manos en el asiento. Cuando sentí que su esfínter estaba dilatado,
apoye la
punta de mi miembro en su ano. Ella suspiró profundo y tiro su cabeza
hacia
atrás. Empujé un poco, pero estaba muy apretado. Me lubrique la
punta con
los jugos que salían de su vagina y probé de nuevo. Metí
la punta y soltó un
gritito, la punta estaba adentro, esperé a que este se acostumbrara a
mi
tamaño.
Ahhhh, despacito, soy virgen, nadie a tocado mi ano.
Despacito, por favor.
Mmmm, ahhhh.
Fui metiendo centímetro a centímetro hasta que hice tope con sus
nalgas,
luego la saque hasta que mi punta era trancada por su esfínter. Comencé
el
clásico mete y saca acelerando mi movimiento poco a poco. Levantaba sus
caderas, las movía a los lados, hacia círculos, gozábamos
como locos. Tomé
sus pechos por detrás, estábamos los dos de rodillas en el sillón,
la traje
hacia mí y quedó sentada sobre mi miembro. Los jugos de su vagina
caían
sobre mis huevos, ella llevó una de mis manos a los labios de su vagina
para
que yo la masturbara y pronto comenzó a venir su tercer o cuarto orgasmo.
Ahhhhhh, sí, mássss, sssiiiiiii.
Mmmmmmm, siiii, rico, siii, dame duro.
Yo obedecí, le empecé a dar duro. Me corrí en sus entrañas
en medio de sus
gritos de dolor y gozo. Quedamos pegados como dos perros, mi punta
estrangulada por su ano había tomado proporciones descomunales, demasiado
como para que saliera por ese pequeño agujero. Cuando cedió mi
erección, mi
miembro salió naturalmente, su ano se veía dilatado, era un orificio
rojo
que contrastaba con su piel.
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