LA ÚLTIMA NOCHE
Dominación, trío, mujer - hombre- mujer. Para que la última noche fuera inolvidable su amante le trajo una exuberante mujer para que gozara de su primera experiencia lésbica.


Al principio parecía un sueño, pero no lo era, era la más pura realidad. Estaba dormida y notaba como mi cuerpo se estremecía mientras unos cálidos labios me recorrían la espalda.

Mi cuerpo se extendió boca abajo como si funcionara por su cuenta y actuara antes de que yo pudiese pensar.

Los labios seguían besando mi espalda mientras una mano acariciaba mi corto pelo. Los labios se detuvieron y saltaron hacia uno de mis tobillos. Muy lentamente alcanzaron mi rodilla y la parte interior de mi muslo derecho.
Las piernas se abrieron y su lengua comenzó a juguetear con mis otros labios, aquellos que nunca se quejan, aquellos que se esconden esperando ser descubiertos, aquellos que protegen la perla de mi sexo. La perla que ahora era devorada con ansiedad y que provocaba convulsiones en mi cuerpo y locura en mi cabeza. Él era un maestro en el arte y estaba haciendo una de sus mejores demostraciones. Acompañó a su lengua con dos dedos y me hizo alcanzar el primero de numerosos orgasmos que tendría esa noche.

"Ahora viene lo mejor, amor mío."

Después de decir esto desapareció de la habitación y me dejó a oscuras.
No sé el tiempo que pasó pero se hizo eterno. Era la tercera vez que nos veíamos en la clandestinidad, lejos de su mujer. Sabíamos que nos quedaban muy pocas ocasiones y disfrutábamos de ellas como si fuesen la última. No sé como lo conseguía pero en cada ocasión me sorprendía gratamente y me hacía descubrir cosas del sexo que jamás me hubiese imaginado.

La puerta se abrió y él me ordenó:

"No seas mala, túmbate boca arriba, cierra los ojos y relájate".

Obedecí. Noté como se acercaba y rodeaba mis muñecas con pañuelos de seda y me amarraba a la cama. Después, me vendo los ojos con otro de los pañuelos.

Escuché como agitaba un bote y de él salía algo frío que me cubría los vellos púbicos. Era espuma de afeitar, no me lo podía creer, me estaba afeitando el pubis. Noté como la cuchilla recorría toda esa parte haciendo desaparecer mis rizados pelos rubios.

Cuando terminó, volvió a besar mi entrepierna como lo había hecho unos minutos antes y me hizo ponerme a mil. Sentí como sus dedos entraban y salían de mí rápidamente y cuando estaba a punto de correrme sus dedos fueron sustituidos por algo frío, duro y de grandes dimensiones. Era un consolador. Se produjo otro orgasmo fantástico.

Sin dejarme decir nada me desató y me ordenó ponerme a cuatro patas.
Prefería no preguntar, me gustaban las sorpresas y él sabía dármelas, era su esclava e iba dejar que me hiciera lo que quisiera.

Cuando ya estaba colocada comenzó a besarme las nalgas y su agujerito. Nunca se me había ocurrido utilizarlo para el sexo.

Lo besó durante un ratito e introdujo un dedo untado en algo aceitoso. Al principio me resultó extraño, pero enseguida un inmenso placer se apoderó de mí. Primero un dedo, después dos y hasta tres. Yo gemía de placer hasta que sentí la punta del consolador en la entrada de mi agujerito y me asusté.

"No te preocupes mi amor, relájate y ya verás como no te pasará nada. Te prometo que si te duele lo dejamos."

Comenzó a girar el aparato en la entrada trasera de mi cuerpo. Yo notaba como mi esfínter se iba dilatando y el gigantesco aparato iba entrando en mí. Al principio un dolor intenso me hizo gritar, pero en unos instantes el dolor se mezcló con el placer y al final el placer le ganó la batalla al dolor.

Cuando mi agujerito había admitido todo el aparato y yo estaba a un paso del orgasmo, su verga inundó mi sexo y por primera vez en mi vida esta siendo empalada por todos los agujeros de mi cuerpo.

Él, mientras con su cadera entraba y salía de mí, con su mano hacía girar el consolador que estaba totalmente dentro de mí. El placer era tan intenso que por un momento creí que me desmayaba.

Nos corrimos los dos a la vez y nos quedamos exhaustos tumbados en la cama.
Nos abrazamos y besamos. Le di las gracias, nunca nadie me había hecho disfrutar tanto.

"Duérmete y descansa. Esto no ha sido más que le principio. Quedan muchas cosas por hacer".

No sé durante cuanto tiempo me quede dormida, pero cuando desperté algo extraño pasaba en la habitación.

Yo estaba tumbada boca arriba, una boca se ensañaba con mi sexo haciéndome gritar de placer, pero había otra boca, otra boca que me besaba insistentemente e impedía que gritara. Había dos personas en la habitación y no conseguía saber si el tercero era un hombre o una mujer. No sabía cuál era mi amante, estaba aturdida pero encantada. De pronto, las dos bocas se pararon y la boca que me estaba besando se acercó a mi oreja y me susurro:

"Te quiero y quiero que seas todo lo feliz que puedas esta noche. Ya no nos volveremos a ver. Es nuestra última noche y va a ser inolvidable para los dos. Te lo prometo. Te quiero y te necesito."

Me dejé llevar por la tristeza, no podía ser verdad, yo necesitaba estar con él, no se podía marchar así, le quería y él a mí también, no era justo.

Pasados unos instantes, reflexioné y me prometí a mi misma que iba a ser la mejor noche de mi vida e iba a ser con él. Él era mi dueño y podía hacer conmigo lo que quisiera. Me deje hacer sin rechistar.

Mi imaginación echó a volar y creí que iba a ser empalada por dos hombres.

Mi amor encendió la lamparita que había sobre la mesita de noche y una luz tenue se adueñó de la habitación.

Para mi sorpresa, la persona que había junto a él en la cama era una mujer, una mujer guapísima con una melena larga y roja, con un cuerpo espectacular y varios consoladores en la mano. Entonces recordé que una noche, hablando después de hacer el amor, él me confesó que una fantasía que tenía era hacerlo con dos mujeres a la vez y que estas hicieran el amor entre ellas delante de él.

Pues parecía que su fantasía se iba a cumplir.

Él se acercó a mí y me besó. Sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo mientras ella se aproximaba y comenzaba a chupar mi sexo. El placer comenzó a nublar mi mente. Cogí el aparato de él y comencé una mamada que hizo crecer aquella cosa hasta dimensiones que no había visto nunca.

Entonces tuve mi primer orgasmo. Aceleré los movimientos de mi boca en su pene y conseguí que estallará en mis labios y me tragué todo aquel néctar espeso y caliente. Hizo que ella se quitara y me penetró salvajemente, cada embestida me empujaba hacia el cabezal de la cama. Siguió así hasta que me corrí. Entonces ella se subió sobre mi cara y me puso su sexo en mi boca, era la primera vez que hacía algo así. Lo chupé con fuerza mientras él me seguía jodiendo de la mejor manera que sabía. Por fin se corrió dentro de mí.

Cuando se separó de mí se fue hacía el otro extremo de la habitación y acercó un sillón que allí había, lo colocó cerca de la cama y sentó.

"Ahora me toca disfrutar a mí. Es vuestro turno. Yo sólo quiero mirar, quiero ver como disfrutas con ella, amor mío."

Yo estaba nerviosa, jamás había tenido una experiencia lésbica. Ella tomó la iniciativa. Se acercó lentamente gateando por la cama y arremetió con su lengua contra mi sexo limpiando los restos de semen que él me había dejado. Mientras con su lengua limpiaba mi sexo, con sus manos pellizcaba mis pezones que nunca habían estado tan duros y tiesos como ahora.

Pasados unos minutos, dejo mi sexo y acercó un consolador fucsia muy largo con una cabeza de pene en cada extremo. Volvió a colocarse en la cama y se puso en una postura que hizo que su sexo y el mío se besaran. Así comenzamos una danza que nos hizo llegar a lo más alto, nos corrimos al unísono y casi sin terminar de hacerlo ella metió en mi coño una de las cabezas del consolador y ella se metió la otra hasta que el consolador casi desapareció por completo en nuestros cuerpos y comenzamos la danza de nuevo hasta un nuevo orgasmo conjunto.

Sacó el consolador y se puso en un magnífico 69 que nos hizo gozar de nuevo hasta quedar exhaustas, por lo menos era lo que yo creía, porque la tía no tenía límite.

Me puso a cuatro patas y cogió un consolador con dos cabezas paralelas, una más pequeña que la otra. Introdujo la parte grande en mi coño y mientras besaba y lamía mi culito. Repitió la operación que él había ejecutado unas horas antes y dilató mi ano hasta meter cuatro dedos. Yo gritaba de placer, casi me desmayaba, entonces metió la parte pequeña del consolador en mi culo y comenzó a bombear haciéndolos entrar y salir a la vez, lo que me provocaba una mezcla de placer y dolor que me hizo caer extenuada después de correrme de forma brutal.

Mi cuerpo se rindió y me quede dormida. Lo último que conseguí ver fue a ellos besándose y a él dándole un sobre a ella antes de que marchara.

Cuando desperté era de día y él estaba en la ducha. Me levanté y me fui hacía allí.

Él se estaba duchando. A través de la mampara de la ducha podía ver la silueta de su bello cuerpo desnudo.

Sigilosamente abrí la puerta y me introduje en la ducha con él. Estaba agotada, pero debía darle las gracias por aquella noche tan maravillosa.

Nos duchamos juntos sin pasar de las caricias y los suaves besos.

"Lo siento, amor mío. Esta es la última noche que pasamos juntos. Ya te lo he dicho antes. Quería que fuera especial y creo que lo he conseguido. ¿O no?"
"Ha sido maravilloso. Pero podemos seguir viéndonos, aunque sólo sea una vez al mes, te necesito, no me puedes hacer esto."
"No te lo quería decir hasta el último momento. Mi mujer se fue el martes a prepararlo todo y yo me voy esta tarde. Mi empresa me ha destinado a Estado Unidos y el lunes comienzo a trabajar allí. Lo siento."

No sabia que decir. Mi mente esta confusa y mi corazón roto, pero no podía hacer nada, cuando nos liamos ya sabíamos que era por poco tiempo.

Después de la ducha hicimos el amor dulcemente y nos despedimos. Ya no supe nada más de él.

Pasados 9 meses nació mi hijo y lleva su nombre. Él no sabe que aquella mágica noche me quede embarazada. Mi niño tiene 5 años y es la viva imagen de su padre.

No me he casado, ningún hombre me parece tan bueno como él. Él fue, es y será el amor de mi vida y le querré siempre.

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